La esperanza de la Iglesia de no ver estos días alienta nuestros corazones. Pero nos recuerda que aquellos que aún no tienen esperanza de vida eterna sufrirán mucho en esos días, y si no se arrepienten al final, ese tormento será eterno.
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¡También hay que perdonar!
Podemos concluir que la oración no solo debe estar formada con un corazón creyente, sino, con uno santo también. Como diría un comentarista: «El acto de perdonar es una decisión que viene como el deseo de cumplir la voluntad de Dios»
¡Créelo!
No olvidemos que todos los discípulos habían sido testigos de muchos milagros que el Señor había hecho en estos tres años, pero era evidente que todavía tenían dudas en cuanto al poder de Dios, aún les faltaba fe.
¿Y qué de nosotros?
Jesús le dijo al joven que para seguirle debe dejarlo todo, por eso él no quiso ni siquiera llegar a ser un creyente. Pedro, quien ya creía en Jesús, reconoció que ya estaba dejando mucho atrás, a lo que Cristo le recuerda que ese sacrificio de obediencia es muy valioso ante los ojos de Dios.
¿En qué confiamos para ser salvos? (Parte II)
Jesús nos da la respuesta a todo problema espiritual, a toda condición moral, económica o social: El hombre no puede salvarse a sí mismo, ni nunca lo hará; pero lo que para el hombre es imposible, para Dios no, porque para Él “todas las cosas son posibles …” (Mr 10:27)
La “sencillez” del Evangelio
Evangelio viene del griego “evangelion” que quiere decir buenas nuevas o buenas noticias. Las buenas nuevas son que Cristo murió por nosotros a causa de nuestro pecado, que fue sepultado por tres días, y que al tercer día resucitó para mostrar que el pecado y la muerte no lo derrotaron, sino que Él los derrotó, y eso nos trajo esperanza de vida eterna. Es sencillo: muerte, sepultura, y resurrección de Jesús.
Restauración paulatina
Dios es soberano, poderoso y sabio, y cómo Él obre está bajo Su voluntad, y en esta verdad podemos descansar confiados. ¡Dios sabe lo que hace!
La imprudencia de la provocación
Muchas veces nuestro corazón puede ser muy necio también a causa de la falta de fe, y eso puede afectar nuestra confianza en Dios, que podría afectar nuestra relación con Él. Como nos dice Su Palabra: “… sin fe es imposible agradar a Dios…”. (He. 11:6)
