Aprendiendo de experiencia ajena

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1 Corintios 10:1-6

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.”

  1. Pablo había estado hablando del esfuerzo que cada creyente requiere al vivir una vida disciplinada para agradar al Señor, mientras camina predicando el evangelio (1 Co. 9:24-27); y continuando con esa enseñanza introduce lo sucedido al pueblo de Israel para que aprendamos de ellos.
  2. Pablo utiliza la ilustración de la liberación, guía, protección y provisión que ellos tuvieron para que miren la gracia y la misericordia del Señor al liberar a los israelitas de Egipto (vv. 1-4).
  3. Pero les recuerda que a causa de la desobediencia, incredulidad e ingratitud, ellos rechazaron al Señor y a Su voluntad, y por ello muchos murieron; y que unos pocos recibieron la promesa, eso es: Josué, Caleb y todos los varones menores de 20 años a la fecha de la declaración del castigo (v. 5; Comp. Nm. 14.28-30).
  4. “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros” dice Pablo (v. 6), llevando a reflexionar a los lectores para que recordemos que no solamente está nuestra responsabilidad de agradar a Dios, sino que la desobediencia a ello puede traer graves consecuencias.


La Biblia habla mucho de la persona sabia, y nos recuerda que una de las características del sabio es aprender del consejo de otros y mirar su propio camino para reflexionar en él (Pr. 1:5; 8:33; 9:9; 14:8). El sabio además mira el comportamiento de otros, y tomando consejo actúa prudentemente (Pr. 6:6; 13:20). Y lo que Pablo nos enseña en estos versículos es un consejo sabio: «Miren el ejemplo del pueblo israelita, analicen como les fue a ellos, y tomen medidas necesarias para que sus vidas no terminen como la de ellos».

Cada uno de nosotros tenemos una vida por delante, y a cada paso que damos estamos bajo la presencia de un Dios que lo ve y juzga todo.

Si deseamos tener una vida buena, llena de bendiciones y bajo la protección del Señor, tenemos que vivar agradándole en obediencia, como una muestra de nuestro agradecimiento y reconocimiento por todo lo que ha hecho por nosotros.

Al igual que Israel, todos los creyentes hemos sido liberados del pecado por la misericordiosa bondad del Señor. Por Su gracia hemos recibido lo que no merecíamos, y tenemos la seguridad de que estaremos en Su presencia el día que partamos de este mundo. Pero mientras ese día llegue, ¿por qué no vivir consagrados a Él?

El Señor nos está dando un ejemplo del resultado de la obediencia y la desobediencia. Sabios seremos si aprendemos del ejemplo ajeno y tomamos los correctivos en nuestra vida para hacer lo que traerá bendiciones.



«Si desea aprender principios de vida, la Biblia tiene cientos de páginas llenas de muy buenos ejemplos»

–Ministerio UMCD–
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La enfermedad, para la gloria de Dios

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Juan 9:1-3

“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”

  1. En la vida no existen las coincidencias Dios tiene control de cada suceso de nuestra vida, y en la vida de Jesús fue igual, no fue coincidencia que Él se encontrara con este hombre ciego de nacimiento, Dios tenía un plan y unió sus destinos para cumplirlo.
  2. El dolor y sufrimiento de este hombre son un ejemplo de la maldad, corrupción y quebrantamiento que experimentamos en el mundo, y esa realidad demuestra el poder maligno que tuvo la caída del hombre en el destino de la humanidad.
  3. En la época de Cristo existía una creencia que afirmaba que la enfermedad, la esterilidad o la pobreza eran una consecuencia del pecado, por eso los discípulos le preguntaron al Señor Jesús ¿quién había pecado en este caso?
  4. Pero la respuesta de Jesús deja clara una nueva razón para entender la enfermedad en algunas personas: la gloria de Dios.
  5. Y con la vida de este hombre se nos recuerda que Dios es soberano y tiene el poder y derecho de hacer cualquier cosa que Él considere. Que Él busca nuestra adoración porque nos creó para que le adoremos con todo nuestro ser.


Dios a veces permite la enfermedad para su gloria, para demostrar en el mundo su poder, para que comprendamos que para Él no hay nada imposible.

En este caso, Cristo terminó sanando al ciego y demostrando con ello que Él era Dios, era el enviado, el Cristo, el hijo de Dios, para que todos los que lo vieran creyeran en Su Nombre.

La experiencia de Job con la enfermedad es otro testimonio que refleja esta verdad (Job 2:3-6). En ese momento, Dios se estaba gozando en la vida de Job porque había mostrado que le amaba por encima de todo, y lo hacía con toda su alma, corazón y fuerzas; y ésa era una buena oportunidad para hacer resplandecer la vida de un hombre fiel a Dios delante del mismo Satanás y de todas sus fuerzas satánicas.

Así, Dios permitió la enfermedad de Job para su gloria aunque también lo haría para moldear su carácter.

Hoy en día las enfermedades que Dios permite son para su gloria, sirven como un ejemplo perfecto de su poder y son para adorarlo únicamente a Él.

John Piper comenta: “Decir que Dios gobierna sobre todo significa que Él es soberano. Su soberanía implica que Él puede hacer, y de hecho hace, todo lo que quiere y decide hacer […] Él sí nos aflige, pero no porque sea de Su agrado. Pienso que eso significa que, aunque hay aspectos de Su carácter (Su corazón) que hacen que se incline a no afligirnos, hay otros aspectos de Su carácter que demandan la santidad y rectitud de afligirnos. Él no es indeciso. Hay una belleza y una coherencia perfecta en la forma en que cooperan todos Sus atributos. Pero Él también es complejo. Su carácter se parece más a una sinfonía que a la interpretación de un solista. Así que cuando digo que la soberanía de Dios significa que Él puede hacer, y de hecho hace, todo lo que quiere y decide hacer, me refiero a que no hay ninguna fuerza externa a Él que pueda impedir o frustrar Su voluntad. Cuando Él decide que algo suceda, sucede. O para decirlo de otra forma, todo sucede porque Dios quiere que suceda”. (J. Piper. 2020. Coronavirus y Cristo. Página 38. Poiema publicaciones. Illinois.)



«Algunas veces Dios permite la enfermedad para su propia gloria, para demostrar en el mundo su poder»

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Una posibilidad ante la enfermedad

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Salmos 32:3-4

Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.

Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano.”

  1. Este es uno de los salmos en los que el Rey David trata con su pecado, el otro es el Salmo 51, y se cree que el pecado que originó estas confesiones fue el adulterio que cometió con Betsabé. (2 S. 11 – 12)
  2. Con estas palabras David asevera que hubo un tiempo en el que decidió callar su pecado, ocultarlo y no evaluar su conducta para no tener que ser confrontado por su conciencia.
  3. Pero en medio de ese silencio pecaminoso, David menciona en estos salmos que su cuerpo enfermó como consecuencia de su pecado y del endurecimiento de su corazón.
  4. Que Dios ejerció sobre él gran presión, muy probablemente a través de la enfermedad, para que reconociera su pecado, se arrepintiera y lo confesara.
  5. Y termina usando una metáfora natural para indicar el nivel de dificultad y sufrimiento que vivió a causa de su pecado.


Hay varios ejemplos bíblicos que muestran que el pecado tiene la capacidad de producir dolor y enfermedad en nuestras vidas.

La historia del Rey David es uno de ellos, luego de que él fuera confrontado por su pecado, en el Salmo 51:8 escribió: “Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido.”

El libro de Romanos dice que la paga del pecado es muerte, y esa es una ley espiritual que está vigente en el mundo, porque el pecado nos separa de Dios, de su gracia, endurece nuestro corazón, encallece nuestra conciencia, entristece al Espíritu Santo y limita nuestra capacidad espiritual para enfrentar las adversidades del mundo.

Aunque la misericordia de Dios es muy grande y Él no nos paga conforme a nuestra maldad, tenemos que ver el pecado como Dios lo ve, Él lo odia, lo rechaza, siente repugnancia ante él, y es el centro de todo su furor y castigo; no podemos vivir pecando como si fuera algo normal o sin consecuencias.

Que Dios no nos consuma por nuestro pecado no significa que no exija un pago muy costoso por él.

Dios permite la enfermedad como consecuencia del pecado, porque es un instrumento divino para humillarnos y hacernos rendir a sus pies y a su santidad; para que lo confesemos, nos arrepintamos y vivamos conforme a su voluntad.

Como nota de balance, esto no significa que siempre qué haya enfermedad sea consecuencia del pecado, si bien es una posibilidad, Dios también permite la enfermedad en nuestras vidas por otras razones.

La buena noticia, es el evangelio, es que como lo dijo David en los versos 1 y 2 del Salmo 32, podemos ser bienaventurados, sumamente gozosos, cuando hallamos en Jesús el perdón por nuestros pecados, su sangre paga nuestra culpa y cuando creemos en Él y en su sacrificio, Dios nos da la justicia de Cristo y somos vistos sin pecado ante los ojos de Dios.



«A veces Dios permite la enfermedad como consecuencia del pecado»

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Participando apropiadamente

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1 Corintios 9:24-27

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”

  1. Pablo termina el capítulo 9 hablando sobre la libertad que tiene en Cristo (vv. 17-23), libertad de la condenación por medio de la fe en Jesús (Ro. 8:1), libertad que también nos ha traído independencia del pecado, pero que está última está condicionada a nuestra separación del pecado para no volver a ser esclavo de él, antes, siervos para Dios (Ro. 6:11-18); y así cumplir la meta de evangelizar sin ataduras para no ser “ser eliminado” (v. 27) y poder obtener así “el premio” (v. 24).
  2. Como creyente, Pablo tenía la responsabilidad de modelar una vida de santidad (v. 27), la que requería disciplina y abstinencia para cumplirla con cabalidad. Para esto utiliza la figura de un atleta que corre en el estadio, y que para ganar se prepara con ejercicio y condicionamientos propios que le ayudaran a obtener la mejor condición para ganar. (vv. 24-26)
  3. La tarea de ser “heraldo” o pregonero del evangelio tenía que ser acompañada de una vida digna de tan privilegiado encargo recibido por Dios, para no ser descalificado a causa de una vida inapropiada que no vaya alineada con tan hermosa tarea.


Muchos dicen que el mejor evangelio que muchos podrán presentar a otros es el testimonio propio de una vida santa que demuestre el cambio que Dios puede hacer en cada creyente arrepentido, y esta verdad tiene mucho de cierto.

Hay una gran cantidad de personas que no se acercan a escuchar el evangelio porque miran en la vida de creyentes una vida desordenada, atada a pecados que los descalifica por un testimonio pobre que no representa realmente el poder del cambio que el Evangelio y la Palabra de Dios puede dar al creyente.

Además, cuando un creyente está en pecado, su vida espiritual se ve afectada por la falta de comunión con Dios y el poco poder que el Espíritu Santo puede ejercer en ese creyente, porque vive influenciado más por la carne que por el Espíritu.

Por esto Pablo nos exhorta a buscar la diciplina espiritual con el propósito de correr no solo nuestra vida cristiana en santidad, agradando a Dios; si no que esta disciplina nos ayudará a ser mensajeros calificados del evangelio, quienes brindan un testimonio digno del mensaje de redención por la fe en Jesús.

Todos debemos ser buenos atletas para el Señor que corremos “en el estadio” de esta vida frente a un público que mira detenidamente nuestro desempeño apropiado, y de esta forma poder llevar el evangelio a toda persona sin que el pecado nos descalifique.



«Un creyente, al igual que un atleta, requiere de una vida de disciplina para poder correr dignamente mientras llevamos las Buenas Nuevas de Jesús a un mundo que mira nuestro testimonio»

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La causa es ganar a uno

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1 Corintios 9:19-23

“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.”

  1. En este momento Pablo, continuando con la “necesidad” de predicar el evangelio (v. 16), explica a los corintios que su deseo más profundo era buscar maneras de alcanzar al mayor número de personas con el evangelio (v. 19).
  2. Cada persona está atado a tradiciones y normas religiosas que sus creencias le han impuesto. Esto genera un patrón de vida que difiere en sus apreciaciones morales o conductas. Pablo estaba dispuesto a adaptarse a ellas (sin caer en pecado o quebrantar una norma de Dios) con el propósito de ganar a los que eran judíos (“sujetos a la ley”), a los gentiles (“están sin ley”), o aquellos que eran demasiados escrupulosos, sensibles a muchas normas que creían eran causa de inmoralidad o que expresaba una conducta inapropiada para ellos (“débiles”). (vv. 20-22)
  3. Pablo, al hablar de los judíos o gentiles en este pasaje, se refería hacia ellos como quienes guardaban la Ley de Moisés o quienes no. Debemos recordar que la Ley había sido dada a Israel por medio de Moisés, mientras que los gentiles la desconocían, y ahí hace esa diferencia entre quienes guardaban la ley y los que estaban sin ley.
  4. Pablo se adaptaba culturalmente a cada grupo con el deseo profundo de poder llevar el evangelio a todos y así poder cumplir la tarea impuesta, y mirar los frutos de tan hermosa labor, la salvación de los nuevos creyentes.


En un mundo cada día más cosmopolita, la necesidad que cada creyente mire a las personas que están sin Cristo como un alma sin esperanza, debe llevarnos al deseo de querer adaptarnos, dejando nuestras tradiciones o apreciaciones, para poder compartir el evangelio con aquellos que no conocen a Jesús.

Pablo, estaba inmerso en una sociedad que era muy variada culturalmente. Diferentes idiomas, diferentes nacionalidades, diversas tradiciones, distintas religiones y normas morales. En medio de tanta diversidad, Pablo buscaba siempre adaptar su estilo de vida, sin dejar de honrar a Dios, con el propósito de llevar el mensaje de las Buenas Nuevas al perdido.

Actualmente, muchos países, o casi todos, han visto una migración generalizada de personas de todo continente y cultura viviendo dentro de su territorio. Aún, dentro de cada país vemos que existen grupos étnicos diversos a la mayoría de la población. La iglesia, y sobre todo cada creyente, debe mirar a esas personas como son, personas perdidas y sin Cristo, y buscar la manera de adaptarse para poder de esa forma evangelizarlos.

Lo que necesitamos es desear adaptarnos y sumergirnos en esas diferencias para poder comprender sus perspectivas y de esta manera hallar formas de llevarles el evangelio en medio de sus normas. Alguien dijo alguna vez: “Nadie cruza barreras culturales para conocer el evangelio”. Lo que este pensamiento quiere decir es que una persona que no es creyente no deja sus creencias o tradiciones para conocer de Cristo. Por lo tanto, nosotros, quienes tenemos el mensaje de Cristo, debemos cruzar esas barreras y adaptarnos para llevarles las Buenas Nuevas.

¿Qué va a hacer para llevar el evangelio a aquellos en su comunidad que son diferentes? ¿Cuán dispuesto está a adaptarse para que otros conozcan la verdad que ha cambiado su vida?



«Las barreras culturales deben ser cruzadas por el creyente para poder llevar el mensaje a aquellos que piensan o viven diferente, y que están sin Cristo»

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No es iniciativa nuestra

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1 Corintios 9:14-18

“Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio.”

  1. Pablo aclara que su deseo de escribir sobre el sustento que la iglesia debe brindar en favor de aquellos que sirven predicando el evangelio no era para beneficio propio (vv. 14, 15), sino que estaba defendiendo su posición dentro de la iglesia; pero si deseaba dejar claro que esa enseñanza era correcta para dejar pautas de como se debe llevar la vida de la iglesia y el sostenimiento de quienes sirven. (vv. 7-14)
  2. El apóstol había predicado el evangelio entre los corintios de manera libre y sin necesidad de exigir sustento, antes, él estaba muy gozoso que pudo hacerlo de forma gratuita y proveyendo su propio sustento con el sudor de su frente, y en ello se gloriaba o regocijaba. (v. 18)
  3. Pero en lo que no podía gloriarse era en ese impulso que tenía de predicar. Dios era quién le había dado esa orden, y sabia que estaba impulsado hacerlo bajo la iniciativa del Señor. La predicación del evangelio no había sido idea suya, sino un mandato de Dios. (vv. 16, 17)


Todo creyente debe entender que la predicación del evangelio debe ser llevada a cabo porque es una obligación que tenemos que cumplir ante Dios. A lo largo de la Biblia vemos una y otra vez que nos ha sido dada la responsabilidad de predicar “el evangelio a toda criatura” (Lc. 16:15). Esta responsabilidad nos debe impulsar a cumplirla a cabalidad.

Pablo afirmaba que no había sido idea propia el tener que hablar de Cristo a quienes no sabían del Señor, antes el mismo Jesús lo buscó para darle esa tarea (Hch. 9:6, 15-17). Lo que había dentro de Pablo era un impulso muy fuerte que lo alimentaba para cumplir esa tarea con diligencia. Y es por ello que les dice a los hermanos de Corinto que no había buscado solicitar apoyo económico porque su motivación no era el sustento, sino el cumplimiento del mandato divino.

Si bien, no todos los creyentes llegan a ser ministros llamados por Dios para servir como pastores o misioneros, y a los cuales la iglesia sí debe sustentarlos económicamente para que lleven a cabo su tarea con libertad y responsabilidad; todos los creyentes sí tenemos la responsabilidad de llevar el mensaje de las buenas nuevas de Cristo indistintamente de cuál sea nuestra función dentro de la iglesia.

Una “comisión” nos “ha sido encomendada”, y es nuestra responsabilidad de hacerlo de “buena voluntad” (v. 17), la de hablar de Jesús y del deseo de Dios de salvar a todo aquel que ponga su fe en el Salvador.

¿A quién va a hablar de Cristo hoy?



«El Señor nos ha dado una tarea, la de evangelizar; y este mandato debe impulsarnos a llevarlo a cabo inmediatamente con buen deseo, para cumplir con la voluntad de Dios»

–Ministerio UMCD–
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Velando por Sus siervos

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1 Corintios 9:1-14

“¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor. Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.”

  1. Pablo entrará en todo este capítulo 9 a defender su apostolado expresando cuales son sus derechos, sus necesidades, su obligación y sus esfuerzos.
  2. Posiblemente en la iglesia en Corinto habían llegado algunos a negar la autoridad de Pablo, y para su defensa expresa que lo que hace es por voluntad propia, reconociendo que tiene una función en el reino que cumplir dada por el mismo Cristo cuando Él se le manifestó (v. 1) camino a Damasco (Hch. 9:1-19); y que la prueba de la obra de Dios a través de él son los mismos creyentes en Corinto (v. 2).
  3. También les menciona que ellos tienen necesidades como todo hombre de alimento y de tener una familia como los otros apóstoles (aunque Pablo era soltero), y que por ello tiene necesidades que deben ser cubiertas. Su trabajo era el servir a Dios, y que por ello tenía el derecho a recibir un sustento económico. (vv. 4-6)
  4. Utilizando ejemplos de la vida les recuerda que todo trabajo debe dar frutos, y que tiene derecho a tomar de los frutos de su esfuerzo (vv. 7, 11). Y menciona a lo dicho por Moisés para mostrar que desde el A.T. estaba establecido ese derecho (vv. 8-10, 13; Comp. Dt. 25:4; 18:1).
  5. El Apóstol no había hecho uso de su derecho para evitar ser “obstáculo al evangelio” (v. 12), pero sí les indica que el mismo Señor Jesucristo había hablado de ello (v. 14; Comp. Mt. 10:10; Lc. 10.7).


Cada creyente debemos estar agradecidos por aquellos pastores y misioneros que han servido al Señor, y por medio de quienes Dios nos ha bendecido con sus vidas, cuidados y enseñanzas. A la verdad, todos nosotros somos el resultado de amor y esfuerzo de algún siervo de Dios que ha dado de su tiempo y amor para que nosotros podamos conocer a Dios y a Su Palabra, y crecer en Él.

Muchos de los siervos dejan atrás su trabajo, sus anhelos de vida, inclusive sus familias y lugares de nacimiento, con el propósito de servir a Dios, aún a costa de las comodidades de ellos mismos y sus familias; todo por amor a la obra de Dios y a quienes llegan ellos a servir.

Nuestra obligación moral es velar por los intereses de ellos, cuidándolos para que no les falte nada. Pero es muy triste que ese esfuerzo sea en muchos casos pobremente reconocida. Pablo menciona en otra parte del N.T. que los siervos de Dios que sirven apropiadamente deben ser “tenidos por dignos de doble honor” (1 Ti. 5:17), es decir, reconocidos más dignamente por su trabajo de responsabilidad y honra.

¿Cómo su iglesia reconoce el esfuerzo de sus pastores y/o misioneros? ¿Cree que se está dando un sueldo digno al esfuerzo o a simplemente se le da un salario básico?

Nuestra responsabilidad es honrar a quienes glorifican a Dios con su servicio y nos muestran su amor por nuestro cuidado espiritual.



«Una iglesia agradecida por su pastor manifestará ese sentimiento en la manera como velan por los intereses de él y su de familia»

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Libertad sabia

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1 Corintios 8:4-13

“Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina. Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.”

  1. En los tres versículos anteriores, Pablo les mencionaba a los creyentes en Corinto que el conocimiento de Dios debe ser usado con prudencia y amor, y que su conocimiento aún no era completo (1 Co. 8.1-3).
  2. Con referencia a los ídolos, había la costumbre de sacrificar animales en honor a los diferentes dioses, y después de ser presentado el sacrificio ante la deidad, esa carne era vendida o utilizada como alimento o para dar festines. Esto era una tradición muy común en aquellos tiempos.
  3. Pablo confirma el conocimiento que algunos creyentes habían alcanzado en cuanto a que esos dioses eran nada más que un simple objeto sin valor creado por el hombre, sin poder ni participación en favor de nadie. Y afirma que solo hay un Dios, quien ya era conocido por ellos. (1 Co. 8:4-6)
  4. Por lo tanto, esa carne usada como alimento no representaba ningún mal (1 Co. 8:8), sobre todo para aquellos que habían dejado atrás la idolatría y que habían alcanzado madurez, pero no así para quienes aún no habían crecido y que eran afectados en su conciencia, a quienes Pablo llama “débil” o “débiles” en este pasaje (1 Co. 8:7-12). El discernimiento espiritual es diferente al de un creyente maduro y con conocimiento, y por eso el Apóstol exhorta a mirar con amor a los que aún tenían dificultades de conciencia con comer carne sacrificada.
  5. El llamado de estos versículos es para que los creyentes maduros velen con amor por la vida espiritual de los creyentes en crecimiento, de tal manera que su comportamiento no sea tropezadero, sino de edificación. (1 Co. 8:9-13)


En la vida espiritual existen los creyentes inmaduros y los que han alcanzado madurez. La madurez no se da por los años que una persona tiene de ser salva, sino por el conocimiento de Dios, sumado a la transformación que la obediencia y las pruebas forjan. Esto brinda al creyente una capacidad de discernimiento mayor de la vida, lo que le permite ver más ampliamente las cosas y como agradar con ellas a Dios.

Recordemos que el solo conocimiento no es suficiente, porque, aunque la persona conozca mucho, si es mal utilizado ese conocimiento, puede que eso les haga actuar inapropiadamente frente a los demás que no conocen mucho, quienes lo consideran incorrecto. Pablo nos recuerda que “el conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Co. 8:1), por eso, se debe cuidar por aquellos que aún no han crecido, para no ser de tropiezo (1 Co. 8:9).

En Cristo tenemos libertad para hacer algunas cosas que no afectan nuestra relación con Dios, pero si alguien mira esa libertad como inapropiada, debemos, por amor a esa persona evitarlo. La Biblia nos recuerda que no debemos “poner tropiezo u ocasión de caer al hermano”, antes bien, que “sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”. (Ro. 14:13, 19)



«La libertad en Cristo debe ser vivida en santidad y sabiduría, buscando el bienestar de todos los creyentes, y sirviendo de luz al mundo»

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