Las manifestaciones del amor

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1 Corintios 13:4-13

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”

  1. Después de haber introducido la importancia del amor como algo “más excelente” (1 Co. 12:31),  y que los dones si son manifestados sin ello “de nada… sirve” (1 Co. 13:1-3), Pablo nos lleva a una serie de acciones de cómo el verdadero amor se debe manifestar en cada creyente.
  2. No olvidemos que Pablo utiliza la palabra griega ‘ágape’ para referirse al “amor”. Esta palabra tiene el sentido de una profunda convicción que lleva a la persona que ama a actuar de una manera entregada en favor de aquél a quien ama sin esperar nada a cambio, solo con el deseo de beneficiar a quien ama. Así como Dios nos ama, y por amor entregó a Su hijo por nosotros (Jn. 3:16; Ro. 5:8).
  3. Leyendo cada porción de los versículos 4 al 7 encontramos que Pablo nos da 15 manifestaciones del amor, lo cuales nunca expresan una búsqueda de beneficio propia de quien ama, sino que todas las manifestaciones son altruistas, con un deseo de buscar el bien del otro.
  4. El pasaje nos presenta además una verdad profunda en cuanto al amor: Nunca deja de “ser” o existir (v. 8). Muchas veces las personas dicen que ya no sienten amor por alguien y lo cierto es que el amor no deja de existir, pues el creyente recibe la capacidad de amar de Dios por medio del Espíritu Santo (Ro. 5.5), lo que hace el hombre es entonces decidir no amar o de “no usar la capacidad” que tiene para amar, y eso es pecado (Mt. 22:39). Por eso Pablo compara al amor con los dones para decir que es algo que siempre permanecerá, mientras que los dones son temporales (v. 8-10).
  5. En toda la Biblia aprendemos que el amor no es un sentimiento que es influenciado por las circunstancias; el amor es una decisión que cada persona toma cuando quiere ejercer o manifestar acciones que beneficien a quien decide amar.
  6. Aún “la fe” y “la esperanza” son temporales, porque cuando venga el Señor, y todos estemos en Su presencia, la necesidad de éstos no será necesario, pero “el amor” continuará eternamente porque son una manifestación misma del carácter de Dios (v. 13 Comp. 1 Jn. 4:8).


En el mundo se ha confundido el concepto y la manifestación del amor. Por un lado, el amor es comparado con las relaciones sexuales, y, por otro lado, el amor se ha considerado como algo que se puede extinguir. Además, “el amor”, como dicen, está condicionado a los beneficios que la persona que ama recibe de aquel(la) a quien “ama”, como si fuera una transacción financiera de trueque.

El verdadero amor, el amor bíblico, es una decisión no un sentimiento; busca el bien del otro aún a costa de uno mismo; siempre aprende a buscar maneras buenas de manifestarse, y nunca se detiene a hacerlo; y tampoco deja de existir, siempre estará presente.

El perfecto ejemplo de la manifestación del amor lo vemos en Dios. Cuando envió a Jesús a morir por nuestros pecados nunca consideró que el pago del sacrificio era demasiado alto, antes, lo hizo porque realmente nos quería manifestar de su amor. Cuando vemos el sacrificio de Cristo, vemos que Él venía a sufrir, que era bueno, no lo hacia por envidia ni para jactarse. No estaba haciendo algo inapropiado ni guardaba rencor; antes, vino por nuestra injusticia a otorgarnos su justicia buscando establecer su verdad. Todo lo sufrió, lo esperó, lo soportó.

Si queremos ser iguales a Cristo en carácter, entonces debemos aprender a manifestar en acciones reales nuestro amor a Dios y a los demás.



«Cuando decidimos amar dejamos de mirar por nuestro bien y buscamos bendecir a los demás»

–Ministerio UMCD–
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¿Existen lenguas angélicas?

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1 Corintios 12:31-13:3

“Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestroun camino aun más excelente. Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.”

  1. Para comprender el pasaje apropiadamente debemos entenderlo dentro de su contexto, ya que Pablo estaba hablando de los dones espirituales (1 Co. 12:1-31), y en el último versículo de ese capítulo les dice que iba hablar de algo “más excelente” que los dones (v. 31), y eso superior era el “amor”, palabra que repite 9 veces en el capítulo 13, y de la cual hace referencia de ella sin usarla unas 12 veces más (1 Co. 13:1-13).
  2. En los primeros tres versículos del capítulo 13 utiliza varias veces una figura literaria conocida como hipérbole, que es una exageración hipotética general de algo para ilustrar una idea, sin necesidad de confirmar lo que dice, solamente es un medio de aclaración de la idea principal a comunicar, que en este caso es el “amor”: “Si yo hablase… Y si tuviese… y entendiese… Y si repartiese… y si entregase…” (1 Co. 13:1-3).
  3. Por otro lado, en toda la Biblia vemos que las veces en las que se menciona la participación de un ángel comunicándose o interactuando con una persona, siempre vemos que esa persona entendiendo el mensaje sin complicación, y, sobre todo, sin mencionar que había experimentado algo singular nunca antes experimentado, como sería, si fuere el caso, el escuchar una lengua angelical. El mensaje siempre fue claro y sin referirse a una experiencia nueva, a más de escuchar al ángel trayendo el mensaje de Dios.
  4. Aun en los libros de Isaías y Apocalipsis, donde se menciona la adoración celestial de seres angélicos, en todas esas veces se menciona que el escritor de esos pasajes (Isaías y Juan) siempre entendieron lo que se decía durante la adoración de los ángeles. (Is. 6:1-3; Ap. 4:8 – 5:14)
  5. Lo que realmente Pablo deseaba hacer con estos ejemplos referentes a la hipotética posibilidad de tener unas manifestaciones exageradas de ciertas actividades era introducir la enseñanza de la importancia del “amor” en la vida del creyente sobre cualquier otra actividad. Aclara que si no tenía “amor” venía a ser “como metal que resuena, o címbalo que retiñe”, afirmando que “nada soy”o “de nada me sirve”.


No podemos afirmar la existencia de “lenguas… angélicas” a la luz de lo que la Palabra de Dios en todo su contexto nos muestra. Aparte de este versículo en el capítulo 13 de 1ra. de Corintios (v. 1), nunca más se menciona este hecho, mismo que no es una afirmación, sino una expresión dada como una ilustración hipotética de enseñanza.

Las veces que se menciona al uso del don de lenguas en otros pasajes, siempre se ve a las personas hablando otras “lenguas humanas” conocidas. En el Libro de Hechos vemos que se mencionan 16 lenguas o dialectos humanos que los asistentes al evento en Pentecostés entendían o conocían (Hch. 2:4-13).

La comprensión apropiada de la Palabra de Dios debe ser nuestra prioridad. La falta de una enseñanza clara puede confundirnos o apartarnos de lo que el pasaje realmente quiere decir, y llevándonos otras veces a forjar enseñanzas fuera de contexto.

La dependencia del Espíritu Santo, el uso de una buena hermenéutica nos ayuda a comprender bien los pasajes para poder comprender lo que Dios en Su Palabra nos ha revelado. Nuestra responsabilidad es conocer la Palabra de Dios y su enseñanza correctamente para poder trasmitirla apropiadamente.



«Una mala interpretación de la Biblia siempre da paso a herejías que apartan al hombre de la verdad»

–Ministerio UMCD–
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Integración y unidad en la iglesia

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1 Corintios 12:12-25

“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.”



  1. Pablo utiliza la figura del cuerpo humano para representar la diversidad de miembros y funciones que existen dentro de la iglesia, y que en conjunto deben formar una estructura ordenada, equilibrada y eficaz (v. 12).
  2. La introducción del creyente dentro del cuerpo de Cristo no es dada por méritos o distinciones especiales, sino por la presencia del Espíritu Santo que entra a morar en el creyente, y a esa integración de cada creyente dentro del cuerpo de Cristo es a lo que se le llama bautizo del Espíritu” (v. 13).
  3. Así como el cuerpo tiene muchos miembros, la iglesia también; y cada miembro va a cumplir una función específica dentro del cuerpo de Cristo de acuerdo a sus dones, que obra con poder, pero que también coloca a cada uno de manera específica para integrarlos apropiadamente. (v. 14-24)
  4. No solo deben integrarse para funcionar apropiadamente, sino que tienen que valorarse, ya que ninguno es más importante que otro, sino que todos son igualmente necesarios, por lo que tenemos que buscar por aquellos que nos faltan y honrarlos a todos por igual. (v. 22-27)
  5. Cada miembro tiene una particularidad especial (v. 27) que lo hace único y necesario, y esta particularidad sobre todo está dada por la presencia diversa y única de los dones en cada creyente, haciéndolo singularmente diverso (v. 28-30).
  6. Esta diversidad tenía que integrarse apropiadamente para que exista la unidad que se requiere para poder cumplir correctamente cada uno en la función propia de cada uno dentro de la iglesia. No todos tienen los mismos dones y no todos tienen la misma función, pero todos deben integrarse para que halla unidad de cuerpo en todo lo que hacemos.

El cuerpo de Cristo, conocida mejor como Su iglesia, tiene una diversidad de miembros (los creyentes) que apropiadamente encajan y funcionan como las partes del cuerpo humano; entonces todos nosotros debemos buscar la manera cómo cada uno encaja para poder servir para la edificación de la iglesia, y así ministrarnos para bendición los uno de los otros por medio de los dones recibidos (1 P. 4.10).

Si todos participáramos en la iglesia, la belleza de la unidad e integración cambiaría la vida de la iglesia a una muy activa, dando espacio a un crecimiento en conjunto que cumpliría con la voluntad de Dios.

¿Está usted en conocimiento de sus dones espirituales? ¿Los está ministrando apropiadamente en la iglesia para la edificación de los hermanos?



«Cuando cada miembro de la iglesia pusiera sus dones para ministrarlos en favor de los demás la manifestación del poder de Dios por medio del Espíritu Santo sería hermoso y digno de gloria al Señor»

–Ministerio UMCD–
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“Desde la antigüedad lo había planeado”

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2 Reyes 19:25

“¿Nunca has oído que desde tiempos antiguos yo lo hice, y que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para hacer desolaciones, para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros.”

  1. Esta fue una parte de la respuesta de Dios en contra de Senaquerib, el rey asirio que intento invadir Jerusalén y los amenazó, argumentando que Dios no podría salvarlos de su mano.
  2. Esta entre muchas otras fueron las amenazas que Senaquerib confesó contra Dios y su pueblo.
  3. Ezequías acudió a Dios por medio del profeta Isaías y le pidió que los liberará del asedio asirio, entendiendo que ellos no tenían esperanza a menos de que Dios interviniera soberana y poderosamente a favor de ellos.
  4. Dios respondió la oración de Ezequías, determinando el futuro de vergüenza y humillación que habría de vivir como resultado de haberse revelado contra Dios y haber injuriado su Nombre. Definitivamente antes de la caída es el orgullo (Pr. 16.18)
  5. Estas palabras de nuestro Dios, nos dan un marco general de su soberanía y dominio sobre todos los acontecimientos del mundo.


Dios tiene total conocimiento de cada cosa que sucede en nuestras vidas, de hecho, Él es quien nos moviliza y también a otros para cumplir con sus propósitos presentes y eternos, Dios conocía perfectamente la amenaza por la que estaba pasando su pueblo, y había sido Él quien le había dado a Senaquerib el poder sobre esas ciudades que derrotó y dominó.

Sus planes se concibieron desde la eternidad pasada. Esto confirma lo que dice David: todos nuestros días están escritos aun desde antes de nuestros nacimiento (Sal. 139.16). Y nuestro llamado por Dios a salvación en Jesucristo desde la antigüedad también es evidencia de la eterna sabiduría de Dios (Ef. 1.4).

Esto nos habla de un Dios magnífico que se revela a lo largo de nuestras vidas, para que seamos testigos de su poder y amor por todo el mundo, pero especialmente por sus escogidos, por su pueblo.

Así como Él tiene un plan, también tiene un tiempo, un momento propicio donde todo se encuentra soberanamente y los sucesos y las personas están dispuestas de tal forma que ni una sola de sus palabra queda sin cumplirse (Mt. 5.18).

Éste pasaje nos recuerda su misericordia, amor y perdón para todo aquel que se acerca y se humilla delante de Él, pero también su justicia para los pueblos que desconociéndolo deciden revelarse en su contra y vivir sin darle gloria.

Todo está determinado por Dios y cualquier cosa que Él permita está bajo su control. Cada amenaza hace parte de su plan, ha sido gobernada por Él y tiene el propósito de darle gloria.

Para los que somos hijos de Dios, esto implica una belleza indescriptible, porque el mismo que nos llama sus hijos es quien tiene en sus manos, los finos hilos del destino humano, tiene el poder de comenzar o terminar su plan, de librarnos de cualquier amenaza que se revele contra nosotros y que nos asegura protegernos hasta que recibamos la herencia de gloria que Él nos tiene reservada (1 P. 1.4).

Alabado sea el Señor, que es el principio y el fin, es nuestro Padre, nuestro protector y nuestra esperanza.



«El mismo Dios que determina las amenazas que llegan a nuestras vidas, es el que tiene el poder para librarnos de ellas»

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Respondiendo sabiamente ante las amenazas

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2 Reyes 19:14

“Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová.”

  1. Éste es el momento en el que Ezequías se entera de las amenazas contra Judá, por parte de Senaquerib el rey de Asiria.
  2. Eran amenazas que tenían el propósito de hacer temer a todo el pueblo, desanimarlos y hacer que se rindieran ante el poder y dominio asirio.
  3. Pero Ezequías en lugar de rendirse y someterse, llevó la carta que contenía las amenazas del rey asirio a la casa de Jehová, para exponérselas allí y suplicar su ayuda a favor del pueblo.
  4. Ezequías no dudó en humillarse delante de Dios porque sabía que le escucharía y que era un Dios fiel y misericordioso para con su pueblo, y que por amor a su propio Nombre obraría la salvación para Judá.
  5. Santiago 4.10 nos enseña este mismo principio, cuando afirma que el que se humilla delante de Dios será exaltado por Él.


La amenaza asiria que estaba enfrentando Ezequías podía tener unas consecuencias desastrosas para el pueblo si Dios no intervenía a su favor. Uno de los argumentos que usó el rey para amedrentar al pueblo fue su historial de victorias contra 9 naciones que no habían podido hacerle frente y salir victoriosos.

Cuando Ezequías se presentó ante el Señor con esas cartas de amenaza, su oración reflejó todos sus pensamientos y sentimientos.

Ello es un estímulo para que nosotros sepamos qué hacer cuando pasamos por circunstancias que amenazan nuestras vidas.

Ezequías oró a Dios (2 R. 19.15-16) con un profundo sentimiento de adoración a Él, en sus palabras reconoció que aquel al que acudía era el Dios majestuoso, sublime y magnífico; que es soberano, tiene dominio y control sobre todo lo que pasa en el mundo, que conoce cada cosa que pasa en él y es el único todopoderoso.

Adorar a Dios en medio de las amenazas es muy importante porque eso nos da una nueva perspectiva, nos hace recordar que nuestros recursos para hacer frente a esas circunstancias son los que Dios tiene en su poder y que nuestros problemas son minúsculos frente al poder y conocimiento de Dios.

También le expresó a Dios toda la verdad de la situación y su petición (2 R. 19.17-19), no calló ante Dios el hecho de que el imperio asirio había causado gran destrucción entre muchas naciones. Eso nos enseña que debemos pensar sobre lo que nos amenaza a partir de la verdad de ello, no debemos minimizarlo, ocultarlo o ignorarlo, sino que tenemos que entenderlo tal como es.

Pero también necesitamos comunicarle a Dios la petición que hay en nuestro corazón. La Biblia dice que no recibimos porque no pedimos, así que debemos pedirle, y hacerlo conforme a su voluntad, es interesante que cuando Ezequías lo hizo no estaba pensando en su reputación, su imagen o su poder, sino que cuando le pedía a Dios la liberación del pueblo, lo hacía teniendo en mente la honra y el nombre de Dios. Su petición no fue egoísta sino buscando Su gloria.

Estas tres cosas debemos hacer para enfrentar las amenazas de la vida: 1. Acercarnos a Dios en oración, 2. Recordarnos quién es nuestro Dios y adorarlo por ello, y 3. Pedir, pensando en su gloria, más que en nuestro bienestar y comodidad.

Luego de ésta parte de la historia, Dios escuchó y respondió la oración de Ezequías; así que podemos tener la certeza de que Dios escuchará y responderá nuestras oraciones.



«Adorar a Dios en medio de las circunstancias que amenazan nuestra vida hace que veamos nuestros problemas minúsculos en comparación con Él»

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La ignorancia acerca de los dones

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1 Corintios 12:1, 4-11

“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. […] Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.”

  1. Pablo no quiere que los creyentes “ignoréis” sobre los dones espirituales, por eso toma gran parte de esta carta para hablar sobre ellos (v. 1).
  2. Desde el inicio menciona que la manifestación de los dones a través de los creyentes es una obra que el Espíritu Santo realiza sobre cada uno, por ello no es algo que se expresa naturalmente ni es adquirido por el creyente de forma humana como una habilidad, sino que es una manifestación espiritual soberana por parte de Dios. (v. 4-11)
  3. Los dones son diversos. Cada don tiene una manifestación específica para cumplir una obra única a través del creyente y así actuar en diferentes ministerios dentro de la iglesia, y cada uno es utilizado por parte de Dios de forma singular.
  4. Los dones nos han sido dados para el “provecho” de la iglesia, y es por esto es necesario que cada creyente los conozca, los identifique en sí mismo, y los ponga en obra para favorecer a cada miembro del cuerpo de Cristo (v. 5).
  5. La lista total de todos los dones se halla en varios pasajes del N.T., y es necesario conocer sobre ellos (1 Co. 12:8-10; Ro. 12:6-8; 1 P. 4:10-11).
  6. Es el Espíritu Santo quien decide de forma soberana que dones recibe cada creyente, y cada uno tiene al menos un (1) don, o varios, por eso es bueno no ignorarlos.


Aunque la palabra “ignoréis” significa literalmente desconocimiento, muchas veces los creyentes en forma voluntaria “ignoran” de los dones espirituales, no por falta de entendimiento que ellos existen, sino porque no les interesa saber sobre ellos ni llegan a conocer cuáles son los dones que cada uno tiene, y ese es un acto doloso, es decir, son culpables por omisión voluntario de acto.

Es nuestra responsabilidad llegar a conocer qué dones tenemos. La palabra “don” viene del griego «carisma» que significa un don, dádiva o regalo recibido por gracia. Por tanto, esta capacidad sobrenatural de obrar para ministrar en la iglesia nos es entregada sin merecimiento propio, pero sí debe ser administrada con responsabilidad (1 P. 4:10).

Para llegar a conocer sobre los dones que tenemos debemos saber qué es lo que hace cada uno de ellos, mirar si en nuestra vida ellos se manifiestan o buscar a personas maduras en la iglesia que nos ayuden a identificar esos dones, y ponerlos en obra para reconocerlos y desarrollarlos. No olvidemos que son manifestaciones del Espíritu Santo a través de nosotros para provecho de la iglesia, por eso debemos administrarlos con responsabilidad y no ignorarlos.



«Todos los creyentes tenemos dones espirituales dados por el Espíritu, por esto es nuestra responsabilidad conocerlos, identificarlos, y ministrarlos en favor de la iglesia»

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Llamadle “Señor”

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1 Corintios 12:1-3

“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos. Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

  1. En este instante Pablo dedicará una gran parte de su carta para hablar sobre los dones espirituales y su correcto uso dentro de la iglesia, o como él lo llamaría, el cuerpo de Cristo.
  2. Pero al iniciar esta enseñanza aclara que todo es obra del Espíritu Santo. El propósito de esta aclaración al parecer era la participación de alguna persona que sin ser salva ostentaba tener dones espirituales, pero maldecía el Nombre de Jesucristo, por lo que deja en claro que un no creyente no reconoce el Señorío de Jesús porque no tiene el “Espíritu Santo” (v. 3), y por eso no debe tener tampoco dones.
  3. El paganismo en la ciudad de Corinto era algo muy serio, y muchas personas participaban de cultos a “ídolos”, y algunas veces con ritos satánicos (v. 2). Por esta razón Pablo tiene que hacer la diferencia para evitar que algún pagano esté en medio de la iglesia diciendo que tiene una capacidad que sólo un creyente puede tener por estar en él la presencia del “Espíritu de Dios”.


El Espíritu Santo entra a morar en cada creyente el mismo día de la salvación (Ef. 1:13-14), y es Su obra la que nos permite reconocer la deidad y el señorío de Cristo (Jn. 15:26; 1 Jn. 5:6-8).

Llamar “Señor” a Jesús es decirle que Él es el amo y dueño de todo lo que existe, incluyendo nuestras propias vidas. Es reconocer que Él tiene el poder sobre todo, y ésta verdad obviamente es algo que Satanás y sus demonios siempre han querido negar, y por tanto maldecir.

Para que una persona pueda entender todo esto, el mismo Dios tiene que obrar en él. Reconociendo nuestra incapacidad de discernimiento espiritual a causa de nuestra condición de pecado, debemos tener presente que es la obra del Espíritu lo que nos convence de “pecado, de justicia y de juicio” (Jn 16:8-10), y es ese convencimiento nos lleva a reconocer a Jesús como “Señor”, y sin ello nunca podríamos ser salvos (Ro. 10:9).

Hoy en día hay muchas enseñanzas falsas que niegan la deidad y el señorío de Cristo, por lo tanto, ninguna de ellas reconocer al verdadero Dios, y por eso son sectas o cultos paganos. Solo un creyente puede mirar a Cristo y postrarse ante Su señorío en adoración.

¿Y usted, ya reconoció a Jesús cómo su Señor y Salvador? ¿Y si ya lo recibió, lo está adorando como Quién es con toda su vida?



«Solamente un creyente puede reconocer Quién es su Señor, porque lo ha reconocido como su Dios y Salvador»

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Recordando dignamente Su sacrificio

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1 Corintios 11:23-31

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.”

  1. En este momento Pablo llamaría seriamente la atención ante bochornoso testimonio que estaban dando algunos creyentes en la iglesia cuando se reunían a conmemorar la Cena del Señor.
  2. Unos se reunían antes de tiempo para comer banquetes y otros para embriagarse en frente de hermanos de escasos recursos (1 Co. 11:20-22). Otros en cambio, celebraban la comunión estando en una vida de pecado, sin arrepentimiento, lo que afectaba sus propias vidas, aún, físicamente (v. 27-31).
  3. Pablo nos enseña que la Cena del Señor fue una ordenanza dejada por el mismo Señor Jesús “la noche que fue entregado” (v. 23; Comp. Mt. 26:26–30; Mr. 14:22–26; Lc. 22:17–20), y es un recordatorio de lo que Su cuerpo y Su sangre representaban con el simbolismo del pan y del vino (v. 24, 25), y que debíamos hacerlo todas las veces como un anuncio de Su muerte hasta que Él venga por segunda vez (v. 26).


La Cena del Señor es uno de los momentos más sublimes que se celebran en la Iglesia, donde los miembros recuerdan con inmensa gratitud y sentida emoción la Última Cena del Señor y Su posterior sacrificio en la cruz.

El pan simboliza Su cuerpo que fue ultrajado antes y durante Su sacrificio en la cruz, y el vino representa el pago de sangre que Cristo hizo al derramarla completamente para el perdón de nuestros pecados. Su cuerpo recibió nuestro castigo, y Su sangre pagó nuestra deuda, y ambas por nuestra maldad.

Muchas veces se llama “comunión” (1 Co. 10:16) a la “cena del Señor” para expresar la idea que entramos en comunión con Jesús por medio de nuestra fe en Su sacrificio. En la noche previa a Su crucifixión, Jesucristo hizo preparar la última cena sin que sus discípulos sepan de que se trataba y les hizo la invitación a que lo acompañen (Mt. 26:26–30). De la misma manera el creyente se identifica en una fe común en Cristo.

Todo creyente que ha sido bautizado puede participar de esta ordenanza, misma que debe ser recibida dignamente, porque con ella recordamos lo que el Hijo de Dios hizo por nosotros para salvarnos. Digno de juicio y de muerte es todo aquel que lo llega hacer indignamente sin discernir de lo que está participando. (v. 27-31)



«El privilegio de participar en la Cena del Señor debe ser recibida con dignidad, considerando debidamente aquel a Quien recordamos y anunciamos»

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