Eres llamado a algo mejor 

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¿Te imaginas ser llamado por Dios para hacer una obra que impacte el mundo, y al mismo tiempo poder conocerlo y deleitarte en Él? Pues un llamado así fue el que vivieron los discípulos de Jesús; y como ellos, nosotros también somos llamados a seguirle y a glorificarlo mientras nos gozamos en Él. 

Consideremos ese momento en el que Jesús llamó a algunos de sus discípulos… 

Marcos 1.16-18 

“Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, hermano de Simón, echando una red en el mar, porque eran pescadores. Y Jesús les dijo: «Vengan conmigo, y Yo haré que ustedes sean pescadores de hombres». Dejando al instante las redes, ellos lo siguieron” (NBLA) 


Como vemos en este pasaje, Jesús llamó a varios hombres para que lo siguieran, y ese llamamiento implicó varias cosas, era una invitación a ser sus discípulos, sus seguidores y a tener una relación personal con Él. 

En la época de Jesús, la relación entre los maestros y los discípulos solía ser muy cercana, por eso, al llamarlos, lo que estaba haciendo era invitarlos a compartir sus vidas para que en el día a día pudieran conocer de manera única al Salvador del mundo. 

Y a diferencia de un Rabino (maestro de la ley judía), a quien sus discípulos prominentes le buscaban para recibir su enseñanza. Jesús fue quien tomó la iniciativa y llamó hombres comunes y corrientes para que le siguieran; hombres rechazados, despreciados y hasta humillados por la élite religiosa. Porque Dios desde el principio es el que nos busca; y va tras hombres que le adoren en espíritu y en verdad y que le amen con pureza (Jn. 4:23-24). 

Ahora, ¿será que el llamamiento que Jesús le hizo a sus discípulos tiene alguna aplicación para nosotros hoy? 

Claro que sí, porque como ellos, nosotros también somos llamados a creer en su obra y evangelio, a tener una conciencia limpia, a lavar nuestro pecado en su sangre, y a ser parte de su familia, para que al conocerlo, hallemos el gozo que buscamos y seamos la luz que haga que otros también acepten su llamado. 

Pero ¿Cómo respondieron estos hombres? 

Lo siguieron. 

Fueron a donde Jesús fue, escucharon sus enseñanzas, vivieron como Él vivió, hicieron lo que Él hizo, enseñaron lo que aprendieron de Él, vivieron luchando contra el pecado como agradecimiento por el sacrificio que hizo por ellos, lo declararon el Hijo de Dios y su Señor, le dieron el control de sus vidas y se sometieron a su plan. 

Así fue como lo hicieron ellos, pero… 

¿Cómo lo estamos haciendo nosotros? 

¿Lo estamos siguiendo? ¿Le hemos declarado al mundo que Él es nuestro Señor, o seguimos siendo nuestros propios señores? 

Pues nuestra respuesta debería ser como la de ellos, que dejaron su vieja y pecaminosa manera de vivir, y se dispusieron a ser guiados por Jesús para que su plan se cumpliera en sus vidas. 

Así, este llamado que Jesús nos hace a través de esta palabra no solo nos garantiza vida después de la muerte, sino que también nos llama a entregarnos a Él de tal forma que el Padre sea glorificado por medio de nosotros. 

La pregunta es: 

¿Hemos aceptado ese llamado, nos hemos arrepentido y confesado nuestro pecado delante de Él? 

Sí ya lo hicimos, ¿estamos viviendo conforme a su enseñanza y ejemplo? Y ¿estamos buscando su Palabra con una avidez diaria para encontrar en ella el camino que Jesús ha dispuesto para nosotros? 

El camino que Jesús le ofreció a esos hombres les aseguró una vida muy superior a la que habrían tenido si no hubiesen atendido sus palabras. Así que, nosotros también podemos confiar que, siguiendo a Jesús, nuestra vida superará por mucho las más altas expectativas. 


«Si seguimos a Jesús, nuestra vida superará por mucho las más altas expectativas»

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¿Qué dijo Jesús para impactar a tantos?

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¿Cuáles fueron sus palabras para que la historia del mundo se dividiera en dos, para que hombres menospreciados y humillados se convirtieran en valientes luchadores por el amor y la reconciliación que Jesús testificó durante su ministerio? 

Considerémoslas en: 

Marcos 1.14-15 

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” 


Estas palabras que Jesús decía con respecto al cumplimiento del tiempo indicaban que el reino de Dios se había acercado, y que, por tanto, quienes le escuchaban debían arrepentirse de sus pecados y creer en su evangelio. 

Esto del acercamiento del reino de Dios era algo muy importante, porque desde la caída de Adán y Eva, Dios prometió un Mesías que libertaría a la humanidad del poder y la condenación del pecado, y a lo largo de la historia, todos los profetas de Dios afirmaron esa promesa, por eso, que Jesús confirmara que el tiempo se había cumplido, representaba que esa promesa se había hecho realidad en Él. 

Una realidad que hizo eco en la mente y los corazones de los israelitas que vieron y fueron testigos de la vida de Jesús. Pero… 

¿Será que ellas tienen algo que ver con nosotros hoy? 

Sí, tienen todo que ver, porque, así como los que escucharon a Jesús fueron instados a responder con fe ante su mensaje, nosotros también lo somos; por eso, necesitamos atender su llamado al arrepentimiento y creer sus enseñanzas. 

Pero ¿Qué es el arrepentimiento? 

Es un proceso del corazón que implica cambiar el centro de nuestra adoración, llevándonos a un cambio de comportamiento, a un giro de 180 grados en la forma como vivimos. 

Es el proceso interno que resulta del Espíritu, mediante el cual, sí robábamos, ya no robamos más; sí mentíamos, o sosteníamos relaciones extramatrimoniales, o nos emborrachábamos, o hablábamos mal de otras personas; ya no lo hacemos, y en cambio vivimos de una manera diferente, motivados por un deseo profundo de agradar a Dios. 

Así, la pregunta para nosotros es: 

¿Qué tan sensibles somos a nuestro pecado? O ¿Qué tan conscientes somos de lo ofensivo que este le resulta a Dios? 

Pues si lo somos, hallaremos necesario arrepentirnos de él, confesarlo, llamarlo como Dios lo llama, y en el poder del Espíritu, ejercer un cambio en nuestra vida que vaya en dirección a la santidad que Dios espera de nosotros. 

Ahora, resulta interesante y hasta irónico que este sea el mensaje que ha impactado el mundo entero, porque: ¿será alentador decirles a las personas que están sufriendo, que lo primero que deben hacer es reconocer su pecado y arrepentirse delante de Dios? 

Pues no lo parece. De hecho, cuando vemos sufrir a alguien, nuestro primer impulso es ofrecerle palabras de esperanza, y sinceramente, estas no parecen ser las más apropiadas.  

Pero desde el punto de vista divino, si lo son, porque lo primero que todos necesitamos para tener vida abundante, es tener vida espiritual. De ahí que, necesitamos ese llamado al arrepentimiento, para que, a partir del perdón de Dios, podamos gozar de la vida eterna y abundante que Él quiere darnos (Jn. 10.10). 


«Lo primero que todos necesitamos para tener vida abundante, es tener vida espiritual»

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¿Quiere no equivocarse?

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Proverbios 11:14

“Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo;
Mas en la multitud de consejeros hay seguridad.

La Segunda Guerra Mundial posiblemente hubiera tenido otro final si no hubiera sido por la falta de voluntad de Hitler de querer escuchar a los suyos. Muchos historiadores se han puesto de acuerdo al indicar que lo que más afectó la efectividad de la fuerza nazi fueron los errores que cometió Hitler al tomar decisiones unilateralmente, sin querer escuchar a sus más cercanos colaboradores, los generales de mando.

La sorpresiva ofensiva que los alemanes llevaron a cabo para conquistar terreno ruso fue tan impactante al inicio, que cuando ellos llegaron a 30 kilómetros al oeste de Moscú, el mismo Stalin se creyó derrotado; pero como Hitler decidió detener inmediatamente la ofensiva, y desviar el ataque hacia el sur, hacia Stalingrado, detuvo lo que pudo ser una derrota talvez irreparable para los rusos. Esta decisión fue tomada sin consultar a nadie, y sin querer escucharlos tampoco.

Y ya después, cuando estaba frente a Stalingrado, tampoco escuchó a sus generales, quienes pedían retirarse de ese frente por un tiempo para poder reagruparse y lanzar una ofensiva más certera, creyendo que podría hacerlo sin problemas, nuevamente el Führer, Adolfo Hitler, se negó a escuchar las peticiones, lo que terminó con la pérdida de la mayoría de su mejor fuerza bélica que se encontraba atacando ese frente. Todo esto desmoralizó a sus tropas, y esto a la larga le generaría el inicio de la derrota final en la guerra.


La importancia de una buena dirección en el camino que se tiene por delante siempre asegurará un buen final, pero cuando no se sabe hacia donde se avanza, o cuando se rechaza aceptar las advertencias de no continuar, entonces el fracaso siempre nos acompañará.

El sabio no solamente sabe tomar decisiones, sino que también sabe escuchar las opiniones de otros. (v. 14)

Recordemos que no todo el conocimiento que deberíamos tener antes de tomar nuestras decisiones puede que estén con nosotros. Es decir, muchas veces nosotros podemos que no conozcamos todo lo que deberíamos para actuar prudentemente, muchas veces, puede ser que nuestro entendimiento esté afectado por la falta de conocimiento pleno, o por un deseo intenso de hacer algo sin importar cómo, o que nos ha faltado analizar todas las opciones. Es en esos momentos donde necesitamos que otros nos den opiniones sabias que podrían darnos una perspectiva que no estábamos considerando, y que va a ser vital para tomar una decisión.

La mejor dirección siempre va a venir de la Palabra de Dios y de nuestro tiempo de oración. Dios es nuestro mejor “Consejero” (Is. 9:6), y en Su Palabra siempre encontraremos el mejor consejo (Sal. 119:24). Pero también en la “multitud de consejeros se afirman” las ideas (Pr. 15:22) y se halla la “victoria” (Pr. 24:6) que nos puede dar la “seguridad” de avanzar (Pr. 11:14). Es por esto por lo que dependemos de Dios y de buenos creyentes para tomar decisiones que siempre nos pueden beneficiar.


«El prudente entiende que es de sabios buscar consejo en Dios y en otros; el necio marcha sin consultar a nadie, y después pierde»

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La crítica

Serie: Cápsulas de esperanza


El tema del que vamos a hablar hoy nos refleja una práctica que puede ser bastante común en nuestras conversaciones entre amigos o familiares y es algo que nosotros realizamos sin tal vez pensar que es pecado porque no sabemos qué es lo que Dios piensa acerca de esto, así que bienvenido y bienvenida a una nueva cápsula de esperanza más.

Hoy vamos a hablar acerca de la crítica, para esto quiero invitarte a que leas Números 12 juntos y veamos cómo Dios reacciona ante la crítica. En Números 12 vamos a ver la historia de María y Aarón que criticaron a su hermano Moisés, ellos hablaron mal de su hermano y ante esto Dios los confrontó y los exhortó diciéndoles que no estaba bien lo que habían hecho, y castigó a María con una lepra, ella estuvo separada del campamento durante siete días por haber hablado mal de su hermano.

Ahora, debemos notar que a Dios no le agrada que hablemos mal de nuestros hermanos, hermanas o de nuestro prójimo que no está presente, y también que la crítica refleja qué es lo que hay en nuestro corazón. Si en mi corazón yo no amo a esa persona y no me esfuerzo por amarla a pesar de sus diferencias, voy a criticarla; pero si al contrario yo la amo a pesar de que tiene cosas o actitudes, situaciones que no me parecen bien, yo la amo y guardo mi boca de no hablar mal acerca de esa persona.

Te invito a que tú puedas analizar cómo son tus conversaciones acerca de otros que no están presentes, y no solamente conversaciones sino también pensamientos, ten cuidado de estar criticando a tus hermanos en tu corazón porque esto es un pecado.

Quisiera que terminemos leyendo 1 Corintios 10:10, donde el apóstol Pablo nos dice: 

Ten cuidado de la murmuración, ten cuidado de la crítica. Que Dios te bendiga.


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Es de torpes hablar mal del prójimo

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Proverbios 11:12

“El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo;
Mas el hombre prudente calla.”

Hay varias palabras para definir “entendimiento” (v. 12a), «leb» en hebreo, y entre ellas están las palabras corazón, intelecto, voluntad, cordura, deseo, juicio, etc.; y en muchas de las veces la palabra se la traduce más como “corazón” (Gn. 6:5, 6; 17:17; Ec. 1:16). Entonces, podemos ver que en este caso a la persona aquí mencionada no es solamente alguien que no tiene conocimiento, sino que no tiene buen deseo o corazón también.

Una persona que “carece de entendimiento” en sí, más que solo falta de sabiduría, muestra también un poco de falta de buena voluntad para actuar apropiadamente, y por eso menosprecia a su “prójimo”. (v. 12a)

El desprecio puede venir directamente cuando se encuentra frente a la persona a quien critica o desprecia, pero también puede ocurrir cuando no se encuentra frente a ella, sino que habla a las espaldas de otros. Por otro lado, la persona prudente, aunque tenga razones para hablar, prefiere callar para no desacreditar a su prójimo (v. 12b).

El menosprecio es una manifestación de falta de amor a su prójimo, por lo que sin reparo habla sin contemplación. Y aunque lo que diga no sea una información incorrecta, el hecho no está tanto en lo que dice, sino en el motor detrás de esas palabras: el desprecio. Eso es una ofensa ante el mandato de Dios, Quien nos pide que amemos a nuestro prójimo, aún a nuestros enemigos (Mt. 5:44).


El menosprecio también puede ser una marca del orgulloso, del soberbio. Cuando se cree superior a los demás, esta persona tiene la tendencia de resaltar sus propias virtudes y menospreciar la de los otros, por lo que, con ello, está manifestando que es falto de entendimiento. Porque si comprendiera que cada persona tiene limitaciones, y que no todos somos perfectos en todo, al actuar con orgullo se olvida que el mismo tiene sus propios defectos, y entre ellos la misma soberbia, y que, además, aunque la otra persona no tenga muchas virtudes, si tiene valores que deberían ser resaltados, y por los cuales debemos valorarlos.

La persona “prudente” sabe que no tiene que andar hablando mal de una persona, o comprende que no todo lo que se conozca referente a una verdad es conveniente decirlo; por esta razón, evita hablar del tema. Su mayor preocupación es no causar daño, al contrario, prevenir problemas. Con esto, el “prudente” manifiesta su amor por los demás. Valora a las personas aun con sus pocas virtudes, y recuerda de sí mismo que él también tiene debilidades e imperfecciones. Recuerde: “El torpe habla mal de sus semejantes…” (PDT)

Pablo nos recuerda que debemos mirar a los demás como “superiores” a nosotros mismos, y que debemos vestirnos de “humildad” para hacerlo, esto manifestará nuestro carácter piadoso, como el de “Cristo Jesús” (Fil. 2:3-5).


«Menospreciar a nuestro prójimo es una manifestación de soberbia, falta de amor, y falta de entendimiento»

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La ingratitud

Serie: Cápsulas de esperanza


La voluntad de Dios según su Palabra, nos dice que demos gracias en todo, ahora, cuando dice en todo literalmente se refiere a cualquier situación que podamos pasar. Te invito a que podamos leer por favor en 1 Tesalonicenses capítulo 5 versículo del 16 al 18:

Algo que nosotros podemos notar en los versículos que acabamos de leer es que, primero dice: “estar siempre gozosos” es decir, en toda situación, pero por más que sea una situación adversa, una situación mala donde mi estado de ánimo sea el estar triste, aún ahí debo estar gozoso y es que el gozo NO quiere decir llevar siempre una sonrisa en el rostro; el gozo es saber sobrellevar esa prueba, esa dificultad de tal circunstancia y dar gracias aún por eso.

No voy a dejar que esa situación difícil por la que estoy pasando me lleve a echarle la culpa a Dios, a enojarme con la iglesia, con los hermanos y con las demás personas, no cuando yo he entendido lo que está pasando y que Dios tiene el control, entonces voy a estar gozoso.

Luego el versículo 17 dice: “orad sin cesar”, es un versículo muy corto, pero para que tú puedas estar gozoso en esos momentos de prueba, la clave es: orar todo el tiempo que puedas, ora sin cesar, no te canses de orar, es un gran consejo para nosotros porque en medio de este mundo perverso y malo muchas situaciones nos hacen ser ingratos; el ver que el otro tiene más que yo, el desear ser como tal o cual persona, todo eso me hace ser ingrato. Y me llego a decir a mi mismo: ¿por qué yo soy así? ¿por qué yo no puedo ser de esta manera? ¡ah! es que yo soy más chiquito, o yo soy más alto, yo soy más flaco, yo soy más gordo… y es la ingratitud la que nos hace desobedecer la voluntad de Dios.

Versículo 18 nos dice que demos gracias en todo porque esa es la voluntad de Dios para vosotros, es decir, para nosotros en Cristo Jesús, muchas veces decimos: “quisiera seguir la voluntad de Dios o ¿cuál será la voluntad de Dios?” acá ya lo tienes clarito, la voluntad de Dios es que seas agradecido.

¡Recuerda! la ingratitud te va a llevar a desobedecer abiertamente a Dios, en lugar de tener esa ingratitud en el corazón, mejor seamos agradecidos.


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¿Hay alegría por la justicia?

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Proverbios 11:10-11

“En el bien de los justos la ciudad se alegra;
Mas cuando los impíos perecen hay fiesta.

Por la bendición de los rectos la ciudad será engrandecida;
Mas por la boca de los impíos será trastornada.”

Para la rendición del la Alemania Nazi y el contentamiento de todas las Fuerzas Aliadas se firmaron dos capitulaciones, una el 7 de mayo y la otra el 9 de mayo de 1945. Pero tras la primera firma, la alegría de todos los que vivían en Estados Unidos y en Europa Occidental embargó sus corazones al conocer la noticia del fin de la guerra contra Alemania. El 8 de mayo, tanto en Chicago, Nueva York, Londres y Paris las personas salieron a las calles para celebrar el triunfo aliado; para ellos, era el triunfo de las Fuerzas Aliadas y el fin de las atrocidades ocasionadas por la Alemania de Hitler.

Cuando una persona justa está a cargo de un gobierno local o seccional, o de alguna entidad, sea pública o privada, la alegría que llega al corazón de aquellos bajo su mando es muy grande. El comportamiento de esa persona siempre va a ser motivo de gozo para aquellos que miran con agradecimiento el buen comportamiento y las buenas acciones que esa persona toma en favor de todos (v. 10a).

Pero, en cambio, cuando es una persona mala o pecadora quien está al frente, sus malas acciones siempre van a traer malestar a los demás, y ellos solo se alegrarán cuando esa persona ya no esté en esas funciones o muera (v. 10b). La opresión, la injusticia, la inmoralidad de conciencia de aquellos obran impíamente cuando están al mando de algún cargo siempre van a traer pena a los demás, pero cuando esa persona no está, todo cambia.

La obra del justo no solo que trae alegría, sino que viene con la bendición de Dios. Cuando una persona temerosa de Dios sirve en algún cargo importante, esa persona no solo que hace obras justas, sino que Dios puede bendecir por medio de ello a la ciudad, así como lo fue el tiempo que José sirvió en Egipto como gobernador para el Faraón (v. 11a).


Muchos de nosotros cumplimos alguna función importante en nuestro trabajo, los padres son líderes en sus hogares, y muchos servimos en la iglesia del Señor, y nuestra obra justa siempre será de bendición para aquellos a nuestro alrededor y motivo de alegría para todos.

Pero imagínese si nuestro comportamiento no es el adecuado, cuanto mal estaremos haciendo para los que nos miran, y cuanto pesar debe estar llegando al corazón de ellos.

Comprometámonos a actuar justamente siempre, no importa en donde estemos desarrollando nuestras actividades, seamos motivo de alegría y fuente de bendición para otros. Oremos por aquellos que obran bien en algún cargo público y demos gracias a Dios por ellos; y pidamos, para que aquellos que obren mal cambien su comportamiento o dejen su cargo para alguien piadoso que pueda bendecir a todos por sus buenas acciones.


«Solo el buen accionar del justo puede ser de bendición para todos, las malas obras del impío solo traen calamidad»

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El peligro de una persona falsa

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Proverbios 11:9

“El hipócrita con la boca daña a su prójimo;
Mas los justos son librados con la sabiduría.”

Según al Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia Nelson, se define al “hipócrita” como «el que pretende o finge ser lo que no es. Es una transcripción del vocablo griego hypokriteis, que significaba actor o protagonista en el teatro griego. Los actores solían ponerse diferentes máscaras conforme al papel que desempeñaban. De ahí que hipócrita llegara a designar a la persona que oculta la realidad tras una «máscara» de apariencias». Y según Salmos 26:4, es la persona que le gusta vivir “simuladamente”.

Como podemos leer entonces, el “hipócrita” es alguien que detrás de su rostro de amistad o buena voluntad hacia alguien, lo que oculta es una perversidad o malicia que la esconde para lograr su acometido maligno.

Muchas veces el “hipócrita” puede aparentar una vida religiosa muy elevada (Mt. 6:5, 16; Mr. 7:6), y el Señor Jesucristo enfrentó a líderes religiosos que guiaban a Israel con ese comportamiento en Su tiempo (Mt. 15:1-9; 16:1-4; 23:1-36). Por lo que vemos que la capacidad de enmascarar su comportamiento por parte del hipócrita es muy alta, ya que el pueblo creía que estaban siendo guiados adecuadamente por gente piadosa y devota de Dios.


Según Proverbios, el “hipócrita” es peligroso porque puede engañar con su boca a las personas (v. 11a), y aprovechando el engaño, pueden sacar provecho para obtener lo que ellos desean. Se pueden mostrar amigos o colaboradores fieles de la persona, pero en el fondo, lo único que los motiva es el lograr su propia meta.

El “hipócrita” muestra su verdadero carácter, cuando lejos de la persona de quien aparenta ser amigo, habla mal de su prójimo, y muchas veces miente para dañar esa reputación, y es ahí en donde el mayor peligro se encuentra (El hipócrita hunde al prójimo con su boca…” Pr. 11:9a BTX).

Necesitamos ser sabios para poder identificar ese peligro (“… Pero los honrados se libran porque lo saben.” Pr. 11:9b BTX). El sabio puede llegar a desarrollar el discernimiento que le ayudará a identificar a la persona “hipócrita”, y esto le puede librar del peligro de desarrollar una amistad de confianza con el falso.

Siempre es bueno desarrollar amistades sólidas y saludables, amistades que nos ayuden en tiempo de necesidad, y en las cuales podemos confiar por su sinceridad y buen deseo hacia nosotros. Por eso, debemos ser cuidadosos en saber a quién confiamos nuestra vida y con quién interactuamos, para evitar desalientos que podrían venir cuando el hipócrita llega a nuestro círculo más cercano, en dónde ya sea tarde y seamos afectados.

Cuando usted se encuentre ante una persona que actúa de una manera frente a alguien, y cuando está lejos de ella actúa diferente, entonces puede saber que está ante una persona falsa. Y más, cuando habla mal de esa persona, entonces es cuando usted debe tener cuidado, porque el “hipócrita” puede hacer lo mismo con usted.


«El hipócrita muestra su verdadero rostro cuando disfruta hablar mal de los demás»

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