El pueblo necesita líderes consagrados

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Josué 1:16-18 

Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente.” 

¿Cuál es el requisito en el líder más necesitado dentro del pueblo de Dios? La respuesta es sencilla: Un líder consagrado. 

En todas la Escrituras vemos el valor que la consagración del líder tiene en la relación de este con Dios y con Su pueblo. Los éxitos o derrotas del líder marcan los éxitos o derrotas del pueblo también. La manera como el líder se relaciona con Dios va a ser un valor fundamental en la manera como el pueblo se relaciona con Dios también. 

No solo por la manera como Dios se relaciona con el pueblo por medio del líder, sino que el líder también debe modelar una vida integra que aliente a otros a seguirla (1 Co. 11:1). Por eso en el Nuevo Testamento vemos que los requisitos para los pastores y diáconos está muy claramente especificados para ayudar a la congregación a esperar ello de sus líderes espirituales (1 Ti. 3:1-13Tit. 1:5-16). 

Pero no solamente la consagración ayuda a la vida espiritual diaria del líder, sino que en esa relación íntima del líder con Dios es en donde se halla la fuente de la guía de Dios en favor del pueblo. Abraham, Moisés, David, Isaías, los discípulos, Pablo y muchos más pudieron ver la guía y obra de Dios por esa relación intima que ellos tuvieron con Él. Dios se comunica solo con aquellos que lo aman y le siguen, y sin ello no hay guía del Señor, y sin la guía el pueblo tampoco sabrá que hacer (Jos. 1:6-9; Comp. Sal. 103:7Pr. 29:18 NVI). 


Las dos tribus y media de Israel estaban ofreciendo cumplir su palabra de ayudar a los demás a conquistar la Tierra Prometida, pero ellos demandan algo crucial para Josué: De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés (v. 17). Ellos necesitaban estar seguros de que su viaje no sería en vano, ni traería pérdida para nadie. Todo Israel había sido testigo del poder de Dios constantemente por medio del liderazgo de Moisés, y vieron como todo fue prosperado a causa de esa relación de Moisés con Dios, y por ello querían estar seguros de que Josué cumpliría ese requisito. 

No solo la obra de Dios estaba en juego en esa relación de Josué con Jehová, sino que la obediencia del pueblo estaría ligada al líder por esa relación. 

D. L. Moody un día dijo: «El mundo todavía no ha visto lo que Dios puede hacer con un hombre completamente consagrado a Él». Esta frase recalca la importancia de la consagración, no solo del líder, sino de todo creyente. 

Oremos para que Dios nos ayude con la consagración de cada uno de nosotros los creyentes, pero también oramos para que nuestros líderes se mantengan consagrados con el Señor, porque en esa consagración la guía y la obra de Dios están aseguradas en medio del pueblo de Dios. 


«La consagración es un bien espiritual muy valioso que no todos la buscan, muy pocos la tienen, y a todos nos hace falta»

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Cultiva una buena amistad

Serie: ¡Entre el sí y el no!


El principio de hoy lo encontramos en Cantar de los cantares

El principio es: Cultiva una buena amistad

Debemos tener cuidado de dar rienda suelta a nuestros sentimientos. Lo mas importante en una relación es cultivar una buena amistad, no solo antes o durante del noviazgo, sino una amistad firme que dure toda la vida. Invierte tiempo en conocer los detalles buenos y malos de la otra persona, conoce sus altos y bajos, como es su carácter cuando se enoja, cuando esta triste, cuando está feliz, etc. Todo eso se conoce en la hermosa etapa de la amistad.

Compara el tiempo de la amistad como una planta que debes cuidarla para que crezca bien, así mismo es la amistad, cuando pasas tiempo con esa persona, dejando de lado el romanticismo, vas a cultivar una amistad firme que sostenga la relación.

Algo que Rebeca admira de Gabriel es su interés por llevar una relación correcta involucrado a su familia en cada paso, reuniéndose con sus padres y los padres de Rebeca para pedir permiso para conocerla, no para iniciar un noviazgo, sino para empezar una amistad sana, conocer sus metas y aspiraciones y buscar a guía del Señor para saber si era correcto que estén juntos. Gabriel dio el primer paso para llevar una relación santa.

Es necesario que Dios este en medio de tu relación, aun si solamente es una amistad o si aun no has empezado una amistad, esa será la señal de que quieres agradarle con tu caminar y tus decisiones respecto a las relaciones. No manejes la relación a tu manera, deja que el Señor obre.


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Compromiso de colaboración

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Josué 1:12-18

“También habló Josué a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, diciendo: Acordaos de la palabra que Moisés, siervo de Jehová, os mandó diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra. Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados quedarán en la tierra que Moisés os ha dado a este lado del Jordán; mas vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y les ayudaréis, hasta tanto que Jehová haya dado reposo a vuestros hermanos como a vosotros, y que ellos también posean la tierra que Jehová vuestro Dios les da; y después volveréis vosotros a la tierra de vuestra herencia, la cual Moisés siervo de Jehová os ha dado, a este lado del Jordán hacia donde nace el sol; y entraréis en posesión de ella. Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente.”

¿Es usted una persona que mantiene su palabra cuando se comprometió, o solamente da su palabra en ese momento para librarse de un compromiso inmediato?

La madurez espiritual se mide en términos del carácter, y éste reflejado en todas sus áreas. Una de ellas es la manera como manejamos y nos responsabilizamos de las palabras comprometidas o las promesas hechas. En un mundo donde la seriedad del valor que se da al compromiso hecho a través de la palabra dada a otra persona se va perdiendo o desvalorizando, es necesario que nosotros recordemos que un compromiso hecho por el creyente debe ser honrado como tal, si no, no se debería hacerlo.

Santiago, en su carta nos recuerda que no debemos jurar ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no…” (Stg. 5:12), no solo hablando a que no deberíamos usar a Dios en nuestras promesas (y muchas veces lo hacemos blasfemamente), si no que deberíamos ser personas que si vamos a decir a alguien «sí» es porque nos comprometemos a hacerlo, y si no, deberíamos decir «no» con sinceridad y responsabilidad.


Josué, en el pasaje que estamos estudiando, se acerca a “los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés” para recordarles la promesa que ellos habían hecho tiempo atrás cuando se comprometieron a ayudar a los hijos de Israel en la conquista a la Tierra Prometida (Nm. 32:28-32). Estas dos tribus y media de Israel habían decidido quedarse al lado este del Río Jordán en donde se establecerían como su territorio después que todos ellos habían derrotado y conquistado esas tierras antes de cruzar el Jordán.

En esos días estos tres grupos vieron que la tierra donde estaban era suficientemente buena, y por eso le habían pedido a Moisés a que se les permitiera quedarse allí, a lo cual Moisés accedió a cambio de que todos los varones dieran su palabra de ayudar a todos los demás a conquistar la tierra al oeste del Jordán (la Tierra Prometida), ya que todas las tribus habían ayudado a derrotar a esos enemigos, entonces todos ellos debían ir en pos de lo que estaba por delante.

El compromiso de estas dos tribus y media tenía que cumplirse, y lo hicieron. El recordatorio hecho por Josué era necesario para mantener la estabilidad de toda la nación. El compromiso no fue hecho ligeramente, y como tal se llegó a dar. Esa ayuda favorecería la conquista porque se tendría todas las tribus juntas para fortalecerse en las batallas que estaban por enfrentar.

Nosotros tenemos que ser sinceros y responsables a nuestros compromisos hechos a Dios y a los hombres. El cumplimiento de nuestros compromisos muestra respeto a la persona a quien le damos ese ofrecimiento y mantiene un ambiente de confianza con todos, el fallar es una muestra grave de nuestro carácter.


«La seriedad y sinceridad de las promesas hechas y el cumplimiento de ellas son una manifestación de un carácter cristiano debido, faltar o engañar es una ofensa grave»

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Entre la llamada de acción y la obediencia

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Josué 1:9-11

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión.

¿Cómo responde usted ante los mensajes que escucha en la Iglesia, o de los versículos que lee en sus devocionales o lecturas bíblicas? ¿Cuando escucha una promesa de parte de Dios o entiende que Él le está pidiendo hacer algo, con qué prontitud usted responde a ese llamado divino a actuar?

Muchas veces nosotros nos quedamos muy desafiados a actuar cuando entendemos que Dios nos está diciendo algo. Ese momento, convencidos por la obra del Espíritu Santo, sabemos que tenemos que tomar acción, pero entre la promesa o la llamada de acción hasta que tomemos la determinación de hacerlo pasa mucho tiempo, tanto, que muchas veces nunca llegamos hacerlo, muy tristemente…

Para Josué solamente le tomó un «punto aparte gramatical», por así decirlo. Mientras vemos que Dios le habla en los primeros nueve versículos de este capítulo uno, inmediatamente vemos en el siguiente versículo que Josué no esperó ni un momento, muy pronto llama a los oficiales del pueblo y les pide que vayan por en medio del campamento y digan a todo el pueblo que se preparen para pasar el Jordán e iniciar la conquista en tres días (v. 10-11). ¡Eso sí que es determinación!

La clave para una vida de obediencia con el Señor está basada en la determinación que tenemos de pronto cumplir con Su voluntad a pesar de lo que sea. Nuestra confianza y obediencia se mide en términos del tiempo con el que tomamos la acción. ¿Sabía usted que entre más uno medita en hacer algo, mayores son las posibilidades de no obedecer? ¿Por qué? Porque en el tiempo que meditamos, le damos espacio a la mente a que nos de razones para no hacerlo. Nuestra carnalidad es la que debatirá prontamente para que no nos motivemos a cumplir lo pedido por Dios.


Si vemos en Josué, él no se puso a cuestionar a Dios, ni menos a darle motivos de no hacerlo. Tampoco pidió muchas explicaciones, solamente se puso de pie y dio ordenes para prepararse. Eso es determinación.

Para que nuestra vida pueda alcanzar todas las metas que Dios quiere que logremos, debemos tener una determinación que nos ayude a seguir con diligencia Su voluntad. Recordemos que muchas veces, cuando Dios nos dice que hagamos algo, suele venir con ello las promesas a la obediencia, y con ello las bendiciones. Muchos de nosotros nunca llegamos a alcanzar esas bendiciones porque no tomamos seriamente la invitación de Dios a seguirle con valor y firmeza.

Si queremos que nuestra vida esté llena de conquistas espirituales, de bendiciones abundantes, y de ser testigos constantes de la maravillosa obra de Dios, debemos tener tal determinación a actuar pronto.

¿Se pudiera imaginar que hubiera sido de Josué si hubiera entrado en un debate con Dios para cuestionar su llamado? Talvez le hubiera pasado como a los que murieron en el desierto. Pero Josué conocía bien a Dios y eso le ayudó a caminar sin vacilar en medio de una conquista que requería confianza y acción.


«El tiempo que pasa entre el llamado a la obediencia y la acción de obedecer es crucial para seguir a Dios, entre más tiempo pasa, menos decisión tomaremos para hacerlo»

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Esfuerzo y valor para obedecer

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Josué 1:5-9

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”

¿Cuando enfrenta un nuevo reto por delante a qué es lo que le tiene miedo: A saber si saldrá victorioso o si podrá serle fiel a Dios y seguirle en Su voluntad mientras enfrenta el problema?

Con las dificultades siempre vendrá el reto de obedecer a Dios. Los problemas son pruebas que forjan nuestro carácter, y mientras aprendemos a caminar con el Señor, vamos viendo como Su carácter se va forjando en nuestra vida. La obediencia nos hace santos, y las pruebas forjan firmeza en el carácter santo.

Pero siempre con los retos vendrá la disyuntiva de si seguir el camino del mundo y/o de nuestra mente para solucionar el problema, o si seguimos a Dios mientras Él nos ayuda a enfrentar el problema. Por ejemplo, si es algo urgente tomamos acciones basados en consejos de amigos o esperamos a que Dios nos muestre en Su Palabra que hacer. Cuando hemos recibido una injusticia el mundo nos dice tomemos acción y busquemos justicia mientras que Dios nos dice perdona, etc.

Recordemos que muchas veces la guía de Dios es contraria a la manera que muchos tenemos para solucionar los problemas. Cuando el mundo nos dice hazlo, Dios nos dice espera o detente. Cuando el mundo nos dice aléjate o sal de ahí, Dios nos dice enfréntalo y no temas. Cuando el mundo nos dice a la derecha, Dios nos puede decir a la izquierda, o viceversa.


Josué y el pueblo estaban por entrar a la tierra que Dios estaba por darles, pero el reto que tenían adelante no era solamente la conquista en sí del territorio, sino en seguir la guía de Dios para obtener esa victoria. Como veremos en todo el libro de Josué, y en toda la Biblia, las victorias de los hombres de Dios no fueron posibles sin que ellos no siguieran al pie de la letra toda la guía de Dios.

Por eso, antes de iniciar, Dios tiene que alentarle a Josué que dependiera absolutamente de Él y de Su guía para que las cosas salgan bien. Esa obediencia requeriría de esfuerzo y valor; esfuerzo para seguir fielmente adelante en lo que Dios le pediría que haga, y valor para hacerlo tal como le vaya a ser instruido aun a pesar de que eso parezca poco coherente o requiera acciones drásticas. (v. 7a)

Para esto, Josué debía (v.7b-9):

  1. Debía “cuidar de hacer conforme” a todo lo que estaba escrito,
  2. Debía no apartarse para nada de lo escrito “ni a diestra ni a siniestra”,
  3. Debía meditar en lo escrito “de día y de noche” para entender exactamente lo que tenía que hacer,
  4. Debía atesorar y hacer “conforme a todo lo que en él está escrito” para que entonces todo su “camino” se prosperado y “todo” le salga “bien”. Y por último,
  5. Debía recordar que por eso Dios le pedía que se esfuerce y sea valiente, que no tenga temor ni se desaliente cuando tenga que obedecerle, porque “Jehová… Dios” estaría con él donde quiera que vaya.

La presencia de Dios, y por tanto la obra poderosa de Dios, estaba asegurada en la obediencia de Josué.

Nuestra vida solamente será prosperada cuando seguimos a Dios en obediencia, y para eso necesitamos ser firmes en obedecer y no temer cuando esa obediencia parecería contraria a lo que nosotros o el mundo consideremos bueno hacer. La victoria solamente se la obtiene con Dios y Su guía, y sin Él nada nos saldrá bien.


«La obediencia es un compromiso de seguir a Dios que muchas veces requiere esfuerzo y valor»

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¿Cambio de dirección o continuidad?

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Josué 1:1-5

“Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.”

¿Cómo enfrenta usted una adversidad inesperada? ¿Considera que ese cambio, que muchas veces puede ser brusco, es un cambio completo a lo que se venía haciendo o considera que es una modificación a lo que ya se venía haciendo y que sigue una misma meta, pero con distinta trayectoria?

Cuarenta años habían pasado desde que Moisés, Josué y Caleb escucharon al pueblo rechazar el ofrecimiento de avanzar a la conquista de la Tierra Prometida (Nm. 13:25 – 14:10). Como consecuencia, Dios los llevaría por el desierto por cuarenta años hasta que todos los mayores de 20 años murieran por la desobediencia a causa de la falta de fe (Nm. 14:20-33).

Pero Moisés también había pecado por su mal temperamento, y Dios no le permitiría entrar en la tierra que Él estaba por entregar a los hijos de Israel (Nm. 20:7-13). Ahora, él ya ha muerto, y Josué entra a tomar el liderazgo del pueblo de Dios, y él sería quien lideraría en la conquista. ¿Había cambiado de dirección o solamente de actores y/o circunstancias?

Para muchos la muerte de Moisés pudo haber traído el desconsuelo de que Dios ya no bendeciría a los israelitas, y con ello la posibilidad de recibir la herencia prometida a Abraham se estaba desvaneciendo (Gn. 12:7), pero para Josué, y sobre todo para Dios, esto no afectaba Sus planes eternos, solo era una modificación de actores y circunstancias que estaban bajo el control del mismo Dios. El Señor seguía obrando y Él mismo le aseguró a Josué que así se haría (Jos. 1:2-5).


Cuando nosotros atravesamos por cambios bruscos en nuestra vida como la pérdida de un trabajo, la pérdida de la vida de un familiar, las dificultades de salud, u otros cambios que afecten significativamente nuestras vidas, no consideremos que el es fin de todo, pues no estamos en la capacidad de entender por completo lo que está pasando, pero sí podemos mirar al cielo y recordar que con nosotros está Aquel que conoce todo lo que sucede, y que dentro de Sus planes eternos todo sigue tal cual Él tiene considerado (Is. 55:8-9).

Si bien, como Job, talvez no podamos entender todo lo que sucede, podemos recordar que Él está al control, y que tarde o temprano nos dará las respuestas a muchas de nuestras interrogantes.

Cuando algo significativo llegue a nuestras vidas, lo que debemos preguntarnos es: ¿Qué es lo que se propone hacer ahora Dios? ¿Cómo puedo yo alinearme con Él para seguir en lo que está por hacer en o con mi vida?

Esos cambios son necesarios para algunas modificaciones útiles y vitales que vayan a favorecer lo que sigue. Talvez ese cambio, aunque aparentemente negativo, va a traer un propósito positivo en el futuro que nosotros hoy no vemos. Lo que debemos hacer es seguir adelante, este cambio solamente trae algún factor nuevo, pero Dios todavía no ha terminado con nosotros, así que siga en pos de la conquista de lo que está por venir.


«Para Dios ningún cambio es contratiempo o pérdida, es un instrumento que nos trae nuevo valor o sentido a Su obra eterna»

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Seguridad para las Madres

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Una de las emociones que más nos aqueja es el miedo. Fácilmente nos sentimos inseguros y creemos que muy poco es digno de nuestra confianza, por eso le tememos a tantas personas, cosas o situaciones. 

El libro de Génesis nos narra la historia de Agar, una esclava que fue rechazada, abandonada con su hijo en medio del desierto, y que tuvo que enfrentar el peor temor para una madre: la muerte de su hijo. 

Esta historia dice: 

“y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. […] Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho.” Génesis 21:16-17, 19 


Agar había tenido que aceptar ser la concubina de Abraham por petición de Sara, su esposa. Debido a la crisis de fe que ella experimentó al ver que Dios no cumplía la promesa de darles un hijo, él aceptó sin ninguna objeción y se unió con Agar, quien concebiría a Ismael. 

Catorce años después Dios hizo que Sara concibiera de Abraham a Isaac, y con el tiempo fue destetado. 

En ese momento Abraham hizo un banquete en honor de su hijo, pero Sara vio que Ismael se burlaba de Isaac, persiguiéndolo y acosándolo. Como era de esperarse, Sara se disgustó mucho y le pidió a Abraham que lo echara de su casa junto a su madre. 

Esta petición angustió a Abraham, pero eso hacía parte del plan de Dios. Así que él obedeció y los despachó para que emprendieran su viaje solos. 

Un viaje muy difícil para Agar, porque ¿a dónde iría? Como era de esperarse, anduvieron errantes por el desierto.  

Agar era una simple esclava, había permanecido en la casa de su Señor y cuando viajaba con él, ella no tenía que preocuparse por la ruta, por su seguridad, por calcular las provisiones para el viaje y tampoco por el dinero, ella solo sabía seguir órdenes. 

¿Cómo pedirle a una mujer así que tome control de su vida y la de su hijo de un momento para otro? 

Además, ella viajaba con el dolor de haber sido rechazada, avergonzada y con la tristeza de ver cómo habían despojado de sus derechos a su propio hijo, lo que tal vez era su dolor más grande, porque toda madre puede soportar que la humillen a ella, pero no a su hijo. 

Y como si todo eso no fuera poco, llegó al punto más bajo y difícil al que podía llegar, ver a su hijo en agonía producto del calor del desierto, de la falta de agua y provisiones. 

Así que Agar solo pudo aceptar su realidad y su incapacidad, se resignó y tuvo que doblegar su corazón ante la posible muerte de Ismael. 

Pero el llanto y clamor de Ismael fueron escuchados por Dios y Él les mostró un pozo de agua del que pudieron beber. 

¡Esta historia es hermosa! porque nos ayuda a entender dos verdades muy importantes: 

La primera es que nuestra vida esta determinada por el plan de Dios y no por las circunstancias que vivimos, sí hubiese sido por las estadísticas, Ismael habría muerto porque lo tenía todo en su contra, pero el plan de Dios era otro y se cumpliría a pesar de todo. No pensemos que nuestra seguridad está determinada por el ambiente en el que vivimos, sino creamos que Dios es el que conforme a su propósito define cada uno de nuestros días hasta que llegamos al último. 

La segunda es que como lo dice Pipper: «nuestra idea de seguridad es un espejismo» (2015). Nosotros no podemos garantizar nada en nuestras vidas y no sabemos lo que pasará en los próximos segundos; pero Dios sí es capaz de proveernos la seguridad y confianza que tanto buscamos. Su soberanía y poder garantizan nuestro bienestar a pesar de las circunstancias y de nosotros mismos. 

Así que, como Agar, se vale que reconozcamos nuestra incapacidad y vulnerabilidad delante de Dios, para que veamos su salvación y amor por nosotros. 

Referencias 

Piper, J. (2015). No desperdicies tu vida. Editorial Portavoz. 


«Podemos reconocer nuestra incapacidad delante de Dios para que veamos su salvación y amor por nosotros»

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La “locura” a la que somos llamados

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¿Por qué la predicación de la palabra de Dios parece cada vez menos aceptada y más rechazada por el mundo en el que vivimos? 

¿Será que como cristianos estamos en lo correcto al permanecer fieles a ella aunque eso implique que tengamos que ir en contra de las corrientes filosóficas y métodos humanísticos que parecen tener más credibilidad y aceptación por el mundo hoy? 

Pues estas son preguntas que no han surgido solo en nuestros tiempos, sino que a lo largo de la historia cristiana la iglesia ha tenido que considerarlas, y ha sido necesario defender la validez de la predicación como el método esencial para la comunicación de la palabra de Dios y el cambio del corazón humano (1 Co. 1.18-20). 

Mucha de la sabiduría del mundo la encontramos concentrada en la psicoterapia moderna, las charlas motivacionales de supuestos grandes líderes que se promocionan como quienes tienen las respuestas para los problemas del ser humano, y en el coaching que está tan de moda actualmente en círculos profesionales. 


El problema con estas corrientes de pensamiento es que tienen su origen en el orgullo humano, en la idea de que todo lo que necesitamos para vivir está en nosotros mismos, lo cual es totalmente contrario a lo que dice la Biblia, ella nos habla que nuestro corazón es perverso (Ro. 3.10-12) engañoso (Jer. 17.9) y que nuestro pensamiento está entenebrecido (Ef. 4.18) y embotado a causa del pecado (Mr. 6.52), así, nosotros no tenemos la respuesta correcta a los problemas de la vida. 

Pero por varios años, la psicología se ha adjudicado la autoridad sobre estas problemáticas humanas y ha pretendido atender el alma de las personas, negando la existencia de una realidad espiritual, lo cual es totalmente contrario a lo que la palabra de Dios nos enseña (Sal. 14.1); y aunque pareciera que hay muchos puntos de conexión entre esta disciplina y la fe cristiana, ambas se separan desde el mismo punto de origen, porque ¿Qué hay en común entre ellas sí la psicología niega la existencia de Dios y su autoridad sobre el ser humano? 

Por eso Dios ha decidido avergonzar todo tipo de sabiduría humana y en cambio obrar por medio de la proclamación de Su Palabra en la vida de los que creen. 

Y es que la Biblia, que es donde hallamos la Palabra de Dios, es un libro especializado en el corazón del hombre; y esto es gracias a que fue inspirada por Su Creador, y ¿quién mejor para hablar de nuestros problemas que nuestro propio Creador? 

Pero gracias a Dios, esta consideración sobre la predicación tiene un sustento muy firme en su misma Palabra, por eso el Apóstol Pablo hablándole a los creyentes de la ciudad de Corinto les dijo lo siguiente: 

Corintios 1.21: Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 

Así es, Dios ha decidido esconderse para la sabiduría humana, y en cambio revelarse por medio de la locura de la predicación de la palabra de la cruz. 

Es cierto que ella parece locura en medio del humanismo y orgullo en el que vivimos, al fin y al cabo, pensar en la idea de que nos sometamos a la autoridad de la palabra de Dios va en contra de la corriente de este mundo. 

Pero justamente por eso Dios ha decidido salvar a las personas de la muerte eterna por medio de la predicación, porque someterse a ella requiere humildad en nuestro corazón, para reconocer que la sabiduría que proviene de Él es la que tiene el poder para llevarnos a la vida eterna por medio de Jesús. 

Y ¿cómo no confiar en la predicación de la palabra de Dios sí ella fue inspirada por Él, tiene el poder para enseñarnos, mostrarnos el error en nuestras vidas, convencernos de pecado y guiarnos a una nueva forma de vida? (2 Ti. 3-16-17). Ella es la única que logra penetrar hasta lo más profundo de nuestro ser y revelar la verdad de nuestros pensamientos y motivaciones (He. 4.12). 

Por esto es que debemos permanecer firmes en la predicación bíblica, sabiendo que ella es el instrumento que el Espíritu Santo usa para llevarnos al conocimiento de Dios y de nosotros mismos, y es en la que hallamos la esperanza y dirección para vivir con propósito y para la gloria de nuestro Creador. 


«Someterse a la predicación bíblica requiere humildad en nuestro corazón»

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