Lo que debemos esperar (VI)

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Marcos 13:32-37

“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.”

  1. El momento exacto de la manifestación de Cristo para llevar consigo mismo a la Iglesia presenta una gran interrogante, porque nadie lo sabe. Nunca lo fue declarado.
  2. El mismo Jesús aclaró que Él, como Hombre, desconocía del “día y de la hora”, sino solo Dios el Padre.
  3. Aún después de la resurrección, cuando fue preguntado si la restauración de Israel sería pronta, Él se limitó a recordar a los discípulos que lo más importante que deben tener presente es que recibirían poder para llevar a cabo la evangelización siendo testigos (Hch. 1:6-8), y en ese contexto los ángeles nos recuerdan la Segunda Venida (Hch. 1:11).
  4. Lo que sí les pide es que miren con detalle los acontecimientos discerniendo los tiempos (“mirad”). Los anima a estar alertas y sin dormir porque no sabemos cuándo será ese día (“velad”). Y les amonesta a estar orando, buscando la ayuda de Dios para estar firmes hasta Su venida (“orar”).


La gran interrogante es el “¿Cuándo?” … ¿Cuándo viene el Señor? Todo lo que se refiere al inicio de la Tribulación y futuros eventos está claramente marcados en el calendario bíblico, e iniciarán justo después del rapto. Siete años de tribulación, Segunda Venida de Cristo, establecimiento del Reino Milenial, y al final, Juicio del Trono Blanco, y separación eterna entre salvos y no salvos, tanto hacia la nueva creación como al lago de fuego, respectivamente. Pero hasta que todo eso inicie no se conoce.

Utilizando una ilustración, Jesús relata la historia de un hombre que se fue para volver, pero que nadie sabía cuándo volvería, y por eso los anima a los siervos a estar velando, esperando su venida para que nos los “halle durmiendo” (Mr. 13:34-36).

La promesa del regreso de Cristo es algo veraz, y el tiempo está establecido en la potestad del Padre. La razón por qué Cristo no ha llegado aún es porque “es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P. 3:9). El Señor todavía está dando tiempo al hombre a arrepentirse para salvarlo; espera pacientemente; pero será por un poco de tiempo.

La advertencia de “mirad, velad y orar” es muy importantes para que nos preparemos a Su encuentro. El tener presente que Cristo puede venir en cualquier momento nos ayuda a vivir en temor y santidad.



«Muy bueno fuera saber el día exacto de Su venida, pero mejor es esperarlo en fidelidad y santidad»

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Lo que debemos esperar (V)

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Marcos 13:28-31

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

  1. La higuera tiene un ciclo de producción que comienza con el final de la primavera y continúa en verano con la cosecha de frutos. Ya para el invierno las hojas caen y se espera al siguiente año para la nueva cosecha. Mencionando a la higuera, Jesús usa este árbol como ilustración para enseñarnos que debemos estar atentos a la aparición de los eventos, dando indicios que Su venida estará pronta.
  2. La posible interpretación dada a la “generación” que verá esos eventos puede ser aquella que verá directamente todos estos sucesos previos al arrebatamiento; será ellos quienes entenderán más sobre todo lo descrito por el Señor.
  3. La certeza de que todo acontecerá como Jesús ha dicho está fundamentada en Su veracidad: “mis palabras no pasarán”. El Señor afirma esto como una sentencia ya dada.


Para los que esperamos la venida de Cristo, el mirar hacia los acontecimientos que ocurren en todo el mundo, nos hace considerar la posibilidad de la cercanía de la Segunda Venida de Cristo. Cada vez vemos cómo la maldad crece, los peligros de guerra se incrementan, la ausencia de paz social asciende, y los desastres naturales son más frecuentes.

Al asegurar que Su Palabra no pasará, Jesús nos recuerda que todo lo creado sí llegará a su fin. Al final del Milenio, tendremos una nueva creación, haciendo de lo conocido algo finito (2 P. 3:7-13; Ap. 21:1), pero Su Palabra no será alterada o destruida (Mr. 13:31; Sal. 119:89).

Confiar en Dios y Su Palabra es clave esencial para obedecerle y esperar. Nuestra confianza radica en la Persona del Hijo de Dios. Al ser Dios, no va a mentir, pues de hacerlo estaría actuando fuera de Su carácter (Ro. 3:4).

Mientras miramos atentos a los acontecimientos, sigamos esperando Su venida como las “vírgenes prudentes” que ansiosas, esperan la venida de su Señor (Mt. 25:1-13). Recordemos que todo lo que existe a nuestro alrededor será consumido, y que todas las promesas que Dios nos ha dado en Su Palabra se cumplirán tal cual Él nos lo ha dicho (2 Co. 1:20).



«La seguridad que tenemos en que Cristo volverá es tan cierta, como cierta es también que todo lo que vemos algún día desaparecerá para una nueva creación»

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Lo que debemos esperar (IV)

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Marcos 13:24-27

“Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.”

  1. Esos “aquellos días” a los que hace mención el Señor serán al final de la Gran Tribulación, después que muchos trataran de engañar a los escogidos, y el anticristo querrá destruir a todo creyente. (Mr. 13:6-23)
  2. En esos días los elementos que están en los cielos serán conmovidos, y aunque la Palabra de Dios no describe exactamente cómo sucederá, lo cierto es que tendrá lugar un evento que consternará a todos. La sombra y el terror sacudirá a todo hombre.
  3. Detrás de ese telón oscuro de pánico, el Señor aparecerá “en las nubes con gran poder y gloria” (Mr. 13:26). Apocalipsis nos dice que vendrá junto a los santos de la Iglesia para “herir… a las naciones” y a regir “con vara de hierro”; El Señor traerá justicia. (Ap. 19:11-15)
  4. Rescatará con Sus ángeles a todos los santos que estaban huyendo de la persecución de la bestia.


La Segunda Venida de Cristo es uno de los eventos más esperados por todo creyente. Todos queremos ver al “Verbo de Dios” venir montado en su “caballo blanco” para traer justicia y paz al caótico mundo que estará bajo el poder el anticristo. La Segunda Venida de Cristo será victoriosa, y en ese momento todos verán el poder y gloria del “Fiel y Verdadero”. (Ap. 19:13 y 11)

Mientras esperamos Su venida, todo creyente debe estar listo, viviendo en santidad y atento a su primera aparición para llevar a la Iglesia al cielo en el arrebatamiento (1 Ts. 4:13-18). Inmediatamente vendrá la tribulación, y al final de los 7 años de este oscuro y perverso momento en la historia del hombre, entonces el Señor vendrá a reinar.

La esperanza de la Iglesia de no ver estos días alienta nuestros corazones. Pero nos recuerda que aquellos que aún no tienen esperanza de vida eterna sufrirán mucho en esos días, y si no se arrepienten al final, ese tormento será eterno.

¿Y usted, ya tiene esperanza de ver la gloria de Dios? ¿Y si es así, cómo se está preparando para esperar al Señor en santidad?



«La gloria del Señor resplandecerá como nunca en Su Segunda Venida, ese día todos Sus enemigos verán Su gran poder»

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Lo que debemos esperar (III)

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Marcos 13:14-23

“Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno; porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días. Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.”

  1. Jesucristo en estos versículos está haciendo referencia a la manifestación pública y abominable del anticristo, quien se presentará en el templo reconstruido de Jerusalén para colocar una imagen suya para ser adorado durante la Tribulación, queriéndose hacer Dios. (Comp. Dn. 9:27; 2 Ts. 2:4)
  2. Esta será la señal que esperaran los judíos para saber que el perverso “desolador” ha profanado el templo, y así reconocerán la profecía de Daniel. Ese será el momento de huir.
  3. El pueblo judío sufrirá una persecución nunca vista por el odio que el anticristo manifestará en contra pueblo de Dios.
  4. En esos días no solo habrá persecución, si no, mucho caos por los diferentes acontecimientos naturales y políticos que afectarán la vida del hombre en todo el mundo. (Ap. 7:14; Mt. 24:21)
  5. El Señor nos recuerda que el número de esos días están limitados bajo Su voluntad, y que lo hará para evitar un sufrimiento prolongado de Su pueblo.
  6. El engaño se intensificará al fin de los tiempos, tanto que casi convencería a los creyentes, pero no será posible.
  7. Termina el Señor alentado a recordar lo que está por suceder.


Aún se recuerda con consternación y mucho pesar lo sucedido entre los años 1935 a 1945, cuando la Alemania nazi, liderada por Adolfo Hitler, cubrió de sangre, pena y maldad la Europa conquistada. Las atrocidades encaminadas por un líder perverso y sin una mínima de compasión se realizaron en contra del pueblo judío. Hechos que han quedado marcados en la memoria de todo el mundo.

Pero estos hechos no se compararán con lo que acontecerá en el tiempo de la Gran Tribulación, justo después de que el anticristo llegue a cumplir la profecía hecha por Daniel (Dn. 9:26, 27). El momento que los judíos vean la abominación que este maligno ser haga en el templo que se reconstruirá en Jerusalén en los primeros días de la Tribulación. Ese rechazo desencadenará una persecución antes vista, y por eso el Señor les advierte en Marcos que deben recordar que no va a ser nada agradable vivir en Jerusalén (Mr. 13:14-19).

Pensando en este evento, Jesús nos recuerda que aquellos no judíos que ayuden a Su pueblo serán reconocidos por parte del Señor (Mt. 25:34-40).

Nuestra tarea como creyentes ahora es velar por el pueblo judío. Ellos, aunque en este momento no esté aceptando al Mesías, ellos llegarán a ver la verdad de las Escrituras, y en ese día su fe será demandada con la muerte en muchos casos. Nuestro deber es orar desde ahora por la redención de Israel, quienes serán atormentados como nunca se ha visto.



«La responsabilidad de todo creyente es velar y orar por los intereses de Israel, el pueblo de Dios»

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Lo que debemos esperar (II)

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Marcos 13:9-13

“Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

  1. Dentro de las advertencias dadas por Jesús, ahora encontramos una sección enfocada al rechazo que podemos recibir a causa de Cristo.
  2. Los concilios era el grupo de líderes religiosos de cada ciudad que velaban por el orden de los habitantes. Ellos se reunían en las sinagogas para poder hacer juicio cuando algo pasaba. Ahí se llevaba a cabo el juicio y se daba el castigo que eran generalmente los azotes.
  3. Cristo nos recuerda que podemos ser llevados ante autoridades y ser castigados a causa de Él (Mr. 13:9).
  4. Este sufrimiento va a tener que ser necesario para así poder llevar el evangelio. Muchos tendrán que sufrir par así cumplir al final de los tiempos la Gran Comisión (Mt. 28:18-20).
  5. El Espíritu Santo capacitará al creyente en esos días para que pueda predicar lo que deba decir.
  6. El rechazo en contra de Jesús y Su evangelio puede ser tal, que aún la misma familia del creyente podría acusarlo y rechazarlo.
  7. La señal de la persona salva, en los días de la Tribulación solamente será la fidelidad a Dios. El costo del verdadero creyente en este tiempo va a ser la misma muerte, en muchos casos.


Hoy vivimos un mundo en el que vemos más el rechazo a Dios y a Su Palabra. Los ataques cada día adquieren mayor maldad. Ya no es una negación, ahora nos quieren acallar con las amenazas. Esto es lo que siempre ha sucedido. Pero en el tiempo de la Tribulación ese rechazo será en extremo malo.

Hoy en día muchos han sufrido persecución y rechazo de las personas. Hay países que, gobernados por una religión falsa, rechazan cualquier posibilidad de predicación bíblica. En muchos de esos países las personas sufren encarcelamiento, torturas, y hasta la muerte.

Muchos creyentes han sufrido el rechazo absoluto de la misma familia, excluyéndolos de sus relaciones por completo, y hasta con amenazas físicas. Pero en los días de la Tribulación esa maldad se incrementará porque todos van en pos de la falsa religión que el anticristo y el falso profeta propagarán.

La única prueba de un creyente sincero en esos días será mantenerse firmes en su fe, sin negar a Cristo, y esto será una prueba externa del cambio externo. La fidelidad del creyente será el testimonio a los enemigos de que ellos realmente creían en Jesús como Salvador. La fidelidad no los salvará, pues la salvación viene por fe nada más. La fidelidad será la prueba de esa fe genuina.



«El creyente que testifica con valor su fe, aun a pesar del rechazo que puede sufrir, manifiesta su plena convicción de Quién es Su Salvador»

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Lo que debemos esperar (I)

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Marcos 13:3-8

“Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.”

  1. Después de la profecía dada por el Señor referente al Templo, los discípulos quedaron con la inquietud de saber la fecha del cumplimiento de la destrucción.
  2. El deseo de saber las señales de todos los eventos es lo que todo creyente espera. Tener una señal específica para saber la venida de Cristo.
  3. Las manifestaciones de muchos anticristos es algo que podemos esperar.
  4. La paz mundial, tanto entre naciones como dentro de una misma nación, no habrá. Es claro que cada día vamos perdiendo la estabilidad mundial interna y externamente en muchas naciones.
  5. Los desastres naturales y el hambre que acompañarán a estos eventos traerán mayor consternación a la humanidad.
  6. Pero todo esto es el inicio de la nueva etapa en el calendario de Dios, esto sólo es “principio de dolores”.


Los eventos que están por venir siempre son un misterio, y por ello llaman la atención de todos nosotros. Todos queremos saber lo que pasará mañana para tomar acciones basado en esas predicciones. Desde el clima hasta las finanzas, todos miran a las posibilidades de lo que vendrá para saber qué hacer.

Los discípulos habían escuchado que algo iba a pasar, pero querían saber cuándo llegaría a suceder la destrucción del templo, para posiblemente estar preparados. En ese momento el Señor les explica que sucederán muchas cosas antes que llegara el verdadero fin.

Si bien, la destrucción del templo se dio en el año 70 d.C., los verdaderos acontecimientos del fin de los días se darán en el tiempo que se conoce como la Tribulación, antes del Reino Milenial. Un día Cristo vendrá a reinar en la tierra, pero antes de eso, eventos descritos en este pasaje de Marcos, como en mucho otros del A.T. y del N.T. nos indican que habrá tiempos terribles para el hombre, todo lo que Cristo estaba por enseñar se dará antes de la Tribulación y durante ella, en los primeros 3 años y medio, antes de lo que se conoce como la Gran Tribulación (Mt. 24:21; Ap. 7:14).

En estos primeros versículos vemos al Señor hablando de los falsos cristos, aquellos que dirán que son el mismo Señor, y que engañaran a muchos. Muchas veces hemos escuchado de aquellos que se consideran salvadores del hombre, aquellos que dicen ser Dios. Estos serán muy convincentes, por eso la alerta dada por Jesús. Pero ellos no serán la sombra del verdadero anticristo que se revelará en la Tribulación (2 Ts. 2:3-12).

La paz mundial, tanto internamente en cada país, como la paz regional desaparecerá. Los conflictos vendrán no solo por problemas políticos, si no por la hambruna que se presentará en aquellos días, tras los desastres naturales.

Como creyentes, debemos mirar los acontecimientos y estar atentos. Esto no afectará a la Iglesia, al grupo de creyentes, pues antes de ello vendrá el arrebatamiento y la resurrección de los santos de la Iglesia (1 Ts. 4:13-18). Pero mientras vemos los problemas pasar, podemos estar seguros que algo está pronto a venir, y para ello debemos estar preparados, mientras predicamos de Cristo al mundo.



«Mientras los problemas de la vida crezcan y la paz del mundo vaya desapareciendo, la Iglesia de Cristo debe esperar segura la venida del Señor anunciando fervientes el mensaje de amor del Salvador»

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La certeza de Su Palabra

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Marcos 13:1-2

“Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.”

  1. Uno de los discípulos trató de llamar la atención ante la magnificencia del templo, pero no recibió la respuesta esperada del Señor.
  2. Jesucristo predice que todo lo que se veía en ese momento sería destruido, lo que sucedió cerca de 40 años más tarde. En el año 70 después de Cristo, Jerusalén fue destruida por el ejército romano a cargo de Tito. Lo que dio cumplimiento a lo dicho por Jesús.
  3. Ese cumplimiento nos muestra la confianza que podemos tener, no solo a las profecías dichas por el Señor, si no, sobre todo, por las promesas que nos da de perdón, vida eterna y gloria venidera.

Los discípulos tuvieron que sentirse muy tristes al escuchar estas palabras del Señor. Todo lo conocido por ellos en cuanto a la imponencia del edificio sería reducida a escombros, especialmente porque el templo reconstruido por Herodes era mucho más grande que el construido anteriormente por Zorobabel después de la repatriación de Babilonia. La remodelación se realizó en varios años.

La edificación pudo haber sido imponente por fuera, pero estaba fría y vacía espiritualmente por dentro. Todo lo que sucedía en su interior no tenía significado. Los líderes y el pueblo se habían alejado de Dios, haciendo que el vacío sea aún mayor dentro de sus corazones.

Además, esto nos recuerda que el hombre se puede afanar o sorprender por las cosas temporales de nuestra vida, y distraernos mucho; pero las cosas eternas realmente son las que nos deben importar más.

Otra lección que podemos obtener es que las consecuencias de la desobediencia siempre pueden ser devastadoras. El pueblo judío había abandonado a Dios, y rechazado y crucificado a Cristo, la consecuencia de ello era al abandono de Dios a Su pueblo, y el instante de llamar a los gentiles para edificar la Iglesia de Cristo, haciendo a un lado los planes de Dios para Su pueblo, hasta el cumplimiento del tiempo. La gloria de Dios ya no se manifestó más en medio de Israel.

Estos dos versículos nos enseñan que la obediencia es importante, que debemos mantener el enfoque en lo eterno, y que lo temporal y vano pasará sin mucho valor irremediablemente. Lecciones prácticas que son válidas para nuestros días.

Pero la lección más valiosa que podemos obtener de este relato es la certeza que podemos tener en la Palabra de Dios. Es infalible, inerrante, confiable, segura. Todo lo dicho por Dios se ha cumplido, y podemos tener la seguridad que todo lo que falta se cumplirá. Confiar en la Biblia es nuestra mayor seguridad para hoy y el mañana.



«Todo lo dicho por Dios se ha cumplido hasta hoy, y lo dicho para el futuro seguro se cumplirá. Podemos confiar en la Palabra dada de Dios con plena certeza»

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Entrega es confianza y amor

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Marcos 12:41-44

“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.”

  1. Todo el pueblo se acercaba a dar en el arca que se encontraba en el Templo.
  2. El arca era un receptáculo en forma de trompeta de metal que sonaba fuerte cuando se ponía las ofrendas, que generalmente eran monedas.
  3. Los ricos daban mucho, pero lo que daban era de lo que les sobraba, y en eso no había esfuerzo o sacrificio.
  4. La viuda pobre puso en el arca más que ninguno, no por el monto económico, sino por el valor que representaba para ella, “de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.”

El cuadrante o las dos blancas representaban el 1/64 parte de un denario, lo que era el salario de un día. Eso quiere decir que si el salario de una persona fuera 10 dólares americanos en un día (un promedio en Latinoamérica), lo que ella estaba dando sería cerca de 15 centavos de dólar, y esto era todo lo que tenía. (Nota: para calcular el monto en su país, tome el valor del sueldo promedio en 1 día y divídalo para 2 unas seis veces)

Las dos blancas o el cuadrante era todo el capital que la viuda tenía en sus manos, estaba dando todo su sustento. Al hacer esto estaba demostrando que ella estaba entregando su vida en adoración a Dios. Lo hacía porque confiaba que Dios cuidaba de ella, que no importaba lo que pasaría más adelante, ella sabía que Dios estaba al cuidado de su vida. Eso es confianza.

Al estar confiando y al entregarlo todo estaba manifestando a Dios que lo amaba, que nada era más importante que Él. Esta entrega era un acto de adoración a Dios. Recordemos que estaba entregando, no el diezmo, sino una ofrenda, y estaba ofrendando todo su sustento, más allá de la obligación del diezmo.

Un acto tal solamente puede darse cuando alguien ama y confía, es una entrega absoluta. En nuestra relación con Dios debería haber tal confianza del cuidado de Dios que no nos deberíamos detener a pensar en lo que no tenemos, si no, en lo que sí podemos hacer para Él; y al hacerlo le estamos mostrando nuestro amor, que Él es nuestro todo.

¿Nuestra entrega a Dios es parcial o de lo que nos sobra? ¿A parte de nuestras finanzas, qué más podría darle a Él como entrega de mi vida?



«Solo cuando confiamos en Dios y le amamos sobre todas las cosas es cuando estamos listos para entregarle todo lo que somos a Él»

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