Más que división, es ruptura

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1 Corintios 1:10-17

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.”

  1. Pablo inicia su exhortación buscando la unidad en el nombre del “Señor Jesucristo”, la mejor manera de buscar la reconciliación, basando la unión en torno a Quién todos nosotros debemos relacionarnos en amor.
  2. La palabra “división” podría también traducirse como rotura (1 Co. 1:10; Comp. Mt. 9:16). Los problemas que estaban generándose en la iglesia no estaban separándolos en dos o más grupos, al contrario, estaban rompiendo la unidad de un cuerpo, el de la iglesia en sí.
  3. El problema era que se habían generado grupos en torno a quien seguían los creyentes con fervor malicioso, haciéndose partidarios de uno u otro siervo de Dios, y algunos inclusive estaban usando el nombre Cristo para defender esa división (1 Co. 1:12).
  4. Pablo, para detener ese ánimo de división, les recuerda que todos deberían mirar a la obra de Cristo. Fue Él quien fue crucificado; es en el nombre de Él en quien fueron bautizados; y es en el nombre de Él que se predica en el evangelio.


Hoy en día muchas personas se levantan con mucho fervor a decir que siguen a uno u otro predicador. Señalan con pasión que aquel o tal hermano ha hecho mucho, por lo cual ellos se expresan como un seguidor ferviente de aquel siervo. Esto genera sectarismo o separación en la iglesia.

Aún dentro de una misma iglesia local, muchos pueden decir que prefieren a este o tal persona sobre los demás líderes. Cuando un nuevo pastor llega, muchos se van y otros vienen porque ha habido un cambio dentro de la iglesia, y dependiendo a quien está ahora en el liderazgo los creyentes van o vienen.

Tenemos que recordar, como Pablo lo va a mencionar más adelante, que todos somos siervos del Señor, que de Él es la obra, y es a Él a quien debemos seguir.

Tales divisiones generan ruptura en la unidad que debe existir del cuerpo de Cristo. La falta de una perspectiva correcta de propiedad nos hace ver lo equivocados que estamos. Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y todos fuimos comprados por su sangre; es a Él a quien pertenecemos, y no a hombre o líder.

Todos, desde el líder, como lo hizo Pablo, y cada uno de los miembros de la iglesia debemos apuntar y seguir a uno solo, y a Él, como Señor de todo.


«En la iglesia, decir que sigo a una persona en particular es menospreciar al Señor de la iglesia, quien fue crucificado por todos nosotros»

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Ahora, estando “en Cristo”…

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1 Corintios 1:1-9

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”

  1. La iglesia que se encontraba en Corinto fue establecida por Pablo en su segundo viaje misionero, y aunque la iglesia no era un ejemplo de santidad, el apóstol la llama “iglesia de Dios” porque todos ellos habían sido establecidos como “santos” por la fe “en Cristo Jesús” (1 Co. 1:2), y por tanto, eran miembros del “cuerpo de Cristo”. (1 Co. 6:15; 12:12, 27)
  2. Toda la carta en sí es un llamado al arrepentimiento, la santidad, y a una evaluación de su condición espiritual en general en la que se encontraba toda la iglesia.
  3. Pablo, en estos pocos versículos menciones tres veces la posición “en Cristo” en la que se encuentra el creyente, ya que, aunque les iba a reprender por su mala conducta, inicia su carta recordándoles que la salvación era una “gracia” recibida por fe, “dada” por “Dios”, y que eso los ubicaba en una posición de estado y relación basados en la obra de Cristo, y no por obras propias del hombre. (1 Co. 1:4; Comp. Ef. 2:8-9)
  4. En estos versículos les recuerda que deben vivir de acuerdo con el llamado de ser santos (v. 2). Que Dios los ha enriquecido con todos los dones necesarios para el desarrollo de la iglesia (v. 5-7), tema que aclarará más adelante (cap. 12-14). Y que Dios los guardará hasta el final para la venida del Señor (v. 8), basada esta esperanza en la fidelidad de Dios, quien nos salvó para estar en una relación eterna con “su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (v. 9). Pero esa relación debe basarse en una comunión constante, desde ahora, y por la eternidad.


Para las personas que hemos puesto nuestra fe en Cristo como nuestro Señor y Salvador, existe una nueva condición que nos ubica en una posición espiritual nueva. Esta posición no se basa en los méritos propios del creyente, sino en la obra de Aquel que murió por nosotros: Ser salvos por gracia por medio de la fe como regalo de Dios. (Ro. 6:23; Ef. 2:8-9)

Esta posición le otorga al creyente condiciones firmes y eternas de una relación con Dios. Somos declarados santos y justos por Cristo, por su obra, en un mérito otorgado por gracia. Y aunque en la vida práctica no podemos vivir perfectamente tal posición, ante Dios somos considerados tales por la obra de Cristo, y es esto lo que Pablo muchas veces nos recuerda que ahora estamos “en Cristo”, por lo tanto, debemos vivir de acuerdo con esta posición. (Ro. 6:3, 11, 23; Ef. 1:1; Col. 1:28)

Esta posición “en Cristo” nos pone en una responsabilidad de vivirla diariamente, y esta carta es un llamado a esa vida santa, por eso las correcciones de Pablo fueron enérgicas a las personas de la iglesia en Corinto.


«Todo creyente, por la fe en Jesús, vive en una nueva posición basada en méritos de Él, no del creyente. Por tanto, debemos honrar esa posición viviendo en santidad»

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¿Qué hacer cuando no sé que hacer?

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Proverbios 27:1

“No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día.”

Santiago 4:13-14

“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”

Hace unos años tuve un jefe que solía decirnos que en la vida, lo único que no cambia, es que todo cambia, generalmente nos lo decía cuando quería cambiar las condiciones de algún acuerdo que no le favorecía a él; aunque la idea es cierta, su aplicación no era la mejor.

Dios tiene mucho que decir sobre qué debemos hacer cuando enfrentamos el cambio y la incertidumbre, dos situaciones que cuando se combinan pueden llevarnos al límite, probar nuestro carácter, sacar lo que verdaderamente hay en nuestro corazón y hacer que nos sintamos ansiosos o angustiados, inseguros y muy irritables.

  1. Podemos comprender el cambio como la ocurrencia de sucesos que no esperábamos que pasaran en nuestras vidas. Vivir el cambio es una experiencia muy desagradable porque muestra la verdadera incapacidad que tenemos para controlarlo todo y genera un nivel de inseguridad que ninguno quiere sentir.
  2. El problema con el cambio son nuestras expectativas: las ideas que tenemos de lo que debe ser nuestro futuro y vida. Pero como bien lo dice el proverbio, la realidad es que no sabemos qué pasará en el futuro.
  3. Pero es nuestro orgullo, (ese pecado común en todos los que somos seres humanos), el que nos hace creer que podemos vivir separados de Dios y siguiendo nuestros planes, que hace que no nos sometamos a la voluntad de Dios y en cambio peleemos en contra de él.
  4. Pero la realidad es que para Dios el cambio no existe, primero, porque Él no cambia (Stg 1.17) y segundo porque desde antes de nuestro nacimiento todos nuestros días ya habían sido escritos (Sal. 139.16) así que para Dios todo sucede conforme a su voluntad y soberanía.


Lo bueno del cambio, es la inseguridad que nos produce. Si… yo sé que eso parece ilógico y sin sentido, pero es verdad, porque entre más inseguros nos sentimos, más dependencia y necesidad de Dios tenemos, lo que nos lleva a acercarnos humildemente a Él y aceptar su voluntad.

De hecho, Dios es quien produce “el cambio”, y lo hace porque es una herramienta Divina para moldear nuestro carácter, conformarnos a la imagen de su Hijo y cumplir su voluntad en nosotros. Como alguien dijo: Dios te ama tanto, que no dejará que sigas siendo igual.

Consideremos esto: ¿será que, para Jesús, la traición, su arresto y muerte en la cruz fue un cambio inesperado en su vida? No…, ese era el plan de Dios y no hubo ningún cambio en él.

Entonces ¿Cómo enfrentar lo que para nosotros es “cambio e incertidumbre”?

Revisemos la crisis que superaron los apóstoles, quienes vieron desmoronarse todos sus planes y expectativas con la muerte de Cristo, y veamos que para superar esa crisis ellos hicieron cuatro cosas muy importantes:

  1. Ajustaron sus expectativas a la realidad y al plan de Dios (Lc. 24.1, 44-48)
  2. Hicieron lo último que Jesús les había dicho que hicieran (Lc. 24.49)
  3. Se mantuvieron orando (Hch. 1:12-14)
  4. Solo actuaron hasta cuando estuvieron seguros de la dirección de Dios (Hch. 2.1-4)

Esto es exactamente lo que debes hacer cuando no sabes qué hacer: ajusta tus expectativas con las de Dios, sigue haciendo lo que sabes que Dios quiere que hagas, ora, y actúa solo cuando estés seguro de la dirección de Dios.

Por favor considera y actúa con base en el ejemplo de los Apóstoles, y ¡no hagas “locuras”!

¿Qué pueden hacer los que no son hijos de Dios?, someterse a Cristo, porque Él es el único que puede iluminar su camino, darles dirección y propósito para que no sigan viviendo dando pasos sin propósito.


«Para Dios el cambio no existe. Para nosotros, el cambio significa el descubrimiento y entendimiento del plan de Dios»

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Necesitamos un líder así

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Nehemías 13:22-31

“Y dije a los levitas que se purificasen y viniesen a guardar las puertas, para santificar el día del reposo. También por esto acuérdate de mí, Dios mío, y perdóname según la grandeza de tu misericordia. Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían tomado mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas; y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico, sino que hablaban conforme a la lengua de cada pueblo. Y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice jurar, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos. ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas naciones no hubo rey como él, que era amado de su Dios, y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras. ¿Y obedeceremos a vosotros para cometer todo este mal tan grande de prevaricar contra nuestro Dios, tomando mujeres extranjeras? Y uno de los hijos de Joiada hijo del sumo sacerdote Eliasib era yerno de Sanbalat horonita; por tanto, lo ahuyenté de mí. Acuérdate de ellos, Dios mío, contra los que contaminan el sacerdocio, y el pacto del sacerdocio y de los levitas. Los limpié, pues, de todo extranjero, y puse a los sacerdotes y levitas por sus grupos, a cada uno en su servicio; y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y para las primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien.”

  1. A lo largo del todo el capítulo trece, y en el mismo libro, vemos en Nehemías a un líder comprometido y apasionado. Un hombre que, en medio de toda la tarea, tenía un solo propósito: Agradar a Dios en su vida y junto al pueblo.
  2. Solamente considerando este último capítulo, lo vemos con valor y decisión enfrentando en contra de la presencia de Tobías, la falta de compromiso del pueblo en sus diezmos, la santificación del día de reposo, y aún, la falta de santidad dentro del mismo cuerpo sacerdotal (Neh. 13:4, 12, 17, 29-30).
  3. En muchos pasajes de todo le libro lo vemos orando a Dios por ayuda, guía, protección, y más. En este capítulo final leemos que pide ayuda a Dios para que él mismo no vaya a caer en pecados (Neh. 13:14, 22, 31).
  4. Lo que más deseaba Nehemías en cuanto al pueblo era que ellos se encuentren cumpliendo la voluntad de Dios, y en ello encuentren la prosperidad de Dios; y por eso no escatimaba ningún esfuerzo para lograrlo.
  5. La obra de Nehemías quedó marcada como la de un líder sabio, valiente, decidido, comprometido, sistemático, y protector del pueblo. Puso a Dios en medio del corazón del pueblo, y los encaminaba todo el tiempo para que ellos sigan sin fallar al Señor.


En un mundo donde los verdaderos líderes espirituales se están perdiendo a causa de la corrupción por amor al poder y al dinero, acompañado por el egocentrismo de ellos mismos; la necesidad de líderes piadosos y valientes es imperante.

En la iglesia de hoy se observa mucho al líder tibio y poco comprometido. Aquel que se ha conformado al mundo, viviendo alineado a la corriente de este siglo, y con pocas ganas de santificar a Dios en sus propias vidas y en la iglesia en la cual ellos sirven. ¡Necesitamos un cambio!

Aprendamos de Nehemías, alguien que no quiso quedarse donde estaba, ni permitió que el pueblo de Dios viva en la miseria espiritual. Tomemos de su ejemplo, y de estos principios aprendidos en su libro; y moldeemos en nuestras vidas el carácter de un líder espiritual que trajo gloria a Dios en su misma vida y en la de aquellos a quienes él sirvió apasionado.

Pida a Dios que le ayude a servir en la iglesia en santidad, comprometido con el Señor primero, y con el servicio en el Cuerpo de Cristo. Que pueda ayudar a otros a seguir al Señor mientras ayuda a edificar sus vidas en santidad. Sea valiente pero también amoroso, corrija los problemas con valor y temor, sustente al caído, promueva la unidad y el trabajo conjunto. Y en todo eso, continúe pidiendo a Dios para ser guardado, reconociendo que usted también podría fallar. Recordando que somos igual a los demás creyentes, personas débiles por el pecado, pero que con la ayuda de Dios podremos permanecer fieles a Él.


«Un líder apasionado, con visión y voluntad es necesario; pero uno con humildad, que reconozca su debilidad y busque de Dios su ayuda, es más deseado»

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Santificando un día para el Señor

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Nehemías 13:15-22

“En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en el día de reposo, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, y que traían a Jerusalén en día de reposo; y los amonesté acerca del día en que vendían las provisiones. También había en la ciudad tirios que traían pescado y toda mercadería, y vendían en día de reposo a los hijos de Judá en Jerusalén. Y reprendí a los señores de Judá y les dije: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de reposo? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el día de reposo? Sucedió, pues, que cuando iba oscureciendo a las puertas de Jerusalén antes del día de reposo, dije que se cerrasen las puertas, y ordené que no las abriesen hasta después del día de reposo; y puse a las puertas algunos de mis criados, para que en día de reposo no introdujeran carga. Y se quedaron fuera de Jerusalén una y dos veces los negociantes y los que vendían toda especie de mercancía. Y les amonesté y les dije: ¿Por qué os quedáis vosotros delante del muro? Si lo hacéis otra vez, os echaré mano. Desde entonces no vinieron en día de reposo. Y dije a los levitas que se purificasen y viniesen a guardar las puertas, para santificar el día del reposo. También por esto acuérdate de mí, Dios mío, y perdóname según la grandeza de tu misericordia.”

  1. El día de reposo fue una ordenanza establecida en los diez mandamientos (Éx. 20:8-11). Y el propósito de este día era de separa un día para dejar a un lado las labores comerciales y dedicarse al descanso, la familia, pero, sobre todo, a la adoración a Dios.
  2. El pueblo de Israel había fallado varias veces por esta desobediencia, tal que los profetas como Jeremías habían hablado en contra de este mal (Jer. 17.21).
  3. Y un grave problema se presentaba en esos días de Nehemías, porque el pueblo había jurado respetar el día de reposo un tiempo atrás (Neh. 10:31), y que no permitirían tener ningún comercio a través de las puertas de la ciudad, y ahora gente de Tiro venía y vendían pescado y otras actividades más.
  4. Nehemías tuvo que tomar medidas radicales, cerrando la puerta de la ciudad en el día de reposo, y no permitir que nadie entrara para hacer comercio. Los comerciantes se quedaban a fuera a ver si había cambios, y el valiente líder los amenaza si los vuelve a ver alrededor de la ciudad. Y finalmente pone levitas para que se diera cumplimiento a esta ordenanza (Neh. 13:20-22).


Aunque actualmente la iglesia ya no guarda el día de reposo en sábado, el deseo a que las personas guarden un día para el descanso y la adoración a Dios sigue vigente. Desde la resurrección de Cristo, la Iglesia se reúne ahora en domingo de forma tradicional para adorar a Dios como día de celebración por la resurrección de Jesús y su triunfo sobre el pecado y la muerte (Hch 20:7; 1 Co. 16:2).

Para el creyente, el guardar un día para el Señor es igualmente importante. Ese día debe reunirse en la iglesia para adorar junto al pueblo de Dios, servir en el Cuerpo de Cristo, y compartir entre creyentes y familiares. Ese día debería ser enfocado para regocijarse en Dios por todo lo que Él ha hecho.

Lamentablemente, en esta vida tan agitada que se vive, y más desde la revolución industrial, los domingos se han hecho tan comerciales como lo fueron los sábados en los días de Nehemías. Ya la gente no descansa un día para librarse de las responsabilidades, y menos le dedican tiempo a Dios. Como seres humanos, estamos más ocupados para nosotros que para el Señor y nuestra familia. Deberíamos santificar un día para el Señor.


«Ninguna actividad comercial o laboral debería afectar la dedicación de un día para Señor; nada debería alejarnos de la adoración y del servicio a Dios»

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Mantengamos nuestro compromiso al dar

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Nehemías 13:10-14

“Encontré asimismo que las porciones para los levitas no les habían sido dadas, y que los levitas y cantores que hacían el servicio habían huido cada uno a su heredad. Entonces reprendí a los oficiales, y dije: ¿Por qué está la casa de Dios abandonada? Y los reuní y los puse en sus puestos. Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes. Y puse por mayordomos de ellos al sacerdote Selemías y al escriba Sadoc, y de los levitas a Pedaías; y al servicio de ellos a Hanán hijo de Zacur, hijo de Matanías; porque eran tenidos por fieles, y ellos tenían que repartir a sus hermanos. Acuérdate de mí, oh Dios, en orden a esto, y no borres mis misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio.”

  1. La presencia de Tobías en los atrios del templo, y la falta de compromiso del pueblo en proveer para la casa de Dios y el mantenimiento de los sacerdotes y levitas, hizo que nuevamente Nehemías recordara la necesidad que tenían de traer su diezmo y las ofrendas.
  2. La falta de compromiso del pueblo en dar para el servicio de la casa de Dios hizo que los levitas tuvieran que buscar una manera de sustentar sus familias, y por ello se regresaron a sus tierras para labrarlas.
  3. Después de este llamado de atención, Nehemías pone a personas confiables a cargo de la distribución correcta de toda ofrenda.
  4. Nehemías levanta una oración pidiendo al Señor que le ayudara a recordar esta acción para no caer igual que el pueblo en desobediencia.


Aunque es uno de los temas más mencionados en la Biblia, aún por el mismo Señor Jesús, muchos han evitado querer enseñar sobre los diezmos y las ofrendas para evitar las polémicas que se crean en cuanto a esta enseñanza bíblica.

Nehemías le recuerda al pueblo que no debieron haber dejado de traer sus diezmos y ofrendas porque esto había afectado el servicio de los levitas en el templo. Por la necesidad que tenían, tuvieron que los siervos del Señor ir a buscar su sustento, ya que necesitaban mantener a sus familias mientras ellos estaban sirviendo.

Para muchos de nosotros, el dar es un conflicto interno. Tenemos tantas cosas en nuestra vida, que priorizamos lo que hacemos con el dinero que tenemos, y nos cuestionamos si debemos dar o no tal cual Dios espera de nosotros.  Aún más, los abusos y malas enseñanzas que se han dado en cuanto al dar bíblico han creado un ambiente de escepticismo y falta de claridad en cuanto al dar o no, y que tanto se debe dar.

Nuestra responsabilidad ante Dios es dar, eso lo expresa muy bien la Biblia. Pero también es una responsabilidad de quienes reciben el dinero el usarlo correctamente. Nehemías había buscado a personas confiables para administrar las ofrendas “porque eran tenidos por fieles” (Neh. 13:13). Mucho del descrédito de la enseñanza ha venido lamentablemente por el abuso de “vendedores del evangelio” que hacen uso malicioso de las ofrendas de los creyentes (2 P. 2:1-3).

¿Está dando su diezmo al Señor fielmente? ¿Si no lo está haciendo, por qué no lo ha hecho? ¿Alguna vez se comprometió en dar alguna ofrenda regular y de repente dejó de hacerlo?


«Para que el servicio en el reino se mantenga activo se necesita de dadores fieles, pero también de fieles administradores»

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Correcciones en las relaciones

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Nehemías 13:1-9

Aquel día se leyó en el libro de Moisés, oyéndolo el pueblo, y fue hallado escrito en él que los amonitas y moabitas no debían entrar jamás en la congregación de Dios, por cuanto no salieron a recibir a los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a Balaam para que los maldijera; mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición. Cuando oyeron, pues, la ley, separaron de Israel a todos los mezclados con extranjeros. Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías, y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes. Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalén, porque en el año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia fui al rey; y al cabo de algunos días pedí permiso al rey para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios. Y me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara, y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí los utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso.”

  1. Nehemías había regresado a la capital de reino para cumplir lo prometido al rey Artajerjes (Neh. 2:6).
  2. Durante ese tiempo, el pueblo no se había apartado completamente de las relaciones con las personas extranjeras como lo habían prometido (Neh. 10:26-29). Aún Esdras había demandado una separación de los israelitas con las personas paganas, y así lo hicieron (Esd. 9:1 – 10:19), pero volvieron a caer en la misma actitud.
  3. Tal fue la desobediencia que Eliasib había entrado en alguna relación familiar con el enemigo Tobías, que lo lleva a la ciudad, le prepara un cuarto en el templo y lo ubica como huésped. Sacando cosas sagradas de la casa de Dios para dar espacio a su “honorable huésped”.
  4. Al volver Nehemías de su viaje, se entera de ello, y completamente molesto lo hecha fuera y vuelve a restablecer la consagración del pueblo y de la casa de Dios.


Una de las ligaduras más poderosas y destructivas para el creyente son las relaciones con personas no creyentes. Este ha sido un problema muy serio desde los inicios, y aún en el Nuevo Testamento se habla de ello (2 Co. 6:14 – 7:1).

El problema que se da con esas relaciones es la manera como ellos nos influencian hacia el pacado, en vez de nosotros llevarlos a Dios.

Una persona no creyente, al no temer a Dios, tiene la tendencia natural del pecado para buscar desobedecer, y como están “muertos” espiritualmente, viviendo en su naturaleza pecaminosa, ellos siguen a su carne con toda libertad, sin influencia espiritual que los detenga (Ef. 2:1-3; Gá. 5:16-21). Ellos no conocen a Dios, y son hijos de desobediencia.

En el caso de los amonitas y moabitas, ellos habían sido enemigos de Israel desde el inicio, y esa alianza solo debilitaría la vida espiritual del pueblo en Judá. Y en cuanto a Eliasib, no solo que se emparentó con el enemigo Tobías, sino que lo introdujo en la casa de Dios, lugar donde sólo los hijos de Leví debían vivir. La presencia de Tobías profana el templo y se instala en medio del centro de adoración. Así de peligrosa pueden ser esas relaciones con personas no salvas.

Dios nos quiere apartados, fuera de relaciones que nos aten al mundo, para poder perfeccionar la santidad en el temor a Él. (2 Co. 6:17 – 7:1)


«La prohibición de relaciones y compromisos con personas no creyentes no es una buena sugerencia en la Biblia, es un mandato»

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Es tiempo de nuestra dedicación

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Nehemías 12:27-31

“Para la dedicación del muro de Jerusalén, buscaron a los levitas de todos sus lugares para traerlos a Jerusalén, para hacer la dedicación y la fiesta con alabanzas y con cánticos, con címbalos, salterios y cítaras. Y fueron reunidos los hijos de los cantores, así de la región alrededor de Jerusalén como de las aldeas de los netofatitas; y de la casa de Gilgal, y de los campos de Geba y de Azmavet; porque los cantores se habían edificado aldeas alrededor de Jerusalén. Y se purificaron los sacerdotes y los levitas; y purificaron al pueblo, y las puertas, y el muro. Hice luego subir a los príncipes de Judá sobre el muro, y puse dos coros grandes que fueron en procesión; el uno a la derecha, sobre el muro, hacia la puerta del Muladar.”

Nehemías 12:44-47

“En aquel día fueron puestos varones sobre las cámaras de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para recoger en ellas, de los ejidos de las ciudades, las porciones legales para los sacerdotes y levitas; porque era grande el gozo de Judá con respecto a los sacerdotes y levitas que servían. Y habían cumplido el servicio de su Dios, y el servicio de la expiación, como también los cantores y los porteros, conforme al estatuto de David y de Salomón su hijo. Porque desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo, había un director de cantores para los cánticos y alabanzas y acción de gracias a Dios. Y todo Israel en días de Zorobabel y en días de Nehemías daba alimentos a los cantores y a los porteros, cada cosa en su día; consagraban asimismo sus porciones a los levitas, y los levitas consagraban parte a los hijos de Aarón.”

  1. El pueblo estaba tan agradecido con el Señor que decidieron hacer una celebración para consagrar el muro.
  2. El gozo era tal que decidieron hacer una ceremonia llena de alabanza, por lo que organizan dos coros que recorrerían todo el muro en forma separada, para encontrarse al final en “la casa de Dios.” (Neh. 12:40).
  3. Hicieron gran fiesta, sacrificando un gran número de animales para agradecer a Dios por todas sus bondades. Trajeron tal cantidad de ofrendas, que tuvieron que disponer de personas que recibieran todos los diezmos y ofrendas que el pueblo traía. (Neh. 12:43-44)
  4. Y se entregaron de tal manera, que ofrecían especialmente a los sacerdotes y cantores. Se dieron todo a Dios en adoración como señal de agradecimiento por la reconstrucción de Jerusalén y de sus vidas.


Todo el pueblo reconocía que Dios había sido bueno, que todo lo que tenían había sido fruto de la mano bondadosa de Dios. Él fue quien había permitido la reconstrucción de la ciudad, obrando en el corazón de Ciro, Darío y Artajerjes para que pudieran salir los tres grupos que volvieron a Jerusalén (2 Cr. 36.22-23; Esd. 6:1-12; Neh. 2:1-10). Él les había provisto del material y de las fuerzas para lograr tal obra de reconstrucción, y Él mismo les había ayudado a enfrentar a sus enemigos. Todo había sido obra del Señor.

Cuando miramos hacia atrás, y podemos ver toda la mano poderosa y bondadosa de Dios en favor de nuestra vida, lo que debe salir de un corazón agradecido es una consagración de todo lo que somos y tenemos a Dios.

En un mundo caído, donde nuestro ego y el mundo nos dicen que debemos hacerlo todo para nosotros mismos, el encuentro con nuestra carne nos llevará a negar nuestra entrega a Dios. Pero cuando hacemos un reconocimiento de la mano buena del Señor en nuestro favor, es cuando nuestro agradecimiento debe terminar en nuestra dedicación entera de todo lo que soy a Él.


«La entrega a Dios nace de un corazón agradecido que reconoce que todo lo que somos y tenemos es resultado de la bondadosa y poderosa mano del Señor»

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