Prepárese para los obstáculos

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Nehemías 2:7-10

“Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí. Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo. Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.”

  1. Dios estaba del lado de Nehemías, después de haber orado por 4 meses, por fin se le dio la oportunidad de hablar al rey, y éste le fue favorable en todo lo que Nehemías pidió. (Neh. 2:1-8)
  2. Nehemías había salido con un decreto real en sus manos que le autorizaba llegar a su destino, pero también le otorgaba la autorización de solicitar todo el material necesario para la reconstrucción. (Neh. 2:7, 8)
  3. Además, había recibido una escolta, ya que por el cargo que tenía, Nehemías tenía cierto reconocimiento, por ser un cargo oficial.
  4. La presencia de este “intruso”, junto con las autorizaciones que traían en mano, a más de la comitiva que le aseguraba resguardo, trajo inquietud entre los que lo veían llegar, pero sobre todo en los enemigos de Jerusalén, quienes no estaban contentos con su presencia.


Generalmente, cuando las cosas van bien a alguien, siempre habrá muchos que no estarán de acuerdo con lo que sucede, y este celo o egoísmo puede llevarlos a disgustarse por la prosperidad de otros.

Sanbalat y Tobías no vieron con agrado la presencia de Nehemías. Debemos recordar que el pueblo de Jerusalén había encontrado oposición por parte de sus moradores vecinos cuando ellos quisieron reconstruir el Templo (Esd. 4:7-23), y la presencia de otro “intruso” en la zona les molestaba.

Como vamos a ver más adelante en la historia de Nehemías, llegaría otro personaje malintencionado que también se añadiría al bando enemigo, Gesem el árabe. (Neh. 6:1)

¿Cómo se puede ver esto en nuestras vidas? Cuando una persona quiere trabajar en la reconstrucción de su vida o de la relación con alguien, siempre aparecerán personas malintencionadas que querrán detener ese esfuerzo. Personas que con amargura, celo o egoísmo no estarán contentos.

Aún el mismo mundo y satanás estarán siempre en contra de la vida de un creyente que quiere reconstruir su vida u entregarse a Dios. Muchas veces es la misma familia o las amistades quienes trabajan en contra del creyente que se quiere comprometer y cambiar junto a Dios.

No espere que todo sea sencillo, si bien Dios nos provee de todos los recursos que vayamos a necesitar para levantar nuestra obra de reconstrucción, los enemigos estarán ahí para detenernos. Lo que debemos hacer es tener presente las posibilidades de obstáculos, pero esa decisión de cambiar para bien debe permanecer en nosotros, y debemos trabajar duro hasta lograrlo.



«Así como para subir una montaña debemos esforzarnos ante las dificultades, en nuestra reconstrucción espiritual debemos recordar que habrá obstáculos que junto a Dios podrán ser vencidos»

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Confiando en Su tiempo

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Nehemías 2:1-8

“Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.”

  1. Habían pasado cerca de 4 meses desde que Nehemías había escuchado la terrible noticia (Neh. 1:1-3) hasta que “sucedió” lo que tanto esperaba, Dios intervendría por medio de Artajerjes para ayudarlo. (Neh. 2:1)
  2. Siendo el copero, el que Nehemías esté triste no era común, puesto que esto podía generar dudas o inquietud; por ello, tuvo gran temor a causa de la pregunta del rey.
  3. En la respuesta, el rey le indica si hay algo que pueda hacer para favorecer el deseo de Nehemías, y antes de decir algo, pide nuevamente a Dios su intervención.
  4. Nehemías comenta el plan, y el rey “concedió” tal cual se lo había pedido, porque “la benéfica mano de mi Dios sobre” él. (Neh. 2:8)


Si uno tuviera que esperar cuatro meses para poder iniciar un proyecto considerado urgente (como así lo veía Nehemías), yo creo que muchos nos desalentaríamos, o quizás, no esperaríamos, si no que pusiéramos manos a la obra… saliéndonos del tiempo y la voluntad de Dios.

Nehemías pudo esperar todo ese tiempo porque confiaba en Él. Ya había derramado su corazón a Dios, y sabía que el Señor respondería de acuerdo con Su tiempo, porque todo es hermoso en el tiempo de Él (Ecl. 3:1, 11). Reconocía la soberanía y sabiduría de Dios, y comprendía qué, si Él iba a hacer algo, prepararía todo para que cada detalle estuviera en su lugar.

Durante ese tiempo estuvo trabajando en el corazón de Artajerjes de la misma manera que había preparado el corazón de Nehemías, y así le ayudaría a lograr lo que desde el inicio el copero había pedido, que Dios le ponga en “gracia delate que aquel varón”. (Neh. 1:11)

En la reconstrucción de nuestras vidas, matrimonios, o alguna otra obra en la que Dios intervendrá, siempre Su tiempo es esencial. La palabra “sucedió” quiere decir ‘llegó a ser’ o ‘aconteció’, dando a entender la manera muy peculiar en que se dan las cosas. Y en el caso de nuestra historia, así lo vio Nehemías.

Cuando nosotros esperamos la obra de Dios, debemos aprender a mirar Sus tiempos, no los nuestros; y aunque parezcan demorados, nada sale de Su voluntad, todo encaja en Su perfecto tiempo. En la Primera y Segunda Venida de Cristo vemos este perfecto patrón. (Comp. Gá. 4:4; 2 P. 3:9)

Dependa de Dios antes de actuar, mire si es tiempo de hacer algo, o si debe esperar. Confiar en Dios requiere muchas veces ser paciente, y sentarse en otras (Sal. 46:10); pero nada será tardío, todo encajará apropiadamente.



«Cuando Dios va a hacer algo, todo será hermoso en el día y la hora de Su calendario celestial; no antes, ni después»

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Clamando restauración

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Nehemías 1:4-11

“Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.”

  1. Después de entender la realidad de la condición del pueblo, Nehemías no decide tomar acciones propias sin antes depender de Dios. Él sabía que nada se pudiera hacer sin la intervención del Señor.
  2. Esta oración no salió de la boca del orador, ¡no! Esta oración sale de un corazón afligido que entendía desde lo más profundo de su ser lo terrible de lo acontecido.
  3. Comienza adorando al Señor, reconociendo que Él es “Dios de los cielos, fuerte, grande y temible”, pero también recuerda que es Dios fiel que “guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos”. (Neh. 1:5)
  4. Nehemías reconoce que ellos (y en esto se incluye identificándose con su nación – v. 6) habían pecado, por tanto, comprendía que era justo lo que estaba pasando con Jerusalén, y por supuesto, su nación.
  5. Pide que Dios actúe en favor. Mencionando Su misma Palabra, le pide que obre conforme a Sus promesas. (Neh. 1:8, 9; Comp. Dt. 4:29-31; 30:1-5)
  6. Le expresa que ellos son Su pueblo, quienes habían sido liberados con mano poderosa de Egipto, y que ahora estaban en afrenta y necesitaban la ayuda de su Redentor.
  7. Después de poner su corazón derramado ante la presencia de Dios, le pide que le ayude con una petición que podría favorecer esa tan anhelada reconstrucción.


Solamente la persona que entiende lo terrible del problema, y que reconoce que sólo Dios puede intervenir en favor, puede hacer una oración tan sentida, buscándolo.

Para poder mirar la obra de Dios, debemos recordar que necesitamos de Él con sentido pleno de dependencia, no de apoyo solamente. Como creyentes, no necesitamos la “colaboración de Dios” para lograr nuestros deseos; al contrario, debemos recordar que sin Su participación nada se puede lograr en términos reales.

Nehemías sabía que, sin la intervención divina, nada podía hacer para que cambie. Conociendo a Dios y Su Palabra, lo busca alineándose ante Su voluntad para pedir el favor de Él.

Para iniciar todo proceso de restauración debemos recordar que nada podemos hacer por nosotros mismos. Tengamos presente que somos limitados en sabiduría y poder, pero que Dios sabe lo mejor y Él puede todo. Ahí estaba la clave del éxito de la empresa que llevaría a cabo Nehemías.

¿Y usted, busca la ayuda de Dios, o depende plenamente de Él? ¿Qué cree usted que requiere del favor pleno de Dios para lograrlo?



«Solo las oraciones que salen del corazón del hombre, y que se alinean con la voluntad de Dios, llegan al corazón del Señor»

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Reconociendo nuestra real condición

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Nehemías 1:1-4

“Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.”

  1. La historia de Nehemías es un relato que nos ayuda a mirar cómo la vida puede estar destruida, pero con la ayuda de Dios puede ser levantada para Su gloria.
  2. El nombre de Nehemías tiene un valor importante en esta reconstrucción, porque su nombre significa “consolación de Jehová”. Dios iba a consolar a Su pueblo.
  3. A pesar de los varios intentos en los que el pueblo había estado para levantar la ciudad con Zorobabel y Esdras, el pueblo seguía en afrenta y derrota.
  4. Cuando Nehemías escucha la triste realidad del pueblo y de la ciudad se sentó a llorar y hacer duelo. Sabía que no toda estaba bien, pero cuando escuchó las terribles noticias, descubrió la realidad del problema.
  5. Nada había cambiado definitivamente hasta ese momento, todo seguía a medias y sin esperanza; pero con el descubrimiento de la verdadera condición, ahora las cosas cambiarían definitivamente.


La vida en la que el pueblo de Israel se encontraba, especialmente los habitantes de Jerusalén en el tiempo de Nehemías, puede parecerse en gran forma a la de muchos de nosotros actualmente; con “muros y puertas caídas”, en afrenta, derrotados y sin gozo. ¡Pero eso no debe seguir así! Todo puede cambiar si nos proponemos.

Para poder iniciar el camino a la restauración de nuestras vidas, tenemos que reconocer la realidad del estado en el que nos encontramos, ese es el primer paso. Si no vemos con claridad nuestra condición, sobre todo cuando estamos en pecado, entonces no podemos enrumbarnos a un nuevo y mejor mañana.

El paso a la sanidad emocional y espiritual de todos comienza con el reconocimiento de nuestra real condición. El pecado sin arrepentimiento o el rechazo al cambio atan a la persona a una vida derrotada en su área espiritual. Pero también el negativismo, la depresión, o el fatalismo, pueden llevarnos a una vida emocional destruida.

Tengamos presente que con Dios toda restauración es posible (Jer. 18:1-6) y toda vida abundante es alcanzable en términos de una relación espiritual y emocional sana junto al Señor (Jn. 10:10).

Antes de continuar en la vida, ¿por qué no se hace un inventario espiritual sincero y profundo con Dios? Pídale que le ayude a ver dónde realmente está, y si ya ha visto donde se encuentra, entonces es momento de ponernos manos a la obra, es tiempo de reconstruir nuestra vida con la ayuda de nuestro bondadoso y poderos Dios.



«El cambio hacia una vida de victoria en Cristo inicia con el reconocimiento de vivir en una vida de pobreza espiritual»

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Ayudando desde Su trono el cumplimiento

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Marcos 16:15-20

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.”

  1. El Señor les estaba dejado la tarea de predicar el evangelio, y ellos tenían que cumplirlo.
  2. Les dijo que uno de los testimonios de una persona creyente sería el bautizo, pero que la salvación no era por ser bautizado, sino por creer en Él: “… mas el que no creyere, será condenado.” (Mr. 16:16; Comp. Ef. 2:8, 9; Gá. 2:16)
  3. Entre otras muestras de testimonio serían obras milagrosas, que brindaban autoridad a los no creyentes a creer en el Dios que los discípulos predicarían. (Mr. 16:17, 18)
  4. Cuando les hubo dado todas esas últimas instrucciones, subió al cielo, a sentarse en Su trono hasta que venga por segunda vez. (Mr. 16:19, Hch. 1:8-11; He. 9:28)
  5. Los discípulos, obedientes, salen a cumplir la tarea, y el Señor desde el trono los miraba y los prosperaba.


Si queremos ser realmente bendecidos, lo único que debemos hacer es ser obedientes. En toda la Escritura vemos el papel fundamental que tiene la obediencia en la prosperidad del creyente. (Dt. 28:1-14; Jos. 1:5-9; Pr. 3:5-10; Mt. 7:24-27). En el asunto del cumplimiento de la Gran Comisión no puede ser la excepción.

Jesús estaba por marcharse, estaba por ascender al cielo hasta venir por segunda vez; pero antes de marcharse les deja esta tarea, y les recuerda que Él estaría con los discípulos obedientes “todos los días, hasta el fin del mundo…” (Mt. 28:20).

Los discípulos entendieron la autoridad de Jesús, comprendieron que era algo que no tenía debate ni demora, tenían que hacerlo, pues el Señor subía al trono, y desde allí los estaría mirando. Estos valientes y obedientes hombres salieron, y el Señor los prosperaba, bendiciéndolos con el cumplimiento de todo lo que les había dicho.

Cristo quiere ayudarnos a cumplir Su voluntad. Es Su deseo que nosotros cumplamos la tarea, y la confianza de que tenemos Su respaldo nos debe alentar a cumplirlo sin demora. Nuestra tarea es seguir Sus instrucciones, dejar en manos de Dios los resultados, y mirar en medio de esto la manera como el Señor se manifiesta.

Si bien, las señales que se mencionan en este pasaje fueron testimonio para dar autoridad a la iglesia inicial con los discípulos, Dios sigue obrando en muchas otras formas poderosas para que podamos cumplir Su plan de evangelización.

Recordemos, Él está sentado en el trono mirando nuestra obediencia, y cuando decidimos cumplir, Él nos bendice con Su poderosa obra. ¿Quiere ver a Dios obrar con maravillas y señales poderosas? Salga, predique el evangelio, y verá como Él le ayuda “confirmando [Su] palabra”.



«Para los que predican la Palabra del evangelio, el privilegio de ver el poder de Dios obrando les aguarda cada día»

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Predica el evangelio

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Marcos 16:14, 15

“Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”

  1. El Señor había muerto, pero ahora estaba resucitado, la prueba de todo lo que Él había dicho ahora estaba ente los ojos de los discípulos.
  2. Les ordena a que vayan por todo lado y anuncien las buenas nuevas (evangelio) que puede traer salvación.
  3. Así como los ángeles anunciaron el nacimiento de Jesús, ahora nosotros somos enviados como mensajeros al mundo a anunciar el cuadro completo de la obra de redención: El Hijo de Dios vino y nació, y habitó entre nosotros haciéndose Hombre, y siendo Hombre murió por nuestros pecados, y resucitó para darnos esperanza de vida eterna. La historia completa de la redención se estaba dando.
  4. La responsabilidad es “a toda criatura”, sin distinción, con amor, con diligencia.


Jesús había resucitado, los tres días en la tumba fueron parte de Su señal de confirmación de todo lo que había anunciado (Mt. 12:40; Mr. 8:31). Pero ahora tenía una tarea que dar a sus amados discípulos, les pedía que vayan y hagan discípulos por todo el mundo, bautizándolos y enseñándoles que aprendan y hagan todo lo que ellos ya habían aprendido del Maestro (Mt.28:18, 20).

La responsabilidad de predicar el evangelio es de todo creyente. Todos nosotros, los que ya hemos creído en Jesús como nuestro Salvador, sabemos esa misma historia, que el Hijo de Dios vino a la tierra naciendo en Belén, pero que vino a morir por nuestros pecados, y que resucitó para mostrar que había vencido a la muerte.

Nuestra responsabilidad viene por el mandato dado por Dios, pero también por la responsabilidad moral de dar a conocer el mensaje que trae esperanza al perdido, vida al muerto espiritual, perdón al pecador. ¿Si nosotros no lo hacemos, quién lo hará?

Es hora de levantarnos, hablar a todos de Jesús, ellos lo necesitan, y nosotros podemos ser de bendición a quien oyere, mientras somos obedientes a la responsabilidad dada.



«Predicar el evangelio es una responsabilidad divina dada por Jesús, y es una responsabilidad moral cuando vemos al que está perdido y sin esperanza»

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Incrédulos por naturaleza y voluntad

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Marcos 16:9-14

“Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.”

  1. Después de encontrar la tumba vacía, María Magdalena tiene su primer encuentro con el Señor, es ella la primera que ve a Jesús resucitado (Jn. 20:11-18). Yendo apresuradamente, fue a contar a los demás de la aparición de Jesús, pero no le creyeron.
  2. En eso, Pedro y Juan van a la tumba y la encuentran vacía, pero no vieron nada más. Juan es el primero que comienza a creer. (Jn. 20:1-10)
  3. Luego, Jesús se vuelve aparecer a los dos caminantes en su ida a Emaús (Lc. 24:13-35), y estos también fueron a dar aviso, y también dudaron.
  4. En medio de ese mar de confusión y dudas, estando su corazón falto de fe en todo lo que Jesús les había dicho sobre su muerte, pero también resurrección, el Señor se les aparece y les reprocha “su incredulidad y dureza de corazón”. (Mr. 16:14)


La incredulidad es la poca o falta de fe que las personas tienen ante las verdades de Dios. Desde el momento de la tentación y pecado en Edén, el hombre ha caído en este problema que le hace dudar o negar las verdades de Dios.

Ahí en Edén, Eva fue enfrentada por Satanás con un engaño, aceptó voluntariamente lo que el maligno le dijo y rechazó lo que Dios les había anunciado, esto le llevó a pecar, y con esa acción vino la maldición sobre el hombre. Este problema ha sido causa de grandes y constantes conflictos en la relación de Dios y el hombre. Dios dice algo, pero el hombre decide no creer, y por tanto rechazarlo.

Si bien el engaño introdujo la mentira al mundo, y por eso es correcto dudar de la veracidad de muchas cosas; cuando se trata de las verdades de Dios, esa duda se convierte en un pecado, porque rechaza voluntariamente a Dios y Su Palabra. El reproche de Jesús es una muestra de la manera como Dios mira a la incredulidad (Mt. 13.58; 17.20; Mc. 6.6; 9.24; 16.14).

Pensando en la salvación, la incredulidad es lo que condena al hombre (Jn 3:18, 36). No creer que uno es pecador, o que no se puede salvar a uno mismo, y que necesita creer en Cristo, Quien murió y resucitó para salvarnos, eso condena al hombre.

Debemos pedirle a Dios que obre en nuestro corazón para que seamos sensibles a Su Palabra. Que podamos conocerlo mejor y que lleguemos a crecer en esa fe tan necesaria para agradarle (He. 11:6). Leamos la Biblia, Ella nos ayuda a crecer en fe, y pidamos que nuestro corazón cambie a uno más creyente, para que podamos así relacionarnos apropiadamente con Dios.



«La incredulidad o dureza de corazón produce un terrible efecto que aleja al hombre de Dios, llevándolo a negar de Su existencia o a rechazar Su verdad expresada en la Palabra»

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¿Es asombroso, verdad? ¡Ha resucitado!

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Marcos 16:1-8

“Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.”

  1. María Magdalena y las demás mujeres no se habían equivocado de lugar, pues ellas mismas vieron dónde había sido sepultado Jesús días atrás. (Mr 15:47; Lc. 23:55)
  2. Ellas querían honrar el cuerpo de Jesús, porque en el apuro de los acontecimientos en el día de la muerte, la sepultura de Cristo no fue hecha debidamente, y querían preparar el cuerpo apropiadamente.
  3. “Siendo aún oscuro” (Jn 20:1) llegaron al sepulcro y hallaron la piedra de la entrada movida y el lugar vacío con el sudario sobre donde habían puesto al cuerpo.
  4. El ángel que estaba esperándoles dentro les dice: “No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí…” (Mr. 16:6).
  5. Sí, había resucitado el Señor, y ellas todavía no lo podían creer… el mismo ángel les da la tarea de que den testimonio de Su resurrección a los demás.


La resurrección de Cristo, como lo expresa Francisco Lacueva en uno de sus escritos, puede considerarse tanto como un hecho histórico, una prueba apologética, y un elemento teológico.

Es un hecho histórico, porque Cristo se levantó de entre los muertos, y lo atestiguaron muchos en esos días (1 Co. 15:4-9). Es una prueba apologética, porque es la manifestación de Su Deidad (Ro. 1:4), y la prueba de que ningún otro líder lo ha hecho; dando así por hecho que solo hay un Dios verdadero y una sola religión basada en la verdad de las Escrituras. Y es un elemento teológico, porque la resurrección nos trae justificación (Ro. 4:25; 10:9, 10)

La resurrección nos trae esperanza, de que, así como Él se levantó de los muertos, nosotros seremos resucitados para vida eterna (Jn. 5:29; 11:25).

La muerte de Jesús no hubiera completado su propósito sin la resurrección. Así como la moneda tiene 2 caras para estar completa, las buenas nuevas basan la esperanza de salvación en la muerte y resurrección. Y así como el ángel envió a dar testimonio de la resurrección a las mujeres, nosotros somos enviados hablar del evangelio de Cristo, de Su muerte y resurrección, tal cual lo dice las Escrituras (1 Co. 15:1-4)



«La resurrección de Jesús nos habla de Su deidad y poder, y nos alienta a mirar con fe nuestra esperanza de que nuestro cuerpo también se levantará de la corrupción de la muerte y del pecado para ser glorificado»

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