Enseñanza y ejemplo (Parte VII: El sexo en el enamoramiento) | MATRIMONIO y HOGAR

1-timoteo-5-22

Tito 2:6

“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes.”

 

1 Timoteo 5:22

“… Consérvate puro.”

 

Por demás esta aclarar que nuestra sociedad ha ingresado en un descontrol muy dañino en cuanto a las relaciones sexuales y los diversos pecados sexuales se refiere. Nuestros jóvenes están terriblemente bombardeados con tanta información del mundo que los ha cautivado y conducido a una decadencia tremenda de valores piadosos.

Para el mundo, el conservar, lo que ellos llaman valores morales, se van quedando en lo ambiguo; creen que los valores piadosos y el plan de Dios presente en la Biblia es algo que ha pasado de moda, y que debemos vivir una nueva realidad, una realidad “actualizada”.

Nuestros jóvenes, desde muy temprano están siendo influenciados por una falta de respeto de sí mismos, de quienes están a su lado, y sobre todo a Dios. Para ellos, nuestros jóvenes, el temor al rechazo y la presión ejercida por una sociedad sin valores los ha llevado a cambiar su perspectiva y los ha convencido de un engaño creado por Satanás que ha inducido al pecado sexual, en todas sus formas, destruyendo la pureza de la mente y el corazón de la juventud.

Ahora creen abiertamente que el tener relaciones sexuales dentro del enamoramiento es algo “moderno”, apropiado para alcanzar “experiencia”, y que los lleva a divertir. Como sociedad hemos dejado atrás el valor que la pureza y la virginidad del hombre y la mujer tienen dentro del matrimonio. Muchos creen que el convivir dentro de una relación emocional informal llevando una relación sexual es parte de lo debido. ¿Pero, qué nos enseña la Biblia?

Las relaciones sexuales son un regalo de Dios para la pareja única y exclusivamente dentro del matrimonio. Fue establecido por Dios para la reproducción de la raza humana, pero que tenía como propósito también bendecir a la pareja en su vida íntima. Dios fue el primero en establecer el matrimonio y bendecir a la pareja en el Edén (Génesis 2:23-25).

También la Biblia nos enseña que la relación del matrimonio inicia con una voluntad mutua de vivir juntos, es un compromiso que se lo hace en público para reconocimiento de todas las demás personas, es por ello que se llevaban a cabo las bodas (Génesis 29:21-23). El acto de la intimidad sexual solamente se debe dar en este marco.

En Deuteronomio, la Palabra de Dios nos dice claramente que si un par de jóvenes se llegaban a juntar en un acto sexual llegaban a formar ya una pareja y por lo tanto no deberían ya separarse (Deuteronomio 22:28-29). Y aunque seguía siendo un acto pecaminoso, el joven varón tenía la obligación de restituir la deshonra al padre de la señorita con un pago, y que desde ese momento ya no podía separarse de ella, estableciendo así una pareja para toda la vida.

En la Primera carta a los Corintios, Pablo nos expresa que una relación sexual fuera de un matrimonio nos afecta no solamente en la parte física, sino espiritual. El allegarse a una persona físicamente afecta las emociones, la parte cognoscitiva, la parte física, y por supuesto la parte espiritual. Esta implicación es muy fuerte (1 Corintios 6:12-20).

Es nuestro deber el enseñar y ayudar a nuestros hijos a evitar tener cualquier relación sexual antes del matrimonio, sea esta en forma casual o durante un enamoramiento. No es una enseñanza que se deba impartir solo a las señoritas, sino en el hombre también, ambos jóvenes deben llegar puros al matrimonio para que puedan disfrutar de este regalo maravilloso de Dios en el seno apropiado para disfrutarlo. El acto sexual en la noche de bodas debe ser el clímax del compromiso emocional y formal que se ha dado; el “sello”, por decir así, que debe afianzar el compromiso de la pareja para el resto de sus vidas.

Cualquier otro momento y en cualquiera de las posibles manifestaciones de satisfacción sexual fuera del matrimonio heterogéneo es pecado, sean estos: pornografía, masturbación, fornicación, homosexualismo, adulterio.

¿No sería hermoso ver a nuestros hijos encontrar a su pareja, que tengan una relación de noviazgo apropiada, y que puedan guardarse íntimamente para su esposo? Enseñemos a nuestros hijos “a que sean prudentes” conservándose puros.

 

«Dios, que nuestros hijos se conserven puros»

 

2 Timoteo 2:22

“Huye también de las pasiones juveniles…”

“Desde la prisión” | VIDA CRISTIANA

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Colosenses 4:10, 18

“Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, […] La salutación de mi propia mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén.”

 

En las redes sociales circula mucha información que es cierta y otra que es falsa; algunas de ellas son edificantes y otras destructivas; unas nos llevan a reflexionar y otras pueden llegar afectar las emociones (enojo, alegría, pesar, etc.). Es increíble ver como a cada instante algo nuevo sale que busca llamar la atención.

Entre ellas circula una aparentemente escena “cómica”, pero que me hizo reflexionar. Se trata de dos amigos que se encuentran, y uno de ellos le solicita al otro a que lleve una carga ilegal de droga. Entre la recomendación de quien le solicita el favor a su amigo le pide que apenas llegue a Estados Unidos le llame por teléfono. Es ahí donde aparentemente inicia la broma, la persona que actúa de mula llega a su destino y es ahí donde se coloca un playback de una canción que inicia su canto diciendo: «¡Oye! Te hablo desde la prisión». Aparentemente cómico, pero es tristemente real y calamitoso en muchos casos.

Cada día más y más personas toman decisiones que les llevan a consecuencias desastrosas, y a veces fatales. Es obvio que las consecuencias de nuestros actos siempre estarán presentes. Algunos obran bien y les va bien; pero no siempre es así tampoco.

Pablo, había llevado el evangelio a gran parte de Asia Menor y la Europa Oriental Mediterránea. Miles de personas estaban escuchando el evangelio y varias iglesias estaban siendo establecidas. Su labor era llevar las buenas nuevas a los gentiles, pero no todo sale bien. Por esta misma causa había sido arrestado y estaba en la cárcel. No fue su primera, vez, ni tampoco esta Carta, la de los Colosenses, sería la última escrita desde una prisión, pues vendrían unas pocas más después. Me llamó mucho la atención que la carta no es una de queja o pesar, mucho menos de desaliento o alerta, al contrario, es una carta de victoria, de gozo, de motivación, de edificación.

Inicia diciendo a los creyentes de Colosas que él estaba orando y daba gracias a Dios por ellos (1:3); alaba su fe en Cristo (1:4a); les decía que su oración era para que el amor entre los creyentes crezca (1:4b); se gozaba por la obra del evangelio en Colosas y el resto del mundo (1:5-6), por el testimonio de los hermanos de la iglesia (1:10-11), por la nueva posición del creyente en Cristo (1:12-14, 22), y por las prisiones que sufría por la causa de Cristo y por la Iglesia de Cristo.

Pablo tenía un enfoque correcto y un compromiso constante. Esta carta no era para desmotivar, sino para desafiarles a ser fieles. Es un recordatorio de su lucha, su causa y su propósito (1:28 – 2:1).

  • Su lucha: Llevar el evangelio y seguir hablando a pesar de las pruebas y oposición.
  • Su causa: Cristo y el evangelio.
  • Su propósito: Presentar “perfecto en Cristo Jesús a todo hombre”.

¿Por qué no tomamos este recordatorio y lo hacemos nuestro enfoque y compromiso? Luche por hablar de Cristo a pesar de la oposición; haga la causa de Cristo su propia causa; y que su propósito sea llegar a ser como Cristo y ayudar a otros a ser como nuestro Señor.

 

«Padre, que mi lucha sea por el evangelio, que mi causa sea la de Cristo, y mi propósito ser como Él»

 

Colosenses 1:28-29

“a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.”

“Ojos” del entendimiento | Una mirada a las MISIONES

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2 Corintios 4:3, 4 y 6

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. […] Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.”

 

Para aquellos que compartimos el mensaje del evangelio nos produce sumo gozo el poder ver que una persona recibe a Cristo como su Salvador. Jesucristo vino a pagar por nuestros pecados, derramando su sangre en la Cruz y sufriendo Él nuestro castigo, pagó la condenación y ya no tenemos que ir al infierno. Este mensaje vaya que es maravilloso y grandiosamente lleno de esperanza para todo aquel que en él cree (Juan 3:16).

Pero con tristeza debemos mencionar que no todo es gozo en el evangelismo. Hace un tiempo atrás estaba compartiendo el evangelio con una persona que no había escuchado sobre las buenas nuevas; mientras hablábamos, y trataba de ser lo más claro posible en la exposición del evangelio, esa persona se mostraba distraída y sin interés alguno en lo que hablaba. Mientras seguíamos la conversación noté en sus ojos un vacío de una falta de percepción. Al final de mi tiempo le pregunté si entendió lo que escuchó y que pensaba de ello, a lo que su respuesta no dejó más que un gran y triste asombro en mí – «Bonito lo que dijo, pero no me interesa, no veo tanta importancia como usted en lo que menciona» – es lo que en pocas palabras me dijo.

En medio de mi pesar y frustración le preguntaba al Señor: «¿Por qué Señor, por qué esta persona no entendió el mensaje?»; por su puesto, Dios sabía muy bien que había pasado, en los siguientes días Él me mostró que “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que nos les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo.” (2 Corintios 4:4)

A pesar de ello, Dios necesita de gente que con pasión y gran compromiso lleven el “evangelio de la gloria de Cristo” a todos los que están en oscuridad y así “les resplandezca la luz”. Jesucristo, la noche que se le presentó a Pablo en su conversión, le dijo que su tarea era ser “testigo” y que lo enviaba para que abra “sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” y para que reciban perdón de los pecados por la fe en Él. (Hechos 26:16, 18).

El Apóstol Pablo, comprendía muy bien como Satanás obraba en el mundo y contra nosotros, es por ello que en el gran pasaje sobre la Armadura de Dios, nos dice que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo” (Efesios 6:12); por esto nos exhorta en el mismo pasaje a orar en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, […] por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.” (Efesios 6:18-20)

La salvación no es obra nuestra, nosotros solamente somos portadores del mensaje, quien hace la obra es Dios, “porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2 Corintios 4:6)

La persona de quién compartía al inicio, después que pasaron quince días, y después de haber orado al Señor por ella, recibió a Cristo. Su entendimiento esta vez fue iluminado por el poder del mensaje de Dios, y con lágrimas en sus ojos dijo sí a Cristo. ¡Gloria a Dios! Así que no se desaliente, siga adelante, ore sin cesar para que Dios siga abriendo los corazones de las personas que aún tienen cegado el entendimiento.

 

«Padre, obra en aquellos que tienen el entendimiento cegado, y obra en mí para hablar con denuedo de Cristo»

 

1 Corintios 2:14

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”

¡Cuidado con el exceso! | Un rayo de SABIDURÍA

proverbios-25-17

Proverbios 25:16-17

“¿Hallaste miel? Come lo que te basta,
No sea que hastiado de ella la vomites.
Detén tu pie de la casa de tu vecino,
No sea que hastiado de ti te aborrezca.”

 

El exceso es el hecho de exceder o sobrepasar cierto límite, cantidad o valor que se considera normal o razonable. Es una acción abusiva o injusta. La impertinencia es la acción o el dicho inoportuno que afecta el respeto, dignidad u honor de una persona. Ambas actitudes afectan las relaciones con las demás personas.

Con frecuencia nos encontramos con personas que no pueden hallar límites a sus actos. Estas personas no siempre realizan sus actos de una manera mal intencionada, pero si llega a afectar la forma como las demás personas lo perciben. Y nosotros podemos llegar a ser esas personas faltas de límites.

Pero el exceso no necesariamente afecta a una segunda persona, esto puede afectarnos a nosotros mismos también. Por ejemplo, imagine que usted disfruta en gran forma de un plato de comida, y que come y come a cada momento, tanto que no le da descanso al paladar. Esta actitud puede llegar a afectar su salud y su gusto, al punto que ya no lo disfruta tanto como al inicio y podría llegar a perder el interés. “¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites.” (Proverbios 25:16)

Puede haber exceso en la zalamería. Una persona que habla con muchas palabras, tratando de alabar o exaltar a alguien de una manera exagerada puede producir también repugnancia. Otros hablan tanto con tantas palabras, y piensan que con su palabrería han logrado impactar al oyente, y lo que frecuentemente consiguen es aburrirlo o confundirlo. “¿Tendrán fin las palabras vacías? …” (Job 16:3); “El que ahorra palabras tiene sabiduría…” (Proverbios 17:27)

El exceso en la falta de respeto a la privacidad de nuestros vecinos y el abuso de confianza que sus bondades y generosidad también son inapropiadas. Hay personas que parecerían que no conocen los límites, y con su impertinencia llegan alterar las relaciones con “sus vecinos”. Comprendamos que todo debe tener tiempo y medida para no dañar el buen vivir y las relaciones con nuestros prójimos. “Detén tu pie de la casa de tu vecino, no sea que hastiado de ti te aborrezca.” (Proverbios 25:17)

También puede darse un exceso en la controversia que afecta mucho las relaciones, especialmente entre las parejas y la familia, o en los lugares de trabajo. Evitar en lo posible los conflictos, aprender a ser pacientes y a perdonar trae siempre gran provecho. “Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella.” (Proverbios 20:3)

El poder determinar los límites convenientes siempre traerá beneficios personales y nos evitará entrar en conflictos con las demás personas. Debemos aprender a ser moderados y discretos para que podamos vivir en paz y bendición. Cuando vaya actuar, mire siempre también en la otra persona antes de obrar, haga un análisis debido de las circunstancias, y después actué con sabiduría para evitar entrar en pecados y conflictos innecesarios.

 

«Señor, enséñame prudencia, moderación, discreción»

 

Proverbios 14:8

La ciencia del prudente está en entender su camino;
Mas la indiscreción de los necios es engaño.”

Enseñanza y ejemplo (Parte VI: El “con quién” del enamoramiento) | MATRIMONIO y HOGAR

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Tito 2:6

“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes.”

 

Amós 3:3

“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”

 

El enamoramiento es una etapa esencial en la vida de una pareja. Inicia generalmente con una atracción física que va incrementando y adoptando nuevas razones a medida que avanzan a la etapa del conocimiento de la otra persona. Son generalmente las cosas mutuas en común las cosas que buscamos o deseamos en la otra persona lo que nos atraen más y más hasta el punto en el que nos sentimos seriamente encantados.

Lo que mantendrá firme la relación matrimonial en el futuro no serán las cosas externas que nos enamoran, sino mas bien esos valores internos, las cosas inmateriales. Las metas, la manera de tratar a la persona, las actividades que comparten juntos, los principios morales y espirituales; todos estos factores son más valiosos que la parte externa al final de los días, pues la belleza es vana, y muchas veces engañosa (Proverbios 31:30a).

El profeta Amós nos señala un principio muy importante al momento en el que nuestros hijos quieran buscar una pareja: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3).

El factor más importante en el cual nuestros jóvenes deben enfocarse es el espiritual, y lamentablemente este es el menos relevante en la mayoría de los casos. Cuando Esaú buscó esposas, escogió mujeres paganas, “y fueron amargura de espíritu para Isaac y Rebeca” (Génesis 26:34-35). Sansón en dos ocasiones escoge dos mujeres filisteas como sus esposas, mismas que le causaron gran pesar (Jueces 14 – 16).

Dios había sido muy específico en la Ley que dio a Moisés, los hijos de Israel debían casarse con mujeres israelitas, o por lo menos que profesen la misma religión para evitar que las mujeres paganas alejen a sus hijos hacia la adoración de dioses falsos (Deuteronomio 7:2-4; Josué 23:12-13). La seriedad de este factor fue tan importante en aquel tiempo, como lo es ahora. Pablo, en su Segunda Carta a los Corintios, nos recuerda que nuestras relaciones de toda índole: sean estas comercial, de amistad, u de otro tipo; debe hacerse con personas que profesen nuestra misma fe, para evitar encontrarnos en relaciones que no le agraden a Dios (2 Corintios 6:14-18).

Pero no solamente su fe es importante, sino el grado de madurez en ellos. En el principió que Amós nos da, nos enseña que para caminar juntos los dos, deben estar “de acuerdo”, esto implicaría el mismo grado de compromiso y de conocimiento de Dios. Oremos para que nuestros hijos puedan estar tan comprometidos con Dios mucho antes de comenzar a buscar su pareja, para que sea bajo el temor y la guía del Señor que ellos puedan encontrar a la persona que vaya a ser su esposo. Si Dios está en primer lugar en nuestros hijos y en las personas en quienes nuestros hijos se interesen, de seguro ellos podrán tomar decisiones que siempre los bendecirán a ellos, y los demás nos sentiremos gozosos.

Estar “de acuerdo” también implica sus metas. Nuestros hijos deben buscar parejas con metas comunes. La frustración en varios matrimonios se da cuando ellos no tienen las mismas. También puede aplicarse este principio en actividades que ellos puedan desarrollar comúnmente como salidas de paseo, actividades sociales juntos, deportes, etc.; todas estas áreas deben ser un buen factor a considerar.

Nunca dejemos de enfatizar estas consideraciones a nuestros hijos, pues en la medida de que ellos puedan escoger parejas que vayan a ser bendición para sus vidas, traerá bendiciones para nuestras vidas también. No es solo importante esperar en el tiempo para buscar a una persona a quien amar, sino también el “con quién” se van a casar es imperante.

«Señor, que nuestros hijos puedan escoger parejas que vayan a agradarte a Ti en primer lugar»

 

Proverbios 18:22

“El que halla esposa halla el bien,
Y alcanza la benevolencia de Jehová.”

Generador | VIDA CRISTIANA

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Efesios 1:16-20

“no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales.”

 

Los generadores eléctricos son aparatos capaces de transformar algunas de las múltiples formas de energía en electricidad. Estos generadores pueden ser de tipo mecánico o químico. Sus usos inimaginables otorgan energía a otros aparatos para que así puedan ser utilizados apropiadamente para los fines con los cuales fueron creados.

Dios es nuestro proveedor de Poder, con la diferencia de que Él no necesita de otra fuerza para generar poder, pues Él mismo en si tiene poder. Dios, a través de la Persona del Espíritu Santo nos otorga gran poder para que podamos cumplir con Su voluntad. Muchos de nosotros no hemos llegado a comprender el inmensurable poder que está presente en nuestras vidas.

La oración de Pablo a Dios era para que Él ayude a los creyentes de Éfeso a conocer más del Señor y de Su poder (os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis […] cuál la supereminente grandeza de su poder).

El versículo 19 nos dice que Dios es Grande en Poder (supereminente grandeza de su poder), y que Él nos otorga ese poder. Entender tan grande recurso y tan gran capacidad con la que contamos nos ayudará a vivir en victoria sobre las pruebas y tentaciones. Podremos evitar mirar a nuestras limitaciones para que podamos confiar en el gran poder de Dios para hacer lo que Él nos llame hacer. Ese gran poder de Dios nos capacita a entender Su Palabra. Ese mismo poder “operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales.”

Las palabras griegas para “grandeza de su poder”, “operación”, “poder”, y “fuerza” nos dan la idea que Dios tiene un gran poder para darnos energía y operar con la misma potencia con la que Él obra en nosotros para capacitarnos. Es decir, Dios es el más “grande generador” que podemos imaginarnos y nos capacita con esa misma inmensidad de poder con la que genera para ayudarnos. Este poder es la misma presencia de la Persona del Espíritu Santo en nuestras vidas. Con este recurso, no hay razones para decir que no podremos cumplir con Su voluntad y con Sus planes.

 

«Señor, gracias infinitas por capacitarnos con tan insuperable poder»

 

Efesios 3:20

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.”

Cómo la arena | VIDA CRISTIANA

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Efesios 5:18

“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”

 

Mientras estaba sumergido en el mar jugaba con la arena entre mis manos. Me llamaba mucho la atención la diferencia que había sobre la arena y la cantidad de agua que estaba entre ella. Si mis manos estaban sumergidas en el agua o apenas sobresalían de ella la arena fácilmente se dejaba manejar por la fricción que ejercían mis manos y el agua le daban la capacidad de adaptarse a los movimientos que yo deseaba darle; pero inmediatamente que retiraba las manos del agua y mantenía la misma arena entre mis manos el agua se iba y la arena perdía esa docilidad para ser moldeada, inmediatamente quería otorgarle algún nuevo movimiento y entre ella se producía separación brusca de sus partículas y ocurría un resquebrajamiento de su masa. Volvía a poner mis manos en el agua y la arena parecía que cobraba vida, docilidad, unidad y suavidad.

Durante este pequeño y sencillo experimento me puse a reflexionar cuan vital es la presencia del Espíritu Sano en la vida del creyente, comparaba su presencia con el agua y a la vida del creyente como arena en las manos de Dios. Con facilidad notaba la diferencia que había en la vida del creyente que era como la arena que manifestaba grandes contrastes con o sin el agua en ella. Sin el Espíritu Santo la vida del creyente es seca, brusca, sin capacidad de ser moldeada a la voluntad de Dios, pierde su suave textura y fácilmente manifiesta su quebrantamiento de sus partes a causa del pecado. Pero inmediatamente la arena volvía a tomar contacto con el agua se transformaba en la arena llena de vida, es suave, deja que el Espíritu Santo tome control para que obre de acuerdo a la voluntad de Dios, y ya no se observaban fácilmente las imperfecciones del pecado, al contrario, era una masa que sutilmente y con alegría tomaba una nueva manifestación, la del carácter de Cristo con facilidad.

Pablo nos exhorta a estar llenos del Espíritu Santo para que nuestra vida tome un nuevo matiz. El pecado destruyó el carácter que Dios forjó en nosotros cuando nos creó a Su imagen y semejanza (Génesis 1:26); y es la presencia del Espíritu la que le vuelve a dar esa característica santa del Creador y que se adapta a Su voluntad.

Con la obra del Espíritu Santo en nosotros podemos entender la Biblia y lo que ella nos dice (Juan 14:26), podemos cantar y alabar a Dios (Efesios 5:19), nuestras manifestaciones son más piadosas que carnales (Gálatas 5:16-23), los dones con los que Dios nos ha dotado son claramente visibles y útiles (1 Corintios 12), Nos sometemos fácilmente a Dios y a los demás (Efesios 5:21), y somos agradecidos (Efesios 5:20). Dependemos completamente de Su presencia para ser controlados efectivamente, y así glorificar a Dios.

El Espíritu Santo ingresa en el creyente en el momento en el que por fe recibe a Cristo como Salvador (Efesios 1:13-14); desde ese instante nos volvemos Templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16); el Espíritu Santo no abandona desde ese momento al creyente hasta el día de ser redimidos, pero si podemos hacer que Su presencia no obre con poder por nosotros, y este si es un acto voluntario nuestro, a tal punto que podemos mermar su obra casi por completo (1 Tesalonicenses 5:19).

Para mantener viva la obra del Espíritu Santo debemos mantenernos cerca del Señor. Así como la arena en el agua, nuestro contacto continuo con Dios nos da esa versatilidad para ser moldeados y usados por el Espíritu Santo, pero inmediatamente que nos alejamos de Dios a causa del pecado, comenzamos a perder la poderosa influencia de la Tercera Persona de la Trinidad.

Busquemos constantemente estar llenos del Espíritu Santo y nuestras vidas siempre serán transformadas y útiles en las manos del Creador, alejémonos de esa comunión y veremos como la vida comienza a “desquebrajarse” por obra del pecado.

 

«Señor, ayúdame a mantenerme tan cerca de Ti para que Tu Espíritu controle constantemente mi vida»

 

1 Corintios 3:16

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

Incomprensibles | Un rayo de SABIDURÍA

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Proverbios 25:2-3

Gloria de Dios es encubrir un asunto;
Pero honra del rey es escudriñarlo.
Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra,
Y para el corazón de los reyes, no hay investigación.”

 

Cada país, estado, provincia, municipio u otra gubernatura seccional tiene a su líder o autoridad. Estas personas han sido elegidas en forma democrática, monárquica, partidistas, o dictatoriales. Todas estas autoridades gobiernan los destinos de la entidad a la cual lideran, y cada uno de estos gobernantes tienen diferentes metas, perspectivas, y formas para hacerlo. No todos ellos son equitativos, no todos ellos son justos, no todos ellos son rectos; pero todos actúan de tal forma que es difícil comprender su accionar, y más para quienes estamos bajo su autoridad.

McGee nos dice que “algunas veces nosotros no entendemos lo que nuestros gobernantes están haciendo. Ellos probablemente tienen alguna justificación por hacerlo, porque ellos conocen cosas que nosotros no conocemos”, y esto es cierto. Proverbios 25:3 nos dice que para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación; dándonos a entender que es difícil comprender a plenitud el “por qué” y el “cómo” de los actos de nuestros gobernantes, pues no sabemos las verdaderas intenciones que hay detrás de cada acto que ellos realizan. Esto puede crear desconcierto en el pueblo, que muchas veces desconoce todo lo que sucede detrás de la cortina política de los gobiernos.

En el caso de la obra del Señor, también es “gloria de Dios… encubrir un asunto” (Proverbios 25:2). Muchos de nosotros no podemos entender todo lo que Dios hace y por qué lo hace. Hay muchas preguntas de las cuales el hombre no encuentra una respuesta absoluta, pero si puede confiar en que el Señor sabe lo que hace (Job 38:1-5; Isaías 25:1; Isaías 55:8-9; Jeremías 29:11). McGee continúa en su comentario diciendo que “tampoco podemos entender los caminos de Dios, pero nosotros no debemos sentarnos en el estrado de juicio para juzgar lo que Dios hace porque todo lo que Dios hace es recto, justo.”

En cada uno de nuestros países se levanta nuevos gobernantes, y cada vez que hay elecciones en países con democracia nos preguntamos si el nuevo gobernante nos traerá paz y prosperidad. Lo cierto es que Proverbios nos recuerda que es difícil saber si será así o no, pues “para el corazón de los reyes, no hay investigación”. Y aunque no comprendamos por qué Dios permite que tal o cual persona llegue a gobernar, podemos confiar en que Dios sabe muy bien lo que hace. No necesita confiar plenamente en sus gobernantes, pero si en Dios, Quien los puso ahí (2 Crónicas 36:23; Romanos 13:1).

Lo que si podemos y debemos hacer es:
a) Someternos y honrar a nuestras autoridades, pues Dios los ha dispuesto ahí con propósito (1 Pedro 2:13-17; Romanos 13:1).

b) Orar por ellos para que busquen a Dios y gobiernen bajo Su guía (2 Crónicas 36:23; Proverbios 25:2b).

c) Orar para que podamos vivir en países en donde haya paz y prosperidad (Salmos 122:6; Jeremías 29:7).

d) Orar para que podamos vivir en países en donde se pueda adorar a Dios con libertad.

e) Orar para que nuestro Rey celestial gobierne nuestras vidas, en las vidas de nuestros familiares, y en la vida de cada persona que forman parte de nuestras naciones; pues todos nosotros lo necesitamos (1 Timoteo 2:1-2).

f) Orar para que siempre se haga la voluntad de Dios (Mateo 6:10).

 

¡Aunque no entienda todo lo que Dios hace, con plena certeza podemos confiar en Él!

 

«Señor, oramos para que Tú seas el Rey de nuestras vidas, de los nuestros, de nuestros gobernantes, y de todos en nuestro país»

 

1 Timoteo 2:1-2

“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.”