¡Diga sí a la vida! | MATRIMONIO y HOGAR

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Éxodo 21:22-24 (NTV)

“»Supongamos que dos hombres pelean y, durante la lucha, golpean accidentalmente a una mujer embarazada y ella da a luz antes de término. Si ella no sufrió más heridas, el hombre que golpeó a la mujer estará obligado a pagar la compensación que el esposo de la mujer exija y que los jueces aprueben.  Pero si hay más lesiones, el castigo debe ser acorde a la gravedad del daño: vida por vida,  ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.”

 

Hace unos días atrás pude leer en una imagen creada una pregunta que un bebé hace en referencia al aborto: «¿Si el aborto no es un homicidio, por qué entonces se considera doble homicidio cuando una mujer embarazada es asesinada?». Esta pregunta hace mención a una ley establecida en varios estados de los Estados Unidos en donde se ha aprobado el aborto en casos de decisión voluntaria de la madre, sin ninguna razón, más que el decir que es un embarazo no deseado.

Es completamente extraño considerar que se puede aceptar el aborto en forma abierta, pero en esos mismos estados se considera un doble homicidio si una madre pierde la vida cuando está embarazada. Dios ya había establecido una ley para proteger la vida de la mujer y del bebé si en algún momento se pierde la vida de uno de estos seres o de ambos: el castigo debe ser acorde a la gravedad del daño: vida por vida.” (Éxodo 21:23 NTV).

Según la Alianza Nacional Pro-Vida de los Estados Unidos (National Pro-Life Alliance), dentro de la lista de las causas de muertes en los Estado Unidos existen 1.5 millones de muertes a causa del aborto (refiriéndose a los bebés abortados), 600 mil por enfermedades del corazón, 580 mil por cáncer, y 121 mil por accidentes.

Por otro lado, existe una alarmante cifra de mujeres que han sufrido un trauma sicológico después de su decisión de abortar; muchas de ellas entran en severas depresiones, otras caen en un abuso grande del uso de alcohol o drogas, muchas otras llegan a suicidarse, y varias sufren lesiones en sus cuerpos por malas prácticas médicas durante el proceso del aborto.

Enseñemos que el aborto no es, ni nunca será, la mejor opción en el caso de un embarazo no deseado. Abortar es literalmente dar a muerte a un ser que se está maravillosamente formando en el vientre de la mujer, en donde Dios está “entretejiendo” su preciosa obra (Salmos 139:13-14). En el caso de la Ley de Moisés se explica claramente que el pago será “vida por vida” cuando se produjo la muerte de un bebé en estado de gestación (Éxodo 21:23). La Biblia nos dice claramente que hay vida mientras uno está en la “matriz” de la madre (Job 3:11).

El aborto es destructivo porque afecta a la mujer que pasa por este proceso, de una u otra forma siempre quedarán secuelas de tan fatal decisión, sean estas físicas, emocionales, sicológicas, y espirituales; sobre todo, porque el aborto es homicidio.

Si usted ha pensado alguna vez hacerlo, por favor no lo haga. Si usted sabe de alguien que está deseando hacerlo, hable con valor e impida que tome tan fatal decisión. Hay mejores opciones para ello. Si no desean tener al bebé, permitan que el embarazo llegue a buen término y pongan al niño en adopción, pero nunca den muerte a un ser que Dios ya ha dado vida y que está siendo formado por Él.

Siempre la mejor opción será enfrentar con valor la responsabilidad de este embarazo no deseado, tengan al niño, críenlo con amor, y permita que Dios bendiga su vida con la presencia de este precioso regalo del Creador. Un hijo, a pesar de la dificultad que pueda tener el criarlo, siempre será una maravillosa bendición. ¡Diga sí a la vida!

 

«Señor, gracias por mi vida y por mi madre, ayúdanos a ser defensores activos de la vida»

 

Isaías 44:2a

“Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre…”

Fotofobia | VIDA CRISTIANA

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Juan 3:19-21

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.”

 

La palabra fotofobia viene de dos palabras griegas que significan miedo, espanto o rechazo a la luz. Clínicamente se la conoce como el temor o la intolerancia anormal a la luz. Esta enfermedad es muy frecuente en personas con albinismo, pero también puede ser debida a enfermedades relacionadas con el ojo o el sistema nervioso, y que hacen que la persona evite exponerse directamente a la luz intensa, especialmente la luz solar.

Hay además ciertos animales que también evitan la luz como la cucaracha. Pero al contrario de los seres que sufren de fotofobia, hay algunos insectos, principalmente los lepidópteros (mariposas y polillas) y coleópteros (algunas especies de escarabajos) que son atraídos por la luz. Estos insectos son en su mayoría nocturnos y se guían principalmente con la luz de la luna, que es natural, pero pueden ser atraías por la luz artificial.

Espiritualmente el hombre tiene cierta “fotofobia” a la luz de la verdad de Dios y de Su Palabra. Su anhelo de vivir en el oscuro anonimato del pecado y alejado del mal lo lleva a alejarse de la luz para evitar que sus obras sean reprendidas.

Desde el momento del primer pecado de Adán el hombre tiene la tendencia a esconderse de Dios para no tener que rendir cuentas. Esta actitud está basada en la vergüenza que siente por estar indigno ante Dios, estar “desnudo” (Génesis 3:7-11).

Otro sentimiento que lo aleja de Dios es el temor, Adán tenía miedo de enfrentar a Dios por haberle fallado (Génesis 3:9-10).

Un tercer factor que lo aleja de Dios al hombre es la rebeldía o falta de arrepentimiento. Cuando Caín había pecado asesinando a su hermano, Dios se le acercó para restaurar su vida, y la decisión de Caín fue el de alejarse de Dios (Génesis 4:9-16).

Estos factores nos alejan de Dios y nos pueden mantener distantes por el resto de nuestras vidas. Saber que Dios entiende nuestro pecado, que está dispuesto a restaurarnos, y que puede transformarnos, nos ayudará a buscar Su luz. Pero también dependerá de cuanto anhelamos cambiar: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz…” (Juan 3:20).

Junto a Dios siempre hay un cambio que puede generar una transformación radical en nuestras vidas. Usted puede decidir mantenerse alejado de la luz o buscarla. Jesucristo, la Luz del Mundo, vino para cambiarnos y darnos vida eterna. ¿Quiere cambiar su vida? Pídale al Señor que lo transforme desde hoy mismo.

 

«Señor Jesús, ayúdame a buscar siempre Tu luz»

 

Juan 8:12

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”

Siempre hay espacio para más | VIDA CRISTIANA

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1 Tesalonicenses 4:9-10
Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros; y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más.”

 

Habiendo crecido en un hogar donde las manifestaciones de afecto no eran algo común, desarrollé un carácter poco expresivo para mostrar amor. Pocas veces nos decíamos te quiero o te amo, casi nunca nos dábamos un abrazo, o rara vez había una expresión directa de amor hacia alguien de la familia. Muchas veces mamá utilizaba palabras con ternura y gran afecto, pero eran palabras que no decían directamente la palabra amor. Y no es que no teníamos amor unos a otros, siempre nos hemos amado, pero no lo manifestábamos con frecuencia.

Al pasar el tiempo nos llegamos a dar cuenta que eso afectaba la manera como nos relacionábamos. Curiosamente, pero no apropiadamente, yo era más “afectivo” con otras personas fuera de mi familia que con mi familia directamente, pero decidimos cambiar esa falta de expresión. Poco a poco comenzamos a decir te quiero, te amo; a través de mensajes de texto comenzamos a enviarnos imágenes que tenían corazones o besos cariñosos. De repente nos vimos en una posición en la que no estábamos acostumbrados, pero que nos estaba ayudando; y aunque todavía no somos tan expresivos como deberíamos, si hemos visto que este intercambio de afecto sincero y abierto nos ha ayudado a desarrollar una relación más íntima y profunda entre nosotros.

Los creyentes de la iglesia en Tesalónica habían estado manifestando ya ese amor fraternal o de hermanos, a tal punto que Pablo no tenía que exhortarles por amarse (v. 9); pero si les anima a que abunden más y más en ello (v. 10).

Siempre hay espacio para más amor. Las manifestaciones de amor nunca dejarán de sobrar y siempre serán bienvenidas. Así como el carácter cristiano se debe ir perfeccionando (1 Tesalonicenses 4:1-8), el amor y las expresiones de amor pueden y deben ir creciendo.

El poder sentir que cada vez más vamos desarrollando una característica afectiva en nuestra familia me ha motivado cada vez más a expresarlo. Cada instante que recibo esas manifestaciones de amor tocan positivamente mi corazón motivándome a devolver con más cariño mis expresiones afectivas hacia ellos.

La manera como expresamos nuestro cariño a los demás pueden crecer en forma de abrazos, besos, palmadas calurosas en la espalda, miradas tiernas, etc. Pero también pueden ser dadas a través de palabras sinceras de afecto, pequeños actos que pueden expresar nuestro cariño como notas escritas, algún detalle en la almohada de nuestra pareja o familiar, el dedicar más tiempo de calidad a nuestros seres queridos, o el realizar una actividad con la otra persona que sabemos que le gusta mucho; hay tanto que se puede hacer para expresar nuestro sincero amor. ¿Qué podría hacer por expresar su amor a alguien hoy?

«Padre, que podamos abundar más y más con nuestro amor a otros, así como Tu amor lo es hacia nosotros»

 

Romanos 13:8a

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros…”

Cuatro herramientas útiles | Un rayo de SABIDURÍA

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Proverbios 26:1, 3-5

“Como no conviene la nieve en el verano, ni la lluvia en la siega,
Así no conviene al necio la honra.
El látigo para el caballo, el cabestro para el asno,
Y la vara para la espalda del necio.
Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
Responde al necio como merece su necedad,
Para que no se estime sabio en su propia opinión.”

 

Un diccionario bíblico define al necio como una persona que no ordena su vida en el temor del Señor (Proverbios 1:7). Sus características son opuestas a las del sabio. Los vocablos hebreo y griego indican, más que un bajo nivel de inteligencia, unas actitudes contrarias a la sabiduría que emana de Dios y que se revela por su Palabra. El necio manifiesta perversidad moral (Salmos 107:17; Proverbios 13:19; 14:9), confía en sí mismo (Proverbios 14:16; 28:26), desdeña la revelación divina y finge ser «ateo» para echar a un lado a Dios (Salmos 14:1; Romanos 1:21, 22), multiplica palabras sin sentido (Proverbios 15:2, 14) y acumula riquezas sin calcular la brevedad de la vida (Jeremías 17:11; Lucas 12:20).” (Nuevo diccionario ilustrado de la Biblia Nelson). El necio no solamente vive inapropiadamente, sino que su actitud siempre será ir en contra de lo correcto, de lo prudente, o de Dios.

Una persona sabia no solo que puede identificar al necio, sino que sabe cómo tratarlo para evitar que su necedad siga haciendo más daño hacia sí mismo y los demás.

NO AL RECONOCIMIENTO (v. 1): Lo primero que se debe hacer es evitar dar honra al necio. Uno de los mejores energizantes que tiene el necio para incrementar su necedad es ser alabado por lo que ha hecho. En medio de un mundo lleno de maldad, lo que vemos más frecuentemente es alabar y resaltar las actitudes que aparentemente son cómicas y que exaltan la maldad. Más y más vemos como por todo medio se enaltece los malos hechos. No alentemos ni celebremos el mal comportamiento, ni aun de nuestros niños.

SÍ AL CASTIGO (v. 3): Aunque actualmente se está creando una cultura de “buen vivir”, los padres actualmente están evitando impartir disciplina a los hijos, porque consideran inapropiado. Este pensamiento favorece al espíritu rebelde del necio que siempre va a querer hacer lo que quiere. Con el castigo se quebranta esa rebeldía y promueve el buen comportamiento. No siempre será necesaria la vara, pero siempre puede ser un recurso apropiado. Es mejor impartir justicia que dejar a la rebeldía campear sin control.

NO A LA ACTITUD NECIA (v. 4): Actuar sabiamente ante un necio es una virtud que requiere sabiduría. Muchas veces la ira o el descontrol nos pueden llevar a responder al necio inapropiadamente. Un carácter explosivo genera más necedad, mejor es un carácter pasivo. Cuando veamos a la necedad actuar controlemos nuestro comportamiento y no inyectemos combustible al fuego que el necio puede generar.

SÍ A LA RESPUESTA SABIA (v. 5): El sabio sabrá qué, dónde y cuándo responder ante el necio. No siempre respondemos adecuadamente, y expresar con claridad, exponiendo la actitud errada del necio utilizando las palabras correctas, y llevando al necio a la meditación y no a la confrontación serán los elementos claves que nos ayudarán a responder apropiadamente. Digamos cosas que vayan a edificar y que motiven al necio a un cambio. Muchas de nuestras respuestas van enfocadas a pelear y no a enseñar. («Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría, que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello» – Abraham Lincoln)

Actuar con sabiduría puede ser de gran beneficio ante la necedad, actuemos neciamente y lo que conseguiremos será fomentar la maldad.

 

«Señor, necesito sabiduría para poder ayudar aquellos que necesitan de Ti y de ella»

 

Proverbios 14:8a

“La ciencia del prudente está en entender su camino…”

Rencor perpetuo | MATRIMONIO y HOGAR

levitico-19-18

Amós 1:11

“Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Edom, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque persiguió a espada a su hermano, y violó todo afecto natural; y en su furor le ha robado siempre, y perpetuamente ha guardado el rencor.”

 

Si usted se pregunta: ¿Qué tan feo pueden terminar las relaciones entre los hermanos? Pues la Biblia nos dice que no siempre terminan bien, en varios momentos pueden presentarse eventos trágicos, fatales, llenos de odio y rencor.

Edom es el nombre dado al pueblo que se había desarrollado de los hijos de Esaú, el hijo de Isaac (Génesis 36:1). Este pueblo había ido habitar una región montañosa al sur de Moab después del regreso de Jacob de Mesopotamia. Fue un pueblo que creció mucho y que tuvo gran incidencia durante varios siglos en el sector de Canaán y Arabia. Comerciantes y agricultores por lo general, actuaban volublemente de acuerdo a sus necesidades y se aliaban con quienes ellos ‘podían sacar provecho’. Casi siempre los vemos como enemigos de los descendientes de Jacob, los israelitas; y es allí donde la historia se da, en medio de este odio familiar.

El pueblo de Edom negó el paso a los hijos de Jacob por su tierra cuando ellos salían de Egipto, a tal punto que les amenazaron con guerra si lo hacían (Números 20:18-21). En Amós 1:6, 9 vemos que los filisteos y la gente de Tiro llevaron cautivo al pueblo israelita para entregarlos a Edom, haciéndolos sus prisioneros. En Amós 1:11 nos dice que ellos constantemente subían a las ciudades de Judea para asaltarlas.

No debemos olvidar que todo esto comenzó cuando Jacob robó la primogenitura de Esaú, y Esaú lleno de rencor se prometió una terrible venganza: “Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.” (Génesis 27:41)

Jacob si trató de restituir su mal, cuando a su regreso desde la casa de su suegro Labán, Jacob entregó presentes a Esaú mostrar su arrepentimiento por haber robado la bendición de su padre (Génesis 32 y 33). Esaú en ese tiempo le manifestó que no era necesario tanto presente, pero lo cierto fue que nunca lo había llegado a perdonar, y su relación nunca fue restablecida (“… perpetuamente ha guardado el rencor.”).

¿Cómo está nuestro corazón? ¿Tenemos un rencor tan grande contra un hermano o un familiar cercano? ¿Hemos hecho algo para reestablecer una relación rota por un error cometido? Recordemos que Jacob inició un conflicto que trajo terribles consecuencias. ¿Somos nosotros ese Jacob?

Los conflictos familiares pueden tener muy trágicos finales o nunca tener fin. No podemos permitir que esto pase en nuestras familias. Talvez usted tenga un problema con un hermano, un padre, un sobrino, un hijo, un tío, un abuelo, un nieto, un primo, o un pariente político. No dejemos que el rencor se arraigue tan fuerte en el corazón. Si usted cometió el error: ¿ya buscó la manera de restituir y reparar el daño? Si usted recibió el error: ¿Sinceramente ya ha perdonado? Si usted tiene un conflicto con alguien y desconoce el motivo real de todo: ¿Ha tratado de dialogar para buscar la paz?

Dios estaba molesto con cuatro pecados de Edom: Estaba en constante conflicto con su hermano, se olvidaba del afecto natural que entre hermanos debería existir, perjudicaba constantemente a su hermano, y nunca decidió perdonar. ¿Se nos hace familiar alguno de estos problemas? Busquemos pronto estar en paz con nuestro hermano, y esto nos ayudará a estar en paz con Dios también.

 

«Señor, que mi amor hacia mi hermano sea mayor que cualquier problema con él»

 

Levítico 19:18

No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.”

Corazón sensible | VIDA CRISTIANA

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Mateo 9:35-36

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.”

 

En una conversación con un amigo compartíamos los desalientos que se pueden presentar en el ministerio. Lo complicado que muchas veces puede ser el trabajar con personas que, por múltiples razones, no siguen al Señor Jesucristo como deberían. En esa breve conversación nos veíamos desalentados y apenados; pero mientras seguía la conversación vino el tema de la dureza de corazón de las personas (Romanos 1:20-21). Hay algo que nos aleja de Dios y que nos pone en una posición insensible, lejos de una preciosa relación con Dios y de las grandes bendiciones que vienen con ello.

Interesantemente esa misma mañana, mientras manejaba de camino al trabajo pensaba en mi vida, y cómo ésta puede estar con frecuencia afectada también con un corazón duro y/o crítico. Pensaba en las veces en las que me sentaba en la “silla del juez” dispuesto a juzgar y no ayudar. Una grave y penosa posición en la que suelo estar y que manifiesta lo duro que puede ser mi corazón hacia otros, quienes, en vez de recibir ayuda mía, reciben cualquier otra cosa.

Jesucristo caminaba por las ciudades y aldeas, iba predicando acerca del reino y anhelaba que muchos respondieran con hambre espiritual ante las verdades eternas que nuestro Señor enseñaba. Sanaba enfermedades y dolencias al tiempo que los alimentaba; no todos respondían sensiblemente ante el llamado del Señor, muchos más eran quienes lo criticaban o lo buscaban por razones egoístas (Juan 6:25, 30).

El Señor si hablaba con autoridad y Su juicio era justo, pero detrás de ello había algo que lo movía a seguir enseñando, sanando, alimentando, predicando: “Su compasión por las ovejas”. Varias veces vemos a en la Biblia a Dios clamando con un corazón quebrantado por la oscuridad espiritual en la que se hallaba la gente (Jeremías 13:17; Jeremías 14:17; Lucas 13:34; Lucas 19:41).

¿Cómo está nuestro corazón hoy? Para muchos de nosotros la respuesta puede ser dolorosa de reconocer, pero es clara y lo sabemos: Duro y crítico.

El mundo está endureciendo su corazón al Señor y lo rechazan, se alejan de la verdad y van tras del engaño y el pecado; el mundo necesita de gente compasiva que mire detrás del pecado y vea la necesidad de aquellos que están desamparados y dispersos como ovejas que no tienen pastor. Ya hay gran endurecimiento como para permitirnos nosotros hacer lo mismo.

Si nuestro corazón no mira con compasión al prójimo, es momento de orar a Dios y pedirle que lo quebrante, que nos haga llorar por la necesidad de los que están lejos de Él, y solo ahí podremos verlos como Cristo los vio y hacer algo por ellos. Analicemos como miramos a otros, juzguémonos como hacemos juicio hacia otros. Si hay dureza, nosotros somos los primeros dignos de conmiseración, pues nuestro corazón está siendo entenebrecido.

 

«Señor, ayúdame a mantener un corazón sensible, compasivo, misericordioso hacia mi prójimo».

 

Mateo 12:7

“Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes.”

Su Nombre | VIDA CRISTIANA

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Jeremías 10:1-7

“Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío. ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones? Porque a ti es debido el temor; porque entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay semejante a ti.”

 

<<El rey Luis XIV de Francia iba a ser sepultado en la Catedral de Nuestra Señora, en París. El templo estaba profusamente decorado. La concurrencia allí reunida representaba a lo más grande de la nobleza que el mundo había visto. El cuerpo del rey muerto estaba ataviado con elegantes, vistosos, finos y ricos vestidos. Los nobles que habían llegado procedentes de lejanos y de cercanos lugares esperaban un grandioso panegírico, como, según ellos, lo merecían la ocasión y el monarca muerto. Sin embargo, quedaron sorprendidos, atónitos, alarmados y pasmados cuando escucharon al predicador decir: “¡Solamente Dios es grande!”>>

Muchos de nosotros admiramos personajes de la historia o de nuestra época; otros admiramos el nombre de una u otra marca conocida; otros admiramos o reconocemos algún país por alguna característica particular; otros, como lo decía el profeta Jeremías, admiraban a los ídolos que siendo de leña y obra de hombres no hablan, no andan, ni tienen poder para hacer bien ni mal (Jeremías 10:3-5) pero al mismo tiempo exclamaba con gran confianza: No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío.” (Jeremías 10:6)

Los diferentes Nombres de Dios nos expresan diferentes significados y nos hablan de cierta característica en particular de Él: Jehová es mi Pastor (Salmos 23:1); Príncipe del ejército de Jehová (Josué 5:14); Jehová es mi estandarte o Jehová-nisi (Éxodo 17:15), etc. Pero hay uno que tiene gran significado para nosotros, y ese es el Nombre de Jesús.

Jesús significa “Dios salva” (Mateo 1:21): En Su Nombre hay sanidad (Hechos 3:6), en Su Nombre se hacen milagros (Marcos 9:39), en Su Nombre hay poder contra los demonios (Lucas 10:17), a través de Su nombre tenemos acceso al Padre en oración (Juan 14:13-14), por Su Nombre tenemos perdón de pecados (Hechos 10:43), solamente en Su Nombre hay salvación (Hechos 4:12), ante Su Nombre se doblará toda rodilla (Filipenses 2:10, 11). Jesús, Nombre sobre todo nombre.

Adoremos hoy el Nombre de Jesús, agradeciendo por todo lo que a través de Él nuestro Padre nos ha dado. Glorifiquemos y proclamemos Su nombre con toda confianza porque grande es Su Nombre.

 

«Jesús, hoy exaltamos y adoramos Tu gran Nombre»

 

Filipenses 2:10-11

“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

“Enemigos destruidos” | Un rayo de SABIDURÍA

proverbios-25-21-22

Proverbios 25:21-22

“Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan,
Y si tuviere sed, dale de beber agua;
Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza,
Y Jehová te lo pagará.”

 

<<Se cuenta que cierto emperador chino, cuando le avisaron que en una de las provincias de su imperio había una insurrección, dijo a los ministros de su gobierno y a los jefes militares que lo rodeaban: “Vamos. Seguidme. Pronto destruiré a mis enemigos.” Cuando el emperador y sus tropas llegaron a donde estaban los rebeldes, él trató afablemente a éstos, quienes, por gratitud, se sometieron a él de nuevo. Todos los que formaban el séquito del emperador pensaron que él ordenaría la inmediata ejecución de todos aquellos que se habían sublevado contra él; pero se sorprendieron en gran manera al ver que el emperador trataba humanitariamente y hasta con cariño a quienes habían sido rebeldes.

– Entonces el primer ministro preguntó con enojo al emperador: “¿De esta manera cumple vuestra Excelencia su promesa? Dijisteis que veníamos a destruir a vuestros enemigos. Los habéis perdonado a todos, y a muchos hasta con cariño los habéis tratado.

– Entonces el emperador, con actitud generosa, dijo: — Os prometí destruir a mis enemigos; y todos vosotros veis que ya nadie es enemigo mío: a todos los he hecho mis amigos.”>>Expositor Bíblico.

Los metales tienen la tendencia de mantenerse sólidos a temperaturas ambientales, pero cuando son sometidos a altas temperaturas ellos pierden su firmeza y pueden ser fundidos. Las ascuas o brazas son trozos de materia sólida que arden sin llama y se utiliza para fundir los metales.

Los buenos actos son nuestras ascuas que van a “fundir” los pensamientos de aquellos que están en enemistad con nosotros y hará mover su corazón hacia una nueva actitud. Cada vez que actuamos con bondad y generosidad nuestros enemigos comienzan a recapacitar en la manera de como ellos actúan y lo comparan con lo que nosotros hacemos. La respuesta esperada por ellos indignación, pelea o revancha, es ahí donde nuestras acciones trabajaran en la mente de nuestros enemigos.

El actuar en favor y con bondad hacia nuestros enemigos también es una muestra de nuestra misericordia, nuestro perdón, y nuestra gracia. Cuando Jesucristo llegó a la Cruz nos mostró esa misma motivación. Romanos 5:8 nos dice que Dios sacrificó a su Hijo como un acto de misericordia. Cuando Jesucristo estaba en la Cruz, en vez de juzgar a quienes lo menospreciaban, oró para que Dios los perdone, haciendo de esta exclamación el anuncio del perdón que se ofrecía en la Cruz (Lucas 23:34). Fue un acto de gracia de parte de Dios, ya que no merecíamos ser salvos, el malhechor arrepentido junto al Señor en la Cruz clamó por algo que no merecía y Jesucristo le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43)

El ejemplo supremo dado por el Señor nos deja una gran lección para obrar en favor de nuestros enemigos. Cristo vino a reconciliarnos con Dios por medio de su increíble acto de amor y compasión, hagamos lo mismo por aquellos que requieren de nuestro amor, compasión y perdón.

 

«Padre, que mis actos hacia quienes me hagan daños sean una manifestación real de lo que Tú nos has mostrado a nosotros»

 

Mateo 5:46, 48

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? […] Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”