Impulsado por Su amor

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2 Corintios 5:11-15

“Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias. No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros. Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.”

  1. Pablo quería hallar una respuesta favorable del lector ante la petición un cambio de vida (“persuadimos a los hombres”). Él motivaba esta respuesta con “temor del Señor”, ya que conocía a Dios, y en reverencia estaba solicitando una consideración piadosa y debida de cada creyente (v. 11).
  2. La intención del apóstol era santa, pues no buscaba su propia gloria o beneficio, sino que la exhortación venía del puro afecto en favor de los hermanos en Corinto. Estaba cuidando a la iglesia de no apartarse tras aquellos que se gloriaban en sí o que buscaban beneficio, como los falsos maestros que estaban entre los corintios dañando a la iglesia (v. 12).
  3. Pablo, apasionado por Dios, vivía de tal manera que los demás lo consideraban un loco fanático, pero para los corintios él vivía de acuerdo con el conocimiento y el temor de Dios (v. 13).
  4. Pablo, al ver “el amor de Cristo”, que lo llevó a morir en la cruz para dar salvación a quienes lo aceptan, se sentía impulsado, constreñido, a morir a sí mismo para vivir “para aquel que murió y resucitó” por todos. La locura apasionada generada en Pablo era el resultado del conocimiento de tan gran sacrificio de amor que le otorgaba perdón y salvación, y ahora vivía en retribución a dicho “amor” (v. 14, 15).

La entrega de amor de Cristo no solamente nos debe llevar a la salvación por medio de la fe en Su obra de redención, sino que nos da un ejemplo y razón para vivir para cumplir la voluntad de Dios de forma entregada.

Muchos viven para sí mismos, entregados a sus propios valores y deseos egocentristas. Otros en cambio, viven para otros, para complacer a alguien a o alguna corriente del mundo. Pero pocos, y solamente los que conocen del amor de Dios en Jesús, saben que no hay nada más significativo que vivir para nuestro Redentor.

Nuestra meta siempre será agradar a Dios en todo, recordando que fuimos creados para adorarle a Él con nuestras vidas (Mt. 22:37, 38). Pero para Pablo, su consagración no nacía por un mandamiento nada más, sino como resultado de su comprensión del amor y sacrificio de Jesús (2 Co. 5:14). Para él, el vivir para Cristo significaba la manera apropiada de vivir, por el ejemplo de amor que Cristo nos dejó, y por agradecimiento de tan gran sacrificio.

Si la gente nos pudiera “tildar” de algo, que nos digan que estamos locos por nuestra pasión por el Señor. No todo el mundo comprenderá esa entrega, pero para quienes hemos conocido a Cristo, esa pasión tiene fundamento y propósito. ¡Si alguien me llama loco, que sea por Cristo!


«El comprender a cabalidad el amor de Cristo nos puede hacer que vivamos apasionadamente locos para Él»

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Caminando por fe hacia lo eterno (Parte II)

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2 Corintios 5:1-10

“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”

  1. Siempre hay que tener presente que este cuerpo que tenemos algún día morirá, y que el deterioro por la edad y las enfermedades son una parte de las consecuencias del pecado. Pero Dios, el día que estemos en Su presencia, nos dará un nuevo cuerpo glorificado libre de maldad y corrupción de muerte (v. 1; Comp. 1 Co. 15:50-53; 1 Ts. 4:13-18).
  2. El anhelo de Pablo es poder estar libre sobre todas las cosas del pecado que nos afecta y que mora en el cuerpo (Comp. Ro. 7:14-25), revestido de una “habitación celestial” en donde pueda habitar el alma y el espíritu del creyente por una eternidad. Había un deseo y una certeza de que nuestro actual cuerpo sería transformado o cambiado por uno nuevo, libre de mal y eterno (v. 2-4).
  3. La certeza de Pablo sobre la resurrección estaba en la presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente como “arras” o el depósito de garantía de las promesas de Dios (v. 5; Comp. 2 Co. 1:22; Ef. 1:13, 14). No solo que la presencia del Espíritu nos asegura lo dicho por Dios, sino que el mismo Espíritu actúa en nosotros recordándonos y confirmando esas promesas (Jn. 14:26).
  4. Aunque la presencia de Dios es constante en nuestras vidas por ser Él un Dios Omnipresente, el apóstol miraba con deseo el poder estar ya en cuerpo, alma y espíritu ante el Señor. Aún no hemos llegado a Su presencia en sentido físico, como cuando podamos ir al cielo, aunque sí estamos ahora ante Su presencia. Pablo miraba “por fe” el día que se encuentre con Dios cara a cara, por así decirlo (v. 6, 7). Mientras estemos en cuerpo en esta vida, todavía no estamos completamente presentes ante Dios (v. 8).
  5. Todo este pensamiento de estar ante Dios definitivamente y para siempre le llevaba a Pablo a mirar su comportamiento, sea que esté o no ya en Su presencia (v. 9). Él sabía que cuando llegue allá cada creyente pasará ante el “tribunal de Cristo” a comparecer por la manera cómo vivió cómo creyente (v. 10), y ese día nuestras obras en Cristo serán juzgadas y recompensadas si son halladas buenas, si no, “sufrirá pérdida” (1 Co. 3:11-15).

El Tribunal de Cristo es una realidad futura para el creyente, como real va a ser el infierno para el no creyente. La diferencia en el destino no lo marca la vida presente del comportamiento de cada uno, porque todos somos pecadores, sino la fe en la obra de Cristo, Quien nos libra de la condenación cuando pusimos nuestra esperanza en el perdón de Dios por medio de Su obra redentora (Ro. 8:1-3).

Pero el Tribunal de Cristo sí va a ser un juicio, no para condenación, sino para evaluación de nuestra vida como creyentes y de nuestro servicio al Señor.

Tener en mente que un día partiremos de este mundo, y que nuestro cuerpo mortal y pecaminoso será cambiado por uno eterno y puro, nos alienta mucho. Pero no olvidemos que hasta que ese día llegue, y podamos por fin contemplar con nuestros propios ojos la gloria de Dios, nosotros seguimos ante la presencia de Dios, y Él nos mira y conoce cada uno de nuestros actos y pensamientos, y nos está juzgando. Por tanto, como Pablo, debemos “o ausentes o presentes, serle agradables”. (2 Co. 5:9)


«El tener en mente que estamos en la presencia de Dios todo el tiempo, y que un día estaremos ante Su gloria, nos santifica, porque tenemos presente que todo está siendo juzgado por Él»

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Caminando por fe hacia lo eterno (Parte I)

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2 Corintios 4:13-18

“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”

  1. Pablo nos dado explicaciones suficientes de su amor por el evangelio, su deseo de sufrir por el evangelio, y de su pasión por la iglesia en Corinto. Nos ha recordado que su capacidad ha venido de Dios, y que todo lo que ha hecho lo hizo por el deseo de testificar del poder de Dios y de su gloria. (Leer 2 Co. 2:12 – 4:12)
  2. Ahora, mirando hacia lo eterno, nos recuerda que todo esto lo ha venido haciendo por su mirada hacia lo que está por venir. Su caminar fiel y apasionado ha sido basado en lo que por fe espera vivir cuando esté en la presencia de Dios. (2 Co. 4:13 – 5:10)
  3. Teniendo en mente el salmo 116, Pablo cita el verso diez de dicho salmo (v. 13 Comp. Sal. 116:10)para referirse a lo que vendrá a continuación.
  4. Pablo tenía fe que Dios, al igual que había resucitado a Jesús de entre los muertos, con el mismo poder resucitaría a todo creyente. (v. 14)
  5. Los padecimientos de Pablo eran aceptados con agrado por el “amor” hacia los demás, sabiendo que entre más seguía predicando el evangelio, más abundaba “la gracia” salvadora de Dios en la vida de más personas, y por ello, “la acción de gracias” abundaría más y más “para gloria de Dios”. (v. 15)
  6. Esto alentaba al apóstol, quien miraba los padecimientos como efímeros; antes alentado, seguía adelante, sabiendo que esto lo estaba transformando internamente, y que lo que experimentaría en el cielo cuando esté con el Señor sería glorioso (v. 16, 17).
  7. Pablo no se fijaba tanto en lo que ahora en vida experimentaba, porque esto era pasajero; pero lo que se estaba forjando a través del presente tenía un significado imperecedero, era eterno (v. 18).


Muchas veces nuestra visión es corta cuando se trata de sufrimientos o esfuerzos. Estamos tan acostumbrados a vivir el presente y lo que hay para esta vida, que nos olvidamos que todo esto algún día perecerá. Nuestro deseo de “mimar” nuestro presente y asegurar nuestro futuro mediato nos ha alejado de la perspectiva correcta. (Comp. Col. 3:1-4)

Para poder cumplir con la voluntad de Dios apropiadamente en vida debemos tener una mente enfocada en el reino y en lo eterno. Si mantenemos nuestro caminar por fe hacia lo eterno, comprenderemos que muchas de las cosas tienen un valor significativo cuando lo ponemos en ese contexto. Lo que quede en esta tierra perecerá, pero lo que sea edificante para lo que viene permanecerá (Mt. 6:19-21).

Reenfoquemos nuestras vidas poniendo todo nuestro esfuerzo mirando con fe hacia lo que estamos por vivir cuando estemos en la presencia del Señor. Aún los padecimientos tienen un propósito con futuro maravilloso. No nos enfoquemos tanto en las cosas que vemos ahora, sino en aquello que por fe estaremos viviendo.


«Así como el enfoque apropiado del telescopio permite ver correctamente las maravillas del universo, de la misma manera un enfoque apropiado de nuestra vida nos llevará a mirar con fe que todo lo que vivimos o hacemos tiene valor en función de un hermoso futuro eterno»

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Confianza que fortalece

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2 Corintios 4:7-12

“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.”

  1. Pablo sabía que, aunque él tenía el privilegio de predicar el poderoso mensaje del evangelio (v. 1-6), este “tesoro” estaba depositado en “vasos de barro”. Reconocía que como ser humano era un instrumento sencillo, prescindible, frágil, común; pero que, a pesar de ello, Dios lo usaba, y por lo tanto entendía tal privilegio al ser instrumento dl Señor. Esto hacía que el “poder… de Dios” sea evidenciado (v. 7).
  2. El privilegio de ser instrumento de Dios lo colocaba en una posición de ser rechazado y maltratado. Todo lo que Pablo sufrió lo enfrentó sabiendo que la causa de todo era el odio de las personas al Nombre de Jesús, y el apóstol pagaba el precio por la causa de Cristo (v. 8-10).
  3. A causa de la fragilidad de Pablo y todos los sufrimientos que tuvo que vivir, “Jesús” fue exhibido plenamente en la vida de Su siervo (v. 10). No solo en todo lo que Cristo tuvo que padecer por nosotros, sino que, en medio de la fragilidad y dolor, se evidenciaba el poder de Cristo obrando en la vida de Pablo.
  4. La idea de mártir por Cristo representaba para Pablo un privilegio al cual estaba muy entregado, y del cual estaba agradecido (v. 11).
  5. Todo lo que padecía Pablo lo hacía pensando que el costo que enfrentaba valía la pena al ver a más personas hallar la vida eterna a través de la fe en el evangelio (v. 12).


El predicar el evangelio no siempre ha sido una tarea fácil a causa del rechazo de las personas hacia Cristo y el mensaje de salvación. El hombre en su pecado se ha rebelado contra Dios y todo lo que le recuerda a Él; y si Dios es rechazado, todo aquel que lo representa también será rechazado.

Muchos creyentes en el mundo sufren una cruenta persecución a causa de Cristo, y los otros, aunque no están enfrentando el fuego del odio de ese rechazo, si sufrimos de una manera u otra el odio de aquellos que, por su rebeldía, no quieren saber del Dios vivo y su amor en Jesús.

Este rechazo puede ser evidenciado por medio del odio que nos tienen, el alejamiento de familiares y amigos, insultos, etc. En otros casos más graves se ve violencia física, prohibiciones legales, encarcelamiento, tortura, y hasta la muerte.

Como Pablo, podemos mirar que el poder del evangelio no se detiene, y nosotros tenemos el privilegio de sufrir todo ello en nuestra fragilidad por la causa de Cristo. Dios, por medio del poder con el que Él actúa en nosotros, nos fortalece y capacita para seguir cumpliendo la tarea de llevar el evangelio a todos. Tenemos el privilegio de hablar del amor de Dios a pesar de tanto odio, de hablar de perdón en Cristo a pesar de tanta rebeldía, de hablar de vida eterna a pesar de que nos exponemos a la muerte.

No solo que Dios manifiesta su poder en nosotros, sino que sigue obrando a pesar de todo lo que pasa, con el propósito de dar a conocer de Su inmenso amor a aquellos que sí escucharan el mensaje del evangelio. En esta fragilidad nuestra se evidencia el poder de Dios, y esa es la confianza que nos fortalece para seguir fieles en la predicación del evangelio.


«Dios nos honra al usarnos con poder siendo mensajeros de su plan de redención a pesar de que somos unos sencillos “vasos de barro”»

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¡Ay de mí, porque he visto a Dios!

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Isaías 6:4-5

“Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.”

  1. Fue tal el impacto de la gloria de Dios en Isaías, que no solo su ser fue conmovido, sino que también estos elementos inertes e inanimados lo fueron (v. 4a).
  2. El templo se llenó de humo debido a la gloria de Dios, y eso nos recuerda lo dicho por Moisés en Dt. 4.24: que Dios es “fuego consumidor”, y que su apariencia es como de fuego (Éx. 19; Comp. Dn. 10.6; Ap. 1.14).
  3. Ante la gloria de Dios, Isaías solo pudo exclamar la calamidad que le vendría encima por haberlo visto, dijo: “¡Ay de mi! Que soy muerto”. Otras versiones de la Biblia traducen su expresión así: “¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado” (NTV) o: “¡Ahora sí voy a morir!” (TLA).
  4. Hay dos razones que explican el terror que invadió el corazón de Isaías, la primera fue que reconoció que era hombre de labios inmundos, y la segunda, que habitaba en medio de un pueblo igual.


Isaías era pecador, y aunque era uno de los más justos de Israel, era hombre, era un ser humano, era hijo de Adán, y por ende, era pecador, su corazón estaba afectado por el pecado de la raza humana y sus labios daban cuenta de lo que había en él.

Jesús nos enseñó que de la abundancia del corazón habla la boca (Lc. 6.45), y sin mencionar su corazón, con esta expresión, Isaías identificó el pecado que había en él.

Y es que cuando consideramos la santidad de Dios, la respuesta natural, la consecuencia normal que debiera producir eso en nosotros, es una conciencia de pecado que nos inunde y nos haga sentir tal nivel de terror que tengamos la obligación de confesarlo y arrepentirnos delante del Santo.

Por Su santidad, no hay ser humano que lo vea y pueda sobrevivir (Ex. 33.20). Porque Su santidad se nos aproxima como una sombra que nos amenaza y nos consume. Él no tolera nada impuro, pecaminoso e imperfecto; y eso es exactamente lo que somos nosotros.

¿Podemos imaginarnos lo que alguien que no sea hijo de Dios tendrá que enfrentar ante su Santidad en el día del juicio, donde sin fuerzas, sin ánimo, y sin esperanza tenga que reconocer su pecado delante de Él y escuchar Su juicio en su contra? (Ap. 20.11-15)

¿Cómo vamos a enfrentar esta verdad de la santidad de Dios?, ¿vamos a decir como muchos… “calla, calla, no hables más, ese no es el Dios que queremos, ese Dios nos incomoda, nos juzga y nos hace sentir culpables”?

O vamos a ser de los pocos que dicen:

“¿Por favor, háblennos sobre qué debo hacer para estar reconciliado con ese Dios Santo y potente?”

La buena noticia es la que el mismo Isaías nos dice en 57:15: “así dice el Alto y Sublime Que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: «Yo habito en lo alto y santo, Y también con el contrito y humilde de espíritu, Para vivificar el espíritu de los humildes Y para vivificar el corazón de los contritos.” NBLA

La pregunta final es: ¿Qué tan dispuestos estamos a humillarnos delante de Su santidad?


«La santidad de Dios produce una clara conciencia de pecado y necesidad de arrepentimiento»

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Dios es único

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Isaías 6:1-3

“En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.”

  1. Isaías había sido escogido por Dios para ser profeta delante del pueblo israelita, para hablarles en nombre de Dios.
  2. Él era un hombre piadoso, justo, que se interesaba por conocer la ley de Dios, por obedecerla y un día recibió la dicha de tener una visión de Dios en su gloria.
  3. En el capítulo seis del libro que lleva su nombre, se nos narra esa visión tan importante, y se nos habla de detalles como por ejemplo la orla del manto de Dios, que era tan grande que cubría todo el templo. En esa época la orla era un elemento decorativo de las grandes personalidades que simbolizaba su importancia, así que la grandeza de la orla del manto de Dios nos ayuda a entender su eminencia, poder y autoridad.
  4. Los serafines que estaban en la presencia de Dios son seres creados por Él que están a su servicio; y como ellos hay millares de ángeles que también le sirven y adoran (Dn. 7.10).
  5. Tal es la gloria de Dios, que ni siquiera los serafines, quienes al parecer en el orden jerárquico de los ángeles tienen una posición de importancia por permitírseles estar en la presencia de Dios continuamente, pueden ver su gloria. Por eso necesitan alas que cubran sus rostros, otras que cubran sus pies para ocultar su naturaleza de criaturas, y otras para volar y mantenerse en las alturas que Dios habita sin ningún esfuerzo.
  6. Una de las cosas importantes de este pasaje es la adoración que Dios recibe por ser “Santo, santo, santo”. En la literatura judía existe una técnica para hacer énfasis sobre las ideas o palabras importantes que consiste en la repetición; y si bien toda la palabra de Dios es sagrada, cuando algo se repite en ella nosotros debemos considerarlo tan relevante que debe acaparar por completo todo nuestro ser, como en este caso.
  7. La santidad de Dios debería tener un nivel superlativo en nuestro conocimiento de Él.


En el siglo XX un teólogo y antropólogo alemán llamado Rudolf Otto escribió un libro llamado en español: “Lo racional y lo irracional en la idea de Dios”, en el que publicó su estudio acerca de lo santo y lo sagrado; concluyendo que la experiencia que tenemos de lo santo es de algo muy extraño e imposible de penetrar y de comprender, tan misterioso y poderoso que puede provocarnos miedo. (Ministerios Ligonier, 2020a)

También detectó que, en todos los ámbitos, a través de las diversas civilizaciones, la respuesta básica de los seres humanos a lo que consideran santo o que sea santo es una respuesta ambivalente. Lo que quiere decir que, tenemos sentimientos encontrados acerca de lo santo, que hay algo acerca de la santidad de Dios que nos atrae, pero que también nos espanta y nos asusta. (Ministerios Ligonier, 2020a)

Pero ¿quién es santo?, pues la respuesta es Dios, Él es santo. Lo vemos en su creación que fue perfecta y santa, así como Dios (Gn. 1.31); y en su ley que también es santa (Ro. 7.12).

Nuestra idea de Dios dista mucho de la verdad, algunos creen que Dios es como un anciano bonachón, qué pasa por alto todo lo injusto y al que se le puede menospreciar y rechazar cada vez que se quiere; no, el hecho de que Su amor y misericordia sean tan grandes no significa que su santidad y justicia sean eliminadas.

¿Qué respuesta nos produce la santidad de Dios? ¿Temor o confianza? Lo que debería pasar en nosotros es que ese temor inicial que nos debe producir Su santidad nos haga rendir y humillar ante Él, para que luego, Él nos limpie y declare santos gracias a la vida santa de su Hijo, Quién ha sido el único hombre capaz de satisfacer la demanda de santidad y justicia de Dios; de tal forma que gracias a Cristo nos sintamos confiados delante de Su santidad.


«La santidad y justicia de Dios están perfectamente unidas con su amor y misericordia.»

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Un amor extremo

Serie: El amor verdadero


Entendiendo que la esencia de Dios es el amor y que Él nos demostró ese amor al enviar a Cristo a morir por nosotros, tal como lo dice Juan 3:16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.

Entonces es Jesús quien puede enseñarnos de un amor incondicional, un amor verdadero. Esa clase de amor que todos anhelamos experimentar y disfrutar.

Tristemente la realidad no es así, todos en algún momento de nuestra vida hemos sido lastimados por aquella persona que decía amarnos.

Pero si Cristo nos demostró ese amor extremo, ¿hay alguien más capaz de hacerlo? Es muy difícil encontrar a alguien que te brinde un amor desinteresado, que lo de todo por ti sin pedir nada a cambio. Jesús lo hace, él nos da ese amor verdadero y nos lo demuestra una vez más al utilizar una ilustración acerca del cuidado y la atención que tiene por sus hijos.

En Juan 10:27-28:

Jesús enseña acerca de la estrecha relación que existe entre el pastor (Jesús) y sus ovejas (sus hijos), una relación tan fuerte que tanto el pastor como las ovejas pueden identificar la voz del otro. ¡Esto es hermoso! Pero además de esta relación dice que las ovejas en la mano del pastor nunca perecerán y nadie las arrebatara de su mano, esto es una muestra muy clara del cuidado que el pastor tiene con sus ovejas.

En el Salmo 23, el salmista nos habla de ese cuidado que su pastor le brinda, leamos:

Obviamente el salmista se siente seguro con el cuidado de su pastor, aun cuando su camino debe atravesar valle de sombra de muerte, esto es problemas y dificultades, aun ahí su pastor esta con el guiándolo, animándolo y levantándolo si es que ha caído.

¿No te parece hermoso? Jesús es el pastor y nosotros (sus hijos) somos sus ovejas y aun siendo pecadores y estando separados de Dios por nuestra vida pecaminosa, Jesús nos llama «amigos» según Juan 15:13.

Podemos gozar del cuidado que el Señor nos ofrece, pero nada se compara con disfrutar de ese regalo de salvación que Cristo nos ofrece, ¡él dio su vida por ti y por mí! ¿Por qué? ¡Porque esa es la máxima expresión de Su amor!

Cristo nos ofrece ese amor extremo, ¿estás dispuesto a aceptarlo?


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La Luz Verdadera nos iluminó

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2 Corintios 4:1-6

“Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.”

  1. Pablo nos recuerda que el servirle a Dios por medio de la evangelización es un hecho que no lo merecíamos (“según la misericordia que hemos recibido”), y comprendiendo que no es una tarea sencilla expresaba que él no “desmayaba” o no se cansaba ni se desanimaba (v. 1).
  2. El valor de la tarea recibida demandaba una seriedad en el cumplimiento de tal tarea, la cual debía ser realizada con sinceridad, sin interés propio ni con la adulteración del divino mensaje (v. 2). Así como ahora, en el tiempo de Pablo habían muchos que deseaban sacar provecho del evangelio, y otros, alterando el mensaje, predicaban un “evangelio diferente” (Gá. 1:6-9).
  3. La razón por la que en muchos el mensaje no llega a cambiar sus vidas no es solo porque el mensaje no haya sido dado claramente, sino porque el maligno ha cegado el entendimiento de los que rechazan el evangelio (v. 3, 4). El pecado tiene al hombre muerto espiritualmente, y las mentiras de Satanás han engañado el razonamiento de muchos, y de esta manera la oscuridad ha caído sobre el corazón de la persona, y por ello no pueden recibir con fe el mensaje de la obra de la cruz, porque realmente no ha llegado a ellos la luz que les dé entendimiento.
  4. La predicación siempre debe ser basado en la obra de Jesús por salvarnos (v. 5), y Dios, al igual que cuando llamó a la luz a existencia de la nada (Gn. 1.3), de la misma manera es Quien debe obrar para que el entendimiento del hombre sea iluminado por medio de Cristo y Su obra redentora (v. 6).


Cuando un niño nace, nace en pecado y en muerte espiritual. Su entendimiento de las cosas de Dios está bloqueado, por así decirlo, por esa condición que lo mantiene en tinieblas. Cuando ese niño va creciendo va recibiendo información de engaño que el maligno tiene esparcido en todo el mundo, y es esa información la que le lleva a considerar un sinnúmero mentiras, pero que son presentadas como verdades absolutas, y en ello, no aceptará nada fuera de esa falsa verdad. Esa es la ceguera espiritual, mirar un engaño como verdad, y no poder reconocer la veracidad de Dios, Su Palabra, y la obra de Cristo.

Dios es quien obra en el hombre a través de la predicación del evangelio y de la obra del Espíritu Santo para dar entendimiento de Su verdad. Así como el mundo estuvo en tinieblas, el hombre que se encuentra perdido está en tinieblas espirituales, y necesita de Dios para que cambie ello.

Sin la obra de Dios en la vida del hombre, ninguno de nosotros tuviéramos oportunidad de aceptar el mensaje del amor de Dios y Su deseo de brindarnos perdón y vida eterna. Pero cuando escuchamos el mensaje, vemos la obra de Cristo, el Hijo de Dios, y es a través de Cristo que contemplamos de la gloria de Dios y Su amor por nosotros: “… cuando nos permitió entender la buena noticia, también iluminó nuestro entendimiento, para que por medio de Cristo conociéramos su grandeza”. (2 Co. 4:6 TLA)

“Señor, muchas gracias, no solo por enviar a Jesús a morir por nosotros, sino que, con tu poder y amor obras en nosotros para que podamos entender y aceptar el mensaje del evangelio.”


«Si Dios no iluminara al corazón del hombre que se encuentra en tinieblas por el pecado y el engaño, ninguno tuviera esperanza alguna de entender el mensaje de amor de Cristo como nuestro Salvador»

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