¿Cuál es mi identidad?

Mira el video de esta lección

¿Cómo respondes cuando te preguntan, quién eres? 

¿Sueles responder a esta pregunta con lo que haces, o con la profesión que tienes, o con tu responsabilidad como padre o madre de familia? 

Pues la respuesta a esta pregunta es muy importante, porque nuestra identidad define la forma como vivimos y el propósito de nuestra vida. Pero hay algo aún más importante, y es lo que creemos acerca de Jesús, porque ello define nuestra identidad. 

Por eso Jesús indagó de sus discípulos lo que ellos creían acerca de Él, y luego de escuchar de su parte la respuesta correcta, afirmó a Pedro en su identidad y le hizo entender quién era Él; consideremos ese momento en…  

Mateo 16.15-18a 
«Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro…” 


¿Cómo así? ¿Qué hubo de nuevo en que Jesús dijera que Pedro era Pedro? 

Pues recordemos que ese no era su nombre original, que Pedro se llamaba Simón, y que fue cuando él conoció a Jesús, que le cambió el nombre y le puso Pedro (Jn. 1.40-42). 

Ahora, esto implicó dos cosas: 

  1. Que Jesús tenía autoridad sobre Pedro, porque en la antigüedad se creía que quien nombrara a alguien o algo, tenía autoridad sobre aquello que nombraba. Y… 
  1. Que Simón había cambiado para ser Pedro, y había cambiado porque su naturaleza lo había hecho, gracias a que había conocido al Salvador, al Cristo, a Jesús. 

Porque cuando conocemos al Salvador, nuestra identidad cambia; lo que somos, lo que nos identifica, a dónde pertenecemos y lo que hacemos, cambia. Ese fue el caso de Pedro, el pasó de ser un pescador común y corriente a un pescador de hombres, pasó de ser un hijo de Abraham a un hijo de Dios, de ser israelita a tener una nacionalidad eterna, y pasó del reino de Satanás al reino de Dios. 

Y eso es exactamente lo que nos pasa a ti y a mí cuando creemos en Jesús como nuestro Salvador y Señor; que nuestra identidad cambia, y somos transformados de manera milagrosa por Jesús. 

Así que, aunque nuestro nombre no haya cambiado el día que confesamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, nuestra identidad si cambió en ese momento; pasamos de ser muertos, ciudadanos del mundo, desesperanzados, despreciados y rechazados; a ser Hijos de Dios, amados, escogidos, llamados, salvados, santos, y un día también seremos resucitados. 

Ahora, esta realidad de nuestra identidad es un factor que explica la forma como vivimos, nuestro éxito o fracaso espiritual y personal, porque como lo dice Jeremy Pierre: es común que nos veamos a través de una identidad que el mundo y nosotros hemos construido, pero que obviamente es pecaminosa, y no, por medio de la identidad que Dios nos da (2019). Y que Paul Tripp también diga que gran parte de la consejería que necesitamos para hacer frente a los problemas que vivimos, no necesariamente debe enfocarse en resolver esos problemas, sino, más bien, en definir nuestra identidad a la luz de la obra de Jesús (2019). 

Referencias 

Pierre. J. (2019). La dinámica del corazón en la vida cotidiana. Editorial Bautista independiente. Sebring, Estados Unidos. 

Tripp, P. D. (2019). Instrumentos en las manos del Redentor: Cómo personas necesitadas de transformación pueden ayudar a otros necesitados de transformación (1.a ed.). Publicaciones Faro de Gracia. 


«Los Hijos de Dios, somos amados, escogidos, llamados, salvados, santos, y un día también seremos resucitados»

Ministerio UMCD

Siga nuestros Podcasts

Los caminos y sus caminantes

Mira el video de esta lección

Proverbios 14:12, 14-16
“Hay camino que al hombre le parece derecho;
Pero su fin es camino de muerte…

De sus caminos será hastiado el necio de corazón;
Pero el hombre de bien estará contento del suyo.
El simple todo lo cree;
Mas el avisado mira bien sus pasos.
El sabio teme y se aparta del mal;
Mas el insensato se muestra insolente y confiado.”

En todo el tiempo que he vivido, y por lo que he podido aprender de la Palabra de Dios, he visto que muchos de nosotros tomamos decisiones que nos llevan a distintos destinos, y muchas veces, no a los que estábamos deseando. A veces terminamos en donde queríamos, pero muchas no. Otras veces lo que creíamos alcanzar no significó realmente lo que creíamos que lo lograríamos, y así terminamos muchas veces alegres por un buen fin; otras, frustrados por lo conseguido; otras, heridos y con pérdida por lo que no obtuvimos.

Por la experiencia podríamos decir que “tenemos tres caminos” o tomamos decisiones de tres formas: 1. Dependiendo absolutamente de Dios; 2. Diciendo que dependemos de Dios, pero no lo hacemos sinceramente; y 3. No consideramos a Dios para nuestras decisiones.

  1. Dependiendo completamente de Dios: En este caso, las personas que toman decisiones son creyentes comprometidos, que conocen a Dios y que realmente quieren agradar a Dios. Sus decisiones son tomadas bajo la guía del Espíritu Santo, La Palabra de Dios y la oración. Su fin, obviamente, siempre será estar siempre en la voluntad de Dios.
  2. “Diciendo” que se depende de Dios, pero seguimos nuestros deseos: En este caso,el creyente pone sus propios planes, organiza todo, y lo que hace no es consultar a Dios, sino, pedir que lo bendiga y lo ayude en todo lo que él ya ha decidido hacer. Muchos creyentes lo hacen, pero no han dependido de la respuesta de Dios para hacerlo, solo siguen una “formula” de planear y orar para hacer las cosas. Su fin, no siempre sale lo que se planea, y no todo lo que se logra es la voluntad de Dios.
  3. No consultando a Dios para planear: En este caso, las personas en general, y muchos creyentes también, deciden hacer cosas sin depender de Dios, y esperan que las cosas salgan bien, y si no, le hecha la culpa a las circunstancias, la suerte, y algunos se quejan con Dios porque no salieron las cosas.

¿Cuál cree usted que debería ser lo correcto? ¿Cuál de estos métodos es el que usted más frecuentemente utiliza?


Pero también se encuentran tres tipos de personas quienes van por los caminos: Están los necios o insensatos, los simples, y los sabios (justos, u hombres de bien) (v. 14-16). Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia responsabilidad en cómo caminamos, y cómo buscamos la guía de Dios.

Por eso, la Palabra de Dios nos exhorta a realmente considerar si es que estamos caminado con Dios o no. Si nuestros pasos van en la dirección correcta o nos hemos engañado a nosotros mismos. Debemos considerar si nuestras decisiones están realmente basadas en lo bueno o es el pecado lo que nos motiva. Por esto, el pasaje de hoy nos dice que “hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (v. 12). Si en verdad queremos ser bendecidos con las direcciones que tomamos, debemos filtrarlo todo por medio de Dios, y si Él considera bueno, entonces caminar en pos de ello (Pr. 3:5-6)

Dependiendo cuál destino queremos alcanzar, debemos considerar cómo tomamos esas decisiones en la vida. Si deseamos ser bendecidos, entonces debemos buscar y depender de Dios siempre; pero si no queremos someternos a Dios, entonces tengamos en mente que nuestro fin puede ser ese “camino de muerte”.


«Una decisión tomada sin la guía de Dios puede tener un final inesperado y desastroso si no sabemos realmente a dónde vamos»

Ministerio UMCD

Siga nuestros Podcasts

Nuestra vida no tiene que estar vacía

Mira el video de esta lección

Proverbios 14:10, 13
“El corazón conoce la amargura de su alma;
Y extraño no se entremeterá en su alegría…
Aun en la risa tendrá dolor el corazón;
Y el término de la alegría es congoja.”

Había una persona que tenía un gran vacío en su corazón, muchas veces atravesaba por episodios de profunda depresión, pero trataba de ocultarlos con la risa.

En forma general, esa persona manifestaba aparente alegría en la mayoría del tiempo, pero era impresionante ver que algunas veces esa alegría se transformaba en una euforia de felicidad, y era ahí cuando solamente ella sabía que en verdad estaba ocultando una profunda tristeza.

Un día, cuando tuvo la confianza de dialogar con sus amistades, tuvo la valentía de contar la realidad de su vida. Ella supo mencionar que normalmente aparentaba mostrar una vida alegre, pero que, en el fondo, cuando ella más sentía tristeza o una profunda depresión, en frente de sus amistades se transformaba en el alma alegre de la reunión, siendo muy espontánea y ocurrida, pero que cuando llegaba a la soledad de su cuarto, era cuando realmente su almohada veía su triste realidad, estaba inmersa en una profunda depresión.

Esta declaración ayudó a que sus amigos la comprendan mejor, que cuando esa persona manifestaba algarabía, entonces todos ellos estarían más cerca de ella para acompañarla y cuidarla en los momentos de soledad y más críticos de su vida.


Esta historia se puede repetir en la vida de muchos. Muchas personas lamentablemente tratan de mostrar al mundo una vida de gran alegría y satisfacción, de alguna manera intentan aparentar tener una vida plena, cuando detrás de ese rostro de gozo se encuentra una vida desdichada, vacía, y muchas veces llena de dolor. “La risa puede ocultar un corazón afligido, pero cuando la risa termina, el dolor permanece.” (Pr. 14:13 NTV)

Pero la vida no tiene que ser así para nadie. A causa de la caída del hombre el dolor, el vacío, la separación espiritual con Dios y la muerte, a más de otras muchas otras desgracias vinieron a la vida del hombre, y con eso la infelicidad, la amargura, la angustia, etc.

Cristo vino a solucionar ese problema en la vida. Dios es Quién desde el inicio del pecado vio que habría dolor en el corazón del hombre, pero quería cambiarlo (Is. 57:15). Él, en Su misericordia, envió a su Hijo para predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos…” (Is. 61:1; Comp. Lc. 4:17-21). Jesús dijo que, si alguien se encontraba abatido, Él le ayudaría a restaurar su vida (Mt. 11:28-29) y a conseguir una vida abundante en paz, gozo y significado (Jn. 10:10).

Solo Dios puede cambiar esa risa que enmascara la tristeza en una profunda y verdadera felicidad. Lo que tiene es que poner sus ojos en Cristo, pedirle que restaure su vida, y solamente allí encontrará lo que tanto necesita: Restauración de su vida, significado, y propósito para vivir pleno en Él. ¡Busque a Cristo y encontrará lo que su alma realmente necesita!

Juan 10:10
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”


«Una vida vacía e inmersa en la depresión puede encontrar plenitud, profundo gozo, y valor en los brazos de Cristo cuando lo reconoce como su Salvador»

Ministerio UMCD

Siga nuestros Podcasts

Solo el esfuerzo produce frutos

Mira el video de esta lección

Proverbios 14:4
“Sin bueyes el granero está vacío;
Mas por la fuerza del buey hay abundancia de pan.”

Muchos anhelamos resultados grandiosos en ciertas cosas que tenemos en mente, pero no siempre lo que deseamos se logra por varias razones: falta de recursos a disposición, poco esfuerzo, reducido tiempo, complejidad del trabajo, etc. Por ejemplo, muchos anhelan bajar de peso, pero sin la falta de voluntad, una dieta adecuada, ejercicio que acompañe a la dieta y tiempo, nunca lo lograran.; y así en otras cosas.

El pasaje que se menciona en Proverbios 14:4 nos recuerda que uno de los factores importantes para alcanzar lo que deseamos es el esfuerzo que se pone en la tarea. Es claro que todos sabemos que la falta de esfuerzo nunca será la receta para el éxito, al contrario, la intensidad del esfuerzo, que va acompañada de la pasión para hacerlo, siempre nos ayudará a llegar a nuestras metas más rápido de lo normal.

En la antigüedad, los bueyes eran considerados los tractores del campo. Una yunta de bueyes era el instrumento ideal para labrar la tierra y así poder sembrar para posteriormente cosechar. Aunque el mantenimiento de los bueyes en el granero demandaba alimentarlos y mantener limpio el lugar, el beneficio que traían era grande. Por eso los bueyes eran considerados de gran valía, y el esfuerzo de mantenerlos era recompensando con los frutos que brindaba su trabajo.


En la vida espiritual del creyente también se requiere esfuerzo para lograr nuestras metas. Para dejar el pecado hay que comprometerse a no cederle espacio en nuestra vida. Para poder mantenernos fuertes espiritualmente necesitamos mantener nuestro tiempo devocional con Dios constante. Para aprender más de la Palabra de Dios debemos estudiarla con ahínco. Para poder obtener frutos en los ministerios que participamos debemos pasar tiempo y esfuerzo invirtiendo en él. Y así…

En la Biblia encontramos siempre el llamado a esforzarnos para seguir y servir a Dios, y el fruto de ese esfuerzo es siempre recompensado (Jos. 23:11; Ro. 12:11; Fil. 2:16-17). En el pasaje de Josué vemos que Dios tres veces le pide a Su siervo a que se esfuerce para lograr la tarea que Él le había dado (Jos. 1:6,7 y 9).

Cualquiera que sea su meta, no olvidemos que necesitaremos esfuerzo para lograrlo, aunque ese esfuerzo implique tomar algo de algún lugar para conseguirlo también, como en el caso del buey, necesitaba ser atendido para que pueda trabajar en el campo, y esa atención requería alimentación y cuidado.


«Una vida espiritual sin esfuerzo nunca alcanzará a cumplir los planes y propósitos de Dios para nuestras vidas»

Ministerio UMCD

Siga nuestros Podcasts

Nuestros pasos nos delatan

Mira el video de esta lección

Proverbios 14:2-3
“El que camina en su rectitud teme a Jehová;
Mas el de caminos pervertidos lo menosprecia.

En la boca del necio está la vara de la soberbia;
Mas los labios de los sabios los guardarán.”

Un amigo de la familia se le acercó a un joven que había regresado a los caminos del Señor. Años atrás el amigo, como el joven, habían caminado por las sendas del pecado por mucho tiempo, pero ahora el joven había decidido consagrar su vida al Señor. Cuando el amigo de la familia llegó a visitarlos, lo primero que hizo fue invitarle al joven a volver a la vida anterior y que deje la nueva senda que se había trazado.

En esa conversación, el joven trató de hablarle de Cristo al amigo, pero éste, burlándose de la fe del joven, dijo que eso ya lo sabía, y que no lo necesitaba. El joven insistió a que deje la vida del pecado y busque a Dios, pero el amigo volvió a rechazar la oferta, y haciendo escarnio al ofrecimiento, le dijo que esa no era vida para él. Un día el amigo de la familia fue asesinado por seguir el camino que no quiso dejar, y dejando rechazada la invitación, murió sin haber aceptado a Cristo como su Salvador.

Nuestros pasos delatan nuestro temor a Dios o nuestro menosprecio a Él (v. 2). Como en el ejemplo de nuestra ilustración, la vida que decidimos seguir es la que declara si realmente queremos seguir a Dios en temor y reverencia, o si dejamos que nuestro pecado nos controle.


El camino de “rectitud” es el camino del bien, del buen comportamiento, de la obediencia, de las cosas justas, rectas. Ese camino está marcado por la obediencia a Dios y a Su Palabra que viene como resultado del temor a “Jehová”. Pero ese temor no es una manifestación de miedo o fobia a algo o alguien, sino que es una vida de reverencia marcada hacia Alguien. Es honrar o respetar a Dios, y es ese acto de respeto o reverencia lo que motiva el caminar por la senda de la “rectitud” (“Respetar al SEÑOR es vivir como a él le agrada…” v. 2a PDT).

La persona de “caminos pervertidos” (v. 2b) en cambio manifiesta un menosprecio frontal a “Jehová”. Menospreciar a Dios es desechar, despreciar o tener en poca estima al Señor. El que menosprecia a Dios decide vivir su vida y tomar su propio camino desechando a Dios y a Su voluntad. Es aquel que decide ignorar la Palabra de Dios y tomar sus propias decisiones, considerando que la instrucción divina no tiene valor, por lo tanto, vive su propia vida motivada por el pecado.

Nosotros podemos tal vez no vivir en una vida de perversidad continua, pero cada vez que ignoramos alguno de los mandamientos de Dios, cada vez que rechazamos el consejo sabio y piadoso de la Palabra de Dios o de alguna persona piadosa, lo que estamos es menospreciando a Dios en ese instante, y tomamos nuestra propia decisión fomentada por nuestra pecaminosidad. Talvez no vivamos en menosprecio continuo a Dios, pero en el instante que le desobedecemos lo hemos despreciado.

Antes de seguir en los caminos que se ha trazado, mire con detenimiento si el camino que ha seguido es el correcto (Jer. 6:16). Busque realmente agradar a Dios y no desprecie ningún consejo santo, honre a Dios con su vida, y vivirá en el camino de “rectitud”. Dios es digno de ser honrado con nuestras vidas, y el obedecerle declara si realmente lo estamos respetando como Dios.


«El ignorar o rechazar el consejo de la Palabra es menospreciar a Dios; pero el que escucha el consejo y lo sigue manifiesta con su vida reverencia al Señor»

Ministerio UMCD

Siga nuestros Podcasts

No menosprecie la corrección a su hijo

Mira el video de esta lección

Proverbios 13:22-24
“El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos;
Pero la riqueza del pecador está guardada para el justo.
En el barbecho de los pobres hay mucho pan;
Mas se pierde por falta de juicio.
El que detiene el castigo, a su hijo aborrece;
Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige
.”

Existe una gran diferencia entre ser un hijo y un padre, cuando se trata de dar corrección o disciplina a los hijos. Cuando uno es hijo, el deseo es que los padres nunca nos disciplinen con rigor, puesto no nos gusta sufrir el castigo que nos vayan a dar. Pero cuando uno es padre, es entonces cuando el dolor también viene, pero esta vez, porque nos imaginamos cuanto van a sufrir nuestros hijos porque debemos disciplinarlos. ¡Pero la verdad es que es necesario!

Actualmente se ha notado una tendencia frecuente en muchos padres en tomar la decisión de no corregir mucho a los hijos, o de brindarles muchas libertades para evitar que nuestros hijos “sufran” lo que nosotros vivimos cuando éramos niños. Aunque esta tendencia tiene un buen deseo, no necesariamente esa acción nos va a favorecer mucho en la educación de los hijos.

Debemos recordar primeramente que Dios, siendo el mejor Padre de todos, entiende muy bien lo que significa la disciplina y la corrección (Pr. 1:8; 3:1; He. 12:5-11). Dios no solamente nos instruye, sino que nos corrige y nos disciplina si es necesario. Además, Él solamente nos dará lo que entiende es bueno para nuestra vida, y nunca nos dará lo que podría hacernos daño (Mt. 7:9-11).


Entonces, debemos comprender que muchas veces el decir no a nuestros hijos es bueno, porque entonces estamos evitando que ellos obtengan algo que no les favorezca o que les traiga problemas posteriormente. El consentir a nuestros hijos es una de las maneras como este nuevo movimiento de “condescendencia” nos está impulsando a ser, y no es favorable.

Por otro lado, la corrección es necesaria, porque cuando ellos actúan inapropiadamente, los hijos deben comprender que ese comportamiento o esa acción no es buena. Muchos de los problemas que se corrigen desde que ellos son pequeños hacen que ellos vayan forjando un sentido de honra a los padres, respeto a su autoridad y a la de Dios, aprender a sufrir las consecuencias de las irresponsabilidades, y les alienta a reflexionar antes de actuar. Un hijo que no pasa por la disciplina no aprende nada de esto, lo que le traerá grandes problemas en el futuro.

El verdadero amor no está en evitar que nuestros hijos sufran la disciplina, ese amor no es correctamente enfocado, pues los alienta a seguir actuando mal; como nos dice el versículo de hoy: El que detiene el castigo, a su hijo aborrece(v. 24b). En cambio, el corregir tiene el deseo profundo y apropiado de trabajar con amor y esfuerzo para forjar un carácter piadoso y obediente en nuestros hijos, para que ellos sean personas de bien cuando sean grandes, por eso la corrección debe iniciarse desde “temprano” para que ellos cuando sean grandes, caminen en las sendas del bien y la obediencia a Dios (Pr 22:6).


«El verdadero amor debe conducir al padre a corregir con bondad, paciencia y firmeza a sus hijos para que el día de mañana sean hombres de bien»

Ministerio UMCD

Siga nuestros Podcasts

“Dime con quién andas…”

Mira el video de esta lección

Proverbios 13:19-21
“El deseo cumplido regocija el alma;
Pero apartarse del mal es abominación a los necios.
El que anda con sabios, sabio será;
Mas el que se junta con necios será quebrantado.

El mal perseguirá a los pecadores,
Mas los justos serán premiados con el bien.”

Desde muy pequeño escuchaba un refrán muy a menudo: «Dime con quién andas y te diré quién eres», y creo que muchos podrán entender el significado de este dicho fácilmente. Había otro similar que dice así: «El que con lobos de junta a aullar aprende». Ambos refranes expresan la idea de que la constante compañía de un grupo de personas moldea el comportamiento de uno.

La conducta colectiva de un grupo de personas, y, por ende, de cada uno de sus integrantes, está marcada por la constante convivencia de ese grupo. Sea para bien o para mal, el comportamiento de ese grupo se forja por el mismo interés o fin por el que se agrupan.

El pasaje de Proverbios 13:20 nos muestra no solamente un “refrán”, sino que, si miramos bien, nos marcan dos resultados completamente distintos, y uno, con una sentencia desastrosa.


En primer lugar, está el fin positivo provocado por caminar con “sabios”. Cuando una persona busca caminar en medio de personas entendidas, el resultado final de esa decisión será el aprender de personas con mayor conocimiento, lo que producirá un incremento en su conocimiento y en la manera como toma decisiones. El resultado es directamente proporcional al tiempo y a la compañía de las personas con los cuales uno pasa.

En segundo lugar, está el fin negativo provocado por caminar con los “necios”. Aunque este resultado no está directamente indicado en la oración, es evidente que está implícito. Una persona, con el simple hecho de querer caminar con necios es porque así es su conducta. El sabio nunca va a querer caminar con los necios, porque comprende que nada bueno traerá eso.

Y en tercer lugar se encuentra la sentencia desastrosa de juntarse con “necios”. La palabra “quebrantado” menciona alguien que tarde o temprano va a sufrir las consecuencias de estar con esas malas compañías. Sea porque el estar con esas personas le llevará a sufrir un fin colectivo malo, por ejemplo, cuando todos están haciendo una mala acción; o porque en algún momento esa persona lamentará el haber pasado tiempo con personas que nunca edificaron su vida, sino que la desperdició en esos malos caminos.

Seamos sabios en nuestro caminar buscando personas que edifiquen nuestra vida, no aquellos que nos apartan del camino de bien. Tal vez al inicio uno no mirará los resultados, pero con el tiempo veremos en nuestras vidas el fruto de las compañías que escogemos para nosotros. Y nadie de nosotros va a querer sufrir las consecuencias de nuestras propias malas decisiones.

¡Pidamos a Dios que nos ayude a buscar personas sabias que cambien nuestra vida para bien siempre!


«El tiempo que dedico a mis amistades junto a la clase de amistades que me rodean dicen mucho de quien soy yo, sean buenas o malas»

Ministerio UMCD

Siga nuestros Podcasts

“El que espera desespera”

Mira el video de esta lección

Proverbios 13:12-13
“La esperanza que se demora es tormento del corazón;
Pero árbol de vida es el deseo cumplido.
El que menosprecia el precepto perecerá por ello;
Mas el que teme el mandamiento será recompensado.”

A nadie le gusta esperar, y menos cuando lo que se espera es algo importante. Para aquellos que tenemos poca paciencia, la espera es un verdadero tormento, porque consume nuestra alma y nos trae mucha angustia cuando tenemos que estar esperando, y a eso es a lo que la frase “el que espera desespera” hace mención.

Varios factores juegan en contra de la espera que afectan emocionalmente a la persona:

  1. El prolongado tiempo de espera. Aunque tal vez no sea mucho en realidad, cuando la falta de paciencia afecta, ese tiempo parece eterno o inalcanzable, lo que afecta mucho.
  2. El aparente tiempo perdido mientras se espera. Los temores de estar perdiendo el tiempo mientras esperamos, nos envuelve en pensamientos que nos hace pensar que posiblemente estamos perdiendo algo diferente y valioso por estar esperando.
  3. La duda de que sucederá. Muchas de las cosas que esperamos son inciertas, especialmente cuando no sabemos la voluntad de Dios para ello, y eso afecta más al alma, porque mientras más se espera, el temor de no obtener lo deseado atormenta la mente.
  4. El temor de estar equivocados a causa de la duda. Como estamos dudando que lo esperado llegue a suceder, la pregunta es si uno se equivocó en la decisión de esperar, o debimos más bien haber buscado algo distinto.
  5. La duda en la palabra de quien esperamos algo. Cuando esperamos en que alguien nos de lo que nos prometió, dudamos en la capacidad de esa persona en cumplirlo.

Todos estos factores afectan mucho la ansiedad, la paciencia, afecta nuestro estado de ánimo, llevándonos a cierto descontrol de nuestro comportamiento. ¿Qué podríamos hacer para no entrar en desesperación?

En primer lugar, debemos aprender a mirar primero a Dios como la fuente de todo lo que recibimos. Todo está bajo la voluntad de Dios, y si hay algo que debemos recibir porque Él lo considera así, entonces sabremos que un día Él lo hará. Todo está bajo la soberanía de Dios, y nada se escapa de Su mano, por tanto, puedo descansar en que Dios mira por mis necesidades (Mt. 6:25-34).

En segundo lugar, debemos aprender a escuchar la guía de Dios, pues Él sabe lo que es mejor para nosotros, y al estar en comunión con Dios, Él nos mostrará en Su Palabra si lo que esperamos es algo que está dentro de Su voluntad, y con ellos podemos confiar en que eso se dará. Dios no solo sabe el futuro, sino que conoce lo mejor para nosotros.

En tercer lugar, debemos vivir con fe. Cuando lo que esperamos está bajo la voluntad de Dios, y Él lo ha expresado así, entonces es la fe lo que nos ayudará a mantener la esperanza viva para seguir esperando, sabiendo que Dios nos ha dicho que lo obtendremos si esperamos.

Y, en cuarto lugar, debemos pedir a Dios que nos ayude a esperar. La paciencia no es algo propio de las personas, sino que es un carácter que se desarrolla en las dificultades, y Dios puede ayudarnos a esperar mientras Él va forjando paciencia en nosotros. Las pruebas son las herramientas para forjar la paciencia, y el Señor por eso muchas veces usa esos tiempos de espera para forjar paciencia, y nos ayuda a esperar por medio del Espíritu Santo.

Lo hermoso de la espera es que, cuando llega el tiempo, y Dios lo considera apropiado, entonces el cumplimiento de ese deseo llena nuestras vidas de gran gozo: “Pero árbol de vida es el deseo cumplido”. Por ello, debemos trabajar con Dios mientras esperamos, escuchemos Su guía, confiemos en Su Palabra, y si Él lo desea, entonces aprendamos a esperar, porque cuando el tiempo se dé, la recompensa de esperar es grandiosa.


«Muchas veces la espera es tormentosa, pero el fruto de la paciencia siempre vale la pena»

Ministerio UMCD

Siga nuestros Podcasts