¿Cómo será nuestro cuerpo en la eternidad?

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1 Corintios 15:35, 42-52

Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? […] Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”

  1. Entre los creyentes en Corinto se hallaba la pregunta de cómo será el cuerpo de la persona que resucite, o cuáles serían las características de éste (v. 35), a lo que Pablo entra a responder en estos versículos.
  2. Pablo utiliza la semilla como ejemplo de transformación (v. 36-38). Si miramos al grano, no tiene ninguna característica física al de una planta, y cuando es enterrada muere, pero de su interior nace un ser diferente y lleno de vida, así de la muerte Dios traerá con nueva vida al cuerpo resucitado.
  3. Utilizando la creación, hace diferencias entre la masa muscular de cada ser creado (v. 39) y las diferencias en masa estructural de las estrellas (v. 40, 41) para dar a entender que una persona será cambiada en estructura cuando sea resucitado. Recordemos que el pecado contaminó al cuerpo actual del hombre, y a la creación también (Ro. 8:19-23),  y a causa del pecado el cuerpo tiene que morir para que sea destruido el mal que hay en nosotros y que mora en la carne (Ro. 7:17-20).
  4. En este nuevo cuerpo ya no habrá corrupción, ni deshonra, ni debilidad, ni limitaciones de tiempo y espacio (v. 42-44). Como vemos en el ejemplo del Señor Jesucristo resucitado, era un cuerpo diferente, tenía otras características físicas, pero era diferente al que fue sepultado (Jn. 20:19-29). En la resurrección llevaremos un cuerpo diferente, con características “celestiales” para poder estar en la eternidad en la presencia de Dios (v. 45-49).
  5. Nada contaminado con el pecado podrá estar en la presencia de Dios (Ap. 21:27), por este motivo el cuerpo resucitado será diferente en características al actual que tenemos, y el pecado, al morir en la carne en nuestra muerte, ya no estará más presente en nosotros. Y para aquellos que estén vivos en la venida de Cristo, ellos no morirán, sino que serán milagrosamente transformados al ser llevados, y eliminado de ellos el pecado (v. 50-52).


Muchos misterios hay tras la verdad de la resurrección, y aunque la Biblia nos da respuestas a muchas de las preguntas sobre el tema, lo cierto es que no nos da toda la información al respecto.

Preguntas sobre ¿qué edad tendremos cuando estemos allá? ¿si todos nos vamos a reconocer? o ¿si realmente todos usaremos vestidos blancos o no? son muchas de las interrogantes que vienen a nuestra mente. Pero lo que es más importante es lo que la Biblia sí nos responde: Nuestros cuerpos serán glorificados, ya no habrá más pecado en él, físicamente tendremos características de tiempo y espacio que nos darán capacidades diferentes a las actuales para pasar la eternidad, entre otras. Todas son maravillosas noticias.

Pero la pregunta que más nos debería importar es: ¿Estamos seguros de que resucitaremos? Recordemos que la Biblia nos enseña que es por la fe en la obra de Cristo donde reposa nuestra esperanza. Si usted aún no ha recibido a Cristo, sus pecados todavía le condenan y no hay la posibilidad de estar en el cielo, resucitará, pero será para la condenación; pero si ya aceptó a Jesús como su Salvador, entonces espere ese glorioso día cuando verá con sus propios ojos cómo será su nuevo cuerpo.



«El misterio de las características de los cuerpos resucitados será completamente revelado cuando estemos en el cielo, pero mientras tanto, las respuestas bíblicas que tenemos de ello son maravillosamente alentadoras»

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Viviendo en coherencia a la esperanza

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1 Corintios 15:29-34

“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos. No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.”

  1. La razón o el motivo por lo que Pablo escribe esa frase de “bautizan por los muertos” no está clara, varias explicaciones se han presentado y todas distintas. Pero lo que sí podemos decir es que él no está enseñando que una persona puede bautizarse por alguien que ha muerto, más perece decir que ‘siguiendo el ejemplo de creyentes fieles muchos se han bautizado al ver su testimonio, pero de qué serviría bautizarse si aquellos que murieron ya no resucitan’, usando esta frese como introducción a su enseñanza. En la Biblia no se enseña que una persona puede hacer algo para favorecer a alguien que ha muerto, ya que cada persona es responsable de sus propios hechos y decisiones, y nada se puede hacer aquí para cambiar algo en favor de alguien ya fallecido.
  2. Lo que Pablo sí está tratando de decir es que su vida es un testimonio de esfuerzo a la vida santa o piadosa. Que a pesar los de los peligros, él seguía sirviendo con dedicación al Señor, aún con la amenaza de morir cada día (v. 30-32a). Y con esa perseverancia nos recuerda que, si realmente no existiera resurrección, entonces mejor fuera que “comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (v. 32b), diciéndolo en forma irónica, pero no alentando a la mala conducta, sino para hacernos reflexionar que necesitamos vivir en tono a nuestra posición “en Cristo”, y recordando que al resucitar estaremos en la presencia del Señor, por lo que es apropiado llevar una vida santa.
  3. Por eso les pide que dejen las malas conversaciones que producen mala influencia y vivan vidas santas para dar testimonio de lo que creen a los que no conocen al Señor (v. 33-34).


El paradigma que algunas veces genera la seguridad de salvación puede llevar a las personas a decir que, como ya somos salvos por fe y nuestra esperanza es segura, entonces se podría vivir como uno quisiera ya que la obra de salvación no depende de nosotros, si no de Cristo, y por ello podrían hacer lo que quisieran. Pero eso es contrario a lo que la nueva naturaleza nos motiva hacer. El nacer de nuevo hace que seamos nuevas creaturas (2 Co. 5:17), y, por tanto, tenemos un deseo de vivir alineados espiritualmente para lo eterno.

En el caso de los creyentes en Corinto, el problema estaba en la polémica que se presentaba a causa de la falsa creencia que no había resurrección, y eso estaba afectando no solo la doctrina que ellos creían, si no, además, su conducta (v. 32-34), considerando que solo existía esta vida.

El creyente que realmente conoce a Dios y reconoce el sacrificio de Cristo sabe que lo menos que Dios espera y merece de nosotros es nuestra consagración. El entendimiento que la eternidad con Dios nos espera es motivo para vivir en función a ello. Recordemos que lo que sembramos ahora se cosechará en el cielo, y que nuestra vida debe ser un reflejo de nuestra creencia de quien es Dios, de la redención en Cristo, y de lo que esperamos en la eternidad. Esto dejará un impacto positivo en quienes nos miran a nuestro alrededor.



«El pensamiento de la resurrección hacia una eternidad junto al Santo Dios nos debe motivar a una vida santa aquí en la tierra»

–Ministerio UMCD–
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¿Y usted ya está sujeto a Él?

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1 Corintios 15:22-28

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.”

  1. Continuando con la resurrección, la Biblia nos enseña que todos resucitaran al final de los tiempos. Tanto creyentes como no creyentes recibirán un cuerpo para pasar la eternidad en el destino al cual cada uno debe ir: vida eterna o condenación. (Comp. Dn. 12:2; Jn. 5:28-29).
  2. Pero los creyentes en Cristo resucitarán antes del Milenio para estar con Él en Su reino (v. 23, 24; Comp. Ap. 20:4-6), y durante ese tiempo establecerá la paz. Pero al final del período Satanás levantará una revuelta con algunos hombres y tratará nuevamente derrotar al Señor, pero no podrá, y en ese momento todos sus enemigos se pondrán bajo Su autoridad (v. 25; Fil. 2:9-11; Ap. 20:7-10).
  3. Al final de todo esto la muerte física se manifestará por última vez en aquellos que se sublevaron junto a Satanás, y después ya no habrá más poder en ella (v. 26). Todos los hombres que no fueron salvos serán juzgados y condenados para una eternidad, lo que se conoce como “la muerte segunda” o la separación eterna y consciente de los que nunca se sujetaron a Dios para pagar eternamente el castigo por sus pecados (Ap. 20:11-15).
  4. Todo al final del Milenio estará bajo los pies de Cristo, pues así Dios lo dispuso; y Cristo entregará todo a Dios para que el Trino Dios reine en armonía absoluta (v. 27, 28), y los creyentes pasarán la eternidad junto a Él.


Si la muerte será finalmente sujeta a Cristo, y Satanás y los no creyentes finalmente reconocerán la autoridad del Señor, aunque ellos sin arrepentimiento, y serán condenados. ¿Por qué al creyente le cuesta mucho someterse al Señor?

El pecado sigue afectando al creyente, y esa es una batalla que diariamente tenemos mientras vivamos en la carne. Pero hasta cuando nuestro cuerpo haya sido transformado nuestro pecado desaparecerá. Hasta ese día debemos luchar en la carne con la ayuda de Dios por medio de Su Palabra y del Espíritu Santo para someternos a Él.

Si Cristo un día pondrá a todos sus enemigos bajos sus pies, incluyendo a la muerte (v. 25, 26), entonces nosotros debemos recordar que ni la muerte ni los enemigos del Señor tienen ahora autoridad sobre el creyente, y en agradecimiento debemos someternos en agrado a Aquel a quien todos deben sujeción.

Ya no hay muerte ni condenación para los que estamos en Cristo (Ro, 8:1), y vivir en obediencia debe ser nuestra manifestación de gratitud y adoración a Quien destruyó al enemigo de toda creación, la muerte. La resurrección es la manifestación del poder de Dios de que todo está sujeto a Su voluntad, aún la vida o la muerte.



«Todo está sujeto bajo la autoridad de Quien proceden todas las cosas, Dios, aún la muerte»

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Sin resurrección no habría sustento

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1 Corintios 15:12-23

“Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.”

  1. Después de introducir las bases bíblicas del Evangelio acerca de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo que tienen sustento en el A.T. (1 Co. 15:1-4), Pablo da una explicación amplia sobre la resurrección ya que muchos en Corinto no creían acerca de la resurrección (v. 12).
  2. Lo primero que declara es la manifestación de Cristo resucitado a más de quinientos discípulos, incluyendo a los apóstoles y a Pablo mismo. (v. 5-8)
  3.  El mensaje del Evangelio no solo habla de la resurrección de Cristo, además brinda seguridad de resurrección a que cada persona que acepta con fe este mensaje. Pablo explica que si la resurrección de Cristo no se hubiera dado, entonces la predicación del evangelio no tendría sustento y nuestra fe sería en vano, todos estaríamos aún sin perdón de pecados, y el cuerpo de los creyentes que han muerto no se levantaría con vida jamás. (v. 11-18)
  4. Si la resurrección no fuera verdad entonces todos los creyentes deberíamos ser considerados como compasión porque guardamos una fe sin valor ni fin. (v. 19)
  5. Pero Cristo sí resucitó, Él fue la primera manifestación del poder de Dios para levantar al hombre de la muerte; y si Adán trajo la muerte, en “Cristo todos serán vivificados”. (v. 20-22)


La resurrección de los muertos es una verdad que se encuentra ampliamente explicado y confirmado en las Escrituras, sobre todo en el N.T. Es la posibilidad que todo ser humano tiene al final. La diferencia es el destino a donde va a ir cada persona al resucitar. Como nos dice Daniel, unos se levantarán “para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.” (Dn. 12:2)

En el mensaje del Evangelio, lo que Dios ofrece es la posibilidad al creyente de ser resucitado para pasar la eternidad junto a Él. El pecado trajo al hombre la muerte (Ro. 5:12), y con ello no solo la muerte física, sino la condenación de todo ser humano. Todos serán resucitados para ir a la condenación en el infierno, pero los que tienen sus nombres en el libro de la vida del Cordero no irán a esa condenación. (Ap. 21:11-15)

“La paga del pecado es muerte” o la condenación, mas Dios ofrece el regalo de la “vida eterna” a todos los que ponen su esperanza en Cristo; este es el mensaje del Evangelio (Ro. 6:23).

La resurrección de Cristo brinda seguridad de la certeza del mensaje y esperanza de que todos tendremos la misma posibilidad de levantarnos de los muertos para pasar eternamente en la presencia de Dios. La pregunta que debemos hacernos ahora es: ¿Ya creo en Cristo como mi Salvador?



«La resurrección de Cristo brinda veracidad al mensaje del Evangelio y otorga esperanza bíblica de la vida eterna»

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¿De qué me sirve conocer a Dios?

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Éxodo 3:11

“Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

La historia del primer encuentro entre Moisés y Dios ilustra: “para qué es importante que conozcamos a Dios”. En este pasaje Moisés hace una pregunta trascendental, que seguramente todos nos hemos hecho a lo largo de la vida pero que separados de Dios no podemos responder.

  1. Dios llamó a Moisés para que fuera a Egipto y se presentara delante de Faraón, y le pidiera que dejara salir de Egipto a Israel (Éxo. 3.10).
  2. Moisés había pasado muchos años en Madián, una ciudad lejos de Egipto, en la que se había dedicado a cuidar las ovejas de su suegro. En ese punto Moisés no veía que tuviera las condiciones necesarias para emprender esa tarea.
  3. La pregunta que Moisés le hizo a Dios fue: “¿Quién soy yo?”. La identidad que Moisés había construido de sí mismo no parecía estar alineada con la que Dios tenía de él.
  4. En el caso de Moisés su identidad se relacionaba perfectamente con su propósito, por eso él necesitaba una respuesta a esa pregunta, para proyectarse hacia lo que Dios le estaba pidiendo que hiciera.


¿Quien soy yo? es una de las dos preguntas que podemos responder cuando conocemos quién es Dios. Cuando le conocemos a Él, nos conocemos a nosotros mismos, nos vemos como Dios nos ve y comprendemos cuál es nuestra identidad.

De hecho, Moisés tenía una idea acerca de su identidad contraria a la que Dios tenía, él se veía como alguien incapaz, se sentía inseguro y consideraba que no cumplía con los requisitos para liderar al pueblo Israelita (Éx. 4.1). Lo que si lo definía eran sus defectos, sus debilidades, él se había auto sentenciado a una vida miserable, lamentable e insignificante por sus discapacidades (Éx. 4.10).

Pero Dios no había identificado a Moisés de sa manera, en cambio, Dios lo identificaba como alguien con quien Dios estaría, a quien Él amaría, le entregaría todo de sí, a quien había escogido, quien era su bien más preciado, su obra más hermosa y aquel que contenía su imagen.

Saber quién es Dios, define quienes somos nosotros.

Además de este beneficio que trajo para Moisés saber quién es Dios, ello también determinó su propósito en la vida, el llamado de Dios (Éxo. 3.10). Para él significaba liderar a un pueblo de más de 1 millón de personas y hacerlo ante el imperio más grande y poderoso de ese momento de la historia.

Nosotros al igual que Moisés tenemos un propósito en la vida que ha sido determinado por Dios, y se relaciona por completo con quién es Dios y quién somos nosotros, así que: ¿para qué conocer quien es Él?… para entender quienes somos y cual es nuestro propósito en la vida.



«Conocer a Dios define quienes somos y para qué fuimos creados»

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¿Por qué debo conocer a Dios?

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Éxodo 3:13-14

“Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.”

Algunos autores cristianos coinciden en que la pregunta más importante que todos como seres humanos debemos responder es: “¿Quién es Dios?” Porque de la respuesta a esa pregunta se define la dirección y los matices que la vida de cada hombre exhibirá, por eso, debemos interesarnos por saber “Quién es Él”, y una historia que ilustra muy bien ese proceso de conocerlo es la de Moisés, en el llamado que Dios le hizo podremos considerar algunas cosas para responder la pregunta: ¿Por qué debería conocer a Dios? 

  1. Moisés rondaba los 80 años cuando se encontró por primera vez con Dios, fue en medio del cuidado de sus ovejas que en un momento se sintió atraído cuando vió una zarza ardiendo que no se consumía, al acercarse escuchó la voz de Dios.
  2. Dios le habló de su plan de sacar al pueblo israelita de Egipto debido al sufrimiento y la opresión que estaban experimentando allí, y por eso, le dijo a Moisés que fuera a ver al Faraón de Egipto para que dejase salir a su pueblo (Éx. 3.10).
  3. En medio de esta conversación entre Dios y Moisés, se ilustran unos detalles muy valiosos acerca de por qué para Moisés era importante ese encuentro con Dios y por qué para nosotros también es importante que lo conozcamos.
  4. Una de las preguntas que Moisés le hace a Dios es sobre su Nombre, pensando que tal vez se lo preguntarían y él necesitaba tener una respuesta para dar.
  5. Dios se presentó como “YO SOY EL QUE SOY”.


Lo primero para considerar es que la presentación que hace Dios de sí mismo es muy reveladora, es información muy importante que Moisés y todos nosotros debemos conocer. Él dijo: “Yo soy…”, con estas palabras Dios quería identificarse como un ser ilimitado, imposible de encajar y contener, poderoso y trascendente. 

Antes había dicho “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob…” (Éx. 3.6), esto nos deja ver que Dios escogió presentarse a Moisés de la forma más cercana, personal y familiar posible, con ello estaba queriendo decir que Él es un Dios vivo, que se relaciona con los seres humanos y que obra en ellos de formas tan íntimas que hasta podríamos relacionarlo con un amigo, con un padre o con un pastor.

Con estas palabras Dios estaba definiendo los orígenes de Moisés, le estaba diciendo algo como: “tu vives porque yo hice vivir a tus padres”, “tu fuiste creado porque yo cree a tus padres”, tu vives porque yo le di comienzo a tu pueblo, a tu nación, tu vives porque yo te di vida.

Y eso debiera ser nuestra primera motivación para saber quién es Él, entender que Él fue quien nos creó y definió todo lo que somos.

Lo segundo es que Dios es el principio y el fin, con Su nombre también entendemos que Dios era Dios para Abraham 600 años antes de Moisés, también lo era para Moisés en ese momento, y lo es para nosotros ahora miles de años después de Moisés. Él sigue siendo Dios, eso nos dice que Dios es el origen y el final de todo, que Él es eterno, que Él no está sometido por el tiempo, que Él se sale de nuestro entendimiento y de la dinámica de la vida porque Él es la vida misma.

Dios está presente en toda nuestra vida, todo lo que vivimos está determinado y gobernado por Dios, entonces ¿cómo no conocer a aquel que nos define en todo sentido?



«Necesitamos saber quién es Dios porque Él es nuestro creador y es el principio y fin de toda la existencia humana»

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El Evangelio y las Escrituras

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1 Corintios 15:1-4

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”

  1. Pablo iba a recordar a la iglesia en Corinto sobre la resurrección, desde lo que significa en forma general hasta lo que representa para el creyente. Pero antes de todo, iba a dar las bases teológicas fundamentales sobre las cuales descansa la esperanza de la resurrección para la persona que ha puesto su fe en el mensaje del Evangelio.
  2. La palabra “evangelio” es su idioma original significa simplemente ‘Buenas Nuevas’, es decir, un mensaje que transmitía noticias buenas, y estas ‘Buenas Nuevas’ acerca “de la gracia de Dios” (Hch. 20:24) era “predicado” o proclamado por Pablo (v. 1).
  3. Las ‘Buenas Nuevas’ giraban en torno a la noticia de “que Cristo murió por nuestros pecados, …y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día…” (v.3-4).
  4. Pero Pablo no solamente estaba proclamando la noticia de que el Hijo de Dios había muerto, que había sido sepultado y luego resucitado; si no que enfatiza que estas noticias estaban previamente profetizadas en “las Escrituras”, y que ahora se estaba dando cumplimiento (Is. 53:5-6, 9; Sal. 16:9-10).
  5. La importancia de esta afirmación tiene el propósito de asegurarnos que Dios ya lo había mencionado, y que su cumplimiento confirma la veracidad de las Escrituras, la fidelidad de Dios y sus promesas dadas al hombre.
  6. Y como estas promesas habían sido dadas por Dios, y se habían cumplido en Cristo, entonces ahora, las Buenas Nuevas tienen base Escritural, y por ello, brinda plena certeza al hombre que su salvación es segura si pone su fe en este mensaje; si no, nunca ha creído realmente, o su creencia es vana, no sincera, no real (v. 2). El problema no está en el mensaje ni en la promesa, sino en el corazón del hombre que acepta o rechaza las Buenas Nuevas (1 P. 4:17).


La obra de redención de Cristo es la que salva al hombre. Él vino a morir en la cruz por nuestros pecados, fue sepultado como prueba de que sí había muerto, pero resucitó para manifestar Su poder y victoria sobre la muerte y el pecado. Este mensaje es el Evangelio, y todo aquel que creyere en estas Buenas Nuevas tiene la oportunidad certísima de salvación (Comp. Ro. 10:9-10).

Para aquellos que no han puesto su esperanza de perdón de pecados por medio de Jesús, este mensaje tiene la veracidad de que Dios está ofreciendo perdón y vida eterna a todo aquel que pone su fe en Su Hijo como Salvador; pero el que rechaza este ofrecimiento, su condenación aguarda por sus pecados y su rechazo. (Jn. 3:16-18)

Para el creyente, este mismo mensaje nos recuerda las promesas de Dios que ya han sido dadas a cada uno, y que tienen su confirmación en la Palabra. Ahora, este mensaje es el mismo que debe ser proclamado a toda persona para que escuchen del amor de Dios, de Su deseo de brindar perdón y salvación, y que puede otorgar por fe esperanza de vida eterna.



«El Evangelio tiene su base de veracidad en las Escrituras y las promesas de Dios de salvación a todo aquel que creyere»

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Los dones son para edificación, no confusión

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1 Corintios 14:1-12, 37-40

“Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia. Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación. Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí. Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.” […] “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore. Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden.”

  1. Pablo iba a poner orden a causa de la manera desordenada en la que se estaba llevando a cabo las reuniones de la iglesia, pues estaba creándose un caos por la falta de prudencia en la conducción de los cultos (v. 40; Comp. 1 Co. 11).
  2. El apóstol les recuerda a los hermanos en Corinto que los dones deben ser usados para edificación de la iglesia, y no para “uso” personal (v. 3-6, 12-19, 26-40).
  3. En cuanto al don de lengua, se debía tener en cuenta que el “laleo glossa” o hablar “en lenguas” (v. 2) era una capacidad de hablar en un idioma humano conocido, y no que eran sonidos sin sentidos (v. 7-9). En otras palabras, el “laleo glossa” era hablar en un idioma o dialecto ya usado “en el mundo” por el hombre para comunicarse (v. 10; Comp. Hch 2:4-13).
  4. Si alguien iba hablar en lenguas tenía que haber un interprete para que pueda traducir lo que la persona estaba diciendo, y debía ser algo que vaya a traer edificación en la iglesia (v. 4-6), pero debía hacerlo en orden, uno a la vez, y no todos, solo unos pocos para provecho y orden (v. 26-28).
  5. Se debe recordar que el don de lenguas sirve para dar señal a los no creyentes de la autoridad que la iglesia había recibido de parte de Dios, y no para que los creyentes lo usaran desordenadamente en las reuniones (v. 21-23; Is. 28:11-12)
  6. Por esto Pablo les exhorta a que no sean creyentes inmaduros o “niños” (v. 20; Comp. 1 Co. 13:11), sino que actúen espiritualmente y se sometan al Señor (v. 37-38).


En el mundo se ha confundido el concepto y la manifestación del amor. Por un lado, el amor es comparado con las relaciones sexuales, y, por otro lado, el amor se ha considerado como algo que se puede extinguir. Además, “el amor”, como dicen, está condicionado a los beneficios que la persona que ama recibe de aquel(la) a quien “ama”, como si fuera una transacción financiera de trueque.

El verdadero amor, el amor bíblico, es una decisión no un sentimiento; busca el bien del otro aún a costa de uno mismo; siempre aprende a buscar maneras buenas de manifestarse, y nunca se detiene a hacerlo; y tampoco deja de existir, siempre estará presente.

El perfecto ejemplo de la manifestación del amor lo vemos en Dios. Cuando envió a Jesús a morir por nuestros pecados nunca consideró que el pago del sacrificio era demasiado alto, antes, lo hizo porque realmente nos quería manifestar de su amor. Cuando vemos el sacrificio de Cristo, vemos que Él venía a sufrir, que era bueno, no lo hacia por envidia ni para jactarse. No estaba haciendo algo inapropiado ni guardaba rencor; antes, vino por nuestra injusticia a otorgarnos su justicia buscando establecer su verdad. Todo lo sufrió, lo esperó, lo soportó.

Si queremos ser iguales a Cristo en carácter, entonces debemos aprender a manifestar en acciones reales nuestro amor a Dios y a los demás.



«El conocimiento bíblico de los dones y su función dentro de la iglesia edifica al cuerpo de Cristo, nunca trae desorden ni confusión»

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