“Perder para ganar” | Una mirada a las MISIONES

Jim Elliot Quote

2 Corintios 11:23-28

“¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; Y ADEMÁS DE OTRAS COSAS, lo que sobre mí se agolpa cada día, LA PREOCUPACIÓN POR TODAS LAS IGLESIAS.”

Una canción titulada “Perder para ganar” hace referencia al valor y la determinación de las personas que sirven en el ministerio. Esta canción inicia relatando la historia de un joven misionero en la década de los años 50, quien junto a otros cuatro misioneros más perdieron su vida en la selva amazónica del Ecuador en manos de quienes en aquél momento eran un grupo no alcanzado, Los Huaorani. Estos cinco jóvenes misioneros fueron Jim Elliot, Nate Saint, Ed McCully, Pete Fleming y Roger Youderian.

Los Huaorani eran, hace unos 60 años atrás, un grupo de indígenas americanos que habitan en la región noroccidental del Amazonas, y que durante siglos vivieron alejados de todo contacto con otras agrupaciones triviales y de la civilización anhelando permanecer fuera del alcance de cualquier influencia externa.

Jim Elliot, junto a sus cuatro amigos habían decidido hacer todo lo que estaba a su alcance para llevar el evangelio a este grupo necesitado, que por años habían sido reconocidos por ser un pueblo feroz. La determinación los llevó a perder su vida en manos de aquellos a quienes ellos amaban sin haberlos tratado.

Finalmente en febrero de 1959 Rachel Saint, hermana del fallecido Nate, junto a Elisabeth Elliot (esposa de Jim Elliot) y Dayuma (una mujer Hoaurani) ingresaron por primera vez a la comunidad Huaorani a pesar de la oposición que se presentó por lo peligroso de la incursión. A los pocos años la tribu Huaorani, quienes eran enemigos del mundo exterior y desconocedores del amor de Dios, llegaron a recibir el mensaje de salvación y una nueva vida se abrió en los ojos espirituales de quienes por siglos habían estado en enemistad con su Dios y Salvador.

Pablo, el apóstol misionero, enfrentó toda clase de contratiempos, persecuciones, necesidades, peligros, y hasta vio cercana su muerte (2 Corintios 1:9); y todo por una sola causa, llevar el evangelio de Cristo.

Nuestro reconocimiento por aquellos que con valor y determinación han dedicado y siguen dedicando su vida por servir a Dios y a Su obra. Cada uno de ellos, pastores y misioneros, han entregado su vida al Señor renunciando a toda comodidad y meta personal con un solo propósito: “Llevar el evangelio a aquellos que no conocen al Señor, y además cuidar de la Iglesia de Cristo”.

«Señor, gracias te damos por las vidas de aquellos hombres y mujeres que con amor y valor dan todo por servirte y que han bendecido la vida de aquellos que hemos necesitado escuchar de Tu amor.»

 

“No es un tonto aquel que da lo que no puede guardar, para ganar aquello que no puede perder” – Jim Elliot.

El Ayudador | VIDA CRISTIANA

Juan 16.7

Juan 16:5-8

“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, EL CONSOLADOR NO VENDRÍA A VOSOTROS; mas si me fuere, os lo enviaré. Y CUANDO ÉL VENGA, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.”

 

Una tarde estaba en el trabajo, y mientras miraba a mis compañeros laborar me puse a meditar y a pedir a Dios por ellos, pidiendo al Señor que los ayude en sus labores diarias. Ese mismo instante me puse a pensar en mi vida y vi mi gran necesidad de Dios también. Le dije en ese instante: «Señor, ayúdame a serte fiel, dame la fuerza para seguir adelante y guíame para hacer Tu voluntad

Mientras oraba vino a mi mente un pensamiento inmediato como respuesta: «Tú sabes que tienes a tu disposición de toda la ayuda que necesitas, el Espíritu Santo es tu recurso más valioso que tienes para ayudarte a solucionar estas necesidades en tu vida». Ese momento me di cuenta de lo bendecido que somos al tener presente en nuestras vidas a la Tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, Quién mora en el creyente y que lo capacita para todas las necesidades de nuestro caminar cristiano.

Jesucristo, la noche antes de su crucifixión les dice a Sus discípulos que había llegado la hora de ser entregado para morir por el pecado del hombre. Sabía muy bien la necesidad que habría en el momento de Su ausencia en la vida de sus amados amigos y les dice: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, EL CONSOLADOR NO VENDRÍA A VOSOTROS; mas si me fuere, os lo enviaré”. (Juan 16:7)

Palabra griega de la cual traducimos “Consolador” es Parakletos (παράκλητος, G3875), que también puede ser traducido como Ayudador o Intercesor. Esta palabra es un adjetivo verbal que da la idea de un Ser que está al lado de uno listo para ayudar. Cuatro veces durante esta noche de despedida Jesucristo les promete que enviará al Espíritu Santo (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7-13). El deseo de nuestro Señor era el de asegurar a los discípulos que, a pesar de Su partida de vuelta al cielo, Él no los dejaría solos, sino que enviaría a “otro igual” en poder y deidad, al Espíritu Santo (Juan 14:16).

El Espíritu Santo como Ayudador nos ayuda a saber y recordar la verdad (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:8-13), y a vivir en obediencia (Gálatas 5:16; Efesios 5:18). Como Consolador nos anima en nuestros momentos de soledad y dolor (Juan 16:7). Como Intercesor nos ayuda en nuestra incapacidad de saber orar (Romanos 8:26).

Mientras oraba, Quién me alentó y me recordó que ya tenía todo lo que necesitaba para ser fiel y poder seguir adelante fue el mismo Consolador y Ayudador, el Espíritu Santo.

Lo grandioso de la presencia del Espíritu Santo es que es para siempre (Juan 14:16). El Consolador mora en todo creyente desde el mismo día de la salvación, y permanece en él hasta el día que el creyente vaya a la presencia de Dios (Efesios 1:13-14).

«Señor, muchas gracias por la presencia y obra del Espíritu Santo que nos capacita en nuestra vida cristiana»

Juan 14:16

“Y yo rogaré al Padre, y OS DARÁ OTRO CONSOLADOR, para que esté con vosotros para siempre.”

Sobre todo, sabiduría | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 4.7

Proverbios 4:7

SABIDURÍA ANTE TODO; adquiere sabiduría; y sobre todas tu posesiones adquiere inteligencia.”

“Un hombre compró un yate y su esposa estaba nerviosa porque él no tenía ninguna experiencia en navegación, pero él sabía que podía arreglárselas, y por semanas practicó en la bahía antes de hacerse a la mar. Por último, convenció a su esposa nerviosa a que suba al yate con él. Con miedo ella subió a bordo. Saliendo de la bahía, él trató de calmarla. Le dijo: «Cariño, mira. He practicado lo suficiente en esta bahía como para saber dónde está cada roca, cada arrecife, cada banco de arena.» En ese mismo momento una enorme roca escondida debajo de la superficie hizo un enorme ruido que recorrió de proa a popa. «Allí,» dijo el esposo, «está una de las más grandes».”

Esta curiosa historia es una representación de la vida de mucho de nosotros. Creemos saber algo, y decimos que lo sabemos, pero cuando nos damos cuenta, no sabíamos lo suficiente.

En nuestra vida el llegar a acumular conocimientos siempre será bueno. Estudiamos, nos preparamos, aprendemos y seguimos aprendiendo; pero al final de todo ese basto conocimiento no representa ser muy beneficioso si no lo sabemos utilizar apropiadamente.

Un doctor pudo haber ido a la mejor escuela, aprendido de muchos libros, visto muchas enseñanzas de sus profesores y más; pero al final de cuenta, no le servirá de mucho conocer todo eso si no lo sabe poner en práctica correctamente en su profesión.

De la misma manera nuestra vida. Podemos estar llenos de muchos conocimientos: Ciencia, política, etc. Conocer mucho de la vida y sus interacciones con el medio que nos rodea, pero de nada nos sirve ese conocimiento si no llegamos a aplicarlo a nuestra propia vida debidamente.

El diccionario Vox de la lengua española define la palabra Sabiduría como “la capacidad de pensar y de considerar las situaciones y circunstancias distinguiendo lo positivo de lo negativo”. La Biblia llama a una persona sabia a aquella QUE SABE UTILIZAR APROPIADA Y SANTAMENTE ese conocimiento. La palabra hebrea Jokmah (חָכְמָה, H2451) que se traduce sabiduría es definida por Vine como “el conocimiento y la capacidad (habilidad) de tomar las decisiones correctas en el momento oportuno.” Además, nos dice que la sabiduría es una firmeza de tomar decisiones consecuentes y correctas que nos demuestran madurez.

La Biblia menciona que el requisito para llegar a ser sabio es el temor a Dios, y que los insensatos lo desprecian (Proverbios 1:7). Una persona sabia es aquella que toma decisiones correctas bajo el entendimiento consiente de que todas las acciones están bajo la mirada de Dios, y que estas acciones tendrán por ende consecuencias. Una persona sabia tomará sus decisiones analizando todos los pro y contras, y que en reverencia a Dios hará lo que siempre será correcto y mejor.

¿Quiere tener una gran vida? Adquiera sabiduría, esfuércese en crecer en ella más que en las mismas riquezas y conocimientos humanos, y verá como su vida será incomparablemente engrandecida bajo las bendiciones de Dios.

Proverbios 4:7-9

SABIDURÍA ANTE TODO; adquiere sabiduría… Engrandécela, y ELLA TE ENGRANDECERÁ; Ella TE HONRARÁ, cuando tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza; Corona de hermosura te entregará.”

De tal palo, tal astilla | MATRIMONIO y HOGAR

Ezequiel 18.4

Ezequiel 18:1-4

“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿QUÉ PENSÁIS VOSOTROS, LO QUE USÁIS ESTE REFRÁN sobre la tierra de Israel, que dice: LOS PADRES COMIERON LAS UVAS AGRIAS, Y LOS DIENTES DE LOS HIJOS TIENEN LA DENTERA? Vivo yo, dice Jehová el Señor, que NUNCA MAS TENDRÉIS QUE USAR ESTE REFRÁN en Israel. He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; EL ALMA QUE PECARE, ESA MORIRÁ.”

De tal palo, tal astilla” es una expresión que hace referencia a la similitud entre padres e hijos. Este refrán hace referencia a la similitud que un trozo de madera tiene con una astilla que ha sido desprendida de él. Las similitudes entre el palo y la astilla son en cuanto a las características físicas. Actualmente esta frase se utiliza tanto positiva o negativamente para comparar las similitudes que los antecesores tienen con sus descendientes y viceversa. Esta similitud puede ser en su carácter o acciones, sus rasgos morfológicos y genéticos, o en la carrera o profesión que desempeñan.

En el tiempo del Antiguo Testamento se utilizaba una frase hebrea similar: “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera(Ezequiel 18:2; cp Jeremías 31:29-30).

Esta frase era utilizada por los descendientes israelitas para “justificar” su comportamiento pecaminoso a causa de la manera en la que vivieron sus antecesores. En ambos pasajes Dios llama la atención a los moradores de Israel para que no utilicen este pretexto para seguir viviendo una vida indigna. Les recuerda que su comportamiento no será “librado de culpa” por ser el “resultado”, según los hijos, de lo que los padres hicieron. El Señor les recuerda que la responsabilidad de los pecados, si bien puede ser influenciada inapropiadamente, al final será juzgada por Dios individualmente sin excepción.

Los padres debemos recordar que nuestra vida y lo que hacemos es la primera imagen de comportamiento que los hijos reciben diariamente. Lo que hace o deja de hacer en todo sentido llega a registrarse en la mente de los hijos e influenciará positiva o negativamente en lo que hacen.

Hijos, si bien recibimos una enseñanza de “primera mano” de nuestros padres, también somos responsables ante Dios de lo que decidimos hacer al respecto. Yo, en última instancia, soy responsable ante Dios de todas y cada una de las cosas que hago, y por supuesto de mis pecados.

El pasaje en Ezequiel 18 nos recuerda que no importa quien haya hecho qué, cada persona es individualmente responsable ante Dios de lo que hacemos. Sea padre o sea el hijo, todos somos responsables de nuestras propias decisiones.

Padres, recordemos que, aunque nuestros hijos son responsables finales de sus actos, ellos pueden seguir nuestro ejemplo y sus vidas ser influenciadas, por tanto, somos responsables ante Dios (Mateo 18:6-7). Hijos, no importa el ejemplo negativo que podamos recibir de nuestros padres, somos responsables ante Dios de lo que decidimos hacer con nuestra vida (Ezequiel 18:4).

Padres, hagamos un compromiso ante Dios de enseñar lo bueno a nuestros hijos empezando con nuestras vidas; y nosotros hijos, vivamos dignamente y sin excusa ante Dios.

Ezequiel 18:20 NTV

“La persona que peque es la que morirá. El hijo no será castigado por los pecados del padre ni el padre será castigado por los pecados del hijo. Los justos serán recompensados por su propia conducta recta y las personas perversas serán castigadas por su propia perversidad.”

Mi vida, aroma de fruto grato | VIDA CRISTIANA

Cantares 4.16

Cantares 4:16

“Levántate, Aquilón, y ven, Austro; soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. VENGA MI AMADO A SU HUERTO, y coma de su dulce fruta.”

Una de las agradables experiencias de vivir en el campo o cerca de una casa con un gran jardín es el de poder levantarse temprano en la mañana y caminar a través de áreas llenas de flores. El rocío nocturno llena de frescura los pétalos de las flores y la brisa que se da por la mañana levantan el aroma refrescante de ellas. El aire se llena de aromas encantadores que impregnan nuestros sentidos de frescura y paz.

En ciertas áreas tropicales también los frutos tienen aromas tan agradables que provocan comerlos al mismo tiempo que los percibimos con sus fragancias frescas y exóticas. Una buena fruta es muy apreciada en nuestros paladares.

Salomón anhela presentar su “huerto” lleno de frutos dulces y de aromas que sean presentados a su amado Señor como un presente de amor. Salomón esperaba que la presencia de los vientos del norte y del sur, Aquilón y Austro, levanten el aroma del huerto que serían presentados a su Amado como una manifestación de amor.

¿Cuándo fue la última vez que nosotros anhelamos presentar “tal escenario” con nuestra vida a Dios?

La Biblia nos dice que nuestros actos de obediencia son representados en forma simbólica como una ofrenda de “olor grato”. Jesucristo dijo que las personas que expresen amarle lo deberán hacerlo a través de la obediencia (“Si me amáis, guardad mis mandamientos” Juan 14:15). La obediencia es una ofrenda de aroma grato.

Las obras beneficiosas hechas en obediencia a Dios tienen significado eterno y son considerados como frutos. Jesús dijo que “separados de Él” no podemos producir fruto (Juan 15:5). Todo lo que hagamos para el Reino de Dios y que esté dentro del plan de Dios es considerado como fruto. Dios nos ha llamado a llevar mucho fruto (Juan 15:16).

Nuestra vida debe ser una ofrenda continua de amor a Dios. Él nos amó enviando a su Hijo Jesús a morir por nosotros, y nuestro amor debe ser resultado de ese incomparable amor.

1 Juan 4:10, 19

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados… Nosotros le amamos a él, porque ÉL NOS AMÓ PRIMERO.”

¿Cómo está su huerto? ¿Está digno para Dios? o ¿lleno de malezas y falto de aromas y frutos gratos?

Salomón anhelaba tener una vida digna para presentarla como muestra de amor. Tengamos también este bello deseo.

«Padre, que tu Espíritu Santo nos ayude a vivir una vida de obediencia y de frutos dignos de Ti»

Salmos 54:6

VOLUNTARIAMENTE SACRIFICARÉ A TI; Alabaré tu nombre, OH JEHOVÁ, porque es bueno.”

Él dijo que era Rey | VIDA CRISTIANA

Juan 19.21

Juan 19:14-16, 19-21

“Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡HE AQUÍ VUESTRO REY! Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A VUESTRO REY he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: NO TENEMOS MÁS REY QUE CÉSAR. Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron… Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Dijeron a Pilatos los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que ÉL DIJO: SOY REY de los judíos.”

Los judíos esteban frente a su verdadero Rey, Jesucristo. Lo negaron, lo rechazaron, lo cambiaron, lo crucificaron, lo vejaron, lo mataron.

La vida de ellos estaba llena de oscuridad y a causa de su oscuro entendimiento sus ojos no pudieron ver la Majestuosidad de su Rey, sino que lo despreciaron.

Isaías, identificándose con su pueblo judío hace suyo su rechazo hacia Cristo y profetizando nos dice que fue “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; Y COMO QUE ESCONDIMOS DE Él el rostro, fue menospreciado, y NO LO ESTIMAMOS” (Isaías 53:3).

Jesús llegó a la tierra a morir como oveja despreciada, siendo el Cordero de Dios fue maltratado. Su majestuosidad fue ignorada.

Nuestro Señor dejó Su trono pensando en nosotros, dejó Su posición para ser sacrificado. El Rey y Señor del universo se hizo hombre y habitó entre nosotros (Juan 1:14) para que como hombre muriera obediente en la cruz. Siendo Dios y Rey se humilló aceptando voluntariamente el desprecio para morir por nuestros pecados (Filipenses 2:5-8).

Actualmente hay muchos que, aunque hayan escuchado de Él, no lo han reconocido como Rey. Al igual que los judíos de ese día, no lo han reconocido como su Rey personal.

Para aceptarlo como Rey y Salvador, debemos confesarlo con nuestra boca creyéndolo en nuestro corazón. Romanos 10:9 dice “que SI CONFESARES CON TU BOCA que JESÚS es el SEÑOR, y CREYERES EN TU CORAZÓN que Dios le levantó de los muertos, SERÁS SALVO.”

Confesar es estar de acuerdo con Dios. Para confesar a Jesús como Señor debes reconocer que eres pecador, que tu pecado te condena llevándote al infierno. Debes reconocer que no puedes hacer nada en forma personal para ir al cielo, porque no eres libre de pecado, es por ello que Cristo murió: “POR TUS PECADOS” (Romanos 3:23). Confesar es entender de corazón que Cristo, siendo Dios y Rey, ocupó tu lugar en la cruz (La palabra SEÑOR en el pasaje de Romanos 10:9 significa REY SOBERANO en el griego: “kurios”). Para confesarlo debes creerlo, no sólo saberlo. Creer es entender que no hay otra opción para salvarte de esa cruel condenación, y la única forma es poniendo tu completa esperanza en Cristo.

Los judíos lo vieron, pero no lo reconocieron, no creyeron. Y tú ¿Ya lo reconociste, o sólo lo estás “viendo”? El saber de Cristo no te salva, el confesarlo creyéndolo en tu corazón te otorga vida eterna.

«Señor Jesús, Tú siendo Rey, viniste a la tierra a morir por mí. Te pido perdón, pues por mí culpa, Tú fuiste crucificado. Quiero que seas el Rey de mi vida y me des vida eterna. Lo confieso con mi boca creyendo en mi corazón que Tú eres mi Señor»

 

Romanos 10:13

porque TODO AQUEL QUE INVOCARE EL NOMBRE DEL SEÑOR (kurios), SERÁ SALVO.” (Paréntesis añadido)

Unidad y no conflictos | En el TRABAJO

Filipenses 2.2

Filipenses 1:29-2:5

“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí. Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, SINTIENDO LO MISMO, TENIENDO EL MISMO AMOR, UNÁNIMES, sintiendo una misma cosa. NADA HAGÁIS POR CONTIENDA o por vanagloria; ANTES BIEN CON HUMILDAD, ESTIMANDO cada uno A LOS DEMÁS COMO SUPERIORES a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. HAYA, PUES, EN VOSOTROS ESTE SENTIR QUE HUBO TAMBIÉN EN CRISTO JESÚS.”

Cuando hay guerra, las partes que participan en el conflicto buscan defender su posición o propósito con el deseo de hacer prevalecer sus planes y “derechos”. El que ataca cree tener razón por el cual ha iniciado la batalla; los que defienden creen que ese ataque no es razonable y defienden su posición buscando proteger lo que ellos llaman su “razón”.

Pero algo que no se ha visto comúnmente en un conflicto es que una de las partes, y en especial la parte defensora busque la paz, la armonía y además la UNIDAD. ¡Cosa extraña dirán!

Si alguien me pidiera que busque la paz, lo entendería. Si me pidieran que perdone al ofensor, también lo comprendería pues soy llamado a perdonar a mis enemigos. Pero que me pidan que sobre todo busque la unidad, esa sí que es otra historia. Talvez diría que ellos por su lado y yo por el mío, sin más ofensas, pero diría que la unidad es algo que va más allá de “mis” requerimientos.

Pablo estaba animando a los miembros de la iglesia en Filipo a mantenerse unánimes, que no participen de la contienda, antes que sufran lo que estaban pasando. Había un grupo de personas que estaban creando conflictos motivados por envidia que estaban incluso perjudicando al apóstol (Filipenses 1:15-17). Pablo les alienta que se comporten dignamente y sin temor en frente del problema pues Dios así lo ha determinado (Filipenses 1:27-29), y además les pide que con humildad y amor busquen la UNIDAD.

En el trabajo este escenario no debe ser excluido. Los conflictos están presentes, y nuestro llamado es no solo buscar la paz, sino la unidad. ¡Qué desafío!

Nuestro ego nos llevará a defendernos, protegernos, buscar venganza y paga, ¡usted diga!… Pero nunca nos hará buscar la paz, y menos la unidad. ¿Qué hacer?

Pablo nos exhorta a AMAR, es el amor el vínculo que motivará nuestros actos.

También nos dice que seamos HUMILDES, la humildad nos capacitará a no buscar lo mío, sino lo de los otros.

La MISERICORDIA nos permitirá tener esa actitud de no hacer pagar por lo que nos han hecho, sino que nos llevará a guardar con nosotros mismos esa retaliación que talvez nuestro ofensor lo merezca.

DEPENDEMOS del Espíritu Santo que nos guiará a tomar las decisiones necesarias que promuevan esta unidad y paz.

Y tenemos EL EJEMPLO de Cristo, Quién siendo Dios, se ofreció por nosotros para reconciliarnos con Su Padre.

¿Está usted en algún conflicto en su trabajo? no busque únicamente la paz, sino la unidad. Ese es nuestro llamado (Mateo 5:3-12).

Romanos 14:19 NVI

POR LO TANTO, ESFORCÉMONOS por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación.”

Ellos no lo entendieron | MATRIMONIO y HOGAR

Lucas 2.49

Lucas 2:49

“Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre ME ES NECESARIO ESTAR?

JESÚS EN EL TEMPLO. (Lucas 2:41-50 TLA)

     “José y María iban todos los años a la ciudad de Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, los acompañó a Jerusalén.

     Al terminar los días de la fiesta, sus padres regresaron a su casa; pero, sin que se dieran cuenta, Jesús se quedó en Jerusalén. José y María caminaron un día entero, pensando que Jesús iba entre los compañeros de viaje. Después lo buscaron entre los familiares y conocidos, pero no lo encontraron. Entonces volvieron a Jerusalén para buscarlo.

     Al día siguiente ENCONTRARON A JESÚS EN EL TEMPLO, en medio de los maestros de la Ley. ÉL LOS ESCUCHABA CON ATENCIÓN Y LES HACÍA PREGUNTAS. Todos estaban admirados de su inteligencia y de las respuestas que daba a las preguntas que le hacían.

     Sus padres se sorprendieron al verlo, y su madre le reclamó:

— ¡Hijo! ¿POR QUÉ NOS HAS HECHO ESTO? Tu padre y yo te hemos buscado. Estábamos muy preocupados por ti.

     Pero Jesús les respondió:

— ¿Y POR QUÉ ME BUSCABAN? ¿NO SABÍAN QUE YO DEBO ESTAR EN LA CASA DE MI PADRE?

     ELLOS NO ENTENDIERON lo que quiso decirles.”

Esta historia parece haber sido tomada como reseña de la vida actual de muchas de nuestras familias. José y María habían llevado al niño de “paseo”, pero se sorprenden que Jesús haya ido a la “iglesia” (Templo).

En una sociedad cada día llena de múltiples actividades y de trabajos los fines de semanas, vemos como las familias han creado una “lista de actividades” en donde la iglesia ha perdido relevancia. El asistir fielmente a la iglesia ha pasado de una prioridad a una actividad que está en la categoría de “LO HACEMOS SI…: “Si sobra el tiempo”; “Si no hay paseo”; “Si no hay partido de fútbol”; “Si no me da pereza”; etc…

Parece que muchos de los padres y/o hijos han perdido el entendimiento de las buenas razones de asistir a una iglesia. “NO ENTIENDEN” que no es una simple religiosidad, es una necesidad. Jesús hizo clara su respuesta al decirles a sus padres: “Papá, mamá, deben entender que debo estar aquí.”

Es triste escuchar la respuesta de los miembros de nuestras familias cuestionando la necesidad de ir a la iglesia respondiendo: «“¿POR QUÉ DEBEMOS HACER ESTO?”, Si yo ya había planificado hacer “ESTO”»

Algunos “por qué” de ir a la Iglesia:

  • Nos reunimos “juntos” como el Pueblo de Dios a adorarle. El Señor estableció un lugar para adoración (Primero fue el Tabernáculo y luego el Templo, ahora la Asamblea de Creyentes o “Iglesia”).
  • Nos reunimos para aprender juntos de la Palabra de Dios.
  • Nos ayudamos a edificarnos mutuamente.
  • Nos involucramos personal y colectivamente en la extensión del Reino de Dios.
  • Si Jesús entendió la necesidad, para nosotros debe ser también una prioridad.

Entre una de las actividades prioritarias de la familia debe estar el asistir a una iglesia en donde se adora, se aprende, se edifica, y se participa de Dios y Su Reino.

NO hagamos pretexto al decir: “NO ENTENDEMOS por qué debemos ir”, porque después se nos hace “COSTUMBRE” el no ir.

Hebreos 10:24-25

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; NO DEJANDO DE CONGREGARNOS, COMO ALGUNOS TIENEN POR COSTUMBRE, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”