Considere la opción de vivir soltero

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1 Corintios 7:6-9, 25-40

“Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento. Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro. Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando. […] En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está. ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar. Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa. Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor. Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case. Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace. De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor. La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.”

  1. Pablo ya había mencionado que el sexo en el matrimonio es uno de los factores vitales para la buena relación en la pareja (1 Co. 7:1-5), y ahora va a referirse al estado de la soltería como vital para el tiempo que se le puede dar al servicio al Señor.
  2. Inicia indicando que no es un mandamiento, sino una decisión individual bajo una condición dada por Dios para que una persona pueda quedarse soltera para entregar su vida al servicio y no al matrimonio; a esto Pablo llama el “don de continencia”. (1 Co. 7:9)
  3. Esta capacidad sobrenatural dada por Dios le permite al soltero enfocarse en las cosas del Señor (1 Co. 7:32, 34) y le otorga el control sobre el deseo sexual, por lo que no desea estar en matrimonio, sino que puede vivir su vida solo sin necesidad de una pareja.
  4. Pero advierte que, si esa persona no tiene la capacidad de mantenerse soltero, es mejor casarse para no tener tentaciones sexuales muy fuertes que podrían llevarle al pecado (1 Co. 7:9).
  5. Durante varios versículos les habla a los varones y mujeres solteras a considerar, si pueden, el quedarse solteros para entregar su vida al servicio, aún a las viudas (1 Co. 7:25-40); pero si no pueden vivir sin estar solos, mejor es que se casen. Ambas condiciones son legítimas ante el Señor, ninguna obligatoria; sino consideraciones individuales basadas en la posibilidad propia de mantenerse solo sin ser tentado.


El matrimonio es una bendición maravillosa establecida por Dios para que una pareja de un hombre y una mujer puedan vivir juntos y tener un hogar y una familia. Ese es el plan de Dios general para el hombre desde el día de la creación (Gn. 1:26-31). Está basado además en la necesidad de acompañarse el uno al otro para que no estén solos (Gn. 2:18).

Pero el estado del matrimonio no es una condición dada a todos los hombres. La soltería es una opción que tiene una persona para que pueda tener una vida buena, si las necesidades de compañía y de tener relaciones sexuales no son obstáculos para vivir una vida santa.

Recordando que las relaciones sexuales solo se deben dar en el seno del matrimonio, la persona que desea vivir soltera debe mantener esa pureza individual de no caer en pecados sexuales ni estarse “quemando” a causa de las tentaciones. El propósito de este estado es el poder dedicar su vida en tiempo, talentos y recursos al servir a Dios.

La persona casada requiere tiempo para su pareja y familia, designa lo que tiene para atender las necesidades de la familia, y por tanto su posibilidad de servir en cuanto a ello se reduce por tener que atenderlos. El soltero en cambio, puede servir a Dios con mayor libertad.

Si usted puede mantenerse soltero, considerando la opción de servir a Dios, es una gran decisión que puede hacer; pero si la necesidad de formar un hogar es algo importante en su vida, está muy bien casarse. En ambas condiciones todo creyente debe honrar a Dios y servirle en medio de las posibilidades propias de cada uno. Tengamos presente que “el tiempo es corto” y “apremia”, y esta vida es pasajera; el tiempo dado al Señor tiene provecho eterno (1 Co. 7:26, 29).


«El estar soltero es una oportunidad, no para vivir en desorden emocional o sexual, sino para honrar a Dios sirviéndole con nuestra vida»

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El matrimonio y las relaciones sexuales

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1 Corintios 7:1-5

“En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.”

  1. Aparentemente había algunas inquietudes de parte de los hermanos en Corinto que fueron presentadas por carta a Pablo referente al matrimonio, la soltería, y las relaciones sexuales (1 Co. 7:1). Y como Pablo había estado hablando de las fornicaciones (1 Co. 5:1-13; 6:12-20), ahora entraría a tratar esas inquietudes muy importantes.
  2. Para evitar las tentaciones que trae la soltería, Pablo recomienda que las personas lleguen a casarse para que así no lleguen a cometer el pecado de la fornicación (1 Co. 7:2). Como se referirá más adelante, la soltería tenía una ventaja sobre el matrimonio, y era el poder servir con mayor disposición a Dios, y por eso inicia recomendando que mejor fuese no estar casado ni “tocar mujer” o tener sexo. (1 Co. 7:1, 32-35)
  3. Para dar respuesta a las inquietudes, Pablo escribe que el cónyuge debe cumplir su rol de esposo/a cumpliendo con su pareja el tener relaciones sexuales.
  4. El problema que se presentaba era que una de las partes se negaba a tener relaciones sexuales con su pareja, y ello llevaba a que la pareja buscara fuera del matrimonio el tener sexo, llevando al pecado de la fornicación, específicamente el adulterio.
  5. El no negar el cuerpo quiere decir que no debería considerar su cuerpo como suyo nada más, sino como parte de la pareja, y que la pareja pudiera tener relaciones sexuales con aceptación de su cónyuge sin privaciones. (1 Co. 7:4)
  6. La única razón por la que se debería poder llegar a negar el tener relaciones sexuales sería porque ambos han destinado un tiempo para dedicarse a la oración. Pero que deben tener cuidado de no abstenerse por mucho tiempo, pues ello puede provocar tentaciones por la incontinencia.


Considerando que la base del matrimonio es el amor, Pablo nos hablará más adelante que el amor no es egoísta ni hace algo indebido, antes es bueno (1 Co. 13:4, 5); y considerando estos principios, las relaciones sexuales deben ser consideradas de la misma manera.

Si bien el acto físico de la relación sexual está relacionado mucho con la parte biológica del cuerpo, también se debe mirar la entrega en el acto sexual como un acto basado en el amor del uno al otro. Por este motivo Pablo indica que quien tiene “potestad sobre su propio cuerpo” no es la persona misma, sino la pareja (1 Co. 7:4).

Las relaciones sexuales deben ser tratadas como un regalo u entrega basada en el amor entre los cónyuges. Cuando uno de ellos desea tener sexo, su pareja debe entregar su cuerpo por amor, y su cónyuge debe tomar esa entrega en amor.

Cuando la pareja desea tener sexo mal haría la otra parte negarse. Ya no se pertenecen a sí mismos, sino, el uno al otro. El llegar a ser una sola carne implica esa relación de entrega plena (Mr. 10:8). La continencia solo debería ser dada en mutuo consentimiento, pero cuando la pareja desea tener relaciones, el cónyuge debe entregarse en amor para evitar problemas por la insatisfacción sexual que pueden derivar en tentaciones, y posibles pecados del cónyuge.  

El acto sexual es un regalo dado por Dios al matrimonio, y como tal, se debe honrar ese don con respeto, amor y entrega del uno al otro.


«En el matrimonio la relación sexual es un don dado por Dios que debe ser honrado como tal por ambas partes de la pareja»

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La esclavitud del pecado sexual

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1 Corintios 6:12-20

“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna. Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”

  1. Hay cosas que son licitas y buenas, pero dentro de su propio espacio y contexto. Pero cuando no se controla lo que se hace apropiadamente, entonces eso que era bueno inicialmente se vuelve una actividad esclavizante.
  2. Posiblemente había un proverbio que decía que la comida es para el estómago, y esa era su función natural (“Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas”); y con este dicho los creyentes en Corinto consideraban que las relaciones sexuales de cualquier índole no afectaban más que al cuerpo. Pero Pablo les recuerda que nuestro cuerpo es templo del Espíritu (1 Co. 6:20) y que debe ser usado para honrar a Dios (1 Co. 6:13).
  3. Además, debemos recordar que todos los elementos que conforman la persona son integrales (espíritu, alma, y cuerpo – 1 Ts. 5:23), por lo tanto, cuando uno de ellos es afectado, todo el ser es afectado. (1 Co. 6:18)
  4. El cuerpo de cada creyente, al ser templo del Espíritu Santo, debe ser considerado como medio para glorificar a Dios. (1 Co. 6:15-20)


El poder que tiene el pecado sexual se basa en que afecta todo nuestro ser. El cuerpo halla una satisfacción temporal pecaminosa muy fuerte (He. 11:25), ya que el sexo fue una actividad dada por Dios para que lo aproveche el hombre dentro del matrimonio. Pero cuando el sexo se da fuera de la relación matrimonial es pecado, pero las reacciones químicas que se generan en el momento del acto sexual son muy intensas, y por tanto pueden esclavizar a la persona.

Recordemos que cualquier manifestación del pecado sexual es mala, sea este la masturbación, la pornografía, los pensamientos codiciosos con una persona que no sea su pareja, y el acto sexual en sí mismo fuera del vínculo matrimonial. Todos estos hechos pueden esclavizar al creyente de una manera muy poderosa.

Pablo alienta a la persona a huir de este tipo de pecados (1 Co. 6:18). No permita que estas actividades ni siquiera se acerque un poco a usted. El poder que tiene este pecado es muy intenso, y si uno no se cuida, fácilmente llega a ser preso de una actividad que lo va a esclavizar.

Busque la ayuda inmediata de Dios cuando esto suceda, y si es necesario, busque la ayuda de consejería para salir de esto. No olvidemos que cada vez que vayamos a pecar en el cuerpo, nosotros estaremos llevando a la Persona del Espíritu Santo con nosotros a participar en este horrendo acto. Antes bien, comprométase a glorificar a Dios por medio de su cuerpo.


«El pecado sexual, en cualquiera de sus manifestaciones, siempre nos hará esclavo y deshonrará a Dios»

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Base excelsa de la justificación

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1 Corintios 6:1-2, 7-11

“¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? […] Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos. ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

  1. Todo el tiempo Pablo ha venido explicando que la salvación del hombre no depende en nada por sus propio méritos y obra, sino que se basa en la obra de Cristo y nuestra fe en ello. Pero una fe que nos lleva al convencimiento pleno de esta verdad, no un simple conocimiento. Es una confianza que se transforma en una esperanza.
  2. En los primeros versículos del capítulo seis, Pablo menciona a los “santos” y “creyentes” y a los “injustos”, refiriéndose a los creyentes y no creyentes respectivamente. Una persona no es declarada santa ni es hecha salva por obras, sino por haber creído e invocado el nombre del Señor Jesús. (1 Co. 1:2; Ro. 10:9-13)
  3.  En los siguientes versículos de este pasaje vemos que Pablo les pide a los “santos” en Corinto que no lleven a los “hermanos” ante los “injustos” (creyentes hacia los no creyentes) para solucionar los problemas; sino que se solucione todo entre ellos mismos (1 Co. 6:1-9).
  4. El apóstol les dice que los “injustos” no heredaran el cielo, y menciona una lista amplia de los pecados de los injustos, pero no una lista completa. Solo menciona varios de ellos.
  5. Termina en el versículo 11 aclarando que “algunos” de ellos eran injustos, pero ya han sido lavados, santificados, justificados no por haber dejado de pecar, sino “en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”, o sea, “en Cristo” (1 Co. 6:11). La aclaración es puesta en un pasado perfecto, para diferenciar que no es una declaración basada en la vida práctica sino en una declaración posicional obtenida por fe.
  6. Tengamos presentes que Pablo les está llamando la atención por medio de esta carta a causa de una serie de pecados presentes en la iglesia, pero en todo el tiempo les llama santos, hermanos, justos, porque la salvación está fundamentada “en Cristo”. (1 Co. 3:11)


Para poder caminar con certeza se requiere de caminar en terreno firme, y esa certeza solo la puede dar la Palabra de Dios. En las Escrituras, la declaración de nuestra salvación siempre se basa en la obra de Cristo, no en las obras del hombre. La obtención de esa seguridad es dada por la fe y no por obras.

Martín Lutero halló paz a su corazón cuando encontró en la fe la declaración de la justificación, y en base a ello, y no a las indulgencias, que enseñó sobre el camino de la salvación, e inició la reforma. (Ro. 1:17; Gá. 3:11)

¿Y usted, en dónde basa su esperanza de justificación y salvación? ¿Sigue esperando llegar al cielo por su propia capacidad o ya puso su fe en Cristo?


«Agradezcamos a Dios que nuestra justificación no depende de nuestra imperfecta vida, sino en la completa redención basada en la perfección de Cristo, y nuestra fe en ello»

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¿Problemas legales en la congregación?

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1 Corintios 6:1-8

“¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos? Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos.”

  1. Cuando se presentan problemas legales dentro de los miembros de la iglesia está mal buscar jueces civiles para resolver el caso.
  2. Los creyentes debemos recordar que tenemos una mejor perspectiva para analizar las cosas de la vida por nuestra capacidad espiritual de ver al mundo y al pecado, antes que un juez civil que no conoce a Dios.
  3. Por nuestra fe en Cristo nosotros llegaremos a juzgar al mundo por su falta de fe y desobediencia a Dios, así que nuestra posición ante un juez “injusto” (no creyente) es superior.
  4. Pablo les exhorta a no recurrir a jueces civiles, antes se debe buscar a personas sabias en la iglesia que ayuden a resolver el problema.
  5. El mismo hecho de tener pleitos entre los hermanos manifestaba un problema de inmadurez espiritual.
  6. Por último, Pablo anima a perdonar el agravio sufrido antes que buscar llegar a pleitos civiles. El perdón es la marca de un creyente maduro, y la búsqueda de la paz la mejor salida. (Comp. Ro. 12:17-21)


Cuando alguien nos hace algo malo nuestra carne busca la venganza, la restitución, el pleito, el odio, el rencor, el mal. Cuando nosotros hacemos algo malo en cambio buscamos las razones para justificar nuestros hechos, hallamos excusas para mantenernos firmes, y si es necesario, nuestro egocentrismo nos empuja a no querer aceptar el error, antes a negarlo y defender nuestra posición. ¿Le parece esto correcto? ¡Claro que no!

La naturaleza pecaminosa en el creyente puede ser tan perversa, como oscura es la maldad. Y un creyente que no ha madurado espiritualmente manifiesta estas características carnales muy frecuentemente (Gá. 5:16-21). Somos tan propensos a pecar de diferentes formas ante nuestros hermanos que muchas veces no se encuentran diferencias entre las personas dentro de la congregación con las personas de afuera.

Pablo estaba encarando un problema legal que se estaba dando entre dos hermanos de la iglesia. Había sido tal el problema que habían decidido buscar a la autoridad civil para que solucione el asunto entre ellos. El apóstol les recuerda que “la ropa sucia se lava en casa”. Buscar la ayuda de un líder o un creyente sabio es prudente para poder solucionar el problema.

Obviamente se requiere de dos personas dispuestas para hallar justicia, pero muchas veces una de las dos, y muchas veces el que está obrando injustamente, no va a desear rectificar su comportamiento y restituir el agravio.

Cuando un problema no puede ser solucionado a causa de la falta de arrepentimiento, lo mejor es dejarlo en manos de Dios. No tiene sentido seguir luchando, antes mejor es perdonar y seguir adelante. Recordemos que ambos somos miembros de la familia de Dios, y Él juzgará a Sus hijos injustos, como también honrará al agraviado. Si no hay solución terrenal ante el problema, déjelo en manos del Juez Eterno, Quien mira toda obra injusta. (Ro. 12:19)


«Cuando un pleito con un hermano no se puede resolver mejor es recibir el agravio y perdonar»

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Hablemos de amor…

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Filipenses 1:8-11

“Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo. Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.”

  1. Pablo además de ser un gran evangelista, amante de Dios y entregado a todo aquel que no hubiese conocido la verdad de Cristo, también era un hombre con el corazón de un Pastor, era normal que él sintiera una profunda carga por todos aquellos que habían conocido de Dios a través de su mensaje.
  2. Ese amor que movía a Pablo le hacía orar por lo más importante que se puede orar por los seres que se aman, que crezcan en el amor de Dios cada vez más…
  3. La forma en la que se puede amar cada vez más a Dios es conociendo Su palabra y viviendo diariamente conforme a Ella, es llevar el conocimiento teórico a la práctica, por ejemplo: es entender que Dios nos ama, mientras se viven momentos de dificultad y dolor.
  4. Amar cada vez más a Dios lleva a dos consecuencias: la primera es que nos hace tomar decisiones conforme a Su voluntad, nuestras decisiones serán excelentes, no solo buenas, y gozaremos del resultado de ellas.
  5. La segunda consecuencia es que nuestras vidas, y no solo nuestras palabras, serán una expresión continua de adoración a Dios, quién entregó todo lo que tenía por reconciliarnos con Él.

El amor es el móvil más grande del ser humano, es el mayor motivador e inspirador de nuestra vida, lo que haces es el resultado de aquello que amas. Si lo que más amas eres tú mismo, tu vida girará entorno a ti, sí amas a tu familia por encima de todo, tu vida girará en torno a ella.

Por eso debemos preocuparnos porque nuestro amor más profundo sea para Dios, porque si es así, continuamente estaremos motivados a obedecerle y agradarle. El Apóstol Pablo sentía ese amor y por eso dice que el amor de Dios lo hacia sentir obligado, movido, apremiado, constreñido a hacer Su voluntad (2 Cor. 5.14).

Pedro es un gran ejemplo de esto, cuando Cristo iba a ser crucificado el prometió estar al lado suyo y morir con Él si era necesario (Mt. 26.31-35), pero cuando llegó el momento no lo hizo, y en cambio lo negó tres veces (Mt. 26.69-75). Después de la resurrección de Cristo, Él se reúne con Pedro y su pregunta fue ¿Me amas?, eso dejó claro que el problema de Pedro fue de amor, porque su amor no fue tan fuerte como debía serlo (Jn. 21.15-19); pero con el tiempo, ese amor fue creciendo cada vez más y más, al punto que lo amó tanto que también murió por Él.

La pregunta es: ¿Amamos a Cristo cada vez más y más…?


«El amor que sientes por Dios es la energía que te mueve para hacer Su voluntad»

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¿Cuán saludable es compartir con aquellos en pecado?

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1 Corintios 5:6-13

“No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad. Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.”

  1. Continuando con la necesaria exhortación de Pablo en referencia al hermano en fornicación, les hace mención que ya había hablado de ese tema en otra carta previa (1 Co. 5:9), y les pedía que ya dejen de compartir con ese hermano, pero parecería que no lo habían hecho.
  2. Aclara que la petición de la separación es específicamente con ese hermano, no con todo pecador, porque para ello tendrían que dejar el mundo (1 Co. 5:10). Lo que Pablo estaba haciendo era santificar a la iglesia porque era en ella donde estaba el pecado, en su interior (1 Co. 5:12, 13). Si en la masa estaba la levadura, entonces toda la masa podía ser leudada, y ese era el peligro (1 Co. 5:6-8).
  3. Y a la verdad ya estaban siendo afectados con la presencia de ese hermano, porque se habían envanecido con su accionar, lo que afectaba no solo la santidad de la iglesia, si no el testimonio de ella ante los demás (1 Co. 5:1).


Muchas veces se escucha que las personas no quieren asistir a las iglesias porque muchos de los que asistimos tenemos una vida desordenada; y en parte tienen razón de su queja, pero no de su necesidad de congregarse. No deberían dejar que esa excusa los aleje de Dios y de la salvación, aunque por ello la iglesia tiene responsabilidad también.

El testimonio de la iglesia debe ser tal que impacte favorablemente a una comunidad. Los integrantes de ella tienen que manifestar un cambio producido por un evangelio transformador. Pero muchos siguen viviendo una vida de pecado, y dan mucho que decir ante una sociedad que los observa con detenimiento.

Pablo pide a la iglesia en Corinto que no mantengan una relación con ese hermano, tanto por la santidad de la iglesia, como por el testimonio ante el mundo. No podría juzgar la iglesia al mundo cuando dentro de ella misma existe el pecado.

Muchas iglesias han descuidado la vida santa de los hermanos que asisten a ella. Tarde o temprano ese comportamiento se refleja en toda la iglesia, por esto se debe actuar pronto, llamando al arrepentimiento del hermano en pecado, o se tiene que tomar medidas disciplinarias.

El peligro de ese comportamiento liviano de la iglesia es que se pueda dar la impresión de que se aprueba esa conducta, por tanto, se permita que sigan en pecado. La separación del pecado y del pecador puede promover su arrepentimiento, pero si sigue rebelde, deja asentada ante el resto de la congregación y del mundo que ese pecado no es grato ante Dios. Siempre se debe buscar la restauración del hermano, pero si persiste, se lo debe excomulgar.

Y personalmente cada creyente también debe santificarse. De la misma manera como en la iglesia, cada creyente debe ser sabio en la manera como se relaciona con los hermanos en pecado. Cuando una persona persiste en el pecado rompe la comunión espiritual con los demás. (1 Jn. 1:5-8)

Cristo murió para santificar la Iglesia y presentarla santa y sin mancha (Ef. 5:27), seamos partícipes activos de esa purificación junto al Señor.


«Mantener la santidad de la iglesia honra a Aquél que la redimió con Su sangre y da testimonio de un Dios que transforma»

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¿Realmente será salvo?

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1 Corintios 5:4-8

“En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.”

  1. Pablo está tratando el mal comportamiento de un creyente en la iglesia, quien había entrado en el pecado de la fornicación con su madrastra, de la cual no se la nombra como creyente, antes se hace un especial trato con el hombre, dando a entender que él si había creído en Cristo. La disciplina se la imparte a “el tal”, y no a ella. (1 Co. 5:5)
  2. Pablo pide que este creyente sea sacado de la congregación y “sea entregado a Satanás” para que dé riendas a su carne en el pecado. El concepto aún se discute sobre lo que quiso decir, pero se podría expresar que se necesitaba sacarlo de la iglesia para que viva en el mal por falta de arrepentimiento.
  3. El apóstol nos dice que su carne podrá ser controlada por el pecado y utilizada por el maligno para alejar al creyente de la comunión con Dios, pero que su espíritu será salvo el día de su muerte. Tengamos presente que el día del fallecimiento de un creyente su cuerpo es el que muere y es enterrado, pero su alma y su espíritu van a la presencia de Dios: “a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.”
  4. Este creyente era parte de la iglesia, por eso se le pide que se lo saque de la comunión de la iglesia. Una persona entra a ser miembro de una iglesia cuando recibe a Cristo, y después es bautizado. Se debe sacar la levadura de la masa. (1 Co. 5:6-7)
  5. El énfasis de nuestra salvación es Cristo. Pablo trae a mención la Pascua, en la cual los judíos sacaban de la casa la levadura el primer día de la fiesta para hacer los panes sin levadura y participaban del cordero. Ahora Cristo es el Cordero sacrificado por nosotros, ya no necesitamos de otra pascua, pero si debemos honrar al Señor viviendo correctamente en nuestra relación “en Cristo”. Pablo al decir que “nuestra pascua… ya fue sacrificada por nosotros” expresa la obra completa y perfecta de Cristo (1 Co. 5:7). Su obra redentora fue hecha “una sola vez” y es suficiente para salvar a la persona que ha puesto su fe en el Señor. (Comp. He. 9:13 – 10:24)


Iniciamos recordando que el creyente consta de tres elementos que forman su ser: “espíritu, alma y cuerpo” (1 Ts. 5:23). El espíritu es el elemento que le permite al hombre a relacionarse con Dios, y que es regenerado el día de la salvación (Tit. 3:5). El alma es el elemento donde se depositan las emociones, la voluntad y el intelecto; es decir, la parte cognoscitiva de la persona. El cuerpo es en donde moran estos dos primeros elementos, pero donde reside también la naturaleza pecaminosa (Ro. 7:15-18).

El alma de una persona al morir es separada del cuerpo. El cuerpo es el que muere, pero el alma sigue viviendo, el alma es eterna. La resurrección de todo ser humano se espera para que el cuerpo vuelva a ser unido al alma y así enfrente la eternidad, sea en la presencia de Dios o separado de Él en la condenación o infierno. (Dn. 12:2)

El espíritu es la parte que nace muerta en el hombre a causa del pecado. El espíritu es la parte inmaterial del hombre que se requiere para que pueda relacionarse con Dios, y todos nacemos “muertos” espiritualmente en nuestros pecados, pero Dios nos da vida espiritual, o da vida al espíritu cuando por “gracia” recibimos vida por medio de nuestra “fe” en Cristo (Ef. 2:1-9). Así que solo el creyente tiene vivo estos tres elementos, uno material y dos inmateriales: Cuerpo, alma y espíritu respectivamente.

El creyente está asegurado en su salvación porque ella no depende sí mismo, sino de Aquel que lo salvó: Cristo. Al ser una obra de una vez y para siempre, la salvación es segura. Y es a esto a lo que se refiere Pablo cuando dijo que el “espíritu” de ese hombre será “salvo”.

La doctrina de la seguridad de la salvación siempre ha traído gran polémica dentro de la Iglesia. Pero si miramos al consejo completo de toda la Biblia podemos mirar que la redención nunca la obtiene el hombre, antes es un regalo de Dios dado por gracia, y si el hombre no la obtiene, entonces no tiene poder para perderla, pues la justificación no es dada por el cumplimiento de los mandatos de Dios, sino por la fe en Jesucristo (Ro. 3:20-28; Gá. 2:16-21).


«La salvación está segura en la perfecta obra de redención de Cristo, y no en la vida del creyente»

Ministerio UMCD

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