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Ejercicio disciplinario de instrucción

Si bien, la instrucción disciplinaria no es motivo de alegría, el provecho obtenido es razón de gozo (v. 11). El contexto del pasaje indica que Dios obrará en nuestra vida para que dejemos atrás el pecado y las actitudes no piadosas que tenemos de nuestra naturaleza pecaminosa, y quiere que sigamos creciendo en nuestro carácter cristiano (v. 1). Él desea que nuestros ‘miembros enfermos y paralizados’ (“manos” y “rodillas”) sean puestos en rehabilitación para que caminemos sobre “sendas derechas” sobre nuestros “pies” (v. 12, 13).

“El mundo no era digno”

Nuestro aporte espiritual real tal vez no tenga valor para este “mundo” en el que vivimos, pero si debe tenerlo para Dios y Su iglesia. Que nuestra vida tenga significancia eterna, y si el mundo no nos considera dignos, pues recordemos, es el mundo el que no es digno de los hijos del reino. A Jesús lo aborrecieron, igualmente va a ser a los Suyos (Jn 15:18, 19).

Jehová es tu guardador – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXVII)

El Señor ha estado siempre con nosotros, y lo seguirá haciendo por “siempre” (v. 8). Dios guarda como “depósito” seguro nuestra fe con gran poder (2 Ti 1:12). Nada ni nadie nos “puede arrebatar” de Sus “manos” (Jn 10:28, 29), ni en lo “presente”, ni en lo “futuro” (Ro 8:38, 39). Y mientras que seamos salvos por la fe en Cristo, el mismo Señor estará con nosotros “todos los días” (Mt 28:20), hasta que nos lleve a Su presencia (Jn 14:1-3; 1 Ts 4:13-18). Dios es nuestro preservador (v. 7).

Alabanza por las bendiciones de Dios – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXV)

Cuando reconocemos a Dios por Quien es Él, y por todas las bendiciones que Él nos ha dado, nuestro ser por completo debe bendecir en agradecimiento por toda Su gracia y misericordia. Si no podemos postrarnos en adoración al Señor en reconocimiento ante ello, entonces nuestro corazón no lo está reconociendo como debe ser, y ahí tenemos un muy grave problema del cuál debemos arrepentirnos.