Amor expresado en corrección

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2 Corintios 7:2-9

“Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado. No lo digo para condenaros; pues ya he dicho antes que estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir juntamente. Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío con respecto de vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones. Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores. Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aun más. Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.”

  1. Pablo podía expresar con seguridad que a nadie había hecho daño, o enseñado el camino del mal, y menos engañado con falsas enseñanzas (v. 2). Su amor por los hermanos en Corinto era muy profundo como para hacer algo indebido (v. 3), aún más, él había pasado muchas pruebas por su amor y servicio por ellos (v. 4).
  2. El apóstol había llegado a Macedonia, no solo por los problemas que había tenido en Éfeso, sino, y sobre todo, para poder hallar información de la respuesta de la primera carta enviada a los corintios (2 Co. 2:13). Esperaba escuchar por parte de Tito el reporte de cómo la iglesia había recibido su llamada de atención a través de dicha carta (v. 5).
  3. El reporte de Tito trajo consuelo y aliento al saber que la iglesia había recibido la carta debidamente, llenándose de entendimiento, se dieron cuenta que su mal comportamiento había afectado su relación con Dios y esto había afligido a Pablo, por lo que respondieron en “llanto” de arrepentimiento (v. 6-7).
  4. La primera carta tenía un propósito, llamar la atención de los hermanos en Corinto para que no sigan en pos de su mal comportamiento. Si bien la reprensión traería tristeza en la iglesia, esa corrección trajo el beneficio del cambio sincero a una conducta piadosa. El convencimiento de pecado en la vida de la iglesia había sido obra de “Dios” (v. 9-8).

En muchos casos, aunque nuestro amor por nuestros seres amados, familiares y amigos es profundo y sincero, en el momento que vemos alguna conducta inapropiada de parte de ellos, en vez de tomar alguna acción que ayude a la corrección, por temor a entristecerlos o herirlos con la reprensión, preferimos callar. Creemos que al silenciar nuestra boca mantenemos la paz en nuestras relaciones.

Pero tenemos que recordar que el amor sincero debe seguir siempre lo bueno y debe actuar en contra de lo malo (Ro. 12:9). El no querer dañar una relación nos lleva a silenciar la verdad, y eso no es realmente amar. La persona que ama de verdad siempre va a actuar en pos de la corrección para alejar a nuestro ser amado de lo malo y protegerlo de ello.

Dios, por ejemplo, por amor nos disciplina (He. 12:5-8), usa Su Palabra para convencernos del mal (2 Ti. 3:16), y obra por medio del Espíritu Santo en nuestra mente para convencernos del mal y guiarnos al bien y la verdad (Jn. 16:8, 13).

La Biblia también nos dice que la lengua falsa que alaga y no reprende hace que los demás resbalen (Pr. 26:28). En contraste, la persona que corrige está haciendo un favor a nuestra alma (Sal. 141:5) y muestra su amor sincero (Pr. 27:5, 6). Pero también debemos estar dispuestos a ser corregidos (Pr. 10:17; 12:1; 25:12), porque mejor es la corrección a tiempo que el castigo por la necedad y rebeldía (Pr. 17:10).

Pablo, por amor a los hermanos, les había escrito una carta firme pero llena de amor, esa carta cambio la vida de los hermanos para bien cuando ellos escucharon apropiadamente la corrección. Nosotros también debemos estar dispuestos a corregir y ser corregidos, es una muestra de un verdadero deseo de bienestar. Aunque traiga un poco de tristeza, esa tristeza será cambiada en gozo cuando se produzca una respuesta genuina de arrepentimiento. La correcta corrección siempre debe ser hecha con amor, paciencia, verdad y firmeza.


«El genuino amor siempre corregirá el mal, pero la falta de amor sincero permitirá que el pecador siga haciéndose daño y haciendo mal a otros»

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No insistamos, no hay comunión – Parte II

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2 Corintios 6:16-7:1

“¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”

  1. En la lección inicial estudiamos que no es posible tener comunión entre dos personas espiritualmente distintas (2 Co. 6:14-16 – Lección anterior). Las diferencias son extremas, por lo que es imposible mantener una relación apropiada.
  2. Pero no solo está la dificultad que se da en la comunión entre las personas, sino que esto es un acto de desobediencia ante Dios. El versículo 17 expresa la voluntad de Dios para que salgamos de dicha relación. Como lo expresa un comentarista, la separación espiritual es un mandato, y el no hacerlo “no solo es irracional y sacrílego, sino un acto craso de desobediencia unirse con incrédulos”. (J. MacArthur)
  3. En los versículos 16-18 Pablo nos expresa las promesas de Dios a la obediencia ante este llamado. Una relación íntima de Dios con sus hijos es esperada. El Señor se aparta del pecador, pero establece una comunión firme, profunda y constante con quienes le temen y le honran con su obediencia.
  4. Ante la promesa expresada en la Palabra de Dios, Pablo nos exhorta a tomar la decisión de seguir el mandato de Dios para caminar apartados del mal y alejarnos de cualquier relación que afecte nuestra santidad y comunión con el Señor. El Señor Jesucristo nos dio ejemplo de ello (He. 7:26)

En la enseñanza del “yugo desigual” (2 Co. 6:14 – 7:1) encontramos unos tres puntos que son muy valiosos para considerar:

Enseñanza contundente (6:14-16a): En el pasaje que nos da Pablo en estos versículos nos deja la clara enseñanza que no hay posibilidades coherentes para mantener una relación buena con un no creyente. Las diferencias son tan grandes que no hay posibilidades de conciliarlas. No hay duda de que, el dejar a un lado este principio, o minimizar su importancia, el creyente expresa una necedad de su parte; pero aquel que es prudente escuchará dicha advertencia y tomará acciones apropiadas ante esto.

Llamado evidente (6:16b-17:1a): El llamado de parte de Dios es a vivir en santidad. Una relación con personas que no son creyentes siempre nos pone en una posibilidad gigante de pecar o de alejarnos de Dios. En la Biblia la enseñanza de no compartir con gente pagana y pecaminosa es clara (Sal. 1). Nuestro llamado es a apartarnos de ellos para vivir en santidad.

Decisión urgente (7:1b): La decisión que debemos tomar debe ser firme. No podemos ignorar la enseñanza de la Palabra de Dios. Si queremos agradar al Señor tenemos que tomar su llamado urgentemente. Las relaciones con incrédulos nunca van a edificarnos, al contrario, siempre nos llevará al detrimento de nuestra santidad y de nuestra comunión con Él. Apartarse es la única opción sabia y santa que tenemos, y esa decisión debe ser tomada seria y urgentemente. Si queremos disfrutar de las promesas de Dios en Su relación con nosotros, debemos seguir Su voluntad sin titubear.


«Aquel que es sabio escucha las enseñanzas de la Palabra de Dios y las pone en práctica, pero el necio las rechaza y cae en desgracia espiritual»

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No insistamos, no hay comunión – Parte I

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2 Corintios 6:14-16

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.”

  1. El “yugo” es el instrumento de madera y metal que mantiene unido a dos animales para una tarea agrícola; y para que se pueda sacar provecho de esta herramienta, se debe poner a dos animales de iguales condiciones. El colocar esta herramienta sobre dos animales diferentes características o de diferente fuerza provocaría muchos conflictos al momento de arar la tierra. Usando la ilustración del A.T. (Dt. 22:10), Pablo introduce la enseñanza para evitar cualquier unión comercial o de cualquier índole de relaciones entre los creyentes y no creyentes, sobre todo esperando que no acepten a los falsos maestros que estaban introduciéndose en la iglesia.
  2. Usando 5 palabras similares, pero específicas, Pablo hace unas preguntas para aclarar que no se puede hallar una posible relación: “compañerismo”, “comunión”, “concordia”, “parte”, y “acuerdo”. La primera habla de tener algo en común, mientras que la segunda incluye una relación más personal o fraterna. La tercera se refiere a un sonido en conjunto (entonar); la siguiente relacionada con obtener alguna porción; y la última hace referencia a un acuerdo legal. Y a todas estas preguntas la respuesta es enfática: ¡No!
  3. Las diferencias son evidentes. En primer lugar, los “incrédulos” son injustos, eso quiere decir que están todavía bajo juicio de condenación; viven en “tinieblas”; tiene una relación con “Belial” o el diablo; aún no han puesto su fe en Cristo como su Salvador; y siguen en pos de “ídolos” forjados por las falsas religiones y los demonios.
  4. En contraste, los creyentes han sido declarados justos, viven en “luz” iluminados por Dios, tiene una relación directa con “Cristo” porque han puesto su fe en Él como su Salvador, y ellos viven adorando a Dios, mientras que en sí mismos mora el Espíritu Santo.
  5. Utilizando un versículo del A.T., Pablo nos recuerda que hay una promesa por parte de Dios de habitar en medio de un pueblo santo y apartado (v. 16; Comp. Lv. 26:12; Ez. 37:27).

Mientras estemos en este mundo todos estaremos rodeados de personas que aún no han puesto su fe en Jesucristo. Esta realidad nos pone en una verdad que evidentemente está marcada por una diferencia abismal. Si bien todos somos personas creadas por Dios, y todos somos pecadores, la diferencia se marca en la condición espiritual en la que nos encontramos ambos grupos, y que es completamente distinta.

La enseñanza del “yugo desigual” que Pablo nos presenta en 2 Co. 6:14-18 nos ayuda a tener presente y de forma clara esta verdad de la imposibilidad de poder mantener relaciones cercanas o íntimas con personas que aún no han conocido a Dios, sean estas relaciones comerciales o personales.

La premisa parte del hecho que un creyente ha entrado en una relación espiritual real con Dios el día de la salvación, por tanto, su condición lo habilita a conocer, seguir y adorar a Dios de la forma que Él espera. En cambio, la persona que no ha puesto su fe en Jesús sigue en rebeldía con Dios, sin entendimiento ni capacidad espiritual para seguirle o adorarle a Él.

Entonces, en tanto que el creyente quisiera acercarse más al Señor, el no creyente va a alejarse de Él. En esa relación ninguno de los dos podría trabajar juntos en pos de un común propósito espiritual significativo (Am. 3:3). El creer o esperar que esto no tiene importancia es una mentira que muchos creyentes están aceptando porque no ven la seriedad de las enseñanzas de la Biblia.

El creyente es llamado a alcanzar al mundo con el evangelio, esa es nuestra meta firme en nuestras relaciones en este mundo, y mientras esas personas sigan siendo incrédulas, nuestra meta debe ser ello: evangelizarlos. Ya después, cuando esa persona haya sido salva, las condiciones para una relación mas cercana difieren porque ya ambos tienen una condición espiritual similar y pueden seguir un camino común real, sincero, glorioso.

[Si desea continuar con la siguiente lección (Parte II), haga clic aquí]


«Las diferencias espirituales entre un creyente y un incrédulo son tan grandes que impiden que entre ellos haya común propósito hacia Dios. Es como poner a un caballo y un toro juntos y pedir que caminen en una misma dirección»

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Las privaciones del ministerio

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2 Corintios 6:3-13

No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo. Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios; nuestro corazón se ha ensanchado. No estáis estrechos en nosotros, pero sí sois estrechos en vuestro propio corazón. Pues, para corresponder del mismo modo (como a hijos hablo), ensanchaos también vosotros.”

  1. Todo lo que Pablo enfrentó, tanto sus limitaciones impuestas por sí mismo para mantenerse alejado de todo mal, como las limitaciones impuestas externamente por las dificultades que enfrentó al servir, todo lo hizo para “no (dar) a nadie ninguna ocasión de tropiezo” (v. 3). Su deseo era mantener un ministerio íntegro para que no sea causa de acusaciones o de daños a otros.
  2. Por un lado, estaban todas las dificultades que enfrentaba que requerían de sacrificio, esfuerzo, sufriendo dolor, “necesidades” y “angustias”. Pablo, como muchos de los discípulos, sufrieron necesidades y persecuciones a causa del evangelio. (v. 4-5)
  3. Pero también estaban las limitaciones que voluntariamente se imponía para no pecar, y que requerirían de un carácter piadoso y fructífero. A más de esto, buscaba un crecimiento diario de dependencia y aprendizaje continuo para poder ser utilizado con eficacia, “en poder de Dios”. Para todo esto dependía de la obra del “Espíritu Santo” en él. (v. 6-7)
  4. Todo esto tenía un resultado bivalente. Por un lado, podía dejar un buen testimonio de provecho para unos, mientras que para otros esto no era nada bueno, sino que era deshonroso o causa de “mala fama”, dependiendo de quien juzgaba. Si eran los creyentes, ellos verían todo lo que Pablo enfrentó como algo grandioso; pero para sus enemigos, todo era resultado de una charlatanería y malicia de parte del siervo de Dios. (v. 8)
  5. La bivalencia recaía en que todo lo que Pablo sufría o enfrentaba podía para unos ser motivo de pérdida, pero para otros de victoria, dependiendo la perspectiva. Para Pablo, todo era de gran provecho, y de la misma manera era considerado por los creyentes sinceros y piadosos que veían al ministerio de Pablo como una gran bendición para ellos. (v. 9-10)
  6. Pablo exhorta a los hermanos a considerar correctamente todo lo mencionado para que su aprecio y cuidado por Pablo no se pierda. Recordándoles el amor que él tiene hacia ellos, les ruega que sientan el mismo aprecio por él, amor que, por causa de la mala influencia de los falsos maestros, y enemigos de Pablo, los hermanos en Corinto estaban perdiendo, estrechando así su “propio corazón” (v. 11-13).

El ministerio es una de las labores más bellas porque va acompañada de grandes bendiciones y victorias junto al Señor. El ver a vidas transformadas por el poder de Dios, y observar como crecen y llevan fruto, alienta cada día a quien sirve en el ministerio, a más del honor de ser usados por Él para cumplir con Su voluntad.

Pero el ministerio también tiene muchas dificultades y privaciones. Dios permite que Su siervo enfrente todo ello para poder manifestar Su poder en medio de todo, y así las personas pueden afirmar que hay evidencia contundente de un Dios de poder que obra en todo momento en y a través de Su siervo.

Muchas veces todo lo que un siervo enfrenta en su caminar junto al Señor es muy poco conocido, pero si es un caminar de unos pocos. Es un caminar arduo, lleno de privaciones, con dificultades; pero también glorioso y honroso.

Agradezcamos al Señor por la vida de quienes sirven en Su reino como pastores y misioneros fieles. Sus vidas son de gran bendición para nuestras vidas, y son una muestra del poder de un Dios maravilloso que se gloría obrando en medio de vasos de barro que son instrumentos útiles para Su reino.


«Dios, gracias por esos siervos fieles y piadosos que has puesto en nuestras vidas, y por medio de quienes Tú nos has bendecido grandemente con Tu obra»

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¡Hoy puede ser su día!

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2 Corintios 6:1-2

“Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”

  1. Pablo siempre consideraba el privilegio de trabajar junto a Dios para cumplir con el plan maestro de redención. La obra y el plan era de Dios, el apóstol solo acompañaba como ayudante humano siendo mensajero. Y como mensajero rogaba a toda persona a que escuchen y acepten el mensaje de la gracia salvadora de Dios.
  2. El privilegio de servir como mensajero de la reconciliación le llevaba también a un profundo sentimiento de preocupación por la vida de cada persona. Él estaba siempre celoso en asegurarse que todos pudieran escuchar el mensaje y que todos lo entendieran y lo aceptaran. Posiblemente en la iglesia en Corinto había algunos que aún no eran salvos, y por eso les exhorta “a que no (reciban) en vano la gracia de Dios”. (v. 1)
  3. Citando el pasaje en Isaías 49:8, Pablo les recuerda que cada persona tiene un día en su vida en que llega a aceptar ese mensaje de amor, y les alienta a todos que sea hoy mismo el día. Está apelando a la voluntad de todos a que con fe y en arrepentimiento reconozcan que necesitan ser salvos, ¡y que lo hagan ya! (v. 2)
  4. Pero también puede ser que esta exhortación además se daba porque no quería que los que ya eran salvos se alejen de la fe y la sana doctrina, y que tal vez por malas enseñanzas entre los creyentes, se vayan apartando de la verdad adulterándola con enseñanzas erróneas sobre la salvación. En todo sentido, por lo primero o lo segundo, la exhortación era necesaria y presentada por amor del siervo de Dios.

La salvación es considerada una gracia de Dios porque es un regalo inmerecido para el hombre. Dios en su deseo de salvar al hombre, y por la incapacidad moral de este último para hacerlo, le brinda la oportunidad de hallar salvación por medio de la fe en la obra de Cristo (Ef. 2:8, 9). Las malas y falsas enseñanzas en cambio siempre presentan a la obra de salvación como una capacidad propia del hombre en base a méritos de conducta o religión. ¡Esto es falso!

Hay un solo día en el calendario de nuestra vida en que podamos hallar la salvación. En ese día la persona escucha y entiende que Dios quiere salvarlo, y que para hacerlo Él ya había enviado a Jesús a morir para otorgar el perdón. El día que lo entiende por obra del Espíritu Santo, la persona acepta por fe el regalo o la gracia salvífica de Dios, y ese día llega a ser salvo. Ese día marca una vez y para siempre el destino eterno del ahora creyente.

Pero no todos llegan a ser salvos, no todos llegan a aceptar el mensaje. Es por esto que Pablo, recordándonos que debe haber una reconciliación con Dios, nos alienta a ser reconciliados por medio de Cristo, y que ya una vez reconciliados proclamemos el mensaje de la reconciliación.

Si usted ya es salvo, hable a otros de Cristo, hoy puede ser el día de la salvación para alguna persona que está a nuestro lado y que lo necesita. Pero si aún no lo hemos aceptado, hoy puede ser el día en que usted lo acepte. Dios, hoy, quiere otorgarle la salvación.

“… Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.” (He. 4:7)


«El encuentro del hombre con el mensaje de la gracia de la salvación tiene un día y una hora en el calendario de su vida, y ese momento es el más bendito de todos. ¡Gracias Dios por salvarnos!»

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Mensajero de reconciliación

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2 Corintios 5:18-21

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

  1. Dios en su plan de redención estableció Él mismo el medio de la reconciliación de la relación con el hombre por medio de Cristo. Dios deseaba perdonar el pecado del hombre, y por ello entregó a Su Hijo para que Él pague con su vida el castigo del pecado, y con ello brindar al hombre la oportunidad de acercarse y reconciliarse por medio de la fe.
  2. La expresión “no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” no quiere decir que a Dios ya no le importa los pecados del hombre, sino que los pone a un lado para no ponerlos como obstáculo para aquellos que se reconcilian con Él. (v. 19)
  3. Ahora somos siervos (“ministros”) para llevar el mensaje de reconciliación, y cumplimos el papel de “embajadores” o representantes autorizados de Dios ante el hombre para dar a conocer el mensaje.
  4. Dios tuvo que poner sobre Cristo nuestro pecado (“lo hizo pecado”), para que por medio de la justicia de Cristo ahora nosotros seamos declarados justos. (v. 21)

En marzo del 2008 se realizó en la ciudad de Santo Domingo, en República Dominicana, una reunión de la Cumbre de Río donde los presidentes de Ecuador y Colombia intercambiaron un apretón de manos después de varios altercados a causa de un problema territorial.

El presidente de República Dominicana Leonel Fernández actuó de agente reconciliador, cuando en una sesión de la Cumbre, solicitó de manera formal que cesen las tensiones entre los presidentes Rafael Correa de Ecuador y Álvaro Uribe de Colombia. Aunque el apretón de mano formal tuvo cierto nivel de inconformidad de las partes, esto sirvió para que las dificultades políticas entre ambas naciones se reduzcan, y con ello se evitó un posible conflicto armado.

De la misma manera, Dios se ha distanciado del hombre a causa del pecado del hombre. Desde el momento en que el hombre desobedeció, la relación espiritual con Dios fue quebrantada, y por la santidad de Dios, Él tuvo que alejarse del hombre.

Pero Dios no quiso que todo quedara de esta manera, e impulsado por su inmenso amor, lanzó un plan de reconciliación con el hombre, tomando Él mismo la iniciativa. El plan tenía como medio el sacrificio de su Hijo Jesucristo, para que Él tomando el castigo del hombre, pueda otorgarle a este último, la oportunidad de perdón y reconciliación por medio de la muerte en la cruz.

Ahora, todos los que hemos sido perdonados y reconciliados por medio de Cristo, somos llamados a participar como mensajeros de reconciliación por medio de la predicación del evangelio. Cristo es el agente que hace posible la reconciliación, y el deseo del Señor es que nosotros que hemos sido perdonados, podamos por nuestra propia experiencia hablar a otros de esta única oportunidad.

¿Ya ha recibido la reconciliación por fe en Cristo? ¿A quién desea contar hoy día que Dios quiere reconciliarse con esa persona?


«Los que hemos experimentado la reconciliación con Dios sabemos cuán importante es para otros conocer esta misma verdad. ¡Es hora de hablar del perdón en Cristo!»

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Hasta nuestro entendimiento cambió

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2 Corintios 5:16-17

“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

  1. El pecado ha alterado todo entendimiento del hombre. Su limitada capacidad está afectada por las mentiras que se han aceptado en cuanto a los engaños en contra de Dios, o el mismo rechazo de Su misma existencia. Nuestro razonamiento está envanecido (Ro. 1:21, 22) y solo un cambio radical espiritual puede renovarlo (1 Co. 2:14).
  2. Pablo entendía que su conocimiento en cuanto a quién es el hombre, y todo lo que respecta a su creación, condición de pecado, y su relación con Dios eran muy diferente al principio, comparado con lo que llegó a saber después de estar “en Cristo”: “De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne…” (v. 16a).
  3. Y más, al mismo Cristo llegó a conocerlo de una manera mucho más amplia desde el día que lo llegó a ver en persona el instante que se encontró con Él en su camino a Damasco: “… y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”. (v. 16b; lea Hch. 9:4-6)
  4. Estar “en Cristo” es haber entrado en una relación distinta que cambia nuestra condición espiritual en todo sentido: “las cosas… he aquí todas son hechas nuevas”. No solo es ser perdonado o tener vida eterna, sino que esta “nueva creación” (“nueva criatura” o “nueva persona” según varias traducciones) nos pone en un estado espiritual transformado y mejorado, comparado con lo que éramos “según la carne”.
  5. Todo ese cambio se lo conoce como la regeneración. A causa del pecado estábamos muertos espiritualmente y con un entendimiento humano y distorsionado. No entendíamos nada debidamente y no podíamos relacionarnos apropiadamente con Dios, pero ahora, “en Cristo” todo cambió, aún nuestro entendimiento.

El día de la salvación el cambio radical que se da en el creyente cambia por completo todo lo que el hombre era. Es perdonado, es hecho hijo de Dios, es salvado de la condenación, recibe capacidad espiritual para relacionarse con Dios, tiene herencia celestial, recibe dones espirituales, el Espíritu Santo entra a morar en él, etc. Todo esto es lo que la “nueva creación” trae a la persona. Entre todos esos beneficios se encuentra el entendimiento espiritual de Dios y de la vida.

Según la Biblia, todo lo que el hombre entiende estando sin Cristo es una sabiduría limitada, humana, corrompida, distorsionada (Ro. 1:20-25; 1 Co. 2:6). Pero en la salvación todo esto cambia por obra de Dios, y ahora por medio del Espíritu Santo nuestro conocimiento es renovado (1 Co. 2:7-16).

Como Pablo, ahora podemos decir que ya no conozco limitadamente la vida, ahora tengo una maravillosa oportunidad ir creciendo en el conocimiento de Dios, del hombre, y su relación entre ellos. Mi perspectiva ahora es celestial y ya no nublada y sin sentido. Pero también tengo que dedicarme a conocer más de todo por medio del estudio de la Palabra, para que sea Ella con la ayuda del Espíritu quienes renueven mi mente, y mi vida cambiada (Ro. 12:2).

Ya conocemos a Dios y al hombre de una manera muy distinta a la del mundo. ¡Es hora de seguir creciendo en este conocimiento que va a dar luz a muchos de los “qué” y “por qué” de la vida!


«Gracias a la obra misericordiosa del Señor aún nuestro entendimiento es transformado en el día de nuestra salvación»

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Amor sincero

Serie: El amor verdadero


Nuestro enfoque en esta serie ha sido enseñarte que el Amor Verdadero solo lo puedes encontrar en Dios, es Él quien tiene la capacidad de llenar tu corazón, en el episodio de hoy quiero enfocarme en como Tú puedes reflejar un amor verdadero a los demás, hablaremos del Amor Sincero:

Te compartiré características del amor sincero para que lo conozcas y también cómo puedes hacer para que los demás vean ese amor en ti, empecemos!

  1. El amor sincero es incondicional: No espera recibir algo a cambio. Ama sin esperar una recompensa. También sabe reconocer que los demás cometen equivocaciones y aprende a perdonar esos errores.
  2. Es honesto, aunque duela: Te dice en lo que estás mal para que cambies. No teme corregirte porque quiere ayudarte a mejorar y también permite que le corrijas, es un amor que va de la mano, los dos crecen, se corrigen, cambian en lo que estén mal y mejoran.

•Esas son las principales características que muestra un Amor Sincero, ahora ¿Cómo puedes mostrar tú un amor así?

Ama en todo momento, aún si la otra persona ofende.

En Mateo 5:44 Jesús nos enseñó a amar a los enemigos y orar por aquellos que nos ofenden:

Es muy fácil mostrar amor a alguien que te ama, pero ¿qué hay de aquellos que te ofenden? Si practicas el amor a TODOS sin importar si merecen o no ser amados, estarás mostrando un Amor Sincero. El amor al prójimo es un amor sincero.

Un amor sincero es un amor realista, se entrega por completo reconociendo que no todo va a ser color de rosa, y que debe amar aún cuando la otra persona no lo merezca. También sabe distinguir entre perdonar una ofensa y solaparla.

Piensa ¿Estoy ofreciendo un amor sincero a todos? O solo amo a los que me conviene amar. Jesús fue muy radical al enseñarnos que debemos amar no solo a los que nos aman, si no también a los que no, debemos ser incondicionales.


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