Colaborando con Dios

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1 Corintios 3:5-9

“¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.”

  1. Pablo nos recuerda que en el reino de Dios cada uno debe cumplir una función específica y activa en la edificación del Cuerpo de Cristo. (Comp. Ef. 4:11-16)
  2. En la vida individual de cada creyente Dios ha utilizado diferente “colaboradores” para poder hacer la obra de edificación de cada uno de Sus hijos. En el caso de los hermanos en Corinto, el Señor usó primeramente a Pablo para establecer la iglesia (plantar), pero después usó a Apolos para continuar con dicha obra (regar).
  3. Todos los creyentes podemos ser usados por el Señor para participar en la edificación de la vida de otro creyente, es la manera como funciona el reino. Talvez usted sea la persona que acercó a alguien a Dios, o quien la evangelizó, quien participó en el discipulado, en alguna exhortación o reprensión, en algún momento de consuelo, o de enseñanza, etc., etc., etc. Algo aparentemente muy sencillo, pero muy importante pudo haberse dado con su participación al servicio del Señor.
  4. Pero dentro de todo, Dios es quien hace la obra. Sin Él no es posible lograr algo (Sal. 127:1; Jn. 5:19; 15:5), y Pablo nos recuerda esta relevante verdad.


Dios no es que necesita de nosotros para poder hacer Su obra, pues Él es todopoderoso y sabio; pero Él si se complace en usar personas que deseen ser partícipes de Su obra, y es ahí donde llegamos a ser bendecidos para ser de bendición.

Cuando un artista termina una obra, siempre ubica su rúbrica al pie de su trabajo. En muchos de los casos, sobre todo en obras musicales o de alguna otra índole, vemos que a más del nombre del autor están los nombres de quienes colaboraron en el desarrollo del proyecto, esas personas son en general actores activos del trabajo, aunque tienen el sello final del artista.

En nuestro crecimiento espiritual es igual, los créditos finales son de Dios, pero al pie de esa obra aparecen los nombres de todos los colaboradores que hicieron su aporte para lograr el trabajo final. Pablo y Apolo fueron esos colaboradores en la obra en la vida de la iglesia en Corinto.

¿En su vida, usted puede identificar los nombres de esos colaboradores que Dios ha usado para edificar su vida? Si es así, de gracias al Señor por ellos, pues Dios nos ha bendecido con la participación de esos amorosos y fieles hermanos.

Ahora, ¿puede ver usted su propio nombre al pie de la obra de Dios en la vida otros como colaborador del Señor? Si es así, siéntase bendecido por la oportunidad que Dios le ha dado de participar, pero, si no ve su nombre en la vida de muchos, ¿qué espera para participar junto a Dios en la edificación espiritual de otro hermano?

Si miramos de esta forma, en nuestra vida hay muchos nombres de hermanos valiosos quienes han sido usados por Dios, pero talvez no tengamos nuestros nombres en la vida de muchos, o en casi ninguno, y eso es porque no nos hemos dispuestos a se usados por Dios. ¡Es hora de colaborar junto al Señor! ¡Pídale que le use, y sea colaborador activo en Su reino!


«Cada creyente tiene la rúbrica del Señor como autor de la obra de transformación, pero al pie de esa rúbrica están los nombres de ciertos colaboradores valiosos que han sido usados por Dios»

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Inmaduros espirituales

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1 Corintios 3:1-5

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor.”

  1. Después de haber dado una explicación sobre la salvación basada en la obra de Cristo en la cruz, y como, con obra poderosa del Espíritu Santo, una persona puede llegar a comprender la salvación; ahora les recuerda a este grupo de creyentes que la salvación es firme “en Cristo”, pero que aunque habían alcanzado salvación, necesitaban crecer “en Cristo”. Les exhorta por la falta de crecimiento o inmadurez espiritual.
  2. Al creyente inmaduro se los llama “carnales”, mientras que a los que han madurado se los llama “espirituales” (1 Co. 3:1), termino que hace relación a una mayor influencia del pecado o “la carne” en la conducta general del creyente (Ro. 7:14-25).
  3. Una de las características espirituales de la persona inmadura es la falta de entendimiento de las Escrituras (1 Co. 3:2).
  4. Otra manifestación de la carne es la manera como los creyentes se agrupaban detrás de una persona, generando “celos, contiendas y disensiones”. Estas separaciones dividían a la iglesia y manifestaba una marcada afiliación a ciertos líderes dentro de la iglesia, expresando una conducta inapropiada. Todos deberían recordar que se sigue a Cristo y no al hombre.


El proceso de la vida espiritual inicia con nuestra salvación, el momento que recibimos a Cristo como nuestro Salvador; pero ese es solo el inicio. Este proceso debería continuar con el crecimiento en el carácter a la imagen de Cristo, y es en este camino en donde no todo creyente sigue un proceso natural de madurez, muchos se quedan como cristianos inmaduros o carnales, condición que siempre va a afectar su comportamiento manifestando muchos rasgos pecaminosos y falta de prudencia en sus actos.

Pablo había escrito esta carta a la iglesia en Corintio por esta razón, la falta de madurez espiritual de la congregación. Como se verá en el resto de esta carta, ellos manifestaban muchos problemas pecaminosos por la falta de crecimiento, y uno a uno, Pablo llamaría fervientemente al cambio de cada uno de estos actos que estaban destruyendo la vida espiritual de la iglesia.

Lo primero que les recuerda es la falta de capacidad para entender las Escrituras. Cuando el apóstol les escribe ya habían pasado un par de años desde la primera vez que los había visitado, y aunque ya no eran creyentes de “ayer”, aun a pesar del tiempo, no habían desarrollado la capacidad para entender la Palabra, por lo que les dice que ya debían estar comiendo “vianda”, o sea alimento sólido, pero ellos seguían bebiendo “leche”, porque no podían asimilar las Escrituras (He. 5:11-14).

Otro problema que tenían era esa afiliación sectarista dentro de la iglesia. Muchos habían decidido diferenciarse en la manera como apreciaban y seguían a uno u otro líder (Apolos, Pablo, etc.). Esto afectaba la unidad que debía existir en la iglesia, pero también manifestaba una incoherencia en nuestro enfoque; todos deberían seguir y afiliarse a Cristo y no al líder con quienes ellos se identificaban.

¿Cómo va en su crecimiento espiritual? ¿Cuánto tiempo lleva de creyente y cuánto cree usted que ha llegado a crecer en todo ese tiempo? ¿La gente que está a su alrededor puede observar madurez espiritual en usted?


«Para el creyente, el proceso de la salvación es de un día, pero el del crecimiento espiritual lleva toda una vida, y en esa etapa no todos han seguido»

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Nuestro entendimiento espiritual (II)

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1 Corintios 2:11-16

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”

  1. Pablo nos recuerda la íntima y perfecta relación entre las Personas de Dios el Padre y la del Espíritu Santo (1 Co. 2:11).
  2. Dios, en el momento de nuestra salvación obra por medio de la Persona del Espíritu Santo convenciéndonos de nuestro pecado y necesidad de salvación (Jn. 16:8-11), pero una vez que recibimos a Cristo, el Espíritu entra a morar en el creyente, y se queda en él hasta el día de su muerte (Jn.14:17; 1 Co. 6:19; Ef. 1:13-14).
  3. Es el Espíritu quien ahora enseña al creyente las cosas espirituales, Su presencia nos capacita al obrar en nosotros.
  4. Esta capacidad espiritual, no propia, nos diferencia de las personas no salvas, a las cuales Pablo llama el “hombre natural”, quien está completamente limitado a conocer a Dios, Su Palabra y Su voluntad.


Cuando un creyente lee la Biblia, el proceso de aprendizaje, entendimiento y discernimiento solo se puede dar por obra del Espíritu Santo. Como nos recuerda Pablo, es el Espíritu quien toma “lo espiritual” y lo acomoda “a lo espiritual” (1 Co. 2:13).

El Espíritu es el Autor de la Palabra de Dios, es Él quien inspiró al hombre a escribir todo lo que tenemos como Palabra inspirada (2 P. 1:20-21). Entonces toma desde las mismas Escrituras un pasaje o versículo para dar iluminación al creyente y enseñarle, redargüirle, corregirle e instruirle (2 Ti. 3:16). Este proceso es lo que se conoce como guiarle a la verdad, enseñando y recordando todo lo que Dios nos ha dicho (Jn. 14:26).

¿Con esta premisa, imagínese el potencial de aprendizaje e instrucción que cada creyente tiene al tener esta capacidad divida otorgada? Todo creyente, en su relación íntima con Dios puede, a través de la lectura diaria, entrar en un dialogo celestial con su Padre, para que Él, por medio de la Persona del Espíritu pueda conocer todo lo que Dios quiera decirle, y así el hombre puede conocer la voluntad del Señor para su vida.

¿Cree usted que Dios puede hablarle? ¿Si es así, que tiempo pasa diariamente escuchándolo? ¿Y si lo escucha, está obedeciéndolo?

Todos tenemos un privilegio gigantesco de vivir en una relación diaria de comunicación con nuestro amado Dios.


«Todo creyente tiene la oportunidad singular de escuchar a Dios por medio del Espíritu Santo cuando lee la Biblia»

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¿Dios está en control de nuestro sufrimiento?

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Mateo 14:22-27

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”

Tengo unos amigos que hace unos años tuvieron que vivir la muerte de su hijo de cuatro meses de nacido, debido a varios problemas cardiacos congénitos. Una noche mientras nos compartían acerca de todo el dolor que sintieron durante ese tiempo, algo que me quedó en el corazón fue escucharles hablar sobre la presión que sentían solo con pensar en la posibilidad de responsabilizar a Dios por todo lo que estaban pasando; creyendo que debían callar su dolor, aceptando únicamente la verdad de la soberanía de Dios.

Eso me hace preguntar sí, ¿Será que el silencio y la aceptación sin críticas al plan de Dios, es la forma en la que debemos reaccionar ante el sufrimiento?

La historia sobre el casi naufragio de los Apóstoles, es un buen punto de partida para comprender una verdad muy importante sobre el sufrimiento, que implica un comienzo para sanar el corazón dolido.

  1. En esta ocasión Cristo mismo fue el autor del plan que llevaría a los apóstoles a vivir esa experiencia traumática en medio del mar que puso su vida en riesgo, fue Él quien decidió enviarlos a esa hora, en ese lugar, en esas condiciones y con ese propósito.
  2. No fue casualidad que la barca en la que iban los apóstoles estuviera siendo azotada por las olas, sí Dios tiene control hasta de los cabellos de nuestro cabeza, debemos comprender que fue su plan someterlos a esa experiencia de vida o muerte.
  3. A lo largo de la historia bíblica se puede observar momentos en los que Dios consintió que su pueblo pasara por el dolor y sufrimiento como en esta ocasión, pasajes como Isaías 45.7, Amos 3.6, Lamentaciones 3.37-38 ilustran esta verdad.
  4. Así como Dios es el responsable final por el sufrimiento que vivimos, también Él está listo para brindarnos su consuelo y ayuda en el momento oportuno, y tiene el poder de transformar las situaciones de dolor en experiencias que nos permiten conocerle íntimamente y aumentar más nuestra fe.

Cuando pasamos por el dolor y el sufrimiento una de las primeras preguntas que nos hacemos es ¿por qué?, pero muchas veces se nos ha dicho que no debemos preguntarnos esto, sino más bien, ¿para qué?, pero, como somos creados a la imagen de Dios, y Él es justo, nosotros también tenemos un sentido de justicia que pide una respuesta ante el sufrimiento.

Entender que Dios no es el que produce en nuestras vidas el sufrimiento, pero si es el que da su consentimiento para que suceda, nos permite responder la pregunta: ¿Quién es el autor del sufrimiento?, y aunque a primera vista no parezca serlo, porque a veces sufrimos por nuestro propio pecado y por la maldad de otros, en el fondo de todo, Dios es quien lo permite.

Cuando se responde el ¿quién?, se puede responder el ¿por qué? Es posible que en este punto hallamos dado un paso gigantesco para entender el sufrimiento, pero al mismo tiempo nos hará tropezarnos con una “montaña” que nos resultará imposible escalar, esa montaña es la soberanía de Dios y su derecho de hacer con su creación lo que Él considere mejor.

Como Job, cuando por fin tuvo con quien entablar la discusión, la sabiduría y autoridad de Dios le dejaron entender que Él puede hacer cualquier cosa en su creación.

Eso debería llevar a la siguiente respuesta, “Dios… tus pensamientos son más altos que los míos, no los puedo entender” … tu eres mi creador, yo soy tu creación, tú puedes disponer de mi como bien te parezca, yo no soy quién para reclamar autonomía o derecho sobre mí, pero te agradezco por dejarme entender lo que crees que debo entender.

Lo que se necesita para atravesar el sufrimiento lo hallarás en dos verdades fundamentales: 1. El carácter de Dios: en su amor, compasión, buena voluntad y misericordia, con ello puedes estar seguro de que todo lo que suceda en tu vida será para tu bien, tu conocimiento de Él y el crecimiento de tu fe. 2. Así como Cristo estuvo con los Apóstoles, el Espíritu de Dios también está con nosotros fortaleciéndonos en los momentos de sufrimiento.


«Dios está en control de nuestro sufrimiento, entenderlo ayuda a sanar el alma»

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Nuestro entendimiento espiritual (I)

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1 Corintios 2:6-10

“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.”

  1. Pablo nuevamente vuelve a mencionar a la sabiduría como fuente del conocimiento de Dios. Y nos recuerda que la sabiduría de este siglo y de sus príncipes es perecedera, vana, imperfecta.  (1 Co. 2:6)
  2. Haciendo un contraste con esa sabiduría del mundo, nos expresa un concepto que hasta la venida de Cristo no había sido revelada, que estaba “oculta”; misma que ha sido dada a conocer a partir de la muerte del Señor, y que nos es revelada a través del evangelio.
  3. En todo el Antiguo Testamento se hablaba de la persona del Mesías, pero no se conocía exactamente el día de Su Primeva Venida, solo había señales proféticas; y ha sido por obra del Espíritu Santo que se dio a conocerlo. En el tiempo de los discípulos, ellos fueron iluminados personalmente por parte de Dios y del Espíritu (Mt. 16:17; Jn. 14:17). Pero desde Pentecostés, el Espíritu es el ente iluminador de Dios al hombre en pecado (Jn. 16:8-14).
  4. El conocimiento de Jesús como el Hijo de Dios, y por tanto el Mesías, fue algo que Dios no lo revelaba por completo; pero ahora, en este tiempo, nosotros tenemos el privilegio que nadie tuvo antes del nacimiento del Señor Jesucristo.
  5. Dios había preparado este conocimiento a nosotros, a quienes nos ha amado desde antes de la fundación del mundo, y que se ha placido en darnos a conocer al Señor, y por medio de ese conocimiento alcanzar salvación por la fe en la “sabiduría del evangelio”, la verdadera sabiduría dada de Dios. (1 Co. 2:9; Ef. 1:3-8)
  6. Esta verdad es revelada a quienes realmente llegan a reconocerlo como Dios y Señor, quienes “le aman”. (1 Co. 2:9)


Dios, es su infinito amor y sabiduría, había velado en parte todos los detalles del Mesías, para poder cumplir con sus propósitos eternos. Como el mismo Pablo nos indica, ese conocimiento no fue dado a la mayoría de las personas que se encontraban en Jerusalén en el tiempo de Jesús, porque si lo hubieran obtenido, Cristo no hubiera sido crucificado por nuestros pecados (1 Co. 2:8). Y aunque ese conocimiento si lo obtuvieron unos pocos, fue después de Su venida lo que muchos ahora podemos conocerlo por medio de la iluminación de las Escrituras por parte del Espíritu Santo (1 Co. 2:10).

El privilegio que nos ha sido dado nos pone en una posición de gran bendición y responsabilidad. Bendición, porque ahora hemos sido salvos gracias a esta verdad del Mesías y Su obra redentora; pero responsabilidad, porque nos debe llevar a vivir dignamente y a compartir con otros esta bendición que nos fue dada.

Si pensamos en la verdad del versículo 9 de este pasaje, tenemos que vivir completamente agradecidos por ese inmenso amor de Dios, pues había sido oculto para los profetas, pero para nosotros, ahora la verdad del conocimiento del Señor Jesús nos ha sido otorgada, y con ello, podemos adorar al Señor de Gloria en pleno entendimiento de Su Deidad.

Gloria al Señor por tan hermosa bendición a nuestras vidas, por medio de la cual hayamos alcanzado salvación.


«La verdad plena de Cristo, oculta para los profetas y autores del A.T., ha sido dada a conocer por medio del Espíritu Santo al creyente, a quienes Dios ha amado por siempre»

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El “Qué” y “En Quién” del Evangelismo

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1 Corintios 2:1-5

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”

  1. En estos versículos iniciales de esta Carta, Pablo ha mencionado cinco veces a Cristo y a Su cruz específicamente (1 Co. 1:6, 17, 18, 23; 2:2), y todo el contexto hasta ahora ha sido el mensaje de la predicación del evangelio.
  2. Pablo está poniendo bases fundamentales a lo que está por decir en los capítulos que vienen, porque su deseo es darles identidad a los creyentes en Corinto para poder desde esa base exhortarles en su mal comportamiento.
  3. Lo que menciona en estos primeros versículos del capítulo dos es que la predicación hecha por Pablo en la primera visita no fue invento humano o mera palabrería con elocuencia, antes indica que lo predicado es el mensaje de la muerte de Cristo en la cruz, y que este mensaje fue entregado sencillamente con sus palabras, pero poderosamente porque fue motivado y utilizado por el poder de Dios por medio del Espíritu Santo (1 Co. 2:4).


Muchos de nosotros tenemos varios temores u obstáculos que nos impiden compartir el evangelio con seguridad y eficacia. Creemos que tenemos que ir a un taller especializado para aprender técnicas de evangelización. Otros pensamos que debemos conocer profundamente la Biblia para poder responder a inquietudes que podrían presentarse al salir a compartir. O creemos que tenemos que elaborar un mensaje amplio con muchas palabras para poder hablar a otros de Cristo, etc., etc., etc.

Todo eso, si bien es necesario, no serviría de nada sin dos sencillos elementos fundamentales que Pablo menciona en estos versículos:

  1. Primero está el mensaje de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo por amor al pecador para ofrecer perdón y vida eterna (el “QUÉ”), y
  2. Segundo, necesitamos depender del poder de Dios por medio del Espíritu Santo en la vida del mensajero, en el mensaje de la Palabra de Dios, y en la vida del receptor del mensaje para que esto tenga efectividad (el “EN QUIÉN”).

La próxima vez que quisiéramos evangelizar a una persona, con este “Qué” y dependiendo del “En Quién” podremos hacer nuestra tarea con toda confianza.

Pablo les decía a las personas en Corinto: “Yo no quise hablar mucho para no llenarles de palabrerías, por eso solamente les hablé de la obra de Cristo en la cruz, y mientras lo decía, no confiaba en mí, sino en el poder de Dios para que ustedes lo entiendan y lo acepten” (Parafraseando).

¿La próxima vez que vaya a evangelizar, “qué” va a decir, y “en qué” va a depender para hacerlo con eficacia?


«El hacer evangelismo sin hablar de la obra de Cristo y sin la dependencia del Espíritu Santo no tiene poder alguno de transformación, y tampoco es evangelismo»

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Nuestra gloria está en Él

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1 Corintios 1:26-31

“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”

  1. Pablo recuerda a la iglesia que nuestro estado o “vocación”, también traducido como “llamado”, difiere de la manera como el mundo hubiera seleccionado a las personas para formar parte del cuerpo de Cristo.
  2. El mundo tiene un sistema de valoración muy diferente a lo que Dios tiene. Generalmente exaltamos el poder o el conocimiento dentro de las personas que sobresalen, con el fin de darles una posición o ubicación específica. Dios no valora a las personas de esta forma, Él “mira el corazón” (1 S. 16:1-13).
  3. Eso no quiere decir que no podría salvar a personas que tengan algún reconocimiento “humano”, pues si ellas responden a Dios de corazón, todas ellas son parte de Sus hijos: “… que no sois muchos…”) (1 Co. 1:26)
  4. El fin de este recordatorio es llevar a la consideración equilibrada del creyente, indicando que nuestra posición de “santos” (1 Co. 1:2) no está relacionada a algo que nosotros seamos, para no jactarnos ante Su presencia (1 Co. 1:29). Pero si debemos tener presente que nuestra gloria está “en el Señor”, por medio de Quien se ha manifestado la sabiduría, justicia, santificación y redención de Dios. En otras palabras, lo que somos es por gracia de Dios por medio de Cristo, y en eso nos podemos todos gloriar.


A causa del mal uso de la palabra gloria, se tiende a dar un tono negativo en cuanto al uso debido de un reconocimiento sano y santo que debemos tener los creyentes.

Dios, por medio de la salvación otorgada por la gracia de Él, nos ha ubicado en una posición superior, con relación a las demás personas, puesto que ahora somos declarados santos, siendo parte del cuerpo de Cristo, y que por ello tenemos capacidades espirituales sobrenaturales que nos han sido dadas para la edificación de la iglesia (“dones”). Esta salvación nos llevará en un futuro a una perfección cuando estemos ante Su presencia (1 Co. 1:2-8).

Todo esto es gracias a Dios, quien nos ha dado estas características, y muchas más, por medio de Cristo.

Nuestra posición “en Cristo” debe ayudarnos a valorizarnos tal cual Dios nos valora. Y si bien, nuestra posición no fue lograda por nosotros, si nos pone en un lugar de gran bendición, y en esto podemos gloriarnos santamente, con humildad; y por tanto vivir eternamente agradecidos.


«Gloriarse en el Señor es reconocer que somos lo que somos gracias a la obra de Dios por medio de Cristo»

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Salvos por la “locura”

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1 Corintios 1:18-25

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.”

  1. Debemos considerar que, para el tiempo en el cuál fue escrito este pasaje, la muerte en la cruz era un acto de vergüenza y deshonra, puesto que los que morían en ella eran considerados malhechores. El Imperio Romano usaba este método como el peor castigo contra aquellos que incumplían las normas.
  2. La iglesia en Corinto, al ser una iglesia primariamente griega, tenían como cultura la filosofía o razonamiento. Lógicamente para ellos la muerte de un Inocente en una cruz no encajaba como un medio coherente de salvación.
  3. Mientras tanto, para los judíos que habitaban en esa ciudad (Hch. 18:4), la necesidad de señales era requerida para confiar en la autoridad del mensajero, misma actitud que tuvieron años atrás sus compatriotas frente al Señor. (Mt. 16:4)
  4. En su limitado conocimiento y capacidad, el hombre nunca hubiera podido imaginar un plan perfecto para la salvación, y más, porque su razonamiento está afectado por el pecado (Ro. 1:21, 22). Por esta razón Dios decidió salvar al hombre mediante lo impensable y absurdo, un mensaje de esperanza basado en la obra de la cruz.
  5. Este mensaje creó controversia, y lo sigue generando hasta hoy.


En su razonamiento el hombre trata de dar respuestas a un sinfín de cosas, y mirando todo pensamiento posible trata de sacar conclusiones a muchas cosas de la vida. Una de ellas, su misma existencia, origen y fin.

Por ejemplo, en la mente de muchos la existencia de un Dios no cabe. Para otros la posibilidad de salvación gratuita no es correcto porque el hombre debe hacer méritos. Y otros más piensan que un Dios santo no se dignaría mirar al hombre en pecado. Todos estos razonamientos bloquean la posibilidad de utilizar la fe sobre el plan de Dios.

Pero esta “locura” tiene el mensaje de justicia que otorga el Justo Dios. Es producto de Su inmenso amor. Vino con la sencillez de un humilde Siervo que se entregó en obediencia. Tiene el propósito de otorgar perdón y vida eterna. Y, sobre todo, no requiere más que la simple confianza de aquel que lo quiere recibir.

La salvación podrá ser una “locura” para la necedad de la mente del hombre natural, pero como bien lo aclara Pablo, para el creyente “Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”. (1 Co. 1:24)


«En el evangelio, la fe en la afirmación de que la obra de Cristo en la cruz puede salvar, tiene el poder de regenerar y dar vida eterna a todo hombre»

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