Detrás de los árboles | MATRIMONIO Y HOGAR

Génesis 18.17-19

Génesis 18:17-19

“Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? PORQUE YO SÉ QUE MANDARÁ A SUS HIJOS Y A SU CASA DESPUÉS DE SÍ, que guarden el camino de Jehová, HACIENDO JUSTICIA Y JUICIO, PARA QUE HAGA VENIR JEHOVÁ SOBRE ABRAHAM LO QUE HA HABLADO ACERCA DE ÉL.

 

En una de las películas de la saga de «El Señor de los Anillos», el grupo de aventureros caminan por una extensa planicie de pastos recorriéndola por varios kilómetros. En un momento inesperado se encontraron ante un vasto grupo de árboles, los mismos que solamente permitían ver sus ramas, y que escondían detrás de ellos el real tamaño y densidad del gran bosque que tendrían que recorrer adelante.

En ese momento, para quienes contemplamos la película, los creadores de la misma nos permiten ver a los espectadores la real dimensión de dicho bosque al levantar la toma de la escena hasta cierta altura en el cielo, y desde ahí se pudo ver la magnitud de la travesía que esos aventureros tenían por recorrer.

En nuestra vida, la perspectiva del futuro tiene una similitud con dicho bosque. Como seres privados del conocimiento de las certidumbres del mañana solo podemos ver lo que tenemos en el presente, en el hoy; pero poco de lo que será mañana, menos de lo que nos espera en la siguiente semana.

Cuando Abraham escucha por parte de Dios nuevamente el deseo de otorgarle una familia (Génesis 18:9, 10), su conocimiento de todo lo que vendría en el «mañana» era incierto, veía un poco de los «árboles» que tenía adelante. El primer día que Dios le ofreció a su amigo la promesa de una descendencia, le lleva a contemplar las estrellas, y le dice que como tal sería el número de hijos (Génesis 15:1-5), e igual seguía siendo poco claro para este viejo hombre. Cuando Dios decide comunicarle a Abraham todo lo que haría en Sodoma y Gomorra, sabía quién era Abraham y todo lo que éste haría para educar a su familia (Génesis 18:17-19). Abraham veía al “bosque” desde la planicie, Dios desde los cielos. Lo maravilloso de la obra de Dios es que Él mira el futuro y todas las posibilidades, aunque nosotros solamente podemos ver máximo hasta el día de mañana.

En la vida familiar, Dios nos ha puesto en un ente orgánico que crece y se reproduce, somos un grupo de individuos que crecemos y nos multiplicamos y seguimos extendiéndonos a medida que formamos nuevas familias e iniciamos nuevamente el proceso.

Dios no miraba a Abraham como un solo individuo en este pasaje, el Señor miraba a su amigo como una familia, y no de un solo hijo, Isaac, sino como las estrellas del cielo.

El Señor mira a su familia mi querido lector de la misma forma, no lo ve a usted únicamente como un individuo, sino que mira toda la familia que está delante en su vida. Lo maravilloso del plan de Dios para Abraham era todo lo que el Señor haría para bendecir la tierra, y de la misma manera Él puede ver todo lo que podría hacer con la suya.

El ejemplo de Abraham nos deja una preciosa enseñanza de bendición continúa a través de nuestra familia a las siguientes generaciones. Pero en el caso de Abraham también vemos que Dios mira a su amigo con el potencial de buen padre de familia, quien «mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová» (v. 18). Dios traería todas las bendiciones prometidas a la descendencia de Abraham en función de esa característica de ‘buen padre’ de su siervo y amigo (v. 19).

¿Cómo ve Dios a su vida en función de su obediencia? ¿Cómo cree usted que puede ser canal de bendición a su familia inmediata y continúa? ¿Cómo puede usted participar en su familia para que los suyos puedan buscar a Dios? ¿Cómo Dios puede utilizarle a usted para transformar la vida de su familia por generaciones?

Usted talvez vea su vida como un grupo de “árboles”, Dios está mirando el “bosque” completo. El Señor tiene planes fantásticos para usted y su familia. ¿Está dispuesto a ser usado por Dios y a conocer Su voluntad?

 

«Señor, en tus manos pongo mi vida para ser de bendición a mi familia»

 

Génesis 15:1

“Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.”

¡Ahora es cuando! | VIDA CRISTIANA

2 Pedro 3.9

2 Pedro 3:7-10

“Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, SINO QUE ES PACIENTE PARA CON NOSOTROS, NO QUERIENDO QUE NINGUNO PEREZCA, SINO QUE TODOS PROCEDAN AL ARREPENTIMIENTO. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”

 

El 16 de abril del 2016 fue un momento que quedará marcado en la mente y el corazón del pueblo ecuatoriano, un temblor de 7,8 grados en la escala de Richter impactó las costas de Ecuador dejando una zona de devastación en varias provincias afectando tremendamente al país. El sismo dejó un saldo de fallecidos que llegó a más de 700 personas, sobre las 16.000 personas heridas, y decenas de miles de damnificados. Asimismo, hay cerca de 7.000 inmuebles destruidos y otros miles afectados.

El dolor, el desconsuelo, la incertidumbre, el miedo y el trauma dejado por tan fatídico evento es incalculable. La vida en sí de todo un pueblo ha sido afectada a causa del siniestro. Para muchos, la muerte estuvo rondando sus vidas; para otros la muerte arrebató la vida de sus seres queridos o conocidos; para el país, el dolor de tanta pérdida humana ha dejado una huella muy profunda en el corazón de sus habitantes.

Lo cierto es que la muerte nos llega a todos, de una u otra forma. Una enfermedad, un accidente, un desastre natural, con la edad, etc. Para aquellos que viven en zonas con altos riesgos de incidencias de desastres naturales este riesgo crece, pero la Biblia nos dice que un día toda la tierra será afectada por desastres naturales que irán creciendo en intensidad y frecuencia hasta antes de la Segunda Venida de Cristo (Mateo 24:7). Nadie puede predecir con exactitud cuándo y en dónde un nuevo desastre afectará alguna zona. Para ello no podemos estar plenamente preparados, pero para enfrentar la muerte si lo podemos hacer.

Jesucristo vendrá en cualquier momento, su Segunda Venida es un evento que ha sido más profetizada que la Primera. Tampoco nadie puede saber cuándo Él venga, pues como dice Pedro, será sin que nadie lo sepa, “como ladrón en la noche” (v. 10). La Segunda Venida está demorada por un solo factor: La paciencia del Señor. El deseo de Dios es que todos “procedan al arrepentimiento”. Dios está ofreciendo un poco tiempo más a las personas que aún no han aceptado a Cristo como su Salvador, el anhelo del Señor es que nadie “perezca” (v. 9).

Es nuestro tiempo de entrar a cuentas con Dios. Él quiere que todos nos acerquemos a encontrar el perdón por nuestros pecados (Isaías 1:18), que arrepentidos hallemos misericordia y con fe reconozcamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador (Romanos 10:9, 10 y 13). Dios desea darle vida eterna a todo aquel que pone su esperanza en su Hijo Jesucristo, pero el que rechaza este ofrecimiento “no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

La muerte le puede llegar de una manera u otra, la Segunda Venida de Cristo puede ser en cualquier momento, el juicio de Dios llegará a todos, sin excepción. El mejor momento para que usted pueda estar seguro que no enfrentará el juicio condenatorio es hoy. ¿Cómo? Arrepentido de sus pecados, pida perdón, mire a Cristo y confiese con fe que Él es su único y suficiente Salvador. ¡Ahora es cuando!

 

«Señor Jesucristo, gracias por morir por mí en la Cruz por mis pecados, te pido perdón y me arrepiento de todo el mal que he hecho, hoy te confieso como mí suficiente Salvador. Amén»

 

2 Corintios 6:2

“Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”

Diligente para amar | VIDA CRISTIANA

Josué 23.11

Josué 23:11-13

GUARDAD, pues, CON DILIGENCIA VUESTRAS ALMAS, PARA QUE AMÉIS A JEHOVÁ vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.”

 

Al fin la Tierra Prometida estaba ahí para ellos. Después de años de espera la promesa se estaba cumpliendo. Bajo el mando de Josué cruzaron el Jordán y tomaron paso a paso las áreas que habían sido prometidas. En medio de la alegría, Josué se pone al frente para dar un discurso de despedida que ayudaría al pueblo a recordar quienes eran, quien es Dios, y como deberían vivir en función de esa relación.

Les pide que recuerden todo lo que Dios había hecho en su favor (v. 3-5), les exhorta a seguir a Dios (v. 6-8), y les pide que vivan una vida santa de acuerdo a la voluntad de Dios (v. 6). Para ello les explica que Dios espera que cada uno de ellos viva con diligencia velando por su santidad (v. 11). Habían sido separados para un propósito santo de Dios, y que no deberían olvidar que ese propósito demandaba separación de su mundo alrededor. Tenían que vivir separados de costumbres, idolatrías, e incluso relaciones matrimoniales que les llevarían a alejarse de Dios. Les pide que con diligencia velen por sus almas para que amen solamente al Señor.

Este llamado de santidad o separación del mundo sigue vigente para el creyente de hoy. La palabra santo significa llamados afuera. Hemos sido salvados por gracia por medio de la fe en Jesucristo (Efesios 2:8), y aunque la salvación no se pierde, la santidad si es demandada en función de nuestra relación diaria con nuestro Señor. Además, la separación de nuestra vida pasada y de la corriente del mundo nos ayudará a madurar espiritualmente, a ser luz y sal, y a glorificar Su Nombre.

Lamentablemente muchos de los creyentes tienen grandes problemas en dejar atrás la vida pasada. Las relaciones con no creyentes los detienen en su crecimiento espiritual, y por falta de esa madurez no llegan a ser la luz para aquellos que viven en la oscuridad. Por último, a causa de un testimonio no apropiado, el nombre de Dios es blasfemado (Romanos 2:24).

Al igual que el pueblo de Israel, tenemos un llamado a guardar nuestras almas con diligencia. Debemos mirar sinceramente ante la presencia del Único que puede evaluar nuestra alma y determinar si realmente nos hemos alejado del mundo o seguimos amándolo. Santiago nos recuerda que una amistad con el mundo es enemistad contra Dios (Santiago 4:4).

Busquemos diligentemente crecer en santidad, avancemos a nuestra santificación y madurez, llevemos el Nombre de nuestro Salvador en alto y seamos luz a un mundo que necesita ver en nosotros el reflejo de la verdad del evangelio de Cristo.

 

«Señor, nuestro deber es ser santos como Tú lo eres, ayúdame a crecer en santidad»

 

1 Pedro 1:15-16

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”

Grande, pero en justicia | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 14.34

Proverbios 14:34

LA JUSTICIA ENGRANDECE a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones.”

 

«Hemos apostado todo el futuro de la civilización estadounidense no en el poder del gobierno, lejos de eso. Hemos apostado el futuro de todas nuestras instituciones políticas en la capacidad de cada uno y todos nosotros de gobernarnos nosotros mismos de acuerdo a los Diez Mandamientos de Dios.»Presidente James Madison.

Uno de los países más influyentes de los últimos dos siglos ha sido la nación de Estados Unidos. El país ha llegado a crecer tanto en poder económico, como en influencia política mundial, desde finales del siglo XIX. Especialmente su influencia realmente se ha marcado a partir de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Pero lo que ha hecho grande de este país no ha sido su extensión territorial, ni menos su poder económico; lo que realmente ha hecho de este país una gran nación ha sido la presencia de Dios en la vida del ciudadano común que a lo largo de los años han permanecido fieles al Señor.

Desde el inicio de la vida de la república, los padres de Estados Unidos fundaron las bases del país en función de Dios y Su Santa Palabra. El himno nacional tiene en su última estrofa la frase: “In God is our Trust” (En Dios está nuestra Confianza), mismi himno que fue escrito por Francis Scott Key en 1814. Posteriormente, en 1956, una frase similar: “In God We Trust” (En Dios Confiamos) fue tomada como lema oficial de la nación por parte del Congreso, mismo lema que se impregna en la moneda estadounidense.

En el Antiguo Testamento existió también una gran nación que gobernó con justicia en el Medio Oriente, la Nación de Israel. Bajo el mandato del Rey David llegó a ser una nación fuerte, y luego con el Rey Salomón llegó a extender sus territorios a su mayor capacidad, entonces posible. Pero una serie de desaciertos, sobre todo la impiedad del Rey Salomón y de sus hijos llevaron a la división y desaparición territorial de la misma por siglos. Solo en 1948, por influencia de las Naciones Unidas, llegó a recuperar parte de su territorio.

Es obvio que Estados Unidos, al igual que Israel, han llegado a tener gran poder; pero esa grandeza viene como producto de la JUSTICIA.

Nuestras vidas son igualmente bendecidas a causa de nuestra piedad. El poner a Dios en primer lugar, honrando Su Palabra, viviendo una vida justa ante Sus ojos, y caminando en Su voluntad hallaremos Sus bendiciones.

El hombre comúnmente considera a las posesiones como parte de la grandeza, pero esa “grandeza” es relativa. Y aunque dicha riqueza puede si ser parte de la grandeza de una persona o una nación, la verdadera grandeza está en vivir una vida justa. Es Dios quien exalta o humilla, es Dios quien levanta o derrumba, es Dios quien bendice o no una vida.

¿Quiere grandeza en su vida? Tema a Dios, viva piadosamente, siga a Su Palabra y ahí su grandeza vendrá, no necesariamente en posesiones, pero en una vida agradable al Señor, y será Él quien la bendiga grandemente.

 

«Dios, mi grandeza estará en mi justicia, y es en ella dónde te quiero agradar»

 

Salmos 75:10

“Quebrantaré todo el poderío de los pecadores, pero el poder del justo será exaltado.”

Con todos y por todos | MATRIMONIO y HOGAR

Nehemías 4.14

Nehemías 4:13-15

“Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, PUSE AL PUEBLO POR FAMILIAS, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos. Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; ACORDAOS DEL SEÑOR, grande y temible, Y PELEAD POR VUESTROS HERMANOS, POR VUESTROS HIJOS Y POR VUESTRAS HIJAS, POR VUESTRAS MUJERES Y POR VUESTRAS CASAS. Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea.”

 

Nehemías estaba por enfrentar un eminente y terrible ataque de parte de sus enemigos. Ellos habían visto al pueblo de Jerusalén trabajar con esfuerzo para levantar los muros caídos de la ciudad, pero no deseaban ver a una ciudad fuerte y segura, querían mantenerla sin defensas y vulnerable.

Nehemías toma una decisión que demandaría esfuerzo constante hasta que los muros estén reparados. No habría descanso ni fin de semana libre, tendrían que trabajar fuertemente. Para ello elaboró un plan, la mitad del grupo trabajaría en la obra, mientras que la otra mitad haría guardia hasta que todo esté concluido. Se trabajaría de día y de noche, por turnos, por familias. Para llevar a cabo esta obra existía una razón motivadora y un recurso poderoso. La razón eran pelear por los hermanos, los por hijos, las esposas, por el hogar (Nehemías 4:14). El recurso poderoso estaba en la oración constante y su fe en Dios (Nehemías 4:4, 9 y 14). Trabajarían todos juntos y en favor de todos.

La unidad y el esfuerzo conjunto es lo que llevó a concluir la tarea emprendida por el pueblo, y son estos mismos principios los que llevará a la familia a ser emocional y espiritualmente fuerte.

Las familias han sido visto afectadas a lo largo de la historia por conflictos de toda índole. Estas debilidades hacen que la familia esté expuesta a los problemas que merman la armonía, el amor y el apoyo conjunto. Una familia débil no podrá enfrentar adecuadamente las dificultades y puede llegar a ser fácilmente destruida, ya sea esto por problemas espirituales, emocionales o materiales.

Es necesario tener una familia fuerte que enfrente los embates de la vida, para ese objetivo se debe trabajar juntos para identificar y reparar las áreas débiles que se tiene.

Nehemías inició mirando los problemas que tenía el muro, desarrolló un plan y lo llevó adelante; cuando enfrentó problemas hizo un llamado a buscar a Dios y a trabajar juntos para cuidar de sus familias y hogares, y así no permitir que los enemigos detengan la reconstrucción del muro, y por ende, la seguridad de las familias.

Velemos por la seguridad y bienestar espiritual, emocional y material en el hogar. Los padres, hijos, hermanos, esposos, etc.; estamos llamados a trabajar juntamente. Pidamos ayuda a Dios para que nos permita ver nuestras debilidades familiares y trabajemos juntos para levantar “los muros” que traerán paz y estabilidad a nuestra casa. ¿Se unirá en esta obra para trabajar por amor a los suyos? Funcionará si estamos todos y trabajamos por todos.

 

«Señor mi familia necesita de mí y yo necesito de ellos; ayúdanos a ser una familia espiritual y emocionalmente fuerte»

 

Proverbios 24:3

“Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará.”

Orando y recibiendo | VIDA CRISTIANA

1 Juan 5.14-15

1 Juan 5:14, 15

“Y esta es la confianza que tenemos en él, que SI PEDIMOS alguna cosa CONFORME A SU VOLUNTAD, ÉL NOS OYE. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que TENEMOS LAS PETICIONES QUE LE HAYAMOS HECHO.”

 

Un día estaba recordando a un grupo de amigos que no veo frecuentemente, pero que los recuerdo con mucho cariño. Mientras pensaba en ellos vino a mi mente su necesidad de escuchar del evangelio y cuan necesario era que alguien pudiera hablar con ellos de Cristo. En ese mismo instante le pedía Dios que obrara en ellos, pedía para que el Señor pudiera enviar a alguien a sus vidas que pueda presentarles el plan de salvación para que ellos abrieran su corazón a Cristo.

Mientras oraba, vino a mi corazón un sentimiento de paz, de alguna manera entendía que Dios había escuchado mi oración y que obraría en favor de la petición.

Lo sorprendente fue la oportunidad que Dios puso días después en mi vida. De forma inesperada pude comunicarme con uno de ellos. Después del saludo de rutina y las preguntas mutuas de bienestar de cada uno se dio la oportunidad de hablar del Señor. Fue el momento cuando Dios obró y después de una muy interesante conversación aceptó a Cristo como su Salvador. “¡Gloria a Dios por su vida!” dije en mi corazón.

Después de terminada la conversación, volví a orar por la persona que recibió a Cristo, fue ahí cuando vino a mi mente el pasaje de 1 Juan 5:14-15, pude entender de mano propia el significado: “Si pido algo que sea la voluntad de Dios, Él obrará”.

Pedir conforme a Su voluntad es la clave a la respuesta de Dios. Muchas de nuestras peticiones no son hechas de acuerdo a Su voluntad, son egocentristas o pecaminosas. Santiago nos dice que no recibiremos las peticiones que están mal hechas, porque son peticiones para nuestros “deleites” (Santiago 4:3).

Otras peticiones no serán respondidas favorablemente porque no están dentro del plan de Dios para nosotros. Pablo pedía a Dios que le ayudara con una aflicción (un “aguijón en su carne”), y la respuesta de Dios fue que debía aprender a vivir con ella, que no le sanaría (2 Corintios 12:7-9).

Habrá momentos en los que nuestras peticiones parecerían que no son escuchadas por que no son respondidas inmediatamente. Job pedía a Dios que le explicara la razón de su prueba, pero Dios demoró en contestarle, el Señor quería moldear a Job en medio de la espera a la respuesta a pesar de la necesidad de una solución.

Dios siempre responderá nuestras oraciones favorablemente cuando estén de acuerdo a Su voluntad. La oración mueve el poder de Dios, pero solo si esa petición va a bendecir nuestra vida. Una vez que tengamos la respuesta favorable de Su parte, recordemos que lo que nos llega es una respuesta buena y perfecta, pues viene del “Padre de las luces”.

 

«Gracias Señor por ‘oír’ nuestras peticiones»

 

Santiago 1:17

TODA BUENA DÁDIVA Y TODO DON PERFECTO desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Una condicionante absoluta | VIDA CRISTIANA

Juan 3.3

Juan 3:3-5

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que EL QUE NO NACIERE DE NUEVO, NO PUEDE VER EL REINO DE DIOS. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que EL QUE NO NACIERE DE AGUA Y DEL ESPÍRITU, NO PUEDE ENTRAR en el reino de Dios.”

 

En octubre del 2009 se dio un hecho sin precedente en el sistema de seguridad de los Estados Unidos. Michaele y Tareq Salahi consiguieron entrar a la cena que el presidente Barack Obama organizó para el primer ministro indio, Manmohan Singh. Esta pareja de una manera muy ingeniosa logró burlar los sistemas de seguridad y se infiltraron tan bien en el evento que inclusive llegaron a tomarse una foto con el vicepresidente Joe Biden, misma que la publicaron en las redes sociales. Este curioso, pero riesgoso evento, dejó de manifiesto debilidades en el sistema de seguridad de uno de los países más resguardados del planeta.

Aunque las seguridades puedan ser burladas en la tierra, hay un “sistema de seguridad” que de seguro no será burlado, la entrada el Reino de Dios.

El deseo de muchos es el poder ir al cielo después de la muerte, anhelamos estar presentes en la presencia de Dios. Muchos hacen sus mejores esfuerzos para asegurarse esa entrada tan deseada, y así evitar pagar la condena en el infierno.

Habrá quienes dirán que sus posibilidades para ir al cielo están en las cosas que hacen para agradar a Dios, como: Ir a la iglesia, ayudar al prójimo, leer la Biblia, ser bautizados, pertenecer a cierta religión o denominación, etc. Otros dirán que sus posibilidades de ir al ciento están en su creencia de la existencia de Dios; otros dirán que no son personas malas, pues no hacen daño a nadie. Todas estas respuestas aparentemente justificables no le aseguran a nadie la posibilidad de ir al cielo.

Jesucristo lo dijo muy claro: “… el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

No importa cuán buena persona se crea usted, no importa que tan religiosos seamos, no importa cuán bondadosos seamos con el prójimo, la verdad es que nadie puede ir al cielo por sus propios méritos, porque nuestro pecado ya nos destituyó eternamente del Reino de Dios (Romanos 3:23). Nacemos en estado pecaminoso y desde que nacimos hemos pecado, no hay nada que podamos hacer para evitar esto. Esta condición pecaminosa es una condición de muerte espiritual (Efesios 2:1-2; Romanos 5:12).

Para ir al cielo Jesucristo le dijo a Nicodemo que debe nacer de nuevo. No es un nacimiento físico, sino espiritual. Juan 1:12 y 13 nos dice que las personas que llegan a CREER y RECIBIR a Jesucristo como su salvador personal tienen la DERECHO de ser hechos hijos de Dios. Efesios 2:4-9 nos enseña que Dios en Su misericordia y por medio de Su gracia nos hace nacer de nuevo por la FE en Jesucristo. Es el Espíritu Santo quien en el momento que recibimos por Fe a Jesucristo como nuestro Salvador nos REGENERA a una condición hasta entonces no presente en nosotros, la naturaleza espiritual, necesaria para ir al cielo (Tito 3:5). Es obvio entonces que sin dicho nuevo nacimiento, nadie puede ver el Reino de Dios.

Jesucristo murió por nuestros pecados, para que por la fe en Su obra redentora nosotros podamos ser perdonados, pero es nuestra fe en Cristo lo que nos permite hacer nacer de nuevo. Sus buenas obras son buenas, pero nunca suficientes para que sea regenerado espiritualmente. Entonces vale aquí la pregunta: ¿Y usted, ya ha nacido de Nuevo?

«Gracias Señor Jesucristo, porque solo por mi fe en Ti y en Tu obra redentora me da el privilegio de nacer de nuevo»

 

Efesios 2:4-6

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun ESTANDO NOSOTROS MUERTOS EN PECADOS, NOS DIO VIDA JUNTAMENTE CON CRISTO (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.”

Comprendiendo el “por qué” | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 16.20

Proverbios 16:20

EL ENTENDIDO EN LA PALABRA HALLARÁ EL BIEN, y el que confía en Jehová es bienaventurado.”

 

Aunque a veces resulta un poco inquietante, los niños son individuos que en su etapa de crecimiento y exploración viven repitiendo la aparente eterna pregunta del: ‘¿y por qué?’

Para nosotros los adultos esta pregunta parecería que no termina de ser pronunciada, para un adulto esas preguntas parecerían innecesarias porque no son cuestionamientos relevantes o creemos que su respuesta es obvia. Pero debemos recordar que para el niño que va creciendo y aprendiendo, muchas de las cosas no son obvias, al contrario, son completamente desconocidas; y es por eso que desean llegar a ‘entender’ el ‘por qué’ de todo lo que sucede en la vida. A medida que crece el niño va dejando mucho esa etapa de razonamiento porque ya va comprendiendo mejor la vida.

En nuestra vida espiritual de creyente es necesaria también esa curiosidad. Debemos llegar a comprender mejor a Dios y a Su voluntad. La palabra hebrea ‘entendido’ (sakal: שָׂכַל – H7919), puede ser traducida como ser prudente o sabio, prestar atención, ponderar o prosperar; pero su significado fundamental parece ser, según Vine, el mirar o prestar atención. Isaías nos dice que el deseo de Dios es que todo hombre ‘vea y conozca, advierta y entienda’ Su obra (Isaías 41:20).

El propósito de llegar a ser entendido en la palabra tiene la idea de comprender a Dios, Su manera de obrar, y Su voluntad; para que así actuemos sabiendo las razones eternas de todo lo que se haga.

Nuestra fe no debe ser puesta ahí como un acto sin fundamento, no podemos decir que creemos por creer, sino que debe haber una base que la cimiente; es por ello que Dios se ha manifestado desde la misma creación para que podamos comprender Su poder creador y Su sabiduría (Romanos 1:19, 20); Su manifestación a través de la Persona de Jesucristo tuvo el propósito de que lo lleguemos a conocer más íntimamente Quien es Él (Juan 1:14, 18; 14:7-11); Su manifestación a través de Su Palabra nos ayuda a comprender más ampliamente Su obra y Sus propósitos, para que entendiendo el ‘por qué’, vivamos y actuemos en base a un entendimiento apropiado, una fe fundamentada.

Si podemos aprender de los niños, deberíamos nosotros también vivir ampliando nuestra comprensión de Dios y de Su Palabra para que ese entendimiento nos dé una perspectiva divina de su voluntad. La obediencia tendría sentido cuando comprendamos el ‘por qué’ Dios espera que actuemos en cierta dirección. La fe tendría una base más profunda cuando comprendamos a Dios de una manera más amplia. Nuestra vida tendría una transformación radical cuando entendamos a Dios y a Su Palabra. Si somos ‘entendidos’ de seguro que siempre ‘hallaremos el bien’.

Dios ha dejado Su Palabra para que lleguemos a ser entendidos (2 Timoteo 3:16, 17). Tenemos al Espíritu Santo que nos ayudará a conocer y comprender Su Palabra (Juan 14:26, 16:13). Y Dios ha puesto en nuestras vidas a pastores y maestros en la iglesia para ayudarnos en este proceso de aprendizaje (Efesios 4:11-14). Conozca a Dios a través de Su Palabra, entienda las razones de Su voluntad, y hallará el bien.

 

«Señor, gracias por tu Palabra, a través de ella puedo entender mejor Quien eres y el ‘por qué’ de tu santa voluntad»

 

Proverbios 16:22

Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee…”