Crónica de una promesa: “Su venida”

Génesis 3:14-15

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”


Muy poco tiempo pasó desde que el hombre engañado por la serpiente tomó del fruto prohibido y comió de él. Poco tiempo había transcurrido desde que el hombre se dio cuenta de su gravísimo error; y al darse cuenta de que la maldad había llegado a su vida, se percató de su condición y trató de “cubrir” su falta con hojas. Escondido, avergonzado, inmerso en la ignominia buscaba alejarse de Dios.

Tras los matorrales buscaba evitar encontrarse ante el Creador. Siente Su presencia, se agacha y calla. De repente escucha una voz: «Adán, Adán “¿Dónde estás tú?”» le dice Jehová (Gn. 3:9). El hombre, apenado y con temor le responde: «“Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”»(Gn. 3:10).

Así pasaron los primeros momentos después que el hombre había pecado. La serpiente, contenta con el mal causado, se debió haber regocijado del gran mal que había ingresado en el hombre y en la tierra (Ro. 5:12). Pero Dios, en Su infinito amor, con Su gran misericordia y paciencia llama a los autores de tan horrendo acto a juicio, y pasan uno por uno ante el Juez Soberano (Sal. 94:2).

Primero el hombre: Adán, al haber sido el responsable ante Dios de obedecer escucha la pregunta: «“¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”» (Gn. 3:11).

Segundo la mujer: Eva, al haber cedido ante el engaño de la serpiente, es interrogada: «“¿Qué es lo que has hecho?”» (Gn. 3:13).

La respuesta de ambos fue esquiva, buscaron evitar su responsabilidad completa incriminando a alguien más: «“La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”» – dijo Adán. Eva miró a su costado y dijo: «“La serpiente me engañó, y comí.”» (Gn. 3:12, 13).

El hombre había pecado, habían fallado el mandamiento de su Creador que con amor había provisto todo un jardín para ellos. Ambos, frente al Juez, se saben culpables, pero no comprenden la magnitud de su mal. Dios sabía que tenía que castigarlos, sabía que debía dar muerte a causa de su pecado; Él mismo en persona le había dicho a Adán: «“el día que de él comieres, ciertamente morirás.”» (Gn. 2:17). El hecho estaba consumado, el juicio se estaba dando, el castigo tenía que ser impartido: “MUERTE” decía en la sentencia.

Pero en medio del juicio, Dios llama al tercer implicado, la serpiente. Esta sabía muy bien lo que había hecho, sabía que había logrado con su cometido. En medio de su maldad se gozaba por el castigo que esperaba al hombre. Pero de repente, Dios en Su amor, declara con Justicia y Misericordia: «Sí, el hombre es culpable al igual que la mujer, pero para ellos hay esperanza, mientras que para ti no la hay» – le dijo a la serpiente. Continuando dijo: «Va a venir un Hombre, Santo y libre de pecado, nacerá de la mujer, pero este no será tentado ni sucumbirá ante el pecado; este Hombre, va a nacer para morir sustitutoriamente en la Cruz.» Mirando a la serpiente le dice: «La simiente de la mujer, este Hombre, “te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”» (Gn. 3:15).

En ese momento el silencio; esta respuesta no la esperaba el maligno. Dios había encontrado una forma Legal y Justa de librar al hombre de su pecado, tenía que enviar a un Salvador para que muera por el pecado del hombre. La serpiente se encuentra en ese instante derrotada; entendió que su maligno plan había fallado. Dios enviaría a un Hombre, a Su mismo Hijo, a nacer por medio de una mujer para que muera por el hombre pecador.

La historia cambio de inmediato de dirección, Adán y Eva hallarían en Cristo esperanza, Él mismo Jesús moriría por su culpa. Mientras que Satanás esperaría otro juicio, en el Calvario y ante la Cruz.>>

Navidad es recordar parte de esa Promesa dada por Dios en el Edén. El nacimiento de Jesús es la una cara de la moneda, y su muerte en la Cruz la otra. Sin las dos no hay cumplimiento total. Gracias a Dios, esa promesa se cumplió.

«A pesar del maléfico plan del maligno, detrás de todo ello, el Creador tenía preparado Su bondadoso plan de redención»


Gálatas 4:4

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, DIOS ENVIÓ A SU HIJO, NACIDO DE MUJER Y NACIDO BAJO LA LEY.”

Un regalo que disfrutarás para siempre

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Juan 11:25-26

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”

  1. Marta, la hermana de Lázaro, se enteró de que Jesús estaba en Betania y se presentó ante Él porque antes de que Lázaro falleciera, ella le había pedido a Jesús que viniera para hacer algo por la salud de su hermano, pero en lugar de hacerlo así, Jesús esperó dos días para partir hacia allá y llegó después de cuatro días de su muerte.
  2. Jesús le dijo estas palabras a Marta mientras le consolaba a causa de la muerte de su hermano, sabiendo que esta situación sería para la gloria de Dios.
  3. Como lo dijo Jesús, la muerte de Lázaro glorificaría el nombre de Dios de muchas formas y delante de muchas personas, en el caso de Marta, en su dialogo con Jesús, ella sería confrontada en su fe en Cristo y conocería que Él es la resurrección y la vida.
  4. Jesús se identificó como la resurrección y la vida, y afirmó que todo aquel que cree en Él, aunque esté muerto vivirá, estas palabras tienen la idea del estado de muerte espiritual de todos aquellos que no han creído en Cristo, pero aquellos que crean en Él vivirán espiritualmente, comprenderán las enseñanzas de Cristo y darán gloria de Dios.
  5. Así como por la fe nuestro espíritu es vivificado, todos los que vivimos y creemos en Cristo, no moriremos eternamente, sino que por su obra seremos resucitados para vivir eternamente con Él.
  6. La muerte de Lázaro sirvió para ejemplificar estas verdades; porque por medio de Cristo, él fue resucitado de entre los muertos, ilustrando que por la fe en Él nuestro espíritu vivirá y un día nuestro cuerpo muerto también cobrará vida.

¿Por qué es importante hablar de esto en el tiempo de navidad?, porque cuando celebramos la encarnación y el nacimiento de Cristo, necesitamos tener en mente el propósito de su vida acá en la tierra, y este hecho describe muy bien la labor que Cristo vino a cumplir entre nosotros.

Esa labor fue darnos vida por medio de la fe en Él, porque, aunque vivamos (físicamente hablando), nuestra vida no es vida mientras estemos muertos espiritualmente, la vida no consiste en ver pasar los días, sino en conocer a Dios y vivir para darle gloria.

Gloria que debemos darle mientras vivimos en nuestros cuerpos actuales, y también cuando recibamos nuestros cuerpos glorificados, por eso Jesús enseñó que Él era la resurrección, porque gracias a que Él resucitó, venciendo a la muerte y al pecado en la cruz, nosotros también seremos resucitados.

¿Cómo no celebrar el nacimiento de Cristo?, sí con Él, Dios se identificó con nuestro sufrimiento, se compadeció de nosotros, murió y resucitó para darnos vida eterna a todos los que hemos creído en su Hijo Jesús.

Todos los que hemos puesto nuestra fe en Cristo, podemos celebrar durante este tiempo ese día en el que Cristo nos dio vida, así como lo hizo con Lázaro cuando lo resucitó de entre los muertos.

Sí alguno no ha creído en Cristo aun, necesita hacerlo, porque la verdad es que está muerto y le espera una eternidad separado de Dios.

Que este tiempo de celebración tenga el enfoque correcto, que supere la superficialidad del mundo, y nos haga gozarnos en el mejor regalo que Dios nos entregó: ¡Su Hijo!


«Con el nacimiento de Cristo, Dios se identificó con nuestro sufrimiento, se compadeció de nosotros, murió y resucitó para darnos vida eterna»

Ministerio UMCD

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No más pagos

Hebreos 10:1-14
“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí… En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”


Imagine que usted se acerca a la compañía que provee el servicio eléctrico de su casa y encuentra en la puerta de la agencia un letrero que dice: NO MÁS PAGOS. Entonces, usted se acerca a la ventanilla de información para que le den explicaciones sobre ese anuncio, y en ese instante le expresan que la compañía ha decidido no volver a cobrar algún valor por el servicio eléctrico que da a sus abonados, pero para ello, se tiene que firmar un contrato en el que usted acepta y agradece por ese servicio gratuito. ¡Por supuesto que lo firmaría! ¿No es así?

Obviamente que nos encantaría hallar algo similar. En la Biblia encontramos una verdad que es completamente cierta y que brinda para siempre una condición, esta es la salvación o la vida eterna.

Mediante la ley otorgada a Moisés, Dios había ordenado que las personas que pecaren tenían que traer ante el sacerdote un sacrificio; este sacrificio, que correspondía a un animal, debía ser degollado y su sangre ser derramada ante el altar por el pecado de quien presentaba la ofrenda.

Esos sacrificios no podían perdonar los pecados, solamente era un recordatorio de haber pecado, pero no quitaba la culpa del hombre (He 10:1-4). El sacrificio era un registro ante Dios de que estaban conscientes de su pecado y que esperaban el perdón por medio de otro sacrificio, el de Cristo.

Ahora en Cristo, todos los que ACEPTAMOS por fe su obra de redención ya no estamos en deuda ante Dios. Dios ha registrado en las páginas de su Santa Palabra que el hombre puede ser perdonado de sus pecados y nunca más tener que preocuparse de la condenación si acepta esa cláusula: Aceptar que murió Cristo por todos sus pecados (Jn 3:16-18).

Hebreos 10.14 Color

La palabra “perfectos” no habla de impecabilidad nuestra o de una perfección terrenal de quienes aceptan la salvación por fe en Jesús, esa palabra habla de una posición de justicia imputada o suministrada por la obra de Jesús (Ro 3:22; Gá 2:16; Fil 3:8, 9). Cristo, al pagar por nuestros pecados ha pagado toda deuda, entonces, ya no hay más pago, pues la obra del Señor fue completa cuando Él fue sacrificado en la cruz y su sangre derramada por nuestros pecados (He 10:5-14).

Si usted quiere aceptar este contrato, por así decir, solamente tiene que reconocer su pecado, aceptar que no puede por méritos propios llegar al cielo, arrepentido pedir perdón, y aceptar por fe el sacrificio de Jesús como su Salvador. Dios quiere perdonar su deuda para siempre, firme ahora el contrato.

«Señor Jesucristo, gracias por Tu sacrificio que hizo perfecta mi justicia»


Romanos 3:22
“La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia.”

Hebreos 10.14 Anexo

Renovando hacia lo eterno

2 Corintios 4:16-18
“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este NUESTRO HOMBRE exterior se va desgastando, el INTERIOR NO OBSTANTE SE RENUEVA DÍA A DÍA. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; NO MIRANDO LAS COSAS QUE SE VEN, SINO LAS QUE NO SE VEN; pues LAS COSAS QUE SE VEN SON TEMPORALES, PERO LAS QUE NO SE VEN SON ETERNAS.”


Cada inicio del año trae consigo metas y anhelos. Todos nosotros tenemos deseos de cambiar y mejorar. Y sin duda, este nuevo cambio representa un reto, con buenas intenciones y loables deseos.

¿Pero, qué hacer para cambiar? ¿Entre tantas cosas que uno desea cambiar, cuales son necesarias, cuáles importantes, cuáles relevantes?

Sería inmensa la lista de cosas que podríamos anhelar. Tanto en lo emocional, lo físico, lo material, lo económico, en la salud, etc. Muchas pueden ser las áreas que pueden y deben ser cambiadas, pero sin duda ninguna tendría más importancia que el área espiritual.

Pablo nos expresa en este pasaje que su mayor anhelo fue el ir renovándose internamente, en el carácter cristiano. Una persona que no cambia espiritualmente es una persona que no ha puesto prioridades eternas en su vida. El deseo de Dios siempre será que el hombre llegue a cambiar (Fil. 3:12-16; Col. 1:9-12).

Debemos entender que la motivación más grande que tenía Pablo, y que lo expresa muy a menudo en sus Cartas, era que cada creyente vaya creciendo, ya que este cambio o crecimiento tiene un factor eterno (2 Co. 4:18)

Lo eterno tiene un significado que va más allá de lo que podemos ver. Al ser personas de sentidos, lo que vemos tiene más significado en nosotros; pero en la realidad al ser algo tangible puede ser temporal; y si es temporal, para que esforzarnos tanto.

Pensemos que nuestra vida aquí en la tierra es corta, y lo que hagamos en ella repercutirá eternamente, es por ello que Pablo consideraba ese cambio o “renovación” algo motivante (2 Co. 4:16). Él deseaba que ese cambio sea algo continuo y diario (“día en día”).

Iniciemos este año con una meta transformadora, posible, y de valor eterno. Hagamos de este nuevo año uno que revolucione nuestra vida para la eternidad. Pida a Dios a que le ayude a cambiar, a serle fiel, a amarlo, a amar Su Palabra y obedecerlo, a conocer más de la Biblia, a participar activamente en la Iglesia; es decir, cosas que vayan a afectar mi vida y la de otros para la eternidad.

Esta renovación que Pablo deseaba diariamente debe iniciar en un cambio espiritual, y este cambio no inicia hasta que no haya conocido a Cristo como su Salvador Personal. Si aún no lo conoce de esta forma, no podrá ser renovado.

«Dios, un nuevo año está por comenzar, y una nueva etapa en mi vida puede iniciar. Ayúdame a conocer a Tu Hijo y a Tu Palabra, y sólo así podré iniciar un cambio para este nuevo año»


2 Corintios 5:17
DE MODO QUE SI ALGUNO ESTÁ EN CRISTO, NUEVA CRIATURA ES; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

2 Corintios 4.16

Y la Luz vino al mundo

Juan 1:4-9

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.  Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.  Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.  AQUELLA LUZ VERDADERA, que alumbra a todo hombre, VENÍA A ESTE MUNDO.”


Cuando vivía en una finca trabajando en ella, una de las cosas que más apreciábamos era la luz. Al inicio, cuando visité por primera vez esa propiedad, no tenía servicio de electricidad pública. Todo lo que se hacía por las noches dependía únicamente de la luz de velas o de una lámpara para acampar que funcionaba a gas.

Recuerdo que una noche, a media noche, me desperté con sed y deseaba beber un poco de agua, sin una vela o una linterna en mis manos, pretendí ir a buscar a la cocina un poco de agua. Tan oscura fue esa noche que me tomó cerca de 10 minutos llegar a la cocina y encontrar, sin poder ver nada, un vaso y poder beber agua. Todo ese trayecto, desde la cama hasta la cocina, lo hice por medio del sentido del tacto, porque literalmente no podía ver ni siquiera lo que estaba en mis manos.

Un día, después varios meses de espera, y gracias al esfuerzo de la comunidad y la empresa suministradora de electricidad se pudo obtener el fluido eléctrico. Cómo cambio el panorama nocturno con la llegada de este servicio tan valioso.

Durante el tiempo de navidad recordamos la llegada de otra Luz al mundo. Esta Luz venía a iluminar al hombre que se encontraba inmerso en la oscuridad, no de la noche, sino de su propio pecado. Jesús, la Luz del mundo (Juan 8:12), venía para habitar en medio del hombre, y así iluminar espiritualmente el alma del hombre. Esta Luz también era necesaria para que el hombre pudiera encontrar esa fuente de agua que su alma requiere. Jesús, fuente de Agua viva (Juan 7:37-38), está al alcance de todos para saciar la sed espiritual en la que nos encontramos.

Dios, sabiendo la necesidad del hombre proveyó por medio de Jesucristo la luz que necesitaba para encontrar el camino al cielo; y por medio del mismo Jesús proveyó del agua que saciaría el alma sedienta. Navidad es el recordatorio de que un día la Luz vino al mundo y habitó entre nosotros para que podamos así ver nuestra necesidad y encontrar el Camino al Padre. Jesucristo es el único camino al Padre (Juan 14:6).

Así como esa noche oscura en la finca, donde mi cuerpo necesitaba de luz para encontrar el camino para hallar un vaso de agua y saciar mi sed; el hombre necesita de la Luz del mundo que nos ilumine el Camino al cielo y así saciarnos del Agua viva para no volver a tener más sed.

Si está a oscuras, no sabe a donde ir y tiene sed, es porque necesita de Cristo. Él quiere entrar en su vida y cubrir todas esas necesidades. En esta navidad Dios quiere darle el regalo de vida eterna y saciar todas sus necesidades. Acepte a Jesús hoy.

«Señor Jesús, entra en mi ser e ilumina mi vida; entra en mi alma y sacia mi sed; se Tú mi camino para llegar al Padre»


Juan 8:12

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: YO SOY LA LUZ DEL MUNDO; el que me sigue, no andará en tinieblas, SINO QUE TENDRÁ LA LUZ DE LA VIDA.”

No se desvíe

Romanos 16:17-20
“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos. Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo de vosotros; pero quiero que seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal. Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.”


Imagine que usted es uno de esos exploradores de hace 300 años atrás, tratando de descubrir una nueva tierra. Desea llegar a un lugar geográfico específico del que ha escuchado pero que no conoce como llegar ahí y ni existe señalización para llegar al destino. Antes de salir a esta aventura averigua un poco cómo llegar y le dan cierta información. Inicia su camino, talvez con cierta ayuda de alguien más, pero de repente se distrajo con alguna otra instrucción y toma el camino equivocado, y al llegar al final de ese equivocado camino se encuentra en un lugar distinto, pero cree que lo encontró. Más triste aún sería regresar a casa y creer que llegó al lugar sin saber que nunca fue. Creo que nadie quisiera estar engañado, creyendo que sucedió algo que nunca pasó.

En la realidad esta supuesta “idea de viaje” en nuestro conocimiento de la Palabra de Dios puede darse con muy tristes experiencias para quienes terminan llegando a una enseñanza errada en la doctrina.

Aunque la Palabra de Dios tenga poder y autoridad en Sí misma, muchos la utilizan y enseñan de Ella perversamente y de forma engañosa para apartar a los creyentes de la verdad y engañarlos con falsas doctrinas.

La necesidad de aprender apropiadamente de la Palabra de Dios es de gran valor en la vida de cada creyente. La mentira y el engaño están presentes desde el mismo inicio de la historia cuando Satanás apartó a Adán y Eva con una mentira de lo que Dios había dicho llevándolos a pecar. Jesucristo, mientras estaba en su ministerio, defendió mucho Su Deidad y atacó las falsas enseñanzas de los escribas y fariseos, llamándolos hijos “del diablo”, les reprendió por no decir y enseñar la verdad y no creer en Él (Juan 8:44-47).

Pablo nos describe en este pasaje (Ro. 16:17-20) en pocas palabras a los portadores de la mentira:

  1. Causan divisiones en las iglesias.
  2. Enseñan falsamente en cuanto al Evangelio de la Gracia de Dios.
  3. Buscan sus propios beneficios, sirven a “sus propios vientres”.
  4. Utilizan palabras sutiles para ingresar la mentira, engañando.

La Biblia nos recomienda:

  1. Estar alerta contra aquellos que quieren enseñar “algo distinto” dividiendo. (Mateo 24:24)
  2. Que nos apartemos de, o los apartemos, a quienes enseñan falsamente. (Romanos 16:17; 2 Juan 1:10)
  3. Escudriñemos las Escritura para comprobar lo que escuchamos. (Hechos 17:10-11)
  4. Seamos sabios escuchando y aprendiendo prudentemente de las personas que solamente enseñan la verdad. (Hechos 18:24-26)
  5. No demos cabida a la mentira, pues ella nos puede engañar y apartar de la verdad. (1 Tesalonicenses 5:21-22)

Dependemos de la obra del Espíritu Santo para aprender y ser sensibles a la verdad, pero es nuestra responsabilidad estar atentos a la aparición de aquellos que nos quieren enseñar falsamente. Sea sabio apartándose de la falsa enseñanza y busque con diligencia la sana doctrina.

«Señor, ayúdame a estar atento solamente a la verdad de Tu Palabra»


2 Juan 1:10
“Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!

No es para que lo lleve solo

Mateo 11:28-30

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.


El pecado es uno de los pesos más grandes que pueden afligir el alma de una persona. La responsabilidad que conlleva, acompañado de las consecuencias que acarrea, puede socavar las expectativas de una vida plena en Cristo.

Nuestro Señor vino a ofrecernos una vida, y una en abundancia (Jn 10:10). Son el pecado, las maquinaciones del enemigo, y un mundo lleno de dificultades y tentaciones; lo que hacen que una persona caiga en las ataduras del pecado.

Además, las religiones nos llenan de tantos ritos, mandamientos de hombres, y falsas expectativas, que hacen que un corazón sincero de la búsqueda de la divinidad no alcance a lograr lo que tanto anhela el alma: La paz con Dios.

El pecado que mora en nosotros tiene un poder tremendo en cada uno (Ro 7:7-23), haciendo que literalmente restringa en gran manera al hombre de lo que pudiera hacer para liberarse de él. Pero no es imposible, es ahí donde la esperanza y las grandes posibilidades se ponen ante el alma del corazón afligido y abrumado por el pecado.

El yugo es un madero que une a dos animales grandes para el desarrollo de faenas agrícolas especiales. Generalmente se utilizan dos animales de la misma especie y del mismo tamaño para compensar la fuerza del trabajo y aligerar la tarea del labrado.

La invitación de Cristo es para que traigamos nuestra tarea de enfrentar al pecado y nos pongamos a manera de “yugo” con Él para que podamos trabajar juntos. A diferencia del yugo agrícola, este yugo espiritual tiene como compañero al mismo Cristo, Quien, con su inmenso poder y amor nos ayuda día tras día a enfrentar el pecado y hacer menos pesada la carga de librarnos de tan tormentoso enemigo.

Mateo 11.28, 30 Color

La consecuencia más tormentosa que tiene el pecado es el infierno. La paga del pecado es muerte eterna en un lugar de tormento, y Jesús ofrece la liberación de tal indeseado castigo por medio de Su muerte. A quienes reciben por fe a Jesús como su Salvador, Dios les ofrece vida eterna como una “dádiva” (Ro 6:23).

Ya sea a quién tenga temor de enfrentar la condenación, o sea que, ya siendo salvo, no pueda liberarse del pecado, Jesucristo está extendiendo la invitación a venir a Él para que halle “descanso” para el alma, porque Su “yugo es fácil, y ligera” Su “carga” (Mt 11:29, 30). ¡Acepte hoy la invitación del Señor!

«Jesucristo, ya no puedo más con el pecado que me atormenta, líbrame de esta esclavitud y dame Tu salvación»


Romanos 7:24, 25 (NTV)

“¡Soy un pobre desgraciado! ¿Quién me libertará de esta vida dominada por el pecado y la muerte? ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor…

Mateo 11.28, 30 Anexo

Demos a conocer nuestra gentileza

Filipenses 4:4-7

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”


¿Es usted de quienes se altera o enoja fácilmente cuando se encuentre en medio de las dificultades? Si es así, bienvenido al club.

Los problemas producen tensión en las personas. Los niveles de irritabilidad se elevan a medida que los problemas aumentan o se agudizan. La inconformidad, la frustración, la poca paciencia, el dolor, y otros factores incrementan la posibilidad de tener ira. La ira siempre será una reacción secundaria expresada a causa de algo interno que lo generó.

Pero sabemos que la ira humana no nos lleva a nada bueno (Stg 1:20). Pablo, alentando a los hermanos en Filipos, les recuerda que cuando nos encontramos en medio de las dificultades podemos regocijarnos en el Señor (Fil 4:4), sabiendo que todo lo que nos pasa está bajo el control soberano de Dios, y que ha sido Su voluntad que tengamos que pasar por esos momentos difíciles, sea que nosotros los hayamos provocado (PECADO) o que estamos bajo el efecto de algo ajeno a nuestros actos o voluntad (PRUEBA).

También les recuerda que si tenemos algún problema, debemos acudir a Dios en oración para que presentemos nuestra necesidad e inconformidad. No es malo hablar a Dios de nuestros problemas o sufrimientos, aunque sea a manera de una queja; lo que estaría inapropiado es reprochar a Dios o reclamarle. Al contrario, nos dice que presentemos nuestros afanes y que demos gracias por permitir esto en nuestras vidas, pues Él sabrá porqué estamos enfrentándolo (Fil 4:6).

Filipenses 4.5 Color

Cuando nos regocijamos en Dios y oramos, el Señor ministrará nuestras vidas dándonos paz a nuestro corazón, y será esta paz la que nos ayudará a cambiar la ira por tranquilidad, el ser groseros por gentileza. Es posible ser gentil en medio de los problemas, lo que pasa es que no es algo natural cuando estamos irritados o atribulados. La gentileza es un carácter que debe ir creciendo con la madurez y será producido sobrenaturalmente en las dificultades por el Espíritu Santo (Gá 5:22, 23).

Dios desea que seamos gentiles (Fil 4:5a), no importa las circunstancias; y más aún cuando estamos enfrentando problemas. Una sonrisa gentil, un saludo amable, y una respuesta afable siempre serán bien apreciadas. Y no olvidemos, nuestra esperanza de la venida del Señor nos puede dar el aliento que necesitamos para continuar con gentileza y paciencia hasta que estemos ante Su presencia (Fil 4:5b).

«Cristo, quiero ser más como Tú, forja en mi Tu carácter»


Tito 3:2

“Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.”

FIlipenses 4.5 Anexo