Cómo la liebre y cómo la tortuga | VIDA CRISTIANA

2 Timoteo 2.5

2 Timoteo 2:5

Y TAMBIÉN EL QUE LUCHA COMO ATLETA, no es coronado si no lucha legítimamente.”

Cuando era niño me encantaba leer las Fábulas de Esopo, un escritor griego de historias que siempre daba una enseñanza muy útil en cada una de ellas. Leyendo un día encontré esta versión “añadida” de la historia de la liebre y la tortuga:

          “Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible. «Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.» …

          BONUS: Pero la historia no termina aquí: la liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca le hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente. «Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.»”

La historia original solamente termina en la primera parte, y aunque en donde leí esta “nueva versión” tenía un par de añadiduras más, me puse a considerar estás dos porciones y pude ver unas conclusiones dignas para reflexionar.

La vida cristiana es obviamente una carrera, todos los discípulos debemos participar en ella, pues es nuestro llamado. Durante esta carrera algunos podemos parecernos un poco a la liebre y otros a la tortuga en ambas historias.

Algunos corremos tan bien al inicio como la liebre, y de repente nos distraemos en el mundo, nos alejamos del camino y terminamos con nuestras vidas en aparente derrota espiritual, y lo único que nos queda al final es la salvación. Otros corremos como la tortuga, tan lentamente que parecería que no avanzamos mucho cada año. Nuestro crecimiento es tan lento que parece imperceptible.

La Biblia nos habla que en nuestra vida de “atleta” podemos estar corriendo con el “peso” de nuestro carácter que afecta nuestro crecimiento hacia la madurez, y tenemos en nuestras vidas pecados que constantemente están interrumpiendo nuestras vidas. El autor de Hebreos nos motiva a desecharnos de estas “cargas” para correr con libertad (Hebreos 12:1).

También la Biblia nos exhorta a correr con tenacidad, dispuestos a dar todo de sí como que realmente deseamos ganar la carrera, y para ello debemos disciplinar nuestras vidas con la piedad. Nuestra meta es llegar al final para recibir nuestras “coronas” compitiendo debidamente (1 Corintios 9:24-27).

Podemos ser como la tortuga corriendo lentamente o como la liebre que se detiene y pierde. Pero mejor corramos con la constancia de la tortuga y la tenacidad y velocidad de la liebre.

Pablo le dijo a Timoteo que, si deseaba ser coronado, debía correr “legítimamente” (2 Timoteo 2:5).

1 Corintios 9:26-27

ASÍ QUE, YO DE ESTA MANERA CORRO, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”

Enrolado para «morir» | VIDA CRISTIANA

2 Timoteo 2.3

2 Timoteo 2:1-4

, PUES, hijo mío, ESFUÉRZATE EN LA GRACIA que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. , PUES, SUFRE PENALIDADES como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.”

¿Alguna vez ha firmado un compromiso hasta la muerte? Las personas que se enrolan en la milicia, ciertamente lo hacen. Estas personas están completamente seguras que sus vidas están en un compromiso de vida o muerte cuando se registran para servir fielmente al país al cual desean defender.

Cuando llegan a la batalla, estas valientes personas, saben que sus vidas, la de los suyos, las de sus compañeros de filas, y el destino del país al cuál defienden, dependen del valor que ellos están entregando en el campo. En medio de una guerra, no hay tregua confiable, no hay reposo prolongado, no hay compromisos a medias. Lo único que cuenta es su esfuerzo dado con el último aliento. Ellos no saben cuándo terminará la guerra, pero saben que su esfuerzo puede hacer la diferencia. Lo dan todo, son determinados, son valientes, saben que ellos se han registrado para dar hasta su propia vida.

Cómo creyentes, esta realidad es similar. Desde que nos enrolamos como creyentes, nos registramos para morir a este mundo y para defender la “Causa de Cristo”. Ya no somos más parte de este mundo, al contrario, somos enemigos del diablo y su mundo. Es por ello que la batalla es muy seria, y en la cual no podemos descuidarnos o bajar la guardia.

También es cierto que la misma batalla tiene una serie de campos que debemos enfrentar: Enfermedades, pruebas, tentaciones, persecuciones, limitaciones, en fin; una serie de factores que nos pueden llevar a sentirnos rendirnos o cansados, queremos desertar y no continuar.

Pablo, cuando le escribe a su joven soldado Timoteo, como si fuera el sargento del batallón, le dice desde la prisión: «Hijo mío, yo estoy aquí en prisión por la misma causa por la que tú batallas desde las trincheras, la causa de Cristo. No te desalientes, sigue adelante, mira que a pesar de que yo he sido capturado, desde mis prisiones sigo haciendo todo lo que está a mi alcance para que esta batalla no sea ganada por nuestro enemigo, el maligno. Por eso te pido que te “ESFUERCES” en la gracia de nuestro Comandante en Jefe. Él está junto a ti y te va ayudar a seguir adelante. ¡No desmayes! Tú, mi querido hijo, si te es necesario sufrir dolor y desvelo, “SUFRE” y no temas, como buen soldado estás aquí para traer victorias en esta batalla. No te entrometas en cosas que no debes y sele fiel a nuestro Príncipe de los Ejércitos de Jehová (Josué 5:14), nuestro Señor Jesucristo. Haz todo por servirle con fidelidad y agrádale sólo a Él»

Si se siente desanimado, desconsolado, cansado, abatido, afligido, tentado, perseguido, etc. Recuerde las palabras de Pablo a Timoteo, y hagamos un compromiso con nuestro Comandante en Jefe para seguir adelante. Si necesita ayuda, escríbale un “telegrama” por medio de una oración para que le de las fuerzas que necesita para continuar. De seguro que nuestro Señor moverá toda logística espiritual para darle a usted todo lo que necesita para continuar batallando hasta el final. Esfuércese, y no tema sufrir.

«Señor Jesucristo, necesito de Ti, dame Tus fuerzas para serte fiel»

Filipenses 1:21

“Porque para mí EL VIVIR ES CRISTO, y EL MORIR ES GANANCIA.”

Sabio por oído | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 15.31

Proverbios 15:31-32

EL OÍDO QUE ESCUCHA LAS AMONESTACIONES de la vida, ENTRE LOS SABIOS MORARÁ. El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento.”

Hace unos años atrás estaba por tomar una decisión que consideraba era lo que debía hacer, decisión que a mi parecer era lo que Dios esperaba que hiciera. Hablando con un amigo le comenté de mi decisión y de la manera en la iba a proceder para hacerlo. Mi amigo escuchó detenidamente, me hizo unas preguntas, y después me dijo que lo que estaba por hacer no era lo correcto, que realmente él creía que lo que debía hacer era algo diferente. Molesto yo, terminamos la conversación y le “agradecí” por lo que había dicho. Pero en mi interior pensaba: «Él no sabe lo que dice, está equivocado, yo sé lo que debo hacer, y él no sabe lo que Dios esperaría de mi».

En mi búsqueda de la voluntad de Dios, el Señor me llevó a varios pasajes donde Él me mostraba que lo que yo deseaba hacer estaba mal, y que lamentablemente no había puesto atención a lo que mi amigo había dicho. Creyendo saber lo que debía hacer, no le di espacio al análisis debido de lo que mi amigo, con corazón sincero, me decía.

La Biblia categoriza a las personas de acuerdo a su manera de “escuchar” las reprensiones dentro de tres categorías: Los necios, los simples y los sabios.

Los necios son aquellas personas que de antemano han tomado una decisión y que no cambiarán de opinión a pesar de lo que otros digan. Son los necios, las personas cerradas de mente, que difícilmente escucharán un consejo, creyendo saber lo que más conviene desde su “corto”, y a veces pecaminoso, punto de vista.

Proverbios 12:15

EL CAMINO DEL NECIO ES DERECHO EN SU OPINIÓN; mas el que obedece al consejo es sabio.”

Los simples son las personas que oyen las reprensiones pero que no las escuchan. Aquellos que por su falta de análisis siguen adelante con lo que van hacer. Ellos no niegan o rechazan las opiniones ajenas, solamente que no ponen atención a ellas. Como se dice comúnmente, le entran por un oído y les sale por el otro.

Proverbios 22:3

“El avisado ve el mal y se esconde; MAS LOS SIMPLES PASAN Y RECIBEN EL DAÑO.”

Los sabios son aquellos que hacen un sano análisis de las circunstancias, escuchan y miran todas las opciones, y al final, por conclusión, llegan a tomar generalmente las mejores decisiones basadas en un sano análisis. Es por ello que el pasaje de hoy nos dice que la persona que escucha las reprensiones es considerada dentro de los sabios.

Aprendamos a escuchar con mente abierta las opiniones de otros, hagamos un análisis apropiado de sus consejos, y dispongamos una mente humilde para aceptarlos con prudencia; puede ser que en medio de ello encontremos lo que más necesitamos.

Proverbios 17:10

LA REPRENSIÓN APROVECHA AL ENTENDIDO, más que cien azotes al necio.”

Amor, definido en acciones (Parte I) | MATRIMONIO y HOGAR

1 Corintios 13.1-8

1 Corintios 13:1-4

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, Y NO TENGO AMOR, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, Y NO TENGO AMOR, NADA SOY. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, Y NO TENGO AMOR, DE NADA ME SIRVE. EL AMOR ES…”

Pablo introduce su capítulo 13 de la Primera Carta a los Corintios enfatizando la necesidad de Amar, y al amor lo describe en los siguientes versículos con varias acciones que nos ayudan a comprender con más detalle lo que es el Amor y lo que deberíamos hacer con ese Amor hacia otros.

Si lo pudiéramos parafrasear en el contexto de la Familia a los cuatro versículos iniciales de este Capítulo 13, podríamos decir que:

«Si yo llego a la casa, me acerco a mi mujer y le digo que tengo hambre, y que para satisfacer MI hambre traje un poco de comida que compré para cenar, pero no amo a mi esposa, la comida para ella va parecer fría y simple. Si me levantara de mañana y le ayudo a mamá a limpiar la casa para salir pronto a jugar con MIS amigos, entonces mis buenas intenciones en el nuevo día pueden NO estar motivadas por el amor a ella, sino porque probablemente quiero ir pronto a jugar con MIS amigos que ME esperan. Si mi esposo me pide que le acompañe a ver el partido de fútbol al estadio y lo hago PORQUE QUIERO QUE después él ME DEJE salir con mis amigas, entonces mi tiempo junto a él no es porque amo a mi esposo, sino porque quiero que me dé tiempo para pasar CON MIS amigas. Si mis hijos me piden que vaya y juegue con ellos, y voy a jugar para que ya NO me sigan molestando tanto, entonces mi participación con ellos está incentivada por el “espero que ME DEJEN en paz” y no porque anhelo pasar este tiempo con mis muchachos. Entonces digo que el AMOR para mi ES… hacer cosas, no motivadas porque los amo a ellos, sino hacer algo impulsado por mis propias intenciones o motivaciones».

¿Cómo le parece esa definición del AMOR? ¿Es media conocida para usted y/o para los suyos?

En muchos hogares esta realidad es tristemente cierta. Pero, ¿qué nos quiere decir Pablo cuando nos dice al final de estos versículos “el amor es”?

El significado de la palabra amor en el griego original “ágape” (ἀγάπη G26) sólo puede conocerse a través de las acciones que provoca, según Vine. Ágape es amar sin esperar nada a cambio. Es darlo todo en busca del beneficio de la persona receptora del acto sin esperar pago alguno de dicho acto.

Lo que Pablo hizo es una introducción de lo que NO ES AMOR para después expresar acciones lo que SI ES AMOR. Recordemos que el amor es uno de los ingredientes principales en la existencia de un matrimonio y hogar, y es el amor, el vínculo o el enlace perfecto (Colosenses 3:14) dentro de la familia.

Más que un sentimiento, amar es una decisión. Si Dios por medio de Su Palabra nos dice que debemos amar, entonces es un mandamiento, y no un sentimiento. Para amar a su familia debe decidir hacerlo, no creer que debe “nacer” ese sentimiento en usted. Dios nos amó y envió a su Hijo a morir por nosotros pecadores quienes no merecíamos tan gran Don. No fue un acto “nacido” de un sentimiento, fue un acto producto de Su carácter sin esperar un “pago por ello”, sino que buscaba nuestro completo bienestar (Romanos 5:8).

 

¿Cómo usted y su familia definen “AMOR”?

1 Corintios 13:4-8

EL AMOR ES sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…”

Sequía por partida doble | VIDA CRISTIANA

Jeremías 2.13

Jeremías 2:11-13

“¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha. Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová. PORQUE DOS MALES HA HECHO MI PUEBLO: ME DEJARON A MÍ, FUENTE DE AGUA VIVA, Y CAVARON PARA SÍ CISTERNAS, CISTERNAS ROTAS QUE NO RETIENEN AGUA.”

No habría nada más frustrante que salir de en medio de un oasis para caminar a buscar una fuente de agua que está en medio del desierto, y llegando, cavar una cisterna en busca de agua, y darse cuenta que esa agua es insalubre o que la cisterna es incapaz de retener agua. Y uno se preguntaría: ¿Para qué salí del oasis a buscar lo que nunca voy a encontrar?

La verdad que sería incoherente, pero esta realidad le sucedió al pueblo de Israel. Un día ellos salieron en busca de dioses que no son dioses, sino imágenes creadas por el mismo hombre (Salmos 115:4-8), y se alejaron del Único Dios verdadero para darse cuenta que no hallaron más que sequedad espiritual.

En otro momento Jesucristo nos relata la historia del hijo pródigo, quién pidió a su padre que le diera todo el dinero que recibiría de herencia y lo fue a desperdiciar en el mundo, y cuando se dio cuenta que su vida era un desastre y que en el mundo no encontraba lo que pensó hallar se puso a reflexionar que en la casa de su padre había abundancia, mientras que ahora no tenía más que hambre y necesidad (Lucas 15:11-17).

El pasaje en Jeremías nos dice que el pueblo de Israel hizo dos males: Primero: Dejaron a Dios, fuente de agua viva; Segundo: Fueron a cavar cisternas incapaces de llenar sus vidas.

¿Qué podría alejar a una persona de la “Fuente de Agua”? Solamente un espejismo. El pecado es ese espejismo con el que Satanás nos engaña para alejarnos de la “Fuente de Agua” y hacernos creer que hay otro “oasis” similar a la distancia, y nuestros ojos pecaminosos ven ese espejismo como un lugar digno de explorar.

¿Qué nos hace cavar una cisterna rota y sin agua ya estando lejos? Ya una vez alejados de la Fuente de Agua y en medio de nuestra necesidad de satisfacer nuestra sed cavamos profundamente en el pecado para ver si podemos saciar nuestra necesidad, y nos damos cuenta que entre más cavamos, menos nos saciamos.

Esta historia es una realidad en la vida de muchos de los creyentes que, en un momento de sus vidas llegaron a conocer a Dios, y que por motivos incorrectos dejaron al Señor y se fueron a buscar en el mundo lo que creían traería satisfacción, y cuando se dieron cuenta, no hallaron más que desilusión. Sufrimos de sed por dos razones: Nos alejamos de la “Fuente de Agua” y gastamos nuestras energías tratando de obtener agua de donde nunca lo conseguiremos. Sequía por partida doble.

El hijo pródigo tuvo la solución a su problema, él dijo: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.” (Lucas 15:18)

Si te has alejado de Dios, Fuente de Agua Viva, lo que debes hacer es alejarte del pecado y busca al Señor que está dispuesto a perdonarte. No tengas temor de acercarte al Señor, al igual que el padre con el hijo pródigo, Dios está esperando por ti.

1 Juan 1:9

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Marcando la diferencia | VIDA CRISTIANA

Mateo 5.13-14

Mateo 5:13-16

VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. ASÍ ALUMBRE VUESTRA LUZ DELANTE DE LOS HOMBRES, PARA QUE VEAN VUESTRA BUENAS OBRAS, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

Pasando un día por una de las vías principales de la ciudad donde vivo me encontré con una vista interesante; en el centro de esta avenida estaba esta área verde que separaba ambas vías, y en ellas se encontraban árboles de maple, estos árboles que durante el otoño sus hojas cambian de color del verde al rojizo intenso, una bella vista. Pero lo que realmente captó mi atención fue ver que en medio de todos esos árboles con hojas anaranjadas y rojizas se encontraba uno que aún no cambiaba su color, aquel árbol todavía tenía las hojas verdes, haciendo que sobre salga de los demás marcando una diferencia notable.

Este árbol verde me llevó a reflexionar sobre las palabras de Cristo cuando dijo que aquellos que decimos ser discípulos de Él debemos vivir siendo la Sal y la Luz del mundo. Somos personas que aparentemente somos iguales a todos los demás, pero que en realidad debemos vivir diferente.

Un discípulo de Cristo debe vivir como tal, marcando la diferencia entre las demás personas en la tierra. Ser sal y luz del mundo es vivir con una conducta piadosa que apunte a la vida de Aquel a Quien seguimos a pesar de que vivamos en un mundo corrompido por el pecado.

Jesucristo, orando por nosotros en el Monte de los Olivos, pidió al Padre para que nos ayude a vivir como hijos de Dios.

Juan 17:9-18

“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.”

Nuestro llamado es claro, ser Sal y Luz; nuestro Señor intercedió por nosotros para que Dios nos guarde del mundo; ahora es nuestra decisión y responsabilidad vivir como discípulos de Cristo y no seguir la corriente de este mundo.

Que lo que digas, hagas, pienses, comentes, cuentes, veas, en fin, todo tu ser, lleve al mundo a ver a Dios en ti.

Efesios 5:1

SED, pues, IMITADORES DE DIOS como hijos amados.”

Sentido que favorece | Un rayo de SABIDURÍA

Salmos 139.7-8

Proverbios 1:1-7

“Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel.

Para entender sabiduría y doctrina, Para conocer razones prudentes,

Para recibir el consejo de prudencia, Justicia, juicio y equidad;

Para dar sagacidad a los simples, Y a los jóvenes inteligencia y cordura.

Oirá el sabio, y aumentará el saber, Y el entendido adquirirá consejo,

Para entender proverbio y declaración, Palabras de sabios, y sus dichos profundos.

EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA ES EL TEMOR DE JEHOVÁ; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”

Salomón, al iniciar a escribir el libro de Proverbios, nos detalla en los primeros seis (6) versículos el propósito o la motivación de este libro: «que lleguen a conocer más, que vivamos en prudencia, seamos sagaces y vivamos en cordura e inteligencia; es decir, este libro es para hacerlos crecer en sus razonamientos y ayudarles a vivir una vida llena de cordura y actos dignos». Lo cual es sumamente valioso.

Pero lo relevante de estos seis versículos es que continúan dando la primera instrucción de cómo podemos llegar a ser sabios. El principio de todo, antes que cualquier cosa, sobre todo lo que hagan o piensen, y lo que nunca debe faltar en sus vidas para ser sabios, nos dice Salomón, es “llegar a temer a Dios” (Proverbios 1:7).

Pudo darnos una gran cantidad de ideas, métodos a seguir, cosas que hacer, personas de quienes aprender o pensamientos que observar; y lo primero que nos dijo, y lo más relevante, fue que, sin una percepción y apreciación de Dios en nuestras vidas, nunca llegaremos a ser sabios.

La palabra “PRINCIPIO” da la idea de tiempo y valor. Es lo primero de deben hacer y es lo más importante que deben hacer. Si quiero llegar a ser sabio debo reconocer en primer lugar y sobre todo la presencia de Dios en mi vida. Este es el principio de la sabiduría.

La palabra “TEMOR” quiere decir reverencia. La reverencia a Dios es reconocer que estamos ante la Omnipresencia, Omnisciencia, Omnipotencia, Soberanía, Santidad, Justicia, Misericordia, Gracia, Fidelidad, y más atributos del Dios creador. Es decir, Él lo sabe todo, lo puede todo, lo ve todo, gobierna sobre todo, y es supremamente santo, justo, misericordioso, bondadoso, fiel, etc. Nada es oculto y nada es difícil de hacer para Dios dentro de Su carácter.

Mis actos deben reflejar mi constante reconocimiento que estoy ante Dios, y Él, sabiendo lo que voy a decir, hacer o pensar, va a estar analizando mis actos. Ya lo dice el Salmo 139 que no importa donde esté y a la hora que esté, Dios está ahí y va a conocer todo. Mi reverencia a Dios hará que actúe con prudencia, y ser prudente es iniciar a ser sabio. “El PRINCIPIO de la sabiduría es el TEMOR a Jehová”.

Salomón nos estaba diciendo que si considero a Dios en cada cosa que haga me llevará a actuar con sabiduría, mas los necios e insensatos desprecian a Dios, y, por ende, la sabiduría.

«La sabiduría no es el acúmulo de conocimientos,
la sabiduría bíblica es actuar apropiadamente ante Dios y los hombres»

Salmos 139:7-8

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, HE AQUÍ, ALLÍ TÚ ESTÁS.”

Alejando el mal | MATRIMONIO y HOGAR

Proverbios 22.15

Proverbios 22:15

LA NECEDAD ESTÁ LIGADA EN EL CORAZÓN DEL MUCHACHO; mas la vara de la corrección la alejará de él.”

El Diccionario Vine describe a la palabra “Necedad” como la conducta o el estilo de vida que una persona tiene para pasar por alto la instrucción y que tiene un deseo de vivir en constante violación de la Ley de Dios. La palabra necedad en este versículo describe la manera en la que un joven es propenso a comportarse indiferente a la instrucción y que tiene un deseo permanente y profundo a desobedecer.

En el Antiguo Testamento vemos esta actitud irreverente de necedad en el pueblo de Israel, quienes, constantemente rechazaron las instrucciones que Dios daba por medio de sus profetas.

Jeremías 18:11-13 (NVI)

“Y ahora habla con los habitantes de Judá y de Jerusalén, y adviérteles que así dice el Señor: “Estoy preparando una calamidad contra ustedes, y elaborando un plan en su contra. ¡Vuélvanse ya de su mal camino; enmienden su conducta y sus acciones!” ELLOS OBJETARÁN: “Es inútil. VAMOS A SEGUIR NUESTROS PROPIOS PLANES”, y CADA UNO COMETERÁ LA MALDAD QUE LE DICTE SU OBSTINADO CORAZÓN.» Por eso, así dice el Señor: «Pregunten entre las naciones: ¿Quién ha oído algo semejante? La virginal Israel ha cometido algo terrible.”

Dios, por medio del profeta estaba dando una oportunidad al pueblo a cambiar de comportamiento y hacer lo correcto, y ellos rechazaron la instrucción. Al final Dios obró e Israel pasó por 70 años de castigo y aprendió la lección de no volver a buscar a otros dioses, y reconocieron a Jehová como su único Dios.

Al igual que Dios obró en contra de su pueblo castigándoles con el cautiverio en Babilonia por 70 años, el versículo de ahora nos instruye que la única manera de alejar la necedad de nuestros hijos es por medio de la “vara de la corrección”. Un hijo necio difícilmente cambiará de opinión por medio del diálogo y la instrucción, pues están empeñados en hacer lo malo sin importar las advertencias. La necedad está en “su corazón”.

Hebreos nos dice que Dios nos disciplina porque nos ama, y que la disciplina impartida es para nuestro bien (Hebreos 12:5-11). De la misma manera la disciplina a los hijos debe ser parte de la manera de corregir y educar con amor a los hijos.

Disciplinar o castigar a un hijo tiene el propósito de alejar la necedad del corazón del hijo. Por medio de un castigo el hijo reflexionará con respecto a su comportamiento. Talvez no lo acepte inicialmente, pero por lo menos lo alejará del mal de él.

A lo contrario a lo que algunas personas piensan actualmente, el castigo o la disciplina bíblica a los hijos es un acto de sincero amor, pues busca forjar en los hijos un buen comportamiento alejándolos de toda sombra de impiedad. Si bien, el castigo puede traer dolor al inicio, después traerá beneficio.

Si su hijo es necio, nada mejor que un castigo para alejarlo de su necedad. Con amor, con sabiduría, y con firmeza, el castigo doblegará el corazón necio de nuestros hijos y creará en ellos un deseo de escuchar con más atención las instrucciones que se les imparta.

Proverbios 13:24

“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; MAS EL QUE LO AMA, DESDE TEMPRANO LO CORRIGE.”