¡Cuidado soberbio, viene tu caída!

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Proverbios 11:2

“Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra;
Mas con los humildes está la sabiduría.”

Hay un dicho popular que dice así: «Entre más alto el árbol, más dura la caída». La fuerza de gravedad influye más en la aceleración de una caída cuando mayor es la distancia entre el objeto y el suelo; y en el caso de un árbol, entre más grande está, también su mayor peso influye más sobre la gravedad, haciendo que el impacto de esa caída se incremente exponencialmente.

La idea detrás del dicho es que una persona que se cree estar en una condición más elevada en relación con el resto, cuando caiga de esa condición vana de pensar a causa de alguna humillación, el dolor de esa caída traerá mayor impacto sobre su ego.

En la Biblia tenemos la historia del rey Nabucodonosor, un hombre que había soñado literalmente ser un “árbol” que crecía muy fuerte, y que “su copa llegaba hasta el cielo” (Dn. 4:10-12). Pero en su visión miraba como desde el cielo llegaba su juicio, indicando que sería humillado si no se arrepentía de su soberbia (Dn. 4:13-17). Daniel le explicó el significado del sueño, pero también le dio el consejo de dejar su soberbia y que se arrepintiera (Dn. 4:27), pero el rey no escuchó, y Dios lo castigó con un problema físico-mental que lo mantuvo en una terrible condición por varios años hasta que se arrepintió (Dn. 4:28-34).

El pecado de la soberbia u orgullo es uno de los pecados que Dios abomina (Pr. 16:5), también se lo conoce como arrogancia, jactancia, altivez. Es la idea que tiene una persona de atribuirse grandeza en sí mismo por creer estar en una condición superior a los demás. Fue el orgullo lo que le llevó a Satanás a pecar cuando quería llegar a ser como Dios, ya que se veía a sí mismo superior a los demás ángeles y seres creados (Is. 14:11-15; Ez. 28:12-19).


Una persona realmente sabia es humilde (Pr. 11:2b). Muchos se creen “sabios” y andan divulgando su “sabiduría” con soberbia, pero eso no es congruente con el verdadero sabio. Aquel que ha alcanzado sabiduría bíblica entiende realmente que todo lo que sabe ha venido de Dios, y que hay alguien superior a él en conocimiento, el Señor. Además, el sabio bíblico reconoce que tiene limitaciones a causa del pecado, y que en verdad no hay mucho de que jactarse. Por otro lado, el sabio bíblico reconoce que la soberbia nubla la mente del altivo, lo que no le permite ver que tiene debilidades, por eso entiende que la jactancia no es provechosa. Y, por último, el sabio sabe que la soberbia trae consigo la deshonra, cuando después de haberse elevado hasta las nubes, viene algo que lo humilla, y con eso el dolor del oprobio (Pr. 11:2a).

El sabio llega a conocer la vida desde la perspectiva divina, y solamente a aquellos humildes de corazón les es dada la sabiduría. Pero esa misma persona puede volverse altiva después de adquirir conocimiento, cuando deja que ese conocimiento llene su mente de vanidad y jactancia por haber alcanzado esa sabiduría.

Cuidémonos de la soberbia, reconozcamos cada día que realmente somos personas imperfectas y limitadas, que no debemos dejarnos seducir ni atrapar por la vanidad, porque entonces nuestro corazón comenzará a apartarse de Dios, y pidamos al Señor que nos guarde de ese pecado.


«El soberbio es sabio en su propia opinión y no reconoce que su limitado conocimiento está nublado por la vanidad; el humilde sabe que no conoce todo y en su condición está presto a aprender más»

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¿Cómo mira Dios al deshonesto?

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Proverbios 11:1, 3

“El peso falso es abominación a Jehová;
Mas la pesa cabal le agrada

La integridad de los rectos los encaminará;
Pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos.”

La honestidad es la actitud del que no engaña o defrauda a nadie, menos se apropia de lo que es de otros. También se considera como la actitud de aquel que cumple escrupulosamente con su deber o función. Y, además, una persona honesta es aquella que respeta y cumple las normas de comportamiento social y moral presentes en una comunidad o sociedad.

En la antigüedad, cuando se comercializaba de forma rudimentaria, sin equipos de medición de peso estandarizados y tan exactos como tenemos ahora, se dice que «a veces los mercaderes deshonestos tenían dos juegos de pesos, uno para comprar y otro para vender. Los de comprar pesaban más de lo debido, de modo que así conseguían más mercancía de la que pagaban. Con los pesos de vender pasaba lo contrario, de modo que el comprador recibía menos de lo que pagaba.» (MacDonald, W.)


La persona deshonesta presenta varias características pecaminosas que acompañan a esta actitud inapropiada, y que hacen del deshonesto alguien que es despreciado por Dios:

  1. Mentir o Engañar: Para poder conseguir su beneficio, el deshonesto tiene que mentir para ocultar las intenciones detrás de sus actos.
  2. Codicia: Uno de los motores de sus malas acciones es la codicia; como desea obtener más y más a cada momento, el deshonesto es motivado por el amor al dinero para conseguirlo.
  3. Egocentrismo: Al deshonesto no le importa los demás, su principal foco de atención es lograr lo que él desea, y de esta manera, pisotea el derecho y el bienestar de los demás.
  4. Falta de amor al prójimo: Sus acciones manifiestan que las demás personas no son el objeto de su esfuerzo ni su preocupación, por lo tanto, no le molesta para nada hacerles daño, al contrario, los mira como instrumentos para obtener lo que desea, y si es de ser necesario toma de ellos lo que quiere sin compasión ni preocupación de su prójimo.

Con todo lo que podemos aprender, vemos que el deshonesto no entra para nada en el agrado del Señor. Su comportamiento de vida tarde o temprano lo va a llevar a pagar por lo que hace, y muchas veces terminan en la deshonra, la cárcel, y la pérdida de todo lo que obtuvieron de mala manera, teniendo que devolver lo que arrebataron impíamente de las manos del prójimo.

En cambio, el honesto es visto con agrado por Dios, su vida siempre será apreciada por los demás. Su reconocimiento será exaltado entre todos, y la confianza que recibe por su buen comportamiento siempre le harán digno de designaciones importantes, porque la integridad en ellos los encaminará por una senda recta.

Que Dios nos ayude a vivir siempre alejados del comportamiento deshonesto, y recordemos que tarde o temprano, si actuamos indebidamente, pagaremos por nuestros malos actos si decidimos caminar en ellos.


«El deshonesto tarde o temprano es descubierto, y pagará por ello; el honesto por su parte, siempre caminará tranquilo, sabiendo que sus actos siempre serán su confianza»

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La culpabilidad

Serie: Cápsulas de esperanza


Es mi anhelo que puedas leer esto hasta el final para que podamos tratar la culpabilidad en nuestras vidas, vamos a ver un pequeño proceso de cómo poder resolver este conflicto en mi vida. Quizás tengo cosas o pecados que he hecho en el pasado y yo mismo no puedo perdonarme, pero vamos a ver quién sí puede perdonarme y cómo puedo vivir tranquila, vivir en paz, mirando hacia adelante, y ya no hacia el pasado que me culpa tanto y que me hace sentir tan mal.
En la Biblia en el Salmo 51: 3-5

Talvez he hecho cosas que me han lastimado a mí misma he permitido y he tomado malas decisiones en las que he sido lastimada, he llorado mucho, pero también he lastimado a otras personas, me siento culpable por esto, pero sobre todo debo reconocer que he pecado contra Dios.
Luego de esto seguimos con el proceso en Proverbios 28:13

Ya que he reconocido mi pecado ahora debo dejarlo ver o ponerlo delante de Dios, debo confesarlo, decirle: “Señor perdóname por estos pecados que he hecho”, posiblemente los he intentado tapar o los he intentado meter bajo el tapete y que nadie se dé cuenta, puede que los demás se hayan olvidado de eso, pero muy dentro de mí la culpabilidad me persigue; entonces tengo que confesar mi pecado delante de Dios, pedirle perdón porque contra el pecado.
Una vez confesado el pecado debo apartarme de él para hallar misericordia delante de Dios. y el Señor en Isaías 1:18 nos dice:

Por más negros o por más rojos que sean mis pecados, por más grandes que pueda decir que es un pecado que yo he cometido, o que es el peor de los pecados, el Señor nos llama y nos dice: “vengan estamos a cuenta”, reconozcan que son pecadores, confiesen el pecado y apártense de él y yo les perdonaré – dice el Señor.
Él nos va a perdonar de todos nuestros pecados, ya basta de sentir culpabilidad porque puedo dejar ese pecado y esa culpabilidad delante de Dios y Él nos va a perdonar para hallar misericordia y perdón. Una vez perdonado, nuestro corazón va a ser limpio nuestra vida va a ser limpia de todos nuestros pecados, ya sean los pecados que he cometido hoy, los pecados pasados o los pecados futuros. en Isaías 43:18-19 nos dice que el Señor no se va a acordar más de estos pecados.

El señor ya no se va a acordar de estos pecados, entonces nosotros tampoco debemos recordar o mirar al pasado y dejar todo eso en manos de Dios, ahora he cumplido con este proceso de reconocer mi pecado, luego confesar mi pecado, y apartarme de él; después debo acercarme al Señor y ya no acordarme más del pecado porque el señor ya no se acuerda de mi pecado pasado, él ya lo dejó muy lejos, lo votó al fondo del mar. Ahora nosotros vamos a vivir para glorificar a Dios y dejando siempre nuestras preocupaciones y nuestra culpabilidad en sus manos. ¡Sin volver a ver al pasado!


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El prudente es sabio de lengua

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Proverbios 10:10-14

“El que guiña el ojo acarrea tristeza;
Y el necio de labios será castigado.
Manantial de vida es la boca del justo;
Pero violencia cubrirá la boca de los impíos.
El odio despierta rencillas;
Pero el amor cubrirá todas las faltas.
En los labios del prudente se halla sabiduría;
Mas la vara es para las espaldas del falto de cordura.
Los sabios guardan la sabiduría;
Mas la boca del necio es calamidad cercana.”

Proverbios 10:18-21
“El que encubre el odio es de labios mentirosos;
Y el que propaga calumnia es necio.
En las muchas palabras no falta pecado;
Mas el que refrena sus labios es prudente.
Plata escogida es la lengua del justo;
Mas el corazón de los impíos es como nada.
Los labios del justo apacientan a muchos,
Mas los necios mueren por falta de entendimiento.”

Existen varias características que se destacan fácilmente en la vida de una persona sabia, y una de ellas es el uso apropiado de lo que dice, es decir el uso de su “lengua” o “labios”.

Hace varios años atrás tuve la oportunidad de dialogar con una persona que admiro mucho, un pastor que ha sido un referente en mi vida. En ese día, durante nuestra conversación, yo me dispuse hablar de muchas cosas referente a mi vida y de logros que alcanzaba, mientras que aquel pastor escuchaba todo lo que yo quería decir. Al final, el habló poco y yo ocupé mucho de nuestra conversación sin hablar de nada productivo, nos despedimos, y fue en ese momento donde entendí que todo lo que yo había hablado era necedad, y el sabio pastor guardó su “sabiduría” (v. 14a). Me apené mucho porque pudiendo aprender de su conocimiento, yo no dejé de hablar, y había perdido una gran oportunidad.


El impío tiene la tendencia de hablar mucho, y muchas veces esas “muchas palabras” vienen acompañadas de “pecado” (v. 19a). El impío muchas veces es engañador (v. 10), muchas de sus palabras pueden ser violentas o agresivas (v. 11b),  puede ser rencilloso (v. 12a), y siempre trae “calamidad” a la vida de los demás (v. 14b). Cuando el impío tiene “odio” hacia alguien lo encubre con mentiras para no divulgar su rencor (v. 18a), otras veces levanta “calumnia” para difamar la vida de su prójimo (v. 18b). Lo que no sabe el impío es que, a causa de sus labios, él será castigado (v. 10b, 13), su corazón está vacío (v. 20b), y un día morirá a causa de su necedad (v. 21b).

El sabio de labios en cambio, cuando habla, sus palabras traen vida y buen consejo a quienes las escuchan (v. 11a, 13a), no anda divulgando la falta de los demás públicamente (v. 12b), saben cuándo debe hablar y no desperdiciar palabras ante el necio (v. 14a), de su boca no sale maldad (v. 19b), y lo que dice siempre es muy valioso (v. 20a). Siempre un buen consejo del sabio apacienta y bendice el alma de quien le escucha (v. 21a).

Para ser sabios debemos aprender a controlar lo que sale de nuestra boca, pedir a Dios que nos ayude a controlar el músculo de la lengua que es tan impredecible, y que muchas veces viene encendida con mucha maldad (Stg. 3:5-8). Entre más controlemos lo que decimos, y entre menos hablemos, aprenderemos a ser sabios, y será de bendición para todos mientras nos alejamos del mal.


«El sabio sabe usar prudentemente sus palabras, pero el necio es conocido por lo que sale de su boca»

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No haga que su nombre sea desvalorizado

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Proverbios 10:7

“La memoria del justo será bendita;
Mas el nombre de los impíos se pudrirá.”

En el mercado hay ciertos productos que por su calidad son considerados valiosos y otros despreciados. En cualquiera artículo que se comercializa, si existe más de una empresa que fabrica algún producto, o algún negocio que brinda algún servicio, el nombre y el reconocimiento de cada entidad es valorizado por la calidad de lo que ofrecen, y aquellos que reconocen ese valor exaltan aquellos que son de buena calidad y desprecian los demás; aún, si es necesario, pagan un precio más elevado para poder adquirirlo.

En la Biblia vemos un sinnúmero de nombres de personajes que jugaron un papel muy importante en la relación de Dios con el hombre, personajes que por su comportamiento dejaron huellas en la historia bíblica, pero no todos esos nombres han sido reconocidos por el buen comportamiento ante Dios y los demás, al contrario, han sido nombres que están registrados como ejemplo de aquellos que caminaron en pos del pecado despreciando a Dios, Su Palabra y haciendo daño al prójimo.

Los primeros en dejar una huella profunda en la historia fueron Adán y Eva, aunque fueron los primeros seres humanos creados por Dios, muchos recordamos sus nombres porque cometieron el primer pecado, y con ello vino la naturaleza pecaminosa y la muerte a todos los hombres (Gn. 3:1-6; Ro. 5:12). Enseguida vino su hijo Caín, quien por envidia mató a su hermano menor y se convirtió en el primer homicida, y después despreció a Dios convirtiéndose en el primer hombre en rechazar a Dios y Su gracia (Gn. 4:1-16).

Pero también encontramos muchísimos nombres que pudieron fallar al inicio, pero después volvieron a Dios y vivieron una vida buena, como Pablo (Hch 9:11-22), y muchos otros que desde el inicio fueron personas piadosas y fieles al Señor, otorgándoles así la Biblia un nombre digno de reconocimiento por su buen ejemplo, como José y María, los padres de Jesús (Mt. 1:18-19; Lc. 1:26-30).


“La memoria del justo será bendita”, es decir, una persona que actúa justamente siempre será recordada por su buen comportamiento y su caminar recto ante Dios y los demás, “mas el nombre de los impíos se pudrirá” en el olvido o será recordado como un mal ejemplo hacia los demás por su comportamiento vergonzoso mientras vivió. ¿Cómo quisiera usted ser recordado?

Todos miran nuestro caminar en la tierra, y lo que hagamos siempre dejara implicaciones buenas o malas, dependiendo que vida queramos vivir.

Viva para Dios, entréguese por completo a hacer Su voluntad amando al prójimo y haciendo el bien, y su nombre será bendito; decida hacer lo contrario y su nombre tendrá mala fama.


«Dependiendo del comportamiento de cada hombre su nombre será honrado o despreciado; el hombre sabio y piadoso edificará buen nombre, el impío en cambio acarrea mala fama y desprecio»

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¿En qué nos parecemos a los Apóstoles?

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¿Tenía Jesús algún propósito en mente cuando escogió a doce hombres como sus Apóstoles? 

Pues normalmente pensamos que Dios obra indiscriminadamente, pero eso no es así, porque todo lo que Dios hace siempre responde a su plan redentor en el mundo, y el llamamiento de los doce ilustra esta verdad, como lo vemos en: 

Marcos 3.13-15 

“Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios.” 


Aquí hallamos los tres propósitos que Jesús tenía con el llamado que hizo a estos hombres. 

Pero ¿Cuáles eran sus propósitos? 

El propósito eran que: 

  1. Estuvieran con Él. 

Porque Jesús quería desarrollar con ellos una relación de confianza que surgiera del tiempo que compartían, de tal forma que en el proceso aprendieran las cosas espirituales que estaban involucradas en el ministerio de Jesús (Hoff, 1990), para que así pudieran ser parte como de una escuela bíblica ambulante y práctica en la que conocerían no solo la teoría, sino también la relación que ella tiene con nuestros corazones. 

Por eso, nos parecemos a los Apóstoles, porque la primera razón por la que todos hemos sido llamados a seguirle, es para tener una relación con Él, para conocerlo íntimamente y ser testigos de su obra en nosotros y en el mundo. 

El segundo propósito era… 

  1. Enviarlos a predicar. 

A proclamar lo mismo que Jesús predicaba en todos los lugares que visitaba, ya que para ellos la predicación de la palabra de Dios debía ser tan importante como lo era para Jesús. Y por lo que se nos cuenta en el libro de Hechos, así fue, y gracias a ello, la iglesia creció de una manera asombrosa y segura. 

Por eso uno de los pilares de la iglesia debe ser la predicación fiel de la Palabra de Dios. Ello es lo que más debemos valorar, aun por encima de nuestro gusto, experiencia, satisfacción o comodidad, de programas ostentosos que, en lugar de predicar la verdad, engañan con o sin intención a quienes los presencian. 

Y lo tercero era… 

  1. Para que tuvieran autoridad para sanar enfermedades y echar fuera demonios. 

Porque el propósito de Dios era que por medio de esas señales se confirmara el mensaje de Jesús. 

Pero, esto ¿qué tiene que ver con nosotros? 

Que, aunque hoy no somos llamados a ser Apóstoles, sí somos llamados a dedicar nuestra vida a su servicio y a su gloria como ellos. Por eso haríamos muy bien en desear servirle cada vez más y mejor, motivándonos con tres realidades muy poderosas. La primera es que… 

  1. Jesús es el Señor. 

El Creador del cielo y de la tierra, el que recompensa muy bien a aquel que simplemente ofrezca en su Nombre un vaso con agua a quien lo necesite. 

  1. Por su amor por nosotros. 

Porque su obra de salvación, su sufrimiento en la cruz y la esperanza que nos ha otorgado, deberían hacer que nuestro corazón se constriña, y se sienta impulsado a brindarse a Él, en una muestra de profundo agradecimiento y adoración. 

Y… 

  1. Porque estamos en medio de una guerra espiritual. 

Que ya tiene un perdedor (Satanás), pero que debemos pelear para ganar el terreno que él controla, de tal forma que podamos arrebatar de sus manos las almas que mantiene engañadas con sus mentiras. 

Así que, siendo hijos de Dios, no ignoremos su llamado a servirle, y tampoco ignoremos su llamado a hacerlo en el marco de la Iglesia, porque como lo dice Kevin de Young, ella es capaz de hacer mucho más que lo que podemos hacer nosotros solos (2015). 

Así que las preguntas que debemos hacernos son: 

¿Estamos cumpliendo ese llamado? ¿Estamos dispuestos a ofrecer nuestra vida para la gloria de Dios? 

Pues, así como éstos doce hombres lo hicieron, nosotros también debiéramos hallar en su testimonio, la motivación para hacerlo. 

Referencias 

DeYoung, K. (2015). Súper Ocupados: Un Libro Pequeño Sobre Un Problema Grande. Portavoz.  

Hoff, P. (1990). Se Hizo Hombre. Macmillan Publishers. 


«Somos llamados a dedicar nuestra vida al servicio y la gloria de Dios, como lo hicieron los Apóstoles»

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¿Cómo pasar del anonimato a la fama?

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¿Sabes por qué el llamado que Jesús le hizo a los Apóstoles iba en contra de la corriente del mundo en todos los sentidos, y cómo hizo que hombres que estaban en el anonimato saltaran a la fama? 

Pues sí tú y yo hubiésemos estado en la posición de Jesús, buscando hombres para el ministerio, lo más probable es que en lo primero que hubiésemos pensado, era en evaluar sus hojas de vida, su preparación académica y su experiencia; pero Jesús no lo hizo de esa manera. 

Lucas, el evangelista, nos habla de este evento así: 

Lucas 6.12-13 

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.” 


Como vemos, el llamado de los doce Apóstoles nació en el corazón de Dios. 

Marcos otro de los escritores de los evangelios, refiriéndose a este momento dice que Jesús “llamó a los que Él quiso”. Mostrando que la base de su llamado fue divino y un proceso que resultó de la oración, otorgándoles la gracia de estar a su lado y ser famosos viviendo para su gloria. 

Pero los doce Apóstoles no ganaron el derecho a ser llamados porque no eran personas sobresalientes o reconocidas por grandes obras, por el contrario, ellos hacían parte del mismo grupo de pecadores del que hacemos parte tú y yo, y como muchos de nosotros, también eran hombres de un origen modesto y con una educación muy sencilla (Hoff.1990). 

Y así como ellos, el llamado que recibimos a seguirlo y servirle es en todo sentido una obra de gracia, tal como lo fue la de nuestra salvación. Un derecho comprado por Cristo para nosotros, que debemos recibir con enorme gratitud y orgullo, porque nos abre la puerta para que dejemos la vida común que llevamos, y podamos ofrecernos como un reflector de su gloria, su amor y perdón para el mundo. 

¿Como se aplica esta verdad a nosotros? 

Entendiendo que Dios tiene como plan, encomendar en hombres llamados y perdonados como tú y yo, el ministerio de la predicación y enseñanza de su palabra, así como el del amor y la misericordia. 

Por eso Jesús antes de su ascensión, le dijo a los Apóstoles: 

Mateo 28.19-20a NBLA 

“Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado…” 

Así, todos los que somos discípulos de Jesús somos llamados a servirle, para lo cual el Espíritu de Dios nos ha dado habilidades especiales (dones), que deben ser aprovechadas para el crecimiento y edificación de los creyentes, de tal forma que hagamos las buenas obras que Él preparó de antemano para nosotros (Ef. 2.10). 

¿Alguna vez nos hemos considerado personas comunes y corrientes?, pues a los ojos del mundo es posible que lo seamos; pero para Dios, somos receptores de su gracia, para vivir de tal forma que lo glorifiquemos y hallemos gozo mientras lo hacemos. 

¿Cómo consideramos el servicio al Señor, como una carga o como un regalo de mucho valor? 

Referencias 

Hoff, P. (1990). Se Hizo Hombre. Macmillan Publishers. 


«Dios tiene como plan, encomendar en hombres “comunes y corrientes” la predicación y enseñanza de su palabra»

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¿Está esperando su bendición hoy?

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Proverbios 10:6

“Hay bendiciones sobre la cabeza del justo;
Pero violencia cubrirá la boca de los impíos.”

La vida junto al Señor está llena de bendiciones, el amor de nuestro Padre Dios es infinito y su fidelidad es incomparable (Sal. 36:5). Cuando una persona decide vivir para Dios en obediencia y entrega su voluntad a la de Él, entonces aprende a conocer que las bendiciones del Señor caen como lluvia constante sobre su vida.

Desde el momento que una persona pone su esperanza en Cristo como su Salvador, desde ese instante el creyente entra a formar parte de la familia de Dios (Jn. 1:12, 13). Aprende a conocer a su Padre Celestial, y ello le pone en una posición de privilegio que le asegura una herencia eterna junto a Cristo (Ro. 8:17).

Además, desde ese momento de la salvación el creyente entra bajo el cuidado del Pastor (Sal. 23:1-6), relación en la que vemos el cuidado amoroso de nuestro Pastor que está presto a cuidarnos, alimentarnos, guiarnos, fortalecernos, guardarnos y bendecirnos todo el tiempo porque Su tierno amor estará sobre nosotros a cada instante.

En esa relación también se desarrolla una comunión directa con el Pastor, en donde la oveja puede escuchar Su voz y conocer Su voluntad para aquellos que estamos bajo su cuidado, por lo tanto, sabemos que podemos conocer lo que Él desea para nosotros y aprender a caminar con Él (Jn. 10:27-28).


Cuando el creyente aprende a obedecer a Dios entonces vienen las bendiciones que acompañan a esa obediencia. No solo que Dios cuidará de cada paso del creyente, sino que lo prosperará en su caminar, obrando en favor de Su hijo y haciendo que todo lo que haga salga bien (Jos. 1:7, 8).

No debemos olvidar que Dios ha preparado una vida llena de frutos para todos aquellos que hemos sido salvos (Ef. 2:8-10), y, por lo tanto, si seguimos en esa obediencia y dependencia con Dios, podremos caminar en las “buenas obras” que Él ha preparado para nosotros para que caminemos en ellas, asegurándonos una vida fructífera.

Y, por último, cuando caminamos junto a Él, nuestra comunión junto a Dios irá creciendo, nuestra confianza aumentando, nuestro carácter cambiando, y Sus promesas hacia nosotros seguirán cumpliéndose, por lo que todo el tiempo será de bendiciones. Bien nos dice el versículo hoy que “hay bendiciones sobre la cabeza del justo”, sobre aquel que no solo es salvo, sino que vive justa y santamente en obediencia; pero para el impío hay “violencia” (Pr. 10:6).

¿Y usted, está viendo caer en su vida la lluvia de bendiciones?


«El pronóstico diario para el creyente obediente es que cada día hay lluvia, lluvia de bendiciones»

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