Disfrutando el nacimiento de Jesús

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Lucas 2:25-32

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.”

  1. Simeón era un hombre justo por su fe en Dios y en la promesa de un salvador (Hab. 2.4), creía las palabras de Dios comunicadas por los profetas acerca del Mesías, y vivía esperando su cumplimiento.
  2. El Espíritu Santo le reveló a Simeón que vería al Cristo, y un día, el Espíritu lo movió a ir al templo donde se encontró con Jesús y sus padres, hallando en ese momento el cumplimiento de su esperanza.
  3. Su oración al ver a Jesús, demuestra la fe y el gran entendimiento que tenía sobre el plan de Dios para la humanidad, también su estado de plenitud y paz gracias a que era testigo de la obra de Dios, y porque entendía que la salvación del mundo vendría a través de éste niño.
  4. Simeón declaró que Cristo sería luz para todo el pueblo gentil, es decir, para todos aquellos que no eran Judíos, porque ellos habían vivido en oscuridad debido a su falta de entendimiento de la revelación general de Dios y porque Su revelación específica hasta ese momento había sido dada solo al pueblo de Israel.

Simeón es uno de los ejemplos del gozo que debemos sentir en este tiempo de navidad por el amor que Dios tuvo por nosotros, que lo llevó a dar Su hijo para que fuera nuestro salvador y nos diera vida eterna.

Bien hizo Simeón al decir que éste niño era el autor de su paz, y que también sería el de la nuestra, una paz que trasciende el ámbito social y personal, y penetra a lo profundo, a nuestro estado espiritual. Jesús pagaría el precio por nuestro pecado, que es la verdadera raíz de nuestro temor y vergüenza, permitiéndonos vivir en paz con nuestro creador y Su creación.

Por esto fue que Simeón se refirió a Jesús como su salvación, porque Él cumpliría el plan de Dios de amar a sus llamados, declararlos justos (sin ninguna deuda que pagar ante el tribunal divino), y glorificarlos en la eternidad que les espera gracias a su obra por ellos.

Esa obra es la que trae luz a nuestros corazones y espíritus, es la luz que brillaría no solo para el pueblo Judío sino también para el resto del mundo, una luz que descubriría nuestro pecado, pero también el regalo de salvación qué hay en la sangre de Cristo, una luz que nos haría ver la realidad espiritual y el deseo de Dios por relacionarse con nosotros, que alumbraría el camino de nuestra vida para que vivamos conforme a Su propósito y le demos gloria a Él.

El regalo de la paz, la salvación y la luz es el que encarna nuestro Señor Jesucristo, un regalo maravilloso que miles de personas han deseado a lo largo de la historia, que Simeón pudo tener en sus manos y que tu y yo también podemos tener creyendo en Cristo y en su obra de salvación.

Pero Simeón también dijo algo muy importante, y es que Cristo, nuestro regalo de salvación, también es el testimonio de la condenación y la perdición de muchos que no lo acepten en su vida, porque siendo Cristo el regalo, cada uno de nosotros es responsable de aceptarlo o no, y aquellos que no lo hagan, tropezaran con Él mismo y caerán a la condenación eterna por preferir su orgullo y ser incrédulos, antes que humillarse y reconocer su necesidad del Salvador.

¿Hemos aceptado a Cristo como nuestro regalo, o no?


«Cristo encarna el regalo que Dios tiene para nosotros de paz, salvación y luz para nuestras vidas»

Ministerio UMCD

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Entre la pesca y la siembra

Proverbios 12:10-12

“El justo cuida de la vida de su bestia; Mas el corazón de los impíos es cruel. El que labra su tierra se saciará de pan; Mas el que sigue a los vagabundos es falto de entendimiento. CODICIA EL IMPÍO LA RED DE LOS MALVADOS; MAS LA RAÍZ DE LOS JUSTOS DARÁ FRUTO.”


Entre algunas de las cosas que disfruto mucho en mi tiempo libre es salir a pescar, aunque no lo hago tan a menudo como quisiera. Es una experiencia que demanda paciencia, conocimiento y técnica. Hay que esperar hasta que el pez sea atraído por la carnada; hay que saber qué tipo de carnada se requiere para cada especie; y hay que saber que técnica usar para que el pez deseado sea atraído por la carnada.

El problema es que muchas veces no tengo paciencia, no conozco bien el tipo de carnadas que se requiere para cada pez, y menos las técnicas. Una experiencia frustrante en muchos casos. A veces he visto pescar a otros con redes u otro “tipo” de técnicas que facilitan la pesca, pero que no la hace “tan deportiva”, es ahí cuando veo el resultado que se obtiene entre la pesca deportiva y la que no es, codicio y envidio y me dejo llevar por el deseo.

Sembrar es otra actividad que me encanta mucho, y en esta, cuando tengo tiempo si disfruto del proceso. Preparar el terreno, escoger la semilla, saber la fecha de la siembra para la apropiada cosecha y todo lo demás. Al final no me fijo en la cantidad de mi cosecha, sino en el fruto en sí que vino de ella. Es fruto de mi esfuerzo del cual me lleno de gran gozo.

Al leer este pasaje veo algo semejante en mi vida económica. Cuando quiero obtener “ganancias rápidas” lo que primero pienso es en la manera como las personas tienen sus riquezas a costa del beneficio de otros, estas personas que “echan sus redes” y obtienen ganancia en forma deshonesta. El pasaje dice que el corazón del impío es cruel, falto de entendimiento que busca ganar dinero de forma “fácil y rápida”, y que cuando mira la red de otro malvado la codicia. Es un perfecto ejemplo de mi vida cuando miro la prosperidad del impío y codiciando me pregunto del por qué yo no tengo “tanto”.

Pero también dice que el justo es una persona correcta en la manera que trabaja, cuida de sus pertenencias, trabaja con ahínco y que al final de su cosecha recibe el fruto “bueno” de su esfuerzo. Y eso es muy cierto, después de una ardua jornada de trabajo recibir el justo salario llena de gozo mi alma.

Eso me dice que existe una antítesis en mi vida: Cuando miro al impío y deseo sus ganancias y me quejo por las mías, quiere decir que estoy pecando llenando de envidia y codicia mi alma; pero cuando recibo el dinero de mi trabajo y lo disfruto agradeciendo al Señor por Su provisión estoy bendiciendo mi vida de gratitud y justicia glorificando a Dios por lo que me ha permitido ganar.

Señor, no me dejes mirar en las redes del impío, ayúdame a ver los frutos de mi esfuerzo, pues ahí es donde encontraré verdadero gozo y gratitud por Tu generosidad.


Salmos 37:16-17
MEJOR ES LO POCO DEL JUSTO, Que las riquezas de muchos pecadores. Porque los brazos de los impíos serán quebrados; MAS EL QUE SOSTIENE A LOS JUSTO ES JEHOVÁ.”

Inolvidable acontecimiento

Hechos 16:25-31

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. ENTONCES SOBREVINO DE REPENTE UN GRAN TERREMOTO, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, LES DIJO: SEÑORES, ¿QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO? ELLOS DIJERON: CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO, Y SERÁS SALVO, TÚ Y TU CASA.”


Los Movimientos Telúricos son movimientos de la tierra resultado de la liberación brusca de energía cuando chocan las placas tectónicas, o en general, cuando ocurre una reorganización brusca de materiales en la corteza terrestre. Estos eventos pueden crear grandes alteraciones sobre la superficie terráquea que afectan al terreno y todo lo que está sobre él, incluyendo al hombre. En forma general estos movimientos son sinónimo de tragedia.

En la Biblia existen varios ejemplos en los que representan el juicio de Dios (Números 16.28–34; 2 Samuel 22.8; Isaías 24.19–20); pero también hay otros que van acompañados con la obra misma de Jesucristo: Su muerte (Mateo 27:51), Su resurrección (Mateo 28:2), Su segunda venida (Zacarías 14:4-5). Para Pablo y Silas sería su liberación de la cárcel, pero para el carcelero de Filipos este inolvidable evento traería su salvación eterna (Hechos 16:25-32).

Mientras Pablo y Silas cantaban y oraban con fervor vino un “gran terremoto” que sacudió la cárcel. El carcelero, pensado que todos los prisioneros se habían escapado decide matarse, había una ley en ese tiempo que si alguien dejaba escapar a los prisioneros recibiría un horrendo castigo de muerte. Más Pablo, gritando a gran voz le pide que no se haga daño, que todos estaban ahí.

El tremendo horror por el terremoto y la idea de enfrentar la misma muerte, sea esta por el sismo o por el castigo que recibiría, le llevó a meditar sobre lo ligero de la vida y de la gravedad de la muerte. Tembloroso se pone a los pies de Pablo y Silas y les hace una angustiante pregunta: “¿qué debo hacer para ser salvo?”

La muerte nos puede llegar de muchas formas y en cualquier momento, y eso es inevitable. Lo que muchos de nosotros no pensamos, por descuido o temor, es en la muerte; y cuando la hemos visto de cerca es cuando realmente nos damos cuenta que no estamos preparados para ella. Ahí toda seguridad desaparece y la incertidumbre nos aterra. El carcelero quería saber que se necesitaba para ser salvo, había visto de cerca la muerte y eso lo asustó. Pablo le responde enfáticamente: “cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”.

Jesucristo vino a morir por nuestros pecados, Su obra en la Cruz y Su resurrección de los muertos nos puede brindar esa esperanza, pero para estar seguros que después de la muerte vayamos a la presencia de Dios debemos creer que no hay nada que nosotros podamos hacer y que nuestra sola fe en Jesús nos otorga el regalo de una vida eterna en la presencia de Dios (Efesios 2:8-9).

Usted no tiene que enfrentar un momento aterrador para recién pensar en la muerte, ésta nos llegará sea que pensemos en ella o no; pero lo que si podemos hacer es estar preparados para cuando esta llegue. Para estar tranquilo y seguro que después de la muerte veremos a Dios y no iremos al infierno (ESO ES SER SALVO) usted debe poner su fe absoluta en la obra salvadora de Cristo, pida que Él le salve. Recuerde que usted no puede hacer nada por sí mismo para ir al cielo porque su pecado lo está separando eternamente de Dios. Pida perdón por sus pecados y con fe haga una oración por su salvación.

«Señor Jesucristo, Tú moriste por mis pecados. Te pido perdón por pecar y me arrepiento de lo que he hecho. Te pido me salves de la condenación y me permitas entrar en Tu reino cuando muera. Hoy creo en Ti como mi Dios y mi Salvador».


Romanos 10:13

“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Hechos 16.26, 29-31

¡Hazme bien!

Salmos 119:17-20

Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra.
Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.
Forastero soy yo en la tierra; No encubras de mí tus mandamientos.
Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo.”


«Cierta niñita fue a visitar a su tía, que vivía en otra provincia. Un día ésta la encontró llorando.
—¿Qué te pasa, querida? —le preguntó.
—Tengo hambre, nada más —respondió la niña.
—No necesitas pasar hambre en la casa de tu tía —contestó ella.
A los pocos segundos volvió con una taza de leche y pan.
—No tengo hambre de estas cosas —dijo la niña—, sino de oír decir a mamita: “Ven, preciosa, un beso para mamita.”
¡Pobre pequeña nostálgica! Sus oídos estaban acostumbrados a los dulces tonos de la voz de la madre, y ninguna otra cosa la satisfacía.» (Lerín, A – 500 Ilustraciones)

El salmista pedía un bien, uno que sobrepasaba los deseos de muchos, que parecería simple, pero que en sí era más completo que todos. No pedía riquezas, no pedía salud, no pedía familia, no pedía trabajo; solamente tenía dos deseos, mismos que se complementan: La Vida y La Obediencia. “Haz bien a tu siervo; que viva, y que guarde tu palabra.” (Sal 119:17)

Aparentemente el salmista se encontraba fuera de su tierra, por lo que declara que era “forastero” en donde estaba (Sal 119:19). Por el contexto del pasaje se encontraba fuera de casa y rodeado de enemigos que lo acosaban todo el tiempo, anhelaba protección (v. 21-24). Para los que creemos en Jesucristo como nuestro Salvador sabemos que nuestra patria y nuestra eterna morada no es la tierra, sino el cielo (Ro 8:16-18; Fil 3:20). Nos encontramos siempre rodeados de peligros que quieren acabar con nosotros. Pedir protección y BUENA VIDA también es nuestra necesidad.

Pero si el pedir vida era todo entonces no estamos enfocados en nuestra representación como ciudadanos del cielo; vivir, pero con una vida obediente debe ser nuestra meta. Un comentarista, hablando del versículo 18, dijo que “quizás esta sea la SUPREMA ORACIÓN que podía pronunciar un estudioso de las Escrituras por cuanto confiesa la INCAPACIDAD del ESTUDIANTE y la SUFICIENCIA del AUTOR DIVINO, y creo que lo dice muy bien.

Para obedecer a Dios necesitamos tener un compromiso a obedecer (v. 17), una capacidad espiritual dada por Dios para entender Su voluntad (v. 18), y un deseo profundo de escuchar a Dios en “todo tiempo” (v. 20). Una vida de obediencia siempre estará colmada de otras bendiciones.

La niña extrañaba escuchar las palabras suaves de su mamá, el salmista tenía su alma quebrantada por anhelar escuchar las Palabras de su Señor en todo tiempo, ¿Cómo me encuentro yo?

Una vida bajo la protección de Dios y un espíritu obediente es un bien que todos necesitamos implorar.

«Dios, dame una buena vida, una que profundamente desee escuchar Tu Palabra para obedecer»


Jeremías 15:16

“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.”

Salmos 119.17 Anexo

Paz para el alma

Filipenses 4:6-7

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”


Hace varios años atrás tuvimos la difícil noticia que una amiga de la iglesia sufría de cáncer y estaba en el hospital enfrentando la quimioterapia. Después de varios meses ella enfrentó su último tiempo de esperanza en la unidad de cuidados intensivos. Con un miembro de la iglesia, que visitaba a nuestra amiga, fuimos a uno de los rincones del hospital para orar y pedir a Dios por un milagro de salud que traiga gloria a Su Nombre.

Después de derramar nuestro corazón a Dios por medio de la oración, Dios nos bendijo con una paz y fortaleza que sobrepasaba nuestro entendimiento. Para mi amigo y mi propia opinión, era claro que Dios había escuchado nuestra oración y por medio del Espíritu Santo nos ministraba con esa paz y fuerza que necesitábamos. En mi pensar, pensando que eso representaba una respuesta favorable a nuestra petición, nos acercamos nuevamente al cuarto donde ella estaba en coma. A las pocas horas falleció y nosotros estuvimos acompañando a sus familiares mientras ella dejaba de respirar ante nuestros ojos. ¿Qué pasó? ¿Dios no había escuchado nuestra oración? ¿No era esa paz sobrenatural una manifestación de respuesta favorable a nuestra petición?

Las preocupaciones, los afanes, y la incertidumbre afectan los pensamientos y las emociones de las personas. Este estrés puede afectar nuestra salud produciendo insomnio, problemas gástricos, afectar la presión arterial, entre varias alteraciones más que trastornan ya no solamente la emoción y la mente del hombre, sino su condición física (Sal 6:7; 77:2-6; 127:2). Toda tormenta trae destrozos, es por ello que Dios nos llama a presentar toda preocupación que tengamos ante Él en oración (Sal 55:1-17; 130:1-6; Fil 4:4-7; 1 Ts 5:16-18).

La oración es una herramienta fundamental en la vida del creyente pues nos ayudará a descargar nuestro afán ante el Único capaz de solucionar todas nuestras angustias (Fil 4:6); al orar a Dios encontramos las fuerzas que necesitamos para enfrentar las pruebas (Is 40:30, 31; 41:10); nuestra alma hallará descanso (Mt 11:28-30); y nuestra alma encontrará la paz que necesitamos (Fil 4:7).

Esa paz que Dios nos ofrece es un regalo al corazón afligido y temeroso. Todo nuestro ser se afecta ante la angustia, y Dios nos da esa paz que necesitamos para poder continuar nuestras vidas esperando en Él y anclando nuestra alma en medio de la tormenta para no ser abatidos y destruidos.

Pero la paz de Dios no es una respuesta favorable de un “SI” a nuestra petición, la paz es una condición que Dios otorga al hombre para que pueda continuar la prueba hallando en el Señor refugio, consuelo (Dt 33:27; Sal 18:2; 86:17). La paz es un favor que nos otorga tranquilidad sobre nuestras angustias.

En mi oración por la salud de mi amiga, Dios me brindo paz, no como un sí a mi petición, sino como un estado emocional y espiritual que me ayudó a enfrentar la prueba con tranquilidad y fortaleza, y así poder acompañar a nuestros amigos que veían a su familiar ir ante la presencia del Dador de vida, Dios.

Orar nos brinda paz, paz que requiere el alma para enfrentar la respuesta de Dios. Muchas veces Dios puede responder con un SI, y otras con un NO, pero Su paz siempre vendrá con Su respuesta.

«Gracias Padre por Tu paz otorgada al alma atribulada para poder esperar en Ti confiados cualquiera que sea Tu respuesta»


Salmos 91:2
“Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”

Filipenses 4.6, 7 Anexo

Carta escrita por Dios

2 Corintios 3:1-5

“¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios.”


Antes de la llegada de los teléfonos celulares, y más, de las comunicaciones telefónicas de larga distancia, los únicos medios que una persona tenía para comunicarse a larga distancia en forma privada eran las cartas y los telegramas.

Los telegramas eran mensajes cortos y concisos que no daba espacio a los detalles para expresar lo que se deseaba a los otros, pero las cartas en cambio aguantaban todo. En ellas se ponían con gran imaginación relatos curiosos de lo que pasaba mientras recordábamos a aquellos, que, por la separación física, no se hallaban a nuestro lado. Se decían los sueños y anhelos vividos, las preocupaciones y alegrías, la nostalgia de la ausencia y la esperanza del reencuentro. Vaya que escribir una carta es todo un arte.

También hay cartas de solicitud y otras de recomendación. Pablo, hablando sobre su ministerio y el endoso que tenía en cuanto a la autoridad dada por Cristo hacia él, expresaba a los hermanos de la iglesia en Corinto que ellos en persona eran esa carta de recomendación. Les dice con mucha confianza y cariño: “… Sus vidas son una carta escrita en nuestro corazón; todos pueden leerla y reconocer el buen trabajo que hicimos entre ustedes. Es evidente que son una carta de Cristo que muestra el resultado de nuestro ministerio entre ustedes. Esta «carta» no está escrita con pluma y tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente. No está tallada en tablas de piedra, sino en corazones humanos.” (2 Co 3:2, 3 NTV)

2 Corintios 3.3 Color


Pero si pudiéramos de alguna manera figurativa ampliar esa carta de recomendación escrita por Cristo en favor de la obra de Pablo, lo que pudiera decir sería algo parecido a esto:

«Las personas que se encuentra ante su presencia, son portadores en vida de mi recomendación en favor de mi siervo Pablo; todos ellos amados desde la misma eternidad. Yo, como Dios, los creé, les hice nacer, los puse en medio del seno de una familia para que sean alimentados y cuidados en su infancia y juventud. En un momento, cuando ya era tiempo, envié a mi recomendado Pablo para que, utilizando mi otra carta, mi Palabra, llegué a mostrarles cuanto los quiero, pero que lamentablemente habían pecado, y eso me separaba de ellos. Pero en mi misericordia infinita me entregué en la cruz para pagar por sus pecados. Al escucharme, entendieron de mi amor y fidelidad hacia ellos, y fue en ese momento que me pidieron perdón, por tanto, les he dado vida eterna. Estas personas que ven frente a usted son obra absoluta mía. Ahora, para que esto pase, he hecho uso de Pablo, que me ha sido útil para poder continuar con mi trabajo. Todo lo he hecho Yo. Ellos, a quienes todos ven, son la carta de recomendación del empeño fiel de Pablo que me ha servido con amor, siervo que me ha sido instrumento de mi obra. Tanto a ellos, como a mi recomendado Pablo, los amo infinitamente, y un día estarán conmigo siempre. Esto escribo, como certeza de mi obra en, con y por ellos. Atentamente: Cristo, su Redentor.»

El Señor ha hecho uso sabio y poderoso de siervos que, con fidelidad, le han servido. Demos gloria y gracias a Dios por aquellos siervos fieles.

«Señor, gracias por aquellos que te han sido siervos útiles en la obra que Tú sigues haciendo en nosotros»

1 Corintios 15:58

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.


2 Corintios 3.3 Anexo

El cielo es nuestro “fortísimo consuelo”

Hebreos 6:16-20

“Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.”


Guerras, desastres naturales, problemas financieros, enfermedades, pruebas familiares y personales, persecución, inseguridad social, problemas políticos en las naciones, accidentes, muerte, etc.; son tantas las maneras como en el mundo nos podemos encontrar inmersos en la desesperación, el desconsuelo, la preocupación. Parecería que no hay descanso para el alma del hombre. Siempre estaremos necesitados de consuelo.

Como personas expuestas a tanto infortunio, la necesidad de descansar es gigante. El mundo siempre nos presentará algún problema que requerirá consuelo, ¿dónde encontrarlo?

Jesucristo nos prometió que estaremos siempre ministrados por la presencia del Espíritu Santo para hallar consuelo (Jn 16:6, 7). Pero también nos dejó la seguridad de un destino eterno junto a Él “en la casa” del Padre, por lo que nos dijo que no debe turbarse nuestro corazón. (Jn 14:1, 2).

Los problemas en la tierra son problemas temporales, nada de lo que sucede aquí en la tierra es eterno. Ni una separación por una muerte o un divorcio, ni una enfermedad incurable, ni una dictadura de décadas, ni una incapacidad física permanente; ninguna de estas cosas son eternas, son temporales. Después de la muerte viene una eternidad en la presencia misma de Dios, prometida por Él y asegurada en Él y en Su Palabra (He 6:13-17). Su promesa de la vida eterna en el cielo es basada en nuestra fe en Cristo (1 Jn 5:9-13).

Basando nuestra eternidad en la fe en Cristo podemos enfrentar lo que nos acontece como algo temporal, y es esa seguridad de algo bueno al final lo que nos trae un “fortísimo consuelo”, anclando nuestra alma de forma segura y firme (He 6:18, 19).

Un día todo llanto, dolor, temor, preocupación, angustia, separación, etc., será consolado por el mismo Señor en Su misma presencia (Ap 21:4); mientras tanto veamos lo que enfrentamos como algo temporal que el mismo Señor ha permitido para ayudarnos a crecer, y que “ni la muerte… ni lo presente, ni lo provenir… podrá separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Ro 8:38, 39)

Pensar en el futuro eterno junto a Dios brinda “fortísimo consuelo” al alma atribulada.

«Dios, el sólo pensar que estaré ante Tu misma presencia consuela mi turbada alma»


Apocalipsis 21:4

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.”

Hebreos 6.18 Anexo

El verdadero regalo

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Isaías 9:6

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

  1. En ésta pasaje Isaias profetizó el nacimiento de Cristo 700 años antes de que ocurriera, dando detalles muy especiales de Él, presentándolo inicialmente como un niño que viviría y sufriría como nosotros, pero se mantendría santo para poder ser el cordero perfecto que sería sacrificado por nuestra justicia.
  2. El principado sobre su hombro hace referencia a la autoridad y poder que le serían conferidos por Dios para reinar sobre todo dominio y potestad (Mt. 28.18), hoy es una realidad a nivel espiritual, y con su segunda venida también lo será acá en la tierra.
  3. Isaias también nos da cinco nombres que identificarán a Cristo, y que nos dan una idea muy clara de su carácter y obra. El primero de ellos es Admirable, un nombre que ya conocíamos de Él (Jue. 13.18), pero que lo describe como alguien excepcional y muy distinguido, ¿y es que cómo no admirarlo, sí fue capaz de dar su vida en obediencia al Padre y por amor a nosotros?
  4. Su segundo nombre sería Consejero, porque estaría lleno de la sabiduría divina, de la verdad, sería el verbo hecho carne y la imagen de Dios.
  5. Dios fuerte y Padre eterno, porque sería Dios mismo, hijo de Dios, parte de la Trinidad, soberano y divino, con el poder de Dios, capaz de despojar a los principados y autoridades y de exhibirlos públicamente triunfando sobre ellos en la cruz (Col. 2.15), y derrotando a la muerte por medio de su resurrección (2 Tim. 1.10).
  6. Príncipe de paz, cuyo reino será uno de justicia, en el que la guerra y la rebelión no existirá, paz que no solo es una promesa sino también una realidad para quienes hayan creído en Él, porque la paz del corazón solo es realidad a partir de nuestra paz con Dios, que se obtiene solo cuando hemos sido reconciliados con Él a partir del sacrificio de este niño hecho Hombre.

Por todo esto es que recordamos en esta época el nacimiento de Jesús, porque su encarnación fue el cumplimiento de su promesa de estar con nosotros (Is. 7.14).

¿Cual es el verdadero significado de este tiempo de navidad?, es la conmemoración del mejor regalo que la humanidad ha recibido de parte de Dios: ¡Su Hijo!

En Él se encarnó la esperanza, la gracia y el amor, conocimos por medio suyo a Dios, escuchamos las buenas noticias de Su misericordia, somos consolados y liberados de la esclavitud del pecado para vivir una vida abundante en el Espíritu, que le alabe y honre en todo tiempo, y hallamos su descanso, junto con la promesa de resurrección y de ser revestidos con un vestido incorruptible y glorioso.

Este es el verdadero sentido de nuestra celebración, y debe ser el motivo de gozo diario que todo hijo de Dios debe vivir, porque nuestro espíritu no esta muerto, sino que gozamos de una vida eterna que trasciende nuestra naturaleza pecaminosa y nos hace estar más cerca del autor de todo, del alfa y el omega, del principio y el fin.


«La navidad es la celebración del mejor regalo que Dios nos ha dado»

Ministerio UMCD

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