Una posibilidad ante la enfermedad

Dios permite la enfermedad como consecuencia del pecado, porque es un instrumento divino para humillarnos y hacernos rendir a sus pies y a su santidad; para que lo confesemos, nos arrepintamos y vivamos conforme a su voluntad.

Un regalo que disfrutarás para siempre

¿Cómo no celebrar el nacimiento de Cristo?, sí con Él, Dios se identificó con nuestro sufrimiento, se compadeció de nosotros, murió y resucitó para darnos vida eterna a todos los que hemos creído en su Hijo Jesús.

Disfrutando el nacimiento de Jesús

El regalo de la paz, la salvación y la luz es el que encarna nuestro Señor Jesucristo, un regalo maravilloso que miles de personas han deseado a lo largo de la historia, que Simeón pudo tener en sus manos y que tu y yo también podemos tener creyendo en Cristo y en su obra de salvación.

El verdadero regalo

En Él se encarnó la esperanza, la gracia y el amor, conocimos por medio suyo a Dios, escuchamos las buenas noticias de Su misericordia, somos consolados y liberados de la esclavitud del pecado para vivir una vida abundante en el Espíritu, que le alabe y honre en todo tiempo, y hallamos su descanso, junto con la promesa de resurrección y de ser revestidos con un vestido incorruptible y glorioso.

Perdonado

Recordemos que no perdonar tiene un costo que se paga en nuestra relación con Dios, no en tu salvación, pero si en Su trato contigo, porque la falta de perdón pone un obstáculo entre Su gracia y tú.

Mendigando misericordia

Al igual que este hombre, todos estamos ciegos espiritualmente a la verdad de Dios, Su Palabra, y sin posibilidad de tener vida eterna; y el Señor es el Único que puede limpiarnos del pecado, restaurar nuestra vida espiritual, y sobre todo, salvarnos de la condenación.

Atónitos ante Su obra

Hoy Dios sigue haciendo grandes milagros también, y Su poder sigue asombrando a quienes han sido testigos de Sus maravillas. Gente se sana de cáncer, se salva de accidentes de tránsito, etc.; y todo lo hace “bien”.

Con fe sencilla y determinación

La fe de la mujer sirofenicia nos da un aliento de esperanza para todos nosotros que, sin ser judíos, ahora podemos alcanzar la misericordia de Dios por medio de la fe en Jesús. La hija de esta desesperada madre quedó inmediatamente restaurada, desde el mismo momento que el Señor lo mencionó (Mr. 7:30).