«Uno de cada diez» | VIDA CRISTIANA

Hebreos 12.28

Lucas 17:11-18

“Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces UN DE ELLOS, VIENDO QUE HABÍA SIDO SANADO, VOLVIÓ, glorificando a Dios a gran voz, Y SE POSTRÓ EN TIERRA A SUS PIES, DÁNDOLE GRACIAS; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿NO SON DIEZ LO QUE FUERON LIMPIADOS? Y LOS NUEVE, ¿DÓNDE ESTÁN? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?”.

Si la historia que acabamos de leer fuera un estudio estadístico sobre la gratitud del hombre, la realidad del resultado sería sumamente alarmante y triste. Las noticias dirían: “En la universidad “equis” se acaba de hacer un estudio para evaluar la gratitud del ser humano; se determinó que una de cada diez personas es agradecida.” Para nada agradable, ¿verdad?

Interesantemente la Biblia nos muestra a través de este y muchos pasajes que Dios nos llama a ser agradecidos. Pablo en sus múltiples cartas nos hace constantes exhortaciones a ser agradecidos. Y en la historia de Lucas vemos que ni siquiera durante el ministerio del Señor Jesucristo se vio una actitud de agradecimiento de parte de aquellos sanados de lepra. Aunque no se haya hecho un estudio sobre la gratitud del hombre en forma “científica”, la Biblia nos dice claramente que los resultados son en verdad alarmantes: ¡El hombre en forma general no es agradecido!

La gratitud se define como el sentimiento de agradecimiento y reconocimiento que se tiene hacia una persona que ha hecho un favor, un servicio o un bien. En el caso del ser humano, nuestro agradecimiento debería ser un acto constante hacia nuestro Dios creador por todo lo que nos ha dado y sigue dando diariamente, iniciando con el mismo don de la vida.

Es triste escuchar cada vez más frecuente a la gente en las calles que viven agradecidos con “la vida” por lo que tienen en sus propias vidas, como si la vida fuera la generadora de los dones recibidos. Santiago, en su carta nos dice que Dios es el dador de todo don perfecto, incluyendo la vida misma (Santiago 1:17). Este pensamiento, es un pensamiento existencialista y no un pensamiento bíblico.

Esta actitud de falta de agradecimiento es generada por el pecado. En la Carta a los Romanos leemos que los hombres “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, NI LE DIERON GRACIAS, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” (Romanos 1:21)

Recordemos que la gratitud debe ser una característica noble que debe estar presente en nuestras vidas. Dios es digno de nuestro agradecimiento diario y constante. Dios nos ha dado la vida, Él nos ha dado todo lo que en la vida hemos recibido y seguiremos recibiendo, pero, sobre todo, para aquellos que somos salvos, Dios nos ha dado el regalo más grande e inmerecido que pudimos jamás haber recibido, el perdón de pecados y la vida eterna.

Si no ha sido muy agradecido con Dios últimamente, pues haga de la gratitud un estilo de vida, y viva en esta actitud agradando y sirviendo a Dios.

Hebreos 12:28

“Así que, RECIBIENDO NOSOTROS UN REINO INCONMOVIBLE, TENGAMOS GRATITUD, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.”

Perpetua confianza | VIDA CRISTIANA

Isaías 26.4

Isaías 26:4

CONFIAD EN JEHOVÁ PERPETUAMENTE, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.”

 «Una enorme multitud contemplaba al famoso caminador de cuerda floja, Blondín, cruzar las cataratas del Niágara un día en 1860. Las cruzó numerosas veces, en un recorrido de como 300 metros, como a 50 metros sobre las aguas rugientes. No sólo las cruzó; sino que también empujó una carretilla. Un niño pequeño estaba contemplando asombrado. Así que después de contemplar un cruce, el hombre miró al niño y le dijo: “¿Piensas que puedo llevar en la carretilla a una persona para cruzar la cuerda sin caerme?” “Sí, Señor, en realidad lo creo.” El otro dijo: “Pues bien, súbete, hijo.”»Paul Lee Tan, Encyclopedia of 7.700 Illustrations.

Le ha pasado momentos en su vida en los que las circunstancias están adversas y se pregunta a sí mismo: “¿Y cómo voy a salir de esto ahora?” Siendo honesto, esta realidad se ha presentado muchas veces en mi vida. Los problemas son constantes, y los retos van a estar siempre ahí. El desafío será la seguridad con la que enfrentamos esos retos.

Isaías nos dice que nuestra confianza en Dios debe ser perpetua, no momentánea ni circunstancial. Debemos confiar en Dios siempre a pesar del tamaño de los problemas que acechan nuestras vidas.

Dios es digno de confianza porque es Omnipotente, Su capacidad de actuar va más allá de nuestro entendimiento (Efesios 3:20) y no está limitado por la capacidad o percepción humana (Mateo 19:26).

Dios es digno de confianza porque que sabe lo que hace, es Omnisciente. Cuando nosotros no llegamos a entender las circunstancias ni los caminos que Dios ha escogido para glorificarse, Él nos recuerda que Sus caminos y pensamientos son muy diferentes a los nuestros (Isaías 55:8-9), y cuando aparentemente las cosas marchaban para mal, Dios le recordó a Jeremías que lo que estaba pasando tenía un final provechoso para Israel (Jeremías 29:10-11).

 

Dios es digno de confianza porque Él está siempre a su lado, es Omnipresente. Aunque usted crea que Dios no está a su lado, Él no lo dejará, pues siempre lo acompañará a todo lugar. Él no lo dejará, ni lo desamparará (Josué 1:5).

Dios es digno de confianza porque se preocupa de usted, es su Pastor. David sabía que nada le podía pasar porque estaba bajo el cuidado del Pastor de su vida (Salmo 23), y Jesucristo se llamó a Sí mismo el Buen Pastor que ha dado hasta Su propia vida por nosotros (Juan 10:11).

Dios es digno de confianza porque es un Dios Fiel. Dios estará con usted y le ayudará a enfrentar los problemas para que usted no caiga (1 Corintios 10:13).

El niño de la historia manifestó una confianza en Blondín, por lo que le hizo responder espontáneamente a la pregunta: “Sí, Señor, en realidad lo creo”. Una mayor confianza deberíamos tener cuando enfrentamos los problemas en nuestras vidas. Nuestra confianza y seguridad deben estar en Dios.

 

«Señor, aunque no ve la forma, aunque aparentemente no sienta Tu presencia, aunque crea que no haya solución a mis problemas, y aunque a veces piense que me has abandonado, ayúdame a confiar en Ti. En Ti quiero esperar confiado»

 

Salmos 18:29

CONTIGO desbarataré ejércitos, y CON MI DIOS asaltaré muros.”

El sabio y sus amigos | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 2.10-12

Proverbios 2:10-15

CUANDO LA SABIDURÍA ENTRARE EN TU CORAZÓN, y la ciencia fuere grata a tu alma, LA DISCRECIÓN TE GUARDARÁ; TE PRESERVARÁ LA INTELIGENCIA, PARA LIBRARTE DEL MAL CAMINO, DE LOS HOMBRES QUE HABLAN PERVERSIDADES, Que dejan los caminos derechos, para andar por sendas tenebrosas; Que se alegran haciendo el mal, que se huelgan en las perversidades del vicio; Cuyas veredas son torcidas, y torcidos sus caminos.”

Hace mucho tiempo atrás luchaba con alejarme del pecado que había inundado mi ser. Cada día me sentía consumido por los pecados que agolpeaban mi vida y que diariamente me tenían en esa esclavitud. El pecado gobernaba mi ser, y mi voluntad estaba sometida a hacer el mal.

Pero mi vida de pecado no comenzó con una simple caída, la verdad que comenzó con el seguimiento de consejos de “amigos” que me motivaron hacer lo malo. Con sus ideas envolventes y sus aparentes buenas intenciones introdujeron en mí el interés por hacer lo que estaba mal. En aquellos momentos esos deseos y esas ideas parecían buenas. Mis amigos parecían saber lo que decían, y en la oscuridad de mi pecado escuchaba sus consejos como sabios y oportunos. Mi pecaminosidad, junto a lo que ellos me decían, llenaban de deseo mi ser y me introducían al mundo del pecado.

Esta es la verdad de muchos que escuchan a la gente que les motiva a hacer lo malo. Conocidos, amigos, familiares, y hasta el maligno nos alientan a hacer lo malo. El pecado está disfrazado de algo placentero y bueno, pero es la destrucción del ser humano y la separación en su relación con su Creador. Los que pecamos, estamos tan confundidos que creemos que estamos haciendo algo correcto, y en nuestra mente creemos que sabemos mucho, y en nuestro oscurecido entendimiento lo que hacemos parece estar bien. Pero la realidad es destrucción y oscuridad.

Proverbios 1:10-18 (NTV)

Hijo mío, si los pecadores quieren engatusarte, ¡dales la espalda! Quizás te digan: «Ven con nosotros. ¡Escondámonos y matemos a alguien! ¡Vamos a emboscar a los inocentes, solo para divertirnos! Vamos a tragarlos vivos, como lo hace la tumba; vamos a tragarlos enteros, como a quienes descienden a la fosa de la muerte. ¡Piensa en todas las grandes cosas que conseguiremos! Llenaremos nuestras casas con todo lo robado. Ven, únete a nosotros; entre todos compartiremos el botín». ¡Hijo mío, no vayas con ellos! Mantente alejado de sus caminos. Ellos corren a cometer malas acciones; van de prisa a matar. Si un pájaro ve que le tienden una trampa, sabe que tiene que alejarse. En cambio, esa gente se tiende una emboscada a sí misma, pareciera que busca su propia muerte.”

Si usted ha estado rodeado de esos amigos, dice mucho de la manera con la que piensa usted. Recordemos que en nuestra mente podemos creer que estamos haciendo bien, pero estamos en el camino de destrucción (Jeremías 17:5-6, 9).

Una persona sabia, según los versículos de hoy, es una persona que escucha detenidamente a la instrucción y la sigue (v. 10-11), y que además no sigue a aquellos que están haciendo el mal (v. 12-15). Una persona sabia escucha el consejo del piadoso y se aparta de aquellas personas que lo motivan a pecar.

¿Es usted una persona sabia? Dígame con quien anda, y de acuerdo a sus amistades y cómo los escucha se sabrá quién es.

Proverbios 13:20

EL QUE ANDA CON SABIOS, SABIO SERÁ; mas el que se junta con necios será quebrantado.”

Amor, definido en acciones (Parte III) | MATRIMONIO y HOGAR

1 Corintios 13.4b

1 Corintios 13:4

“El amor es sufrido, es BENIGNO; el amor NO TIENE ENVIDIA, el amor no es jactancioso, no se envanece.”

 

El amor es BENIGNO:

La palabra “benigno” traducida en el texto es la palabra griega “cresteuomai” (χρηστεύομαι, G5541) que significa bondadoso, actuar benevolentemente o alguien que se muestra a sí mismo útil. Una persona que ama va a actuar con bondad.

Tener bondad es buscar maneras de ayudar o bendecir a la persona amada. El amor es benevolente, porque al amar buscamos dar amor con simpatía. El amor debe ser bueno al ser servicial. La palabra “cresteuomai” habla de mostrarse uno mismo útil, quiere decir que es alguien que busca maneras de hacer bien mostrándose útil.

Podemos ver que el amor, para ser benigno, tiene que dar de sí buscando favorecer a la persona amada con actos buenos, tiernos, agradables.

Mi familia necesita esa clase de amor, un amor bueno que está presto siempre a hacer cosas buenas a quienes estoy amando. Busco cosas que mi esposa o esposo necesita para cubrir esa necesidad, estando dispuesta a dárselo sin condición o límite, porque quiero ser útil. Y estos actos de “utilidad” van con bondad o benignidad.

A mis hijos o a mis padres, les demostraré mi amor dando mi ser por ellos con ternura y simpatía, porque mi amor es benigno. J. V. McGee en su comentario bíblico nos dice que “el amor sin benignidad es como el tiempo de primavera sin flores, o como una fogata sin calor (Efesios 4:32)”.

El amor NO TIENE ENVIDIA:

La palabra griegazeloo (ζελόω, G2206), que se traduce envidia, significa también tener o arder en celo. Es decir que el verdadero amor no va a tener envidia de las cosas buenas que le pasan a mi ser amado, y que de alguna manera esa cosa buena que le sucede no me puede afectar o beneficiar a mí directamente, al contrario, puede marcar una diferencia, y esto no debería generar en mí un malestar pecaminoso por celo o envidia.

Una persona que ama sinceramente no va a tener envidia porque a mi hermano le han dado un reconocimiento y a mí no. No va arder de envidia si mis padres se fueron de viaje y a mí no me llevaron. O no va a ponerse celoso si es que mi esposa recibe reconocimiento en el trabajo haciendo que tenga un mejor sueldo que el mío. O porque esa persona tiene mejor posición económica que yo, etc.

Un amor sincero va a estar contento por las cosas que la persona amada ha recibido en favor y que no necesariamente me afectan favorablemente a mí. El amor no va a ser envidioso cuando yo me contento por cada cosa que mi ser amado reciba individualmente, y como bendice a ese ser amado, estaré feliz por él, ella o ellos.

J. V. McGee en su comentario bíblico menciona al autor Bacon, y este dice que “la envidia es una vil afección, y la más depravada de cualquier otra”. Esta clase de amor no envidioso lo podemos ver en el ejemplo de Jonatán, cuando supo que David iba a ser rey de Israel, se alegró mucho por ello sabiendo que él mismo no lo sería y obró cuidando con amor el bienestar de su amigo amado (1 Samuel 20:30-42).

Pensar y buscar ayuda | VIDA CRISTIANA

2 Timoteo 2

2 Timoteo 2:1, 7

“Tú, pues, hijo mío… CONSIDERA lo que digo, y EL SEÑOR TE DÉ ENTENDIMIENTO en todo.”

No sé si a usted le ha sucedido esto, pero suelen haber momentos en donde alguien viene a comunicarme algo, y por mi falta de atención, poca de esa información llega a ingresar en mi mente como información recibida y útil. Otras veces puedo estar leyendo algún libro o escrito, y por mi falta concentración, lo que leo no llega a mi conocimiento, haciendo de esa lectura, un tiempo sin aprovechamiento.

En muchos de los casos, la falta de un análisis apropiado de la información recibida hace que esa comunicación, que llegó a nuestra mente, no haya sido examinada apropiadamente. Lo escuchamos, lo recibimos, pero no lo analizamos, por lo tanto, no lo registramos adecuadamente, llegando a ser una información que no afecta nuestra vida como debe ser.

Eso es lo que Pablo le estaba pidiendo a su discípulo que evite. Considerar es reflexionar o pensar con atención y cuidado sobre una cuestión para formar una opinión sobre ella. Pablo había dado unos consejos apropiados a Timoteo (2 Timoteo 2:1-6), y le pide que considere muy bien lo que acababa de leer en la Carta para que lo ponga en práctica en su vida (v.7).

Cuando leemos la Biblia o escuchamos alguna enseñanza de ella en la iglesia o de otra persona, deberíamos hacer un análisis profundo de lo que hemos escuchado para comprender a plenitud tal enseñanza, y así analizarla para ver cómo estas verdades eternas van afectar mi vida. La Biblia llama a esto meditar.

Meditar puede ser graficada como tomar un teléfono celular y separarla en todos sus componentes para poder entender uno por uno el funcionamiento de cada parte, y una vez comprendidas cada una de ellas en su totalidad, volver a poner los componentes juntos para encenderlo, solamente ahí podremos entender cómo funciona un teléfono celular a cabalidad.

La Palabra de Dios es rica en conocimiento, es profunda, es útil, es eterna, es verdad, es valiosa, es autoritativa. Pero para que esta rica fuente de información eterna llegue a ser comprendida debe ser estudiada, analizada, meditada, para que al final pueda ser aplicada. Para que la lectura de la Palabra de Dios llegue a su vida y llegue a transformarlo cada día debemos considerarla y entenderla.

Lamentablemente para el hombre común esto no es posible. Se necesita de Dios para entenderla. El Espíritu Santo obra en el creyente para que estas verdades lleguen a ser entendidas en su totalidad, y solamente ahí podrá ser aplicada (1 Corintios 2:9-16).

La próxima vez que lea la Biblia, ponga atención a cada palabra que lee, medite en ella, y pida en oración a Dios para que le ayude a comprenderla. Y una vez comprendida, comprométase a vivirla para que la lectura no sea una simple actividad sin aprovechamiento (Santiago 1:19-25).

2 Timoteo 3:16-17

TODA LA ESCRITURA ES INSPIRADA POR DIOS, Y ÚTIL para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Trabajando para cosechar | VIDA CRISTIANA

2 Timoteo 2.6

2 Timoteo 2:6

“El labrador, para participar de los frutos, DEBE TRABAJAR PRIMERO.”

 

Un proyecto se presentó en la iglesia: Se necesitaba hacer unos cambios en un pequeño jardín que se hallaba en la parte frontal del edificio. Este jardín había sido descuidado por un tiempo, lo que permitió que las malezas y las plantas menos vistosas tomaran control. El pasto había dejado de crecer apropiadamente, y las malas hierbas se habían apoderado de la parte verde del mismo.

Se decidió hacer un cambio regenerativo del jardín, para lo cual se llamó a una empresa que rociaría sobre el pasto un herbicida que mataría las malas hierbas. Se continuó el proyecto unas semanas después con la fertilización de lo que quedó de pasto. Por varias semanas se regó ese terreno esperando favorecer el rápido crecimiento del mismo pasto.

Por otro lado, se retiraron todas las plantas viejas que existían en el área de las flores y que ya no florecían debidamente. Se plantaron nuevas plantas florales. Cada semana se eliminaba manualmente el aparecimiento de cualquier planta indeseable. Todo esto hasta que al final de 4 meses de trabajo el área quedó transformada en un bello paraje floral.

¿Ha visto alguna vez a un granjero cosechar una gran cantidad de fruto sin haber trabajado la tierra primero?¡No es posible! Este principio es cierto en nuestra vida espiritual. No puedo ver una vida transformada y llena de frutos si no se trabaja en ella.

La vida de muchos cristianos puede parecerse al jardín de la iglesia, por falta de cuidado y trabajo ha dejado de florecer y producir fruto. Sus vidas no han llegado a ser “podadas” y “fertilizadas” para ser fructíferas.

Nos preocupamos por la falta de frutos espirituales en nuestras vidas, oramos para que Dios nos cambie, pero no hacemos nada individualmente para que ello suceda. Existe poca evidencia de la Palabra de Dios en nuestras vidas que llega a “fertilizar” nuestro espíritu. Dejamos crecer las malezas del pecado en nuestras vidas en vez de cortarlas de raíz. Sin buscar en la iglesia la ayuda en la comunión con otros creyentes que nos ayuden a crecer, dejamos que la falta de esta “agua” merme el crecimiento de nuestro ser. Y sin la presencia diaria y real de Dios en nuestro ser, perdemos la oportunidad para que nuestro “Jardinero” limpie y trabaje en nosotros y así ver los frutos que tanto anhelamos ver (Juan 15:1-2).

Necesitamos de Dios como nuestro Jardinero, necesitamos de Su Palabra como nuestro fertilizante, necesitamos de la obra del Espíritu Santo como nuestro herbicida para batallar contra nuestros pecados, y necesitamos la comunión con otros creyentes comprometidos que “irriguen” nuestro ser a seguir en nuestro crecimiento espiritual. Si le falta uno de estos ingredientes, pues búsquelo ahora mismo, sólo ahí se verán los frutos que tanto desea.

La ley de la siembra y la cosecha es real en nuestras vidas: No hay cosecha si no hay siembra. No hay gran cosecha si no hay gran siembra. No hay frutos en mi vida sino trabajo junto a Dios para crecer espiritualmente.

 

Gálatas 6:7-9

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. NO NOS CANSEMOS, pues, DE HACER BIEN; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

Un clamor urgente | Un rayo de SABIDURÍA

Salmos 119.98

Proverbios 8:1-6

“¿NO CLAMA LA SABIDURÍA, Y DA SU VOZ LA INTELIGENCIA?

En las alturas junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para;

En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad, a la entrada de las puertas da voces:

OH HOMBRES, A VOSOTROS CLAMO; dirijo mi voz a los hijos de los hombres.

ENTENDED, oh simples, discreción; y vosotros, necios, ENTRAD EN CORDURA.

Oíd, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas.”

«Cuentan de un maestro que enseñaba a un grupo de escolares del quinto grado. Miró al grupo de alumnos y dijo: “¿Alguien aquí sabe algo de la electricidad?” Un pequeño y más bien entusiasta niño llamado Jimmy, sentado como a la mitad de la fila del centro, levantó su mano muy alto y dijo: “Yo entiendo la electricidad.” El maestro lo miró y le dijo: “Jimmy, ¿podrías explicarle a la clase que es la electricidad?” De súbito él se cubrió la cara con la mano y dijo: “Ay, anoche lo sabía, pero esta mañana ya me olvidé.” El maestro, en son de broma, dijo: “Eso sí que es una tragedia. La única persona en toda la historia que ha logrado entender la electricidad, y esta mañana se le olvidó.”»Billy Graham, The Holy Spirit.

Jimmy es la historia reflejada en la vida de muchos de nosotros en la actualidad. Creemos saber algo, decimos que somos sabios, y cuando llega el momento indicado, nos hemos dado cuenta que no lo somos.

Muchas personas pueden decir que son sabias; que por el acúmulo de conocimiento o por lo mucho que han vivido y conocen. Pero cuando llega al momento de demostrarlo con sus actos cuan sabios son, se ha encontrado tristemente que no eran lo que decían ser. La realidad es que cada día vemos menos sabiduría en la vida de las personas a nuestro alrededor, e inclusive de nosotros mismos. Nuestros actos manifiestan esta gran necesidad y nuestra sociedad a gritos expresa una falta de cordura.

La sabiduría no se la encuentra en las calles; ni menos en las escuelas y universidades; tampoco está a la venta en el supermercado de la esquina; pero de seguro que está al alcance. En Dios está la fuente de toda sabiduría (Daniel 2:21).

Reconozcamos que necesitamos crecer en sabiduría, debemos aprender a vivir con cordura, a decir las palabras apropiadas cuando sean necesarias, y a callar cuando no necesitamos decir nada. Nuestros actos y palabras deben estar acompañadas de sabiduría; y solo Dios es la fuente de ella.

La Palabra de Dios es la fuente de toda sabiduría, y el seguirla, hará de nosotros personas sabias. ME HAS HECHO MÁS SABIO QUE MIS ENEMIGOS CON TUS MANDAMIENTOS, porque siempre están conmigo.” (Salmos 119:98).

Cuando Salomón estaba por reinar sobre Israel, le pidió a Dios que le haga sabio para poder gobernar con equidad, Dios escuchó su oración y Salomón llegó a ser la persona más sabia en toda la tierra (1 Reyes 3:5-13).

Es posible llegar a crecer en sabiduría, iniciemos leyendo la Biblia cada día aplicándola a nuestra vida y oremos para que Dios haga de nosotros personas sabias.

«Sabiduría es la capacidad dada por Dios para ver la vida con objetividad rara y manejar la vida con estabilidad rara.»Charles R. Swindoll.

Amor, definido en acciones (Parte II) | MATRIMONIO y HOGAR

1 Corintios 13.4a

1 Corintios 13:4

EL AMOR ES SUFRIDO, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece.”

Para poder entender mejor la palabra amor en la Biblia, Pablo nos da una lista de acciones que una persona que ama va a demostrar en función al amor que profesa hacia el ser a quien ha decidido amar. Recordando que el amor NO ES UN SENTIMIENTO SINO UNA DECISIÓN, el amor debe ser expresado en formas tangibles que manifestaran al ser amado la sinceridad y profundidad de nuestro mencionado “AMOR”.

El Amor es SUFRIDO:

La palabra griega “makrothumeo (μακροθυμέω, G3114) significa largo de mente (makros, largo; thumos, mente); y es esta palabra la que se traduce en el versículo como “sufrido”.

La palabra “makrothumeoen su definición griega quiere decir: «Una persona que tiene buen talante». Talante es un adjetivo dado a una persona que tiene una buena disposición. Alguien que está dispuesta de buena manera. Interesantemente la palabra traducida al español es sufrir, lo que nos quiere decir que la persona que ama está dispuesta de buena manera a ser paciente y/o sufrir. Es una persona que esperar con paciencia, que tarda en responder, que tiene la disposición de aguantar. Y es el verdadero amor que nos dispondrá de buena manera a ser pacientes, hasta sufrir.

Amar es sencillo cuando las cosas van bien, cuando la persona a quien amamos actúa apropiadamente, cuando con acciones nos manifiesta su interés, respeto y amor hacia nosotros. Amar así es fácil. Pues amaríamos recíprocamente en función de lo recibido. Pero el amar bíblico es distinto.

Jesucristo, hablando del amor a otros, nos dice que es fácil amar a la persona que nos “ama”, y eso es lo que la gente común hace (Mateo 5:44-46). El amor que Cristo tiene hacia nosotros es un amor que no exigía buenas acciones para que seamos merecedores de Su amor. El amor de Cristo es un acto dado sin mirar el merecimiento de tal amor. El amor de Cristo va en función de quien somos en esencia, no de lo que hacemos; somos su creación.

En nuestra familia, nuestro amor hacia ellos no debe ir en función de lo que hacen o dejan de hacer, sino en función de quienes son ellos: Mi esposo, mi esposa, mis hijos, mis padres, mis hermanos. No en lo que hace o deja de hacer “mi esposo, mi esposa, mis hijos, etc…”.

Para amar, debemos tener esta disposición de “talante” para amar con ánimo pronto y con paciencia a nuestros seres amados. No debemos esperar recibir buenas cosas de ellos para amarlos, debemos amarlos porque son nuestra preciosa familia. Amarlos de esta forma valoriza quienes son, y no lo que hacen. Si bien, pueden no siempre hacer cosas correctas, mi amor hacia ellos no debe cambiar por el valor de sus acciones, sino que debe ser dado por el valor que esa persona es en mi vida.

Mateo 5:44, 46

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen… PORQUE SI AMÁIS A LOS QUE OS AMAN, ¿QUÉ RECOMPENSA TENDRÉIS? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?”.