En el crecimiento está el fortalecimiento

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Nehemías 11:1-6

“Habitaron los jefes del pueblo en Jerusalén; mas el resto del pueblo echó suertes para traer uno de cada diez para que morase en Jerusalén, ciudad santa, y las otras nueve partes en las otras ciudades. Y bendijo el pueblo a todos los varones que voluntariamente se ofrecieron para morar en Jerusalén. Estos son los jefes de la provincia que moraron en Jerusalén; pero en las ciudades de Judá habitaron cada uno en su posesión, en sus ciudades; los israelitas, los sacerdotes y levitas, los sirvientes del templo y los hijos de los siervos de Salomón. En Jerusalén, pues, habitaron algunos de los hijos de Judá y de los hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Ataías hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalaleel, de los hijos de Fares, y Maasías hijo de Baruc, hijo de Colhoze, hijo de Hazaías, hijo de Adaías, hijo de Joiarib, hijo de Zacarías, hijo de Siloni. Todos los hijos de Fares que moraron en Jerusalén fueron cuatrocientos sesenta y ocho hombres fuertes.”

  1. En la ciudad de Jerusalén había muy poca población a causa de las deportaciones o los exilios. La ciudad “era espaciosa y grande, pero poco pueblo dentro de ella, y no había casas reedificadas” (Neh. 7:4), por lo que tenían que repoblarla para lograr una seguridad.
  2. Deciden repoblar la ciudad, con el propósito de incrementar el número de habitantes, pero también traería vida comercial y social a una ciudad, que un par de meses atrás batallaba por subsistir.
  3. Deciden traer a la décima parte de la población que se encontraba en las afueras por sorteo, mientras que otros voluntarios se animaron a quedarse para fortalecer la vida de Jerusalén.
  4. Los líderes son los primeros en ser considerados como habitantes de la ciudad, y los que ya habitaban ahí.
  5. Esto levantaría más el ánimo del pueblo y los llevaría a ser una ciudad importante.


En el resto del relato, hasta la mitad del capítulo 12, se lee una lista de todas las personas que fueron los habitantes de la gran Sion. Nehemías veía como poco a poco, la ciudad que casi un año atrás había conmovido su corazón para buscar el favor de Dios (Neh. 1:1-4), ahora estaba teniendo vida real, pero necesitaba incrementar el número de habitantes para fortalecerse más.

La decisión fue repoblarse, y así lograron ser una ciudad estable, hasta la venida del Mesías. Este acontecimiento trajo bendición a toda Jerusalén y Judá. Desde ese día se dedicarían amar al único Dios, y no ir en pos de dioses ajenos.

En nuestra vida espiritual, el avivamiento puede traer un gran movimiento que nos lleve a buscar a Dios, pero si no trabajamos en nuestro crecimiento espiritual, esas emociones temporales de la búsqueda de Dios se ven cortas cuando el creyente no busca crecer espiritualmente.

El Señor va a obrar en nosotros para producir el crecimiento espiritual (Fil. 2.13), pero somos nosotros quienes debemos desarrollar esta área (Fil. 3:12-16). A través de la lectura de la Biblia, la oración, la obediencia, el estudio profundo de Su Palabra, el servicio, y la disciplina espiritual de alejarnos de cualquier tentación lo lograremos.

Muchos se quedan cortos en este fortalecimiento porque no continúan en su crecimiento, lo que los llevará nuevamente a caer en una vida espiritual monótona, y aún más, a un retroceso.

¿Qué está haciendo hoy para crecer espiritualmente? ¿En qué áreas de su vida no ha forjado un crecimiento constante? Recuerde, en el crecimiento estará nuestro fortalecimiento. (Is. 54:2, 3)


«El avivamiento espiritual es el inicio a una vida de cambio, pero debemos mantenernos constantes en nuestro crecimiento para que podamos ser fuertes, y no volver a caer de donde salimos»

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Dos verdades para vencer el temor

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Juan 10:27-30

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos.”

  1. Cerca del final del ministerio de Cristo, Él se encontró con un grupo de dirigentes y religiosos judíos que le juzgaban erróneamente por los milagros que había hecho, y en medio de su conversación, ilustra los tipos de personas que existen como respuesta al evangelio, identificándolos como los que son sus “ovejas” y los que no.
  2. En esta ilustración Cristo menciona que lo que caracteriza a sus “ovejas”, es que le oyen, Él las conoce y le siguen; en respuesta a su fe, Cristo les da vida eterna, les promete que no perecerán jamás y que nadie los podrá arrebatar de sus manos.
  3. La primera verdad que te ayudará a no temer es que sí eres hijo de Dios, tú eres una oveja de Cristo, le perteneces, y Él tiene toda la autoridad y derecho sobre tu vida. Esta posición de propiedad de Cristo sobre tu vida proviene del hecho de que antes de la fundación del mundo tú fuiste predestinado para ser hecho hijo de Dios, y desde ese momento tu vida le fue entregada a Cristo. Además de esto, Cristo tiene pleno derecho sobre ti porque Él pago el precio exigido por Dios para redimir tu vida y pasarte del reino de las tinieblas al de la luz; su pago fue su sangre, y ese sacrificio en la cruz le da a Cristo todo el derecho sobre ti.
  4. La segunda verdad es que tu vida está en las manos de Cristo, por tanto, estas protegido, resguardado y custodiado; Cristo siendo Dios, es todopoderoso y tiene bajo su control todo lo que pasa en tu vida, nadie puede arrebatarte de sus manos y tampoco nada te podrá separar de su amor.


Seguramente en este último mes o año ha habido muchas situaciones que te han producido temor y hasta te han hecho sentirte ansioso y angustiado. En mi caso esta semana mi mascota me hizo pasar un susto. El problema no es sentir temor, esta es una emoción natural en el ser humano luego de la caída de Adán y Eva, el verdadero problema es que el temor gobierne tu mente, decisiones, acciones y relaciones, y en lugar de vivir la vida abundante que Cristo te puede dar, estés sometido por el temor.

Considera y cree estas dos verdades: que tu vida le pertenece a Cristo y que estas resguardado en sus manos.

Esto significa que todo lo que te sucede esta detalladamente controlado por Él, pasa el filtro del propósito de Dios en tu vida, y es resultado de su amor por ti.

Como nadie te puede arrebatar de su mano, nada te puede suceder sin su consentimiento, por eso puedes estar seguro de que cuentas con su ayuda y protección en medio de cualquier situación que vivas.

No hay razón para temer porque somos ovejas de Cristo, nuestras vidas están en sus manos y su amor define cada detalle de nuestra existencia.


«Tu vida es propiedad de Cristo y esta resguardada en sus manos, por eso puedes vivir confiado y sin temor»

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Es hora de hacer compromiso

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Nehemías 9:32 – 10:1, 28-29

“Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día. Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo. Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimonios con que les amonestabas. Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras. He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien. Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad, y estamos en grande angustia. A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes. Los que firmaron fueron: Nehemías el gobernador, hijo de Hacalías, y Sedequías, […] Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y discernimiento, se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor.”

  1. Mientras más leían la ley de Moisés, y entre más hallaban todas las faltas que habían cometido como pueblo, más se incrementaba el deseo de no querer fallar más al Señor. Un deseo profundo se levantaba en el corazón del pueblo reunido en Jerusalén. (Neh. 9)
  2. Este sentimiento se generaba por el reconocimiento de quién era Dios y su relación con el pueblo. (Neh. 9:32, 33)
  3. Deciden hacer un pacto público de todo el pueblo “para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios… y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos…” (Neh. 10:29)
  4. En ese juramento especificaron las principales áreas que deseaban obedecer para dejar en claro como nación todo lo que deseaba cambiar, y cual había sido su gran error. (Neh. 10:30-39)


Cuando reconocemos sinceramente nuestro error, y cuando nos arrepentimos de corazón, es cuando nuestro compromiso al Señor va a darse como un profundo deseo de cambio completo. En ese instante un compromiso debe hacerse para no fallarle. Este acto es una manifestación real de arrepentimiento.

Este pacto debe ser una consagración a vivir una vida santa, digna de Aquel que nos perdona todas nuestras iniquidades.


«El arrepentimiento sincero debe llevar al creyente al compromiso verdadero de no querer fallarle más a Dios; sino, entonces no ha existido arrepentimiento»

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Una retrospección saludable

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Nehemías 9:1-8

“El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí. Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres. Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios. Luego se levantaron sobre la grada de los levitas, Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, y clamaron en voz alta a Jehová su Dios. Y dijeron los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías: Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza. Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran. Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo.”

  1. La fiesta de los tabernáculos ya había terminado, y ya muchos se habían separado de la relación pecaminosa con las personas paganas, aunque no todos (Neh. 9:2. Comp. Esdras 10).
  2. Aun en claro sentir de arrepentimiento se reúnen para adorar a Dios en “ayuno, y con cilicio y tierra”, que era una señal de temor y vergüenza por los pecados pasados.
  3. Vuelven a leer la ley entre todo el pueblo, y mientras estaban leyendo comparaban todo lo que sus padres habían hecho, y confesaban sus pecados. Era un proceso de duelo sincero, que nacía de un corazón que deseaba estar alineado con Dios.
  4. Hacen un análisis de los mayores eventos del pueblo, desde que fue elegido Abraham como el patriarca, hasta las veces que pecaron en el desierto. Recordaron la misericordia de Dios, Su paciencia, guía, provisión y justicia. Mirando hacia atrás pudieron ver su propio pecado, pero también la fidelidad y misericordia de Dios en su favor. Esto les ayudaría a mirar hacia adelante, sabiendo de donde vienen, para no volver a estar en el mismo lugar.
  5. Como resultado de todo este inventario adoraron a Dios por quien Él había sido con Su pueblo. (Neh. 9:31-33)


Para poder seguir adelante en nuestra vida espiritual, siempre es bueno mirar en retrospectiva para mirar todo lo que ha pasado con nosotros. Este análisis espiritual nos ayuda a recordar sanamente todo lo sucedido con una mente analítica, de esta forma podremos mirar las causas de nuestros errores, los daños que nuestras desobediencias produjeron, pero también nos ayudará a mirar a Dios, quien ha venido obrando con misericordia, fidelidad y paciencia en nuestra vida.

El pueblo que estaba en Judá se había reunido para considerar todo lo pasado, para saber donde ellos han estado, pero también encontraron todos los rastros de la bondad de Dios visto en Su guía, provisión, corrección y eterno amor. Esta retrospección los llevó a analizar con prudencia toda la obra de Dios y las diversas respuestas del pueblo, y el resultado final fue el de adoración.

Busquemos en estos días un tiempo sano, prudente, para poder mirar hacia atrás, al pasado de nuestras vidas, y podremos mirar en todas las cosas que hemos hecho mal, y nos sorprenderemos las veces en que Dios obró de muchas formas. Cuando mire hacia el pasado verá la mano de Dios en todo el tiempo, y se fijará como este examen le dará como resultado un corazón que adora a Dios en agradecimiento por Su fidelidad y misericordia.


«Miremos al ayer de nuestras vidas y siempre hallaremos la presencia y obra de Dios, aún en nuestras infidelidades. El resultado de esta retrospección siempre nos llevará a una sincera adoración»

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Los frutos del convencimiento

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Nehemías 8:9-12, 17-18

“Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. Los levitas, pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado. […] Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande. Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito.”

  1. La exposición del pueblo a la Palabra de Dios trajo un profundo convencimiento de pecado. (Neh. 8:8, 9)
  2. Este convencimiento los movió a la compunción de todos, y esto quebranto al pueblo. Ellos reconocían que no sus mismos pecados, sino, sus pecados como nación habían traído el castigo de Dios.
  3. El arrepentimiento sincero toca las entrañas del mas duro corazón y lo quebranta hasta quebrantar todo su ser.
  4. Los levitas recuerdan al pueblo que el Señor estaba con ellos, y que, a pesar de todo, la fidelidad y bondad de Dios, junto a Su misericordia para perdonar les estaba brindando una nueva oportunidad. En el gozo que el Señor tenía por restaurar la nación hallarían la fuerza para seguir adelante.
  5. Deciden no detenerse en la aflicción, sino en celebrar las bondades de Dios, reconociendo que Él era un Dios de segundas oportunidades. Preparan comida para compartirla, y celebran con gratitud el amor del Señor.
  6. Al otro día, mientras seguían leyendo la ley, se dan cuenta que no habían celebrado la fiesta de los tabernáculos, y como era el mes séptimo (Neh. 7:73; Lv. 23:34), deciden hacerlo des pues de mucho tiempo.


La lectura de la ley trajo un convencimiento profundo en todo el pueblo, lo que tuvo que ser controlado mediante el aliento que los levitas dan al pueblo para que no se detengan en la tristeza, sino que celebren el perdón de Dios y la restitución de la comunión.

Para quienes hemos pasado por procesos de pecados prolongados, el arrepentimiento solo viene cuando Dios nos convence de pecado por obra de Su Espíritu y Su Palabra (Jn. 16:8; 2 Ti. 3:16). Pero el gozo lo hallamos cuando recordamos que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Jn 1:9)

Si usted ha pecado, y ha reconocido ante Dios su error pidiendo perdón, no deje que ese sentimiento de culpa lo mantenga oprimido, sin que pueda celebrar el gozo del perdón del Señor. Dios es “bueno y perdonador, y grande en misericordia” (Sal. 86:5); si Él ya lo ha perdonado, pues vaya con confianza a Su presencia y continúe edificando su relación con nuestro Padre Celestial, Él está presto, como el padre del hijo prodigo a restituir su vida sin reparos.


«La intención con la que se lee la Biblia se reflejará en la manera como respondemos a Su enseñanza»

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Intencionalmente en Su Palabra

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Nehemías 7:73 – 8:8

“… Venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades; y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento. Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra. Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.”

  1. Poco a poco la vida del pueblo de Judá estaba recobrando vida, y la ciudad estaba adquiriendo confianza, pero faltaba algo que encendería por completo un despertar espiritual después de décadas de frialdad: Necesitaban de la Palabra de Dios.
  2. Todo el pueblo se junta para escuchar la Palabra, y para ello preparan un escenario adecuado para poder escuchar sin interrupciones la lectura; levantan un púlpito de madera que sobresalía del piso para que todos escuchen con claridad.
  3. Mientras el pueblo se prestaba a escuchar, Esdras levanta una oración de adoración, en la cual todos se postran humillados reconociendo a Dios.
  4. Los levitas que acompañaban Esdras en la lectura explicaban al pueblo lo que se leía para que ellos lo entendiesen.


Todo el pueblo estaba ya establecido en sus casas, pero faltaba volver a la comunión espiritual con Dios. Si bien, Nehemías mantenía una relación íntima con Dios, el pueblo aún estaba necesitado de la enseñanza para que los cambios dados sean permanentes. Habían pasado muchos años sin una vida espiritual vibrante, habían estado muy alejados de Dios, y solo la Palabra podía reavivar al pueblo. (He. 4:12)

Lo que produjo un avivamiento nacido del aprendizaje fue que:

  • Tuvieron ánimo pronto de aprender: Todos se reunieron para escuchar a Esdras.
  • Sacaron tiempo para escuchar: Desde muy temprano en la mañana hasta el mediodía, todos estaban atentos a la enseñanza.
  • Pusieron toda su atención: No solo que se sentaron a oír, sino que estaban atentos a todo lo que se decía, ponían todos sus sentidos a la lectura.

El resultado de esta actitud conjunta fue un avivamiento grande en la vida del pueblo.

¿Cuál es nuestra actitud cuando nosotros vamos a la Palabra de Dios? ¿Leemos simplemente con el propósito de cumplir un requisito, o ponemos mucha atención a lo que leemos para que la Biblia nos transforme? ¿Se produce adoración antes y después de la lectura de las Escrituras, o solo cerramos las páginas y seguimos nuestra cotidiana vida?

No hagamos de la lectura de la Biblia un hábito frío en nosotros, pongamos nuestro corazón y mente en esta actividad si queremos que nuestras vidas sean avivadas por la Palabra de vida.


«La intención con la que se lee la Biblia se reflejará en la manera como respondemos a Su enseñanza»

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Siguiendo la guía de Dios

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Nehemías 7:5-7, 73

“Entonces puso Dios en mi corazón que reuniese a los nobles y oficiales y al pueblo, para que fuesen empadronados según sus genealogías. Y hallé el libro de la genealogía de los que habían subido antes, y encontré en él escrito así: Estos son los hijos de la provincia que subieron del cautiverio, de los que llevó cautivos Nabucodonosor rey de Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad, los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum y Baana… […] Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del pueblo, los sirvientes del templo y todo Israel, en sus ciudades.”

  1. Después de toda tarea de reparación, y de haber establecido la guardia para resguardar la ciudad, Nehemías toma la decisión de registrar los nombres de todos los habitantes de Jerusalén y de Judea, con el fin de identificar quienes eran los que habitaban, para poder así mantener un registro genealógico.
  2. Esta decisión del empadronamiento no nace de una idea de Nehemías, sino de la voluntad de Dios para que esto se lleve a cabo. (Neh. 7:5)
  3. Nehemías se encuentra con un registro del primer grupo de personas que fueron enlistadas en el primer retorno, junto con Zorobabel, y usa esto como base del nuevo registro (Neh. 7:7).
  4. Al final, puede establecer la ubicación de cada familia en Judea, tanto en la ciudad como en el campo. (Neh. 7:73)
  5. Este registro pudo haber sido usado posteriormente para poder repoblar la ciudad de Jerusalén que se encontraba vacía. (Neh. 11:1-24)


Nehemías seguía constantemente la guía de Dios para poder desarrollar su liderazgo de forma eficaz. Su constante expresión de la dependencia y guía que hallaba en el Señor está registrado muchas veces en este libro, lo que nos pone en evidencia de nuestra necesidad de depender de la misma manera de Dios.

No fueron buenas ideas ocurridas de una mente genial humana; al contrario, fueron todo el plan de Dios basado en Su sabiduría para poder lograr las metas que Él tenía, y Nehemías hacía muy bien en conocerlas y seguirlas.

De Nehemías aprendemos:

  • Tener una relación con Dios: Este líder, a pesar de toda la tarea que desarrollaba, mantenía una constante relación con Dios, sólo así podía conocer Su voluntad.
  • Vivir en dependencia de Dios: Nehemías no se adelantaba hacer nada hasta que conocía de Dios lo que debía hacer.
  • Comprometernos en obediencia a Dios: Como sabía que Dios le guiaría correctamente, y que todo lo que el Señor le guiaba tenía Su bendición, entonces se comprometía a obedecer sabiendo que nada iría mal.

Nuestras vidas serán grandemente bendecidas y prosperadas si aprendemos de este principio vital en la vida de Nehemías. Su relación, dependencia y obediencia le llevó a tener éxito en todo lo que emprendía, y nuestras vidas también serán beneficiadas de estas características de este piadoso líder.


«Depender de Dios no es estar atado o limitado, es ser bendecido y prosperado cuando seguimos la guía de nuestro Sabio Dios»

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Fortaleciéndonos en la disciplina

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Nehemías 7:1-4

Luego que el muro fue edificado, y colocadas las puertas, y fueron señalados porteros y cantores y levitas, mandé a mi hermano Hanani, y a Hananías, jefe de la fortaleza de Jerusalén (porque éste era varón de verdad y temeroso de Dios, más que muchos); y les dije: No se abran las puertas de Jerusalén hasta que caliente el sol; y aunque haya gente allí, cerrad las puertas y atrancadlas. Y señalé guardas de los moradores de Jerusalén, cada cual en su turno, y cada uno delante de su casa. Porque la ciudad era espaciosa y grande, pero poco pueblo dentro de ella, y no había casas reedificadas.”

  1. La edificación se había logrado, todo estaba completo, pero eso no daba razón a descuidarla. Había que poner seguridad.
  2. Era necesario evitar que cualquier intruso llegase durante la noche y trate de traer problemas en una ciudad que al fin estaba hallando estabilidad. Por eso las puertas debía cerrarse con guardas que velasen.
  3. Jerusalén era grande en espacio, pero pequeña en población. Entre los cautiverios y las huidas de los moradores, la población había reducido en gran forma, por eso también desarrollaron un empadronamiento para saber exactamente la población y sus familias (Neh. 7:5-69).
  4. Antes de que puedan ser fuertes como ciudad, tenían que crecer en número ahora que estaban a salvo; y para evitar más desastres, toman medidas necesarias hasta ser una población fuerte.


A la disciplina se la conoce como el conjunto de normas establecidas que ayudan a mantener un orden, y para lograr mantener lo que se ha alcanzado, se debe establecer normas que ayuden al desarrollo de un hábito de vida espiritualmente saludable.

Cuando una persona ha pasado por un proceso de restauración, y después de haber batallado para reconstruirlo todo, sería un grabe descuido el bajar la guardia y volver a dejar que hábitos, amistades y circunstancias negativas nos lleven de regreso de donde hemos salido.

Jerusalén había sido por fin reedificada en sus muros, pero todavía eran débiles en número de habitantes, lo que les hacía susceptibles a ataques. Por eso Nehemías, sabiamente establece una guardia para no permitir el ingreso del enemigo en la oscuridad de la noche. Aún más, establece normas firmes e inquebrantables, con el propósito de evitar cualquier treta, y por eso dice que “aunque halla gente” afuera de los muros, no les permitan entrar “hasta que caliente el sol” (Neh. 7:3). Una sabia decisión.

Cada uno de nosotros podemos aprender de este ejemplo para mantener lejos los pecados o las relaciones que nos pueden llevar nuevamente a caer en hábitos destructivos. Tenemos que ser sabios en la manera de establecer esas normas, y si es necesario alejarnos de cualquier posibilidad de acercamiento, pero también necesitaremos mantener disciplina en estas decisiones, hasta que estemos fuertes. La reconstrucción de nuestras vidas es un proceso de no un día, toma semanas y meses poder fortalecernos en el Señor.

¿Qué medidas podría tomar de forma firme para mantenerme alejado de actividades o personas que pueden alejarme de Dios y arrastrarme nuevamente a una vida destructiva? ¿Con qué firmeza aprendemos a mantener hábitos o disciplinas que nos ayuden a estar firmes en el Señor?


«Para estar firme por un día necesito una decisión momentánea para lograrlo, pero para desarrollar una vida firme y santa necesito de disciplinas espirituales constantes para hacer de “ese día” una meta de vida»

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