Viviendo en una sociedad “sensual”

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1 Corintios 5:1-5

“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.”

  1. La palabra fornicación hace referencia a cualquier tipo de pecado de relación sexual ilícita, o sea, relaciones fuera del ámbito matrimonial.
  2. La ciudad de Corinto, entre las muchas cosas que le caracterizaba estaba la inmoralidad en la que se vivía. El nombre de la ciudad se convirtió en sinónimo de vicio sexual, por esta razón las características de vida inmoral estaban aún reflejadas en el interior de la iglesia.
  3. No solo que se había permitido el pecado de adulterio de parte de un miembro de la iglesia con su madrastra, sino que de alguna forma se habían envanecido con ello, aparentemente dando cierto reconocimiento dentro de la iglesia. No se reprendió, antes se lo consideró.
  4. La falta de diligencia en la manera de tratar un pecado tan serio y público en la iglesia puede llevar a un desorden moral que afecta en gran manera la santidad de ella.
  5. Pablo llama a la acción. Mediante estos versículos les expresa su gran molestia y les pide que se reúnan en asamblea y se trate el tema. Era necesario expulsar al inmoral de la iglesia por su falta de arrepentimiento.


La sociedad occidental de hoy está empujando los valores morales de la sexualidad hacia la perversión. Ya no solo se ha bajado la guarda para tolerar la inmoralidad en silencio, sino que ahora se proclaman derechos y se alienta activamente a ello. Si antes se sentía incómodo escuchar sobre relaciones sexuales fuera del matrimonio, ahora se lucha por derechos para el homosexualismo, el divorcio, el aborto y otros temas relacionados con pecados sexuales.

La promiscuidad es un grave problema dentro de la adolescencia misma, ni hablar de ello en los adultos. La pornografía no es un problema en los diferentes medios visuales de comunicación y entretenimiento. En las telenovelas se alienta al engaño y el adulterio entre los protagonistas en “nombre del amor”. Un consumismo enfermizo de contenido sexual ha fomentado el desarrollo de películas de tono sexual evidente.

Como sociedad, en poco nos diferenciamos moralmente a la ciudad de Corinto en los días de Pablo.

A parte, el internet y las redes sociales están fomentando tan horriblemente los temas sexuales, que aún inclusive se alienta en ciertas redes a mirar bailes con tono sexual y obsceno aún en los pequeños. Temas de conversación abiertamente de doble sentido es parte del diario vivir.

Pero esto no es ajeno muchas veces en la vida de las iglesias. En los grupos de jóvenes se observa esto muy frecuentemente. Los divorcios se han disparado dentro de la congregación. Cada vez se ve más familias reconstruidas a causa de estos divorcios. Y las parejas en unión libre son más frecuentes en el seno de la iglesia.

Debemos como iglesia tratar los temas con firmeza y amor. Pablo nos recuerda que, si hay pecado inmoral dentro de la iglesia se debe tratar pronto y no permitir que esta inmoralidad entre como “levadura” en el Cuerpo de Cristo, antes se debe eliminar si es necesario estos problemas que dañan mucho la concepción de la santidad. Y Pablo nos hablará de ello en los siguientes versículos.


«Cuando en la Iglesia de Cristo se permite el ingreso de la inmoralidad sexual, o no se la trata como tal, en poco o en nada nos diferenciamos del mundo»

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¿Es necesario la exhortación y la disciplina?

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1 Corintios 4:17-21

“Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias. Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros. Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?”

  1. El problema de la división en la iglesia debido al sectarismo generado por la identificación con uno u otro líder había sido muy serio (1 Co. 1:12-13; 3:4-5), por eso Pablo en estos últimos versículos del capítulo expresa una contundente exhortación al arrepentimiento y el cambio.
  2. Pablo está animando al cambio, y les expresa que deben reconsiderar su mal comportamiento antes de que él vaya, ya que deseaba ir personalmente a verlos. Mientras él encontraba un tiempo para visitar a la iglesia envía a Timoteo con instrucciones para que les hablara de lo que el apóstol había estado ya enseñando por todas partes referente a la humildad y el buen comportamiento en Cristo (1 Co. 4:17-19).
  3. Les recuerda que el verdadero comportamiento dentro de la iglesia no debe ser evidenciado por el uso de palabras solamente, sino que necesitan de la obra del Espíritu, quien actúa con poder solo en las personas que andan bajo el Espíritu. (1 Co. 4:19-20, Comp. Gá. 5:16-22)
  4. Pablo también les dice que la manera como él iría a verlos dependerá de su cambio; si siguen rebeldes irá con “vara”, pero si hay cambios llegará con “amor y espíritu de mansedumbre”.


El motivo de esta Primera Carta de Pablo no es la enseñanza doctrinal principalmente, como en muchas de las otras cartas, sino que es un llamado al arrepentimiento. Como el padre espiritual de la iglesia, Pablo escribe con el propósito de corregir la mala conducta que llevaban, y con autoridad les reprende. A tal punto que tiene que amenazar firmemente con su presencia y disciplina si es necesario.

La exhortación y la disciplina son dos herramientas que son o mal utilizadas, o no utilizadas en muchas de las iglesias. Muchos no imparten esta sana corrección por tener temor a causar daño en la iglesia; pero otros son tan drásticos, que, por ejercer estos dos medios corrección, causan mucho daño al no hacerlo apropiadamente.

Más adelante Pablo enseña con un caso específico principios de cómo corregir bíblicamente (1 Co 5:1-13). Pero vemos que el mismo Señor nos da pautas en uno de los Evangelios (Mt. 18:15-18). Primero debemos buscar al ofensor y hablar personalmente con él sobre lo sucedido para dejarle saber su mal comportamiento. Después, si no ha habido cambio, se debe buscar un par de testigos para que estén presentes en una segunda reprensión. Pero si el cambio no existe, entonces se debe mencionarlo en la iglesia. SI ya no hay cambio después de ello, entonces la excomunión temporal es necesaria. El principio de esto es mantener la santidad dentro de la iglesia.

Se debe tratar con amor y con verdad todo caso, considerándonos a nosotros mismos como sensibles a estar en el mismo lugar que el ofensor, pero con el deseo de mostrar real interés y amor para ayudar al prójimo al cambio genuino y provechoso (Gá. 6:1-5).

Siempre se debe tener el amor y la mansedumbre en todo momento, pero cuando es necesario, se debe ejercer la “vara de la corrección” para santificar a la iglesia. La oración y la exhortación bíblica tiene el propósito de depender de Dios para hacer una corrección de provecho.


«La santidad en la iglesia es tan necesaria como la santidad en la vida personal de cada creyente; y si es necesaria, la corrección bíblica se debe aplicar»

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Paternidad espiritual

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1 Corintios 4:14-17

No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados. Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. Por tanto, os ruego que me imitéis. Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.”

  1. La exhortación de Pablo nace de un sentimiento profundo de afecto para los hermanos en Corinto, ellos eran sus hijos espirituales: “amonestaros como a hijos míos amados”.
  2. Pablo era quien había predicado el evangelio dentro los corintios, y por tal razón, él declara que esto le ubicaba con cierta autoridad espiritual, ya que por medio de la predicación ellos habían nacido de nuevo (1 Co. 4:15).
  3. En el nacimiento espiritual, cuando una persona acepta a Jesús como Señor y Salvador, ocurre lo que se conoce como el “nacer de nuevo” (Jn. 3:1-8), una “regeneración” del espíritu del hombre que estaba muerto por el pecado (Tit. 3:5; Ef. 2:1, 5). En ese instante entra a formar parte de la familia de Dios (Jn. 1:12-13; Ef. 2:19) con una vida nueva, una vida eterna. Es nacer a una vida espiritual de la cual estaba muerto.
  4. En ese momento se da un hecho que Pablo menciona en estos versículos, todo creyente entra a la familia de Dios, pero tiene un padre espiritual en la tierra, porque ese día llega a nacer de nuevo por la participación de la persona que lleva el evangelio, convirtiéndose el portador del evangelio como en el padre espiritual del creyente.
  5. El privilegio de este parentesco espiritual viene con la responsabilidad de velar por el bienestar de los hijos, pero también con la necesidad de ser modelo de vida a ellos (1 Co. 4:16-17).


Cada persona que recibe a Cristo como su Salvador llega a nacer en una vida espiritual, y así como el padre físico que ve a su hijo nacer, el creyente que evangeliza a otra persona se convierte en padre espiritual del nuevo creyente, y esta responsabilidad es un privilegio que no debe ser tomada a la ligera.

Cada creyente nace espiritualmente desconociendo muchas de las cosas de Dios, y es responsabilidad del padre espiritual ayudarle a crecer en el conocimiento de Dios y Su Palabra. Es este padre quien está pendiente de la vida de su hijo, y por ello, él tiene también el derecho de amonestarlo cuando no camina bien.

Pero esta responsabilidad viene con la obligación de modelar una vida piadosa. Muchas veces los padres espirituales descuidamos de nuestros hijos, y esto lleva a una vida desordenada de aquellos que, por desconocimiento y falta de instrucción, no aprenden a caminar y a crecer en la fe. Pero esta enseñanza debe ir acompañada de una vida modelo, para que los nuevos creyentes tengan un ejemplo a seguir, como Pablo les recuerda a los creyentes en Corinto (1 Co. 4:16).

Pero todos los que hemos nacido de nuevo también debemos que dar gracias a Dios por la vida de aquellos que padres espirituales que tenemos. Fue su fidelidad al evangelio y su amor a los que estábamos perdidos que llegamos a ser salvos, su amor hacia nosotros había estado presente antes de que nosotros lo supiéramos. Pero también, ellos siguen velando por nuestras vidas, y por tanto debemos honrarlos, sabiendo que anhelan siempre nuestro bienestar.

“Padre Celestial, muchas gracias por aquellos padres espirituales que velan por sus hijos y nos han amado, aún antes de que nosotros mismos hayamos nacido a través de la predicación de Tu evangelio”


«En el momento del nacimiento espiritual llegamos a tener dos padres: Dios, nuestro Padre Celestial que vela por nosotros desde Su trono, y el padre espiritual que trajo el evangelio para que nosotros naciéramos de nuevo»

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¡Cuidado con el orgullo!

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1 Corintios 4:6-14

Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros! Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados. Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos. No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados.”

  1. Como se había mencionado antes, el problema en la iglesia en Corinto era la división, pero una causada por el orgullo. Se habían envanecido con la presencia de siervos como Pablo, Apolo y Cefas, y por eso se consideraban diferentes y superiores.
  2. Pablo se usa como ejemplo para no dejar que la vanidad los destruya. Les recuerda que la presencia de ellos como siervos de Dios en medio de la congregación en Corinto fue un regalo de Dios no obtenido por mérito (1 Co. 4:6-7).
  3. Tal era el orgullo que se sentían como superiores entre las demás iglesias pensando que estaba “reinando” antes de tiempo (1 Co. 4:8).
  4. Les recuerda que los apóstoles, en vez de estar envanecidos, están pasando necesidad, hambre, persecución y cansancio. Que sirven a Dios en humildad, y que ello debería darles modelo de humildad para que no tengan de que jactarse (1 Co. 4:9-13).
  5. Esta exhortación la hace como un padre espiritual, anhelando que sus hijos se comporten piadosamente ante el Señor y los demás.


La palabra griega que Pablo usa para expresar la idea de envanecimiento es “fusioo” y se traduce como hincharse. Estaba usando esta palabra para expresar la manera como los hermanos en Corinto se estaban hinchando de orgullo pensando más de lo que debían pensar de sí mismos.

La iglesia en Corinto había caído en la vanidad y la arrogancia. Se consideraban más que los otros por estimarse “sabios” (1 Co. 1:26), y por haber tenido como maestros a ciertos siervos con relación a los demás (1 Co. 1:12), y eso los llevó a una división interna dentro de la misma iglesia.

Hoy en día, algunos hermanos de algunas iglesias podrían menospreciar a los otros creyentes por tener ciertas características que otros no tienen: Tamaño de congregación, ciertos ministerios u posibilidades de recursos, algunos maestros y predicadores, etc. La vanidad dentro de los creyentes aún se puede ver en nuestros días, y entre mayores esas diferencias, mayores las posibilidades de envanecerse.

Pablo nos recuerda a no “distinguirnos” por ello (1 Co. 4:7), mas bien, nos llama a la humildad y la estimación sana (Ro. 12:3; Fil. 2:3), pues todo lo hemos recibido de Dios por Su gracia y misericordia. Tengamos cuidado de no envanecernos por esas cosas, pues “Dios resiste a los soberbios” (Stg. 4:6).


«Si la vanidad y la arrogancia está llegando a la misma iglesia del Señor, entonces la carnalidad está ganando y la humildad está desapareciendo»

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El primer paso para transformar una sociedad

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Mateo 9:35-38

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”

  1. Las multitudes de los tiempos de Jesús son muy parecidas a las actuales, el mundo que no conoce de Cristo o que no se ha sometido a su amor y autoridad sigue pareciéndose a ovejas desamparadas y dispersas que no tienen pastor.
  2. Lo primero que el Señor nos manda a hacer es a orar porque hayan más personas que acepten el llamado de Dios para trabajar en el campo del corazón humano, a través del evangelio y con el poder del Espíritu Santo, para transformar individuos, familias y sociedades enteras a través del amor de Cristo.
  3. La experiencia de Pablo en la ciudad de Éfeso (Hch. 19.23-41), es un gran ejemplo sobre cómo el evangelio puede transformar individuos y sociedades, en aquella ciudad existía un economía basada en la idolatría, que se vió gravemente afectada cuando las personas dejaron sus prácticas idolátricas  obedeciendo la enseñanza cristiana.

Uno de los sentimientos que identificó a Cristo en su ministerio en la tierra, fue la compasión, por él, Cristo lograba identificarse con el dolor y las necesidades de los hombres para intervenir a su favor. Pero hoy en día, la compasión parece un sentimiento extraño, nada fácil de encontrar y de sentir.

De hecho, es por esa falta de compasión, por el egoísmo y la avaricia del hombre que las multitudes siguen viéndose desamparadas, sin quien las proteja, las cuide, vele por su bienestar; divididas, dispersas y sin un sentido de unión. Instituciones como el gobierno y la familia muestran la terrible fragmentación y corrupción que han causado gran parte del dolor y depravación del ser humano.

Por esta realidad es que Cristo hace un llamado a sus discípulos y ahora a la iglesia para que oremos a Dios por obreros, que acepten su llamado a vivir el amor de Cristo y predicar su mensaje de salvación. Con esto se hace claro que el único poder que logrará transformar el mundo se encuentra en Dios.

Ese poder se ha visto en acción a lo largo de la historia del mundo, y ahora más, después del sacrificio perfecto de Cristo en la cruz que movió a hombres como el Apóstol Pablo a predicar las buenas nuevas del reino de Dios en una ciudad como Éfeso, reconocida por su culto idolátrico a la diosa Diana, que movía un comercio del que dependían cientos de personas. 

Cuando el evangelio fue predicado allí, el Espíritu de Dios convenció a hombres y mujeres de la existencia de un solo Dios, digno de adoración y sumisión, celoso, que no permitía la adoración a dioses falsos, y por el cual era necesario dejar esas viejas costumbres pecaminosas.

Este mensaje causó un cambio profundo en la cultura y sociedad del oriente, al punto que para cuando Pablo sirvió en Éfeso ya se decía que éste movimiento caracterizado por el amor y la paz  de Cristo había logrado trastornar el mundo.

Tenemos la misión de orar a Dios por obreros que se sometan a Él y porque nosotros mismos seamos esos obreros que comunican sus buenas nuevas con las personas que Él acerca a nuestras vidas.


«El primer paso para transformar el mundo es orar por obreros que comuniquen y vivan el mensaje de Dios»

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Se requiere servicio íntegro

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1 Corintios 4:1-5

Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.»

  1. Pablo desea aclarar un poco más sobre su apostolado, la manera cómo cada uno debe ver su ministerio; y con ello entrará a explicar un poco más por qué hubo las divisiones (vss. 6 en adelante).
  2. En primer lugar, se identifica como siervo (1 Co. 4:1). La palabra en griego quiere decir alguien que rema bajo la dirección de otro. Pablo sabía muy bien que él servía a Dios, y por tanto debía vivir a la orden de Él.
  3. La palabra administrador es mejor entendida como mayordomo (1 Co. 4:1), la persona encargada de los bienes de otro. Pablo había sido encargado la enseñanza de la Palabra, y en esa función debía cumplirlo debidamente administrando bien la enseñanza en la iglesia.
  4. También Pablo usa la palabra fiel para recordarnos que cada siervo debe ser digno de confianza (1 Co. 4:2). Sea como siervo o como mayordomo Pablo era observado por Cristo en la manera como él desarrollaba su ministerio.
  5. Y, por último, aunque la palabra no está expresada, el apóstol nos habla de la integridad con la que sebe servir (1 Co. 4:3-5). A Pablo no le preocupaba tanto la manera como otros valoraban su ministerio, ni se aferraba a su propia valoración, si no que sabía que en todo esto el Señor juzgaría al final la integridad de como desarrollaría su ministerio dentro de las iglesias.


Cada uno de los creyentes debemos recordar que el privilegio de servir al Señor viene con las responsabilidades que tiene esta gran oportunidad.

Dios llama a todos los creyentes a servir, y este privilegio no debe ser ignorado, antes recibido con humildad y gratitud. El Señor desea obrar por medio de nosotros para continuar con Su obra en la tierra antes de que Cristo venga, y este privilegio debe ser tomado como un honor.

Pero siendo un privilegio viene con obligaciones que deben ser seguidas con temor y temblor. Usando las palabras de Pablo, todos nosotros servimos bajo la autoridad del Señor, por ello, todos debemos cumplir este servicio dependiendo de Su voluntad; no es lo que nosotros queramos hacer, sino lo que Él desea.

Al ser mayordomos, debemos hacer un uso apropiado de nuestros dones, talentos y recursos que Dios nos ha provisto para este servicio; mal hiciéramos en hacer un uso inapropiado de los recursos o descuidarlos y no usarlos.

En todo esto, Pablo nos enseña que debemos ser fieles e íntegros. Fieles en cumplir nuestra responsabilidad todo el tiempo, y que pueda haber confianza de que lo encargado sea cuidado constantemente. En esta fidelidad viene la integridad, ya que, si voy a velar por todo lo que Dios ha puesto en mis manos, entonces debo usarlo sin aprovechamiento egocéntrico o de mala conciencia. Cristo vendrá pronto, y ese día todos seremos juzgados, y sería vergonzoso que seamos declarados faltos de integridad.


«El servicio al Señor es una responsabilidad de gran honor, pero que requiere diligencia e integridad»

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La manifestación del Espíritu

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1 Corintios 3:16-23

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos. Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.”

  1. El Espíritu Santo no solamente que mora en el creyente (1 Co. 6:19; Ef. 1:13-14), sino que está activamente en la vida de la iglesia, el Cuerpo de Cristo; y es su participación la que edifica al Cuerpo por medio de la participación de cada miembro.
  2. La iglesia, al ser de Dios debe ser mantenida santa. Por lo tanto, cada uno de nosotros debemos participar en ella en santidad, de ahí la importancia de evitar las separaciones o segregaciones.
  3. También debemos evitar ser sabios en nuestra propia opinión en la manera como se debe edificar la iglesia, cada uno de nosotros debemos estar en alineación de Dios y Su voluntad, y no en nuestra propia sabiduría.
  4. Todos los recursos humanos dados por Dios a la iglesia, o sea, cada miembro, ha sido la provisión del Señor para la edificación de la iglesia, de lo cual debemos sentirnos agradecidos.
  5. La iglesia no es del hombre, es de Cristo, por tanto, de Dios, y como tal, debemos honrarla y santificarla participando en ella para la edificación de la misma, y la gloria de Dios.


Cada creyente ha recibido la presencia del Espíritu Santo para ser utilizado por Dios por medio de los dones dentro de la iglesia. Es la obra del Espíritu en medio del grupo de creyentes lo que edifica a la iglesia, y todos somos miembros de ella, por lo tanto, debemos participar en ella.

Como Su iglesia, debemos mantenerla santa y unida, sin intromisión del mundo ni de nuestro pecado. Para que la Iglesia puede ser edificada correctamente depende de cada miembro dado por Dios como parte de la misma, pero también dependemos de Él para que la edifique.

Usted y yo somos parte de esa iglesia local, y debemos unir esfuerzos para que Dios vaya edificándola. Seamos creyentes activos y pongamos a disposición de Dios y de la iglesia todos nuestros recursos, sean estos espirituales, nuestras capacidades, y nuestros recursos para que crezca de acuerda a la voluntad de Dios.


«Dentro de la iglesia se manifiesta el Espíritu Santo, y es Su obra la que la edifica a través de los dones dados a cada creyente»

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Construyendo en buena base

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1 Corintios 3:10-15

“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.”

  1. Pablo, usando la previa exhortación a una relación apropiada en la manera como miraban a ciertos líderes en la iglesia (1 Co. 3:1-9), les pide a todos en la iglesia que velen por la manera como van a edificar a la congregación.
  2. El fundamento en el cual se basa la iglesia está en la Persona de Cristo. Cristo, como ente Redentor del hombre, es en Quién se basa todo el principio de la fe. Él es la piedra angular de todo (Is. 28:16; Mt. 21:42; Ef. 2:20).
  3. Con Cristo como base de nuestra fe, Pablo ahora exhorta a todo maestro a basar cualquier enseñanza en este fundamento. La edificación de una iglesia sana se dará con relación a una enseñanza apropiada, en la manera como se “edifica encima” con la Palabra de Dios.
  4. Pero, sobre cada creyente, la responsabilidad también recae en la manera como sobreedificamos nuestra vida con conocimiento sano, verdadero; y fundamentado en la Biblia.
  5. Al final, todo creyente enfrentará una evaluación en el Tribunal de Cristo, y ahí se verá si el material usado era perecedero o permanente; y en esa norma se dará recompensa. Pero todo creyente al final será salvo, ya que no es juicio para condenación, sino para evaluación del servicio. (1 Co. 3:13-15; Ro. 14:10; 2 Co. 5:10)


La Torre de Pisa es una de las obras más conocidas de edificación, y no por su belleza arquitectónica ni su perfección, sino por su inclinación. Un problema de cálculo en la base ha generado que esa estructura está inclinada en cierto ángulo, pero que no se caiga. Aunque la estructura sobre la base es buena, es en la base donde está el defecto.

Al contrario de ello, la Iglesia y la vida de cada creyente se basa en la verdad de Quién es Cristo, tanto como Dios, como por Su obra de Redención. Es en este “fundamento” donde descansa perfectamente nuestra fe. Pablo nos recuerda que la fe de cada creyente está firme “en Cristo”, pero que cada uno de nosotros debemos velar en la manera como sobreedificamos.

La responsabilidad de cada pastor y maestro en la iglesia es de edificar un conocimiento sólido de doctrina basado en la correcta enseñanza de la Palabra de Dios. Una iglesia sana solo se obtiene con una enseñanza sana.

Para cada uno de nosotros, también existe la responsabilidad de como sobreedificamos nuestras vidas. Muchas veces los creyentes, sobre todo los no maduros, se dejan envolver por mala enseñanza, y comienza a edificar sus vidas con doctrinas falsas, lo que puede generar un mal crecimiento (Ef. 4:13-15).

Pero también, podemos mirar hacia las cosas que hacemos como servicio. No todo lo que hagamos es voluntad de Dios, y aunque no sean malas cosas, no son todas provechosas. En la edificación de la iglesia podremos estar haciendo cosas que aparentan ser de bendición, pero que podrán terminar siendo solo algo sin impacto eterno. En ello también debemos velar. Todo será revelado en la presencia del Señor, y ahí veremos cuan valioso o no ha sido nuestro servicio.


«Cristo es el fundamento sobre el cual cada uno de nosotros debemos velar celosamente como edificamos nuestra vida»

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