Ante la adversidad, orar

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Marcos 14:32-42

“Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú. Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras. Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle. Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.”

  1. El nombre Getsemaní significa “prensa de aceite”, un lugar en el Monte de los Olivos. Interesante nombre, considerando lo que estaba por suceder.
  2. Jesús pide a sus tres amigos más cercanos que le acompañen a orar, porque sabía lo que venía en un momento.
  3. En Su petición, el Hijo pide a Dios que sobre todas las cosas le ayude hacer la voluntad de Él, a pesar de que sentiría el dolor de la traición, del injusto juicio, de los azotes, de los clavos; sobre todo, de la ira de Dios en contra del pecado que llevó.
  4. Después de haber estado cerca de una hora, vuelve a ver a Sus discípulos quienes estaban dormidos, y les exhorta a ponerse en oración, ya que lo que vendría, no solo afectaría a Cristo, sino a ellos también.
  5. La falta de atención ante el llamado de Jesús por parte de los discípulos hace el Señor los amoneste por no escuchar la alerta de velar y orar.
  6. La oración ayudó al Señor a someterse y enfrentar la prueba, mientras que para los discípulos la falta de oración hizo que cayeran en la tentación de huir y negar al Señor.


Las adversidades que se presentan pueden traer angustia, temor, incertidumbre, dolor, y hasta pérdida. Cuando la adversidad es muy intensa y prolongada, es cuando necesitamos ser fuertes y pacientes.

La falta de voluntad para enfrentar las pruebas nos puede llevar a mirar a las tentaciones, y a las salidas pecaminosas. Una adversidad puede ser tan intensa que, para algunos de nosotros, la única salida será terminar esta con un acto pecaminoso o inapropiado.

Jesús estaba enfrentando una prueba muy difícil y le pidió a Dios que le ayudara a cumplir con Su voluntad; pero cuando la persecución vino en contra de los discípulos, ellos huyeron y uno le negó.

En la oración contra las dificultades podemos pedir por firmeza, fortaleza, consuelo, guía, ayuda, entendimiento, sometimiento y fidelidad.



«La oración es una poderosa arma para enfrentar las adversidades. Nos ayuda a hacer la voluntad de Dios, a permanecer firmes con Él, y a evitar las tentaciones»

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La “torpeza” del intrépido

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Marcos 14:26-31

“Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo.”

  1. Jesucristo estaba preparando a sus discípulos para lo que estaba por acontecer, Él sería apresado y esto traería temor e inquietud a ellos.
  2. Pero no solamente les estaba dando noticias de desaliento, sino de esperanza; les recuerda que Él iba a resucitar, y que después lo verían e Galilea. (Mr. 14:28)
  3. Pedro, al escuchar esta declaración de parte de Jesús, se lanza intrépidamente a decirle que eso no le sucedería, que él no se escandalizaría.
  4. Jesús, con paciencia, amor y verdad le vuelve a aclarar que él sí se amedrantaría ante lo que estaba por acontecer, y le aclara diciendo que Él mismo había ya orado al Padre para que le ayude a enfrentar toda esta prueba de valor. (Lc. 22:31, 32)
  5. Los detalles dados por Jesús previo a lo que estaba pos suceder (la negación de Pedro) le traería posteriormente gran pesar al intrépido discípulo que reconocería su torpeza. (Mr. 14:30; Comp. Mr. 14:72)


Se define a la intrepidez como una actitud muy valiente ante un peligro, pero también se considera como una acción poco reflexiva u osada; y éste es el ejemplo que vemos en Pedro.

Jesús les estaba anunciando lo que Él ya sabía, pero Pedro no tuvo la prudencia de meditar en lo dicho por Jesús, sino que, llevado por su ímpetu, niega la posibilidad de tan mala conducta.

La prudencia es una virtud que puede traer mucho beneficio. Nos ayuda a ser moderados en nuestro comportamiento y palabras, nos ayuda a percibir la diferencia entre las cosas, y nos evita caer en riesgos; en general, nos ayuda a actuar con precaución para evitar males.

La Biblia nos enseña que es de sabios reflexionar antes de actuar.

La próxima vez que quiera responder con intrepidez, deténgase, reflexione bien los hechos antes de actuar, sea sencillo escuchando argumentos que pueden tener validez, mire los riesgos, y solo cuando haya considerado todo, entonces sí, obre.

Pedro, por su falta de prudencia dejó su huella de ser intrépido registrado en la Biblia, ¿cuántos hechos nuestros no han quedado ya “registrados” por la falta de prudencia?

»Señor, ayúdame a ser prudente«



«La intrepidez puede ser una torpeza que nos lleva a la imprudencia, pero la sabiduría nos ayudará a librarnos de nuestros errores»

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Partícipes de Su Pacto

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Marcos 14:22-25

Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.”

  1. La cena sería más que un recordatorio de la Pascua para los discípulos, representaría la introducción de una verdad más profunda.
  2. Jesús les recuerda que lo sucedido era parte de un antiguo pacto, que todo lo que había sido recordado ahora era remplazado por un significado más valioso, y al mismo tiempo la introducción de un nuevo pacto, un nuevo compromiso de Dios con el hombre.
  3. El pan representaba su cuerpo, que iba a ser entregado en manos del hombre para ser “partido” por rechazo del mismo hombre, pero que era sin pecado, así como el pan era sin levadura. Jesús moría sin cometer pecado.
  4. El vino ahora representaba la sangre del cordero que fue usada para protección de la plaga en Egipto. En ese día liberó a los primogénitos de los israelitas de una muerte en tierra; ahora su sangre nos liberaría de la muerte eterna, la condenación a causa de nuestro pecado.
  5. Jesús anima a sus discípulos a recibirla, para que sean partícipes de este sacrificio; al hombre actualmente esa invitación de recibirla por fe es hecha a todo hombre para que puedan ser perdonados de sus pecados.


La Cena del Señor se la celebra para recordar el sacrificio de Jesús en esa tarde de la Pascua. Cristo vino a dar su cuerpo en sacrificio, y para que su sangre sea derramada por completo como pago por nuestros pecados. Ese es el valor de la Cena del Señor.

Ahora, todos podemos ser partícipes de esa noche. Para lograrlo, primero debemos entender que la invitación de recibirlo es la oportunidad que tenemos de creer en lo que Cristo hizo para salvarnos; Su muerte era para el perdón de nuestros pecados.

Por fe lo puede recibir, dejando a un lado sus propias convicciones, y poniendo solamente su fe en lo que Cristo hizo. Eso le permite participar del pacto de Dios con el hombre. La salvación solo se la obtiene por fe en el sacrificio de Jesús.

Y si ya reconoció a Cristo como su Salvador, ahora celebra la Cena del Señor en reverencia a lo que Él hizo por nosotros. En santidad y reverencia, recordemos este especial momento hasta que el Señor venga. (1 Co. 11:23-29)



«La Cena del Señor no tiene valor eterno hasta que el hombre no entienda el significado de ello para su salvación, pero después de aceptarlo, entonces se vuelve algo muy personal y especial entre el creyente y el Salvador»

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Tal como estaba esperado

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Marcos 14:17-21

“Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.”

  1. Era la hora de la cena, y Jesús se sentaba con los doce a participar de los panes sin levadura con sus discípulos.
  2. Los anuncios menos esperados estarían por ser presentados. El primero de ellos tiene que ver con la traición (Mr. 14:18)
  3. La pregunta inmediata de los doce fue: “¿Seré yo?”; pregunta que tenía el propósito de pedir a Cristo que revele el nombre del traidor.
  4. Cristo no reveló directamente el nombre, aunque después de lo sucedido ellos llegarían a concluir que las pocas pistas que había dado apuntaban en ese momento a Judas: “el que moja conmigo en el plato” (Mr. 14:20; Comp. Mt. 26:25; Jn 13:26-28).
  5. Este acto vil de traición, codicia y lleno de maldad era esperado por Cristo. Las Escrituras nos revelan que la traición por parte de Judas estaba profetizada (Sal. 41:9).
  6. Todo estaba Escrito, hasta los más mínimos detalles. Nada fue tomado por sorpresa para Jesús, antes, el conocerlo de antemano nos revela Su Omnisciencia y Soberanía. Él lo sabía, pero tenía que ser así, por lo tanto, tampoco lo impidió.


El que Jesús haya sabido todo lo que estaba por suceder nos debe dar una lección de vida a todos: Si Dios lo sabe todo de antemano, no debería inquietarnos tanto cuando algo nos suceda y nos preguntemos si Dios estaba al conocimiento de eso; pues la respuesta es sí, lo sabe todo.

Lo que nos deberíamos preguntar más bien es: ¿Qué es lo que voy a aprender de esta dificultad? ¿Por qué sucedió esto? Y ¿Es una prueba o una corrección del Señor?

Mirando al pasaje en Romanos, sería muy bueno recordar una verdad bíblica: “… todas las cosas… ayudan a bien…” (Ro. 8:28). En el caso del Señor Jesucristo, la traición de Judas Iscariote, aunque fue una maldad con responsabilidad absoluta del traidor, sería usado para bien en favor del Plan completo de Redención.

La entrega a los sacerdotes y escribas en la noche, allí en el huerto de Getsemaní, desencadenaron todos los demás hechos sucedidos durante esa noche y siguiente día que condujeron al injusto juicio y posterior condenación de Cristo a la cruz. Jesús, sabiéndolo, no lo evitó, lo permitió, para que ello nos traiga la salvación.

Estaba todo establecido por Dios, todo estaba bajo su cuidadoso Plan, mostrándonos Su conocimiento, soberanía y voluntad.

Esto nos hace pensar que, todo lo que sucede en nuestra vida está también ya conocido por Dios; y ya sean nuestros pecados que cometemos o problemas que nos pasa, todo está bajo el filtro de Su voluntad.

Si pudiéramos conocer un poco de todo lo que Dios sabe que nos va a acontecer en el futuro, nos sorprendería, pues, aunque no todo será placentero o bueno, todas esas cosas Él las podrá utilizar para nuestro bien, y en esa verdad puede descansar nuestra alma. (Ro. 11:33; Sal. 139:1-6, 17)

La próxima vez que le suceda algo inesperado y malo, no pregunte si Dios lo ha visto, pues lo sabe. Pregunte que va a suceder de esto, y cómo ello me puede ayudar.



«La confianza de que Dios lo sabe todo, y es soberano en todo, aquieta mi alma en medio de la dificultad»

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La “Víctima” de nuestra Pascua

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Marcos 14:12-16

“El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.”

  1. La fiesta de los panes sin levadura y el recordatorio de la pascua por medio del sacrificio de un cordero eran en sí una misma celebración, la cual hacía memoria de la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. (Comp. Éx. 12:1-28)
  2. La celebración constaba de dos elementos, el primer elemento era el sacrificio de un cordero como recordatorio de la liberación de la muerte de los primogénitos israelitas de la última plaga en Egipto (Éx. 12:29-36), y el segundo elemento era comer por siete días panes sin levadura como recordatorio de la liberación abrupta que se dio (Dt. 16:1-4).
  3. La muerte de Cristo estaba por venir al día siguiente de esta cena que se estaba preparando, y Su muerte era la presentación del Cordero de Dios, la “víctima de la pascua de Jehová” (Éx. 12:27), el Cuál era presentado para que Dios pudiera ‘pasar por alto’ nuestros pecados.
  4. Isaías profetizó que Jesús, el “Cordero de Dios” (Jn. 1:29), iba a ser “herido” para que nosotros tuviéramos paz con Dios por medio de una cruenta muerte. (Is. 53:4-7)
  5. Los discípulos no sabrían, sino hasta después, que lo que estaban haciendo era preparando la cena para compartir con Aquel que vino a ser la Víctima de nuestra culpa para el perdón de nuestro pecado.


Dios amaba tanto al mundo que había dado a Su Hijo Jesucristo para que todo aquel que ponga su fe en Su muerte y resurrección pueda recibir perdón de pecados y ser libre de la condenación (Jn, 3:16; Hch. 26:18).

Aunque los discípulos estaban preparando la cena, ellos no sabían que Dios había preparado Su Cordero Perfecto para ser inmolado. El tiempo de la muerte de Cristo justamente se dio en el cumplimiento de la Pascua en Israel. Dios había librado a Su pueblo en Egipto de la muerte de sus primogénitos y de la esclavitud por medio del cordero que ellos sacrificaron, y ahora Él estaba proveyendo en Su Unigénito la liberación del pecado, el perdón y la vida eterna.

Para que nosotros podamos recibir este incalculable don, lo único que debemos hacer es creerlo, que Dios ya lo hizo todo, y Su paz y perdón la ofrece a todo aquel que cree que Su Hijo murió para salvarlo.

¿Usted ya creyó que Jesús es el Cordero preparado por Dios para el perdón de sus pecados? ¿Y si es así, que puede hacer para adorarlo por tan incalculable don recibido?



«Jesús murió como víctima inocente por nuestra culpa, Su sacrificio como el “Cordero de Dios” es la única esperanza de nuestra salvación»

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El oportunismo

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Marcos 14:10-11

“Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.”

  1. Los sacerdotes y escribas habían estado buscando la manera de prender a Jesús y matarle, y esto debió llegar a oídos de Judas, quien sin reparo aprovechó un momento para ofrecerse como cómplice.
  2. Recordemos que fue Judas quien hubiera deseado haberse quedado con el valor del frasco de nardo puro que fue usado para ungir a Jesucristo. (Jn. 12:4-6)
  3. Los sacerdotes, al escuchar la oportunidad que ellos tenían para apresarle al Señor, ofrecieron dar dinero. Habían encontrado la oportunidad de salirse con las suyas.
  4. Al ver el dinero frente a sus ojos, ahora Judas buscaría la oportunidad de entregarle.


Se define al oportunismo como la habilidad de saber aprovechar las oportunidades en beneficio propio, sin tener en cuenta principios ni convicciones.

Judas era un codicioso, que robaba el dinero que tenía el grupo de seguidores de Cristo. Siendo tesorero, nos dice Juan que “era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (Jn 12:6). Entonces fue la codicia lo que lo llevó a buscar la oportunidad de sacar provecho del odio de los sacerdotes hacia Jesús sacando provecho para sí mismo buscando “oportunidad para entregarle” (Mr. 14:11). Sabía que no podía hacerlo fácilmente, así que halló en la oscuridad su aliado para tal cometido.

Por otro lado, los sacerdotes también fueron oportunistas, porque mirando la codicia y traición de Judas, encontraron en su ofrecimiento la oportunidad para prenderle a Jesús, por eso “se alegraron, y convinieron en darle dinero.” (Lc. 22:5)

Lo más triste de todo, es que, ambas partes tuvieron la oportunidad de perdón y salvación en Jesús, y lo que realmente los hubiera beneficiado, no lo aceptaron, sino que lo condenaron por su rechazo.

No olvidemos que el oportunismo nace como una actitud proveniente del ego. Al considerarme yo el único fin de mis acciones, llego a ignorar por voluntad propia cualquier derecho o bien de los demás. Entonces vemos en esta mala conducta un acto de falta de amor a los demás.

Lo que podría ayudarnos a cambiar este pecaminoso comportamiento sería el aprender amar a nuestro prójimo y el considerarlos a ellos como alguien más valioso que mí mismo. (Mt. 22:39; 1 Co. 13:5; Fil. 2:3). La próxima vez que vaya a buscar una oportunidad, busquemos la oportunidad de hacer el bien.



«El amor a mí mismo me lleva a pisar el derecho de los demás, pero el verdadero amor bíblico nos hacer dar todo por ellos»

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¿Desperdicio o adoración?

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Marcos 14:3-9

“Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.”

  1. En el pasaje de Juan leemos que entre los invitados a la cena estaba Lázaro, María y Marta; y sería María quien derramó el perfume. (Jn. 12:1-3)
  2. El perfume tenía el costo de casi el salario de un año de una persona, por lo que el valor de la obra manifestaba la magnitud de la adoración.
  3. María había visto una oportunidad única de manifestar su amor al Señor, y este deseo le llevó a darlo todo, sin límites.
  4. Su acto de adoración dejó un testimonio muy profundo en el Señor, tanto que hasta en el día de hoy leemos ese reconocimiento que quedó grabado bajo inspiración en las Escrituras.


Cuando el corazón de la persona es mezquino y sin amor sincero al Señor, se expresa en la poca disposición de dar algo valioso a Dios. Además, mide la entrega de otros en relación a lo que ellos consideran correcto; juzgando así inapropiadamente.

El verdadero amor hacia Dios no debería tener límites, antes debe ser entregado y generoso. Es el ego lo que limita la libertad de nuestra entrega, y lleva también a juzgar la libertad con la que otros se dan.

Judas Iscariotes y los otros discípulos juzgaron de manera injusta la adoración de María (Mt. 26:8; Jn. 12:4, 5). Ellos consideraron que ese monto hubiera sido mejor usado ayudando a los pobres. Jesús les reprocha indicando que las oportunidades de ayudar a los pobres no faltarán, y que lo hecho por María expresó donde estaba su corazón.

Cada uno de nosotros nos encontraremos con momentos en los que sabemos que tenemos la oportunidad de exteriorizar nuestro amor a Dios, y no necesariamente tiene que ser con algo de valor monetario, sino que puede ser algo intangible, como servicio, el uso de nuestros dones, etc.

La verdadera entrega no tendrá límites, pero el egoísmo y falta de sentido de adoración sincero limitará los esfuerzos dignos hacia e Señor. La obra de María quedó registrada como genuina y valiosa, mientras que la percepción de Judas y los discípulos como mezquina e injusta.

¿Cómo juzga usted su propia entrega y/o la de los otros? ¿Pone límites a la adoración o “derrama” todo sin limitación?



«Cuando damos a Dios con medida, le estamos diciendo que nosotros somos más importantes. Cuando todo lo que somos y tenemos lo ponemos a Sus pies, les estamos diciendo que Él es nuestro todo en todo»

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Algunas características del mal

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Marcos 14:1-2

“Dos días después era la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle. Y decían: No durante la fiesta para que no se haga alboroto del pueblo.”

  1. Los sacerdotes, después de todas las enseñanzas que recibieron de parte de Jesús, rechazaron la verdad y Su autoridad.
  2. Su malestar fue tan grande que la única respuesta que se dio en su corazón fue el odio en contra de Jesús.
  3. Su odio los llevó a buscar el acto mas vil que pudo generar ese sentimiento, querían matarlo.
  4. Para lograr su cometido, no podían utilizar alguna razón justa, así que buscarían un engaño o mentira para alcanzar su perverso plan.
  5. Sabiendo que lo que deseaban hacer no era justo, y para evitar mayores problemas, deseaban actuar cobardemente, esperando que pasase la pascua.
  6. Todo lo que hacían estaba lleno de maldad y oscuridad, por eso todo lo planeaban en las tinieblas de lo secreto.
  7. Y utilizarían un acto traicionero de uno de sus seguidores para apresarlo.


¿Alguno de estos términos le suenan familiar? Muchos de nosotros reconocemos estas acciones, sea porque hemos sido testigos o víctimas de ellos, o porque nosotros en algún momento hemos reaccionado de esta manera.

El corazón del hombre es perverso hasta el extremo (Je. 17:9, Mt. 15:18-20). El pecado que mora en nosotros nos puede llevar a los actos más despiadados que podemos imaginar.

Para aquellos que no conocen a Dios, sus actos pueden ser detenidos en la medida en que su conciencia y moral los detenga. Para el creyente, es la obra del Espíritu Santo lo que puede detenernos a actuar de esta forma. Pero la maldad puede ser tan poderosa que puede llevarnos a actuar hasta los extremos de la impiedad. Tenemos un corazón que ha sido depravado por el pecado.

Lo único que puede restaurar nuestra maldad es una relación con Dios. Todo nace con reconocer nuestro pecado y arrepentirnos, llegar a ser salvos por fe para ser regenerados a una naturaleza espiritual (Ef. 2:1-5); y después de ser salvos y recibir el don del Espíritu Santo, lo que nos ayuda a cambiar nuestra maldad en piedad es esa relación constante con Dios, dependiendo del poder de Su Espíritu para hacerlo (2 Co. 3:18).

Pablo lo dijo enfáticamente: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.” (Ro. 7:24, 25)

La próxima vez que mire la manifestación de la maldad en alguna forma, recuerde que es el pecado lo que destruyó al hombre, y es sólo Dios mediante la relación en Cristo lo que nos puede cambiar.



«No hay nada tan perverso en el hombre que Cristo no pueda cambiar hacia la piedad»

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