Vamos a seguirlo en santidad

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Josué 3:3-6

“y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella, a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella. Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros. Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo.”

La santidad del creyente es vital para poder agradar y seguir a nuestro Santo Dios. El mensaje conciso en toda la Escritura nos expresa que Dios es Santo, y que demanda de aquellos que somos sus hijos que vivamos en santidad (Lv. 20:7; 1 P. 1:15-16). Entendiendo que la santidad no es algo que se va a lograr inmediatamente, ni menos de forma perfecta aquí en vida; pero sí debemos tener en mente que debe ser nuestra meta diaria y constante.

El autor de Hebreos nos dice claramente que sin la obediencia o la consagración del creyente nadie podrá ver a Dios obrar (He. 12:12-14; Comp. Jn. 14:15-23). Es en santidad que podremos conocer la voluntad de Dios, porque quien desea agradarle de corazón buscará siempre la guía de Él para cumplir con Su voluntad. Romanos nos dice que es en la consagración y en la renovación de pensamiento que transforma nuestro comportamiento en donde las personas podrán conocer y experimentar “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Ro. 12:1-2)

Así que, la clave para una vida llena de la obra de Dios manifestada en nuestra vida está, no solamente en la separación del hombre del pecado, sino en el temor reverente de reconocer que estamos ante un Dios Santo que espera que honremos Su santidad.


Para el pueblo de Israel, esto se expresaba en la manera como honraban la presencia de Dios en el tabernáculo. Dios se manifestaba constantemente en el lugar santísimo, donde estaba el arca del pacto, dentro del tabernáculo edificado por Moisés, y ese lugar debía ser respetado (Éx. 40:34-35). En ese tiempo el pueblo no podía acercarse a la presencia de Dios, solamente los sacerdotes. Era un acto de santificación o separación para que todos tengan presente que Dios era santo y nadie debía acercarse a Él sin estar en santidad (Éx. 19).

Con este mismo sentir, el hecho que el pueblo debía estar separado del arca al cruzar el Jordán expresaba ese deseo de que Su pueblo le siga en reverencia, que no olviden que ellos al ser Su pueblo debían seguirle en santidad. La distancia que se solicita guardar es de “dos mil codos”, cerca de 914 metros (v. 4), y por eso se les manda a que se santifiquen para que puedan ver las “maravillas” que Dios iba a realizar en medio del pueblo (v. 5). La santificación en este caso era un acto simbólico de un lavamiento del cuerpo y ponerse ropas limpias, pero que expresaban lo que internamente debían anhelar en el corazón.

Nosotros los creyentes, ahora tenemos entrada a la presencia de Dios por medio de la obra de Cristo. Es Jesús por medio de Quien podemos presentarnos al Padre. Pero de la misma manera, aunque ya hemos sido «lavados» con la sangre del Cordero, y por tanto santificados (He. 9:11-28; 10:3-22), ahora nuestra responsabilidad es santificar a Dios con nuestra obediencia y vivir apartados para poder ver Su obra.

Si realmente queremos seguirlo, debemos hacerlo honrando Su santidad y Su Nombre. Es el momento de consagrarnos a Él, de postrarnos en reverencia ante Su presencia, y comprometernos a seguirle en santidad, para que así también podamos ver sus “maravillas entre (nosotros).


«Nuestra santificación: Un compromiso constante y de corazón que nos permitirá experimentar realmente la presencia de Dios y ver sus obras»

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Involucra a Dios en tu relación

Serie: ¡Entre el sí y el no!


Desde el primer episodio hablamos de la importancia de pedir a Dios por esa persona especial que Él tiene para ti. Partiendo desde ahí vemos que Dios debe estar presente en tu vida para que Él te guie por el mejor camino y hacia la persona que Dios ya preparó para ti.

Si tomas en cuenta a Dios en tu vida y en tus planes obviamente este principio será fácil de cumplir, el principio de hoy es:

INVOLUCRA A DIOS EN TU RELACIÓN

En la Biblia encontramos el ejemplo de una pareja que tenía muy presente el agradar a Dios con todo lo que hacían, a tal punto que se los destaca como «irreprensibles», porque involucraron a Dios en sus vidas y en su matrimonio. Esta pareja es Zacarías y Elisabet, leamos acerca de ellos:

No hay nada mejor que una persona busque el agradar a Dios y no vivir como el resto del mundo sino como Dios manda, y es aún más valioso encontrar una pareja que tenga ese objetivo, que juntos busquen y anhelen honrar a Dios.

Si estas en una relación… ¿Tu relación está glorificando a Dios? ¿Tú y tu pareja se animan a buscar más de Dios y aprender más de Su Palabra? Y si no estás en una relación… ¿Dios está involucrado en tu vida? ¿Lo tomas en cuenta en tus planes y decisiones que debes tomar?

Recuerda Dios te guiara por el mejor camino y obviamente hacia la mejor persona, no dudes en involucrar a Dios en tu vida y en tu relación, deja que Él te guie y así podrás llevar una vida y relación agradable ante Dios.


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Él tiene que ir delante

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Josué 3:1-4

“Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo. Y después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento, y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella, a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella.”

¿Cuándo viajamos a un lugar nuevo busca la ayuda de alguien para que lo guíe o simplemente sale a la aventura sin saber a dónde ir?

Para los que nos gusta la aventura, el poder salir sin un programa establecido o sin una dirección o meta a donde llegar, el paseo puede resultar emocionante y desafiante. El ir en pos de lo desconocido es bueno, cuando la meta es solo conocer y disfrutar. Pero cuando nuestro anhelo es llegar a un lugar específico, es obvio que la ayuda de un mapa, un GPS (sistema de posicionamiento global) o un guía es vital para saber por dónde ir y saber que nos espera por delante. En nuestro caminar con Dios, la segunda opción es la única apropiada.

Seguir a Dios es ir en pos de Su voluntad, reconociendo que es Él quien sabe lo que debemos hacer y cómo debemos hacer y en qué dirección ir. Salir sin dirección, y menos sin guía, es salir en pos de todo menos hacer Su voluntad, y muchos caminamos en la vida así. Aun cuando la dirección completa no esté clara, por lo menos Dios nos da la dirección suficiente para un paso a la vez (Sal. 119:105). Lo vemos eso en la vida de Abraham, cuando sin saber a dónde iba, salió de Ur para llegar a donde Dios le guiaría (Gn. 12:1-9).


Para la salida a la Tierra Prometida vemos interesantemente que Josué establece que la guía de Dios sería ahora el Arca del Pacto (v. 3-4). Anteriormente, mientras Moisés vivía, la guía de Dios estaba establecida por una columna de nube en el día y una columna de fuego en la noche (Nm. 10:33-34). La columna se movía de lugar cuando Dios quería que ellos se movieran, pero cuando se debían detener, la columna lo hacía primero. Así encontraron la guía de Dios en el desierto.

Pero ahora, Dios los encaminaría teniendo el arca delante de todo el pueblo. Interesante es recordar que el arca contenía las dos tablas con los 10 mandamientos, dando de esa manera la relevancia que no solo Dios iba con ellos, sino que delante de ellos estaban los mandamientos de Dios, los cuales debían ser honrados y respetados (Dt. 10:1-6). Simbólicamente Dios quería recordar a Su pueblo que es Él quien marcharía delante para guiarles, pero que ellos debían honrarlo y seguirlo para que sean bendecidos.

Como Josué mismo dijo, el pueblo nunca había caminado por esa tierra antes (v. 4), y la presencia de Dios iría delante de ellos para guiarles, pero al mismo tiempo, para recordarles que Él iría obrando en la medida en la que ellos caminarían en pos de Él. La primera prueba de ello sería días más adelante cuando los sacerdotes pondrían sus pies en el río y las aguas se abrirían (v. 13-17).

Nosotros debemos tener presente que, si Dios no va delante de nosotros guiándonos, la dirección que emprendamos será un camino sin sentido, sin meta fija y muy probablemente sin Sus bendiciones. Sabios seremos si aprendemos a caminar con Dios, siguiendo su guía y escuchando sus mandamientos, solamente allí nuestro caminar será seguro, lograremos lo que Él desea que hagamos y nuestra vida será bendecida. Esta es una verdad escrita en el Libor de Josué (Jos. 1:7-9) y en toda la Biblia (Sal. 32:8; 119:35).


«La presencia y la guía de Dios debe estar siempre delante de nosotros para que caminemos en Su voluntad, lejos de ello nunca hallaremos bendición y prosperidad»

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Dios ya ha venido obrando

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Josué 2:15-24

“Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana; porque su casa estaba en el muro de la ciudad, y ella vivía en el muro. Y les dijo: Marchaos al monte, para que los que fueron tras vosotros no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os siguen hayan vuelto; y después os iréis por vuestro camino. Y ellos le dijeron: Nosotros quedaremos libres de este juramento con que nos has juramentado. He aquí, cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste; y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre. Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare. Y si tú denunciares este nuestro asunto, nosotros quedaremos libres de este tu juramento con que nos has juramentado. Ella respondió: Sea así como habéis dicho. Luego los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón de grana a la ventana. Y caminando ellos, llegaron al monte y estuvieron allí tres días, hasta que volvieron los que los perseguían; y los que los persiguieron buscaron por todo el camino, pero no los hallaron. Entonces volvieron los dos hombres; descendieron del monte, y pasaron, y vinieron a Josué hijo de Nun, y le contaron todas las cosas que les habían acontecido. Y dijeron a Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y también todos los moradores del país desmayan delante de nosotros.”

¿Ha pensado usted alguna vez que Dios ya ha venido obrando en algo que Él va a hacer o simplemente el Señor obra en el momento que usted comienza a obedecer?

El conocimiento de la constante obra de Dios antes, durante, y después de la obediencia de un creyente es muy importante para reconocer que el Señor ha venido preparando todo antes de que nosotros actuáramos, y que es un paso más en el plan que Él ha venido ejecutando desde el inicio de Su creación hasta el final en la eternidad.

Lo emocionante de ver a Dios obrar es poder observar que Él ya ha venido haciendo cosas que favorecerán el desarrollo de Sus planes, y que nosotros somos partícipes en esas etapas cuando obedecemos.

Cuando Dios va a salvar a una persona con el evangelio, cuando Él va a proveer de comida a un necesitado, cuando el Señor se dispone a proveer de un trabajo a alguien, y otros ejemplos más, son solo momentos que expresan el trabajo continuo de Dios. Jesucristo lo dijo muy claramente: “… Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Jn 5:17).


Cuando los espías llegaron a Jericó, ellos talvez nunca se imaginaron que se encontrarían con una mujer que participaría en la obra de Dios. Cuando ingresaron en casa de Rahab ellos no esperaban que esta mujer pagana los vaya a proteger, y después les vaya a contar que el temor de Dios había venido a consternar por completo al pueblo en la ciudad, ni menos les ayudaría a escapar (v. 15-21).

El testimonio de la obra de Dios era muy conocido entre el pueblo de Jericó, y por eso su “corazón” estaba desalentado y no había “quedado más aliento en hombre alguno” (Jos. 2:11). Es por ello que al llegar con el reporte los espías dijeron a Josué: “Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y también todos los moradores del país desmayan delante de nosotros” (v. 24). El tiempo del verbo “ha entregado” es pasado perfecto, algo ya completado, diciendo en otras palabras: Estamos seguros de que Dios nos ha dado todo el territorio…” (TLA). Todo estaba ya listo, solo tenían que levantarse y tomar posesión.

Cuando deseamos servir al Señor, debemos recordar que Su trabajo es constante, todo está coordinado detalladamente, y lo que hacemos es unirnos en Su obra eterna. Si todo está así de planificado y estructurado, entonces ¿qué es lo que nos detiene para obedecerle? ¡Levantémonos en confianza y sigamos Sus planes para nosotros, y diremos como los espías “Dios nos ha dado todo”!


«La obra de Dios no es solo del presente, comenzó en la eternidad pasada y continuará hasta el futuro eterno, todo está ya establecido para que le obedezcamos»

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Una fe intrépida

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Josué 2:3-13

“Entonces el rey de Jericó envió a decir a Rahab: Saca a los hombres que han venido a ti, y han entrado a tu casa; porque han venido para espiar toda la tierra. Pero la mujer había tomado a los dos hombres y los había escondido; y dijo: Es verdad que unos hombres vinieron a mí, pero no supe de dónde eran. Y cuando se iba a cerrar la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres se salieron, y no sé a dónde han ido; seguidlos aprisa, y los alcanzaréis. Mas ella los había hecho subir al terrado, y los había escondido entre los manojos de lino que tenía puestos en el terrado. Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán, hasta los vados; y la puerta fue cerrada después que salieron los perseguidores. Antes que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y les dijo: Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura; y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte.”

¿Alguna vez tomó alguna acción que le llevó a actuar de una manera valiente e inesperada? ¿Cuál fue la motivación que le hizo actuar de esta manera y cuál fue el resultado de ello?

Se define a la intrepidez como una actitud o acción poco reflexiva y muy valiente que le hace actuar a una persona ante un peligro. El es arrojo o el esfuerzo para hacer algo descabellado. En la vida pocas veces actuamos así, y esto es menos frecuente para aquellos que les gusta tomar decisiones reflexionando, analizando y haciendo un calculo apropiado de si es debido o no.

En muchas ocasiones esa intrepidez se manifiesta cuando la acción que se va a tomar desea lograr un bien: Una persona rescatando a un perro en la calle ante el peligro de un auto, alguien lanzándose al agua para rescatar al otro que se está ahogando, etc. Otras veces son solamente acciones repentinas motivadas por la aventura y más. En esos momentos no analizamos correctamente, solamente actuamos.


Sin el ánimo de justificar por completo el hecho que Rahab haya mentido al decir que los dos espías habían ya salido de la ciudad (v. 4-5), lo que vemos en ella es un acto de valor motivado por una fe que le hizo actuar con intrepidez.

El conocimiento de un Dios todopoderoso le hizo a ella a tomar una decisión descabellada, aún en riesgo de ser encontrada engañando al rey de Jericó al ocultar a los dos espías y mintiendo a los mensajeros; Rahab lo hizo porque miraba que el Dios de Israel había hecho maravillas al secar las aguas del Mar Rojo y haber destruido a los enemigos de Israel al otro lado del Jordán (v. 10). Ella sabía que todo el pueblo en Jericó estaba aterrado ante las obras de Dios, pero eso no hizo que ella huya del Todopoderoso, sino que la hizo buscar refugio en Quien solamente podía librarla a ella y a su familia, en “Jehová”, Dios de Israel (v. 11-13).

En su acto osado busca la misericordia y pide que sea salvada del peligro que ella sabía venía en contra de Jericó, a lo cual los espías, agradecidos por la misericordia, valentía y fe de Rahab, prometieron librarla de la muerte y salvar a toda la familia (v. 14).

Rahab es reconocida por su intrépida fe en los libros del Nuevo Testamento (Stg. 2:25), le llevó a ser digna de ser parte de la genealogía del Señor Jesús (Mt. 1:5), y su nombre consta en el pasaje de los héroes de la fe en el Libro de Hebreos (He. 11:31).

No deseamos alentar a que una persona mienta porque dice tener fe en Dios, pues debemos recordar que Rahab aún era pagana cuando actuó, pero al entrar en el pueblo de Dios de seguro llegó a conocer la Ley de Moisés y saber que la mentira es pecado (Éx. 23:7; Lv. 19:11). Pero lo que sí aprendemos de ella es ese valor para enfrentar el peligro confiando y temiendo a Dios y no a los hombres.

¿Qué acción osada ha hecho usted por Dios? ¿Cuánto podría confiar en Dios en medio del peligro?


«Una fe verdadera nos hace actuar con confianza aún a pesar del reto o el peligro»

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Es bueno un poco de estrategia

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Josué 2:1-2

Josué hijo de Nun envió desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí. Y fue dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche para espiar la tierra.”

¿Cuando usted está por iniciar un nuevo proyecto, no utiliza un análisis previo de lo que tiene que hacer para preparar todo antes de iniciarlo? ¿Ha intentado comenzar algo sin planificación? ¿Qué importancia tiene algo de estrategia?

El caminar por fe no significa caminar a ciegas y ver lo que sucede a cada paso que damos, ¡Eso NO! El caminar con fe es saber que Dios va a estar con nosotros mientras damos los pasos, pero muchas veces debemos preparar lo que debemos hacer antes de iniciar.

Aun el mismo Señor Jesucristo, cuando alentaba a los discípulos a seguirle y a dar todo por Él, les pide que comiencen a hacer un cálculo de lo que tenían por delante antes de que digan sí al Señor (Lc. 14:31-32). El Señor deseaba que sus discípulos tuvieran un panorama claro del costo a seguirle para que no se queden cortos en el camino.

La fe no implica caminar sin entendimiento, sino que se necesita de conocimiento y sabiduría para entender lo que esta adelante para comprender los retos que se nos presentan. Hay que mirar estrategias que faciliten lograrlo, y tener presente que se requerirá de un presupuesto de recursos para saber cómo alcanzarlo.


En el caso de Josué, él sabia que esta primera batalla requeriría de todo cálculo posible para meditar correctamente que hacer. El éxito de esta primera incursión no solamente representaba la confianza que brindaría al pueblo a que confíen en su liderazgo, sino que dejaría asentada la pauta a sus enemigos que Dios estaba en medio del pueblo de Israel y que era tiempo para que se preparen a ser derrotados.

Aunque ya hubo una primera misión de espías que incursionaron en Canaán cuarenta años atrás, en la cual el mismo Josué estuvo involucrado (Nm. 13), en esa ocasión solamente hicieron un reconocimiento de la tierra en forma ligera, pero esta vez necesitaban un informe de Jericó, una ciudad amurallada que se encontraba cerca del Jordán.

Como veremos más adelante en esta historia, el plan de reconocimiento no solo ayudó a encontrar un análisis de cómo estaba estructurada la ciudad y de los recursos que había dentro, sino que traería la salvación de una familia y el conocimiento por parte de los espías de que Dios estaba ya obrando en favor de Israel.

Antes de iniciar algo, pida a Dios sabiduría para saber cómo hacerlo, busque consejo en aquellos que talvez tengan experiencia, mire bien si tiene los recursos disponibles o que le falta tener, y entonces, y basados en la guía de Dios, de sus primeros pasos para la victoria junto al Señor.

Proverbios 20:18 (LBLA)
“Los proyectos con consejo se preparan, y con dirección sabia se hace la guerra.”


«La planificación no es señal de falta de fe, indica sabiduría para saber como seguir apropiadamente en fe»

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¡Esta es nuestra identidad!

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La historia que consideraremos en este artículo significó que en un momento de mi vida entendiera que podía sentirme amado y valorado por Dios, en lugar de sentirme rechazado y humillado por mi pecado. 

Es mi oración que Dios nos ayude a comprender la verdad del amor y sacrificio que Él hizo por nosotros para garantizar que nos gocemos en su promesa de vida eterna y en la esperanza de la herencia que Él ha dispuesto para sus hijos. 

La historia que consideraremos se encuentra en: 

Génesis 21.9-12 

“Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual esta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo. Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.” 


Como sabemos, Abraham no tenía herederos a causa de la esterilidad de Sara, pero por el designio de Dios, recibió la promesa de que en él serían benditas todas las familias de la tierra, y tendría un hijo por medio del cual se multiplicaría su descendencia y conformaría una gran nación (Gn. 12.1-3

Pero el tiempo pasaba y en medio de una crisis de fe de Sara, ella le pidió a Abraham que se uniera a su sierva a Agar para tener descendencia. Abraham aceptó y de esa unión nació Ismael, que según el Apóstol Pablo nació según la carne (por el esfuerzo humano) (Ga. 4.23) y no según la promesa que Dios le había hecho a Abraham. 

Finalmente se cumplió la palabra de Dios y nació Isaac, quien era el hijo de la promesa y por medio del cual se establecería la descendencia de Abraham; Así, este conflicto que se produjo entre ellos ilustra según el Apóstol Pablo nuestra salvación e identidad como hijos de Dios y la diferencia que existe entre los dos pactos que Dios estableció con el hombre. 

El primero es el pacto de obras y el segundo es el pacto de gracia, prometiendo en ambos la vida eterna; pero, condicionando el primero a las obras humanas y el segundo a la fe en la promesa de un sustituto que cumpliría con la justicia divina; por medio del cual podemos ser perdonados y justificados. 

En este sentido Agar e Ismael ilustran el pacto de las obras, ya que por ellas Abraham obtuvo una descendencia, mientras que Sara e Isaac ilustran el pacto de gracia que se basa en la promesa de Dios, no en las obras humanas y es cumplida en Isaac. 

Así, en la historia de esta familia era necesaria la separación de los dos hijos, para aclarar que la promesa que Dios le había hecho a Abraham sucedería por medio de Isaac y no de Ismael. 

Sin embargo, la descendencia que se le cuenta a Abraham también incluye a todos los que hemos creído en la promesa que Dios hizo de un sustituto que es Cristo (Mt. 1). 

Así los beneficiarios de la promesa de vida eterna de Dios no son los hijos carnales de Abraham, sino los que por fe creen en aquel sustituto que proviene de Abraham e Isaac, quien es Cristo, y que con su sangre nos libró del poder de las tinieblas (Col. 1.13), nos adquirió para que fuésemos pueblo suyo (1 P. 2.9) y nos dio el espíritu de adopción por el que podemos llamar a Dios: Padre (Ro. 8.15)  

¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros?, que gracias a la promesa de Dios y a la obra de salvación de Cristo en la cruz, tú y yo tenemos el derecho a ser llamados hijos de Dios, legítimos, dignos y con todos los derechos que ello nos transfiere. Por eso ya no somos esclavos de las obras y no estamos condenados a la muerte eterna, porque por nuestro pecado nunca hubiésemos podido satisfacer la demanda de justicia de Dios. 

Así, los que hemos creído en la promesa a través de Cristo somos hijos amados, escogidos, salvados por Dios, gozamos del título de coherederos suyos, y tenemos la esperanza de recibir una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible y reservada en los cielos para nosotros (1. P. 1.4). 


«Los que hemos creído en Cristo somos hijos amados, escogidos y salvados por Dios»

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¿Te conduce la sabiduría humana a Dios?

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¿Cuántos hemos pensado que es posible hallar solución a nuestros problemas personales acudiendo a un psicólogo? Yo creo que muchos. Pero lo interesante es que nosotros no somos los únicos que lo consideramos; iglesias también lo hacen. 

Cada vez es más normal pensar que hay una esfera personal que está por fuera del poder y alcance de la Palabra de Dios y por eso los creyentes acuden a este tipo de ayuda; pero, las Escrituras son muy claras en cuanto al trato que Dios le da a todo tipo de sabiduría humana que se oponga a las verdades fundamentales de Su Palabra. 

Y el Apóstol Pablo nos lo ayuda a entenderlo en 1 Corintios 1.18-20donde dice: 

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? 


El verdadero poder que buscamos no lo hallamos en la Psicología o la filosofía humana, en cambio, si está en la palabra de la cruz de Cristo, porque para los que creemos, Ella es el poder que Dios ha usado para llevarnos al conocimiento suyo, al de su plan para nosotros y para la humanidad; para hacernos ver nuestro pecado, nuestra deuda con Él y su amor por nosotros. Ella es la que nos ha librado del poder de la muerte y del pecado, nos santifica, y nos da el poder para vivir siguiendo su voluntad y no la corriente de este mundo. 

Pero el mundo quiere adjudicarse un poder similar al que Ella tiene, y es por eso que el Apóstol Pablo le pregunta a los creyentes de Corinto ¿sí entre ellos había alguno de esos supuestos sabios que el mundo reconoce? 

Porque entre ellos no había ninguno con gran educación, o filósofos capaces de disertar sobre los dilemas del universo; tampoco había grandes oradores; ni escribas, que eran dirigentes políticos, sociales y religiosos que por su conocimiento de la ley bíblica eran respetados socialmente, pero que ante los ojos de Dios eran hombres tercos y duros de corazón. 

Y se los pregunta para que entendieran que Dios no se manifiesta por medio de la sabiduría del mundo, sino que lo hace a través de Su palabra y de la predicación de Ella. 

Porque ¿cómo es posible que hallemos a Dios en la sabiduría del mundo, si ella es la que promueve que el ser humano sea libre de escoger el género con el que más se identifique, negando el diseño biológico que Dios ha definido para cada uno de nosotros? 

O ¿cómo hallaremos a Dios en la sabiduría del mundo, si ella es la que dice que es apropiado acabar con la vida de un bebe recién concebido, con tal de hacer valer los derechos de la mujer y del hombre, sacrificando a esa vida y menospreciando al Autor de la vida? 

Por eso Dios ha decidido no revelarse a través de esa falsa sabiduría, y en cambio, si hacerlo a través de Cristo. 

Porque Él es la imagen del poder y sabiduría de Dios (1 Co. 1.24), en quien hallamos la verdad, el ejemplo y el amor que necesitamos para responder a los dilemas y sufrimientos a los que nos enfrentamos en este mundo caído y naturalmente influenciado por el pecado. 

Por eso hacemos lo correcto cuando dedicamos nuestro tiempo, mente y fe a conocer a Cristo por medio de la predicación de su Palabra, confiando en su autoridad y esperanzados en sus promesas de amor para nosotros. 

No dejemos que el mundo afecte nuestra fe en Dios, en su palabra y en su plan. En cambio, mantengámonos firmes creyendo que su poder es el único que puede transformar el corazón humano, y convirtámonos en hombres libres de la corrupción, que viven con un sentido eterno y santo. 


«La palabra de la cruz de Cristo es el poder que Dios ha estado usando para llevarnos a su conocimiento y transformar nuestras vidas»

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