Hay palabras que hieren y otras que sanan

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Proverbios 12:17-19
“El que habla verdad declara justicia;
Mas el testigo mentiroso, engaño.
Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada;
Mas la lengua de los sabios es medicina.
El labio veraz permanecerá para siempre;
Mas la lengua mentirosa sólo por un momento.”

En el año de 1875 el presidente del Ecuador, Gabriel García Moreno, fallece asesinado por un grupo de jóvenes que decidieron matarlo a la salida de la iglesia, antes de ir al Palacio de Gobierno. Cuando el hecho sucedió, el escritor Juan Montalvo expresó una célebre frase que quedaría marcada en la historia como la posible causa indirecta de tan trágico hecho: «Mi pluma lo mató». Haciendo referencia a que un escrito de Montalvo, “la dictadura perpetua”, fue el folleto que pudo haber incitado la ira y las acciones que pudieron influenciar en la decisión de los asesinos. Montalvo consideró que su crítica escrita en contra del gobierno de García Moreno pudo haber provocado el acto.

Muchas veces no nos damos cuenta del poder que tienen las palabras en los receptores. Nuestras palabras tienen gran poder, bueno o malo, en función de la manera cómo las expresamos, el motivo que las genera, y el corazón de quienes las reciben.

En el caso de Juan Montalvo, no fueron sus palabras directamente una orden de asesinato en contra de García Moreno, pero sí pudo ser el fuego que encendió la leña del corazón de los autores que los motivó a cometer ese horrendo acto.


Las palabras pueden y tienen el poder de edificar, y otras veces de destruir. En ocasiones tienen el poder de consolar, y otras de atormentar. Hay momentos en los cuales con nuestras palabras causamos heridas, y en otras podemos sanar corazones (v. 18). Con lo que sale de nuestra boca podemos bendecir o maldecir al alguien; y aún inclusive podemos dar alabanza a Dios, y luego decir cosas malas a las personas que han sido creadas a la imagen de Él (Stg. 3:9-10).

Por estas razones, debemos ser sabios en lo que permitimos que salga de nuestra boca. Santiago, en su carta, nos dice que la lengua, aunque es un miembro muy pequeño de nuestro cuerpo, tiene gran poder, y que debemos tener cuidado porque ella está afectada por el mal (Stg. 3:5-8). Nuestra naturaleza pecaminosa afecta mucho lo que decimos y cómo lo hacemos. Jesucristo nos dice que por nuestra boca sale lo que está en nuestro corazón, y si nuestra alma está afectada por pecados, lo que sale de ella contamina las relaciones y afecta a las personas (Mt. 15:11).

Sabio es aquel que sabe utilizar sus palabras para instruir, edificar, consolar, animar, guiar, corregir, transformar, sanar; pero el perverso o el hombre necio solamente utiliza sus palabras para hacer daño a los demás y a las relaciones de otros.

Tengamos cuidado de lo que decimos, como lo hacemos, y cuando lo hacemos. No siempre una palabra puede beneficiar al alguien en ese instante, a veces es mejor callar antes que causar dolor o ira. Debemos pensar lo que vamos a decir y no dejarnos llevar por nuestros impulsos, y, sobre todo, cuidemos que lo que decimos no vaya acompañado de nuestros malas intenciones o perversos deseos.


«Una palabra sabia edifica, una lengua perversa destruye»

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¿Qué obstaculiza la fe?

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Pedro había visto obrar el poder de Jesús en muchos y en una ocasión él quiso experimentarlo, caminando sobre el mar, pero mientras lo hacía su confianza se debilitó a causa del principal enemigo de la fe, consideremos cuál es… 

Mateo 14.28-30 
“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!” 


En este pasaje nos encontramos con la petición del Apóstol Pedro luego de que Jesús le hablara a él y a los demás Apóstoles diciendo que recobraran el ánimo y que no temieran la tormenta que atravesaban porque Él estaba con ellos. 

Sin duda su petición fue un acto de audacia, que nos deja ver quién era él y nos muestra su ímpetu, fuerza, valentía, e impulsividad; que Pedro era un hombre sensible al mensaje de Jesús, creyente y enseñable. 

De ahí que Pedro se arriesgara con esa petición, porque él deseaba gozar, disfrutar y obtener todo lo mejor que pudiera de Jesús; y con ella mostró la fe que tenía en Él, porque sabía que bastaba una orden de Jesús para que lo imposible pudiera darse, para que su cuerpo mortal dominara la fuerza del mar y que lo que solo Dios podía hacer le fuera concedido a un hombre común como él. 

Pero, ahora que hablamos de la fe de Pedro, es posible que nos preguntemos  

¿Qué es la fe? 

Pues la fe es lo que vemos en acción en esta experiencia, la fe es salirnos de nuestra barca, de nuestra zona de confort y caminar por la vida apoyados en la Palabra de Dios y no en lo que vemos y controlamos. De ahí que Pablo dijera que los cristianos “andamos por fe y no por vista” (2 Co. 5.7). 

Pero ¿Cómo respondió Jesús ante su petición? 

Con agrado, con gusto, porque “sin fe es imposible agradar a Dios” (He. 11.6). Así cuando obramos por fe y nuestras peticiones a Dios exigen que la tengamos, podemos confiar que Él va a responder, porque a Dios le encanta que propiciemos momentos en los que Él pueda ser exaltado, reconocido y glorificado a través de nosotros, como lo fue por medio de Pedro, cuando pudo caminar sobre el mar en obediencia al llamado de Jesús. 

Pero, no todo fue color de rosa, y ese suceso grandioso, fue empañado por… 

El enemigo material de la fe: El miedo… 

Sí, el miedo que se interpone en nuestra fe en Dios es nuestro peor enemigo. Y aunque el miedo es una emoción natural después de la caída del hombre, producto de la inseguridad y desconfianza que tenemos porque ya no gozamos de la aceptación total de Dios. El miedo que nos aleja de Él debe ser combatido con todas nuestras fuerzas. 

Pero ¿cómo opera en nosotros ese miedo enemigo? 

Haciendo que nos enfoquemos más en las circunstancias que nos rodean que en Dios y su Palabra, eso fue lo que le pasó a Pedro, que enfocó su atención en la dureza del viento antes que en Jesús, y por eso el miedo se apoderó de él y se hundió. 

De ahí que cuando el miedo nos controla, entonces nos hundimos en la fe y nos perdemos de la gloriosa bendición de conocer más íntimamente a nuestro Salvador. 

Pero, la misericordia de nuestro Salvador es maravillosa…  

Porque ¿cómo es que Jesús siendo despreciado por Pedro, decide extenderle la mano y rescatarlo del mar? Eso solo lo explica su misericordia, porque Él no nos paga conforme a lo que nos merecemos y en cambio nos da lo que no merecemos. 

Así que hermanos, podemos enfrentar el mundo que vivimos, confiando en el poder de Jesús y mostrando nuestra fe en Él, y seguros de que hallaremos su misericordia en todo momento. 


«Cuando el miedo nos controla, entonces nos hundimos en la fe y nos perdemos la bendición de conocer íntimamente a nuestro Salvador.»

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¿Qué impide que la fe en Dios crezca?

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¿Te consideras una persona segura o de aquellas que dudan bastante ante las opciones de la vida? Pues todos en cierto sentido luchamos con la duda, y aún las personas que parecen más seguras de sí mismas lo hacen, porque lo cierto es que la seguridad no se halla en nosotros.  

El Apóstol Pedro entendió esta verdad mientras se ahogaba luego de haber caminado sobre el mar, pero a pesar de esa experiencia, aprendió algo muy importante, que como para él, también lo es para nosotros, considerémoslo en… 

Mateo 14.31-33 
“Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios” 


Este es el momento en el que Jesús rescató a Pedro del mar luego de que caminara sobre él y terminara hundido por su temor. Momento en el que Jesús le preguntó a Pedro: “¿Por qué dudaste?”. Mostrándonos que la duda es lo que antecede al miedo, lo que impide el crecimiento de nuestra fe en Dios y nos lleva al estancamiento espiritual y al sufrimiento. 

Esa duda resulta cuando no creemos que Dios es Dios, o cuando dudamos de su amor por nosotros y de su Palabra. De ahí que Satanás haya hecho caer a Eva sembrando duda en su corazón. Duda que hizo que Pedro no confiara en la palabra de Jesús, creyendo que ella no era suficiente para liberar el poder que él necesitaba para mantenerse en pie sobre el mar. 

Y así como a Pedro, la duda también nos invade a nosotros en muchos momentos, por eso debemos preguntarnos ¿Qué estamos dudando de Dios hoy? ¿Qué problema tenemos, cual es nuestra tormenta? ¿Qué es aquello que sabemos que Dios espera que hagamos pero que no sentimos la fuerza para hacer? ¿Cuál es esa barca en la que estamos que nos produce tanta confianza, pero no nos deja experimentar el gozo de la fe y de conocer a nuestro Salvador de una manera más profunda? 

Debemos preguntárnoslo para luchar contra ello, para pedirle a Dios que cambie nuestra duda por su seguridad y así hallemos la fuerza que nos hace falta para creer en Él. Fuerza que experimentan aquellos que viven por fe, que hace que hombres vivan como en un nivel superior porque conocen tanto a su Salvador que viven adorándolo y gozándose en Él. Como en el caso de los Apóstoles, en quienes en ese momento se produjo… 

El resultado de la fe… 

¡Haber visto obrar a Jesús! 

Lo que les permitió conocerlo más y experimentar el deseo profundo de adorarlo solo a Él. 

Porque hermanos, el fruto glorioso de la fe, no es hacer cosas maravillosas, grandiosas, impresionantes, y muy significativas; No, … el fruto glorioso de la fe es conocer profundamente a Jesús. Y cuando le conocemos, nos hallamos disfrutando del gozo más grande que hay en la vida… adorarlo.  

Sentir esa necesidad de exaltarlo y alabarlo, de postrarse ante Él, sabiendo que se está delante del que nos ama y del que lo fundó todo, del que nos quita la maldición de la duda y nos hace sentir la paz que solo se halla en su presencia. 

Pedro se arriesgó, tuvo fe. Y aunque salió regañado, solo se ha hablado de un hombre en la historia de toda la humanidad, aparte de Jesús, que caminó sobre el mar, ¿sabes quién es?… Pedro. 

Pidámosle a Dios la fuerza que necesitamos para convencernos que vale la pena tener fe en Jesús, no dudar más y salirnos de nuestra barca para seguirlo a Él. 


«El fruto glorioso de la fe no es hacer cosas maravillosas, sino conocer profundamente a Jesús»

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No invite al tornado a entrar en casa

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Proverbios 11:29
“El que turba su casa heredará viento;
Y el necio será siervo del sabio de corazón.”

Si hay alguien quien entiende el significado y el costo que tiene el traer personalmente problemas a la casa para que la destruya, ese podría ser el rey David.

Toda la vida de David y la de su familia fue afectada para siempre desde el momento en que él codició a Betsabé. Esta historia de muerte, traición, incesto, intriga, humillación, sublevación y deshonra se encuentran escritos en los capítulos 11 al 22 del Segundo Libro de Samuel y los dos primeros capítulos del Primer Libro de Reyes. No solamente fue su casa la afectada, sino que destruyó la vida y el hogar de Urías, su siervo; y también afectó la estabilidad política de Israel.

Todo inició porque David no pudo contener su deseo pecaminoso sobre Betsabé, y el no poder manejar correctamente todos los demás eventos después de este acto bochornoso, llevaron a que David y su casa sufran por varios años toda esta tormenta.

La Biblia nos dice que “el que turba su casa heredará viento” (v. 29a), haciendo referencia a que puede ser uno mismo quien introduce muchas veces la calamidad y la destrucción de su propia casa, cuando por voluntad propia, nosotros invitamos al tornado a que venga a nuestra casa para que lo trastorne.


A veces puede ser el adulterio, otras la borrachera, las adicciones, el malgenio, el mal uso del dinero, y otras cosas más pueden llegar a destruir un hogar. Cuando abrimos la puerta al pecado en nuestras vidas, muchas veces ese pecado no solamente nos afecta a nosotros mismos, sino que también a los nuestros.

En el contexto del versículo 29 de este pasaje, el problema puede ser asociado al dinero, y en ese sentido, el deseo pecaminoso de las riquezas puede ser la razón del problema, llevando a la persona a ser “siervo” de alguien más por una futura necesidad económica que vendrá con el problema. Muchos hogares tienen en este momento la ausencia de ambos padres porque ellos trabajan por traer “más” dinero a la casa, cuidemos que eso no sea un problema en el futuro.

Es muy importante tener cuidado en nuestras vidas y en las decisiones que tomamos o en los comportamientos inapropiados que dejamos que estén en nuestras vidas y en nuestra casa. No permitamos que nuestros errores vengan a destruir el hogar y que lo único que lleguemos a cosechar es el “viento”.

El fundamento para que nuestra vida y la de nuestro hogar siempre esté estable y bendecido es el temor de Dios. Cuando toda la casa, los padres y los hijos, amen a Dios y lo honren con sus vidas, entonces esa casa será llena de paz y armonía, y prosperada en todo sentido. Tal vez es el momento de parar un poco en nuestro agitado vivir, y comprometernos como Josué a servir a Dios con toda nuestra casa de todo corazón, antes que lo único que quede en ella sea el “viento”.

Josué 24:15
“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”


«Cada hogar será bendecido cuando cada integrante de él tema a Dios de todo corazón; el no hacerlo solo traerá calamidades y destrucción»

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La prosperidad de la generosidad

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Proverbios 11:23-28
“El deseo de los justos es solamente el bien;
Mas la esperanza de los impíos es el enojo.
Hay quienes reparten, y les es añadido más;
Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza.
El alma generosa será prosperada;
Y el que saciare, él también será saciado.

Al que acapara el grano, el pueblo lo maldecirá;
Pero bendición será sobre la cabeza del que lo vende.
El que procura el bien buscará favor;
Mas al que busca el mal, éste le vendrá.
El que confía en sus riquezas caerá;
Mas los justos reverdecerán como ramas.”

Un joven rico buscaba agradar a Dios, y entre sus múltiples obras bien hechas, le faltaba una que le impediría cumplir el deseo del Señor. Cuando éste se acercó al Señor, Jesús le preguntó si estaría dispuesto a tomar todo lo que tenía como posesiones y dárselo a los necesitados, a lo que el joven respondió con un rostro entristecido y se volvió a sus riquezas, estuvo cerca de agradar a Dios, pero le faltó un corazón generoso y desprendido que amara con libertad a Dios y al prójimo (Mt. 19:16-23).

Pero cuando miramos a las Escrituras, la Biblia nos enseña a ser generosos (Mt. 5:24; Lc. 6:38; Hch. 20:35). La generosidad es parte del carácter de Dios (Ef. 1:7-8), y siempre nos ha enseñado que dar es reflejar Su carácter.

La persona justa siempre buscará hacer el “bien” (v. 23), y por esa razón no se verá a una persona temerosa de Dios siendo avara, codiciosa, usurera o acaparadora; porque entiende que esas ganancias producto de su pecaminosidad no le agradan al Señor.

Por el contrario, “el alma generosa será prosperada” en todo lo que haga (v. 25), porque no solamente tiene las bendiciones de Dios sobre él, sino que las personas a su alrededor apreciarán mucho su bondadoso y generoso comportamiento (v. 27a).

Dios usa a la persona generosa como canal de bendición para las demás personas, y cuando es necesario, Él le dará más para que siga dando al necesitado o ayudando en la obra del Señor (v. 24b, 25b; 2 Co. 9:8-12; Fil. 4:19).


El avaro y egoísta se caracteriza en cambio por retener sus riquezas para sí mismo (v. 24a), cuando hay escasez de productos le gusta acaparar todo, o por motivos egoístas, o muchas veces para aprovechar la necesidad de los demás para después vender en sobreprecio las cosas y así sacar provecho del momento (v. 26a). Muchas veces pone su esperanza en las riquezas, pensando que ellas le serán eternas y nunca le faltarán, pero la Biblia muestra que será todo lo contrario (v. 28a; Pr. 28:22; Lc. 12:13-21)

La prosperidad del generoso no solamente va a ser en bienes materiales, muchas veces puede ser una vida llena de paz y bendiciones en la familia, en el trabajo. Esas personas recibirán siempre el aprecio de quienes los rodean, y encontrará constante satisfacción cuando es usado por Dios y lo entiende. De muchas formas su vida será prosperada.


«La generosidad no empobrece, sino que enriquece, y de muchas otras formas»

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Un buen o mal tesoro

Serie: Cápsulas de esperanza


Hola qué gusto poder compartir una cápsula más ya hemos llegado al final de esta serie cápsulas de esperanza y cómo te dijimos al inicio queremos compartirte ciertos consejos para que tú lo tengas presente y puedas llevar una vida en abundancia como la que Jesús quiero ofrecerte en el día de hoy quiero que hablemos acerca de lo que somos y cómo es que todo lo que yo consumo no solamente hablando de algo alimenticio sino más bien de absolutamente todo lo que veo, lo que escucho, todo eso que almaceneno mi corazón luego me va hacer actuar de esa manera. 

Las palabras de Jesús acá nos dan una enseñanza muy clara y es que todo lo que está en mi corazón va a salir porque dice: no se pueden cosechar higos de algo que no es una planta de higo cierto nos no puedo cosechar naranjas de una planta de papaya porque no es natural de la misma manera si estoy almacenando en mi vida cosas malas no voy a poder dar frutos buenos.

Si escucho música que no glorifica a Dios, sí ando con amistades que no glorifican a Dios, sí mi vocabulario no glorifica a Dios, entonces no voy a poder luego con mi vida pretender glorificar a Dios.

Recuerda que el glorificar a Dios es lo que te va a permitir disfrutar la vida en abundancia. ¿Qué clase de tesoro estás almacenando en tu corazón? Algo bueno o algo malo. Recuerda que si es bueno entonces vas a poder dar buenos frutos sí es malo entonces tú mismo te vas a sorprender porque el ser humano es malo por naturaleza pero Dios hace todo lo posible para que tú y yo podamos llevar una vida que le agrada el primero dando lugar a Cristo en mi corazón y luego viviendo de la manera que la palabra de Dios nos ha mostrado y de la manera que te hemos podido mostrar en cada cápsula que hemos compartido.

Que Dios te bendiga.


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Belleza desperdiciada

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Proverbios 11:22

“Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo
Es la mujer hermosa y apartada de razón.”

La belleza puede ser valorada en todo lugar, y a cada paso que caminamos, podemos ver personas que, por su atractivo físico pueden llamar la atención, pero ¿es la belleza física todo lo que se debe admirar de una persona?

Lamentablemente, y de forma despreciativa, muchas veces en los canales de televisión o en las redes sociales se observa cuando en los concursos de belleza ciertas candidatas manifiestan poca aptitud para ganar cuando en sus respuestas a las diferentes preguntas no pueden responder apropiadamente ante la audiencia, y en esos momentos, o por nervios o falta de preparación, las respuestas dejan mucho que desear, y eso afecta las posibilidades de ganar ante el jurado.

De alguna manera, este ejemplo nos da la idea de la necesidad de que una persona no debe ser valorada por la belleza física nada más, sino también por su capacidad intelectual y su razonamiento.

En las diferentes traducciones en español podemos ver que el versículo 22 del capítulo 11 de Proverbios tiene diferentes palabras o frases para traducir la frase en hebreo «sarat táam» que en este pasaje se traduce como “apartada de razón”, “carece de discreción”, “indiscreta”, “fatua”, “falta de razón”.

Así podemos ver que la belleza física o el atractivo de una persona, sea ésta un hombre o una mujer, no tiene real valor cuando no va acompañada de una capacidad de razonar o actuar apropiadamente en la vida. El autor de este versículo compara a la belleza física como un “zarcillo de oro” que es colocado en el hocico del cerdo, el cual, cuando come no valora lo que tiene, y mete su hocico en cualquier lugar sin razonamiento o valorización de lo que tiene en su nariz.


El autor nos quiere llevar a meditar en una combinación no favorable cuando la persona no se comporta bien, aun a pesar de que físicamente pueda tener su atractivo. La palabra «sarat» que habla de estar apartado, es más bien la referencia a una persona que rechaza o da la espalda a la razón, una persona que voluntariamente no quiere razonar apropiadamente, sino que se deja llevar por su impulso de pensar o actuar mal, y es ahí donde esa persona voluntariamente desprecia su virtud física cuando se deja llevar por su falta de discreción o razón, y ese puede ser un comportamiento muy negativo.

Actualmente mucho se da énfasis solamente a la belleza física, y por todos lados, el movimiento “moral” del mundo solo quiere resaltar la belleza física, y poca importancia dan al comportamiento de las personas o su manera de razonar. Nosotros debemos aprender a valorar el todo de la persona, pues eso le da valor real de quien es. Lo físico es superficial y temporal, pero su comportamiento y razonamiento es algo que irá con la persona siempre.

No es la idea de despreciar la belleza como tal, pero más bien, se debería exaltar atributos como la piedad, el buen juicio, y el buen comportamiento en nuestras vidas, porque a la final eso es lo que nos ayudará a vivir en gracia ante Dios y ante los hombres.


«La belleza es pasajera y externa, pero el buen comportamiento y un buen razonamiento hablan mucho más de quien es la persona»

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Palabras salvavidas

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¿Sientes que estás atravesando una “tormenta” en tu vida? O ¿Te hallas luchando contra la corriente del mundo? 

Los Apóstoles de Jesús también tuvieron un momento en el que se hallaron luchando contra la corriente en medio de una tormenta y se sintieron morir. Pero ese evento estaba planeado para que conocieran de Jesús una faceta que confirmaría su fe en Él y les daría la fuerza que necesitarían para seguir yendo “contra la corriente” a lo largo de su ministerio y vida cristiana. 

Consideremos ese momento: 

Mateo 14.25-27 

“Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” 


Jesús había hecho que sus Apóstoles se adelantaran en su viaje por el mar de Galilea mientras Él pasaba un tiempo de oración, pero esa noche se levantó una gran tormenta que impidió el avance de la barca y puso en riesgo sus vidas, causando en ellos un desespero, que los llevó al límite de sus capacidades. 

Pero mientras eso sucedía en medio del mar, Jesús estaba observando desde la distancia lo que pasaba con la barca y oraba a Dios por sus discípulos. Y cuando fue el tiempo, se acercó a ellos.  

Es posible que halla tormentas en nuestra vida… 

En las que parece que Jesús no interviene a nuestro favor, pero, a pesar de ello podemos confiar en su ayuda, porque, así como lo hizo con los Apóstoles, Él conoce a la perfección lo que vivimos, está atento a responder a nuestro favor y en su tiempo lo veremos obrar. 

Pero, era necesario que ese tiempo de sufrimiento sucediera en la vida de esos hombres, porque gracias a ello, serían testigos de una señal muy reveladora de la persona de Jesús:  

Verlo caminar sobre el agua. 

Y es que eso no era cualquier cosa. Era una señal que solo podía ser hecha por Dios, y que, al verla en Jesús, le revelaba a sus Apóstoles su naturaleza divina, su identificación con Dios, con sus atributos y su autoridad, tal como lo dijo Job: “Dios es el que […] anda sobre las olas del mar” (Job 9.5,8

Pero cuando Jesús notó el terror que estos hombres expresaron cuando le vieron andar sobre el agua, Él les dijo: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Mt. 14.27). Una frase tan corta pero tan poderosa, que fue suficiente para apaciguar sus corazones.  

Y así como tranquilizó el de ellos, también puede tranquilizar el nuestro, porque la certeza de la presencia de Jesús con nosotros nos da la paz que necesitamos para hacer frente a las circunstancias que vivimos. 

Y nos insta a… 

  1. Tener ánimo 

Mantenernos firmes, constantes, ser fuertes, seguir el camino de Jesús, y a… 

  1. No temer 

No creer que lo que nos pasa está por encima de nuestro Señor, no creer que estamos solos, indefensos y sin fuerza para superar lo que nos amenaza, porque… 

  1. El “Yo soy” está con nosotros 

El que creó los cielos y la tierra, el que le habló a Moises en el desierto y lo comisionó para liberar a su pueblo de Egipto, el Eterno, el Dios de Abraham, el que entregó su vida por amor y luego volvió a tomarla para darnos la vida eterna.El Mesías, que además de ser hombre es Dios mismo: Jesús. Para el que no hay nada imposible, al que ha sido sometido todo y delante del que se doblará toda rodilla. 

Ese es el gran Yo soy que nos acompaña, que está con nosotros y que afirma nuestros pasos aun cuando ellos deban ser dados en medio del mar. 

Así como esas palabras fueron para ellos, también lo son para nosotros hoy, y si estamos pasando por pruebas, Él nos dice: ten ánimo, Yo estoy contigo, no temas.


«Si estás pasando por pruebas, Jesús te dice: ten ánimo, Yo estoy contigo, no temas»

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