Diálogos celestiales

Ante este singular evento, Pedro nos recuerda que, toda experiencia junto al Señor es única y maravillosa, pero que cada uno de nosotros podemos tener un “diálogo” con Dios más impactante al leer la Biblia, lo cual es lo más valioso, ya que fue inspirada por el Señor para nuestro provecho (2 P. 1:18-21). Tal vez no veremos una transfiguración como lo vieron los discípulos, pero podemos tener una conversación celestial con nuestro Dios cada día que nos acercamos a Su Palabra, y esa es una experiencia celestial que debe impactar nuestras vidas diariamente.

Una pequeña “degustación” del reino

Para nosotros los creyentes, también estamos a la espera de la manifestación del poder del reino. Dependiendo con el tiempo de la Segunda Venida de Cristo, algunos podremos estar vivos antes del rapto, o algunos estaremos muertos; no lo sabemos hasta que eso suceda. Pero como sea que nuestro cuerpo físico se halle, lo seguro es que todo creyente verá la gloria de Dios y el poder del Rey en Su reino, y en esa esperanza, podemos todos regocijarnos.

Con perspectiva divina (II)

Miremos nuestra vida como Dios la ve, miremos nuestra obediencia como Dios la ve, miremos el propósito para nuestra vida como Dios lo ve; y sólo allí caminaremos debidamente en esta vida hasta que lleguemos a Su presencia.

Con perspectiva divina (I)

Para poder entender y obedecer a Dios, necesitamos entender Su perspectiva; solamente así podremos obedecer con buena voluntad comprendiendo el propósito de lo pedido por Él.

¿Y usted qué respondería?

El reconocer a Jesús como Cristo es una obra que no puede ser entendida humanamente. El hombre natural no percibe las cosas de Dios (1 Co. 2:13-16), por eso Jesús le expresó a Pedro que esta verdad no pudo haber venido de su entendimiento humano, tuvo que Dios revelarlo. Jesús había sido enviado por Dios para darle a conocer, y para salvar al hombre.

Restauración paulatina

Dios es soberano, poderoso y sabio, y cómo Él obre está bajo Su voluntad, y en esta verdad podemos descansar confiados. ¡Dios sabe lo que hace!

Guardémonos de las malas influencias

Un buen oído en la Palabra, una buena meditación de Ella, y una relación sólida con el Señor nos edifica, al tiempo que nos aleja de la influencia negativa de otros. Nosotros somos quienes decidimos que permitimos entrar en nuestra vida, por eso el Señor nos amonesta a guardarnos de “la levadura”.

La imprudencia de la provocación

Muchas veces nuestro corazón puede ser muy necio también a causa de la falta de fe, y eso puede afectar nuestra confianza en Dios, que podría afectar nuestra relación con Él. Como nos dice Su Palabra: “… sin fe es imposible agradar a Dios…”. (He. 11:6)