Enseñanza y ejemplo (Parte III: Enseñando sobre el trabajo) | MATRIMONIO y HOGAR

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Tito 2:6-7
“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad.”

1 Timoteo 5:8
porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.»

 

Una vital enseñanza en la vida familiar es el Trabajo. Comprendiendo que ningún trabajo es realmente malo (a menos que vaya en contra de los principios bíblicos), si el propósito es llevar el sustento a la casa. Es desconsolador ver como existen hogares que favorecen, o negligentemente permiten, la vagancia en los hijos.

La Biblia nos enseña que la pereza es pecaminosa y destructiva (Proverbios 6:9-10; Proverbios 26:14-15; Eclesiastés 10:18), también nos dice que el ocio siempre lleva al pecado (2 Samuel 11:1-5), y que aquellos que no trabajan o que viven una vida perezosa son “peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

Desde el principio de la etapa cognoscitiva del niño se le debe dar pequeñas tareas que le ayudará a recordar que la vida en el futuro requerirá de su trabajo. Con tareas sencillas como el limpiar el cuarto, ayudar a recoger la basura en la casa, levantar los platos de la mesa después de comer, lavar platos y más; los niños deben aprender a desarrollar tareas en el hogar que fomenten o enseñen el valor del trabajo.

Muchas veces esta sencilla enseñanza requiere amor, paciencia y constancia. Muchos de los hijos no disfrutan tener tareas, no desean colaborar en la casa porque están “cansados” o tienen “otras cosas” que hacer. Es ahí donde muchos padres pueden caer en dos extremos peligrosos: 1) O se violentan y exigen que los hijos cumplan sus tareas con disciplina física excesiva; 2) o para evitar entrar en polémicas con sus hijos, los dejan sin enseñarles a trabajar. Es difícil para muchos padres enseñar esto, pero recordemos que si no hacemos un buen trabajo con los hijos desde que son pequeños, cuando sean grandes pueden darnos más problemas.

Busque actividades conjuntas en las que puedan trabajar con sus hijos. Si en su hogar están presentes ambos padres, se podría fomentar los “equipos de trabajo” (padres vs hijos, mujeres vs varones, etc.), o tome a uno de sus hijos por semana y participe con él en las tareas. Distribuya tareas por edades y prioridades. Hay varias cosas que podría hacer para motivar a los hijos a trabajar en el hogar.

Habrán cosas que sería mejor enseñar a los hijos de acuerdo a su sexo. Tareas de reparaciones con los varones, tareas de cocina y casa con las mujercitas. No necesariamente para fomentar el sexismo, sino porque cuando tengan sus propios hogares, cada uno pueda cumplir con sus respectivos roles bíblicos en su casa a cabalidad. Claro que, si uno de sus hijos quiere aprender otras tareas, sería fantástico motivarle a que aprenda también. Sobre todo, recordemos que será el varón el proveedor de la casa, mientras que la mujer quien cuide y administre la misma.

Recordemos que la mejor manera de enseñar es con el ejemplo. Una tarea compartida y dirigida por los padres, cuando fuere posible, siempre será mejor que una tarea llevada por un solo miembro del hogar.

Incentive el trabajo con recompensas, no siempre tiene que hacerlo, pero siempre será un motivante más. Pequeñas cosas como permisos, una golosina, un deseo personal sencillo de ellos, etc., pueden ser “grandes premios” que alienten a nuestros hijos.

 

2 Tesalonicenses 3:10

“Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.”

¿Está seguro? | VIDA CRISTIANA

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Nehemías 5:13

“Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ¡Amén! y alabaron a Jehová. Y el pueblo hizo conforme a esto.”

 

Con frecuencia pronunciamos la palabra “AMÉN” para referirnos a una afirmación o aseveración sobre algún hecho o dicho. En las iglesias se promueva mucho el deseo de proclamar “AMÉN” cuando el predicador ha dicho una expresión de la cual nos identificamos o aseguramos que es parte de nuestro pensamiento o comportamiento. En otros momentos decimos “AMÉN” para decir que nos comprometemos ante algún pronunciado del cual acordamos cumplir. Y aunque muchos entendemos el significado de esta expresión, pocos a veces nos detenemos a considerar el real valor que ella tiene ante Dios.

En el A.T. la palabra hebrea “amen” (אָמֵן, H543) es traducida como: verdaderamente, genuinamente, amén, que así sea. Esta palabra se usa en su mayoría de las veces como adverbio, y hace referencia a una respuesta afirmativa de aceptación de términos y condiciones de una maldición (Deuteronomio 27:15-26); en pocos casos se utiliza como aceptación de un asentimiento de un pronunciado de otra persona (1 Reyes 1:36).

Ya en el N.T. la palabra hebrea fue transliteralmente llevada al griego, y de ahí al castellano u otros idiomas. La palabra “amen” (ἀμήν, G281) es utilizada para dar un título a Cristo que significa “fiel y verdadero”, como el mismo versículo expresa (Apocalipsis 3:14). También se utiliza esta palabra para expresar que a través de Cristo se cumplen fielmente los propósitos de Dios (2 Corintios 1:20). Las iglesias expresaban su aceptación a una oración levantada por alguien a través de este término (1 Corintios 14:16). En su vida ministerial Jesucristo utilizaba esta expresión griega, que fue traducida al castellano como “de cierto”, para dar a conocer nuevas enseñanzas de parte de Dios y de las cuales el Señor quería que sus oyentes pongan mucha atención (“… De cierto, de cierto te digo…” Juan 3:3).

Como podemos ver, esta palabra tiene varias implicaciones dignas de ser consideradas, especialmente cuando nos estamos refiriendo a una oración levantada ante Dios; cuando asentimos una verdad bíblica; o cuando nos identificamos ante un compromiso dado a Dios en una oración, sea esta de forma privada o pública.

Muchas veces decimos “AMÉN” de forma casual o repetitiva, pero sin considerar verdaderamente el valor de esta expresión, que si tiene un valor significativo en las Escrituras. Cuando estemos considerando alguna promesa a Dios, o cuando estemos asintiendo alguna verdad bíblica, estemos seguro que nuestro “AMÉN” tiene valor real en nosotros. Si es un compromiso ante Dios, como lo fue para el pueblo de Jerusalén en los días de Nehemías, que este “AMÉN” sea real y consciente ante el Señor.

Alguién le preguntó una vez a Daniel Webster: “¿Cuál es el pensamiento más grande que puede ocupar la mente de un hombre?” Él respondió: “Su sentido de responsabilidad a Dios.”Abel Ahlquist, Light on the Gospels.

 

«Dios, que mi mente y corazón estén siempre conscientes de tu Omnipresencia y Omnisciencia»

 

Santiago 5:12

“Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.”

Lo puso en mi corazón | VIDA CRISTIANA

Filipenses 2.13

Filipenses 2:13

porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

 

A menudo nos encontramos diciendo que “Dios puso” cierto deseo “en nuestro corazón”, o lo escuchamos decir a alguien. Esta frase hace referencia al hecho que la persona que lo dice pone como autor intelectual de un deseo a Dios, dándole a Él crédito por la idea. Con frecuencia es utilizada esta frase para dar por sentado que lo que sentimos es dado por Dios, y por lo tanto nuestro deseo es correcto y provechoso… O por lo menos, eso creemos. Pero, ¿qué tanto de cierto es ello?

Debemos recordar que Dios nos creó con deseos y voluntad. Estos están influenciados por múltiples fuerzas que los pueden generar. Es cierto además que Dios si obra en la vida de cada creyente para generar, por medio del Espíritu Santo, deseos que son originados por Él para cumplir con sus planes (Filipenses 2:13). La pregunta que sobresale entonces es: ¿Cómo identificar sinceramente que un deseo es dado por Dios o no?

No olvidemos que nuestros deseos pueden estar afectados por buenas y malas motivaciones, pero no necesariamente las buenas motivaciones pueden ser impulsadas por Dios únicamente, sino por nosotros mismos también. No todo lo que deseamos, aunque sea bueno en su forma o meta, es plenamente la voluntad de Dios, muchos de esos deseos pueden ser deseos vanos, no fructíferos. El corazón del hombre es engañoso y los caminos que puede escoger no necesariamente fructíferos (Jeremías 17:9; Isaías 55:8-9), por lo que algunos de los deseos que nacen en nosotros no son deseos que Dios pude haberlos “puesto”.

Otra cosa que debemos recordar es que mi deseo puede ser tan intenso que realmente podríamos pensar que si es de Dios. Muchos oramos tanto acerca de ese deseo que parecería que Dios está guiándonos hacer algo para alcanzarlo porque la intensidad del deseo incrementa más y más. Recordemos que un pensamiento que puede llegar a nuestra mente puede trabajar tanto en nuestra voluntad que entre más lo pensamos incrementa el deseo, y si oramos sobre ello, podría aparentar que Dios es quien está obrando.

 

Para saber si el deseo que tenemos ha sido “puesto por Dios en nuestro corazón” podemos hacer este sencillo ejercicio que nos puede ayudar:

  1. Mire si este deseo no crea algún conflicto en su vida o de otros, y si lo crea, que podría ocasionar.
  2. Hable con otros acerca de la idea y pregunte a ver que piensan, sobre todo hágalo con personas maduras en la fe o con su pastor.
  3. Pase tiempo orando y preguntando a Dios si es este deseo es dado por Él o no. Muchas veces nuestra oración no está dirigida a preguntarle su aprobación, sino a pedir su directa bendición, pues nosotros ya lo “hemos aprobado y deseado”.
  4. Escuche a Dios en su Palabra. El tiempo que pase en búsqueda de la respuesta siempre será valioso y provechoso. No dé por sentado que la respuesta de Dios es cierta hasta que escuche personalmente de Él que ese deseo es su divina voluntad.
  5. Una vez pasado por este filtro de pasos, entonces podría decir que sí, realmente Dios ha puesto ese deseo en su corazón, y que no es su propia y personal voluntad, entonces puede proceder a hacerlo.

 

Dios siempre estará dispuesto a ayudarnos cuando de todo corazón buscamos su buena voluntad.

 

«Padre, ayúdame a ser diligente en desear solamente tu voluntad»

 

Jeremías 33:3

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

El poder está en la estrategia | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 24.6

Proverbios 24:3-6

Con sabiduría se edificará la casa,
Y con prudencia se afirmará;
Y con ciencia se llenarán las cámaras
De todo bien preciado y agradable.
El hombre sabio es fuerte,
Y de pujante vigor el hombre docto.
Porque con ingenio harás la guerra,
Y en la multitud de consejeros está la victoria.”

 

La Batalla de Cannas tuvo lugar el 2 de agosto del 216 a.C. Esta batalla tuvo como protagonistas al ejército púnico cartaginés de Aníbal Barca y las tropas romanas dirigidas por Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, en la segunda guerra púnica. Esta batalla es considerada por muchos como una de las más épicas y es considerada en las academias militares para enseñar estrategia de guerra.

El ejército romano superaba en casi en doble al ejército cartaginés; cerca de 86.400 soldados romanos y unos 54.000 soldados cartagineses. Lo que resalta de esta batalla es que el ejército comandado por Aníbal era inferior en número y capacidad bélica. Lo que le llevó a la victoria a Aníbal obviamente no fue el número de soldados sino la estrategia que usó para derrotar al enemigo.

El General Aníbal distribuyó su ejército en una larga línea de batalla, misma que tenía a sus más fuertes hombres en los costados. En un instante de la batalla, las tropas del centro retrocedieron un poco haciendo que el ejército romano avanzara, llevándoles a una posición expuesta, en donde se encontraron rodeados en una media luna enemiga que los atacó por todos lados. Este movimiento estratégico de Aníbal le llevó a la victoria en contra del ejército romano, superior en capacidad.

La persona sabia es fuerte y tiene mayor poder, no por la cantidad de recursos que tiene, sino por el uso apropiado de lo que esté a su disposición. Son las estrategias sabias de cómo manejar lo que tiene a su mano lo que lo lleva a conseguir mejores resultados que otros.

Si la persona sabia conduce prudentemente su casa, edificará un hogar grandioso aprovechando lo que tiene a su alcance. Un gran hogar no se forma con dinero ni comodidades, un gran hogar se forma con cariño, paciencia, inteligencia y piedad. (Proverbios 24:3)

Esa misma persona sabia puede utilizar apropiadamente los ingresos económicos que tengan, sean pocos o muchos para guardar provisiones para el futuro. Guarda lo que le sobra para poder usarlo después y así seguir construyendo un futuro económico mejor para él y los suyos. (Proverbios 24:4)

La sabiduría y el ingenio están asociados con la fuerza. Cuando una persona sabia va a trabajar o emprender algo, será la estrategia lo que le ayudará a ver las opciones que tiene y considerará la mejor manera de conseguir frutos antes de poner el plan en marcha. No necesitará de mucho para lograr grandes éxitos. (Proverbios 24:5)

Cuando el sabio tenga que enfrentar a sus “enemigos” en alguna “batalla crucial”, será la manera como la enfrente la que le dará la victoria. Buscará consejo de otros y hará un análisis previo antes de emprender su ataque, esto le evitará muchas pérdidas y le asegurará la victoria. (Proverbios 24:6)

Quiere edificar su vida, hogar, trabajo y futuro; lo conseguirá en el uso sabio de lo que tiene en manos, no en la cantidad de recursos materiales que posea. Busque consejos en sabios hombres y en la Palabra de Dios para que su vida sea prosperada (Josué 1:8; Proverbios 2:1-11).

 

«Señor, ayúdame a ser uso adecuado de los recursos que me provees»

 

Eclesiastés 9:16-18

“Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras. Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios. Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.”

Enseñanza y ejemplo (Parte II: El trato del varón a la mujer) | MATRIMONIO y HOGAR

Tito 2.6-7 [1]

Tito 2:6-7

Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad.”

 

Tanto la joven adolecente como el varón necesitan de enseñanzas que van a forjar su comportamiento y trato con las personas del sexo opuesto, y con quienes un día serán su pareja. Cada adolecente debe aprender a relacionarse con prudencia para que su trato no vaya a ocasionar problemas en el futuro.

Los adolescentes varones deben aprender a tratar a la mujer como una dama, ya que esta “niña” que ya ha crecido tiene otras características que no tenía unos meses y años atrás. Mientras que en la etapa de los 8 a 10 años todo niño no desea hablar de parejas y todo lo que tiene que ver con relaciones le produce molestia (le “da asco”, como ellos dicen), ahora es diferente. La mejor manera de educarlo es siendo usted ejemplo de buen trato a la madre de su hijo, su esposa.

El joven debe ver que usted respeta a su mamá. Debe mirar constantemente que la trata como a vaso frágil, y que como buen esposo da su vida por ella, como Cristo ama la Iglesia (Efesios 5:25-29). Enseñe a su hijo que el amor requiere entrega completa, y muéstrele con ejemplos vivos que significa ello.

Si desea, antes de una salida especial con su esposa, hable con su hijo y pregúntele qué es lo que él haría con su mamá si la cita fuera entre ellos dos. El propósito de esta pregunta es para que vaya aprendiendo que esos detalles pequeños son valiosos para su esposa, y así él considerará valioso hacerlo con quién vaya a ser la esposa de él. Lleve flores, escriba pequeñas notas, compre caramelos o chocolates, o abra la puerta del carro; recalque a su hijo el valor de estos pequeños pero importantes detalles.

Ya cuando llegue el tiempo a que su hijo puede tener una relación con una chica, ayúdele con consejos, hable con su hijo de cómo conquistarla, cuéntele sus propias experiencias; pero sobre todo háblele del trato que debe darle a la jovencita. En lo que a menudo fallamos los varones es en poder enseñar de enamoramiento a los hijos varones. Dejamos que sean los amigos de ellos quienes forjen eso en nuestros hijos, permitimos que otros compartan con ellos ideas negativas o perjudiciales que podrían afectar la vida emocional y espiritual de nuestro hijo.

En casa seamos ejemplo de buen esposo, colaborando con nuestra esposa en los quehaceres domésticos, para que ellos aprendan que el hombre no solamente debe trabajar y traer el dinero a la casa, sino que también es parte del cuidado y atención en el hogar.

Cuando trate de una manera cortés a su esposa, hágalo con sus hijas también si las tiene, y explíquele a su hijo el valor de este valioso trato.

Ser maestro y ejemplo es valioso en nuestra enseñanza. Su hijo aprenderá mucho escuchando, pero más viendo. Su esposa merece gran trato, y su hijo debe verlo y valorarlo, para que el día de mañana nuestro adolecente sea un esposo y padre especial.

 

«Dios, que nuestros varones sean esposos de valor»

 

1 Pedro 3:7

“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”

¡Sólo a los míos! | Una mirada a las MISIONES

Marcos 16.15

Hechos 11:19-20

“Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.”

 

La cultura es el conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo o una época. En un mundo tan inmensamente diverso las posibilidades de encontrar diferencias culturales están a la vuelta de nuestra esquina. Aún con el cruzar una frontera cercana nos podemos hallar con una cultura diferente a la que conocemos y con la cual nos identificamos. Dentro de un mismo país existe tan diversidad de diferencias entre los habitantes que cambian en poco o mucho la manera en la que cada grupo coexiste. Estas diferencias en el país pueden estar marcadas por ubicación geográfica, clase social, nivel económico, grupo generacional, dialectos, prejuicios, etc.

En aquellos países, donde el flujo migratorio ha incrementado, debido a problemas económicos o políticos en los países de donde la gente migra, estas diferencias se aumentan. Las personas que llegan a vivir en sus “nuevos países” traen consigo su propia cultura, y de repente se encuentran con problemas de adaptación que los afecta. Estas mismas personas tienen que adaptar una nueva cultura que se mezcla con aquella que ellos poseen, creando una subcultura, mezcla de nuevas tradiciones y nuevos términos lingüísticos muchas veces.

Esta misma diversidad puede crear limitaciones y ataduras que impiden o dificultan, en mucho o en poco, la correcta comunicación del evangelio a los otros.

Las personas que “habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban se encontraron con un problema cultural y racial. Estas personas nacidas en Jerusalén y que se consideraban judías se hallaron con personas que decían ser judías, pero que habían adquirido una influencia helenística que los había cambiado en mucho. Sus diferencias en lenguaje y tradiciones hicieron que los “esparcidos” no comunicaran el evangelio con aquellos que no eran “judíos”.

Por otro lado, dentro de aquellos “esparcidos” estaban un grupo de personas que habían crecido bajo una influencia helenística y que eran considerados “griegos”, a pesar de ser judíos. Estos oriundos de Chipre y Cirene si hablaron con el resto de la población más fácilmente, en vista que su adaptación fue diferente.

Un misionero tiene que considerar las diferencias que existen entre su cultura y la nueva cultura a la que se enfrenta. Considerando esas diferencias debe aprender a conocer más de cerca esta nueva cultura, que muchas veces es muy diferente a la suya, y tiene que aprender a adaptarse a ella si desea llevar con facilidad el evangelio.

Larry D. Pate, en su libro “Misionología: Nuestro Cometido Transcultural” nos dice: <<El evangelismo intercultural en que se pasan por alto las diferencias culturales entre los distintos grupos étnicos es un evangelismo pobre. Tal evangelismo aleja a más personas del mensaje del evangelio que las que lo reciben>>. Además, advierte y exhorta a los misioneros a adoptar esta nueva cultura para que la comunicación llegue con mayor fluidez. El evangelio no llega a ser efectivo si el mensaje y el mensajero no se adapta a las condiciones culturales a las cuales trata de llegar. “Nadie cruza una barrera cultural para escuchar el mensaje del evangelio, son los mensajeros quienes deben cruzar estas barreras para que puedan llevar el evangelio con facilidad a quienes no lo han escuchado todavía”. (Richard Lewis)

Debemos llevar el mensaje a quienes no lo han escuchado, aún a quienes puedan tener diferencias culturales a las nuestras; pero hasta que no estemos dispuestos a adaptarnos a esas nuevas condiciones de cultura, no podremos ser mensajeros efectivos de Evangelio de Cristo.

 

«Señor, que las diferencias culturales no me sean obstáculos para poder llevar tu Palabra a quienes no la han escuchado»

 

1 Corintios 9:16, 19

“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! […] Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número.

En Equipo | VIDA CRISTIANA

Romanos 12.4-5

Romanos 12:4-5

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

 

<<Estados Unidos ganó una nueva medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016 en gimnasia femenina con un equipo de cinco mujeres excepcionales en el que despunta el portento de fuerza, técnica y seguridad que es Simone Biles.

Las estadounidenses, que ganaron el título en Londres 2012 después de una sequía que había comenzado en Atlanta 1996, prolongan un ciclo más su hegemonía. Sumaron 184,897 puntos y las acompañaron en el podio Rusia (176,688), que también repite la plata de Londres, y China (176,003), que regresa al cajón después de la cuarta plaza de hace cuatro años.>> (9 de agosto 2016, Diario La República – Perú)

Lo que hizo relevante de este equipo fue el trabajo y esfuerzo conjunto que demostraron las cinco integrantes. Cada una de ellas cumplió su papel, y entre todas lograron el anhelado oro olímpico. Esta competencia es especial ya que tres gimnastas por país participan en cada una de las cinco disciplinas. Cada país escoge a sus tres integrantes en cada rutina y el puntaje acumulado es el que otorga al final el puntaje necesario para ganar la competencia. Aunque Simone Biles fue la destacada deportista de esta jornada olímpica para el equipo de los Estados Unidos, esta medalla de equipo no se pudo haber logrado sin la participación de Madison Kocian, Aly Raisman, Gaby Douglas, y Lauren Hernández.

En la Iglesia de Cristo la importancia de trabajar “En Equipo” también es muy importante. Aunque cada iglesia local debe estar formada por un pastor o pastores, un grupo de líderes y maestros; la tarea completa de la iglesia no se puede llevar a cabo sin la participación de todos y cada uno de los miembros de ella.

No “todos los miembros tienen la misma función, pero todos son necesarios. Pablo, en su analogía de la iglesia y el cuerpo humano, nos recuerda que cada uno es importante. No todos tendrán los mismos dones ni talentos, no todos tendrán la misma función a pesar de tener los mismos dones, no todos tendrán funciones relevantes, pero todos y cada uno de los miembros de la iglesia son necesariamente valiosos.

No podríamos decir en este momento si el oro olímpico del equipo femenino de los Estados Unidos no se hubiera logrado sin la participación de Simone Biles, pues es algo que no se podrá comprobar repitiendo la misma actividad. Pero si podemos asegurar que sin la participación de todas ellas no se hubiera dado.

Cada creyente es capacitado por el Espíritu Santo para cumplir una función importante y única dentro del funcionamiento de la iglesia. Cada miembro es uno “en particular” (1 Corintios 12:27), y como tal está capacitado peculiarmente para las tareas que Dios desea desarrollar a través de esa persona en cada iglesia.

Si usted está sirviendo en su iglesia en alguna área o ministerio su posición en valiosa, su obra importante, y su presencia requerida. Así no sea una “Simone Biles” en su iglesia, lo que usted hace cuenta, y cuenta mucho (1 Corintios 12:14-27). Pero si aún no está sirviendo ni participando activamente, entonces su iglesia, el Cuerpo de Cristo, está necesitando urgentemente de su colaboración. ¡Es hora de ganar el ‘oro olímpico’ para Cristo!

 

«Señor, gracias por los dones y talentos con los que me has capacitado, úsalos con poder en Tu Iglesia»

 

1 Corintios 12:27

Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”

Vulnerable | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 25.28

Proverbios 25:28

Como ciudad derribada y sin muro
Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.”

 

Langostas En Marruecos

Según noticias procedentes de Casablanca en 1955, una plaga de langostas que comenzó a invadir esa región por el mes de noviembre de 1954 destruyó la vegetación en una superficie de unos 500 kilómetros de largo. Algunas nubes de los insectos fueron hasta de quince kilómetros de ancho por treinta kilómetros de largo. La noticia decía que las langostas consumieron un repollo en menos de treinta segundos, y quitaron la corteza de un naranjo en menos de diez minutos; una cosecha de 30 hectáreas de tomates desapareció en menos de diez minutos. Eran tan voraces las langostas que hasta mordían los labios de los niños y atacaban a las aves de corral. (Lerín, A. – 500 ilustraciones)

Las langostas no pueden ser controladas de ninguna manera, no existe forma de detenerlas, y la destrucción que ocasionan es incalculable. Para ellas no existe defensa que pueda detenerlas, no hay muro alguno ni cerca eléctrica. Todo lo que se encuentre a su paso será destruido.

Pero qué hay de aquellas ciudades en las cuales no hay defensas en sí mismas. La vulnerabilidad que presentan es tal que los ladrones pueden saquearla, los enemigos pueden invadirlas, los extraños pueden ingresar en ellas, y la inseguridad rondaría sus calles día y noche.

La persona que no tiene autocontrol es comparada con una “ciudad derribada y sin muro”. Es alguien que no puede controlar ni lo que dice, ni lo que hace, ni la manera como se aíra. Es alguien que por falta de control se deja llevar por su pasión y su falta de entendimiento y coherencia al actuar, y llega a ser alguien que es altamente vulnerable.

Si la persona no controla su lengua, ésta puede decir lo que no debería en el momento menos propicio. Prometería cosas que no puede cumplir ni debe prometer. Por su falta de control llegaría fácilmente a ser presa de la mentira, ya que diría lo que fuera por decir lo que quisiera. Divulgaría los secretos sin control y ahuyentaría hasta al amigo más confidente.

Si la persona no puede controlar su conducta, ésta puede llevarle a estar en lugares que no debería estar haciendo lo que no debería hacer. Sería presa fácil de la presión de los demás que le podrían desafiarle hacer lo indebido. Cuando se encuentra ante una persona que requiera un trato adecuado actuaría sin respeto y llegaría ofender con facilidad. En cuanto a la ira, sería fácilmente controlado por el enojo y diría o haría lo que le vendría a su ser en ese instante y daría rienda suelta a su enfado.

Esta vulnerabilidad de la persona sin control la expone a que la gente no le estime, no le confíe. Lo llevaría fácilmente a estar en problemas. Sería blanco constante de las críticas, y crearía tal desconfianza que nadie quisiera estar a su alrededor. Cuando le llegue el momento en que la persona sin control quiera defenderse, no habrá ningún recurso que lo ayude a defenderse, y su estado al final de todo sería como una “ciudad derribada y sin muro”. Sería como ciudad atacada por ‘langostas’.

La autodisciplina es una valiosa cualidad en el carácter de cada uno de nosotros, y nadie más que nosotros mismos seremos los primeros beneficiarios de ella. La autodisciplina es parte de la madurez y de la sensatez del hombre. Quienes la desarrollen serán como baluartes que los protegerán de la crítica mal fundada, serán como ciudad amurallada que no permitirá que el pecado ni el mal le afecte, y quienes habiten a su alrededor estarán como ciudadanos que caminen en plena paz por sus calles.

 

«Señor, ayúdame a desarrollar mi autocontrol»

 

Proverbios 16:32b

“Mejor es … el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.”