Mirando y reflejando… Su gloria

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2 Corintios 3:7-18

“Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece. Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”

  1. Pablo, continuando con la enseñanza de la capacidad recibida por Dios para ministrar (2 Co. 3:5, 6), indica que Moisés también había sido ministro capacitado por Dios para dar a conocer el misterio glorioso de la Ley (v. 7), mismo que no se iguala con la mayor gloria del misterio de la obra de Cristo (v. 9-11).
  2. Cuando Dios dio a Israel por medio de Moisés las tablas de la Ley, la manifestación de la gloria y el poder de Dios se manifestaron ante ellos para que pudieran de alguna manera conocerlo más (Éx. 19, 20; 34:27-35). En esos días Dios se manifestó gloriosamente, tanto que Su gloria quedó impregnada en el rostro de Moisés por algún tiempo (v. 13; Comp. Ex. 34:29-33). Pero era gloria no se compararía con la manifestación y la obra del Señor Jesús.
  3. La gloria de la obra de redención es mayor, porque como lo dice Pablo, esta obra no es de muerte como la primera (v. 6-9), sino para dar justificación (v. 9) y vida (v. 6).
  4. En la Ley quedó bajo velo la gloria de Dios por el endurecimiento del corazón del hombre y por ser un pacto perecedero, por lo que no pueden mirar más ampliamente a Dios, sino por la obra de Cristo (v. 14, 15), Quien nos quita el velo y nos permite conocer más a Dios (v. 16; Comp. Jn 1:18; 14:7-9).
  5. En el momento que escuchamos el evangelio nuestro velo cae por obra del Espíritu Santo, y en ese instante nos convertimos al Señor y podemos mirar más ampliamente la gloria de Dios (v. 16, 17), gloria que, en la medida en la que el creyente pasa tiempo con Dios llega a mirar más de Su gloria, llega a ser cambiado, y ese cambio refleja a otros más de Quien es Dios (v. 18). Pablo usa la figura del espejo para expresar lo que miramos y/o se refleja en el espejo.


Cuando una persona escucha y recibe el mensaje del evangelio, la gloria de Dios en la obra de Cristo le es revelada, y esa gloria le transforma dando vida, cambiando su corazón y otorgándole un conocimiento mucho más amplio de Dios.

Esa transformación no queda ahí, ni debe ser así nada más. El creyente va siendo transformado día a día en la manera como él camina con Dios a través de una relación de amor y obediencia. Dios desea ir transformando a la persona, pero se requiere del creyente para que llegue a serlo. Esa transformación permanente se da al mirar diariamente a Dios a través de Su Palabra y en la obediencia a Ella, y en esa transformación el creyente va reflejando al mundo el poder transformador y glorioso de Dios.

¿Usted está reflejando la gloria de Dios al mundo? ¿Seguimos diariamente siendo “transformados de gloria en gloria” para ser más como Cristo?


«Gran parte de la gloria de Dios es revelada en la obra redentora de Cristo, pero una constante transformación y un mayor conocimiento de Él se da en la medida que el creyente sigue y crece junto al Señor de gloria»

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Nuestra capacidad viene de Dios

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2 Corintios 3:1-6

“¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.”

  1. Pablo está defendiendo su autoridad ante los hermanos en Corinto a causa de la presencia de los falsos maestros que negaban su apostolado, y por tanto su liderazgo entre los hermanos de la iglesia estaba en tela de duda.
  2. Inicia con unas preguntas que demandaban una respuesta negativa (v. 1), puesto que los hermanos en Corinto sabían quién era Pablo y cómo Dios los había transformado a través del ministerio del siervo de Dios. Los mismos corintios eran la carta de recomendación de Pablo por su vida cambiada, y ellos mismos son testimonio a otros de ello (v. 2).
  3. Utilizando una ilustración, Pablo indica que la carta de recomendación fue escrita por “Cristo” escrita en el corazón de ellos en favor de Pablo, siendo la presencia del Espíritu Santo la “tinta” con la cual se expidió dicha recomendación (v. 3). ¡La vida transformada de los corintios era la recomendación escrita “en carne”!
  4. Esta verdad era lo que le daba confianza a Pablo ante Dios de que había sido llamado y utilizado por el Señor (v. 4).
  5. El apóstol menciona que todo ello no se debía a quien era él mismo, pues su “competencia” o capacidad no venía de él, sino que “proviene de Dios”. Era Dios quien lo había llamado, capacitado, guiado, utilizado, por tanto, autorizado (v. 5). Esta capacitación le hacía siervo de un nuevo pacto de Dios en favor del hombre, un pacto espiritual, y no uno ya muerto (v. 6).


Al mirar la obra de Dios, todos nosotros debemos recordar que de nosotros mismos no hay nada realmente útil que Él necesite para hacer Su obra. Lo cierto es que la obra no es hecha por el hombre, la obra es del Dios Todopoderoso, quien en Su providencia y buena voluntad decide utilizar a hombres para la tarea, pero que no requiere de ellos para hacerlo. Es en Su gracia que somos considerados para participar con Él.

La obra que Dios hace obviamente es evidente, pues el poder de transformación del Señor lleva a levantar a un hombre muerto en sus “delitos y pecados” a darle “vida” en el momento de la salvación (Ef. 2:1-5). Es Dios quien, después de dar vida espiritual al creyente, lo capacita con dones para Él utilizarlo de acuerdo con Sus planes y voluntad y lo coloca en un grupo de creyentes para ello (1 Co. 12; Ef. 4:11-16). Después, Dios mismo es quien llama a alguien específicamente para cumplir una obra determinada y así establecer una nueva iglesia (Hch 13:1-3).

En el momento de la salvación de un nuevo creyente, Dios es quien utiliza Su Palabra por medio de la obra del Espíritu Santo y revela al hombre la Obra de Cristo, y el predicador solamente es mensajero del evangelio, el cual, el mensaje, tiene poder en sí mimo (Ro. 1:16).

Pablo entendía muy claramente todo ello, por eso entendía que su capacitación o “competencia” no venía de él, sino de Dios, quien deseaba usar a un siervo obediente para su grandiosa obra.

Todos podemos ser utilizados de la misma manera. Dios nos ha salvado y capacitado para ser usados por Él, lo único que requiere el Señor es un corazón dispuesto a ser moldeado y estar dispuesto a servirle, y Dios obrará en aquel creyente con todo Su poder, y la obra será claramente manifiesta.

¿Quisiera ser usado por Dios? ¿Está dispuesto a seguirle y servirle? ¡Dios está esperando nuestra respuesta!


«La obra en el reino es completamente de Dios, lo que los creyentes hacemos es ser colaboradores capacitados por Él»

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Con olor de “triunfo”

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2 Corintios 2:14-17

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.”

  1. Algunos pudieran considerar que esta porción del pasaje bíblico fue un descanso de gozo y un grito interno de victoria cuando Pablo escribe sobre nuestra posición en Cristo. En los versículos anteriores había escrito sobre la angustia que estaba teniendo por conocer más sobre la reacción en Corinto, y de repente, habla sobre nuestra condición por la fe (v. 14).
  2. Cuando Pablo escribe sobre el “triunfo en Cristo Jesús”, tiene en mente el desfile romano que caracterizaba a la entrada de un general triunfante en Roma después de una importante victoria. Nosotros junto a Cristo somos ante Dios y el mundo motivo de esa celebración. Cristo triunfó en la cruz (Col. 2:15), y los redimidos somos la manifestación de los tesoros alcanzados en dicha victoria.
  3. La obra de redención del hombre es la manifestación de la inmensa sabiduría de Dios, y la participación de cada persona que cumple con responsabilidad la tarea de evangelizar entra a formar parte de dicha sabiduría por ser integrante activo en ese plan. A ellos Pablo menciona que son manifestación del grato “olor” del “conocimiento” divino (v. 14b, 15).
  4. Para los que rechazan el evangelio, nuestra presencia no será de olor grato, sino “olor de muerte”, pues ellos verán la muerte eterna a causa de su rechazo. Pero para los que aceptan el mensaje del evangelio llegamos a ser “olor de vida para vida”. Y en ello no nos podemos gloriar, pues nuestra competencia no es propia (v. 16), ya que es obra de Dios en y por nosotros.
  5. Pablo termina estos versículos mencionando a aquellos que utilizan maliciosamente la palabra, traficando falsamente con ella, y los expone ante los hermanos en Corinto para que los rechacen, ya que el evangelio debe ser predicado “con sinceridad”, recordando que venimos “de parte de Dios”, y estamos “delante de Dios”, Quien ve todo y juzgará todo cuando “hablamos de Cristo” (v. 17).


La Segunda Guerra Mundial inició en Europa el 1 de septiembre de 1939 y terminó oficialmente para los EE. UU. con la rendición oficial de Japón el 2 de septiembre de 1945. Ese día en todo el mundo, y especialmente en EE. UU., la celebración de triunfo llenó las calles de gran alegría y fiesta, era el fin de un tiempo horrendo en la historia de la humanidad. Fueron días de gran regocijo por tan importantísima victoria.

Para Dios cada creyente que ha aceptado a Cristo como su Salvador y que ha puesto en sus hombros la responsabilidad santa de predicar el evangelio llevándolo a cabo con amor y tenacidad es motivo de celebración triunfante. Pablo nos dice que da “gracias a Dios que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo y que por medio de nosotros da a conocer su mensaje, el cual se esparce por todas partes como un aroma agradable.” (2 Co. 2:14 DHH)

Todos tenemos una responsabilidad ante Dios y ante los no creyentes de compartir el mensaje que nos redimió del pecado y nos ha dado vida eterna. Este mensaje da vida eterna a todo aquel que lo acepta, y nuestra participación al compartirla otorga al que lo recibe un “olor” agradable de “vida”.

Marchemos en la vida compartiendo el mensaje de salvación, mensaje con olor de triunfo de nuestro Redentor, para que en todo Dios sea glorificado por su obra y conocimiento.

¿Y usted ya ha aceptado a Cristo como su Triunfante Salvador? ¿Y si ya lo aceptó, está compartiendo el mensaje a otros que lo necesitan? ¿A quién podría usted hablarle de Cristo en estos días?


«Cada creyente fiel en predicar el evangelio lleva consigo un “aroma de vida eterna” que brinda oportunidad de salvación a quien recibe el mensaje, dando así gloria a Dios»

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Aproveche la “puerta” abierta

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2 Corintios 2:12-13

Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.”

  1. Pablo había llegado a Troas con el propósito de esperar ahí a Tito con las noticias de la iglesia en Corinto y saber cómo ellos habrían recibido la carta ya escrita (1ra Corintios).
  2. Mientras esperaba en Troas se dedicó a predicar el evangelio, y el impacto fue muy grande, por lo que comprendió que Dios había preparado el corazón de los oyentes para recibir el mensaje de las Buenas Nuevas de Cristo. (Comp. Hch 16:14)
  3. Pero era su preocupación por conocer de Tito que no le dejó tranquilo, por lo que tuvo que continuar su viaje hasta Macedonia para allí encontrarse con él.
  4. Pablo demuestra no solamente su amor por los no creyentes, pero también manifiesta un amor muy fuerte por la iglesia en Corinto, y eso expresa su cuidado pastoral que era evidente.
  5. Para los lectores en Corinto, este hecho debió haber marcado un impacto grande, ya que Pablo deja la oportunidad de predicar el evangelio por conocer más de la vida de los hermanos en la iglesia, y pudieron haberse sentido avergonzados, al ver cuánto amor tenía el apóstol para dejarlo todo para saber sobre el bienestar de ellos.


Cada uno de nosotros tenemos oportunidades únicas que se nos presentan como providencia del Señor para poder predicar el evangelio a personas en momentos específicos de nuestro caminar, lo que debemos es estar atentos a esas oportunidades y aprovecharlas.

Recordemos que la obra de convicción en el no creyente es un hecho que solamente Dios, en la Persona del Espíritu Santo, puede hacer (Jn. 16:8-10). No se trata de nosotros, sino de la obra divina la que nos capacita y nos ubica en momentos especiales para compartir las buenas nuevas.

Pablo, sabiendo que solamente Dios podía hacerlo, siempre pedía que los hermanos estén orando para que más oportunidades se le presenten (Col. 4:3). Sabía que muchas de esas oportunidades vendrían también con oposiciones de parte de los enemigos del evangelio (1 Co. 16:9); pero que aún en medio de las pruebas, Dios siempre proveería de una “puerta” para la predicación (Fil 1:12-14).

Cristo mismo nos dejó el ejemplo que cada vez que hallaba una oportunidad, daba a conocer el misterio de la gracia de Dios a los oyentes. Lo hizo con la mujer samaritana, con Zaqueo, el endemoniado gadareno, Nicodemo, Natanael, etc., etc., etc.

Cada día estemos atentos a las oportunidades de la “puerta” que Dios pueda abrir ante nosotros para que prediquemos el evangelio. Recordemos que Dios está constantemente obrando en el plan de redención del hombre, y una sensibilidad espiritual apropiada nos permitirá ver esa “puerta” que Él abre a los hijos fieles que están dispuestos a servir (Ap. 3:8).

Hoy, pídale a Dios que le mantenga atento a esas oportunidades, que siempre que Él desee, siempre le siga abriendo más y más puertas para evangelizar, recuerde que no será siempre fácil, pero cuando participemos en ello, recuerde que es la obra de Dios la que le permitió compartir, y por ello dé gracias al Señor.


«Un corazón sensible a la necesidad del evangelio y compasivo por los perdidos siempre encontrará las oportunidades que Dios da para hablar a otros de Cristo»

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¡La vida con Dios es una fiesta!

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Salmos 23:4-6

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.”



  1. Para comprender mejor la metáfora que David utilizó en este Salmo, necesitamos considerar cual era el oficio del Pastor de ovejas; él era quien debía encargarse de proveer para las necesidades de ellas, moverlas en torno a las tierras de pastoreo, atenderlas y asegurarles lo mejor.
  2. Como Dios es nuestro Pastor podemos confiar en su cuidado y dirección. Que nuestro presente y futuro están en sus manos, que nada nos faltará, que nos hará descansar, nos pastoreará, nos reconfortará, nos guiará, estará con nosotros, nos alentará, que su bondad y misericordia nos perseguirán y que un día moraremos con Él eternamente.
  3. Su presencia y cuidado nos acompañarán en los momentos de quietud y de calma de nuestra vida, así como también lo harán en los de dificultad y de prueba.

Luego de que David recordó y mencionó todos los beneficios que percibiría gracias al cuidado de Dios, también reconoció que Su presencia sería la fuente de su confianza en momentos de angustia y dolor.

Por eso sus palabras de alegría, gozo y celebración en el verso cinco, qué haciendo una paráfrasis diría algo como: “vivir tu plan para mi vida me trae gozo y gran alegría, me doy cuenta de que eres bueno conmigo aun en frente de mis enemigos, vivo como siendo preparado y adornado para una fiesta, y mi copa, lo que me ha tocado, lo que me has dado, se rebosa producto de tu bondad, es más de lo que yo mismo había esperado.”

La bondad de Dios es indiscutible cuando Él ve un corazón que por fe cree en Él y le obedece, cuando eso pasa, su bondad es desbordante y generalmente supera nuestras expectativas.

Luego de esto, David nos ayuda a considerar las promesas eternas de nuestro Pastor, él dijo: “Ciertamente”, lo cual es una expresión que marca un énfasis en la seguridad que podemos tener de ellas.

Su primera promesa es que seremos perseguidos por Su bondad y misericordia, si bien la expresión que usa esta traducción es: “me seguirán”, en el hebreo original la expresión tiene que ver con que seremos perseguidos por ellas.

!Que hermoso es nuestro Pastor! Que no importa lo que hagamos, o a donde nos vayamos, su amor y misericordia nos perseguirán toda la vida.

Y como si esto fuera poco, también recordamos su promesa de vivir con Él por la eternidad, que moraremos en su casa por largos días, que nuestro destino cuando muramos será su presencia y que el viaje terminará en los pastos de nuestro Pastor, a su lado, y siendo saciados por Él (1 Co. 15).

Somos los más bendecidos al tenerlo como nuestro Pastor. Considerando esto, recuerdo una cita de A.W. Tozer que dice: “Con la bondad de Dios deseando nuestro bienestar más elevado, la sabiduría de Dios para planearlo y el poder de Dios para lograrlo, ¿qué nos falta? Ciertamente, somos las más favorecidas de todas las criaturas” (1996, pp. 72).

Siéntete el más favorecido y adora a Dios, porque Él está volcado totalmente hacia ti, y se asegurará de que cumplas Su voluntad, que por cierto es buena, agradable y perfecta (Ro. 12.2).

Referencias

Tozer, A. W. (1996). El conocimiento del Dios Santo. Editorial Vida.


«La bondad y misericordia de Dios nos persiguen en todo momento.»

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Nuestras vidas necesitan ser pastoreadas

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Salmos 23:1-3

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.”



  1. David había sido un pastor de ovejas y había tenido que enfrentar los retos de ese oficio (1 S. 17.34-37; Sal. 8) y por eso, usó esta metáfora para explicar el cuidado y dirección que Dios tiene de todo aquel que sea su hijo y que se someta a su dirección.
  2. Algo importante de considerar es que el pronombre posesivo: “mi” o “me”, se repite 13 veces a lo largo del Salmo, David habló a partir de su decisión de someter su vida al cuidado del gran Pastor, lo cual le dio la seguridad para afirmar con contundencia estas verdades.
  3. Cuando David nos hace pensar en Dios como nuestro Pastor, esta verdad requiere de nosotros un sometimiento a su autoridad, a dejarnos guiar por Él, aceptar los caminos por los que Él quiera llevarnos y a confiar en Su cuidado.
  4. Pero también notemos otro detalle, la experiencia de la que se habla en este salmo incluye movimiento, dinamismo, ritmo, un caminar y una dirección, que nos hace entender que nuestro Pastor nos cuida mientras vamos avanzando por nuestra vida.

Además de esto, David nos habló de aquello que podemos esperar de Dios, sí es que nos sometemos a su dirección, lo primero es que nos provea lo que necesitamos y que nos de lo necesario para vivir.

Pero en este sentido, necesitamos entender que a Dios le gusta la eficiencia (Mt.14.25-30) y la fe (He. 11.6), por eso, sí queremos que Él nos dé más de lo que necesitamos para tenerlo guardado en un banco, es posible que eso no suceda. Él espera que lo que recibamos, lo usemos sabiamente para nuestro provecho y para bendecir a otras personas.

Lo segundo que nos promete es descanso, paz y fortaleza en el camino por el que Él nos guíe.

Nos gustan esas promesas sí se cumplen nuestras condiciones, nuestros planes y nuestros caminos. Pocas veces estamos dispuestos a someter nuestras vidas al plan que Dios tiene para ellas.

El descanso, la paz y la fortaleza están totalmente relacionadas con la guía y dirección que Dios, nuestro Pastor, le dé a nuestras vidas. Una oveja no puede ser pastoreada lejos de su pastor y no puede hallar los beneficios del cuidado siendo rebelde y alejándose de él.

Este pasaje se relaciona mucho con las palabras de nuestro Señor Jesús en Mateo 11:28-29, donde se nos dice que podemos hallar descanso para nuestras almas si tomamos Su yugo y aprendemos de Él que es “manso y humilde”.

Y es que para tener el descanso que Dios promete como nuestro Pastor, necesitamos poner su yugo sobre nosotros, dejar que Él nos guíe y nos conduzca por la vida; por eso necesitamos ser humildes y mansos, creer que no tenemos derecho sobre nosotros, sino que nos debemos a Dios; y aceptar sin renegar los caminos por los que Él nos conduzca, que de hecho son justos, buenos y confiables.

Una buena forma de saber si estamos recorriendo los caminos de Dios o los nuestros es preguntarnos, si para mantenernos en nuestros caminos actuales debemos pecar, si es así, no estamos en los caminos de Dios, porque Él no nos conduciría por caminos de pecado y maldad.

Con base en esto, sometámonos a Dios, a nuestro Pastor, y gocemos de su provisión, de la paz y del descanso que Él nos ofrece.


«Nuestro descanso, paz y fortaleza están definidos por la guía y dirección que Dios le dé a nuestras vidas»

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Tu primer amor

Serie: El amor verdadero


Todos hemos llegado a enamorarnos en algún momento de nuestra vida. 

Si bien es cierto, las relaciones de noviazgo se deben cultivar, cuidar, y mantener equilibradas con respeto, amor, sinceridad, etc. Llega un momento en el que nosotros damos todo por una relación, y a la otra persona parece no importarle en lo más mínimo. Es ahí cuando nos sentimos devastados y puede que la relación llegue a su fin. Todo viene a destruirse y nuestro corazón queda destrozado.

Necesito sanar mi corazón

Para estar bien necesitamos sanar las heridas que ciertas acciones o palabras groseras dejaron en nuestro corazón; es indispensable  superar el momento de crisis para avanzar. La vida continúa y yo debo continuar con ella.

Y ¿cómo podemos sanar? La única persona que puede sanar nuestro corazón es Jesús, el vino a  la tierra a curarnos y a salvarnos del pecado. Mira lo que dice en la Biblia  en Oseas 6:1

Dios es amor y solo el amor verdadero como el de Dios puede sanar nuestro corazón.

Volver a amar

Como seres humanos siempre estamos buscando la felicidad y pensamos encontrarla en el amor de una persona, como ya mencionamos, las personas pueden fallar.

Una vez superado el despecho amoroso, necesito amar nuevamente a alguien que me corresponda, pero no un “alguien” que se equivoque, necesito ir a lo seguro, porque obviamente no queremos repetir la historia del fracaso emocional.

Como saber ¿quién puede corresponderme? Solo Dios puede corresponder nuestro amor, es más, Él ha estado buscándote siempre. Mira lo que dice en 1 Juan 4:19

«Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero»

Dios te ha hecho su primer amor, ¿por qué no hacer que sea El también nuestro primer amor?

Las personas pueden equivocarse y lastimarte. Pero Dios es perfecto y su amor también lo es, es por eso que solo Dios puede amarme y sanarme. Leamos:

Él es mi primer y único amor porque me escogió para ser su hijo(a) desde antes de la fundación del mundo.

Busca a la única persona que te ama incondicionalmente, ¡Dios!


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El urgente proceso del perdón

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2 Corintios 2:5-11

“Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros. Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él. Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo. Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.”



  1. Pablo se refiere a una falta que alguien en Corinto había cometido y que iba en contra de su autoridad dentro de la iglesia, que no solo le afectaba al siervo del Señor, sino que también afectaba emocionalmente a la iglesia (v. 5).
  2. En este caso en particular, Pablo no había dirigido ninguna acción disciplinaria sobre esa persona, sino que había dejado que “muchos”, es decir, la iglesia, tomara acción de “reprensión”, lo cual ayudaba a la iglesia a crecer aprendiendo en la acción de disciplinar (v. 6).
  3. Lo que ahora Pablo mas bien solicita es que se debe perdonarlo y consolarlo. Se debería traerlo al seno de la iglesia y restituir la comunión con el con el propósito de no causar algún problema emocional que vaya a generar inconvenientes irreparables (v. 7). Este acto de perdón sería un acto de “amor” en favor del ofensor (v. 8).
  4. El versículo 7 utiliza una frase que denota un deber que debe ser hecho (“debéis perdonarle y consolarle”), pero es un deber otorgado como una gracia. La palabra griega ‘carizomai’ utilizada en este versículo quiere decir que se debe otorgar un favor en forma incondicional, y es la palabra que se utiliza para expresar la idea darle u otorgarle el perdón. Y en el versículo 9 Pablo menciona que el perdón es un acto que se decide cumplir como obediencia, no es algo que viene de un sentimiento, como muchos argumentan que debe ser el perdón.
  5. El perdón dado por el apóstol venía de una decisión propia hecha de forma personal ante Cristo. Pablo ya había manejado eso con Dios, y con ese acto con Cristo como testigo, él pide que la iglesia haga lo mismo (v. 10).
  6. La urgencia del perdón no solo venía por traer consuelo al hermano ofensor (v. 7), o porque debía ser un acto de obediencia y amor que debía ser demostrado por parte de la iglesia (v. 8, 9), sino que se debía además para prevenir que “Satanás no gane ventaja”, porque en “sus maquinaciones” él podría introducir rencor, amargura, odio, división y mucho más en la vida de cada persona, sea el ofensor, el ofendido, o en la iglesia (v. 11). El perdón restauraría la armonía y en buen convivir en la congregación entera.

Muchos piensan que el perdón es un sentimiento que debe nacer en la persona ofendida, cuando no es así. En la ofensa los sentimientos que nacen con el hecho son el dolor, el odio, el rencor, la venganza, etc. Así que un deseo bueno nunca vendrá después de la ofensa. Es por ello por lo que la Biblia nos enseña que el perdón es un acto que debe venir de la voluntad propia de la persona ofendida de no tomar acciones negativas y restituir la relación a pesar de la ofensa. Pablo nos menciona en estos versículos que es un deber de obediencia.

Además, el perdón es un acto de amor que favorece al ofensor, porque evita que éste se sienta afectado emocionalmente por la falta de buena voluntad del ofendido. Y favorece el corazón de ambas partes porque evita que el maligno siembre maldad en la vida de todos los involucrados.


«El perdón es un acto amoroso de decisión propia que siembra bondad y aleja el mal entre las partes, y reconstruye lo que la ofensa destruyó»

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