Alumbrando en casa | MATRIMONIO y HOGAR

Mateo 5.14-16

Mateo 5:14-16

VOSOTROS SOIS LA LUZ del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, SINO SOBRE EL CANDELERO, Y ALUMBRA A TODOS LOS QUE ESTÁN EN CASA. ASÍ ALUMBRE VUESTRA LUZ DELANTE DE LOS HOMBRES, PARA QUE VEAN VUESTRAS BUENAS OBRAS, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Estando en casa, una de las cosas que menos disfruto es estar desprovisto del servicio de energía eléctrica. La incapacidad de poder utilizar los electrodomésticos que requieren fluido eléctrico hacen de mi estadía algo aburrida. Aunque actualmente se dispone de varios dispositivos que poseen batería, no todos ellos suplen la falta de algo para alumbrar los cuartos y pasadizos durante la noche. La “luz” siempre será necesaria.

En la vida espiritual de la familia existe otra luz muy indispensable, esa es la luz espiritual que por medio de un creyente devoto el hogar puede ser beneficiado.

Cada uno de los creyentes debemos ser luz en todos los lugares en donde coexistimos. Nuestras vidas deben ser ese medio por el cual Dios llega a iluminar la vida y las acciones de las personas que se encuentran a nuestro alrededor, y de esa manera mirar a Dios; y en nuestra casa más.

El pasaje nos habla de un par de ilustraciones que nos ayudan a meditar en el valor y el uso de la luz. Una ciudad que se encuentra en un lugar alto siempre será hallada, es imposible esconder algo tan grande que se encuentra en un lugar alto. Nuestras vidas son analizadas por todos los que nos ven. Usted no puede esconderse de quienes lo conocen, puesto que saben que estamos para ser referentes. En el tiempo antiguo, uno de las razones del por qué se construían las ciudades en lugares altos era para ser referencia a los viajeros para que encuentren el destino, especialmente en la oscuridad; así como un faro al navegante. En la segunda ilustración encontramos el valor de una luz, que, al ser colocada en alto, favorece con luz en la misma casa. Así nuestra vida como creyentes debe cumplir este vital propósito, mientras que la ciudad alumbra al que está “fuera de casa”, la lámpara alumbra a los que están “dentro de casa”.

Una bombilla eléctrica en sí no tiene poder para iluminar, necesita de la energía eléctrica para brillar. La Luna tampoco tiene luz, lo que vemos es el reflejo del Sol en ella. Nosotros no podemos iluminar por nosotros mismos, somos un reflejo de Dios, siempre y cuando “la luz” de Dios brille en nosotros.

Lo interesante del pasaje es que llama al creyente a reflejar la luz con las buenas obras, no con palabras. Si bien no estará mal hablar a nuestros seres queridos de Dios y de Su Palabra, el énfasis no está en lo que digamos, sino en cómo vivamos. Son nuestras buenas obras las que “alumbrarán” a los demás, y ahí glorificarán a Dios. ¿Es nuestra vida una “LUZ” por el cual Dios ilumina nuestra familia? Vivamos de tal manera que nuestro hogar sea impactado con una vida llena del “reflejo de Dios”.

«Ser luz significa vivir la Palabra de Dios de una forma u otra» – Vernon McGee.

 «Padre, que mi vida sea luz en mi hogar»

Efesios 5:8

“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; ANDAD COMO HIJOS DE LUZ.”

Incomparable propósito | VIDA CRISTIANA

2 timoteo 1.9

Juan 10:10

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA, y para QUE LA TENGAN EN ABUNDANCIA.”

 

2 Timoteo 1:9

QUIEN NOS SALVÓ y LLAMÓ con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino SEGÚN EL PROPÓSITO SUYO y la gracia que nos fue dada EN CRISTO JESÚS antes de los tiempos de los siglos.”

Jesucristo, al llegar a la tierra, vino con un solo propósito en mente: “Salvar al hombre de la condenación a causa del pecado”.

Su muerte en la Cruz es el único medio por el cual el hombre pecador podía obtener el perdón (Juan 14:6). Muchos de nosotros pensamos o hemos escuchado que para llegar al cielo necesitamos hacer algo: Ir a la iglesia, ayudar al prójimo, leer la Biblia, inclusive el solo hecho de creer en la existencia de Dios; todas estas cosas muy buenas, pero no suficientes. Olvidamos que nuestro pecado ya nos ha separado de Dios sin posibilidades de poder llegar al cielo: “por cuanto TODOS PECARON, y ESTÁN DESTITUIDOS de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23). Pero Cristo, en su infinito amor vino para salvarnos de esa separación eterna (destituidos de la gloria de Dios).

A causa del pecado habíamos perdido el privilegio que una vez tuvo el hombre en El Edén, compartir con Dios en Su misma presencia (Génesis 3:23-24). Ahora el propósito de Dios es otorgar, por medio de Jesucristo, vida eterna a todo aquel que creyere: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que HA DADO A SU HIJO UNIGÉNITO, PARA QUE TODO AQUEL QUE EN ÉL CREE, no se pierda, mas TENGA VIDA ETERNA.” (Juan 3:16). Sería por creer, por la fe, y no por cosas que el hombre haga, lo que Dios daría la liberación del castigo del pecado: “Porque POR GRACIA SOIS SALVOS POR MEDIO DE LA FE… pues es don de Dios; NO POR OBRAS, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9).

Así como Cristo vino con un propósito, salvar al hombre, el hombre que es salvado no fue llevado al cielo directamente; al contrario, fue dejado en la tierra ahora con un propósito divino y es a eso a lo que Pablo nos recuerda en su Segunda Carta a Timoteo: “Nos salvó y llamó… según el propósito suyo”.

Nuestra tarea es llegar a comprender cuál es ese propósito. Nuestra salvación no ha sido un accidente, ha sido planificada desde antes de la misma creación (Efesios 1:4-5). Y si no hemos sido llevados ya a Su presencia ha sido para que cumplamos con el propósito que tenemos en nuestra vida.

La vida abundante que Cristo ofrece solamente se dará cuando podamos comprender cuál es ese propósito individual. La vida abundante tiene un plan, ese plan cumplido por nosotros con compromiso nos traerá esa satisfacción.

Cristo tenía un propósito y lo cumplió (Juan 19:30). Usted y yo tenemos nuestro propósito, la pregunta sería: ¿Ya sé para qué estoy aquí?; y si la respuesta es “SI”, entonces nace otra pregunta: ¿Estoy comprometido a cumplir con tan “INCOMPARABLE PROPÓSITO”?

«Señor, me has salvado por un propósito, ayúdame a entender cuál es Tu plan para mi vida, y a cumplirlo hasta que llegue a Tu presencia»

Colosenses 1:9 (DHH)

“Por esto nosotros, desde el día que lo supimos, NO HEMOS DEJADO DE ORAR POR USTEDES Y DE PEDIR A DIOS QUE LOS HAGA CONOCER PLENAMENTE SU VOLUNTAD y les dé toda clase de sabiduría y entendimiento espiritual.”

¿Y ahora, qué pido? | VIDA CRISTIANA

Romanos 8.26

Romanos 8:26-27

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; PUES QUÉ HEMOS DE PEDIR COMO CONVIENE, NO LO SABEMOS, PERO EL ESPÍRITU MISMO INTERCEDE POR NOSOTROS con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.”

Generalmente cuando salgo a comer en algún restaurante se de antemano lo que voy a pedir; sea porque he estado ahí más de una vez o porque me ha llamado la atención algún plato especial que sirven en dicho restaurante. Pero no siempre es así de fácil. Otras veces me ha tocado ir a un restaurante que no conozco y que su menú tiene una lista de platos desconocidos, es ahí donde toca correr el riesgo de escoger sobre lo “desconocido”, y algunas veces no han sido muy buenas las elecciones. Cuando voy a orar me pasa algo parecido.

Nuestra relación con Dios y nuestro conocimiento de la Biblia nos puede ayudar a orar en forma “bíblica”, por decirlo así; es decir, nuestras peticiones van a ser en función de lo que conocemos que es la voluntad de Dios y le agrada.

Pero qué hay de los momentos cuando me he encontrado en circunstancias donde no sé qué pedir a Dios; instantes cuando alguien me pide que ore sobre algo específico, pero en mi interior parecería que el Espíritu Santo me estuviera guiando a no pedir eso, porque talvez no sea la voluntad de Dios; es ahí donde me pregunto: ¿Y ahora, que pido a Dios?

Dios solamente va a responder favorablemente a las peticiones que Él considera buenas y que no irían en contra de Su voluntad (1 Juan 5:14-15). Tenemos una debilidad, y es de que no siempre sabemos que pedir (Romanos 8:26), y muchos de nosotros incluso no sabemos ni cómo orar (Lucas 11:1). En esos momentos de dilema es donde dependemos de la obra del Espíritu Santo.

Aunque para muchos creyentes nuevos el orar parecería una debilidad solamente de ellos, lo cierto es que los creyentes que llevan varios años en el cristianismo también tienen este problema. Es una debilidad de todos.

El que una persona tenga una buena “retórica” no quiere decir que está orando adecuadamente ante Dios. Las muchas palabras bonitas no son muestra de una oración verdaderamente espiritual. La oración espiritual es una que es guiada por la obra del Espíritu Santo, Quien, conociendo la voluntad de Dios, nos lleva a orar en función de lo que el Señor desea que pidamos.

Cuando no sepa que orar, pida ayuda al Espíritu Santo. Dígale a Dios que no sabe exactamente que pedir, pero que en la situación que le está aconteciendo Él haga Su voluntad. Si ha pedido algo de forma incorrecta, no se preocupe, nuestro Ayudador estará dispuesto a pedir lo que nos conviene. Y sea lo que sea que haya pedido, Dios solo le dará lo que sabe que le bendecirá.

Gracias al Espíritu Santo nuestra experiencia al orar nunca será como mis “aventuras” al comer. Siempre recibiremos lo major.

1 Juan 5:14

“Y esta es la confianza que tenemos en él, que SI PEDIMOS ALGUNA COSA CONFORME A SU VOLUNTAD, ÉL NOS OYE.”

La sabiduría en el silencio | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 12.23

Proverbios 12:23

EL HOMBRE CUERDO ENCUBRE SU SABER; mas el corazón de los necios publica la necedad.”

Años atrás tuve la oportunidad de compartir una llamada telefónica con un pastor a quien respeto y considero mucho. El pastor tiene una vasta experiencia, y por las veces que le he escuchado predicar y enseñar he visto que su conocimiento y sabiduría son remarcables.

El día que pude conversar por teléfono con él perdí una de las grandes oportunidades de aprender de manera individual de la experiencia de aquel pastor con muchos años de ministerio. Durante los varios minutos que hablamos, la casi totalidad del tiempo la utilicé hablando de lo que quiero o pienso, y no le di un momento al pastor a expresar lo que él consideraba de lo que me acontecía en mi ministerio. Todo su silencio fue notorio, y al final, calló y no dijo nada y nos despedimos.

Al terminar la conversación me puse a reflexionar lo necio que había sido, me di cuenta que el pastor no expresó nada, primero porque no le pregunté qué opinaba, y segundo porque yo creo que pensó: «Bueno, para que decirle algo, si él “cree saber” lo que hace». Nunca he podido preguntarle a él sobre esa conversación, pues no he podido tener otra oportunidad como tal, pero nunca he de olvidar cuan necio fue ese momento en mi vida. Es como que hubiera estado frente al rey Salomón, y en vez de escuchar de su sabiduría, él escuchó mis necedades.

Una persona sabia no es una persona que habla mucho, al contrario, estudia el caso, analiza, calcula, piensa que decir, y si considera que es conveniente decir algo lo dice; sabiamente guarda silencio cuando se encuentra ante un necio que no va a apreciar lo que tenga que decir: “El hombre cuerdo ENCUBRE SU SABER…”.

Como consejero, uno de mis problemas que tengo por momentos es hablar antes que escuchar. Sin necesidad que tenga que escuchar toda la historia, en mi mente ya estoy pensando las razones del problema y tengo inmediatamente las “soluciones” para enfrentarlos. Muchos hablamos más y escuchamos y analizamos poco.

Otros al contrario les gusta hablar mucho, y el propósito es el de llamar la atención. Creen que por su habladuría están manifestando sabiduría, cuando lo único que expresan es necedad: “…mas el corazón de los necios PUBLICA LA NECEDAD”.

Los que tenemos la tendencia hablar mucho generalmente nos encontramos con otro problema, nos introducimos en líos (Proverbios 13:3). Hablamos tanto sin meditar lo vamos a decir que damos rienda suelta a nuestro “necio” y oscuro corazón (Proverbios 10:19; 12:23). Hablar mucho siempre traerá calamidades, mientras que el sabio sabe que no debe decir todo; calla lo que debe callar, dice únicamente lo que debe pronunciar, y lo que dice lo hace con prudencia y buen juicio.

Hagamos un análisis sincero en nuestra vida, consideremos si somos personas que decimos cosas por decir sin analizar; si esto sucede así, entonces puede que seamos necios. Sabios son los que no dicen cualquier cosa, sino que sabe guardar su boca refrenando la lengua, “encubriendo” su saber.

La “lengua” puede ser la revelación de nuestra necedad, si la “mostramos” mucho en público entonces manifestamos quienes somos.

«Señor, necesito aprender a cuidar lo que digo y cuándo lo digo, ayúdame a ser prudente en mi hablar»

Proverbios 10:19

EN LAS MUCHAS PALABRAS NO FALTA PECADO; mas el que refrena sus labios es prudente.”

Un recuerdo precioso del Edén | MATRIMONIO y HOGAR

Génesis 2.24

Génesis 2:20-25

“Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. POR TANTO, DEJARÁ EL HOMBRE A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y SERÁN UNA SOLA CARNE. Y estaban ambos desnudos, ADÁN Y SU MUJER, y no se avergonzaban.”

Tristemente el matrimonio ha perdido su gran valor en las últimas décadas. Cada día que pasa aparecen más personas que restan valor que este vínculo sagrado tiene en la vida de la familia.

Unos piensan que el matrimonio es algo ambiguo, que se “acostumbraba” hacerlo en el tiempo pasado, pero que ahora no es necesario. Se cree que las relaciones sexuales fuera del matrimonio pueden ser llevadas sin ninguna condenación, pues ellas son manifestaciones “de amor” entre dos personas que se “quieren”. Si esa “relación de pareja” sin casarse funciona podrían estar pensando en un matrimonio, pero que no es necesario.

Otros piensan que el matrimonio es un infierno. Que los propósitos de estar unidos han acabado y que lo único que queda es separarse porque no pueden convivir con su pareja. Muchos problemas, peleas, discrepancias y más, han afectado tanto al matrimonio que lo único que inspira de esa relación es una separación. Dejan a un lado el amor y viven solamente por conveniencia o por “los hijos”, interponiendo a otras personas en una relación que no debe basarse en otros, sino en los 2 seres que forman la pareja: un hombre y una mujer.

Sea lo que esté pasando, las relaciones matrimoniales no deberían ser desvalorizadas o mal llevadas. Si miramos apropiadamente el pasaje, vemos que antes de que el hombre peque (Génesis 3:1-7), Dios había establecido el matrimonio como algo sagrado. Después del pecado del hombre y con el castigo impartido tanto al hombre como a la mujer, el Señor no desintegra el matrimonio, sino que lo conserva (Génesis 3:15-21, y 4:1); dándonos a comprender que esta institución, el matrimonio, sería la piedra angular sobre la cual se formaría la raza humana y se forjaría la misma sociedad.

El matrimonio entre un hombre y una mujer es el único vínculo humano en el que las relaciones sexuales son permitidas (Génesis 4:1). Fuera del matrimonio una relación sexual es un pecado; sea este fornicación, adulterio u homosexualismo.

El matrimonio no debería ser un infierno, puesto que fue establecido en el mismo inicio de la vida del hombre en el Edén, y antes del castigo por el pecado. Por lo tanto, debe ser honrado y conservado como un maravilloso regalo de Dios.

Si usted está viviendo en una relación sexual con alguna persona fuera del matrimonio, pida perdón a Dios y arrepiéntase. Si usted tiene problemas en su hogar, pida ayuda a Dios para que se puedan solucionar las dificultades que están menoscabando una preciosa institución establecida por el Señor para bendición suya y de su pareja.

El matrimonio es un regalo de Dios para la pareja heterosexual, y el sexo en él es una gran bendición que eleva más el valor de este regalo. Pero ambos regalos deben ser considerados como sagrados, y por lo tanto sumamente valorados.

<Con la ayuda de Dios, en su matrimonio aún se puede «vivir» El Edén>

Hebreos 13:4

HONROSO SEA EN TODOS EL MATRIMONIO, Y EL LECHO SIN MANCILLA; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.

Apagando nuestro afán | VIDA CRISTIANA

Filipenses 4.6-7

Filipenses 4:6-7

POR NADA ESTÉIS AFANOSOS, SINO SEAN CONOCIDAS VUESTRAS PETICIONES DELANTE DE DIOS en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y LA PAZ DE DIOS, que sobrepasa todo entendimiento, GUARDARÁ VUESTROS CORAZONES Y VUESTROS PENSAMIENTOS en Cristo Jesús.”

«La mañana del viernes 30 de noviembre de 1956 los periódicos de Hsinchu, Formosa, tenían un titular con grandes letras negras, el cual decía: “El Incendio Más Grande En Los Últimos Sesenta Años”. Lo que más nos interesa de esta noticia es que por donde tenía que propagarse el incendio había cinco hogares cristianos. Cuando la alarma sonó, el cielo estaba enrojecido por el reflejo de las llamaradas y las calles estaban llenas de negro humo. Mientras los bomberos combatían el fuego, uno de los cristianos estaba telefoneando a los otros miembros de la iglesia, y pronto un grupo de éstos se reunió en el lugar del incendio. La situación parecía desesperada. Entonces de todo corazón y a una voz todos ellos clamaron: “Señor, haz que tu santo Nombre no sea deshonrado.” Repentinamente, ante los asombrados ojos de miles de espectadores, el fuerte viento que había estado soplando cambió de dirección. Las llamas, que ya habían alcanzado una de las cinco casas de esos cristianos, súbitamente se alejaron de ella y comenzaron a devorar, una por una, ocho de las otras casas que se creía que estaban a salvo. Los cristianos vieron, precisamente delante de ellos, contestadas sus oraciones, y en coro gritaron: “¡Aleluya!” …»The Missionary Standard, Julio de 1957; en Arnold’s Commmentary, 1959, p. 153.

Siendo sincero, si yo hubiera estado en el mismo instante del incendio, en lo que menos hubiera pensado sería en orar. De seguro que la angustia hubiera consumido mis pensamientos y la falta de esperanza hubiera creado desesperación. Tal vez hubiera ayudado a las personas en peligro y tratado de salvar lo que más estuviera a mi alcance; y aunque esta historia fue un hecho real, lo que sorprende más, a parte del milagro, es la confianza que estos creyentes tuvieron en la oración.

En nuestras vidas existen “otros incendios” que nos consumen y nos llevan a la desesperación: Los problemas. Los problemas nos quitan la paz llevándonos al afán. El afán es un deseo intenso que nos mueve a hacer una cosa, y la falta de una pronta solución nos crea ansiedad que es un estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y extrema inseguridad. Si no hay aparente solución al problema o a la necesidad terminamos afanados y ansiados.

Pablo nos dice que por nada estemos afanosos, al contrario, nos pide que nos regocijemos en el Señor (Filipenses 4:4), pero la verdad que no siempre es fácil. Es por ello que también nos alienta a presentar a Dios en oración nuestros problemas que nos están quitando la paz y contaminándonos de afán y ansiedad.

La oración nos libera del afán que tenemos por la falta de solución inmediata. Al orar le decimos a Dios que necesitamos Su ayuda, y nuestra alma es liberada de la ansiedad. El Espíritu Santo obra con poder en ese momento ayudando al alma a tranquilizarse. Ese acto aquieta nuestros pensamientos, los cuales se enfocan de Dios y en Su poder, y nuestro corazón (el sentimiento) haya una paz que no es nuestra, sino que llega a nosotros sobrenaturalmente por obra del Espíritu de Dios (Filipenses 4:7).

Así como los creyentes de Formosa encontraron la respuesta debida a su real incendio, las oraciones pueden traer “viento” que aleje de nosotros ese afán que “quema” nuestra alma.

«Gracias Señor por la oración, por ella buscamos Tu ayuda al tiempo que nos liberamos de nuestra desesperación»

1 Pedro 5:7

ECHANDO TODA VUESTRA ANSIEDAD SOBRE ÉL, porque él tiene cuidado de vosotros.”

Forjando a Cristo | Una mirada a las MISIONES

Gálatas 4.19

Gálatas 4:19

“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, HASTA QUE CRISTO SEA FORMADO EN VOSOTROS.”

El apóstol Pablo había recorrido cientos de kilómetros predicado ciento de veces en diferentes lugares llevando el evangelio de Cristo. Su deseo era cumplir con la tarea encomendada por el Señor Jesucristo de predicar el evangelio a toda criatura, tal y cual el Maestro había encargado a sus discípulos antes de su partida (Mateo 28:16-20; Marcos 16:15; Lucas 24:45-49; Juan 20:21-23; Hechos 1:6-8).

Pablo comprendía que la tarea era llevar las Buenas Nuevas, pero las Buenas Nuevas en sí no era todo lo que se necesitaba hacer, la tarea se complementaría con “formar el carácter de Cristo” en esos nuevos creyentes.

La Gran Comisión, como la conocemos (Mateo 28:16-20), nos dice que la tarea no es solamente hacer nuevos creyentes, sino hacer de estos creyentes “Discípulos de Cristo”.

Mateo 28:19-20

POR TANTO, ID, Y HACED DISCÍPULOS A TODAS LAS NACIONES, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; ENSEÑÁNDOLES QUE GUARDEN TODAS LAS COSAS QUE OS HE MANDADO; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Parecería una tarea fácil, pero es más sencillo predicar el Evangelio y que nuevos creyentes se conviertan, pero otra cosa más complicada es hacer que estos nuevos creyentes se conviertan en discípulos de Cristo.

Actualmente con la nueva era de la “evangelización global”, parecería que muchos de nosotros estamos enfocados en hacer nuevos creyentes, lo cual es grandioso, y no lo tomemos a mal, pues es el deseo de nuestro Señor de que todos vengan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). Pero por momento olvidamos que nuestra meta no solamente es alcanzar nuevos creyentes, nuestra suprema meta es que estos nuevos creyentes se conviertan también en nuevos discípulos.

Para ello Dios a equipado a la iglesia para que todos lleguen a “la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Nuestra tarea global SI es predicar el evangelio de Cristo, pero una vez predicado el evangelio nuestro siguiente paso es “perfeccionar” a estos nuevos creyentes “para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-13).

Así como Pablo sufrió “dolores de parto” por aquellos a quienes él consideraba sus “hijitos”, nosotros debemos sufrir, trabajar, orar, ayunar y seguir obrando para que Dios, Quien es el que produce el crecimiento (1 Corintios 3:5-6), obre con poder en la vida de estos creyentes que necesitan ser moldeados a la imagen de su Salvador, solamente ahí ellos podrán ser llamados “cristianos” (Hechos 11:26).

Cristiano no es la persona que acepta a Cristo como su Salvador personal, cristiano es aquel que siendo salvo sigue a su Salvador hasta que la imagen de Cristo sea forjada en él. ¿Es usted un creyente o un discípulo? ¿Está trabajando para alcanzar a nuevos creyentes, o para forjar también en ellos el carácter de Cristo?

«La Gran Comisión es hacer CREYENTES y hacer DISCÍPULOS a la vez»

Hechos 11:20-26

“Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, ANUNCIANDO EL EVANGELIO DEL SEÑOR JESÚS. Y la mano del Señor estaba con ellos, y GRAN NÚMERO CREYÓ Y SE CONVIRTIÓ AL SEÑOR. Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y EXHORTÓ A TODOS A QUE CON PROPÓSITO DE CORAZÓN PERMANECIESEN FIELES AL SEÑOR. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y UNA GRAN MULTITUD FUE AGREGADA AL SEÑOR. Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y SE CONGREGARON ALLÍ TODO UN AÑO con la iglesia, Y ENSEÑARON A MUCHA GENTE; Y A LOS DISCÍPULOS SE LES LLAMÓ CRISTIANOS por primera vez en Antioquía.”

Sabio en mis relaciones | Un rayo de SABIDURÍA

Jeremías 15.19

Jeremías 15:19

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. CONVIÉRTANSE ELLOS A TI, Y TÚ NO TE CONVIERTAS A ELLOS.

El profeta Jeremías estaba pasando un momento muy difícil de su ministerio; el pueblo no lo escuchaba y cada vez se alejaban más de Dios. Esto trajo cierto descontento e impaciencia en el fiel siervo de Dios. El Señor llama la atención de Jeremías y le advierte que esta actitud estaba siendo influenciada por estar en medio de un pueblo vil y rebelde. Dios le pide que se convierta (vuelva de sus malos caminos), y Él se encargaría de restaurarle y bendecirle (“Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca”).

Aunque para muchos parezca muy difícil de aceptar, la influencia que tienen las personas que están a nuestro alrededor es muy fuerte. Esas personas, al estar en constante contacto con nosotros pueden impregnar actitudes y palabras que reflejan lo que ellos son y lo que hacen (Proverbios 13:20). Es obvio que entre más tiempo se pase con ellos, mayor será la influencia; y es ahí donde debemos hacer un sincero análisis de cuan beneficiosa o perjudicial son esas relaciones en nuestras vidas.

Nuestro papel como creyentes es de alcanzar al mundo siendo sal y luz. Nuestra meta debe ser presentar a Cristo y a Su evangelio a aquellos que no le conocen. Si bien es cierto no podemos aislarnos completamente del mundo, ya que vivimos en este sistema contaminado del pecado; si podemos, y necesitamos, tener una evaluación sincera y correcta de cómo este mundo nos está afectando y alejando de Dios, o, si realmente estamos impactando con la verdad de Dios a quienes están a nuestro alrededor.

Tenemos que hacer una diferenciación entre una amistad y un conocido. Un amigo es alguien íntimo, una persona que conoce cada detalle de nuestra vida y que debe influenciar lo que somos y lo que pensamos. Un conocido (por decirlo así), es alguien, que, a pesar de ser muy cercano, no debería tener esa clase de intimidad, y, por lo tanto, no debería producir alguna influencia en nuestras vidas. ¿Por qué?

Los amigos, al ser personas muy íntimas, siempre influenciarían nuestras vidas. Por eso debemos escoger quienes van a estar en este círculo cercano. Quienes van a estar ahí para ayudarnos a seguir adelante, y no alejarnos de nuestra más grande meta: Amar y servir a Dios. Los conocidos serán las personas que estarán en el siguiente círculo de influencia, a los cuales los debemos atraer a esta intimidad, pero con el propósito de que ellos conozcan a Dios y se conviertan a Él.

En el tiempo de la Ley de Moisés se daba la orden de castigar con la muerte a las personas que alejaban a alguien de Dios, sea esta persona el padre, la madre, el hermano, o un amigo íntimo (Deuteronomio 13:6-9). Una amistad que nos aleja de Dios siempre nos alejará de una vida bendecida (Jeremías 2:37). El ser amigo del mundo y de las personas que viven en el mundo nos pone en enemistad con Dios (Santiago 4:4).

Una buena amistad debe ser centrada en Dios, y no en “algo más” (1 Samuel 20:42). Un verdadero amigo debe ser alguien que dice lo que está mal de mí con verdad y amor, con el propósito de hacerme mejor (Proverbios 27:6). Una buena amistad siempre será necesaria (Eclesiastés 4:9-12).

Seamos sabios con las personas que están en nuestra área de intimidad, no todos deberían estar, aunque fuera fantástico que todos lo fueran. Si alguien de ellos no teme a Dios, mire cuanto está influenciando en su vida, y si lo aleja de Dios, no es una persona que le conviene (2 Corintios 6:14-17).

Salmos 119:63

“Compañero soy yo de TODOS LOS QUE TE TEMEN Y GUARDAN TUS MANDAMIENTOS.”