¿Para qué debe usar la autoridad el pastor?

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2 Corintios 10:7-11

“Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo. Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción, no me avergonzaré; para que no parezca como que os quiero amedrentar por cartas. Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable. Esto tenga en cuenta tal persona, que así como somos en la palabra por cartas, estando ausentes, lo seremos también en hechos, estando presentes.”

  1. Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, llamó la atención fuertemente a la iglesia por su mala conducta. Desde pecados de inmoralidad, mal comportamiento en el tiempo de la Cena del Señor, problemas matrimoniales, idolatría, conflictos, en fin; fueron muchos los problemas abordados por Pablo, a tal punto, que como él mismo reconoció en esta Segunda Carta, que había utilizado gran firmeza, pero el propósito era llevar al arrepentimiento y al cambio piadoso de los hermanos (2 Co. 7:7-9).
  2. Continuando con el tema de su defensa ante aquellos que le acusaban de ser fuerte en cartas y débil en persona (v. 9, 10), Palo les recuerda a los hermanos en la iglesia que no solamente su vida le pertenece a Cristo desde el día de su salvación, sino que él había recibido la autoridad de Cristo para servir como ministro (v. 8; Comp. Hch. 13:1-3; 26:12-18; 2 Ti. 1:8-11).
  3. Pero Pablo, haciendo aseveración de su autoridad como ministro del Señor, indica firmemente que el propósito de su autoridad es la “edificación” del creyente, no la “destrucción”. Él quería recordarles que el propósito constante de su ministerio, su amor y dedicación por ellos, ha sido el edificar creyentes para Cristo, y para lo cual hacía uso de las “armas” espirituales con las cuales Dios le había provisto (2 Co. 10:4).
  4. Pablo no tenía pena en usar su autoridad si era necesario para callar aquellos que estaban menospreciándolo y afectando con malas enseñanzas a la iglesia, y si era necesario, iría con firmeza nuevamente para enfrentar a los acusadores (v. 10-11).

El mal uso de la autoridad se observa en muchas esferas de la vida: Política, gubernamental, laboral, familiar, etc., aún en las iglesias. El aprovechamiento de esa posición que brinda ciertos privilegios sobre otros, y que le otorga cierto “dominio” sobre alguna área o grupo de personas, hace que aquellos en autoridad tomen ventajas de sus prerrogativas para uso propio o para menoscabo de otros.

El mismo Señor Jesucristo, alertando a sus discípulos sobre el riesgo de una mala perspectiva de la autoridad, les advierte que, si alguien va a llegar a estar en alguna posición de autoridad, debe ir con el propósito, no de enseñorearse o ejercer “potestad” , sino de servir en beneficio de los demás (Mr. 10:35-45).

En el caso del pastor o líder en la iglesia, el propósito por el que Dios ha designado a ciertos hermanos como tales, es para que ellos lleguen a servir con el deseo de edificar a la iglesia. Pablo, en su carta a los hermanos en Éfeso, nos recuerda que el propósito de tener a los diferentes líderes espirituales es para que ellos ayuden a edificar a los miembros de iglesia (Ef. 4:11, 12 y 16; Comp. 2 Co. 10:8).

Por otro lado, cada uno de los miembros de la iglesia debemos honrar esa autoridad, cuando ella es usada apropiadamente, porque nuestros líderes están puestos ahí para nuestra “edificación”, por lo que su enseñanza y exhortación debe ser considerada como válida y aceptada con agrado, sabiendo que ellos quieren nuestro bienestar, no nuestra “destrucción”.

Pidamos a Dios que siempre nos mantenga acompañados de líderes piadosos, que usen su autoridad debidamente; y oremos para que Él los use con poder para edificación sana y gloriosa de nosotros, Su iglesia; y vivamos agradecidos por aquellos que “velan por nuestras almas” (He. 13:17).


«Un pastor o líder piadoso, que usa apropiadamente su autoridad para nuestra edificación, siempre serán de gran bendición»

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Cuatro consejos para la inversión de nuestro dinero

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Una vez un hombre rico fue a ver a un rabino buscando ayuda. El rabino le llevó a una ventana y le preguntó: – ¿Qué es lo que ve? – A la gente – Fue la respuesta. Después le llevó a un espejo y le volvió a preguntar: – ¿Qué ve ahora? – Me veo a mí mismo – Contestó el hombre. – El vidrio de la ventana y el espejo están hechos de cristal – dijo el rabino-, pero el del espejo tiene un algo plateado, y en cuanto a la vida se le agrega un poco de plata dejamos de ver a los demás y solo nos vemos a nosotros mismos. (Martínez & Martin’Z, 1996, pp. 226) 

Esta es una verdad latente en los seres humanos, pero la obra de Dios es suficiente para transformar nuestro corazón y darnos una perspectiva eterna en todo lo que hacemos y especialmente en el manejo de nuestras finanzas. 

Un millonario llamado Zaqueo aprendió esta lección y luego de dedicar su vida a Jesús no volvió a ser el mismo, su historia y las decisiones que tomó aquella noche en la que conoció al Señor se nos narran en Lucas 19:8

“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.” 


Estas palabras de Zaqueo comprueban el cambio en su vida y nos dan cuatro enseñanzas muy valiosas que necesitamos considerar para administrar nuestro dinero con sabiduría e inteligencia, estas son: 

  1. Podemos convertir al dinero en el dios de nuestras vidas. 

Todo lo que gobierna nuestro corazón es nuestro dios y eso define lo que hacemos y cómo nos relacionamos con las personas. 

Zaqueo al ser un recaudador de impuestos, decidió sacrificar su relación con Dios debido a que por su cargo él no gozaba libremente de todos los beneficios judíos para llevar a cabo su adoración, y también estuvo dispuesto a perder sus relaciones con otras personas; algo que no le importó porque lo más importante para él era el dinero. 

  1. Amar a Dios por encima de todo es el principio número uno para hacer buenas inversiones. 

En el caso de Zaqueo fue necesario que la salvación de Dios alumbrara su corazón para que tuviera un enfoque eterno en la administración de sus recursos. 

El gran rey Salomón es un buen ejemplo de esto, recordemos que cuando David lo proclamó como Rey de Israel, él era muy joven y una noche Dios se le apareció y le dijo “pídeme lo que quieras”, y como Salomón amaba a Dios y quería obedecerlo y agradarlo, él le pidió sabiduría para dirigir su pueblo, así que a Dios le agradó tanto su petición que además de darle sabiduría le dio riquezas, gloria (1 R. 3:3-15), y su reino gozó de paz y gran prosperidad. 

  1. Debemos ir tras ganancias honestas. 

Necesitamos trabajar con honestidad y responsabilidad, contentarnos con lo que Dios nos provee por medio de nuestro trabajo, aprovechar las oportunidades y mantener un equilibrio en nuestras vidas; por cierto, para Dios el orden de nuestras prioridades es: Él en primer lugar, luego nuestra familia y luego nuestro trabajo. 

Por último, ser conscientes de que… 

  1. Existe un “banco espiritual”. 

Dios quiere que seamos generosos así como Él es generoso con nosotros. Todos somos testigos de su generosidad cada día cuando vemos su mano proveedora en muchas áreas de nuestras vidas. Así como Él entregó lo más valioso que tenía por nuestra salvación, nosotros también necesitamos ser generosos con aquellas personas que lo necesitan, entendiendo que al hacerlo estamos prestando al Señor (Pr. 19.17), e invirtiendo en el “banco espiritual” del Reino de Dios. 

Lo bueno es que Dios no mide nuestras inversiones en Su reino como lo hace el sistema financiero del mundo, Él las mide por el corazón con el que las hacemos, por el amor que nos mueve a hacerlo y no por lo cantidad que damos (Lc. 21.1-4). 

Así que no importa la cantidad que demos en el “banco espiritual”, lo que importa es que lo hagamos con amor, sabiendo que haciéndolo estamos agradando al Señor y cumpliendo el plan que Él ha dispuesto para nosotros. 

Referencias 

Martinez, J. L., & Martin’Z, J. L. (1996). 503 Ilustraciones Escogidas: Ilustraciones Escojidas. Colombia. 


«Lo que hagamos con nuestro dinero habla mucho de nuestra fe» –

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Consejo de un millonario para hacer buenas inversiones

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Hace unos años se publicó un anuncio en un diario de Nairobi que decía: 

– Pagaré todas mis deudas –  

– Yo, Allan Harangui, me he consagrado al Señor Jesucristo, y debo enderezar todos mis entuertos. Si tengo con usted alguna deuda o le he hecho algún daño personal, o alguna de mis compañías de las cuales he sido director o socio lo ha hecho; tenga la bondad de ponerse en contacto conmigo o con mis representantes, para pagarle. Cualquier cantidad adeudada será cancelada sin discusión.  

– Que Dios y su hijo Jesucristo sean glorificados. – (Hughs, 2015, pp. 138) 

Este anuncio llamó la atención por lo singular de su contenido, no es normal encontrar personas que decidan desprenderse del dinero de esta manera y mucho menos que reconozcan sus pecados o maldades, queriendo restituir los daños que causaron. 

Pero este anuncio no ha sido el único de su tipo en la historia cristiana, de hecho, encontramos otro casi igual hecho por un hombre que tuvo el gozo de escuchar las enseñanzas de Jesús y sentirse aceptado y amado por Él; su historia la encontramos en Lucas 19:5-10

“Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” 


Zaqueo pertenecía al grupo de los publicanos, judíos que cobraban los impuestos para el Imperio Romano. Ellos gozaban de la libertad de pagarse a sí mismos de lo que recaudaban y se beneficiaban de que no había leyes en contra del cobro abusivo que hacían. Por obvias razones la sociedad los rechazaba porque les consideraban traidores y materialistas que habían vendido sus principios por dinero. 

Pero a pesar de su oficio y avaricia, Zaqueo deseaba conocer y escuchar a Jesús, posiblemente motivado por la curiosidad que sentía producto del testimonio de otros publicanos que en lugar de ser rechazados por Él se sintieron aceptados y amados, como Mateo quien terminó siendo uno de sus doce Apóstoles. 

Ese deseo de Zaqueo le significó ser el anfitrión de Jesús por una noche y le permitió escuchar las buenas nuevas de Dios que lo llevaron a dedicar su vida a Cristo. 

El compromiso que hizo esa noche de dar a los pobres la mitad de lo que tenía y restituir cuadruplicado lo que hubiese ganado deshonestamente, nos deja ver la certeza de su fe, y no porque la fe de Zaqueo haya sido el resultado de sus buenas obras, sino porque como nos lo enseña Santiago (2:14-17), su fe produjo en él un cambio en su corazón que lo llevó a comprometerse con cosas que de otro modo no habría estado dispuesto a hacer. 

Porque cuando alguien ha creído con sinceridad en Jesús, sus obras son evidencia de ello y su vida es transformada radicalmente, todas las cosas viejas pasan y a partir de ese momento todas son hechas nuevas en esa persona. (2 Co. 5:17

Aunque la narración de estos acontecimientos es muy sencilla, necesitamos considerar que la fe que Zaqueo demostró en ese momento, fue el resultado de haberse derribado un ídolo de su corazón, porque todos los seres humanos amamos y adoramos algo, y todo lo que adoramos que no sea Dios es una expresión de idolatría en nosotros. 

Esa victoria de Jesús sobre la idolatría que había en Zaqueo fue el resultado de haberle confrontado en sus creencias y compromisos en torno a la vida, y en su caso al dinero; un proceso que se vive de formas diferentes en cada persona y que normalmente es difícil, pero que es la base para que podamos amar y adorar al Dios verdadero. 

Por esto es que cuando amamos a Dios por encima de todo lo demás, vamos a estar en condiciones de administrar nuestro dinero y también cada área de nuestra vida con sabiduría, porque hallaremos en nosotros un profundo deseo personal por agradar a Jesús y vivir como Él vivió. 

Referencias 

Hughs, R. K. (2015). Disciplinas de un Hombre Piadoso (Nueva Edición). Alianza Editorial. 


«Amar a Dios es el primer principio para administrar todo lo que tenemos sabiamente»

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Cuida tu testimonio y no andes en yugo desigual

Serie: ¡Entre el sí y el no!


En el episodio de hoy veremos 2 principios basados en 2 versículos, que te ayudaran a tener una relación que le de la Honra y Gloria a Dios, una relación en la que tu y tu pareja puedan disfrutar juntos de alabar a Dios con sus vidas.

1. CUIDA TU TESTIMONIO:

Vemos acá una exhortación a que nuestra vida refleje la Luz de Dios, tu vida, como hombre o mujer, debe reflejar el cambio que Dios ha hecho en ti.

Esto refleja cuál es tu personalidad y carácter. Tu testimonio es la carta de presentación con la que vas a mostrarte a la persona con la que quieras llevar una relación.

2. NO ANDES EN YUGO DESIGUAL:

Un yugo desigual es andar con una persona que no tiene la misma perspectiva, la misma fe y principios que tu tienes. Si te esfuerzas por cuidar tu testimonio, no puedes buscar a alguien que no cuida su testimonio ni ama a Dios. No pueden caminar dos personas juntas si no están de acuerdo, no lo olvides.

Estos dos principios afectaras tus experiencias de relación para bien o para mal, no ignores los buenos principios que te van a guiar a vivir una vida en victoria para la gloria de Dios.

Pregúntate: ¿estoy andando en yugo desigual? ¿estoy cuidando mi testimonio? Medita y empieza a aplicar estos principios en tu vida.


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Destruyendo con poder falsos argumentos

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2 Corintios 10:1-6

“Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros; ruego, pues, que cuando esté presente, no tenga que usar de aquella osadía con que estoy dispuesto a proceder resueltamente contra algunos que nos tienen como si anduviésemos según la carne. Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.”

  1. Pablo nuevamente retoma el tema de su defensa en contra de aquellos que habían llegado a la iglesia en Corinto y querían desprestigiar su vida, ministerio y enseñanza.
  2. Pide a los hermanos que tomen acciones apropiadas en contra de esas personas antes de que él llegue. Les ruega en el Nombre de “Cristo” que hagan algo pronto para que él no tenga que usar la “osadía”, aunque estaría dispuesto a hacerlos si fuera necesario. Estos enemigos de Pablo lo acusaban de tímido en persona, pero que a través de las cartas estaba expresando autoritarismo. Lo que estaba sucediendo realmente importunaba a Pablo (v. 1-2).
  3. Una de las acusaciones era que Pablo no estaba ministrando espiritualmente, sino de forma humana (“carne”), es decir, que su trabajo y enseñanza no tenía la validez espiritual, ya que lo consideraban un charlatán que «carnalmente» estaba obrando. Pablo sí confirma que es un ser humano (“andamos en la carne”), pero que no está actuando “según la carne”, sino que militaba influenciado bajo el poder de Dios (v. 3-4).
  4. Utiliza la palabra “fortaleza” para expresar la idea de cómo los argumentos falsos y la soberbia de las falsas enseñanzas y de esos enemigos se estaban «levantando como una fortificación» aparentemente impenetrable. Estos argumentos y los enemigos estaban tratando de evitar que “el conocimiento de Dios” ser recibido apropiadamente dentro de la iglesia en Corinto. Estos falsos maestros estaban apartando de la verdad de Dios a los oyentes (v. 4-5).
  5. Las “armas” a las que Pablo se refiere (v. 4) tienen el poder de destruir esas “fortalezas”, y con ello llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. El propósito es batallar con la verdad de Dios expresada en las Escrituras para que se destruya al engaño y la maldad, y así tomar cualquier pensamiento humano para someterlo a Dios y a Su verdad. En otras palabras, que la persona conozca la verdad expresada en la Biblia y así no permitir que el engaño tenga cabida ni libertad en la mente del hombre para que no se aparte hacia la mentira.

La mente del hombre es increíblemente compleja, en ella se procesan cientos de pensamientos diarios en relación con un sinfín de elementos relacionados con la vida en todo sentido. En ella se puede guardar muchísima información, mientras que solo se utiliza una parte de esa información de ella diariamente. Pero no toda la información que llega a la mente del hombre es una correcta información, mucha de ella es falsa, irreal, un engaño.

Muchos de esos pensamientos no solamente son falsos, sino que son malignos. Así como el diablo es un enemigo de Dios, sus pensamientos y sus enseñanzas son enemigos de la verdad de Dios. Estos pensamientos, al ser afectado por nuestro pecado, pueden tomar una posición altiva muy fuerte que trata de rechazar la verdad con mucha arrogancia. Esto lo hace para apartar al hombre de Dios, y así no lo llegue a conocer.

Gracias a Dios, Él nos ha dado Su Palabra, que es la verdad absoluta (Jn. 17:17), Ella nos enseña y nos instruye (2 Ti. 3:16-17), y puede penetrar profundamente en la mente del hombre para dar luz a la verdad (He. 4:12). También nos ha dado al Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad”, que nos enseña y nos lleva a la verdad (Jn 14:26; 15:26; 16:13). Y ha provisto de pastores y maestros que nos enseñan dentro de la iglesia (Ef. 4:11, 13-14). Todos estos instrumentos son “las armas… poderosas” que Dios nos ha dado para “la destrucción de fortalezas” (2 Co. 10:4).

Todo creyente prudente debe alimentarse diariamente de la Palabra de Dios para discernir entre la verdad y la mentira. Puede llegar a estudiarlo todo, pero debe aprender a “retened lo bueno” (1 T. 5:21), solo la verdad pura, llevando cautivo esos pensamientos errados a que se sometan a Dios. El Señor nos ha dado las “armas”, es ahora nuestra responsabilidad utilizarlas para solo retener la verdad.


«Las poderosas armas de Dios en contra del engaño son la Biblia y la obra del Espíritu de verdad, ellas nos ayudaran a conocer la verdad y rechazar toda mentira»

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Dar es más que sólo suplir necesidades

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2 Corintios 9:12-15

“Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. ¡Gracias a Dios por su don inefable!”

  1. Pablo veía la ofrenda no solo desde la perspectiva de un bien de alguien que bendice a otro, sino que mira el cuadro completo, también desde la perspectiva de receptor de la ofrenda, de aquel que observa la obra de fidelidad de Dios en su favor; por eso aclara que el servicio de este bien sagrado “no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones gracias a Dios”. (v. 12)
  2. Tenemos que ubicarnos en el lado de la persona que recibe la ofrenda, y nos daremos cuenta que esa persona ve el amor y la provisión de Dios en su favor.
  3. Además, el receptor llega a ver el corazón obediente y la buena voluntad de los creyentes que dan, y por esa razón “glorifican a Dios”. (v. 13)
  4. Esta manifestación de amor por parte del dador es alabada y reconocida en las oraciones de aquellos que reciben la ofrenda, y que miran con gratitud la buena voluntad de aquellos que dan. (v. 14)
  5. Pablo termina dando gracias a Dios por esa “obra de gracia” (2 Co. 8:6), ese “don inefable” que Él produce para ayudar por medio del servicio sagrado de los creyentes generosos, voluntariosos y alegres que dan con liberalidad (v. 15). ¡Todo al final es obra de Dios!

Pablo utiliza nuevamente dos palabras griegas específicas para hablar de la obra de dar: “ministración’ y “servicio” (v. 12). La primera palabra (“ministración”) es la misma que se utiliza para hablar del ministerio del diácono, o de aquel que sirve a las mesas (Hch. 6:1-7); mientras que la segunda palabra (“servicio”) es utilizada para expresarse sobre un servicio, pero de carácter sagrado, mismo que se lo hacía en el templo de Jerusalén por ejemplo (Lc 1.23; He. 8.6; 9.21). Pablo nos explica entonces que el dar es un servicio sacro.

No solo para quienes dan, sino para quienes reciben; cuando miramos bíblicamente todo lo que dar representa, nos damos cuenta que no solo es dar dinero a alguien, es algo muy sagrado, un servicio que Dios nos permite hacer o del que somos receptores.

La obra de Dios es una obra santa, celestial, sagrada. Cuando Él obra, debemos santificar lo que hace, y ante esa obra debemos adorar. Y como estamos aprendiendo en estos versículos, el dar es un servicio sagrado en el cual dos partes son testigos de la obra de Dios para bendecir a una persona en necesidad por medio de la obediencia de otro que participa dando.

No podemos pasar por alto algo tan valioso. Sea que usted sea un dador alegre, o usted sea un receptor de un “don” de Dios, tenemos que agradecer a Dios por permitirnos ser partícipes y testigos en uno de los dos lados de esta balanza. Alabemos al Señor que provee para que esto se pueda dar, y glorifiquemos Su Nombre por algo tan santo y maravilloso.


«El dar una ofrenda es más que dar dinero, es ser testigos de la obra santa de Dios en favor de uno por medio de la obediencia de otro, y ello es algo sagrado y digno de ser alabado»

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Dios nos da para dar

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2 Corintios 9:8-11

“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.”

  1. La palabra “poderoso” habla de la capacidad física o moral de una persona para hacer una cosa, y en este caso, Pablo lo dice en relación con Dios, quien es “poderoso… para hacer que abunde… toda gracia”.El Señor tiene la capacidad de llevarnos a actuar de acuerdo con Su voluntad, poniendo en nosotros la “gracia” de dar, pero no solo el buen deseo, sino que provee materialmente “todo lo suficiente” para abundar en “toda buena obra”. Nos capacita con el buen deseo y con lo materialmente necesario para que podamos dar en abundancia. (v. 8)
  2. No se debe olvidar que Dios es quien provee todo, y de lo que Él nos da para administrar nosotros damos. Los recursos son de Él, y “de lo recibido de (Sus manos) … damos” (1. Cr. 29:14).
  3. Para afirmar lo dicho, Pablo cita un pasaje en Salmos para recordar a los hermanos en Corinto que el Justo Dios, fiel como siempre, da a todos para cubrir las necesidades de todos, y así todos podamos dar para cubrir las necesidades de los demás, y viceversa. (v. 9; Comp. Sal. 112:9)
  4. Utilizando ejemplos de la vida, Pablo les alienta a los hermanos a dar, recordando que Dios provee lo que necesitamos para que nosotros demos con “liberalidad”, haciendo que nuestras dádivas se conviertan en “frutos de… justicia” (v. 10-11).

Dios nos da para que demos, esta es la mejor parte de la enseñanza. Si nosotros somos conscientes de esta realidad, nos daremos cuenta que el Señor constantemente nos ha provisto a nosotros para que, administrando sabiamente los recursos recibidos de Él , los usemos con prudencia y diligencia.

Algo así como el niño de 4 años que va a la iglesia con el padre de familia, y que cuando viene el momento de la recolección de las ofrendas, el papá le da una moneda al niño para que lo ponga junto a las demás ofrendas. El niño se emociona dando el dinero, pensando en sí que lo que hizo fue algo muy bonito, pero a la final quien dio fue el padre, pero quien llevó el reconocimiento de todos los presentes ante los ojos del niño, fue el niño mismo.

De esta forma se ilustra aquí lo que Pablo nos enseña en relación a cómo Dios nos provee de los bienes materiales para que nosotros demos. Y muchas veces Dios nos probará en fe para que demos confiando en lo que Él proveerá y no en lo que tenemos por seguro. Hablando de ello, Pablo les dijo a los hermanos en Filipos que estaba muy agradecido por la ofrenda que ellos constantemente daban para la obra misionera, y así poder cubrir sus necesidades (Fil. 4:14-18). Les afirmó que “Dios… suplirá todo lo que (les pueda hacer) falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

Dios, no solo quiere que demos, sino que, si somos obedientes, contará nuestra obediencia como “fruto” de “justicia” que “abunde” en nuestra “cuenta”. (2 Co. 9:10; Fil 4:17)


«Dios nos da para que demos de gracia, y cuando lo hacemos de buena voluntad, Él lo considera como un fruto de justicia de nuestra parte»

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Generosa, voluntariosa y alegre ofrenda

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2 Corintios 9:1-7

“Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba; pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayoría. Pero he enviado a los hermanos, para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para que como lo he dicho, estéis preparados; no sea que si vinieren conmigo algunos macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza. Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra. Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”

  1. Pablo ya les había dicho que el dar una ofrenda era un servicio, brindar un bien, o una “ministración”, y en este caso era dirigido a “los santos” (v. 1).
  2. El apóstol había mencionado en Macedonia la “buena voluntad” que los hermanos en Corinto (“Acaya”) tenían para ministrar esta ofrenda. El proyecto de ayudar a la iglesia en Jerusalén había iniciado un año atrás, lo que estaba estimulando a los hermanos del norte a dar también. Por este motivo Pablo estaba enviando a Tito y los otros hermanos para que, cuando el apóstol llegue, no los halle “desprevenidos” (v. 2-5).
  3. Pablo utiliza la palabra griega «eulogia» para expresarse de la “generosidad” prometida. Esta palabra literalmente se traduce como hablar bien o decir una bendición, por lo que la ofrenda es considerada como una bendición abundante en favor de otro. En otras palabras, Pablo quería que la ofrenda salga como una bendición generosa y abundante, y no como una obligación o “exigencia” de parte de él hacia los hermanos en Corinto (v. 5); y les recuerda que no deberían sembrar “escasamente”, sino que deberían «bendecir con abundancia» para cosechar “generosamente” (v. 6).
  4. Al no ser una exigencia, era evidente que Pablo estaba animando a mirar que la “buena voluntad” de dar era algo que uno lo tiene propuesto “en su corazón”, que no sería un hecho que traería aflicción (“tristeza”), ni estaba en una obligación (“necesidad”), sino que sería dado con una disposición alegre, y que a ese acto el Señor lo miraba con mucho agrado: “…Dios ama al dador alegre” (v. 7).

Cuando un creyente se entrega “al Señor” de corazón (2 Co. 8:5), su vida es dirigida hacia los buenos actos. La bondad, el amor, la generosidad, y otras hermosas expresiones del carácter de Dios se manifiestan en la vida del creyente, y esto se refleja en toda su manera de actuar en todo el tiempo.

En la generosidad y la buena voluntad de bendecir a los demás, y sobre todo, cuando alguien está en necesidad, esas expresiones del carácter de Dios se evidencia en la manera como ofrecen ayuda a los necesitados. Hospitalidad, servicio, y ofrendas, entre otras, son las vías como se expresa esa “ministración”, y más cuando son creyentes (2 Co. 9:1; Comp. Gá 6:10).

La buena disposición que nace de un corazón entregado nos lleva a dar con generosidad, de buena voluntad, sin tristeza ni obligación, sino con alegría. Dios, al mirar que Su carácter está siendo reflejado en un creyente y en su accionar, mira amorosamente como Su hijo actúa en favor de su prójimo (2 Co. 9:7).

El Señor nos permite servir a otros cuando Él mismo pone en nosotros un deseo de ser de bendición ante una necesidad, y cuando nuestra vida está alineada a Su voluntad, todo lo que Dios hace por nosotros se manifiesta como una “obra de gracia” por Él generada (2 Co. 8:1, 6).

La ofrenda siempre es una buena manera de ayudar, y debemos dar gracias a Dios, quien nos permite ser de bendición usándonos como instrumentos de Su obra y carácter en favor de los demás; esto nos motivará a recordar que nuestro dar u ofrendar es para nosotros de gran bendición.


«Dios mira amorosamente a Sus hijos cuando ellos dan generosa, voluntariosa y alegremente»

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