La osadía de la fe

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Marcos 15:42-47

“Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.”

  1. Jesús había muerto, para muchos, la esperanza se había ido. Todavía no comprendían todo lo que estaba pasando, pues les era confuso. ¿El Rey, el Mesías, el Señor, había venido para establecer el reino en este tiempo o no?
  2. La noche estaba por iniciar, por lo que no sería bueno tener el cuerpo del Señor sin ser sepultado, ya que estaría por iniciar el día de la celebración. José de Arimatea y Nicodemo van a Pilato a pedir el cuerpo para sepultarlo. (Jn 19:38, 39)
  3. José, siendo miembro del Concilio o Sanedrín, no había estado de acuerdo con lo sucedido en cuanto al juicio. Él ya se había convertido en seguidor en secreto de Jesús y esperaba ver el reino, al igual de Nicodemo.
  4. Al ver lo sucedido, y su amor al Señor, los llevó a tener valor de demostrar frente a todos que a ellos sí les importaba Jesús, y “osadamente” van y piden el cuerpo para sepultarlo. (Mr. 15:43)
  5. Pilato sorprendido, porque eso no pasa tan pronto, ya que un crucificado tarda varios días en morir, asegurándose que así había sucedido, entrega el cuerpo a estos dos hombres.
  6. Fueron y lo pusieron en un lugar cercano, ya que estaban en premura, no podían esperar, porque esa noche era santa, y no podían estar contaminados con el cuerpo de un muerto.


José de Arimatea y Nicodemo son un ejemplo de lo que la fe puede hacer. A Nicodemo lo vimos visitando al Señor una noche para preguntarle cómo podría llegar a ver el reino, y Jesús le dijo que era necesario nacer de nuevo a través de la fe (Jn. 3:1-15).

De José se conoce poco, solo que era un hombre pudiente, y que siendo ser un seguidor en secreto, decidió darse a conocer y fue a pedir el cuerpo para solicitarle.

La palabra “osadamente” quiere decir con valor, con atrevimiento. Ya no estaban temerosos, algo había cambiado en ellos que ahora no tenían temor de demostrar que conocían y amaban a Jesús. Ellos eran miembros del mismo grupo que en esa madrugada había dado sentencia de muerte, y ahora ellos podían ser rechazados por identificarse con Cristo, pero no les importó.

La verdadera fe trasforma a la persona; de ser un tímido oyente a un valiente seguidor, sin miedo a testificar. Pablo nos dice que Dios no nos ha dado “espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” y por lo tanto no deberíamos avergonzarnos de dar testimonio de Cristo. (2 Ti. 1:7, 8)

¿Y usted, sigue siendo un seguidor tímido y avergonzado del Señor? Tome valor para dar testimonio con “osadía” de nuestro Señor. Él ya nos ha dado la capacidad por medio del Espíritu Santo, ahora es tiempo de apropiarnos de esta verdad. La verdadera fe de Quién es Jesús y de Su presencia con nosotros para dar testimonio nos infundirá ese atrevimiento: “… y he aquí yo estoy (Jesús) con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mt. 28:20)



«La verdadera fe en Jesús, en la salvación, y en el poder de Él para sustentarnos y utilizarnos nos ayuda a predicar del evangelio con valor»

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El Rey entre los inicuos

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Marcos 15:21-41

“Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera. Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban. Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.”


  1. Camino al Gólgota fue ayudado a llevar su pesada cruz porque ya había perdido fuerzas por todo lo que había sufrido. Desde el momento que oró para pedir la ayuda de Dios, el desvelo de un juicio muy largo e injusto, los maltratos y vejámenes aquí y allá, a más de los azotes; todo esto había debilitado a Jesús.
  2. Despojado de sus vestidos, fue clavado y colgado. No quiso recibir ninguna sustancia que aliviara el dolor, porque necesitaba enfrentar el dolor del castigo completo, por eso rechazó el “vino mezclado con mirra”.
  3. “EL REY DE LOS JUDÍOS… fue contado con los inicuos”, como si fuera uno de ellos; pero estaba en el centro de ellos, y tomó mi lugar. ¡Yo debía estar allí!
  4. No contento con ello, sus enemigos seguían burlándose, lanzando palabras de menosprecio; hasta el incrédulo malhechor lo desafío a mostrar su poder: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.” (Lc. 23:39)
  5. En el momento más oscuro del día, cuando el cielo mostraba su dolor, el mismo Señor clama al Padre que no lo deje, porque sintió la separación del Santo Dios que no podía mirar el pecado que el Hijo llevaba por todos nosotros.
  6. “Dando una gran voz, expiró”. Sus últimas palabras fueron: “Consumado es” (Jn. 19:30). Todo se había cumplido. Ya no más sufrimiento, ya no más dolor ni angustia; había terminado todo tal cual la voluntad del Padre. El pago del pecado fue hecho, ahora ya se había conseguido la posibilidad de la reconciliación del hombre con Dios. (2 Co. 5:19)
  7. El “velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo”, ya no había separación entre Dios y aquellos quienes creerían en el Redentor (He. 10:19-22). Ahora todos podemos entrar confiados en la presencia de nuestro Dios por medio de la fe en la sangre del Cordero.
  8. Ahí se consumió derrota contra satanás y sus demonios, y fue expuesto como enemigo derrotado, Jesús “los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Col. 2:15).


«Señor Jesús, no hay manera de decir gracias por todo lo que hiciste por nosotros para salvarnos. Todo ese sacrificio lo sufriste porque nos amaste. Te adoramos Bendito Cordero de Dios»

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Lo soportó por amor

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Marcos 15:15-20

“Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.”

  1. Antes de ser entregado en manos de los sacerdotes para ser crucificado, Pilato había ordenado que sea azotado para ver si el Señor se arrepentía o si confesaba algo, pero nada hizo que cambie de decisión, seguía callado. Tampoco eso cambió el corazón de sus acusadores. (Comp. Jn. 19:1-6)
  2. El castigo dado comprendió de varias partes: Primero le azotaron con un látigo llamado “flagellum” que consistía en un grupo de cintas de cuero que tenía puntas de metal que desgarraba la carne produciendo profundo sangrado. Muchos morían por este castigo.
  3. Mientras estaba frente a la compañía de soldados, fue “investido” con capas y le colocaron una corona de espinas para hacer escarnio de Él. Se postraron en señal de burla diciéndole: “¡Salve, Rey de los judíos!” (Mr. 15:18)
  4. Le escupieron, le golpearon en la cabeza con una caña y después lo vistieron con su ropa para llevarlo a la muerte en la cruz (Mt. 27:30, 31).
  5. Todo eso, por amor a nosotros, pero mirando con gozo lo que estaba por venir… nuestra salvación y Su triunfo después de la cruz (He. 12:2).


Se dice que, dentro de los instrumentos más crueles utilizados por el hombre para castigar al hombre, se hallan aquellos que fueron inventados en la época de la Inquisición. Instrumentos que fueron usados por los verdugos de la iglesia para castigar a los herejes y pecadores. Métodos como “el potro”, “el aplasta pulgares”, “el tormento de agua” y otros fueron usados como medios de castigo. Muchos de ellos difíciles de describir por su crueldad.

Pero dentro de esos instrumentos también se encuentran los utilizados por el Imperio Romano para castigar a sus reos. Uno de ellos fue utilizado en contra de Jesús: el “flagellum” (látigo con varias correas de cuero). Pero no contento con ello, los soldados se burlaron y le golpeaban en la cabeza escupiéndole; y de ahí lo llevarían a la cruz.

Otro de esos terribles instrumentos de los romanos sería usado en unos momentos más adelante en contra de Jesús: La crucifixión. Método posiblemente inventado por los persas, fue adoptado por los romanos para castigar a los esclavos y extranjeros. Era uno de los métodos más crueles y odiosos de su época.

Pero la pregunta que viene con todo esto es: ¿Por qué? ¿Por qué Jesús, sabiendo que todo eso sucedería lo enfrentó? La respuesta es una sola: Su amor. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros…” (1 Jn. 3:16a).

Jesús enfrentó todo esto por amor a nosotros. Sin merecerlo, sin esquivarlo, sin cuestionamientos, sin dilataciones; con valor, con determinación, en silencio y con amor. Cristo quería salvarnos del castigo eterno del infierno, y para que eso fuera posible, Él tendría que llevar nuestro castigo (Is. 53:5).

¿Y usted, ya ha puesto su vida por Jesús? ¿He decidido dejarlo todo por honrar a Aquél que lo sufrió todo por nosotros?

* Gracias Señor Jesús por sufrir todo ese cruento castigo por mí rebelión *



«Todo lo que Cristo sufrió fue por amor, por el gozo de podernos salvar de la condenación»

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Terrible canje

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Error involuntario en la enseñanza: No es una persona «injusta»… era una «PERSONA JUSTA» lo que se quería enseñar (Minuto 3:26-27)


Marcos 15:6-15

“Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.”

  1. Se había hecho una costumbre por parte del gobernador romano de libertar en amnistía a una persona por petición del pueblo.
  2. Aprovechando la posibilidad, Pilato anima al pueblo a dar amnistía a Jesús, su Rey, como de forma despreciativa lo dijo; pero el pueblo estaba instigado por los sacerdotes, quienes solicitan a Barrabás.
  3. La protesta era tan bulliciosa, que no permitía dialogar, gritaban más y más: ¡Crucifícale!
  4. Pilato, ante tan difícil dialogo, y para evitar problemas en este tiempo especial de la fiesta judía, se lava las manos en señal de inocencia (Mt. 27.24), acepta la petición del pueblo para crucificar a Jesús.


La maldad de los sacerdotes estaba teniendo el fin que ellos esperaban, y por el cuál habían estado anhelando por mucho tiempo. No iban a permitir que ahora nada los detenga. Las sugerencias de Pilato no tenían cabida en el corazón envidioso y lleno de maldad de los sacerdotes.

Unos días atrás el pueblo había gritado “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!” (Mr. 11:9, 10), y ahora gritan ¡Crucifícale, crucifícale!(Lc. 23:21).

El corazón de todos se había volteado en contra del Señor. Quien hace un tiempo atrás era recibido con gozo, y miles venía para ser sanado y aprender del Maestro, ahora estaban ahí para condenarlo y pedir a Barrabás.

Hoy, muchos rechazan abiertamente al Señor, muchos que buscan en otros lugares hallar significado en la vida, menosprecian a Jesús. Muchos de ellos lo buscan solamente para que solucione sus problemas temporales, pero no lo buscan como Dios y Señor de sus vidas.

Cristo estaba enfrentando todo esto por amor a todos ellos, pero el amor del Señor no fue reconocido en esos días, y menos ahora.

¿Y usted, con qué lado se identifica: con los que gritaron Hosanna o con los que gritaron Crucifícale?



«El rechazo que recibió Jesús por parte del pueblo que gritó “¡Crucifícale!” vino a ser usado por Dios para mostrarnos Su misericordia cuando Su Hijo por mi pecado en la cruz murió»

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Mansedumbre que asombra

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Marcos 15:1-5

“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.”

  1. Los sacerdotes y los demás en el concilio no podían ejecutar a Jesús, eso ya no les estaba permitido, y la pena capital era impartida solo por una autoridad de Roma.
  2. El cargo imputado a Cristo por parte del concilio era de base religioso: Declaraba ser Dios (Mr. 14:61-64). Pero cuando fue llevado a Pilato, cambiaron la acusación para poder lograr su cometido, y presentaron razones políticas: Prohíbe dar tributo al César y se rebela ante la autoridad del César declarándose Rey (Lc. 23:2). Jesús nunca prohibió dar tributo, al contrario, lo ratificó (Mr. 12:7); y en cuanto a la acusación de ser Rey, era cierto, pero nunca vino a ejercer ese derecho, pues venía a morir como Siervo (Fil. 2:6-8).
  3. Ante toda esas acusaciones maliciosas y falsas, Cristo no se defendía, solo callaba, esperando que siga el proceso para llegar a la cruz.
  4. Esta inusual reacción de un reo de muerte es lo que asombra a Pilato. Pidiéndole que responda, en mansedumbre, calla.


Se define a la mansedumbre como aquella serenidad de espíritu pacífica y humilde, en virtud de la cual el hombre no se deja arrebatar fácilmente de la cólera con motivo de la injusticia.

Jesucristo estaba recibiendo falsos en Su contra, pero contrario a la respuesta que muchos hiciéramos, respondiendo vehementemente ante la injusticia, Él decide quedar en silencio y no presentar argumentos a Su favor, ya que estaba aceptando la voluntad del Padre para, después de ese injusto juicio, ser condenado. Con esto estaba cumpliendo las profecías de su silencio. (Is. 42:1, 2; 53:7)

Jesús nos recuerda que ser manso es una virtud que debe abundar en el creyente, y que nosotros debemos aprender eso de Él. (Mt. 11:29).

Esta era la primera de las dos apariciones ante Pilato. Hay una participación de Herodes que Marcos no registra, pero que nos deja ver la intención inicial de Pilato de no emitir juicio, para no tomar acción injusta contra Jesús, por eso envía al Señor ante Herodes para que Él lo juzgue (Lc. 23:6-12).

Demos gracias al Señor, Quien pudiendo defenderse, decidió callar y aceptar la injusticia en su contra, para que nosotros podamos ahora recibir Su justicia por fe (Ro. 3-21-26).

¿Cómo responde a una injusticia hecha ante usted? ¿Si hubiera estado usted en el lugar de Cristo, cómo hubiera respondido ante ese juicio?



«En mansedumbre Cristo enfrentó un injusto juicio para que nosotros podamos recibir de Su justicia por fe»

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Duras lecciones de vida

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Marcos 14:66-72

“Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno. Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo. Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos. Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis. Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba.

  1. La curiosidad de Pedro le llevaría a encontrarse en una situación negativa que nunca olvidaría. Quiso saber que pasaría con su Señor, pero se encontró con lo que a él le pasó por no haber escuchado la advertencia de Jesús.
  2. La imprudencia de Pedro, y su orgullo, le llevó a rechazar la advertencia que Jesús le hizo acerca de su negación de conocer al Señor (Mr. 14:29-31).
  3. También había desaprovechado la invitación que le había hecho el Señor a estar atento y orar para evitar caer en la tentación (Mr. 14:38).
  4. El canto del gallo llegó, y con él la prueba de que Jesús había dicho con certeza lo que sucedería, y que Pedro había errado en su propia apreciación, fallándole al Señor. Su llanto de profunda vergüenza y tristeza por su cobardía cayó sobre el discípulo (Mr. 14:72).
  5. A pesar de todo, el Señor le tendría guardado una hermosa sorpresa de restauración. (Jn 21:15-19)


Nuestra falta de atención a las señales de advertencia nos ha llevado a encontrarnos ante situaciones que después hemos lamentado. Pedro había oído la advertencia de Jesús, pero no quiso aceptar la verdad del peligro, y por eso negó conocer al Señor. La Palabra de Dios nos recuerda que debemos ser humildes y no soberbios en nuestra manera de pensar de nosotros mismos (1 Co. 10:11, 12).

Otras veces nos pasa que desaprovechamos las herramientas que Dios nos da para fortalecernos y mantenernos fieles. La oración es una de esas herramientas que los creyentes tenemos para decirle al Señor que somos débiles y pecadores, y que necesitamos de Su ayuda para enfrentar las pruebas y tentaciones siendo fieles. (1 Co. 10:13)

Cuando caemos en pecado, podemos recordar la invitación que Dios nos hace para perdonarnos y ayudarnos en la restauración (1 Jn. 1:9).

Muchas de estas lecciones de vida, aunque negativas y dolorosas, tienen el propósito de ayudarnos a crecer en prudencia y piedad; preparándonos para algo diferente, pero mejor.



«El dolor que se produce cuando le fallamos al Señor no es tan grande como Su buen deseo para levantarnos y restaurarnos; con Él siempre hay oportunidad de ser perdonados y mejorados»

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“Culpable” de decir la verdad

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Marcos 14:53-65

“Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas. Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al fuego. Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban. Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban. Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano. Pero ni aun así concordaban en el testimonio. Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte. Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas.”

  1. Después de ser apresado de forma cobarde y vil, es llevado ante los sacerdotes para ser enjuiciado en un proceso judicial preparado.
  2. Tan falto de justicia era el juicio que “los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban”. (Mr. 14:55)
  3. Entre los testigos falsos no había ni consenso en sus declaraciones. (Mr. 14.56-58)
  4. Se le acusa de “terrorismo” diciendo que Él había dicho que destruiría el templo; otra falsa acusación.
  5. La única pregunta/acusación correctamente presentada recibe la única respuesta correcta que se podía dar, y por esto determinan declararlo “culpable de muerte”, por decir que sí era el Cristo. (Mr. 14:60-64)
  6. La sentencia fue dar muerte; pero ahora venía otro problema… ¿Cómo conseguir la aprobación del gobernador para que se cumpla la ejecución en contra del reo?


Si alguna vez es llevado a un juicio, en donde el fiscal, los testigos y el juez están de acuerdo para acusarlo a usted y hacerle culpable, ¿qué posibilidad existe de ser declarado inocente? … ¡Ninguna!

El juicio en contra de Jesús es el más absurdo que ha existido en el mundo. Al Verdadero Juez (Ap. 16:7) lo llevan a la corte preparada perversamente por sus enemigos, y trayendo toda artimaña del error, le realizan un proceso tan ilegal, que hasta el inicuo juez escucha la única declaración cierta, y utiliza esa afirmación para declararlo culpable de muerte.

Todo esto tenía que darse para que Jesús sea llevado a la cruz. Nunca encontrarían alguna razón legalmente justa para condenarlo a muerte, pues Él nunca pecó ni engañó. Siendo Justo, fue declarado blasfemo para poder cumplir con su cometido de matarlo. Este hecho sin precedente, porque estaban juzgando terrenal y pecaminosamente al mismo Señor, sería permitido por Dios para que Cristo sea condenado, y así llegar a morir por nosotros en la cruz.

¿Alguna vez usted a acusado a Dios de haber hecho algo injusto en su vida cuando las cosas no se dieron como usted esperaba? ¿Cree usted que Dios sería capaz de hacer algo incorrecto en contra suya?



«El Señor es Santo y Justo, nunca haría algo que estuviera fuera de Su misma naturaleza, de Quién es Él»

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Persecución cobarde e injusta

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Marcos 14:43-52

“Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad. Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó. Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron. Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja. Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.”

  1. Jesús los estaba esperando, y para ello había estado orando. Estaba listo para ser injustamente apresado y castigado. (Mr. 14:42)
  2. Llegaron con espadas y palos para amedrentar a Jesús y sus discípulos.
  3. Un beso con hipocresía sería la señal de identificación de la víctima.
  4. Estando en público no le hicieron nada, pero a escondidas y en oscuro deciden arrestarlo, para después acelerar el proceso del juicio. Lo decidieron de esta forma, porque no tuvieron el valor de hacerlo a la vista del pueblo.


Jesucristo no iba a recibir un trato correcto de juicio pues todo lo que estaba por suceder no iba a ser justo, y todo se ve desde la forma en como lo toman preso. El odio de los enemigos estaba rebosando, habían llegado al límite y no podían contener más su sentimiento. De su corazón salía toda su maldad (Mr. 7:20-22).

En el mundo de hoy vemos esa misma persecución en contra de Dios, de Su Palabra y Su Iglesia. Por todos lados vemos a personas que actúan injustamente en contra de Dios porque lo rechazan. Persiguen a la Iglesia de forma abierta o encubierta para hacerle daño. Esta persecución es impulsada por el mismo satanás, quien “ha sido homicida desde el principio” (Jn. 8:44).

Pero Dios tiene una ira justa, y traerá juicio justo un día en contra de todo aquel que se opone a Él y a Su verdad (Ro. 1:18); mientras tanto, todos los creyentes sufriremos de una u otra forma ese rechazo por nuestra fe en el Señor.

Jesús nos recuerda que, así como a Él le aborrecieron, a nosotros también nos aborrecerán (Jn. 15:18, 19). Pero también nos recuerda que debemos estar doblemente felices, porque mientras nos odien, sabremos que hemos hecho lo justo, y por eso ellos no lo pueden soportar (Mt. 5:10-12).



«El odio al creyente y a su fe no es en contra del creyente en sí, sino, en contra de Aquel a Quién ellos llaman “Señor”»

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