¿Y usted qué respondería?

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Marcos 8:27-30

“Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo. Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno.”

  1. Jesucristo quería conocer la opinión de la gente a través de lo que habían escuchado los discípulos.
  2. Las respuestas aún seguían manifestando la falta de conocimiento del pueblo en cuanto a la Persona de Jesús.
  3. Jesús ahora regresa la pregunta hacia sus discípulos para ver qué opinión tenían ellos.
  4. La respuesta de Pedro es una de las más profundas verdades de la Biblia, y que solamente pudo haber sido revelada al discípulo por obra de Dios el Padre. (Mt 16:17)
  5. La verdad de Quién es el Cristo y lo que representa es la base sobre la cual se edifica la Iglesia del Señor. (Mt. 16:18)

Para poder entender este pasaje de una mejor manera, de deben estudiar los pasajes paralelos (Mt. 16:13-20; Lc. 9:18-21), sobre todo el que se encuentra en Mateo. Jesucristo utilizaría la declaración de Pedro para presentarles a los discípulos la verdad sobre la Iglesia, institución que no había sido presentada antes a ningún hombre.

La palabra Cristo quiere decir Mesías en griego, este título otorgado a Jesús significa en el hebreo “el Ungido del Señor”. En el A.T. se ungían a los sacerdotes y profetas para manifestar su autoridad envestida como representantes de Dios (Lv. 4:3, 5, 16; Sal. 105:15); también se otorgaba ese título a los reyes (1 S. 2:10, 35; Sal. 2:2; Hab. 3:13). Principalmente en el N.T. este título se lo otorgó a Jesús, Quien venía como el enviado de Dios.

El reconocer a Jesús como Cristo es una obra que no puede ser entendida humanamente. El hombre natural no percibe las cosas de Dios (1 Co. 2:13-16), por eso Jesús le expresó a Pedro que esta verdad no pudo haber venido de su entendimiento humano, tuvo que Dios revelarlo. Jesús había sido enviado por Dios para darle a conocer, y para salvar al hombre.



“Solo un creyente entiende correctamente Quién es Cristo y lo que esa verdad representa para él.”

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Restauración paulatina

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Marcos 8:22-26

“Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.”

  1. Marcos es el único libro que registra este milagro del ciego en Betsaida.
  2. A diferencia de muchos otros casos, el Señor lo toma de su mano y lo lleva hacia fuera de la aldea.
  3. También es el único caso en el cual la persona tuvo que pasar por una restauración progresiva de su visión, a diferencia de todos los demás milagros del Señor en donde las personas fueron sanadas inmediatamente.

Este milagro sobresale por las particularidades antes mencionadas. No hay otro ejemplo similar durante el ministerio del Señor que nos permita encontrar un patrón, pero esto no quiere decir que Jesús no tenía poder completo para sanar.

La obra de Dios siempre estará atada a Su voluntad. Cómo y a quién Dios decide sanar es algo que se encuentra en Su soberanía, y este ejemplo es un testimonio de esta verdad.

Lo que si podemos concluir con mayor certeza es que el hombre no pudo haber nacido ciego, porque pudo hacer una distinción entre un hombre y un árbol (Mr. 8:24); si no los hubiera conocido antes, no hubiera podido identificarlos con esa firmeza.

Algo que podríamos decir respecto a la obra de Dios en la vida de cada persona es que Él actúa de manera individual. No todos los alcohólicos son librados de la misma manera de esa adicción; no todos los que aceptan a Cristo llegan a creer inmediatamente al mensaje de salvación en la primera vez que lo escuchan; no todos los creyentes llegan a madurar en la fe de la misma manera; no todas las personas curadas de cáncer pasan por el mismo proceso de sanación; todo es un proceso individual, pero sí, todo es obra de Dios

Dios es soberano, poderoso y sabio, y cómo Él obre está bajo Su voluntad, y en esta verdad podemos descansar confiados. ¡Dios sabe lo que hace!



“No toda obra de Dios en cada individuo es igual en desarrollo, pero toda obra es similar en cuanto a que Dios siempre manifiesta Su poder y amor con cada individuo.”

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Guardémonos de las malas influencias

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Marcos 8:14-21

“Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?”

  1. Es necesario escuchar bien para entender bien. Jesús les pide que se cuiden de la “levadura de los fariseos” y los discípulos comenzaron a pensar en la falta de pan.
  2. La mala actitud de los fariseos podía ser contagiosa. Como todo comportamiento pecaminoso, la hipocresía y mala intención puede ser reproducida de una persona a otra.
  3. Los discípulos no solamente tenían problemas para entender las enseñanzas de Jesús, si no, también, en recordar las experiencias vividas. Habían pasado ya dos eventos en donde Jesús había multiplicado los panes y los peces, y aun así creyeron que el Señor se refería a la falta de pan.

La levadura es un fermento que afecta una masa transformándola a un producto diferente. De manera general, en la Biblia la levadura ha sido asociada con el mal, excepto en Mateo 13:33. Entonces, la levadura era algo que “entraba” en la vida de alguien generando influencia negativa.

J. MacArthur nos recuerda que «la “levadura” de los fariseos incluía tanto sus falsas enseñanzas (Mt. 16:12) como comportamiento hipócrita (Lc. 12:1); la “levadura” de Herodes Antipas era su conducta inmoral y corrupta (Mr. 6:17–29.

Mucha influencia puede venir de lo que escuchamos o con quienes compartimos. Nuestra responsabilidad es saber discernir que nos edifica o no. Personas sabias y piadosas pueden ser buenas influencias. Escuchar a buenos teólogos puede ser una gran opción. Pero nada se comparará con el beneficio que Dios puede generar en nuestras vidas.

Un buen oído en la Palabra, una buena meditación de Ella, y una relación sólida con el Señor nos edifica, al tiempo que nos aleja de la influencia negativa de otros. Nosotros somos quienes decidimos que permitimos entrar en nuestra vida, por eso el Señor nos amonesta a guardarnos de “la levadura”.



“Como creyentes, debemos guardarnos de la “levadura” de las malas amistades y de las malas enseñanzas que pueden estropear nuestra vida espiritual.”

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La imprudencia de la provocación

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Marcos 8:11-13

“Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle. Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.”

  1. Los fariseos y saduceos, enemigos religiosos y políticos, ahora se unen para provocar al Señor demandando pruebas de Su deidad.
  2. Con esa exigencia lo que lograron es encontrar la ira pasiva de Él. El gemido profundo, fue una muestra de Su profunda indignación. (Mr. 8:12)
  3. La única respuesta que el Señor les dio creo más confusión que aclaración. En el pasaje paralelo de Mateo les dice que la única señal que les daría es lo sucedido con Jonás y el pez. (Mt 16:4; Comp. Mt. 12:39, 40)

La incredulidad es una grave condición espiritual, pues nos lleva a negar cualquier prueba evidente, porque no queremos aceptar lo que es cierto, alegando que no se puede ver lo que solo se lo puede mirar por los binóculos de la fe (2 Co:5-7; He. 11:1).

Los fariseos y saduceos ya habían sido testigos de muchos milagros, pero eso no les bastaba para aceptar la deidad de Jesús, es por ello por lo que, le vuelven a buscar para “tentarle” solicitando una “señal” descomunal “del cielo”, algo que los llegue a convencer. (Mr. 8:11)

Después de reprenderlos por su incredulidad e imprudencia, gime de indignación, y les dice que son tan necios que, pudiendo discernir los tiempos y el clima, no son capaces de mirar lo que la Biblia dice de Él. Y tomando la señal de los tres días que pasó Jonás en el vientre del pez, se fue de allí, respondiendo “al necio como merece su necedad.” (Pr. 26:5)

Muchas veces nuestro corazón puede ser muy necio también a causa de la falta de fe, y eso puede afectar nuestra confianza en Dios, que podría afectar nuestra relación con Él. Como nos dice Su Palabra: “… sin fe es imposible agradar a Dios…”. (He. 11:6)

«Padre, ayúdanos a crecer en fe de tal manera que podamos verte y seguirte con confianza, aunque “físicamente”, nada podamos ver»



“Para el necio, la fe es una palabra que no se halla en su diccionario.”

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Tenían necesidad, pero del Señor

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Marcos 8:1-10

“En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto? El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud. Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.”

  1. Todos habían decidido quedarse con el Señor, aún que no tenían ni que comer.
  2. El compasivo Señor mira su necesidad y decide suplirla.
  3. Jesús provee más que lo necesario cuando mira la verdadera devoción del pueblo.

Hoy muy pocos de nosotros queremos hacer sacrificios para el Señor. No nos gusta dar algo en sentido de adoración, antes, al contrario, solo estamos esperando para ver que recibimos. El verdadero amor debe ser sacrificial. (Ro. 12:1)

Las personas habían venido de muy lejos buscando ser saciados, pero de las enseñanzas del Señor. Todos debemos tener ese mismo deseo de ser enseñados de la Palabra de Dios, hasta quedar saciados.

Hemos llegado tanto a ser tan autocomplacientes, que esperamos que primero Dios nos de para buscarlo, y si hay algo que requerimos, primero saciamos esa necesidad, y después lo seguimos. Pero si aprendiéramos de aquella multitud, anhelaríamos solo estar con Dios, y Él se encargaría de lo que crea necesario.



“Dios no desea saciarnos para que le sigamos, Él quiere que le sigamos para así darnos lo necesario.”

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Atónitos ante Su obra

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Marcos 7:31-37

“Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien. Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

  1. Volvía a la región de Galilea después de haber tomado un tiempo de descanso.
  2. Decápolis era la región donde había dado testimonio el hombre gadareno que había estado endemoniado.
  3. Aparentemente el Señor hace señas con sus manos sobre los oídos y la boca del hombre para dejarle saber lo que va a hacer. (Mr. 7:33)
  4. Que un sordo escuche, y que después pueda hablar, sin nunca haber escuchado palabra, era la razón de que todos se maravillaron.

Jesús había visto la gran necesidad de un hombre sin capacidad de escuchar y hablar, y decide sanarlo, por lo que, mirando al cielo, para manifestar de dónde bien Su poder, gimió que le sea abierta (liberada) su atadura física.

En el pasaje de Mateo vemos que “mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel” (Mt 15:30-31). Razón tenía la gente de estar atónitos (otra traducción de maravillarse) ante el poder de Señor.

Hoy Dios sigue haciendo grandes milagros también, y Su poder sigue asombrando a quienes han sido testigos de Sus maravillas. Gente se sana de cáncer, se salva de accidentes de tránsito, etc.; y todo lo hace “bien”.



“No somos dignos de los favores del Señor, pero por nuestra fe alcanzamos Su misericordia.”

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Con fe sencilla y determinación

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Marcos 7:24-30

“Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.”

  1. Jesús se había alejado de Galilea para poder descansar, pero su fama era muy extendida, por eso la mujer lo buscó.
  2. En una inmensa necesidad no buscó demandar acción de Dios, sino que en humildad “se postró a sus pies” suplicando misericordia. (Mr. 7:25)
  3. El Señor había venido primariamente a buscar al pueblo judío para cumplir las promesas dadas a ellos por medio de los patriarcas y profetas (Ro. 15:8; Comp. Ef. 2:11, 12), y el que una mujer cananea (Mt. 15:22) le haya buscado estaba fuera del enfoque de Su ministerio, pero tampoco completamente ajeno.
  4. La fe y humildad de la mujer hizo que Dios extienda Su favor para sanar inmediatamente a su hija. (Mr. 7:29, 30)

Jesucristo había venido a desarrollar un ministerio netamente en medio del pueblo judío, por eso enfocó el desarrollo de Su ministerio en medio de los hijos de Israel. El deseo de ello era manifestar la fidelidad de Dios a las promesas dadas, pero también su sincero deseo de restaurar la vida espiritual de Su pueblo amado, lamentablemente, como nos dice Juan, “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” (Jn 1:11)

La expresión que Jesús dio a la mujer no era una de desprecio, sino que manifestaba esa realidad de buscar primero a los hijos de Jacob. Cuando Él envió a los doce discípulos a anunciar sobre el reino, les dio instrucciones claras de enfocarse solamente en los israelitas (Mt. 10:5-7). Por eso, Jesús no venía en ese momento en busca de los gentiles, pues lo haría después por medio de la Iglesia.

La fe de la mujer sirofenicia nos da un aliento de esperanza para todos nosotros que, sin ser judíos, ahora podemos alcanzar la misericordia de Dios por medio de la fe en Jesús. La hija de esta desesperada madre quedó inmediatamente restaurada, desde el mismo momento que el Señor lo mencionó (Mr. 7:30).



“No somos dignos de los favores del Señor, pero por nuestra fe alcanzamos Su misericordia.”

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El mal que hay en mí

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Marcos 7:14-23 

“Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. Si alguno tiene oídos para oír, oiga. Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. El les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.”

  1. Siguiendo en contra de las enseñanzas de las tradiciones, Jesús les recuerda que la comida no puede contaminar el alma del hombre, pues toda restricción ha sido ya liberada en cuanto a los alimentos que estaban prohibidos en la ley dada por Moisés, marcando un fin de la dispensación legal. (Mr. 7:15, 19; Comp. Hch. 10:15)
  2. Los discípulos seguían con un entendimiento lento de todas las enseñanzas del Maestro. Esto nos recuerda que el discernimiento es un proceso de crecimiento paulatino. (Mr. 7:18)
  3. Lo que realmente afecta la vida espiritual del hombre es el pecado que mora en él. La oscuridad del pecado ha dañado la pureza del corazón que el hombre tenía, y esto hace que afecte su comportamiento, llevándolo a comportamientos pecaminosos que le hacen daño a sí mismo y a los demás. (Mr 7:20-23; Comp. Ro. 7:7-25; Gá 5:16-21)

En el contexto del pasaje, vemos al Señor debatiendo con los fariseos, quienes habían juzgado inapropiadamente el hecho que los discípulos no se lavaban las manos antes de comer, y Jesús introduce una enseñanza que afectaba el concepto de la alimentación del judío. (Mr. 7:15, 18 y 19)

En el Antiguo Testamento vemos que Dios le había dado a Moisés varias restricciones en cuanto a los alimentos, pero Jesús les enseña a sus oyentes que nada de eso se aplica ahora en esta nueva dispensación. Mas bien, lo que sí reforzaría el Señor es hacerles a ver de dónde viene el verdadero mal que ha destruido al ser humanos: Su pecado.

Desde la caída del hombre a causa del pecado, todos los seres humanos tenemos una naturaleza pecaminosa que obra con poder y afecta nuestro comportamiento ante Dios y los demás. Pablo, en su Carta a los Romanos, nos advierte que ese mal mora en el cuerpo del hombre (Ro. 7:7-25).

Cuando reconozcamos cuanto mal mora en nosotros mismos podremos ser capaces de cuidar nuestro comportamiento, y buscar la ayuda de Dios para evitar dejar ser controlados por la carne, que no solo afecta nuestra vida, sino también nuestra relación con Dios y los hombres.



“Sólo cuando el hombre reconozca que el verdadero mal mora en sí mismo, entonces podrá iniciar el proceso a la restauración espiritual con la ayuda de Dios.”

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