Inolvidable acontecimiento | VIDA CRISTIANA

Hechos 16.26, 29-31

Hechos 16:25-31

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. ENTONCES SOBREVINO DE REPENTE UN GRAN TERREMOTO, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, LES DIJO: SEÑORES, ¿QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO? ELLOS DIJERON: CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO, Y SERÁS SALVO, TÚ Y TU CASA.”

 

Los Movimientos Telúricos son movimientos de la tierra resultado de la liberación brusca de energía cuando chocan las placas tectónicas, o en general, cuando ocurre una reorganización brusca de materiales en la corteza terrestre. Estos eventos pueden crear grandes alteraciones sobre la superficie terráquea que afectan al terreno y todo lo que está sobre él, incluyendo al hombre. En forma general estos movimientos son sinónimo de tragedia.

En la Biblia existen varios ejemplos en los que representan el juicio de Dios (Números 16.28–34; 2 Samuel 22.8; Isaías 24.19–20); pero también hay otros que van acompañados con la obra misma de Jesucristo: Su muerte (Mateo 27:51), Su resurrección (Mateo 28:2), Su segunda venida (Zacarías 14:4-5). Para Pablo y Silas sería su liberación de la cárcel, pero para el carcelero de Filipos este inolvidable evento traería su salvación eterna (Hechos 16:25-32).

Mientras Pablo y Silas cantaban y oraban con fervor vino un “gran terremoto” que sacudió la cárcel. El carcelero, pensado que todos los prisioneros se habían escapado decide matarse, había una ley en ese tiempo que si alguien dejaba escapar a los prisioneros recibiría un horrendo castigo de muerte. Más Pablo, gritando a gran voz le pide que no se haga daño, que todos estaban ahí.

El tremendo horror por el terremoto y la idea de enfrentar la misma muerte, sea esta por el sismo o por el castigo que recibiría, le llevó a meditar sobre lo ligero de la vida y de la gravedad de la muerte. Tembloroso se pone a los pies de Pablo y Silas y les hace una angustiante pregunta: “¿qué debo hacer para ser salvo?”

La muerte nos puede llegar de muchas formas y en cualquier momento, y eso es inevitable. Lo que muchos de nosotros no pensamos, por descuido o temor, es en la muerte; y cuando la hemos visto de cerca es cuando realmente nos damos cuenta que no estamos preparados para ella. Ahí toda seguridad desaparece y la incertidumbre nos aterra. El carcelero quería saber que se necesitaba para ser salvo, había visto de cerca la muerte y eso lo asustó. Pablo le responde enfáticamente: “cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”.

Jesucristo vino a morir por nuestros pecados, Su obra en la Cruz y Su resurrección de los muertos nos puede brindar esa esperanza, pero para estar seguros que después de la muerte vayamos a la presencia de Dios debemos creer que no hay nada que nosotros podamos hacer y que nuestra sola fe en Jesús nos otorga el regalo de una vida eterna en la presencia de Dios (Efesios 2:8-9).

Usted no tiene que enfrentar un momento aterrador para recién pensar en la muerte, ésta nos llegará sea que pensemos en ella o no; pero lo que si podemos hacer es estar preparados para cuando esta llegue. Para estar tranquilo y seguro que después de la muerte veremos a Dios y no iremos al infierno (ESO ES SER SALVO) usted debe poner su fe absoluta en la obra salvadora de Cristo, pida que Él le salve. Recuerde que usted no puede hacer nada por sí mismo para ir al cielo porque su pecado lo está separando eternamente de Dios. Pida perdón por sus pecados y con fe haga una oración por su salvación.

 

«Señor Jesucristo, Tú moriste por mis pecados. Te pido perdón por pecar y me arrepiento de lo que he hecho. Te pido me salves de la condenación y me permitas entrar en Tu reino cuando muera. Hoy creo en Ti como mi Dios y mi Salvador».

 

Romanos 10:13

“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Una cosa es segura | VIDA CRISTIANA

Job 19.25

Job 19:25-27

YO SÉ QUE MI REDENTOR VIVE, Y al fin se levantará sobre el polvo;
Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios;
Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.”

 

Job estaba pasando por el momento más difícil de su vida: Sus pertenencias habían sido saqueadas por personas inescrupulosas que llevaron todo lo que poseía de sus negocios agrícolas (Job 1:13-17); sus diez hijos, 7 varones y 3 mujeres, habían muerto después de una horrenda tragedia que quitó la vida de todos ellos en un solo momento (Job 1:18, 19); su piel se había llenado de una sarna que le afectaba desde “la planta del pie hasta la coronilla” (Job 2:7, 8); y en vista de tanta desgracia su esposa se acerca, no para alentarlo, sino para desanimarlo a punto que le aconseja que sería mejor que muera (Job 2:9).

La vida de este fiel hombre de Dios había caído en un dilema que le llevó a preguntarse a sí mismo el “¿por qué?” todo esto acontecía. Sus mejores amigos cuestionaban su integridad ante Dios; su esposa le reclama del por qué mantiene esa integridad ante Dios. Todo era nublado, acompañado de dolor por la pérdida casi absoluta de todo lo que poseía, excepto su propia vida y su esposa. Los cuestionamientos propios y ajenos iban y venían buscando razones de tal desdicha.

Buscando en Dios la razón de tan penoso momento, se preguntaba si era pecado lo que había cometido, porque estaba seguro que no había de él nada malo (Job 10:2-7). Defendía su caso ante sus amigos declarando que nada había sido consecuencias de algún pecado (Job 13:18). Pero tanta pregunta y tanto argumento no encontraba respuesta a la causa de su situación.

Pero en medio de tan desesperante angustia una cosa era segura para Job: Había una confianza plena de que su caso estaba ante en el conocimiento y el poder de Dios (“Yo sé que mi Redentor vive…”).

Muchas veces nos podemos hallar sumergidos en el momento más crítico de nuestra vida, tales en los que parecería que nuestro panorama es desolador y sin esperanza. Talvez no hallemos la respuesta al porqué sucedieron las cosas, pero hay algo de lo que podemos saber con certeza, y es la esperanza de que Dios está plenamente enterado de lo sucedido y que es capaz de hacer de todo ello algo distinto.

La fe en Dios es lo que sostuvo a Job hasta el final, tanto que pude decir con confianza que vería con sus propios ojos a su Dios Redentor (Job 19:26, 27).

Recuerde que, aunque no haya nada más a su alrededor que pérdida y desolación, aún en medio de todo hay esperanza en aquellos que esperan y confían en Dios. Job, esperando hasta el final pudo decir: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).

Por más grande que sea su prueba o lo que haya perdido, podemos declarar con fe como Job, que al final veremos glorificarse a Dios en nuestras vidas, y es esa misma fe la que nos puede fortalecer en medio de la espera.

 

«Señor, confiando en Ti aún tenemos esperanza»

 

Salmos 31:24

“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.”

Velando sobre nosotros | VIDA CRISTIANA

Mateo 10.29-31

Mateo 10:29-31

“¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? CON TODO, NI UNO DE ELLOS CAE A TIERRA SIN VUESTRO PADRE. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, NO TEMÁIS; MÁS VALÉIS VOSOTROS que muchos pajarillos.”

 

Durante nuestra infancia de seguro existieron momentos cuando la presencia y supervisión de nuestros padres crearon en nosotros sensaciones buenas y malas. Cuando queríamos hacer algo malo anhelábamos que nadie nos viera para dar rienda suelta a nuestra travesura, pero cuando necesitábamos seguridad física y emocional siempre la presencia de ellos era lo único que consolaba nuestra alma.

Aun cuando crecemos seguimos con ese mismo comportamiento infantil que es generalmente afectado por el pecado para hacer lo malo y por la inseguridad cuando enfrentamos problemas o dificultades. En el pasaje de hoy Jesucristo nos menciona sobre esa segunda necesidad: La seguridad emocional.

Por más fuerte que se crea el hombre, todos de alguna manera llegamos a temer ante ciertas circunstancias en la vida. El temor de una enfermedad, la pérdida de trabajo, la ausencia de un ser querido, la falta de un techo en medio de una tormenta, la zozobra ante un accidente automovilístico, el sacudón de un temblor, la muerte, etc.; son tantas las circunstancias que pueden llegar a provocar en nosotros soledad, desconsuelo y falta de esperanza.

Jesucristo recordaba a sus discípulos que no importara en donde cada uno de ellos se vaya a encontrar, Dios el Padre estaría pendiente personalmente de la vida de cada uno específicamente. Utilizando una enseñanza bastante fácil de entender para los discípulos les dice que sus vidas no están al abandono ni a la incertidumbre, sino que Dios está completamente pendiente de todos.

Los “pajarillos” que Jesús menciona son los gorriones que eran casados para ser consumidos, y que eran vendidos en los mercados por “un cuarto”, medida que representaba una fracción de un denario. El Padre celestial no permite aún que ni siquiera uno de esos pequeños gorriones caiga sin Su consentimiento. Dios como Padre Soberano rige aún sobre las pequeñeces aparentemente insignificantes de la vida, mucho más las cosas importantes. Tan detallado y único es el conocimiento de Dios que sabe exactamente aún la cantidad de cabellos que tenemos cada uno de nosotros.

Su soberanía y poder no tienen límites, pero debemos entender que en Su providencia, sabiduría, y amor, Dios va a permitir que cosas de incertidumbre se presenten ante nosotros por motivos eternos que solo Él conoce.

Confiar de que Dios sabe todo detalle en mi vida y que cuando Él crea conveniente irá a socorrerme exactamente en Su tiempo será la clave para poder evitar tener temor. Jesucristo nos recuerda que no debemos temer ante las cosas que pasan en la vida porque nosotros valemos aún mucho más “que muchos pajarillos” (Mateo 10:31).

Como el niño que deposita su seguridad en la presencia de su padre, sabiendo que ese padre no va a permitir que su hijo enfrente algo desolador para el niño; nosotros debemos depositar nuestra confianza absoluta sabiendo que Dios no va a permitir algo más allá de lo que Él no crea conveniente, Su amor nunca lo permitiría. Dios sabe dónde usted está y lo que enfrenta, y aunque sea horrendo, confíe plenamente que Él está soberanamente velando por su vida.

 

«Padre, que confianza tan grande saber que Tú estás a mi lado a cada instante sabiendo exactamente lo que estoy pasando, nunca estaré solo»

 

1 Pedro 5:7

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque ÉL TIENE CUIDADO DE VOSOTROS.”

¿Qué bueno me puede dejar el dolor? | Un rayo de SABIDURÍA

Santiago 1.2, 5 a

Santiago 1:2-5

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y SI ALGUNO DE VOSOTROS TIENE FALTA DE SABIDURÍA, PÍDALA A DIOS, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”

 

El trauma es un choque emocional que produce una impresión negativa e intensa de larga duración que llega afectar la siquis de la persona. En la vida podemos enfrentar muchos momentos traumáticos que van a dejar huellas profundas en algunas de las personas. Pero en vez de permitir que queden secuelas negativas podemos aprovechar este dolor para obtener algo positivo.

Santiago nos dice que una “prueba” debe ser un momento de gozo cuando entendemos el propósito del suceso ocurrido. Para muchos, el dolor intenso presentado en el instante del impacto es tan fuerte que no le permite enfocarse en algo más que el dolor, limitando nuestra mente que se enfoca en el dolor en gran forma. Es ahí donde los beneficios de la prueba no son entendidas ni aprovechadas y se pueden transformar en algo negativo, en un trauma. Es por eso que Santiago nos dice que siempre será bueno pedir a Dios una comprensión amplia de la prueba para que podamos valorar en mejor forma este momento de intenso dolor en nuestras vidas (Santiago 1:5).

Las pruebas van a determinar nuestra fe. Cuando momentos difíciles pasan en nuestras vidas, lo primero que llegamos a cuestionar es la presencia de Dios y su amor. La fe debe ser probada para que crezca, no para que sea mermada (1 Pedro 1:6-7). Podemos llegar a alejarnos o acercarnos a Dios. Pero si entiende el amor de Dios, Él nunca permitirá algo tan difícil para que usted se aleje, al contrario, para acercarnos (Romanos 8:35-39).

Las pruebas nos ayudarán a crecer en paciencia (Santiago 1:3). La palabra “paciencia” en el pasaje significa permanecer bajo presión. Si usted ha pasado por momentos prolongados de dolor, ese proceso de sanación largo va forjando la paciencia porque usted permanece bajo una constante presión por un buen tiempo.

Las pruebas nos ayudan a ser más fuertes. Así como el ejercicio físico desarrolla al músculo, la prueba irá forjando fortaleza en nuestra vida; misma fortaleza que crecerá en nuestras debilidades, y entre más débiles seamos más fuertes podemos llegar a ser con el poder de Dios (Colosenses 1:11; 2 Corintios 12:9).

Las pruebas nos ayudan a empatizar con otros. Cuando pasamos por pruebas llegamos a ser consolados por Dios. Al ver a otros sufrir por un problema similar, como nosotros sabemos cómo ellos se sienten porque lo hemos experimentado, podemos ser utilizados por Dios para ayudarles a enfrentar el momento y juntos poder “cargar” el dolor (2 Corintios 1:3-4).

Las pruebas van a perfeccionar nuestro carácter. El constante deseo de Dios es llevarnos a crecer a la imagen de Cristo, y para que no haya debilidades de carácter nos prueba para que podamos ser “perfectos y cabales” (Santiago 1:4)

Las pruebas nos deben ayudar a revalorizar lo que enfrentamos. Si Dios va hacer algo mejor de nosotros, no podemos más que estar gozosos sabiendo que Dios nos está transformando, y por lo tanto podemos “gloriarnos en las tribulaciones” (Romanos 5:3).

Como vemos, las pruebas siempre serán beneficiosas, comprenderlas serán el pilar para el mejor aprovechamiento de ellas. Dios siempre utilizará los momentos difíciles para hacer algo bueno. Confiar en la sabiduría de Dios nos dará la perspectiva correcta para estar con gozo en medio de las pruebas.

 

«Señor, que pueda aprender debidamente de las pruebas»

 

Romanos 8:28

“Y sabemos que a los que aman a Dios, TODAS LAS COSAS NOS AYUDAN A BIEN, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

Desde pequeños | MATRIMONIO y HOGAR

Proverbios 22.6

Proverbios 22:6

INSTRUYE AL NIÑO en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

 

«¿A qué edad se debe empezar la educación moral de los hijos? —preguntaron a un sabio. Este contestó: “Veinte años antes de nacer por lo menos, educando a sus madres” — fue la pronta respuesta.»El Faro.

Esta respuesta del sabio nos expresa una premisa de la importancia que tendrá la educación que hayan recibido los padres para que éstos puedan educar a sus hijos en la medida en la que fueron ellos educados. Pero en la sociedad actual se ha llegado a un punto donde la correcta educación de los niños ha sido relegada para dar paso, a los que los especialistas llaman, una libertad de la manera como se educa a los niños. Con principios errados se busca dar libertad al hijo a que se auto eduque y desarrolle su “ser interior” para que pueda lograr, lo que llaman los actuales sociólogos y sicólogos, su “mayor potencial”.

Este principio, aparentemente provechoso, le quiere brindar espacio al intelecto del niño a desarrollarse en función de lo que él crea conveniente. El problema de este principio es que deja a un lado una realidad espiritual presente en cada niño, y es que cada ser que nace está afectado por una naturaleza pecaminosa que lo llevará a apartarse del bien para ir en pos de lo malo.

Por otro lado, los padres ven en este principio una posibilidad a la liberación de su responsabilidad que tienen de educar a sus hijos. Cada día se aprecia más en las sociedades modernas una irresponsabilidad de los padres de tomar en serio la educación y formación de los hijos, otorgando a los padres mayores libertades para que ellos puedan hacer “sin complicación” sus propias actividades, liberándoles de la tarea, obviamente difícil, de instruir al niño.

Interesantemente el versículo comienza con una palabra que más que parecería más un imperativo: “Instruye”. La palabra original hebrea tiene su significado como iniciarlo, disciplinarlo, adiestrarlo, dedicarlo. Es tarea de los padres de dedicar sus hijos a la educación, iniciarlos con la preparación para la vida, adiestrarlos para que puedan ellos después ser buenos padres, e instruirlos para que sigan el buen camino, el camino de Dios.

La palabra “niño”, en el contexto hebreo, incluye a un individuo desde su misma niñez hasta su juventud. D. Carro dice: “La formación buena es más fácil que la reformación que ha de venir con un joven mal formado.” Es mejor disciplinar a un hijo en su temprana edad, pues hay mayor esperanza a que aprenda debidamente (Proverbios 19:18). Entre más temprano inicie la educación a nuestros hijos, mayores probabilidades habrá de que ellos sean hombres de bien. Es más fácil trabajar con un hierro que se calienta a temprana edad, que quererlos forjarlos ya cuando su corazón está duro y frío por la rebeldía.

M. Henry expresa: “Todo lo bueno, en religión, ciencia y conocimientos prácticos que en la juventud se aprende, será una buena base para crecer mental y espiritualmente, de forma que no se aparte del buen camino cuando se haga mayor.” Es nuestra responsabilidad educar con amor y ahínco a nuestros hijos para que ellos aprendan de Dios y lo correcto para la vida, puesto que más habrá que les querrán enseñar lo malo.

 

«La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo»Paulo Freire.

 

Proverbios 29:17

“Corrige a tu hijo, y TE DARÁ DESCANSO, y DARÁ ALEGRÍA A TU ALMA.”

¿Sin condenación, por qué temer? | VIDA CRISTIANA

Romanos 8.1-2

Romanos 8:1-2

“Ahora, pues, NINGUNA CONDENACIÓN HAY PARA LOS QUE ESTÁN EN CRISTO JESÚS, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. PORQUE LA LEY DEL ESPÍRITU DE VIDA EN CRISTO JESÚS ME HA LIBRADO de la ley del pecado y de la muerte.”

 

Por años pasé preocupado por mi destino eterno, me preguntaba si llegaría al cielo después de la muerte. Es una pregunta que muchos nos podemos hacer pero que no todos tenemos la seguridad plena para decir a dónde iríamos después de esta vida presente.

Lo único cierto que tenemos es que todos tenemos que enfrentar la muerte, y como nos dice la Biblia, después de esto viene un juicio por parte de Dios: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” (Hebreos 9:27)

La palabra “condenación” es un término exclusivo que se usa en el campo judicial para expresar una sentencia, y que es opuesta a la justificación. Esta palabra no solamente expresa el veredicto, sino que demanda al mismo tiempo un pago o castigo: “Porque la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6:23).

Todos somos pecadores, y por tanto todos estamos condenados (Romanos 5:12, 18), pero el pasaje en Romanos 8:1 nos dice que NO HAY condenación para aquellos que “ESTÁN EN CRISTO JESÚS”. “Estar en Cristo” indica una posición, un nuevo estatus para el hombre. Nacemos “EN PECADO” y por tanto pecadores, eso nos hace culpables a todos y por tanto merecemos la condena, pero hay un cambio de lugar, y esta nueva posición es “EN CRISTO”.

Cristo en la Cruz murió llevando el pecado del hombre, eso implica que la posibilidad fue abierta a todos los hombres, pero “estar en Cristo” implica una unión en lugar, tiempo y estado. “Estar en Cristo” es entender y aceptar que Dios, por medio de Su Hijo, ha recibido el pago por el pecado, y una vez pagado ya no hay condenación. “Estar en Cristo” es estar justificado por medio la fe, es creer que por la muerte de Jesús ya no existe condenación. Para recibir la justificación debo creerla y declararla (Romanos 10:9).

En mi edad de adolecente yo llegué a entender que Cristo ya había muerto por mí, lo llegué a creer, lo que me faltaba era declararlo con convicción y esperanza. Pero desde el día que lo hice he sido justificado, y por lo tanto ya no soy condenado; porque no hay condenación para los que “ESTÁN EN CRISTO” ¿Usted, ya lo puede decir con confianza?

 

«Señor Jesucristo, muchas gracias por Tu muerte en la Cruz, ya que por mi fe en Tu obra de justificación he sido librado de la condenación»

 

Romanos 3:20-22 (NTV)

“Pues nadie llegará jamás a ser justo ante Dios por hacer lo que la ley manda. La ley sencillamente nos muestra lo pecadores que somos. Pero ahora, tal como se prometió tiempo atrás en los escritos de Moisés y de los profetas, Dios nos ha mostrado cómo podemos ser justos ante él sin cumplir con las exigencias de la ley. Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere.”

 

Similares pero distintas | VIDA CRISTIANA

Santiago 1.2, 5

Lucas 8:22-25

“Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban. Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?”

 

Mateo 14:22-33

En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.”

 

En cada momento que pasamos pruebas, las comparamos con momentos anteriores, y aunque algunas de ellas pueden parecer similares, o repetidas, la verdad es que en cada de una de ellas tiene diferencias que podrían ayudarnos a sacar conclusiones valiosas y únicas en cada una.

Estas dos historias muy conocidas, aunque parecidas, tienen significativas diferencias: En la primera era la primera vez que enfrentaron una tormenta, en ella Jesucristo estaba presente con ellos en la barca, y los discípulos creían que morirían a causa de la tormenta.

En la segunda historia era la segunda vez que habían enfrentado la tormenta, en ella Jesucristo no estaba con ellos, sino que se acerca caminando, aprendieron a no temer tanto por la tormenta, sino que tuvieron miedo al ver a Jesucristo caminar sobre el agua creyendo que era un fantasma.

Esto nos dice que habían crecido un poco en su fe y la manera como manejaron la tormenta; en la primera tormenta ven a Cristo calmar las aguas y se preguntaban Quién era este que aun el viento y las aguas le obedecían y en la segunda afirman categóricamente que Cristo es el Hijo de Dios. Pedro escuchó a Cristo llamarle a seguirle en medio de la tormenta, mientras que en la primera no hubo tal especial momento; etc.

Lo cierto es que a pesar a que eran parecidas historias, los resultados sacados del estudio de ellas nos muestran diferentes características. En nuestra vida cristiana es similar, cada lugar, cada momento, cada prueba, cada ministerio, aunque aparentemente similar nos dan un nuevo momento para aprender y crecer.

Santiago nos dice que las pruebas que enfrentamos siempre serán distintas, y que para poder comprenderlas mejor y enfrentarlas apropiadamente necesitamos sabiduría. Sabios seremos si aprendemos de cada detalle para saber qué es lo que Dios nos quiere enseñar.

 

«Dios, gracias por las pruebas que siempre son provechosas, ayúdame a sacar el mejor provecho de cada una de ellas»

 

Santiago 1:2, 5

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis EN DIVERSAS PRUEBAS, … Y SI alguno de vosotros TIENE FALTA DE SABIDURÍA, PÍDALA A DIOS, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”

Cámaras de seguridad | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 15.3

Proverbios 15:3

“Los ojos de Jehová están en todo lugar, MIRANDO A LOS MALOS Y A LOS BUENOS.”

 

Las cámaras de seguridad o sistema de video vigilancia es una tecnología que combina los beneficios analógicos del tradicional circuito cerrado de televisión con las redes de comunicación o internet que permite la supervisión local y/o remota a través de imágenes y audio. Este sistema ha sido incrementando dramáticamente en uso en las últimas dos décadas para facilitar la vigilancia y mejor control en empresas, fabricas, entidades públicas, hogares, etc.

Mucho antes de la misma creación de la cámara de video y los sistemas de vigilancia electrónica Dios ha venido cuidando y observando el comportamiento del ser humano. Los “ojos de Jehová” es una expresión antropomorfa que hace mención a la omnisciencia y omnipresencia de Dios. Nuestro Señor está en todo lado mirando a quienes hacen bien y también aquellos que hacen mal.

Cuando Dios llamó a Moisés para que vaya a Egipto a hablar con el pueblo de Israel y comunicarles que era tiempo para liberarlos de la opresión le dijo: “… BIEN HE VISTO LA AFLICCIÓN DE MI PUEBLO que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias.” (Éxodo 3:7).

Cuando Natán buscó a David para confrontar su pecado dijo en el Nombre de Dios: “¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, HACIENDO LO MALO DELANTE DE SUS OJOS? … PORQUE TÚ LO HICISTE EN SECRETO; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.” (2 Samuel 12:9, 12)

Si usted está enfrentando una prueba, Dios sabe dónde está, sabe su sufrimiento, sabe qué o quién está provocando este momento tan difícil. Si es usted quien está causando el problema sabe muy bien lo que está haciendo, aunque usted crea que nadie lo sabe. Además, Dios sabe las tentaciones que usted está enfrentando y sabe también si ha salido victorioso o no de ello; “los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos”.

Este principio nos ayudará a vivir sabiamente. No importa donde estemos y lo que estemos enfrentando, nuestro Señor va a evaluarnos para ver si hacemos bien o mal. Si está enfrentando alguna tribulación, no olvide que el Señor le ayudará a salir de ello; si está enfrentando alguna tentación el Señor también le ayudará a no caer; no importa lo que tengamos al frente, podemos siempre hacer el bien con la ayuda de Dios.

 

«Señor, donde quiera que vaya Tú estás conmigo, ayúdame a agradarte en todo momento y lugar»

 

Salmo 139:7-12

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y A DÓNDE HUIRÉ DE TU PRESENCIA? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.”