Enseñanza y ejemplo (Parte V: El propósito del enamoramiento) | MATRIMONIO y HOGAR

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Tito 2:6, 11-12

Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; […] Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.”

 

Proverbios 4:23

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida.”

 

Como lo hemos explicado anteriormente, los jóvenes mayores de doce años comienzan a explorar y experimentar cambios en cuerpo, y el entendimiento es modificado por ese crecimiento corporal que ahora experimenta. Es ahí donde inician a contemplar más interesadamente a los chicos del sexo opuesto y su perspectiva de las relaciones interpersonales cambia o adquiere un matiz diferente. Comienzan a interesarse por quienes hasta hace poco ya no les eran interesantes; ahora los ven con “mayor agrado”.

Pablo nos dice que debemos enseñar a nuestros hijos a ser “prudentes”, también nos dice que como creyentes se debe vivir “sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:6, 12); y las relaciones amorosas es un área muy importante.

En los últimos años, a causa de una fuerte influencia mediática y social, se ha impulsado entre los jóvenes la falsa necesidad de comenzar relaciones amorosas desde muy temprana edad. Entendiendo que una relación amorosa no es mala, siempre y cuando se la lleve apropiadamente y con un propósito fijo: El Matrimonio.

Ser sobrios y prudentes nos conduce a actuar con dominio propio y sabiduría. No hay nada más bello que ver a nuestros jóvenes actuando controlados y sabios, y en las relaciones amorosas, estas características son muy valiosas.

Proverbios 4:23 nos exhorta a guardar el corazón; esto es cuidarlo, protegerlo, conservarlo. No habla del corazón físico, sino del área mental, emocional, y la voluntad. Dios, en su sabiduría, nos manda a “guardar” o a proteger nuestros sentimientos. Se puede imaginar los sentimientos de su hijo pisoteados, maltratados, resentidos, rencorosos, duros y hasta vengativos a causa del maltrato recibido por malas relaciones. Ese corazón no va a poder amar apropiadamente, al contrario, actuará negativamente influenciado por experiencias pasadas. Dios no desea que nadie sufra ni actúe inapropiadamente por y con los demás, es por ello que manda a cuidar el corazón de malas experiencias que le vayan afectar. Debemos enseñar a nuestros hijos que lo mejor que pueden hacer es cuidar su “corazón” para conservarlo íntegro, sano, para quien vaya a ser su pareja para toda la vida.

Se escucha que las experiencias nos “enseñan”, y aunque esta verdad es real en muchas áreas, en la parte sentimental no lo es así. Las relaciones previas pueden dejar huellas muy fuertes en los corazones de los jóvenes y afectará mucho en la manera como lleguen amar a su pareja y a confiar en ellos en el futuro.

Si alguien va a exponer su corazón, será mejor que sea a quien realmente vaya amarlo y a cuidarlo por el resto de su vida. Esto va a poner un propósito en una relación; si su hijo va amar, que sea a quien bajo mucho cuidado considera va a ser su pareja para toda la vida. El corazón será un gran regalo que debe conservarlo para quien lo va apreciar (Cantares 7:12-13 LBLA).

Enseñe a sus hijos a no estar en relaciones amorosas de manera informal. Las relaciones pasajeras siempre traerán perjuicio. Ore con ellos y por ellos para que puedan guardar su corazón “porque de él mana la vida”, de él brota el comportamiento de toda persona (Proverbios 4:23).

Vivir sobriamente traerá buen testimonio a los demás, y nuestros hijos pueden ser luz de prudencia para los demás jóvenes que necesitan conocer verdades bíblicas que bendecirá a todos aquellos que las aprecien.

 

«Señor, ayúdanos a educar a nuestros hijos, y que ellos vivan una vida sobria, prudente, guardando sus “corazones”»

 

Cantares 7:12-13 (LBLA)

“Levantémonos temprano y vayamos a las viñas;
veamos si la vid ha brotado,
si se han abierto sus flores,
y si han florecido los granados.
Allí te entregaré mi amor.
Las mandrágoras han exhalado su fragancia,
y a nuestras puertas hay toda clase de frutas escogidas,
tanto nuevas como añejas,
que he guardado, amado mío, para ti.”

¡No es solo eso! | VIDA CRISTIANA

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Lucas 12:15

“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”

En uno de los viajes que realizaba para visitar a mi familia en mi país de origen tuve la oportunidad de hacer escala en una ciudad muy importante de EEUU, misma que se encuentra en la costa. A causa de que la conexión del vuelo tenía un retraso de casi 20 horas decidí buscar un lugar cercano a la playa para aprovechar la oportunidad de este tiempo de espera.

Mientras visitaba esta ciudad pude contemplar grandes edificaciones, casas de gran lujo, autos y botes costosos, y un estilo de vida que muy pocos pueden tener. En el tiempo que contemplaba tal derroche de riquezas un solo pensamiento rondaba mi mente: “¿Qué aprovechará el hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).

Por la noche salí a caminar por la playa para aprovechar la calmada oscuridad. La suave brisa de esa noche y una luna preciosa acompañaron mi caminata. La quietud del momento me ayudó a reflexionar sobre lo bello que es la naturaleza y las cosas bellas que podemos disfrutar. Al amanecer, el sol radiante aparecía por la ventana y una cálida luz abrigaba la habitación. En el corto tiempo que quedaba pude salir a la playa para aprovechar del mar, pero en todo este precioso tiempo la misma idea cautivaba mi pensamiento: “¿Qué aprovechará el hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).

Jesucristo ha dejado claramente expuesto en Su Palabra que esta vida no es todo lo que tenemos para disfrutar. En la parábola del rico insensato (Lucas 12:13-21) nos expresa que la vida del hombre “no consiste en la abundancia de los bienes que posee”, tampoco está en las cosas que pueda llegar a conocer o experimentar.

La vida en la tierra no es lo único que el hombre vivirá, después de la muerte en la tierra viene la eternidad para todos. Esta eternidad tiene dos destinos claramente explicados en la Biblia: El cielo, junto a Dios, y el infierno, separados de Dios.

El hombre en general se afana diariamente por conseguir una mejor vida, viaja tanto para conocer nuevos lugares, edifica grandes ciudades y vive en lujosas mansiones. Experimenta grandes momentos; pero poco medita en lo que vendrá después de su muerte: Su destino eternal.

La vida si puede ser valiosa disfrutando de todo esto siempre y cuando uno tenga una perspectiva correcta. Esto no lo es todo, ni menos lo más importante, hay algo mucho más grande que todo ello, y es lo que viene después de la muerte. Jesús vino para ofrecer al hombre una mejor vida, la vida eternal en el cielo, pero pocos se preocupan por conseguirla. Para quienes si se preocupan por su eternidad existen dos caminos: Aquellos que buscan obtenerlo por su buen comportamiento (sus buenas obras), y aquellos que depositan su certeza de fe en la obra redentora en Jesús.

Jesús vino para dar vida, y vida en abundancia. Los bienes de este mundo son buenos, pero no lo son todo; esta vida es buena, pero no lo es todo. Jesus te ofrece una vida buena llena de bendiciones no solamente materiales aquí en la tierra, pero te ofrece una vida eterna junto a su presencia si le abre su corazón. No olvide: “la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” solamente.

 

«Jesucristo, gracias por venir para darme una mejor vida, una vida eterna»

 

“Yo he venido para que que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”Jesucristo (Juan 10:10)

¿A dónde mira en sus problemas? | VIDA CRISTIANA

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Génesis 12:10-13

“Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.”

 

“Prisionero, pero confiando en Dios”

<<En los primeros días de la Segunda Guerra Mundial los japoneses tomaron prisionero al doctor Theron Rankin, que era misionero bautista en China. Entonces quedó separado de todos sus seres amados: familiares y amigos, y fue despojado de todas las cosas que eran de su propiedad personal. No tenía esperanzas de que alguien lo protegiera, ni siquiera un gobierno amigo del de su país: los Estados Unidos de la América del Norte. Todo lo que podía hacer era confiar en Dios, en Cristo y en el Espíritu Santo; lo único que tenía eran las promesas de las tres Divinas Personas. Muchos meses después un barco neutral sueco, el Chripsholm, llevó al doctor Rankin a su patria. Más tarde dijo que cuando no tenía más en quien confiar, sino en Dios, en Cristo y en el Espíritu Santo, su actitud hacia sus captores japoneses cambió, y desapareció el temor que antes había tenido. — Duke K. McCall.>> (Lerín A. – 500 Ilustraciones)

Talvez usted no se haya encontrado en su vida en una situación similar a la del doctor Theron Rankin o a la de Abram, pero todos enfrentamos problemas, y es ahí donde nuestra fe y hacia donde miramos para hallar ayuda cambiará el curso del problema y cómo lo enfrentamos.

Cuando Abram enfrentó una gran hambre que afectaba a todos en la tierra, en su corazón no se había desarrollado una fe en Dios tan fuerte como para salir adelante en medio de esta crisis. Abram miró a Egipto como el lugar para conseguir lo que necesitaba y en su esposa Sarai como el recurso que tenía para no morir de hambre: “… y descendió Abram a Egipto para morar allá; […] dijo a Sarai su mujer: […] di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.” (Génesis 12:10-13). A diferencia de Abram, el doctor Rankin tuvo su confianza en el Único quien podría ayudarle en su absoluta soledad y abandono, en Dios.

Lo cierto es que muchas veces nosotros enfrentamos circunstancias difíciles y nuestra primera persona que llega a nuestra mente para hallar solución es aquella en quien tenemos nuestras esperanzas puestas. ¿Es Dios la primera persona a quien recurrimos? O ¿Es Dios a la persona a la última persona a quien buscamos después de que no conseguimos lo que necesitamos?

David, en momentos de gran angustia cantaba seguro: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” (Salmos 23:4).

No importa cuán difícil sea el problema, a quien recurramos primero por ayuda es la muestra de en quien confiamos. Aprender a depender de Dios y a confiar en Él nos traerá paz, seguridad, victoria, provisión, salvación. No confiar en Dios en primer lugar siempre nos dejará sumisos en nuestra misma necesidad.

 

«Señor, que mi esperanza esté cimentada primeramente en Ti»

 

Salmos 121:1-3

Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.
No dará tu pie al resbaladero,
Ni se dormirá el que te guarda.”

Antes de nada | Un rayo de SABIDURÍA

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Proverbios 25:8-10

No entres apresuradamente en pleito,
No sea que no sepas qué hacer al fin,
Después que tu prójimo te haya avergonzado.
Trata tu causa con tu compañero,
Y no descubras el secreto a otro,
No sea que te deshonre el que lo oyere,
Y tu infamia no pueda repararse.”

 

¿Es usted de aquellos que apenas recibe una afrenta o cree que existe una injusticia actúa impulsado por la ira y el descontento? Somos muchos quienes no podemos quedar tranquilos ante la injusticia. El deseo que buscar justa solución a los problemas nos lleva a tomar acciones inmediatas para corregir.

La Biblia si nos dice que se debe impartir justicia (Deuteronomio 16:18-20; Isaías 1:17), es parte del carácter de Dios porque “es juez justo” (Salmos 7:11). Pero en nuestro comportamiento airado la justicia no actúa rectamente (Santiago 1:20), es por eso que necesitamos aprender a controlarnos y saber actuar ante los problemas.

Lo primero que podemos hacer es dejar la ira a un costado. La paciencia siempre traerá grandes beneficios. El pasaje nos dice que no debemos entrar “apresuradamente en pleito” pues una ira descontrolada es destructiva y muchas veces pecaminosa (Proverbios 19:19; Santiago 1:20). Antes de actuar, mire bien que no esté bajo la influencia de la ira desmedida.

Debemos estar bien informados de lo sucedido antes de tomar acciones, sobre todo si vamos actuar en defensa de otras personas. Un gran error que se realiza a menudo es el de actuar sin un debido conocimiento de los hechos. Pregunte a ambas partes lo que sucede para no actuar parcializados. Si el problema es suyo, mire bien sus derechos y obligaciones, tome pausa antes de obrar, pues no hay nada más inapropiado que entrar “apresuradamente en pleito” y después no saber “qué hacer al fin”.

Lo tercero que se debe hacer es tratar la causa en privado. La Biblia nos exhorta a buscar dialogar primero en forma privada, antes de hacerlo público. Muchas veces actuamos en forma contraria, primero contamos a todos lo sucedido y después hablamos con la persona con quien tenemos el problema, eso no es apropiado (Proverbios 25:9; Mateo 18:15-17).

Algo muy importante será ya haber tratado este problema con Dios. Ore y exprese su dolor a Él antes de realizar alguna acción, siempre será beneficioso descargar nuestros problemas a los pies de Dios. Esto nos puede ayudar dándonos serenidad y sabiduría para saber qué hacer.

Mientras ora, perdone a la otra persona. Si va a buscar justicia, y muchas veces es necesario hacerlo, lo que debe estar en su mente es que no va a buscar venganza, sino buscar restitución. Al perdonar, usted va actuar en contra del hecho y no de la persona ofensora. Sin perdón, lo que buscamos es actuar en contra de ambos, el hecho y la persona. Si ha perdonado, muchas veces se dará cuenta que mejor será dejar pasar el hecho y entregárselo a Dios antes que actuar, y esto puede ser más beneficioso que nada (Proverbios 10:12; Lucas 6:37).

Ciertas acciones previas nos pueden ayudar mucho antes de que nuestra “infamia” o mala fama “no pueda repararse”. Recordemos que una ira descontrolada nos puede llevar a mayores problemas si no actuamos sabiamente.

«Dios, ayúdame con tu Espíritu a controlar mi ira, dame sabiduría para actuar ante la injusticia, pero sobretodo, ayúdame amar y perdonar antes de actuar»

 

Salmos 37:8

“Deja la ira, y desecha el enojo;
No te excites en manera alguna a hacer lo malo.”

Enseñanza y ejemplo (Parte IV: El trato de la mujer al hombre) | MATRIMONIO y HOGAR

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Tito 2:3-7.

“Las ancianas asimismo… que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.  Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras…”

 

Como vimos una vez anterior sobre el trato del varón a la mujer, cada uno de los padres tienen un rol importantísimo en la formación de sus hijos, y especialmente el ejemplo ayudará a moldear la idea que se trata de enseñar en el hogar. Las madres están a cargo de la formación de sus hijas en el área emocional y de relación con los varones.

Lo primero que se le pide a la mujer es amar a su esposo. Debemos recordar que para la mujer es más sencillo amar que para el hombre, pero para ambos es un mandamiento que siempre beneficiará la relación. Su amor al esposo puede ser expresado de múltiples maneras, y este ejemplo de amor debe ser un ejemplo maravilloso que las hijas deben aprender y seguir.

El orden de amar es relevante en este pasaje: “amar a sus maridos y a sus hijos”. Una constante actitud de muchas mujeres es el de poner primero a sus hijos antes que a sus maridos en las relaciones y en el hogar. Se escucha decir por algunas madres que aman más a sus hijos y que por ellos darían todo; y aunque esto no siempre es mencionado con pleno entendimiento; si es cierto que muchas lo dicen realmente conscientes. Nunca los hijos deben ser la prioridad en el hogar, si esto sucede, existe un desbalance que afecta el Plan de Dios para la familia. Los hijos son el complemento de la relación matrimonial y no la prioridad.

Muchas mujeres dicen que siguen adelante en su relación de pareja a causa de los hijos, y algunos hombres también; esta actitud ya ha puesto en evidencia que las personas no continúan con el matrimonio por la razón principal que es el de amar a su pareja. Una madre sabia le mostrará con acciones a su hija que no debe poner en desbalance la relación entre su amor a su esposo y su relación a sus hijos: Primero esposo, segundo los hijos.

Algo importante es la prudencia de la mujer. Debe aprender a ser controlada, con dominio de carácter. Sabiendo que la mujer es más expresiva en muchos sentidos, se debe enseñar a las hijas a que todo debe tener forma y lugar. Sea en un dialogo, en una aclaración, en un comentario, en una opinión. Debe aprender a dominar el carácter y no dejarse llevar por la emoción cuando exista algún conflicto.

La prudencia va acompañada con la sujeción. Entender para la hija que la mamá es sometida a su padre es muy importante. En el mundo de hoy se motiva mucho a la mujer a buscar igualdades que son necesarias: en el trabajo, la educación, en lo social y económico; todos somos iguales. Pero en el hogar, la mujer si debe entender el valor importante que tiene el esposo, es el líder. Las hijas deben aprender con ejemplo a someterse a los esposos, confiando plenamente que es el plan de Dios y que lo establecido por Él es bueno.

Algo necesario es la castidad de la mujer. Esta se puede ver reflejado en la manera como se relaciona con el hombre en la parte afectiva y sexual. La ropa no debe ser provocativa hacia el hombre, ni menos la manera como se maquilla y arregla. La mujer por lo general es más vanidosa que el hombre, y su deseo de sentirse atractiva es fuerte en ella. Las madres deben hablar con sus hijas en la manera que se visten.

La castidad de ella debe también darse en función de su acercamiento a los chicos. La mujer no debería ser quien busque iniciar una relación, es el hombre quien debe hacerlo. Proverbios nos dice que una mujer provocativa y seductora es manifestación de una mala mujer (Proverbios 6:24-29; Proverbios 7:5-12), por ello la madre tiene que enseñar a su hija a cómo actuar antes los chicos.

Nuestras hijas deben ser como princesas: Delicadas, tiernas, controladas, castas. Madres, es una bella obra que está en sus manos y que con dedicación y la ayuda de Dios se puede lograr. Demos ejemplo en casa de lo que una gran mujer puede ser.

 

Proverbios 12:4

“La mujer virtuosa es corona de su marido;
Mas la mala, como carcoma en sus huesos.”

Infieles, intimidados, o firmes | VIDA CRISTIANA

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Filipenses 1:27-29

“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios. Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él.”

 

En las batallas nos encontramos con tres tipos de soldados que pueden alterar el rumbo del combate. Los sobornados o infieles, los intimidados, y los firmes. Cada uno de ellos afectan el resultado de la guerra sea de forma positiva o negativa, dependiendo del lado en el que se encuentren y de la actitud que tomen.

Los primeros en ser considerados son los persuadidos e infieles. Estos soldados son aquellos que se dejan llevar por sus impulsos individualistas, aquellos que no miran una causa justa ni común, son quienes desean solamente buscar beneficio propio a costa de entregar algo. Se pueden seducir fácilmente por el enemigo o la comodidad y que pueden dejarlo todo sin importarles el Capitán de su ejército.

El segundo grupo son los intimidados, aquellos que se dejan influenciar por el temor y el rechazo. Aquellos que ven al enemigo más grande de lo que deberían ver, y que por su temor retroceden en la batalla. Ceden sus posiciones, dejando que el enemigo avance y tome control de áreas que no le pertenecen. No llegan a cumplir la misión a ellos encomendados, al contrario, se apartan de la batalla buscando el rincón del anonimato.

El tercer grupo es el de los firmes. Aquellos soldados que batallan con su vida, que ponen la causa y al ejército al que pertenecen como su prioridad. No retroceden, buscan a su capitán para tomar órdenes que los lleve a la victoria. Miran al enemigo como uno fácil de derrotar, pues su confianza está en la fuerza de su grupo y que saben que el enemigo no tiene posibilidades de ganar. En el momento de dar sus vidas, no la consideran valiosa, porque saben que el galardón de la ¨medalla purpura¨ es más preciada que lo que sufrirán. Estos confían y aman tanto a su líder que no tienen temor de seguirlo hasta el final.

Estos son los grupos. Si es de los infieles, entregarán todo a su enemigo. Si son de los intimidados, no le entregan todo al enemigo en forma voluntaria, sino por abandono de posición. Si son los firmes, estos ganan las batallas, pues dan su vida hasta el final.

Pablo nos dice que seamos de los firmes, de los que combatimos unánimes por la fe en el evangelio, pues esto es digno de Cristo. ¿A cuál de ellos pertenecemos? Recordemos, es un honor padecer por Cristo (Filipenses 1:29).

 

«Señor, que mi vida sea una firme en honor y digna de Tu Nombre»

 

Salmos 60:11-12

“Danos socorro contra el enemigo,
Porque vana es la ayuda de los hombres.
En Dios haremos proezas,
Y él hollará a nuestros enemigos.»

¿Apologético? | VIDA CRISTIANA

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1 Pedro 3:15

“sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.”

 

Cuando asistía al instituto bíblico escuché una de las doctrinas de la Biblia que me costó aceptar, la doctrina de la elección. Por unas pocas semanas luchaba en mi mente por la aceptación de ella. Finalmente, y después de oración y de estudio y meditación sobre esta verdad, pude aceptarla por completo.

Como creyente, cada uno de nosotros llegamos al conocimiento de Cristo y de nuestra salvación por obra del Espíritu Santo, Quién utiliza a la Palabra de Dios y a un mensaje dado por alguna persona para convencernos de nuestra necesidad de salvación. La aceptamos, y poniendo nuestra fe en Cristo, después de pedir perdón, recibimos la vida eterna. Pero es eso lo que aprendemos, y no mucho más. No llegamos a entender toda la verdad de la Biblia, ni llegamos a entender perfectamente como esa salvación se ha dado en nuestra vida, y mucho menos podemos explicarla a los demás, aún más, otras verdades de Dios y de Su Palabra.

La palabra “defensa” es la traducción de la palabra griega “apología” (ἀπολογία, G627), que también puede ser traducida como dar cuentas o responder en defensa de uno mismo. De ahí viene nuestra palabra apologético o defensor, como sustantivo. El Apóstol Pedro no exhorta a estar “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” Es nuestra tarea prepararnos para poder entender apropiadamente nuestra fe, y así, poder defenderla debidamente, o sea, ser un apologético de ella.

En un mundo que desconoce la verdad de Dios, y en la que la mentira de Satanás campea, nuestra obligación es prepararnos para poder defender apropiadamente nuestra fe.

La gran ventaja que tenemos los creyentes en este aprendizaje de la Biblia es que la tecnología coloca a la Verdad al alcance de todos. Aprovechemos del uso de buenas biblias de estudio, de comentarios bíblicos apropiados, libros que hablan de las doctrinas y que las explican en forma agrupadas como las teologías sistemáticas. Además, existen institutos bíblicos, seminarios y universidades, en donde podemos profundizar nuestro conocimiento. Muchas iglesias proveen de estudios bíblicos y escuelas dominicales dentro de sus programas de enseñanza a los creyentes. Hay muchas formas como un creyente puede prepararse para “presentar defensa” de la “razón de la esperanza que hay en nosotros”.

Recordemos que la Biblia nos exhorta también a escudriñarlo todo y retener lo bueno, no siempre nos encontraremos con buena enseñanza (1 Tesalonicenses 5:21). Pero gracias al Señor tenemos al Espíritu Santo nos guía a la toda la Verdad (Juan 16:13). La Palabra de Dios es nuestra verdad absoluta (Juan 17:17), y con reverencia a Dios y dependencia del Espíritu Santo podemos llegar a conocer estas maravillosas verdades eternas, ya que la Palabra de Dios es la única verdad no adulterada (1 Pedro 2:2).

Recuerde, somos exhortados a no solo creer en Cristo, sino también a defender nuestra fe para enseñar a otros y no dejarnos ser engañados por una mala enseñanza. Esta es nuestra responsabilidad. Haga un compromiso sincero de aprender bien de Dios y Su Palabra.

 

<<No hay mejor libro con el que defender la Biblia que la Biblia misma>>Dwight Lyman Moody

 

«Señor, necesito aprender más de Tu Palabra, ayúdame a conocer Tu verdad para poderla defender y enseñar»

 

1 Pedro 2:2

“Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada…”

Es hora de limpiar | Un rayo de SABIDURÍA

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Proverbios 25:4-5

Quita las escorias de la plata,
Y saldrá alhaja al fundidor.
Aparta al impío de la presencia del rey,
Y su trono se afirmará en justicia.”

 

La escoria es una sustancia vítrea, formada por las impurezas, que flota en el crisol de los hornos metalúrgicos. Esta escoria está presente en los metales que son extraídos de las minas. La escoria quita la pureza al producto primario obtenido, por lo tanto, no permiten que los metales sean aprovechados al máximo.

Lo interesante de este proceso de limpieza es que requiere de fuego alto para derretir toda la materia extraída de la mina para que de esta forma se pueda ver con facilidad las impurezas y así separarlas del metal.

En nuestra vida también existen impurezas que tienen que ser extraídas para ser mejores. Estas impurezas pueden ser pecados o hábitos que nos impiden crecer espiritualmente. Algunos de esos hábitos no necesariamente son dañinos en sí, pero que si limitan nuestro potencial.

Dios muchas veces utiliza las pruebas o los castigos para limpiar nuestras vidas de esas cosas que nos hacen daño y que afectan la obra que Él está haciendo. Lamentablemente, al igual que la escoria de la plata, nuestra “escoria” debe ser retirada por el “fuego” de un momento difícil en nuestras vidas. Lo maravilloso es el resultado que sale después de esta etapa. Dios poco a poco va realizando Su obra perfecta en nosotros.

Pero muchas veces esa “escoria” que nos afecta no necesariamente está en nosotros, sino con nosotros. Existen personas que pueden estar a nuestro lado y que han ocupado una parte importante en nuestra vida y que no nos permiten crecer. Estas personas que pueden ser muy importantes para nosotros, pero que con su influencia nos apartan de la piedad y nos motivan a lo malo.

Salomón nos dice que debemos apartar “al impío de la presencia del rey”, pues estos malos consejeros traen grandes conflictos y conducen a malas decisiones. El hijo de Salomón, el rey Roboam, no aprendió del consejo de su padre; éste, cuando el pueblo se le acercó a solicitar un favor, despreció el consejo de los ancianos que estuvieron con su padre y buscó consejo en sus “amigos de infancia” (1 Reyes 12:8-11), quienes obviamente le aconsejaron mal y trajo consigo perjuicio al reino ocasionando por esta mala decisión la división final de las tribus de Israel, llevando a la formación del Reino de Judá y el Reino de Israel.

El comentarista McGee dice: “Yo creo que una de las peores cosas que puede pasar a un individuo es tener un consejero maligno, alguien quien le puede guiar hacia las dificultades, problemas, y pecado.”

¿Qué pecado, qué mal hábito, o qué persona está en nuestra vida que no nos permite ser mejores? ¿Qué tan valioso puede ser ello en nosotros que no podamos decidir finalmente sacarlo de nuestra vida? No hay nada más triste que dejar que esta “escoria” no nos permita alcanzar el potencial que Dios tiene planificado para nosotros. Talvez no lo ha identificado aún, pero no quiere decir que no lo podemos descubrir.

Pida a Dios ayuda, busquemos despojarnos de todo aquello que nos aleje de nuestro potencial en Cristo, y crezcamos cada día en santidad y carácter.

 

«Señor, ayúdame a quitar todo aquello que afecta mi vida, y si me es muy difícil, quítalo Tú por mi»

 

Hebreos 12:1-2

“Por tanto, nosotros también, […] despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…”