Con agrado

Salmos 40:8

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,
Y tu ley está en medio de mi corazón.”

TRAJE DE ASTRONAUTA

<<Mi esposa y yo tuvimos el gran placer de cenar una noche con el astronauta General Charles M. Duke. Todos los que estábamos en el salón nos quedamos fascinados mientras él nos contaba de su misión a la luna en Apolo 16, incluyendo algunos detalles sobre el vehículo solar “Rover”, y su experiencia de haber andado sobre la superficie lunar. Todos teníamos muchas preguntas, que el General Duke con paciencia y atención contestó una por una.

Yo pregunté: “Una vez que estaba ahí, ¿no tenía usted la libertad de tomar sus propias decisiones y hacer sus propios experimentos… es decir, hacer lo que se le antojara; tal vez quedarse un poco más tiempo, si quisiera?” Sonrió, y dijo: “Claro, Chuck, ¡si no hubiéramos querido regresar a la tierra!”

Luego describió el intrincado plan, las instrucciones precisas y exactas, la disciplina esencial, la obediencia instantánea necesaria hasta la última fracción de segundo. De hecho, nos dijo que su aterrizaje en la luna había sido algo “pesado”. Se refería a las reservas de combustible. Tenía bastante. Adivine cuánto. ‘Un minuto’. Aterrizaron con sesenta segundos de combustible sobrante. ¡Hablando de ser exactos! Me dio la impresión de que un rebelde no cabe dentro de un traje de astronauta. Quien quiera que participe en el programa espacial debe tener un respeto incondicional a la autoridad.>> – Charles R. Swindoll, en su libro: Strengthning Your Grip.

A menudo yo quisiera decir lo mismo de mi obediencia a Dios, me gustaría ‘tener un respeto incondicional’ a Su autoridad, pero mi pecado no me lo permite.

David nos dice que hacer la voluntad de Dios era su agrado, su placer, su deleite. Para el pastor de ovejas y rey de Israel, este sentimiento de complacencia nacía de un corazón que guardaba la ley de Dios (“tu ley está en medio de mi corazón).

David llegó a conocer y entender la voluntad de Dios. Mientras pasaba su tiempo con el Señor, él escuchaba atentamente lo que Dios le pedía que hiciera. Pasar tiempo en la Palabra de Dios nos ayuda a conocer y entender Su voluntad.

David llegó a tener un temor reverente ante Dios. Para que pueda aceptar la voluntad de Dios, entendió que el Señor tiene toda autoridad de pedir algo y que debe de ser atendido con reverencia Su voluntad.

David llegó a amar Sus mandamientos. Para mantener guardados los mandamientos que Dios hacía, él tenía que amarlos, sabiendo que estos eran importantes para su vida.

David llegó a confiar en la voluntad de Dios. El pastor de ovejas llegó a conocer a Dios desde cuando estaba cuidando el rebaño de su padre, esta relación profunda llevó a David a saber que el Señor siempre ha estado con él cuidándolo y que nada malo le permitiría que pasara, llevándolo a confiar en Dios y en Su voluntad.

David llegó a morir a sí mismo por hacer la voluntad de Dios. Tal fue su confianza en Dios que tenía que morir a lo que él deseaba muchas veces para cumplir con lo que el Señor le pedía en Su voluntad.

Y aunque no siempre fue fácil para David desde el inicio, aprendió con el tiempo que no había nada mejor que hacer lo que Dios le pedía. Solamente en el conocimiento, en el temor, en el amor, en la confianza, y en auto sacrificio David llegó a aceptar con agrado la voluntad de Dios.

Para que podamos aceptar con agrado lo que Dios desea en nuestras vidas, debemos aprender de David, y así caminaremos con sometimiento ante Dios y su buena voluntad.

«Que nuestro sometimiento a Dios sea como la obediencia de un astronauta»

Salmos 1:1, 2

“Bienaventurado el varón que […] en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.”

Salmos 40.8

Aunque angustiado, cantaré

Salmos 57:1-10

“Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; Porque en ti ha confiado mi alma, Y en la sombra de tus alas me ampararé Hasta que pasen los quebrantos.
Clamaré al Dios Altísimo, Al Dios que me favorece.
El enviará desde los cielos, y me salvará De la infamia del que me acosa; Selah Dios enviará su misericordia y su verdad.
Mi vida está entre leones; Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; Sus dientes son lanzas y saetas, Y su lengua espada aguda.
Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sobre toda la tierra sea tu gloria.
Red han armado a mis pasos; Se ha abatido mi alma; Hoyo han cavado delante de mí; En medio de él han caído ellos mismos. Selah
Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; Cantaré, y trovaré salmos.
 Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa; Me levantaré de mañana.
Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; Cantaré de ti entre las naciones.
Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, Y hasta las nubes tu verdad.”

«Usted puede encontrarse en medio de un problema o dificultad, puede estar saliendo de ello, o quizás está a punto de entrar en uno.» Esta verdad resonó en mis oídos un día que lo escuché durante una predicación, y hasta el día de ahora esta verdad ha seguido mi vida como algo cierto.

Las pruebas son tan frecuentes que parecerían que no salimos de una cuando entramos en otra. Y aunque si existen momentos de paz y tranquilidad, con la frecuencia que llegan parecería que nunca terminan. Lo cierto es que ellas llegan a nuestras vidas sin ser invitadas, son como esos visitantes inesperados y no deseados en la fiesta. No olvidemos que las pruebas siempre nos ayudarán a crecer en nuestro carácter cristiano, así que, aunque no esperados, estos “visitantes” bendicen nuestras vidas.

David, el autor del Salmo 57, se encontraba huyendo de la persecución implacable de Saúl cuando se refugia en una de las cuevas cercanas al Mar Muerto. Dentro de ella se dedica a escribir este canto, que no solamente manifiesta temor y angustia, sino que sobre todo expresa confianza en la futura liberación de Dios de tan difícil hora (v. 2 y 3).

Éxodo 15.2 Color

Mientras nos encontramos en momentos de profundo dolor y angustia, lo mejor que podemos hacer es usar canciones para presentar a Dios nuestra desesperación y aflicción (v. 1-6). Mientras cantamos a Dios, esos cantos que salen de lo profundo de nuestro corazón se transforman en cantos de fe y adoración, pues derramamos nuestra alma ante Aquel que cuida nuestro ser (v. 1); Él es nuestro mejor refugio, bajo cuyas alas podemos estar seguros, por lo tanto, seguros podemos a Él alabar (v. 7-11).

Si bien estos cantos de adoración no traerán la solución inmediata al problema, si traerán paz y descanso a nuestra atribulada alma mientras esperamos confiados en la pronta liberación. En los momentos más duros de nuestro caminar cristiano es dónde hallamos los momentos más hermosos de nuestra sincera adoración.

«Dios Todopoderoso, aunque me encuentre en la hora más negra de mi angustia a Ti derramaré mi vida en adoración»

Éxodo 15:2

“Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré.”

Éxodo 15.2 Anexo

¿Por qué no le damos la bienvenida?

Salmos 33:18-22

“He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen,
Sobre los que esperan en su misericordia,
Para librar sus almas de la muerte,
Y para darles vida en tiempo de hambre.
Nuestra alma espera a Jehová;
Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón,
Porque en su santo nombre hemos confiado.
Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros,
Según esperamos en ti.”

Por seguro muy pocos, por no decir nadie, pueden decir que encuentran real gozo en las pruebas. Nadie disfruta de los momentos difíciles, por lo tanto, nadie puede decir que con alegría le abre las puertas de su vida a las pruebas, y con comprensible razón.

Hay algunas verdades espirituales que están presentes junto a las pruebas que necesitamos aceptarlas y hacerlas parte vital de nuestra fe.

Santiago no exhorta a tener “sumo gozo” cuando nos hallemos en diversas pruebas (Stg 1:2). Las pruebas tienen el propósito primario de transformar internamente a la persona. Un gusano tiene que dejar atrás su apariencia para convertirse en mariposa. Un huevo tiene que ser cambiado internamente para que podamos tener un precioso pollito después de 21 días de incubación. Un pecador tiene que ser cambiado en carácter piadoso para que podamos ver a Cristo. Las pruebas obran con el propósito impregnar el carácter de Dios en nosotros (Stg 1:3, 4).

Pablo no dejó de pedir por su aflicción hasta que entendió que en medio sus debilidades el poder de Dios se manifestaría más ampliamente (2 Co 12:7-9). Es en medio del dolor dónde hallamos el consuelo; es en la angustia dónde hallamos paz; es en la debilidad dónde encontramos la fortaleza. Si no enfrentáramos estos momentos difíciles, nunca pudiéramos experimentar la majestuosa y poderosa obra de Dios en nosotros a través de Su Espíritu, por eso Pablo con razón dijo: “… me gozo en las debilidades… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Co 12:10)

El mismo Pablo nos recuerda que es mediante las pruebas en dónde uno aprende a contentarse en medio las limitaciones. Una persona que tiene todo nunca será contenta hasta que no aprenda a disfrutar la vida con lo que ya tiene. Nuestra inconformidad nos mantendrá siempre descontentos, si no aprendemos a valorar lo que tenemos, sea poco o sea mucho. La humildad y la gratitud son características piadosas que afloran en las limitaciones, y es ahí donde aprendemos a vivir contentos, “cualquiera que sea (NUESTRA) situación.” (Fil 4:11, 12)

Salmos 33.20, 21 Color

Por último, cuando enfrentamos las pruebas con confianza en Dios, nuestra alma hallará nuevos motivos para alegrarse (Sal 33:20, 21). El saber que toda prueba tiene su fin, y que en ese proceso Dios nos acompañará y transformará, esperando confiados Su liberación, ya de por sí es gran gozo (1 P 5:10). Pero, necesitamos añadir que al final de las pruebas, no solo conoceremos más de la obra de Dios en nosotros, sino que hallaremos múltiples bendiciones como recompensa de nuestra confianza y fidelidad a Él (Job 42:1-6, 10-17). Dios siempre se glorificará al final de cada tormenta; y mientras esperamos en ella mirándolo a Él, podemos contentarnos en el Señor, alabarlo y glorificar Su Santo Nombre. Un hombre dijo un día: «El mismo Dios que permitió que enfrentes una prueba, es el mismo Dios que te ayudará a salir de ella»

Debemos mirar las pruebas de una manera distinta para que ellas no nos sean negativamente adversas. ¡Aprendamos a dar la bienvenida con alegría a cada prueba que llegue a nuestras vidas!

«Señor, muchas gracias por las pruebas, porque en ellas tengo un mejor conocimiento de Ti… en mí»

Hebreos 13:5-6

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

Salmos 33.20, 21 Anexo

En la «Escuela de las Limitaciones»

Filipenses 4:10-14

“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues HE APRENDIDO A CONTENTARME, CUALQUIERA QUE SEA MI SITUACIÓN. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; EN TODO y POR TODO ESTOY ENSEÑADO, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación.”

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 Una de las clases que menos valoraba en mi infancia y juventud fue estudiar inglés. Había algo en esa clase que desconozco hasta ahora que hacía que la rechazara. Durante todos los años que asistí a la escuela primaria y secundaria era una de las clases que debía seguir, pero siempre tenía problemas de “contentamiento” al asistir a ellas.

Cuando estaba por viajar a vivir a un país donde tenía que hablar inglés a más del español tuve que ingresar a un instituto para aprender inglés avanzado. Sabía que necesitaría dominar este idioma si deseaba desenvolverme debidamente en este nuevo “ambiente”.

El apóstol Pablo nos dice que en su vida él pasó por tribulaciones (v. 14), y muchas de ellas no tenía que ver con rechazo de la gente o persecuciones; eran mas bien en el plano de las comodidades materiales y la abundancia de los alimentos.

 Pablo nos dice que durante ese tiempo de hambre y falta de comodidades aprendió a “contentarse” (CONTENTARME: “autarkes” G842 «adecuado, no precisando de ayuda ninguna, contento en»). Dice que fue llevado por un proceso de “enseñanza” para poder aceptar las condiciones de la vida con la suficiencia de lo que tenía a su alcance.

 El CONTENTAMIENTO no viene con la posibilidad de adquirir lo que no tienes, sino que es un proceso de enseñanza en donde se aprende a vivir en suficiencia con lo que ya se tiene y sin precisar de “ayuda alguna”.

“… pues HE APRENDIDO A CONTENTARME, CUALQUIERA QUE SEA MI SITUACIÓN.” (v. 11)

No sólo vayas por la escuela de la vida sin sacar provecho, sino que aprende a vivir contento “cualquiera que sea tu situación”.

Oración de confianza

Salmos 56:1-4
“Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre; Me oprime combatiéndome cada día. Todo el día mis enemigos me pisotean; Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia. En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?”

En un programa cómico infantil de televisión de muchos años atrás, había un personaje heroico muy conocido que utilizaba una frase ‘a propósito’ mal pronunciada para dar confianza: “Que no PANDA el CÚNICO”. Esta frase que se hizo muy popular y era utilizada para expresar la idea de que no debía CUNDIR o PROPAGARSE el PÁNICO.

¿Es normal que una persona tenga temor? ¿Un creyente puede tener temor o es una actitud incorrecta? ¿Qué es el temor y cómo combatirlo?

La palabra temor o “temo” (v. 3) viene de la palabra hebrea yare˒” (יָרִֵא, H3372); y como nos dice W. E. Vine en su diccionario, “básicamente, el verbo connota la reacción sicológica que llamamos «temor»”. Es el miedo que se siente al considerar que algo perjudicial o negativo ocurra o haya ocurrido, y puede ser conducido hacia una persona o cosa.

Pero yare˒” también puede ser asociado cuando es usado en relación con una persona de alto rango, en donde se convierte en temor reverente. Generalmente se lo emplea para expresar el respeto y la reverencia que una persona debe tener ante Dios, hacia Quien se debe vivir en una sumisión santa y justa (Gn 22:12; Éx 14:31).

En el pasaje del Salmo 56, vemos que David estaba con temor a causa de los filisteos que lo prendieron en Gat (1 S 21:13-15), en ese momento su semblante cambió y temió (v. 3a), pero su temor fue temporal, pues inmediatamente su reacción fue de confianza (v. 3b).

El temor de David era fundamentado, pues sus enemigos le oprimían diariamente combatiendo contra él (v. 1), diariamente muchos lo acosaban (v. 2), le acusaban falsamente (v. 5), y le buscaban constantemente para matarlo (v. 6). Eran los días cuando Saúl lo perseguía en tierra judía, mientras que en Filistea sus otros enemigos lo buscaban para darle muerte (v. 13a).

Ante tales circunstancias extremas de peligro el temor es normal que se presente, pero lo que no podemos permitir es que el temor nos controle y nos conduzca al pánico o terror, que es una ansiedad con temblor y consternación (1 S 14:15; Zac 12:4; 14:13).

David combatía su temor con la oración y la Palabra de Dios. Inicia su canto clamando la ayuda benigna de Dios: “Ten misericordia de mí, oh Dios” (v. 1a). Habla de la maldad sus enemigos (v. 1b, 2), y en su oración le dice que tiene temor, pero ese temor era sacado de su corazón por la confianza que tenía en el Señor (v. 3).

Salmos 56.3 Color

David sabía que Dios lo había “librado de las garras del león y de las garras del oso” (1 S 17:37). Por medio del profeta Gad supo que Dios no lo quería resguardado en un lugar fuerte, pues quería que confiara más en Él (1 S 22:5); y cuando enfrentaba un nuevo reto buscaba la guía de Dios para actuar bajo Su Palabra (1 S 23:3-5, 9-13). Todo esto hacía que David alabara la Palabra de Dios, ya que confiaba en lo dicho por el Señor, y su temor se iba (v. 4, 10, 11).

¿A qué teme hoy? ¿Qué está afligiendo su alma? Que no cunda el pánico; ore al Señor, busque guía y aliento en Su Palabra, y su temor se transformará en confianza.

«Señor, mis temores desaparecen cuando confío en Ti»

Salmos 56:13
“Porque has librado mi alma de la muerte, Y mis pies de caída, Para que ande delante de Dios En la luz de los que viven.”

Salmos 56.3 Anexo

Envanecimiento, el peligro del conocimiento

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1 Corintios 8:1-3

“En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.”

  1. Pablo va a introducir una enseñanza sobre la participación de los alimentos sacrificados a los ídolos, tema que abordaremos en nuestra siguiente enseñanza. Pero antes de introducir ese tema, inicia mencionando que “el conocimiento envanece, pero el amor edifica”.
  2. Pablo menciona que todos conocían ya la diferencia entre Dios y los ídolos, y lo que representaba sacrificar alimentos a los ídolos.
  3. Les recuerda también que aún han llegado al conocimiento pleno, que su conocimiento es limitado (1 Co. 8:2).
  4. También les recuerda que el Único que sabe todo es Dios, y Él conoce a quienes le han llegado a conocer y amarle, y quienes no.
  5. No quiere decir que no identifica a los demás, sino que la expresión “conocido por él” hace referencia a una relación personal de cada creyente basada en el conocimiento de la verdad de Dios por parte del hombre a través de Cristo, y su relación con Él. Pues Su Hijo es el medio o “camino” para el conocimiento de Dios (Mt. 11:27; Jn. 1:18; 10:14-15; 14:6).
  6. Pero aclara que ese conocimiento de Dios puede llevar a la persona al envanecimiento cuando ello no es usado apropiadamente. Lo único que puede ayudar en la edificación de los demás creyentes es actuar con conocimiento y amor, no solo “gnosis”.

El problema en la iglesia en Corinto era que muchos creyentes que ya tenían tiempo asistiendo a la iglesia no estaban actuando con “amor” en favor de aquel creyente “débil” quien, sin conocer las diferencias, se sentía agraviado por el acto irresponsable, vano y sin amor de aquel creyente que con “conocimiento” tenía cuando comía de alimentos dados a los ídolos (1 Co. 8:7-11).

El principio del amor nos enseña que cada persona debe actuar en consideración al hermano, no mirando su propio bienestar, sino el de los demás (Ro. 14:15). Además, un conocimiento sincero y puro de Dios debe transformarnos a actuar con humildad, mirando con sencillez la debilidad de los demás y considerándolos como más valioso que uno (Fil. 2:3-5).

Santiago nos dice que la persona sabia y entendida debe mostrar por su comportamiento un uso apropiado de ese conocimiento. Una persona que conoce bien a Dios no actuaría con “contención”, sino, de una manera “pura, … pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Stg. 3:13-18).

No permitamos que nuestro conocimiento de Dios nos envanezca. Miremos como actuamos con relación al comportamiento de otros, y veamos si solamente actuamos con verdad y sin amor. Si esto está ocurriendo, entonces ese conocimiento no nos está edificando a nosotros mismos, y no edificará a los demás. Pero, si con amor utilizamos lo que sabemos de Dios, ese conocimiento va a ser provechoso para todos.


«El verdadero conocimiento de Dios con amor edifica a otros; el solo conocimiento destruye»

Ministerio UMCD

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Perdonado

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Mateo 18:23-30, 32-35

“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. […] Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

  1. Esta parábola describe un aspecto del Reino de Dios, muestra que es un reino de misericordia que perdona el pecado. 
  2. La idea con esta historia es que identifiquemos a Dios con aquel Rey, porque Él nos puede perdonar una deuda que para nosotros es impagable.
  3. No se debe seguir el ejemplo del siervo, quién habiéndose beneficiado del perdón, no perdonó a su consiervo.
  4. Y Dios espera que, así como hemos sido perdonados, perdonemos a todos aquellos que nos ofenden, porque eso refleja el Reino de Dios en la tierra.

Sin duda el perdón no es fácil para nosotros que somos pecadores por naturaleza, porque es contrario al orgullo que existe en nuestro corazón, el cual hace que nos valoremos más que a nuestro prójimo, defendamos unos derechos que pensamos que tenemos, y busquemos nuestros deseos aun por encima de la gloria de Dios.

Ese orgullo tampoco nos permite ver el pecado que hay en nosotros, de ahí que creamos que somos buenos, que nuestro pecado no es para tanto y nos inclinemos a juzgar con dureza a los demás antes que a nosotros mismos.

Las cuentas son muy claras en cuanto al pecado, nuestra deuda con Dios es muy, pero muy grande; y en cambio, la deuda de nuestro prójimo con nosotros es insignificante a la luz de nuestro pecado.

No perdonar es una de las formas como castigamos y nos vengamos del que nos produjo la ofensa y el dolor, pero eso refleja que no hemos entendido dos verdades muy importantes: la primera es que Cristo ya pagó el castigo por el dolor que esa persona nos causó, y la segunda es que la venganza es de Dios.

Según Jay Adams, maestro en temas de consejería Bíblica, perdonar es comprometernos a no traer a la mente el mal que nos hicieron, no usarlo en contra del ofensor y no decirlo a otros. Cuando decidimos hacer esto, la ofensa poco a poco será olvidada y nuestras heridas sanadas.

Recordemos que no perdonar tiene un costo que se paga en nuestra relación con Dios, no en tu salvación, pero si en Su trato contigo, porque la falta de perdón pone un obstáculo entre Su gracia y tú.


«El perdón es lo que más te identifica con Dios»

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¿Qué hacer cuando mi esposo/a es no creyente?

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1 Corintios 7:10-24

“Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer. Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer? Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias. ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide. La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios. Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede. ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios.”

  1. Al parecer había un problema dentro de la iglesia en Corinto en el cual había inquietudes sobre matrimonios en los cuales una de las partes era un no creyente.
  2. En el matrimonio entre creyentes no debe haber separaciones, tal como el Señor ya había enseñado (1 Co. 7:10, 11; Comp. Mt. 5:31, 32; 19:5-8), a menos que sea por adulterio y falta de arrepentimiento del pecador (Mt. 19:9).
  3. Cuando en el matrimonio uno de los dos es un no creyente, tampoco debe haber separación por parte del creyente (1 Co. 7:12, 13).
  4. El esposo creyente santifica a su pareja con su vida. El conocimiento de Dios trae consigo el temor a Él, y eso modela un ejemplo de vida dentro del matrimonio y la familia. (1 Co. 7:14)
  5. Si la persona no creyente desea separarse, entonces se debe considerar la posibilidad de ello. (1 Co. 7:15, 16)
  6. Para ayudar al creyente Pablo utiliza el ejemplo de la circuncisión y la esclavitud. Cuando una persona llega a conocer a Cristo estando incircunciso o en esclavitud, no debe cambiar su estado para considerarse más creyente. De la misma manera, estando ya casado, el creyente puede honrar con su matrimonio con un no creyente al Señor. (1 Co. 7:18-24)


Se debe iniciar aclarando que la decisión de quererse casar en yugo desigual no se considera aquí, pues se está tratando cuando la persona llega a ser salva ya estando casada. Pero la Biblia sí nos enseña que, estando solteros, los creyentes no deben casarse ni tener relaciones con no creyentes. (2 Co. 6:14 – 7:1)

Ahora, la separación nunca debe darse bajo el vínculo del amor, la persona creyente puede llegar a amar a su pareja tal como Dios le ha capacitado (Ro. 5:5). En cambio, el no creyente, al no haber nacido de nuevo, no necesariamente va a vivir conforme a la voluntad de Dios, y es ahí donde los problemas se van a dar. Recordando que esa persona no tiene temor del Señor y puede actuar impulsado por su carne.

El conflicto en Corinto posiblemente se estaba dando porque aquel que era creyente se sentía indigno del Señor al estar casado con una persona no creyente. El hecho que uno de los dos sea creyente trae consigo el temor a Dios dentro del hogar, y ello ayuda a mantener a la pareja y a la familia enfocados a la santidad. Pero eso no es una seguridad siempre, como nos dice Pablo.

La salvación es una decisión individual, y siempre habrá la posibilidad de que uno de ellos nunca llegue a ser salvo, por lo tanto, que el no creyente llegue a vivir en santidad no es seguro, pero una posibilidad.

El deber del creyente es amar a su pareja, honrarla, orar por ella, y modelar una vida santa (1 P. 3:1-7). Podemos, a pesar de las diferencias espirituales, tener un hogar bueno con la ayuda de Dios, y ahí el creyente debe buscar ser agente transformador. Pero si el no creyente decide por su parte separarse, entonces la posibilidad de esa separación es posible, “pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”. (1 Co. 7:15)


«La persona creyente es un factor santificador en favor de su pareja no creyente dentro del matrimonio»

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