Su “gracia” es todo lo que necesitamos

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2 Corintios 12:5-10

“De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

  1. La palabra «astheneias» que se utiliza en este pasaje para hacer referencia a las “debilidades” de Pablo puede traducirse como carencia de fuerza o enfermedades. Pablo utiliza esta palabra para referirse a que todas las limitaciones, pruebas y sufrimientos que ha enfrentado en el ministerio son causa de gloriarse (2 Co. 11:30; 12:5), y no en las experiencias únicas y maravillosas de las que ha sido bendecido, como haber visto el “tercer cielo” (2 Co. 12:1-4).
  2. Dios, en Su providencia, evitando de que Pablo llegase a exaltarse “desmedidamente” a causa de las revelaciones escuchadas en la visión, permitió que Satanás provocara algún mal, mismo que no se nos explica con certeza qué fue, pero pudo ser una afección en el cuerpo. Pero este mal le era permitido experimentar para que le recordara que debe mantenerse humilde, y así no se “enaltezca sobremanera” por tal experiencia en la presencia de Dios. (v. 7)
  3. El malestar que esta debilidad le ocasionaba a Pablo debió ser muy fuerte, tanto que Pablo le pedía a Dios que lo quitara, pero tres veces Dios le dijo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” Dios quería que Pablo mantuviera ese «recordatorio de humildad» para guardarlo de soberbia, pero al mismo tiempo para que experimentara el poder de Dios en esa debilidad (v. 9).
  4. Dios le ayudaría proveyéndole de Su poder para que Pablo experimentara esa obra divina en él haciéndole espiritual y físicamente fuerte para continuar a pesar del “aguijón (en) la carne”.
  5. En todo esto le dice que todo lo que necesita saber es que Dios lo tiene en Su gracia (“Bástate mi gracia”), es decir, que Pablo debía aprender a vivir pensando que todo lo que sucedería estaba bajo el cuidado y el amor de Dios, que Él lo miraba con “gracia” o buena voluntad, y que, si comprendiera bien el amor de Dios, entendería que el Señor sabía lo que estaba haciendo, y que con ello le era suficiente para seguir adelante. En este concepto aprendido experimentaría el poder de Dios, y en ello Pablo halló finalmente “gozo” por su amor y confianza en “Cristo” (v. 10).

A nadie le gusta enfrentar dificultades o limitaciones, todos quisiéramos una vida fácil y sencilla, libre de males y dolores. Pero la vida no siempre es así, muchas veces vienen problemas que nos afectan, y ante los cuales vamos a Dios a pedirle que lo quite de nuestra vida. Pero no siempre obtenemos lo que quisiéramos.

Comprender que Dios sabe lo que pasa, que Él está en el control de todo, que siempre hay un propósito detrás de ello para nuestra vida, y que, si es necesario, Él mismo nos proveería de Su poder para seguir adelante es importantísimo para enfrentar los problemas con gozo y seguir sin desanimarnos.

La palabra “gracia” generalmente se la considera desde el punto de vista de algo recibido sin merecer, pero también puede traducirse como la buena voluntad o el grato aprecio que alguien tiene en favor de otro, y desde este concepto, Dios le había dicho a Pablo que debe recordar que Él le tenía con mucho aprecio, y que eso le debería bastar para saber que no le iba a quitar su aflicción, sino que lo dejaría porque tenía un propósito detrás de todo.

Cuando enfrentemos problemas, pidamos a Él que nos ayude a comprender el porqué de lo que sucede (2 Co. 12:8-9; Comp. Stg. 1:3-5), y entendiendo el propósito, aceptaremos con mayor agrado la respuesta que nos dé ante nuestra petición. En esa confianza, basado en la “gracia” de Dios, hallaremos lo que necesitaremos muchas veces para enfrentar las dificultades.

Además, el que Dios no nos solucione un problema, sino que nos ayude a seguir adelante proveyéndonos de Su poder para seguir con fuerza, es otra manifestación de Su poder en nuestro favor.


«Muchas veces con sólo comprender que el amor de Dios es todo lo que necesitamos nos ayudará a enfrentar los problemas y seguir adelante, Su gracia nos es suficiente»

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¡Vivamos con lo necesario para ser “ricos”!

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Proverbios 30:8-9 NTV 

“Primero, ayúdame a no mentir jamás. Segundo, ¡no me des pobreza ni riqueza! Dame solo lo suficiente para satisfacer mis necesidades. Pues si me hago rico, podría negarte y decir: «¿Quién es el SEÑOR?». Y si soy demasiado pobre, podría robar y así ofender el santo nombre de Dios.” 

¡Impresionante esta oración!, ya nomás con la idea de no mentir tenemos problemas, ¿verdad? 

Pues el escritor no se queda ahí, sino que va mucho más hondo y le pide a Dios solo lo necesario para que su vida no experimente los riesgos de la riqueza o de la pobreza. ¿Será que nos animaríamos a orar algo como esto? Pues deberíamos animarnos y aprender a vivir en términos económicos con lo necesario. 

Según Tito 2.11-12 esa es la forma en la que somos llamados a vivir, este pasaje resume lo que significa vivir sobriamente. Con esto no quiero decir que no podamos disfrutar de las bendiciones de Dios, sino que nuestro corazón desee agradarlo aun por encima de las riquezas, el confort y las excentricidades. 


El problema es que nuestra idea de lo que es necesario también sufre la corrupción que el pecado produce en todas las áreas de la vida. Convirtiendo rápidamente un deseo en una necesidad, que en caso de no tenerla, nos hace sentir como sí no pudiéramos vivir. 

Y es que debemos entender que en nuestro corazón un deseo tiene la capacidad de convertirse en una exigencia y luego llegar al nivel de una necesidad (Tripp, 2012). De ahí que si hiciéramos un análisis juicioso de todo lo que hoy consideramos como necesario hallaríamos que mucho de ello simplemente es un deseo, que en ningún modo determina nuestra vida o muerte. 

La pregunta entonces es: ¿Qué es lo necesario?, o ¿Quién determina lo que es necesario? Pues, el mundo tiene el poder de definirlo por nosotros, pero, Cristo es quien verdaderamente nos ayuda a entender lo que necesitamos, y sí amamos a Cristo, hallaremos en Él su definición de lo necesario, el gozo que buscamos, pero sí eso no es así, pues el mundo será quien lo defina por nosotros. 

Ahora, la definición de lo necesario en nuestra vida está determinada por el plan que Dios tiene para nosotros, por ejemplo: sí su plan con nosotros es que seamos testigos suyos delante de los reyes, pues es probable que necesitemos ir a una buena universidad, pero sí su plan es que seamos sus testigos entre lo sencillo del mundo, es probable que no necesitemos tener una gran educación. 

Lo importante es que nuestro corazón esté siendo cautivado por Dios y no por las riquezas, ya que sí enfocamos nuestra vida en acumularlas, hallaremos en ello un profundo mal (Ec. 5.13), porque por nuestra naturaleza pecaminosa nos vemos tentados a confiar en nuestros ahorros y nuestras propiedades antes que en Dios, y fácilmente hacemos de ellos un ídolo. 

¿Cómo saber sí nuestro objetivo es acumular riquezas antes que conformarnos con lo necesario? 

Una pista puede ser que tal vez hallemos más disfrute en acumular y guardar dinero, antes que en gastarlo para nuestro bien, el bien de otro o para la obra de Dios. 

Con esto no estoy diciendo que no debemos ahorrar, no; de hecho, hacerlo es algo sabio (Pr. 13.7) y no gastar todo lo que ganamos es bueno (Pr. 21.20). Fue José quien nos lo enseñó cuando nos mostró que esto hace parte del plan de Dios para nuestras vidas (Gn. 37-47). A lo que me refiero es que nuestro corazón no este gobernado por las riquezas, porque sí es así es muy probable que neguemos a Dios y lleguemos al punto de decir: “¿Quién es el Señor?” 

Referencias 

Tripp, P. D. (2012). Instrumentos en las manos del redentor. Publicaciones Faro de Gracia. 


«Señor ¡no me des pobreza ni riqueza!»

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¿Cómo vivir bien en este siglo?

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Un hombre muy rico una vez le dijo a uno de sus amigos: «Solo puedo ponerme un traje a la vez o dormir en una cama a la vez. Después de eso todo mi dinero es aburrimiento y fastidio». Lo que ese hombre quería decir es que hay un límite muy real a lo que puede hacer lo material por una persona. (Martínez & Martin’Z, 1996, pp. 196) 

Parece que muy pocos han aprendido esa lección, porque hay un afán por obtener riquezas y asegurar nuestro confort y bienestar a través de ellas, permitiéndonos riesgos desmedidos y asumiendo gastos excesivos con tal de complacernos y agradar al mundo. 

Pero, en la carta de Pablo a Tito capítulo 2 versos 11-12 hallamos la forma de vida que debe distinguir a los creyentes, y que define la forma en la que debemos administrar todo lo que tenemos, este dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.” 


Pablo le escribió a Tito esta carta para ayudarlo en su ministerio en Creta, una ciudad ubicada en el Mar Mediterráneo cerca de Grecia, y en ella él le encarga la labor de corregir las enseñanzas equivocadas que la iglesia había adoptado, y le anima a desarrollar un grupo de hombres siervos para la iglesia que dieran testimonio del evangelio en medio de una cultura incrédula, entregada a los placeres y a la adoración de dioses falsos. 

La razón que impulsó al apóstol Pablo a escribir estas palabras fue que “la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres”

Es decir, que la razón por la cual aquellos hombres y nosotros como hijos de Dios debemos interesarnos por vivir así es porque Jesús se ha manifestado al mundo; porque Él es la gracia de Dios, quién encarna su amor por nosotros, es su mejor y suficiente regalo para el mundo entero. 

Como lo dijo Pablo, Jesús se ha manifestado para salvar; por eso cuando vino no lo hizo para juzgar al mundo, sino para salvarlo (Jn. 12.47); y su ministerio fue traer buenas noticias a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, declarar libertad a los que estuvieran cautivos, dar vista a los ciegos, poner en libertad a los oprimidos y predicar el año agradable del Señor (Lc. 4.18-19). 

Toda esta gracia que recibimos por medio de Cristo debe movernos a hacer lo que Él quiere en respuesta a su amor por nosotros. 

Por eso, siendo receptores de la gracia y amor de Dios (porque sí somos hijos de Dios hemos recibido el tesoro más valioso que existe), estamos llamados a vivir como Jesús: con propósito, trascendencia, para la gloria de Dios, apartados de la maldad y de los malos deseos del mundo. 

Pero vivir como Cristo no se logra en nuestras fuerzas, sino a través de la unión del poder del Espíritu Santo y nuestra obediencia. Por eso este pasaje nos recuerda que, gracias a su salvación, tenemos el poder que necesitamos para complacer a Dios antes que al mundo. 

¿Cómo complacemos a Dios? ¡Viviendo sobria, justa y piadosamente! 

¿Qué significa vivir así? 

Significa vivir moderadamente, sin excesos, haciendo el bien, haciendo lo que es conforme al carácter de Dios, mostrando nuestro amor por Él, adorándolo y complaciéndolo. 

¿Vivimos así? o ¿qué aspecto de nuestra vida debemos atender para vivir como Dios quiere que lo hagamos? 

Este es nuestro llamado para distinguirnos del mundo y hacer que nuestra vida brille para la gloria de Dios. 

Así es como necesitamos vivir, no siendo amoldados por el mundo, sino persiguiendo todo lo que sea de buen testimonio y para la alabanza de nuestro Señor. 

Referencias 

Martinez, J. L., & Martin’Z, J. L. (1996). 503 Ilustraciones Escogidas: Ilustraciones Escojidas. Colombia. 


«El amor que recibimos de Cristo debe ser lo que nos motive a vivir como Él lo hizo»

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¿Hay un tercer cielo?

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2 Corintios 12:1-4 

Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. 

  1. Pablo ahora va a comentar brevemente su experiencia cuando por obra de Dios fue llevado a Su presencia para recibir algunas revelaciones, mismas que, como él mismo dice, son tan sagradas que no se le ha permitido “expresar (v. 4). 
  1. Posiblemente Pablo hace este comentario para continuar con su defensa del apostolado y de cómo él ha sido escogido ciertamente por Dios para servirle. Evento, que, aunque muy significativo, no quiere del mismo gloriarse, sino que lo utiliza como argumento de su defensa, pero que si lo vivió. Por esto solo utiliza unas pocas líneas para mencionar su experiencia, y después continúa hablando de sus debilidades y de la gracia de Dios (2 Co. 12:5-10). 
  1. Con el deseo de no referirse directamente de sí mismo, menciona de “un hombre en Cristo”, y después menciona que conoce “al tal hombre (v. 2, 3). Así como el apóstol Juan en su Evangelio, hace referencia al discípulo a quien amaba Jesús, pero no se menciona a sí mismo (Jn. 13:23-24; 21:20). 
  1. En ambos versículos (v. 2, 3) expresa con certeza que no estaba seguro si la experiencia había sido de cuerpo o si había habido una separación del alma para ser llevado al “tercer cielo”, pero si asegura que estuvo ahí, y que sólo “Dios” sabía cómo había sucedido. 
  1. El “tercer cielo” o el “paraíso” es el lugar en donde Pablo se habría encontrado en la presencia de Dios para recibir esas “visiones” y “revelaciones”, dando a entender que ambos son el mismo lugar, y utilizando la misma palabra que Jesús le dijo al malhechor que se encontraba con Él en la cruz (Lc. 23:43), es el lugar a donde ahora va el alma de los creyentes después de la muerte. 
  1. Por las evidencias en la Biblia podemos decir que la atmósfera terrestre, este cielo azul que contemplamos desde la tierra, es el primer cielo (Gn. 8:2Dt. 11:111 R. 8:35), el segundo es el espacio interplanetario, el universo como lo conocemos, donde se encuentran las estrellas, planetas y demás elementos celestiales (Gn. 15:5Sal. 8:3Is. 13:10) y el tercero cielo es la “morada” de Dios, que está sobre todas las cosas (1 R. 8:302 Cr. 30:27Sal. 123:1). 

La pregunta de todos es común: ¿Dónde está el cielo a donde van los creyentes? … Y como no tenemos una persona a nuestro lado que haya vuelto de allá para contarnos, la respuesta puede quedar inconclusa. 

La otra pregunta común es: ¿Dónde habita Dios o dónde está su morada? Y esa es la segunda pregunta con muy pocas respuestas claras, porque lo que la Biblia nos habla en forma general es de visiones que los santos hombres de Dios experimentaron cuando vieron Su presencia, y quedaron registrados en la Biblia. 

Lo que sí se sabe es que Dios habita “en los cielos” (Sal. 123:1), lugar donde se halla su presencia. Ahora, debemos recordar que “Dios es Espíritu” (Jn. 4:24), por lo tanto, la idea de una casa o un palacio no debe presentarse en nuestra mente cuando pensamos en Su morada. Dios no necesita de un lugar para habitar, puesto que su grandeza es incomparable (Dt. 33:26). 

Pero de lo que sí sabemos es que lo que vemos de Dios es Su gloria, mas no su misma presencia. Nadie podría ver a Dios y vivir (Ex. 33:20), ni aún los ángeles, ellos solo ven el resplandor de Su gloria (Is. 6:1-3), pero lo que si llegamos a conocer es que Dios se manifiesta a través de Su gloria. 

Ahora, el “tercer cielo” o el “paraíso” es el lugar en donde los creyentes van después de su muerte. El alma del creyente es llevada inmediatamente después de su muerte, y ahí esperan el tiempo hasta que Jesús vuelva con todos a reinar en la tierra durante el Milenio. Antes de esa venida, ellos recibirán su cuerpo resucitado y glorificado para habitar corporal y espiritualmente en la tierra, y después de esto vivir así la eternidad (1 Ts. 4:13-18). 

También debemos recordar que Jesús está con los creyentes en este lugar llamado paraíso, esa fue la promesa dada por Jesús al malhechor que murió con el Señor al lado en la cruz (Lc. 23:43). Recordemos que Jesús, al ser Hombre, si puede manifestarse siendo Dios, y es por ello que lo veremos cuando lleguemos allá, pero al Dios el Padre, nadie lo ha visto jamás (Jn. 1:18). 

Por ahora siguen muchas interrogantes que posiblemente serán respondidas cuando lleguemos a Su presencia, pero hasta el momento la esperanza que todos tenemos de llegar a ese lugar tan especial está dado por el Señor, y Él nos está preparando un lugar especial allí, a todos los que creemos en Él (Jn.14:1-6). 


«El tercer cielo o el paraíso es un misterio respondido a medias en la Biblia, pero es un misterio por los detalles al respecto, no por su existencia, y la confianza de todo creyente de llegar allí está dado por Dios y registrado en las Escrituras»

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Honra a tus padres y no andes en yugo desigual

Serie: ¡Entre el sí y el no!


Algo muy importante cuando estás en una relación es el escuchar el consejo de tus padres, seguir su guía y oir atentamente lo que ellos te dicen acerca de tu pareja. La Biblia nos deja muy claro el principio de HONRAR A NUESTROS PADRES.

Leamos:

Además de la gran bendición de vivir largamente, el obedecer y honrar a nuestros padres nos puede librar de muchas malas experiencias que ellos desearian evitar que pasemos, como que alguien nos rompa el corazón o que se burle de nosotros. Como jóvenes creemos que todo lo que nos dicen nuestros padres es solo para hacernos la vida imposible, esto no es así, ¡ellos te aman! y quieren lo mejor para ti. Es por eso que cada consejo que te den será para tu bien.

Honrar es más que obedecer de mala gana; cuando obedecemos lo que nuestros padres dicen, debemos hacerlo de corazón y sabiendo que nuestra obediencia también es a Dios. Recuerda… ¡la obediencia trae bendición!

Recuerda también que debes orar por la persona que DIos tiene para ti, cuida tu testimonio y cuídate de andar en yugo desigual. Mira lo que dice 2 Corintios 6:14:

Como ya vimos en el episodio anterior, un yugo desigual es andar con una persona que no tiene la misma perspectiva, la misma fe y principios que tu tienes. Si te perdiste el episodio anterior aquí te dejamos el link. EP 2: Cuida tu testimonio y no andes en yugo desigual

Si eres un hijo o una hija de Dios ¡eres luz!, es por eso que no debes mezclarte con el mundo ya que no hay comunión entre la luz con las tinieblas. Tus decisiones no deben ser afectadas por la «presion de grupo» o por quedar bien con tus amigos. Dios tiene la persona ideal para ti, se paciente y depende de Él mientras esperas.


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La iglesia, causa de sufrimiento emocional

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2 Corintios 11:23-33

“¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno? Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos.”

  1. El amor de Pablo por las iglesias, su deseo del bienestar de los hermanos, y su profundo interés por la obra de Dios, hacían que Pablo enfrentara una cantidad de pruebas y dificultades. En estos versículos Pablo, manteniendo su defensa como apóstol, les expresa a los hermanos en Corinto que no ha sido fácil servir al Señor, para que vean que su interés no ha sido beneficiarse a sí mismo, sino entregarse por el reino.
  2. En esta lista vemos un grupo extenso de adversidades que el en múltiples ocasiones Pablo enfrentó por servir a la iglesia y llevar el evangelio a donde el Señor lo enviara.
  3. Pero Pablo no solo enfrentó dificultades físicas, sino que su amor por la iglesia hacía que experimentara sufrimiento emocional y constante. Pablo velaba con mucho cuidado el bienestar de la iglesia (2 Co. 11:2), y ese “celo” lo mantenía en continua angustia pensando y buscando la manera de cuidar, sea presente o ausente, por el bien de los hermanos en Cristo y de la Iglesia del Señor.
  4. A diferencia de las dificultades físicas pasajeras que enfrentaba, y muchas muy duras, estas eran temporales; pero la preocupación por las iglesias era una preocupación constante, por lo que gran parte de su ministerio lo realizaba en rodillas, clamando a Dios para que interviniera. Si algún hermano se enfermaba, Pablo se angustiaba, y si alguien había tropezado por el comportamiento de otro, el apóstol de indignaba (v. 29).
  5. En estas líneas vemos que había un profundo y muy sincero interés por la Iglesia de Dios, y esto desgastaba a Pablo, pero por la gracia del Señor seguía adelante, considerando que esta “debilidad” era buena (v. 30). Todo esto lo sufría, y ponía a Dios como testigo de su amor y sufrimiento por la iglesia (v. 31).

Para quienes realmente valoran la iglesia, el sufrimiento puede ser muy intenso cuando un hermano o toda la congregación enfrenta una dificultad. El amor por ellos es muy profundo, y cuando los problemas llegan en medio de la congregación, el dolor se siente propio, aunque el problema no sea de uno.

Debemos considerar que la iglesia es una congragación de creyentes que, unidos por la relación familiar basada en nuestra fe en Cristo, nos pone a todos como miembros de la familia de Dios, haciendo que nuestro corazón se expanda a amar y a entregarse por un grupo especial de personas entre los cuales existe una relación muy especial por nuestra fe.

Cuando un problema llega, entonces el sufrimiento se hace compartido, es como que una ola de empatía se disemina hacia todos los miembros de la iglesia.

Para Pablo, este sufrimiento era constante porque él tenía que mirar por varias iglesias. Su amor por ellos hacía que su responsabilidad sea una carga muy fuerte para él, tanto que lo comparaba como todas las adversidades físicas que enfrentó (v. 23-27), considerándolo de la misma intensidad, o quizás mayor.

Sobre todo, los pastores, pero también cada uno de los creyentes, debemos realizarnos una sincera evaluación de nuestro amor y preocupación por la iglesia en donde nos encontramos. No por la parte física de ella, sino por el cuerpo de hermanos creyentes que, al ser un solo cuerpo, nos deberíamos doler cuando algo pasa entre nosotros (1 Co. 12:20-27). Un corazón sincero manifestará su real amor cuando éste realmente sufre en medio de dificultades en la congregación.

¿Cómo está su amor por la iglesia? ¿Cuánta preocupación tiene usted por el bienestar de los hermanos?


«La Iglesia de Cristo es un grupo especial de creyentes unidos por una relación familiar en Cristo, y todos debemos velar por el bienestar de todos»

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El peligro de los falsos ministros

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2 Corintios 11:1-5, 13-15

“!Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme. Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis; y pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandes apóstoles. […] Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”

  1. Pablo estaba completamente preocupado por la buena voluntad con la que los hermanos en Corinto habían recibido a los “falsos apóstoles” y maestros (v. 4), y por esto les escribe esta carta con gran “celo” (v. 2).
  2. Lo primero que les pide es que recuerden que ellos, al ser la iglesia, estaban desposados con Cristo, y por ello, Pablo deseaba velar que la novia se mantenga “como una virgen pura a Cristo” (v. 2; Comp. Ef. 5:23-32; Ap. 19:3-9). Estos falsos ministros estaban manchando la iglesia con su presencia al ser ellos “obreros fraudulentos”, ministros de “Satanás” (v. 13-15).
  3. La presencia de estos ministros estaba permitiendo la introducción de enseñanzas engañosas, mismas que estaban alejando el corazón de los creyentes de la “fidelidad a Cristo” y de Su verdad (v. 3).
  4. La más grande herejía que se estaba permitiendo era que estos falsos apóstoles estaban enseñando de “otro Jesús” y predicando “otro evangelio”, y ellos no se estaban dando cuenta que esa enseñanza no venía por obra del Espíritu Santo, sino por “otro espíritu” (v. 4). Su falta de discernimiento estaba afectando su debida respuesta, la cual debería ser de rechazo, pero, al contrario, lo aceptaban de buena manera. Era obvio que la defensa de Pablo y su celo por la iglesia no era algo personal, sino, por la verdadera doctrina.
  5. Con firmeza y sin rodeos, Pablo expresa que estos “falsos apóstoles”, que tenían credenciales fraudulentas, no eran más que “ministros” de “Satanás”, y que tenían como propósito destruir la obra de Dios, engañándolos con falsas enseñanzas, para alejarlos del Señor (v. 13-15).
  6. Pablo les asegura a los hermanos en Corinto que estos pseudo-“ministros de justicia” recibirán su pago en el juicio final (v. 15).

La astucia de Satanás para introducir sus engaños y alejar al hombre de la verdad de Dios quedó manifiesta en el Edén, cuando Eva fue engañada, llevándola a pecar contra Dios (Gn. 3:1-6; 2 Co. 11:3). Siendo el príncipe de las tinieblas se disfrazó como “ángel (mensajero) de luz” para engañar al hombre y apartarlo de Dios.

Con las mismas características, sus ministros del engaño imparten tanta mentira como pueden para alejar a los hombres de la verdad, y así alejarlos de Dios. Estos engaños son tan sutiles que se disfrazan con gran astucia de aparente verdad para que lleguemos a aceptarlos y atesorarlos como verdad, pero siendo completa mentira. Cualquier conocimiento o aseveración que se aparte un poco de la verdad real ya no es verdad, por tanto, fuera de la realidad.

Muchos de estos ministros de Satanás son grandemente aceptados en todo el mundo, y todos ellos han creado un número incalculable de mentiras, creencias y religiones que han apartado al hombre del conocimiento verdadero de Dios. Estos engaños no permiten que Dios sea conocido como debe ser, y, por tanto, alejan al hombre del conocimiento del evangelio de Cristo, arrastrando al hombre a la perdición, y sin que el hombre se dé cuenta.

Aún dentro de las iglesias cristianas se ha permitido que estos falsos maestros o sus falsas enseñanzas se paseen abiertamente por los pasillos de las congregaciones.

Debemos velar celosamente porque la verdad de Dios se mantenga siempre presente en nuestras iglesias. Debemos además pedir a Dios discernimiento para poder reconocer las falsas enseñanzas y rechazarlas inmediatamente de nuestras vidas e iglesias. Pidamos a Dios para que nos ayude a mantener un fervor reverente por el conocimiento puro de la verdad expresadas solamente en Su Palabra. Y oremos incansablemente para que nuestras iglesias estén siempre llenas de las verdades bíblicas predicadas desde nuestros púlpitos.


«Toda enseñanza que se aleje un poco de la verdad bíblica no solo que es una completa mentira, sino que tiene el deseo perverso del maligno de alejarnos de Dios»

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¿Ante quién y/o por qué me alabo?

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2 Corintios 10:12-18

“Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros. Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo. No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla; y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado. Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.”

  1. Pablo utiliza 2 palabras dignas de resaltar en estos versículos: alabar y gloriarse. La primera, «alabar», da la idea no se exaltar a alguien por algo, sino el de compararse ante otra persona y recomendarse por comparación. La segunda, «gloriarse», quiere decir alguien quien se jacta o alardea de algo logrado.
  2. Considerando la palabra «alabar» (sunistemiσυνίστημι), Pablo hace la advertencia a aquellos que sin razón y motivo se “alaban” o se comparan “a sí mismos”, como que ellos son su propio estándar de juicio y ellos mismos son sus propios jueces. Una persona vanagloriosa siempre hará alarde de lo que es considerándose por lo que son, bajo sus propios ojos de juicio. Los enemigos de Pablo, esos falsos apóstoles y maestros que estaban en medio de la iglesia en Corinto, se “alaban a sí mismos”, considerándose como ministros incomparables, y que, ante los demás siervos, y más ante Pablo, ellos eran dignos de gran reconocimiento. Pablo reprueba esa actitud vana y soberbia de alardear (v. 12, 18).
  3. En cambio, la palabra «gloriarse» (kaucaomaiκαυχάομαι), Pablo la usa para indicar que hay algunos que sin merito propio, sin logro personal, sino que usurpando o tomando prestado logros de otros, se jactaban de ellos conseguir algo por sí mismos. Estos falsos apóstoles no habían llegado primero a Corinto, ni menos habían estado predicando en lugares donde no se había escuchado el mensaje antes, sino, que, aprovechando la ausencia de Pablo, y trabajando sobre lo que Pablo ya había establecido, ellos se gloriaban de la obra entre los corintios, sin ellos tener «derecho de autor» (v. 13-16).
  4. Pablo nos recuerda que, en lo único que uno puede sinceramente gloriarse no es en lo que uno logra para el Señor, sino en la bendición de estar “en el Señor”, o sea de ser salvo, y salvo por Su obra (v. 17). Y también nos anima a tener presente que la única alabanza aprobada es aquella que el mismo Dios hace en favor de quien Él cree que es digno de recibir (v. 18)

La vanidad es un enemigo silencioso, que llega a afectar terriblemente la correcta perspectiva de las personas. Este pensamiento, que nace del pecado del orgullo, lleva a las personas afectadas a considerar todo de una manera insustancial, fundando valores en una simple ostentación sin fundamento. Puede cegar el entendimiento y llevarle a vivir un estatus irreal basado en apariencias y obstaculizando la debida apreciación de cada persona o cosa.

En la vida cristiana, y muchas veces en el ministerio, este pecado se convierte en un enemigo silencioso que puede envanecer el entendimiento y el correcto accionar de los creyentes. Nos puede llevar a alejarnos de todo lo piadoso o santo, y hacernos ver cosas vacías como dignas de valor. La humildad, en cambio, es el opuesto a todos estos enemigos que nos hacen olvidar la realidad.

Todos nosotros debemos recordar que lo que somos o hacemos no es por quienes somos, sino por lo que Dios hace o nos permite hacer. Si bien Dios nos ha permitido desarrollar talentos, poseer dones, y hacer algo para Su obra, es Él quien lo hace todo por medio de nosotros, y lo que somos no es más que ser instrumentos suyos.

Además, considerando la salvación, si no fuera porque Él obró por completo para salvarnos, nosotros todavía estaríamos perdidos y camino a la condenación.

Lo único por lo que podríamos gloriarnos o alardear es por el hecho de ser salvos y de ser usados por Él, y eso, no porque lo hemos logrado, sino porque en Su misericordia y gracia, Él obra en todo en nuestro favor. A Él la gloria, y gloria a Dios por que en Su amor nos permite estar “en el Señor”.


«La vanidad ciega el entendimiento del creyente, la humildad nos mantiene estables en mente de quienes somos y lo que hacemos para el Señor»

Ministerio UMCD

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