¿Qué tan bueno es el regaño?

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2 Corintios 2:1-4

“Esto, pues, determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros con tristeza. Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegre, sino aquel a quien yo contristé? Y esto mismo os escribí, para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros. Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo.”

  1. Pablo había escrito la primera carta a los hermanos en Corinto para exhortarles en muchas áreas en las que se encontraban viviendo en desorden. Su propósito era enseñarles lo que es correcto para que, arrepintiéndose, cambien su comportamiento para bien y traigan asía gozo a causa del cambio. Pablo ya no quería ir nuevamente a estar triste por los corintios (v.1, 2).
  2. Además, Pablo no deseaba ver el rostro triste de los hermanos a quienes habría llegado la reprensión, si no, la alegría de un espíritu piadoso en ellos, quienes viviendo en obediencia se encontraban ahora con gozo y no contristados (v. 3).
  3. La reprensión había sido expresada no con ira ni indignación, sino por tristeza en el corazón de un pastor que veía como sus ovejas estaban descarriadas y necesitaban corrección. La carta había sido enviada por un corazón que deseaba lo mejor en la vida de los corintios (v. 4).


El regaño es el gesto o la expresión de disgusto que uno tiene cuando hay algo que ha provocado indignación o molestia. El regaño generalmente solo tiene el propósito de expresar ira ante lo injusto, pero pocas veces tiene el propósito de exhortar o instruir en lo bueno. Solo es una expresión de disgusto acompañado con palabras ásperas, lo que puede producir solo tristeza, dolor o rebeldía, pero pocas veces un cambio positivo.

En el regaño generalmente no hay expresiones de amor o deseo de perdonar, y casi siempre va acompañado con palabras hirientes. Bíblicamente el regaño no edifica, sino que destruye (Ef. 6:4; Col 3:8, 21).

Por otro lado, una exhortación bíblica es una reacción de amor que busca corregir lo malo, que desea el cambio apropiado, que expresa consideración y amor, que en medio de la indignación manifiesta paciencia, y que va acompañado del perdón.

Es decir, un regaño se diferencia de una exhortación no en la manifestación de la indignación, sino en las palabras que se usan y la motivación que le lleva a una persona a expresarlo. Si solo es para manifestar molestia, entonces ya es regaño; pero si está motivado por el amor al prójimo, todo cambia (Col 3:12-14).

Pablo había escrito su primera carta por su preocupación por los hermanos (2 Co. 2:4), y de la misma manera, nosotros podemos edificar las vidas de otros cuando bíblicamente expresamos nuestra indignación a otros, pero motivados por un profundo amor hacia ellos y hecho con una verdadera piedad expresada en nuestras palabras y gestos.


«Un regaño nunca edifica, una exhortación bíblica acompañada de amor y perdón puede generar un cambio»

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¿Vacilante?

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2 Corintios 1:15-24

“Con esta confianza quise ir primero a vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia, y por vosotros pasar a Macedonia, y desde Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser encaminado por vosotros a Judea. Así que, al proponerme esto, ¿usé quizá de ligereza? ¿O lo que pienso hacer, lo pienso según la carne, para que haya en mí Sí y No? Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes.”

  1. Pablo estaba apelando al entendimiento y buen juicio de los hermanos en Corinto contando su buen deseo. Él había planeado viajar para Europa y visitar la iglesia en Acaya, para luego subir a Macedonia y nuevamente volver a Corinto, y de ahí viajar a Israel, pero no sucedió así, y por eso se defiende de aquellos que lo acusaban de tener doble ánimo y no ser una persona de palabra (v. 15-17).
  2. Habían llegado a Corinto unos falsos maestros que estaban haciendo daño en la iglesia y que estaban negando la autoridad de Pablo como apóstol, y por esta razón tenía que defenderse de aquellos que habían utilizado el cambio de planes de Pablo como motivo para acusarlo de cambiante (v. 17).
  3. Apelando a la fidelidad e inmutabilidad de Dios (v. 18), Pablo presenta su defensa expresando que en ningún momento él había estado indeciso de sus planes, sino que las circunstancias cambiaron todo (v. 23).
  4. Parecería que no solo su integridad estaba en juego, sino la credibilidad del mensaje del evangelio, por eso reafirma la certeza del mensaje “predicado… por mí (Pablo), Silvano (Silas) y Timoteo” (v. 19); y recuerda que Dios nunca puede cambiar en cuanto a la seguridad del cumplimiento de sus promesas (v. 20).
  5. Les recuerda a los hermanos en Corinto que su autoridad y apostolado en Cristo, y quien lo había llamado era Dios para servirle, y que el Espíritu Santo, como sello, testificaba de ello (v. 21, 22).


El carácter vacilante es una de las características de una persona inmadura o insegura (Stg. 1:6-8; 5:12). Esta persona genera desestabilidad en su manera de actuar y provoca incredulidad hacia él mismo en las personas a su alrededor.

En cambio, una persona fiable y segura siempre va a actuar de acuerdo a su palabra, todo lo que dice lo cumple, y lo que menciona siempre se apega a la verdad.

Pablo menciona el carácter inmutable de Dios como punto de partida de su propio carácter. Si Dios es fiel, Pablo debía ser fiel; si Dios no es vacilante, de la misma manera debía serlo el apóstol.

Nosotros como creyentes debemos mirar al carácter de Dios y vivir reflejándolo en todas nuestras áreas de vida. Debemos dar gracias al Señor por su carácter fiel, podemos confiar en Su Palabra y descansar en sus promesas. Pero al mismo tiempo daremos honra a Su Nombre si nosotros manifestamos ese mismo carácter ante los demás.


«Una manera de honrar a Dios por su fidelidad es reflejar su carácter en toda nuestra manera de vivir»

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La dicha del testimonio ajeno

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2 Corintios 1:12-14

“Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros. Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también entendéis; y espero que hasta el fin las entenderéis; como también en parte habéis entendido que somos vuestra gloria, así como también vosotros la nuestra, para el día del Señor Jesús.”

  1. El buen testimonio de una persona siempre nos trae alegría, pero en este caso, Pablo estaba mencionando que su trabajo entre los corintios, su propio testimonio ante ellos, y la vida de cada miembro de la iglesia serían motivo de orgullo de todos cuando Cristo venga (v. 14).
  2. Inicia recordando que su propio testimonio no ha sido el resultado de obra humana, sino que ha sido el resultado de “la gracia de Dios”. Él ha sido quien ha transformado y capacitado a Pablo para vivir una vida de buena conciencia, sencilla y sincera (v. 12).
  3. Pablo estaba escribiendo esta carta en respuesta al cambio que se había dado entre los hermanos en Corinto a causa de la exhortación recibida en la primera carta (2 Co. 2:9), y en esa primera carta él había escrito todo claramente, sin incluir un mensaje “entre líneas”, y él esperaba que todo sea claramente entendido por ellos (v. 13).
  4. Pablo estaba exponiendo su corazón en estas líneas indicando que él se encontraba preocupado por los hermanos en Corinto, y que todo lo que había dicho y deseado con la primera carta tenía el propósito de producir un cambio para bien en los receptores de la misiva.
  5. El apóstol entendía que en la venida de Cristo todos encontrarían motivo de regocijo por la vida del otro. Pablo estaría feliz en ver lo que Dios haría la final en la vida de cada creyente en Corinto, y los hermanos en Corinto se sentiría dichosos de ver al apóstol quien fue el instrumento de Dios en favor de ellos, y la vida de cada uno sería motivo de dicha en testimonio ajeno (v. 14).


Así como el padre, quien con esfuerzo educa y ayuda a un hijo a ser hombre de bien, y cuando este ha crecido manifiesta una vida provechosa y de buen comportamiento, y en esa vida se gloría; o del hijo que ve a su padre ser reconocido por alguna labor de su progenitor; así el creyente puede regocijarse en el buen testimonio de la persona que haya sido su discípulo o su discipulador.

Siempre es motivo de gran dicha ver como las personas que están a nuestro alrededor son reconocidas por una vida ejemplar, por un buen testimonio, por un gran logro. Quienes estamos al lado de esas personas sabemos que aquellos que han trabajado arduamente merecen dicho reconocimiento, en ese momento todos nosotros nos unimos en gran dicha por el logro ajeno.

De la misma manera, un creyente podrá alegrarse profundamente por la vida de creyentes que han sido de gran bendición por su testimonio y labor entre los demás hermanos de la iglesia. Puede ser un maestro de escuela dominical, aquella persona que nos evangelizó o discipuló, alguien quien nos instruyó en algún momento y que nos bendijo con su participación, y cuando todos lleguemos a la presencia del Señor veremos el reconocimiento a esa labor que el mismo Jesús hará en favor de ellos.

Pero también, quienes han enseñado la Palabra de Dios como predicadores, maestros o discipuladores; o que han predicado el evangelio para que otros lleguen a ser salvos; verán con gran dicha a esas personas en el cielo y la transformación que Dios hizo en sus vidas, y se gloriaran por ellos.

Sea que nosotros seamos el resultado del trabajo de amor de alguien, o que nosotros trabajemos en favor del crecimiento espiritual de los otros, todos llegaremos a estar dichosos por la obra de Dios entre nosotros, y lo que ese esfuerzo representó en esta vida para el resultado final que veremos en el cielo.



«Todos aquellos que participan efectivamente en el reino verán junto al Señor el resultado maravilloso de esa labor de amor plasmada en la vida transformada de aquellos en quienes trabajaron con pasión»

Ministerio UMCD
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La academia de la consolación

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2 Corintios 1:3-11

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación. Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.”

  1. Pablo inicia bendiciendo o alabando al “Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (v. 3) porque comprendía que toda consolación con el que él ha sido consolado vino de Dios, Quien por su misericordia lo alentaba en toda tribulación (v. 4). El apóstol estaba pasando dificultades, pero había recibido consuelo de parte de Dios.
  2. El propósito de la recepción del consuelo dado por Dios era para que utilicemos nuestras experiencias de consuelo como ejemplo y aliento para otros (v. 4b-6).
  3. Nos recuerda que las aflicciones no son pocas, sino muchas, como muchas también las consolaciones (v. 5).
  4. Pablo tenía la confianza de que Dios consolaría a los hermanos de la misma manera con la cual él ha sido consolado (v. 7).
  5. El apóstol les menciona las veces en las que él mismo vio la muerte, pero de toda tribulación él fue consolado y librado por el “Dios de toda consolación” (v. 8, 9).
  6. El autor alienta a los receptores de la carta señalando que el consuelo de Dios ha sido, y será dado, en todo tiempo, aún ante la misma muerta, de la cual nos consuela librándonos de la condenación (v. 10).
  7. También indica que la participación de los santos por medio de la oración ha favorecido en la consolación con la que Pablo fue consolado (v. 11).


La palabra consuelo o consolación en el N.T. da la idea de una persona que está al lado de alguien atribulado y que viene en su ayuda para alentarlo y sostenerlo. Dios es quien viene a nuestra ayuda, Quien se pone a nuestro lado para alentarnos y sostenernos mientras enfrentamos las dificultades.

Las pruebas tienen el propósito de renovar nuestro interior, sacando lo indeseable y forjando un carácter similar al del Señor (Ro. 5:1-5; Stg. 1:3-5; 1 P. 1:6-9). Mientras estemos en esta vida siempre enfrentaremos tribulaciones, eso es parte de vivir en un mundo caído, y Dios permite que lleguen a nuestras vidas esas dificultades para nuestra transformación mientras Él nos ayuda a salir en victoria (Jn. 16:33).

Quien nos consuela en vida es el Espíritu Santo. Fue enviado para que entre muchos ministerios que Él ejerce en nuestras vidas, nos ministre con Su obra de consolación (Jn. 14:16, 26; 15:26).

En medio de las tribulaciones alabemos al Padre de misericordias y Dios de toda consolación”, porque Su obra en nosotros nunca fallará mientras esperemos en Él.



«El consuelo con que Dios nos alienta no es solo para nuestro favor, sino para que lo ministremos también a otros»

–Ministerio UMCD–
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Un Padre protector y sustentador

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Mateo 2:13

“Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.”

  1. La historia del nacimiento de Jesús ilustra muy bien el hecho de que Dios es una Padre bondadoso con sus hijos. Cuando Cristo se encarnó Dios veló por el bienestar de nuestro Señor y lo libró del mal de formas maravillosas y discretas a la vez.
  2. Desde la concepción de nuestro Señor Jesús en el vientre de María, su vida se vio amenazada en varias ocasiones, una de ellas fue el desprecio que José quiso tener con María al enterarse que ella estaba embarazada sin que ellos dos se hubiesen unido como pareja (Mt. 1.18-21).
  3. En otra ocasión, Herodes intentó asesinar al Niño porque entendía que Él era el Mesías prometido por Dios para Israel, y creyendo que su trono estaría en peligro decidió actuar en su contra despiadadamente, mandando matar a todos los niños menores de dos años que vivían en Belén (Mt. 2.16).
  4. En ambos casos Dios obró a favor de Su Hijo y lo libró del mal. Convenció a José de permanecer con María y cuidar de Jesús; y ante la amenaza de Herodes, haría que José se llevara a su familia a vivir a Egipto, escapando así del peligro.
  5. Además de ser un Padre bondadoso, Él también es sustentador. Dios se encargó de proveer para Jesús todo lo que él y su familia necesitaban para vivir, de hecho, envió a unos sabios de Oriente que le llevaron presentes de muy alto valor y con los que es muy probable que hayan obtenido su sustento por algún tiempo.


Así como Dios protegió a su Hijo del mal que otros querían causarle, Dios también nos protege a nosotros del mal que pueda llegar a nuestras vidas, algunas veces somos testigos de la forma en la que nos protege y otras veces no nos damos cuenta, pero siempre está cuidándonos.

Dios es bueno, Él nos cuida de todo mal que no haga parte de su plan para nosotros, Satanás en cambio, está totalmente empeñado en hacernos daño, y él usa cualquier arma para atacarnos, él quiere destruirnos, robar lo bueno que haya en nosotros y matar áreas de nuestras vidas que le den la gloria a Dios.

¿De quién creemos que provienen las masacres, torturas, abusos, mentiras, traiciones, el hambre qué hay en el mundo, los abortos y más cosas terribles que vemos cada día?… de Satanás, él es malo y realmente quiere destruirnos. El placer que nos promete enmascara la porquería con la que quiere hacernos daño.

Así como Dios nos cuida del mal, también nos provee todo lo que necesitamos, Él conoce nuestras necesidades y quiere que tengamos la confianza de que Él va a suplirlas para que, en vez de enfocar nuestras vidas en cubrirlas por nuestra cuenta, dediquemos tiempo a conocerlo y vivir con gozo en Él (Mt. 6.25-33).

Vivamos confiados en nuestro Padre, su protección está presente en nuestras vidas en todo tiempo y su provisión es evidente cuando le amamos y le buscamos a Él primeramente.



«¡Vive confiado en tu Padre celestial, su protección y sustento son evidentes cuando le amas y te gozas en Él!»

–Ministerio UMCD–
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¡Llámalo papá!

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Juan 1:9-12

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;”

  1. Todos cuando nacemos estamos muertos espiritualmente debido al pecado. Nuestra naturaleza pecaminosa nos hace seguir los deseos de la carne y del mundo, de hecho, la Biblia nos dice que antes de ser hijos de Dios, éramos hijos de desobediencia, no nos sometíamos obedientemente a Su voluntad (Ef.2.2; Col. 3.6; 1 Jn. 3.10), y por eso no éramos parte de Su familia.
  2. Pero gracias a la obra de Cristo en la cruz y a su vida justa podemos ser llamados hijos de Dios, Quien por Su amor nos dio ese derecho.
  3. Todos los que creemos en Cristo como nuestro salvador, hemos sido adoptados por Dios como sus hijos (Ef. 1.5) y ahora tenemos a su Espíritu Santo morando en nosotros como la confirmación de que somos hijos suyos. (Ef. 1.13-14)
  4. Tal es el cambio de nuestra relación con Dios, que siendo sus hijos ahora podemos acercarnos a Él con la confianza con la que un niño lo haría con su padre. (Rom. 8.15)


Dios es nuestro padre y eso implica un cambio fundamental en la forma de relacionarnos con Él. Cuando Pablo en Romanos 8.15 expresó esa confianza que tenemos con Dios, nos dice que podemos llamarle “Abba”. El comentario de la Biblia Popular nos dice que “Abba” era la palabra aramea para “padre”, y que era la forma común que usaba un niño para dirigirse a su progenitor al pedirle algo. Esta expresión involucra un sentido de confianza, seguridad, aceptación y esperanza que provienen de un corazón que se siente amado por Dios.

Además de que podemos entender que Dios es nuestro Padre gracias a la obra redentora de Cristo, Él también nos enseñó a llamarlo Padre como lo hizo cuando les enseñó a sus discípulos a orar (Mt. 6.9), o cuando dijo “Subo a Mi Padre y Padre de ustedes” (Jn. 20.17 NBLA), buscando que entendiéramos esa nueva forma en la que podemos relacionarnos con Dios como nuestro Padre.

Lamentablemente como seres humanos finitos y limitados, tenemos el problema que para entender nuevas realidades tenemos que hacer uso de las que ya conocemos, por eso, muchos de nosotros nos apoyamos en nuestra relación con nuestro progenitor para entender esta idea de que Dios es nuestro Padre, y allí nos encontramos con la realidad de nuestra maldad, que nos deja una imagen muy pobre y distorsionada de esa relación paterna.

Tenemos que renovar nuestro concepto de padre para vivir nuestra nueva relación paterna con Dios. Él sí es un Padre perfecto, amoroso, sustentador, fiel, que no nos abandona, que no cambia de acuerdo a sus intereses o gustos, que es justo, misericordioso y que ejerce la disciplina con total armonía y pureza.

Gocemos de esta nueva relación con nuestro Padre. Tengamos la confianza de llegar a Él en cada momento, de sentir su amor, su compasión, su lealtad y su compromiso con nuestro bienestar.



«¡Dios sí es el Padre perfecto!»

–Ministerio UMCD–
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Amor eterno

Serie: El amor verdadero


De seguro en algún momento  conociste a alguien que prometió estar contigo siempre, en los momentos buenos y malos, pero por razones distintas ya no está contigo. Puede que sea el caso de tus padres, amigos o un novio o novia. ¿Cómo te sentiste cuando ese “amor eterno” se fue? Y ¿Cómo te sientes ahora respecto a eso?

En este segundo episodio de El Amor Verdadero quiero hablarte acerca de un Amor Eterno, conozcamoslo!

Como seres humanos, creados por un Dios de amor, tenemos la necesitad de sentirnos amados y amar a otros, pero ¿Cómo podemos sentirnos amados en un mundo que ofrece amor pasajero?

Primero, identifiquemos cómo es el amor pasajero: Es un amor que no se preocupa por tus necesidades o cargas, no busca tu bien, no se va a preocupar por cómo estás. También es un amor que en los momentos difíciles, sale corriendo, no va a estar para llorar contigo ni consolarte, simplemente va a alejarse de ti.

Ahora, ¿necesitamos de un amor eterno? ¡Claro que lo necesitamos! Porque fuimos creados para compartir amor y recibir amor, no podemos enfrentar todo solos, necesitamos de quien nos consuele en las luchas diarias, de alguien que nos haga sentir que no estamos solos y nos consuele.

¿Cómo es entonces un amor eterno? Y ¿Dónde podemos buscarlo?

Un amor Eterno es aquel que te permite entregarle tus cargas, te escucha y te acompaña en los momentos difíciles. Es también un amor que bajo presión, no huye sino que se queda contigo y se fortalece, no te va a abandonar a pesar de lo que pase. ¿Dónde podemos buscarlo?

El único capaz de darte un amor eterno que no falle es Dios, siendo un Dios eterno nos dice que nos ha amado con amor eterno:

En Deuteronomio 33:5 nos dice que el Dios eterno es nuestro Refugio, es en él donde la promesa de un amor eterno puede cumplirse.

Cuando tenemos cargas pesadas y nos sentimos solos, podemos encontrar refugio en Dios. ¡Nos ama con amor eterno! Y es seguro que él no saldrá corriendo.

Busca tener una relación con este Dios de amor eterno, te aseguro que estarás más seguro en Sus brazos que en los de cualquier persona.


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¡No hay un saludo más lindo!

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1 Corintios 16:19-24

Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor. Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Yo, Pablo, os escribo esta salutación de mi propia mano. El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene. La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros. Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén.”

  1. Pablo escribiría estas últimas líneas (v. 21). Generalmente Pablo tenía a varios hermanos que le ayudaban con la escritura de las diferentes cartas, pero en esta última porción de esta carta en particular, el apóstol se encargaría de escribir la despedida.
  2. Aquila y Priscila habían estado con Pablo en Corinto en su primera visita (Hch. 18:1-3), y ellos lo habían recibido por un año y medio. Estos dos fieles servidores conocían muy bien a los hermanos en Corinto, pero ahora ellos se encontraban en Éfeso sirviendo en la iglesia allá.
  3. El saludo de esta pareja era muy sincero, y debió ser muy sentida por todos en Corinto (v. 19), pues ellos les eran muy conocidos. La frase “os saludan en el Señor” evoca una fe común en un mismo Señor, y un amor común basado en una relación espiritualmente familiar en Cristo. Este saludo era más que ningún otro, muy significativo.
  4. No importa si entre ellos eran conocidos, la relación espiritual que viene de la fe en Cristo pone a todos en un sentir diferente a la de cualquier relación en el mundo porque ahora todos somos parte de la familia de Dios, y miembros todos de una misma iglesia, la de Cristo. (v. 19, 20)
  5. En el saludo, Pablo evoca el deseo de que el bienestar que brinda “la gracia del Señor” siempre esté presente entre los hermanos, y que el “amor” que él sentía por ellos también abunde en cada miembro de la iglesia para con los demás (v. 23, 24).


En una iglesia en donde solía asistir antes de mudarme a otra ciudad cantaban una canción que en su letra decía: “No hay un saludo más lindo que el saludo de un cristiano… te da la mano y te dice: ¡Dios te bendiga mi hermano!… ¡Dios te bendiga, Dios te bendiga mi hermano!”. Esta canción era entonada durante la celebración de culto todas las semanas, y en ese momento todos en la congregación se levantaban y se saludaban unos a otros. Un bello recuerdo que hasta ahora lo tengo en mi memoria.

Pero aparte de lo alegre que era saludarse entre todos en la congregación, el valor que ello representa es lo que tiene más significado. Si realmente todos reflexionáramos en la importancia espiritual del saludo veríamos lo hermoso y beneficioso que es.

El saber que todos tenemos una misma fe nos pone en una condición de unidad y amor. Saber que somos hijos de un mismo Padre, que una misma fe nos cobija en la salvación en Cristo, y que ahora todos tenemos al Espíritu Santo morando en nosotros nos hace actuar en una nueva naturaleza de una forma no conocida en el mundo.

Nuestra conexión espiritual nos pone en una esfera superior, y cuando esa conexión va acompañada con el amor sincero en Cristo, el momento de saludarnos nos hace estar en instante “celestial”, por así decirlo.

La próxima vez que vea a un hermano en Cristo, dese el tiempo a expresar lo bendecido que se siente en conocerlo, el gozo que tiene en saber que tenemos una misma fe y que somos de una misma familia. Exprésele palabras de bendición y buen deseo, y si es posible, pueden darse un ósculo santo”(v. 21).



«No existe un saludo más significativo que el expresado entre dos creyentes que guardan una misma fe y un mismo amor»

–Ministerio UMCD–
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