El enojo

Serie: Cápsulas de esperanza


Hoy vamos a hablar brevemente acerca del enojo porque es un tema que a muchos nos toca y que todavía no podemos controlar. Es importante que sepamos que nos dice la Biblia acerca del enojo para que podamos ver a las personas como Dios quiere que las veamos y para que podamos ser de bendición para ellos.

Debemos reconocer que el enojo nos impide ver a las personas como Dios quiere que las veamos, Dios nos creó para amarnos y para que nosotros reflejamos ese amor hacia otros, cuando estamos enojados somos impedidos de amar a la persona que nos está haciendo enojar y en muchas ocasiones somos impedidos de amar a Dios porque le echamos la culpa por el enojo que estamos sintiendo.

La Biblia nos habla del enojo en Efesios 4 del 26 en adelante, y nos dice:

más adelante el versículo 29 dice:

Hasta acá se nos dan múltiples órdenes en las que nos hace ver que sí podemos enojarnos, pero no debemos pecar en ese enojo. Cuando estamos enojados somos llevados a decir, a hacer y pensar cosas que no son agradables a Dios, y eso es lo que debemos controlar cuando estemos enojados.

Cuando dejamos que el enojo nos lleve a ofender a otros y ofender a Dios estamos dando lugar al diablo, como dicen los versículos que acabamos de leer, entonces la enseñanza central es: ¿puedo enojarme? Sí, pero debo cuidar lo que voy a decir y hacer cuando estoy enojado; debo recordar estos versículos que me dicen que puedo enojarme pero no debo pecar, no debo ofender a Dios ni a la persona que me está haciendo enojar.


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Tres condiciones para que no nos falte “pan”

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Proverbios 10:3-5

“Jehová no dejará padecer hambre al justo;
Mas la iniquidad lanzará a los impíos.

La mano negligente empobrece;
Mas la mano de los diligentes enriquece.
El que recoge en el verano es hombre entendido;
El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.”

Dios siempre está atento a la necesidad de sus hijos y vela por ellos proveyendo de protección, alimento, sustento y más. La confianza de que Dios sabe exactamente lo que pasa es nuestra vida debe ser nuestra ancla para asegurar nuestra alma de que Él velará de mí cuando lo requiera (Mt. 10:29-31).

Pero también debemos recordar que otras veces tendremos que padecer necesidad o pasar hambre cuando Dios tiene propósitos en nuestra vida. El apóstol Pablo enfrentó momentos difíciles cuando estaba sirviendo al Señor, y en esos momentos él aprendió a vivir contento con lo que tenía, si era mucho o poco, y aprendió a fortalecerse en el Señor para enfrentar las necesidades (Fil. 4:11-13), pero esas pruebas le enseñaron a enfrentar las dificultades con la ayuda de Dios, y eso iba forjando su carácter.


En el pasaje de hoy aprendemos tres principios que pueden ayudarnos a enfrentar las necesidades de una mejor forma. Sabiendo que, en todas ellas, la provisión de Dios está presente, debemos considerar que esa provisión tiene que ver con condiciones que nosotros como creyentes debemos seguir o buscar para que se den.

En primer lugar, el creyente debe vivir una vida justa (v. 3). El pecado nos aleja de las bendiciones de Dios y de su cuidado. Una vida en pecado siempre va a ser una vida de pérdida, no solamente material, sino espiritual. Cuando vamos en pos del pecado, Dios nos da la espalda y permite que suframos muchas veces para que nos arrepintamos. Pero cuando vivimos en santidad, y haciendo lo justo y recto ante los demás, Dios siempre estará velando por nuestras necesidades.

En segundo lugar, el creyente debe ser diligente trabajador (v. 4). El creyente debe aprovechar siempre las oportunidades que se le dan de trabajo para poder sustentar su vida. Dios siempre nos va a brindar oportunidades para trabajar y poder llevar sustento a nuestra mesa, pero aquel que descuida esas oportunidades, o que no las aprovecha al máximo, entonces será “negligente” y perderá esas bendiciones.

En tercer lugar, el creyente debe ser ahorrador (v. 5). Una persona puede tener diligencia al trabajar, pero si mal gasta todo lo que recibe, o si no sabe utilizar sabiamente sus ingresos y no ahorra, entonces, cuando vengan las dificultades, él no podrá hacerle frente porque no pudo ahorrar lo suficiente. Sabio es aquel que trabaja y se prepara para el futuro. Debemos tener en mente que no siempre vamos a tener las mismas condiciones económicas, porque podemos enfermarnos, o perder el trabajo, o las condiciones en el país se vean afectadas; parta todo ello debemos prevenir nuestro futuro ahorrando.

Dios siempre cuida de nosotros, pero también nos ha dado capacidad laboral e intelectual para aprovechar las oportunidades que Él nos brinda y usarlas para nuestra prosperidad. Seamos sabios y actuemos justamente y no nos faltará pan en nuestra mesa.


«Nunca faltará pan al que vive rectamente, trabaja diligentemente, y ahorra sabiamente»

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Un buen amigo

Serie: Cápsulas de esperanza


Vamos a hablar acerca de la amistad, ¿cómo debe ser un buen amigo?, ¿qué es lo que debes buscar tú en tus amigos?, así que acompáñame por favor a leer Proverbios 17:17

Veamos también lo que nos dice Proverbios 18:24

Lo interesante del escritor de proverbios es que resalta que el amigo está más presente que tu mismo hermano porque puede que esa relación que tienes con tu hermano simplemente sea familiar, pero el amigo que no es de tu familia es una persona que conoces y que con el tiempo vas desarrollando esa confianza con él. Éste amigo, si es un buen amigo, puede llegar a ser más unido que un hermano. Entonces ¿qué es lo que debemos buscar en un buen amigo? que ese amigo te guíe a conocer más de Dios, que juntos puedan crecer conociendo más de Dios.

1 Corintios 15: 33

Claramente la advertencia acá es: tener malas conversaciones, malas compañías, van a corromper mis buenas costumbres, puede que yo haya sido criado en un buen hogar, donde tengo buenos principios y buenos valores, pero si mis amigos no me están llevando a conocer más de Dios, no me están motivando a buscar esa santidad de la que hablamos en la cápsula anterior.

Entonces esos malos amigos van a terminar corrompiendo mis buenas costumbres y cuidado que tú puedes también ser un amigo que está corrompiendo las buenas costumbres de otra persona; así que seamos buenos amigos, demos el ejemplo de Cristo como nuestro amigo y que podamos ser más unidos que un hermano en los tiempos de angustia, entendamos que nuestras conversaciones deben honrar y glorificar para no corromper las buenas costumbres de otra persona.


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¿Cómo convertirse en gozo de los padres?

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Proverbios 10:1-2

“Los proverbios de Salomón.
El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hijo necio es tristeza de su madre.

Los tesoros de maldad no serán de provecho;
Mas la justicia libra de muerte.”

Una de las historias más conocidas de la Biblia es la del hijo pródigo. En esta historia se narra la vida de tres personas, un padre y sus dos hijos. Como sabemos, el menor decidió salir al mundo y desperdiciar toda su herencia (Lc. 15:12-14), mientras que el mayor se quedaba en casa trabajando. Pero después de un buen tiempo, el menor arrepentido vuelve a la casa y el padre lo recibe con gran alegría haciendo un banquete en honor a su regreso (Lc. 15:20-24), y ahora el hijo mayor se vuelve egoísta y malagradecido al ver el trato en favor de su hermano menor (Lc. 15:28-32).

En este relato vemos el cuadro de un padre que, en las diferentes etapas de las vidas de sus hijos, se alegra y se entristece por su comportamiento.

En el primer caso, el hijo menor trajo pena y angustia cuando decidió actuar egoístamente y salir a desperdiciar su herencia en la vida, actuando neciamente. El padre sabía que esa no era manera de vivir, pero el menor en su irreverencia no esperó a que su padre muera, sino que en vida lo dejó atrás en casa y se fue en pos del pecado. Pero cuando volvió arrepentido el dolor del padre se volvió en alegría plena al verlo vivo y cambiando su manera de pensar, actuando prudentemente reconociendo que la vida era mejor estando en casa.

En el hijo mayor, en cambio, al inicio era un hijo que trajo mucha alegría, porque él no había decidido salir a malgastar su vida en el pecado, antes se quedó en casa diligentemente atendiendo las labores de trabajo. Pero cuando su hermano regresó, entonces su corazón manifestó molestia y rencor, lo que trajo tristeza al padre porque su hijo estaba actuando con ira en contra del padre y de su hermano menor.


En esta historia vemos reflejado la realidad del pasaje de hoy día: El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre. (Pr. 10:1b) Ambos hijos por momento actuaron sabiamente y ambos actuaron neciamente.

Sobre todo, en la juventud, los hijos tenemos la tendencia a actuar neciamente cuando queremos hacer lo que creemos es correcto, y es en esta etapa en donde, por nuestro crecimiento, deseamos tomar decisiones considerando que ya podemos razonar apropiadamente, y por eso, cuando nuestros padres nos contradicen lo pensado, nos molesta mucho.

Un hijo sabio, escuchará las razones del padre, y las analizará a la luz de la experiencia y el amor de los padres que buscan lo mejor para los hijos; pero el hijo necio, lo único que hará será seguir en pos de su pensamiento, lo cual muchas veces termina en desventura.

Si queremos honrar a nuestros padres y traer alegría a sus vidas aprendamos a ser sabios, prudentes, escuchemos el consejo, y tomemos decisiones sabias, que no solo les alegrará a ellos, sino que nos traerá muchas bendiciones a nuestra vida. El necio solo traerá desconsuelo.


«Sabio es el hijo que no solamente escucha el consejo de los padres, sino que los honra con la obediencia»

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El sabio sabe a quién reprende

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Proverbios 9:7-12

“El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta;
El que reprende al impío, se atrae mancha.
No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca;
Corrige al sabio, y te amará.
Da al sabio, y será más sabio;
Enseña al justo, y aumentará su saber.
El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,
Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.
Porque por mí se aumentarán tus días,
Y años de vida se te añadirán.
Si fueres sabio, para ti lo serás;
Y si fueres escarnecedor, pagarás tú solo.”

Mi padre tenía una frase que la usaba muy frecuentemente, un dicho popular que dice: «No gastes pólvora en gallinazo». El gallinazo es un ave de rapiña de color negro de buen tamaño que vive en bandadas y que se alimenta de carroña, por lo que lo hace un ave sin valor para el cazador. Y la idea detrás de este dicho es que no se debería desperdiciar la pólvora en algo sin valor, antes, guardarlo para algo de provecho.

El Autor de Proverbios nos da un consejo que nos evita problemas y es que no debemos corregir ni reprender a las personas que no tomaran el consejo para provecho, antes, podría ser perjudicial (v. 7-8).


El “escarnecedor” o burlador se va a mofar de la corrección, y podría, por su carácter, inclusive ofendernos con alguno de sus comentarios ofensivos y burlones, por que lo nos “acarrea afrenta” (v. 7a). El “impío” en cambio, por su temperamento perverso puede llegar a molestarse tanto que puede ofendernos con insultos y tratarnos con desprecio (v. 7b).

Por esta razón debemos recordar que no va a ser bueno reprender a aquellos que se burlan o rechazan la enseñanza y la corrección, antes, debemos ser sabios y corregir solo “al sabio”, a aquel que por su entendimiento valorará el consejo y lo agradecerá (v. 8).

La persona sabia que recibe con agrado el consejo llega a apreciar mucho a la persona que le brinda la corrección porque sabe que le han dado instrucción que es beneficiosa (v. 8b), entiende que lo recibido le ayudará a incrementar su conocimiento, y con ello le permitirá tomar acciones correctivas para actuar con mayor prudencia (v. 9).

¿Pero cómo identificar al sabio que apreciará la reprensión? Sabia es la persona que teme de Dios, aquel que conoce la piedad y que vive de acuerdo con las enseñanzas bíblicas, aquel que por costumbre tiene el deseo de aprender del Señor y que está dispuesto a ser corregido y edificado por Él y Su Palabra (v. 10).

Si quiere ser sabio, entonces guarde este consejo, que le ayudará a tener buena vida y le alejará de la afrenta o la ofensa de aquellos que por carácter no valorarán su amor y preocupación, antes podría ser perjudicado (v. 12).


«Sabio es aquel que entiende que no todos apreciarán un buen consejo, y mejor calla para evitar ofensa o burla de los que desprecian el consejo»

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¿Estoy en lo correcto creyendo en Jesús?

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Desde los inicios de la historia humana ha existido la lucha entre lo verdadero y lo falso. Adán y Eva tuvieron que enfrentarse a ello, discerniendo entre las palabras de Dios y las de Satanás, lamentablemente para la raza humana, se equivocaron y consideraron correcto lo que era falso. 

Como ellos, todos nosotros también luchamos con discernir entre la verdad y el error, por eso, cuando Jesús se encarnó y llevó a cabo su ministerio, aprovechó la petición humilde de sanidad de un paralítico, para dejar muy en claro, quién era Él. 

Una parte de la historia es esta: 

Marcos 2:8-11 

“Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.” 


Momentos antes, Jesús le había dicho al Paralítico que sus pecados habían sido perdonados, razón por la cual los escribas y fariseos que estaban presenciando ese momento, se preguntaron: ¿Con qué autoridad Jesús se tomaba la atribución de perdonar pecados si solo Dios podía hacerlo? 

Una pregunta que inicialmente es válida, porque, efectivamente solo Dios puede perdonar pecados (Is. 43.25Dn. 9.9). 

Así que parecía una blasfemia que un hombre se atribuyera el perdón de pecados, insultando el carácter santo de Dios y lo sagrado de su Palabra (Demarest. 2005). 

Pero, aunque el raciocinio de estos hombres sonaba adecuado y religioso, ellos estaban ignorando algo muy importante; que era justo lo que Jesús quería demostrar por medio de este milagro, que: ÉL ES DIOS. 

Ellos no estaban frente a un hombre común y corriente, frente a un pecador que, al atribuirse esta autoridad, estuviera blasfemando, ¡no! … Estaban delante de Aquel que tiene autoridad sobre los cielos y la tierra, sobre los mares y los vientos, el que resucita muertos y el que con su misma muerte y resurrección llegaría a vencer a la muerte misma. Ellos estaban ignorando a propósito el testimonio de Juan el bautista y el que se escuchó el día que Jesús fue bautizado, cuando una voz del cielo dijo: “Tu eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” (Mr. 1.11

Así que, para responder a las acusaciones mentales de los escribas, Jesús obró el milagro de sanidad en el paralítico, para que por medio de este milagro se confirmara su autoridad y naturaleza divina, porque ¿quién puede hacer que un paralítico ande? O ¿Quién puede hacer algo que vaya en contra del orden de la naturaleza? ¡Solo Dios! 

Este hecho probó su autoridad y sus credenciales, su llamado y su derecho a ser nuestro Señor y Salvador. 

Ahora, ¿Cómo podemos responder ante esta verdad? 

De dos formas: 

  • La primera es como lo hicieron los escribas y fariseos: rechazándola, negándose a creer en Jesús y asegurándose la condenación eterna. 
  • Y la segunda, es como lo hizo el paralítico, que creyó en la autoridad de Jesús y por eso con humildad se acercó a Él, pidiéndole que le salvara. 

¿Cuál camino vamos a tomar? 

Pues, ojalá sea el camino que conduce a Jesús, porque su Nombre, su naturaleza, su poder, su autoridad y su amor, nos garantizan que nuestra vida y fe están firmes en su persona. 

Jesús no es como uno de esos profetas falsos que promete lo que no puede cumplir. Jesús es Dios y un día se doblará toda rodilla delante de Él en los cielos y la tierra (Fil. 2:10)

Así que, confiemos en Él, no nos avergoncemos de Él, no despreciemos su Palabra, porque Jesús es el ancla de nuestra alma, y nos promete una esperanza segura y firme. 

Referencias 

Demarest, B. (2005). BLASFEMIA. En S. B. Ferguson, D. F. Wright, & J. I. Packer (Eds.), H. Duffer (Trad.), Nuevo diccionario de Teología (Cuarta edición). El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones. 

«Jesús es el ancla de nuestra alma, y nos promete una esperanza segura y firme»

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Respuestas que no esperamos de Dios

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En el ambiente cristiano es común que se comente algo un poco confuso, y es que no es bueno pedirle a Dios paciencia porque es posible que Él permita pruebas en nuestra vida que nos hagan desarrollar esa virtud. 

Pues algo así de confuso, fue lo que le sucedió a un Paralítico que se acercó a Jesús en busca de sanidad y recibió algo que a primera vista parecía muy diferente a lo que él deseaba. 

Parte de su historia es esta: 

Marcos 2:3-5 

“Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.” 


¿“Tus pecados te son perdonados”? 

Yo creo que cuando el paralítico escuchó estas palabras, pensó: —Señor yo vine para que me hicieras caminar, no para esto. — 

Ahora, esta es una de esas porciones de las Escrituras que nos hacen preguntar: ¿Como así? ¿Por qué razón Jesús siendo consciente de que este hombre le buscaba por un milagro de sanidad, le otorgó el perdón de pecados? 

Pues debemos entender que Jesús, así como Dios, tiene la maravillosa capacidad de hacer que un solo suceso produzca un impacto amplio que beneficie a muchos y responda varias preguntas simultáneamente, y este es uno de esos casos. 

Como nos lo dice Marcos, una multitud estaba presenciando ese momento, porque Jesús gozaba de una gran popularidad como resultado de sus enseñanzas y milagros, hasta los escribas y fariseos se hallaban allí, para comprobar los testimonios de muchos que habían sido transformados gracias al Señor, y para encontrarse con un milagro que probaría su divinidad y autoridad para el perdón de pecados. 

Así que Jesús aprovechó ese momento, no solo para obrar el milagro de sanidad en este hombre, sino también para brindarle la reconciliación con Dios por medio del perdón de sus pecados, porque para Jesús era más urgente la vida espiritual del Paralítico, que su capacidad para ponerse en pie. 

Este hombre, más que nada, necesitaba al Padre antes que fuerzas en sus piernas, necesitaba vida eterna en lugar de condenación y necesitaba un camino que recorrer antes que piernas para hacerlo. 

Con razón la Biblia dice que muchas veces no sabemos cómo orar ni qué pedir, pero que Dios sí sabe lo que necesitamos, y justo eso es lo que Él nos da (Ro. 8.26-27). 

¿Cómo aplicamos esto a nosotros? 

Preguntándonos: ¿Qué le estamos pidiendo a Dios hoy? ¿Cuál es la razón por la que estamos buscándolo? ¿Será trabajo, salud, pareja, que nuestros hijos obedezcan, los negocios, o posesiones materiales? 

Pues la verdad es que antes que nada, lo que más necesitamos es el perdón de Dios, arrepentirnos de nuestros pecados y confesar a Jesús como el Señor de nuestra vida (Ro. 3.10-12). Y eso es lo primero que Dios quiere darnos. 

Así que, ajustémonos a la voluntad de Dios, consideremos nuestra vida espiritual antes que lo material, busquemos primeramente sus caminos, y gocémonos en el plan que Dios tiene de conformarnos a la imagen de su Hijo, porque al término de un tiempo, nos daremos cuenta que esa es la mejor respuesta que podemos obtener de Él. 

«Antes que nada, lo que más necesitamos es el perdón de Dios»

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¿Cómo son las personas estafadoras?

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Proverbios 6:12-15

“El hombre malo, el hombre depravado,
Es el que anda en perversidad de boca;
13 Que guiña los ojos, que habla con los pies,
Que hace señas con los dedos.
14 Perversidades hay en su corazón; anda pensando el mal en todo tiempo;
Siembra las discordias.

15 Por tanto, su calamidad vendrá de repente;
Súbitamente será quebrantado, y no habrá remedio.”

Cuando era niño me gustaba leer un cuento que se titulaba: “El traje invisible del rey”. En esta historia, el rey pagó una cantidad muy alta de dinero para que el sastre real le confeccionara un traje que lo usaría en una marcha muy importante. El sastre nunca hizo nada para el rey, engaño al rey que estaba utilizando una tela que era solamente visible para las personas inteligentes, y como el rey no lo pudo ver, no dijo nada, para que no lo catalogaran de tonto. Al final, el rey desfiló sin traje, porque pensaba que se estaba poniendo algo que solo los sabios y entendidos lo verían, pero todo fue un engaño.

¿Cómo se sentiría usted si fuese el rey de esta historia? Nadie quiere ser engañado o estafado porque genera gran indignación, y más cuando detrás de ese engaño hubo una gran pérdida.


Generalmente el estafador es alguien “malo” y “depravado”, quien siempre busca utilizar la lengua para engañar a las personas y hacerles saber que están ahí para brindar una ayuda, pero en verdad, lo único que buscan es el beneficio propio a costa de los inocentes que caen en su maldad (v. 12).

Muchas veces los estafadores tienen cómplices para su engaño, personas que se prestan a las artimañas para hacer creer a las personas que realmente ofrecen algo valioso, o estos cómplices están ahí para colaborar de alguna forma.

Para esto, los estafadores utilizan señas corporales para comunicarse con sus cómplices, ya sea por el juego de los ojos, movimientos de pies o manos que utilizan para verificar alguna estrategia establecida con los otros compañeros del mal (v. 13).

Todo esto tiene una sola fuente de origen: “su corazón” torcido y perverso (v. 14). Los engañadores son personas que constantemente andan maquinando hacer el mal. No descansan hasta encontrar formas de aprovecharse de los demás por medio de sus tretas; y no solo que son malos, sino que muchas veces, para lograr sus metas pueden sembrar “discordias” o separar a alguien de los demás para alcanzar sus deseos.

Lo que podemos hacer para evitar sufrir de estos engaños es pedirle a Dios que nos libre de la mano de aquellos que van a querer hacernos daño (Sal. 71:4). Podemos pedirle que nos de discernimiento y estar atentos a cualquier señal o palabra de engaño. Y recordemos que el fin de ellos tarde o temprano llegará, que Dios no dejará que su vida sea prosperada por mucho tiempo, sino que, al contrario, algún día estarán en “calamidad” y “quebrantados” (v. 15).

Este es el mismo carácter del diablo. Él constantemente anda buscando a quien devorar (1 P. 5:8) con sus engaños (Jn. 8:44), y aquellos que engañan tienen su mismo carácter, y un mismo fin (1 TI. 4:1; 2 TI. 3:13; Tit. 1:10; 2 Jn. 1:7)


«Para el engañador, la mentira es su fuente de provecho, pero su camino no será eterno, tarde o temprano su destino será horrendo»

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