Creado, no evolucionado; y con propósito, no al azar | MATRIMONIO y HOGAR

Isaías 49.1 y 5

Isaías 49:1, 5

“Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. JEHOVÁ ME LLAMÓ DESDE EL VIENTRE, DESDE LAS ENTRAÑAS DE MI MADRE TUVO MI NOMBRE EN MEMORIAAHORA PUES, DICE JEHOVÁ, EL QUE ME FORMÓ DESDE EL VIENTRE PARA SER SU SIERVO, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza).”

Actualmente en cada segundo del día nacen 4 niños, 267 por minuto, 16.401 cada hora, y 385.000 por día. La población mundial llega a los 7.400 millones de personas. Diferentes razas y en diferentes países. Cada niño nace con su color de pelo, ojos, piel, etc.; sea éste, varón o mujer.

Aunque muchos científicos lo quieran negar, cada niño que nace es una creación divina. Los 7.400 millones de personas que actualmente cubrimos la tierra fuimos creados por Dios. El señor había decidido en Su soberana voluntad dar vida a cada uno por medio del vientre de una madre. No evolucionamos, somos creados. Dios forja nuestros huesos, nuestros músculos, nuestros ojos, etc. David reconoce este hecho, y en alabanza a Dios le dice:

 

Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre” Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; ESTOY MARAVILLADO, Y mi alma lo sabe muy bien.” (Salmos 139:13-14)

 

Somos creados, y creados por un propósito. Dios no hace las cosas al azar, NO; usted no es el resultado de un conjunto de eventos que se dieron de forma fortuita. Cada niño es creado por Dios con un propósito. Todos y cada uno de los niños nacen con un “plan bajo sus brazos”; plan y propósito dado por el Creador para que sea cumplido.

Isaías sabía que Dios lo había creado para que cumpla un propósito, ser profeta. Entendía que su nacimiento estaba planificado a través de su madre. El padre de Isaías habría dado su “semilla” para que, Dios con Su plan, continúe con los propósitos al crear al profeta. Dios había decidido que Isaías sea el “portavoz de Dios” mucho antes de que nazca, y no otro hijo de sus padres.

Mire a su familia: sus padres, sus hermanos, sus hijos. Cada uno de ellos fueron creados con el propósito de que ellos sean su familia, y cada uno de ellos llegaron con un plan otorgado por Dios. No es azar que haya nacido de sus padres, Dios lo había deseado así.

Mi familia, su familia, y cada una de las familias están formadas por personas creadas por Dios y, por tanto, con un propósito.

¿Sabe el propósito para el cual fue creado? Si no lo sabe aún, pida a Dios que le ayuda a saber por qué lo formó. Mientras Dios le ayuda a saber para qué fue forjado, por qué no Lo honra y Lo alaba al mirar a su familia. Honre a sus padres y abuelos, pues ellos fueron el medio que Dios escogió para que nazca. Ame a sus hermanos, pues ellos forman parte de ese plan. Cuide y guíe a sus hijos, para que ellos puedan llegar a conocer el propósito para el que Dios los creó a través de usted; y mientras lo hace, dele gracias a Dios, porqué Él decidió que fuera así.

Salmos 139:16-17

MI EMBRIÓN VIERON TUS OJOS, Y EN TU LIBRO ESTABAN CREADAS TODAS AQUELLAS COSAS QUE FUERON LUEGO FORMADAS, SIN FALTAR UNA DE ELLAS. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!”

Discapacitados por la desesperación | VIDA CRISTIANA

1 Pedro 5.7

Éxodo 6:6-9

“Por tanto, dirás a los hijos de Israel: YO SOY JEHOVÁ; Y YO OS SACARÉ DE DEBAJO DE LAS TAREAS PESADAS DE EGIPTO, Y OS LIBRARÉ DE SU SERVIDUMBRE, Y OS REDIMIRÉ CON BRAZO EXTENDIDO, Y CON JUICIOS GRANDES; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; Y VOSOTROS SABRÉIS QUE YO SOY JEHOVÁ VUESTRO DIOS, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto. Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo JEHOVÁ. De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; PERO ELLOS NO ESCUCHABAN A MOISÉS A CAUSA DE LA CONGOJA DE ESPÍRITU, Y DE LA DURA SERVIDUMBRE.

 

La desesperación es la pérdida de la tranquilidad o la ilusión; es la pérdida total de esperanza; es la alteración extrema del ánimo, causada por la consideración de un mal irreparable o por la impotencia de lograr un éxito. Fue la desesperación la que afectó al pueblo de Israel cuando Dios estaba por liberar a Su pueblo de la servidumbre en Egipto.

 

El Señor había enviado a Moisés con el sólo propósito de liberar al pueblo israelita de la esclavitud a la que estaban sometidos en Egipto (Éxodo 3:7-10). Dios había escogido el método que libraría a Su pueblo, y obviamente este método tenía el propósito de traer gloria a Su Nombre, pero no sería algo sencillo (Éxodo 3:19-22). El pueblo tendría que confiar en los caminos de Dios que son perfectos y supremos (Isaías 55:8-9).

 

Pero algo aparentemente salió mal desde el punto de vista del pueblo; Faraón, en vez de dejarlos ir libremente, incrementa la carga de trabajo de los israelitas; endurece su corazón y su mano sobre ellos. Los israelitas veían ahora a la libertad prometida como la causante del dolor. La desesperación les hace perder la tranquilidad, la ilusión se esfuma, la esperanza se convierte en angustia, y la anhelada Tierra Prometida desaparece en medio de la aflicción. Dios vuelve a decir a Moisés que vaya y hable con el pueblo, pero ellos “no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.” (Éxodo 6:9)

 

Pedro fue invitado a caminar sobre el agua, pero a causa de la tormenta se desespera y pierde la fe haciendo que se hunda (Mateo 14:22-33). María llena de angustia por la muerte de Lázaro, reclama a Jesús por su tardanza y no comprendía como su hermano reviviría (Juan 11:28-44). El siervo de Eliseo veía la muerte ante el sitio de la ciudad, mientras que Eliseo veía un gran ejército celestial que los defendería (2 Reyes 6:8-17).

La desesperación nos lleva a incapacitarnos: no vemos, no oímos, no caminamos, no entendemos. Nuestra fe, muchas veces debe ser probada, y el dolor y la desesperación nos deshabilita en nuestros sentidos espirituales. Si está pasando por pruebas, no deje que la angustia lo incapacite, pida a Dios que le ayude escucharlo, a verlo, a caminar, a entenderlo a Él a pesar del dolor, y solo así podrá seguir adelante en su vida cristiana confiando y descansando en Él.

 

«Señor, no dejes que mis circunstancias me incapaciten, ayúdame a seguir adelante confiando en Ti»

 

1 Pedro 5:7

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, PORQUE ÉL TIENE CUIDADO DE VOSOTROS.

Sin temor en la batalla | VIDA CRISTIANA

Salmos 20.7

Deuteronomio 20:1-4

“Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, SI VIERES CABALLOS Y CARROS, Y UN PUEBLO MÁS GRANDE QUE TÚ, NO TENGAS TEMOR de ellos, PORQUE JEHOVÁ TU DIOS ESTÁ CONTIGO, el cual te sacó de tierra de Egipto. Y cuando os acerquéis para combatir, se pondrá en pie el sacerdote y hablará al pueblo, y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; NO DESMAYE VUESTRO CORAZÓN, NO TEMÁIS, NI OS AZORÉIS, NO TAMPOCO OS DESALENTÉIS DELANTE DE ELLOS; PORQUE JEHOVÁ VUESTRO DIOS VA CON VOSOTROS, PARA PELEAR POR VOSOTROS contra vuestros enemigos, para salvaros.”

 

El carro de guerra particularmente era un carro de dos ruedas tirado por caballos. Este vehículo de “combate” fue muy popular en la Edad de Bronce y de Hierro. La fuerza de los caballos, acompañado con la agilidad de quienes iban maniobrando los carros impulsados por los caballos, daban al ejército una fuerza incrementada que sobrepasaba en gran manera la capacidad que un solo soldado podía otorgar en la infantería.

A diferencia de las batallas actuales, dónde las fuerzas se miden tanques, cohetes, aviones, misiles, y otros recursos bélicos más; en la época del Antiguo Testamento la manera como se medía la fuerza de un ejército se basaba principalmente en hombres a caballo y en los carros.

 

Dios, hablando al pueblo de Israel antes de entrar en la Tierra Prometida les otorga unas “guías de guerra” que les ayudaría a enfrentar al enemigo en momentos bélicos (Deuteronomio 20). Para la época en la que Israel entraría en la Tierra Prometida, el pueblo de Israel solamente contaba con un ejército de hombres a pie (infantería) armados con lanzas, espadas y arcos. Los ejércitos a quienes enfrentaría Israel, eran muchos de ellos naciones pequeñas, pero en algunos casos, sería ejércitos dotados con estas “armas poderosas” para combatir, como lo eran el ejército de Egipto, por ejemplo.

Era obvio que la confianza que Dios tenía que dar a Su pueblo, antes de ingresar a la Tierra Prometida, les aseguraría a ellos las victorias basadas, no en sus propias capacidades y limitaciones, sino en la seguridad que en la batalla Dios estaría junto a ellos (Deuteronomio 20:1, 4). Dios, dependiendo de la fe y la obediencia de Israel siempre le otorgó la victoria sobre cualquiera que fuera el enemigo, y en algunos de los casos, sin necesidad de haber un enfrentamiento físico cuerpo a cuerpo, como fue la conquista de Jericó (Josué 6).

 

En nuestra vida cristiana, nosotros también enfrentamos batallas que nos pueden desalentar. Sean estas batallas dadas por circunstancias que van más allá de nuestras capacidades, problemas de salud, necesidades financieras, etc. Estos problemas pueden intimidarnos, desalentarnos, descorazonarnos, llevándonos a un desmayo anímico. Nuestra confianza en Dios, en Su inmenso poder y amor hacia nosotros, acompañado a nuestra obediencia y fe pueden asegurarnos la victoria a pesar del tamaño de “nuestro enemigo”.

 

¿En dónde está su confianza hoy? ¿Está confiando en sus propios “caballos y carros”, o está confiando en el Dios que batalla por usted a su lado?

 

Salmos 20:7

“Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; MAS NOSOTROS DEL NOMBRE DE JEHOVÁ NUESTRO DIOS TENDREMOS MEMORIA.”

Dirección sabia o caída | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 11.14

Proverbios 11:14

DONDE NO HAY DIRECCIÓN SABIA, CAERÁ EL PUEBLO; Mas en la multitud de consejeros hay seguridad.”

1 Reyes 12:1-14 (NVI)

“Roboán fue a Siquén porque todos los israelitas se habían reunido allí para proclamarlo rey. De esto se enteró Jeroboán hijo de Nabat, quien al huir del rey Salomón se había establecido en Egipto y aún vivía allí. Cuando lo mandaron a buscar, él y toda la asamblea de Israel fueron a ver a Roboán y le dijeron:

—Su padre nos impuso un yugo pesado. Alívienos usted ahora el duro trabajo y el pesado yugo que él nos echó encima; así serviremos a Su Majestad.

—Váyanse por ahora —respondió Roboán—, pero vuelvan a verme dentro de tres días.

Cuando el pueblo se fue, EL REY ROBOÁN CONSULTÓ CON LOS ANCIANOS QUE EN VIDA DE SU PADRE SALOMÓN HABÍAN ESTADO A SU SERVICIO.

—¿QUÉ ME ACONSEJAN USTEDES que le responda a este pueblo? —PREGUNTÓ.

—Si Su Majestad se pone hoy al servicio de este pueblo —respondieron ellos—, y condesciende con ellos y les responde con amabilidad, ellos le servirán para siempre.

PERO ROBOÁN RECHAZÓ EL CONSEJO QUE LE DIERON LOS ANCIANOS, Y CONSULTÓ MÁS BIEN CON LOS JÓVENES QUE SE HABÍAN CRIADO CON ÉL Y QUE ESTABAN A SU SERVICIO.

—¿USTEDES QUÉ ME ACONSEJAN? —les preguntó—. ¿Cómo debo responderle a este pueblo que me dice: “Alívienos el yugo que su padre nos echó encima”?

AQUELLOS JÓVENES, QUE SE HABÍAN CRIADO CON ÉL, LE CONTESTARON:

—Este pueblo le ha dicho a Su Majestad: “Su padre nos impuso un yugo pesado; hágalo usted más ligero.” Pues bien, respóndales de este modo: “Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre. Si él les impuso un yugo pesado, ¡yo les aumentaré la carga! Y si él los castigaba a ustedes con una vara, ¡yo lo haré con un látigo!”

Al tercer día, en la fecha que el rey Roboán había indicado, Jeroboán regresó con todo el pueblo para presentarse ante él. PERO EL REY LES RESPONDIÓ CON BRUSQUEDAD: RECHAZÓ EL CONSEJO QUE LE HABÍAN DADO LOS ANCIANOS, Y SIGUIÓ MÁS BIEN EL DE LOS JÓVENES…»”.

¿Le parece esto una historia familiar? Para muchos de nosotros puede que sí, sea esto una experiencia personal o una experiencia reflejada en la vida de alguien más, el enfrentarse ante una decisión importante en nuestra vida, nos lleva a buscar ayuda de parte de consejeros que nos guíen a tomar decisiones. ¿Pero a dónde recurrir? ¿A quién buscar?

Roboán buscó consejo a quienes posiblemente por más experiencia hubieran dado un consejo más apropiado, a los consejeros que habían estado con su padre Salomón, pero lamentablemente la respuesta que escucho este joven rey no era lo que deseaba escuchar, por eso la rechazó.

Buscó en los “sabios” asalariados que estaban junto a él y por conveniencia o por evitar un momento al rey le dicen que debe ser más drástico y no escuchar al pueblo en su petición, a ellos escuchó y por ende cayó, pues la historia nos dice que su reino se dividió (1 Reyes 12:16-19).

 

Todos necesitamos consejos, todos necesitamos dirección, porque sin ello podemos caer en nuestras decisiones (Proverbios 11:14). Al momento de buscar consejo no lo busque en los menos experimentados o en quienes por conveniencia o maldad le vayan a dar un consejo que vaya a secundar sus propios deseos, talvez le estén motivando a su propia destrucción. Busque consejo en quienes hayan aprendido de la vida y tengan una vida realmente buena. Escuche aquellos que le den una perspectiva de parte de Dios y Su Palabra. Escuche con mucha atención a quienes posiblemente estén en contra de lo que desee hacer, talvez ellos estén dándole el consejo que realmente necesita escuchar (Proverbios 12:5). Pero sobre todo busque en Dios y Su Palabra la guía que necesita para sus decisiones.

Roboán desecho a los sabios y se fue con los necios. ¿A quién va a escuchar usted?

 

Salmos 37:30-31

“La boca del justo habla sabiduría, y su lengua habla justicia. La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán.”

Balance entre gracia y verdad | MATRIMONIO y HOGAR

Juan 1.14

Juan 1:14

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), LLENO DE GRACIA Y DE VERDAD.”

 

Hace unos años atrás leí el libro “Entre la Gracia y la Verdad una Paradoja”, de Randy Alcorn, en el cuál el autor trata de describir de una manera sencilla y clara la manera cómo Dios obra con nuestro pecado y cómo deberíamos obrar ante el pecado de otros.

 

Haciendo referencia del versículo de Juan 1:14, Alcorn indica las diferentes facetas en la que el Señor Jesucristo obró frente al pecado: Con mucho amor y misericordia juzgaba con bondad el pecado de la mujer adúltera (Juan 8:1-11), mientras que con ira santa y rectitud juzgó a los mercaderes del Templo que negociaban a las puertas (Juan 2:13-17). ¿Qué hizo que Jesús actuara así? Su gracia y Su verdad.

 

La palabra “gracia”, “caris” en griego (χάρις G5463), nos expresa la disposición buena y amistosa que genera actos bondadosos. La palabra “verdad”, “aletheia” (ἀλήθεια G225), en su forma subjetiva de definición hace referencia a la veracidad con la que actuaba, con sinceridad e integridad de carácter. Y Jesús es “lleno de gracia y de verdad”.

 

Estas dos características hicieron del ministerio de Cristo, un ministerio no antes conocido por parte de un hombre. Aunque Cristo es Dios, en su encarnación se hizo Hombre (“fue hecho carne, y habitó entre nosotros”), y al habitar entre los hombres actuó con gracia, es decir Sus actos eran actos que reflejaban Su bondad, al mismo tiempo que actuaba con veracidad, pues reflejaban Su integridad.

 

Como seres humanos estas dos características importantes del carácter de Dios nos pueden ayudar actuar con balance apropiado en nuestra vida. Pero muchas veces en nuestra debilidad humana actuamos con mucha veracidad y otras con mucha gracia, y esto al momento de guiar y educar a nuestros hijos, puede afectar si no existe tal balance.

 

Cuando educamos a nuestros hijos podemos ser muy “llenos de gracia”, muy bondadosos. Al momento de actuar ante un acto de indisciplina de nuestros hijos obramos con mucha bondad llevándonos a dejar pasar por alto esos actos que requerirán corrección. Mimamos o generosamente “expresamos” tanto “nuestro amor”, que no corregimos a nuestros hijos cuando deben ser disciplinados.

 

Por el otro lado, cuando actuamos “llenos de veracidad”, nuestra ira que se genera ante los actos de indisciplina nos puede llevar a castigar o actuar inapropiadamente, haciendo que nuestra corrección llegue a ser casi que tirana y descontrolada, y nuestra ira nos puede llevar a ofender con palabras a nuestros hijos.

El balance será necesario para impartir correctamente nuestra disciplina en beneficio de nuestros hijos. Como padres debemos disciplinar a nuestros hijos (Proverbios 13:24; Proverbios 10:17), pero mientras lo hacemos debemos recordar que una corrección es necesaria para llevarlos a un comportamiento santo (Proverbios 19:18), y al mismo tiempo, hagámoslo pensando que nosotros mismo podemos y hemos estado en posiciones similares cuando éramos niños, y aún ahora que somos adultos (Gálatas 6:1).

 

Nuestra disciplina debe estar generada por el amor que nos lleve a instruirlos para su propio bien, pero debe ser hecho con la verdad e integridad que reflejará el carácter de Dios en nuestras vidas y que forjará esa integridad en ellos también.

 

«Señor, ayúdanos a vivir con gracia ante los demás y con integridad hacia Ti y Tu verdad»

 

Amós 5:14-15

BUSCAD LO BUENO, Y NO LO MALO, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros, como decís. ABORRECED EL MAL, Y AMAD EL BIEN, Y ESTABLECED LA JUSTICIA EN JUICIO; quizá Jehová Dios de los ejércitos tendrá piedad del remanente de José.”

Religión o Relación | VIDA CRISTIANA

Juan 17.3

Isaías 29:13

“Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, PERO SU CORAZÓN ESTÁ LEJOS DE MÍ, Y SU TEMOR DE MÍ NO ES MÁS QUE UN MANDAMIENTO DE HOMBRES que les ha sido enseñado.”

 

Religión es el conjunto de creencias, normas morales de comportamiento social e individual y ceremonias de oración o sacrificio que relacionan al ser humano con la divinidad (Diccionario de la Lengua Española Vox). Lockward nos dice que “esta palabra (religión) no aparece en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, el vocablo griego threskeia’ (“θρησκεία” G2356)”, del cual traducimos la palabra religión, “se usaba para señalar AL CONJUNTO DE RITOS Y SIGNOS EXTERNOS de un culto o creencia.

 

En la Biblia se encuentra solamente 4 veces esta palabra, y Pablo la utiliza en Hechos 26:5 para mencionar que su experiencia pasada, antes de conocer al Señor Jesucristo (Hechos 9), no fue nada más que una religión rigurosa, pero que no le acercaba a una relación con Dios.

 

Dios no desea una religión, Él busca una relación. En Isaías 29:13 Dios reclama la manera como el hombre se acercaba “religiosamente”. El pueblo llevaba sus ofrendas al altar, sacrificaban los animales, cantaban salmos, e inclusive expresaban frases de alabanzas; y todo aparentemente correcto; pero su problema era que los ritos que hacían estaban acompañados de un corazón frío y vacío, sin amor, sin relación.

 

La relación es necesaria para que el hombre pueda compartir con Dios, pero el hombre por su pecado perdió esa relación. A causa de su pecado está separado espiritualmente de Dios (Isaías 59:2), y por esta separación, el hombre no puede acercarse a Él. Cuando muera el hombre, a causa de esta separación, pasará la eternidad apartado del Creador en el infierno (Romanos 3:23). Pero Dios, en Su amor, ha enviado a su Hijo para reconciliar al hombre con Él, y así, restablecer esa relación (2 Corintios 5:18). Es solamente por medio de Cristo que podemos acercarnos a Dios (Juan 14:6; Hebreos 10:19-22). Al conocer del amor de Dios por medio de la obra de Cristo el hombre puede llegar a amarlo (1 Juan 4:8-10), y será solo ahí donde la manifestación del amor del hombre se traducirá en obediencia (Juan 14:15, 21). Eso es tener una relación.

 

Juan 17:24-26

“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y LES HE DADO A CONOCER TU NOMBRE, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.”

 

¿Tiene usted una religión o tiene una relación? Solamente a través de Cristo usted inicia esta relación. Jesús quieren que usted llegue a conocer al Padre, y así restablecer esa relación, otorgándole vida eterna.

 

Juan 17:3

Y ESTA ES LA VIDA ETERNA: QUE TE CONOZCAN A TI, EL ÚNICO DIOS VERDADERO, Y A JESUCRISTO, a quien has enviado.”

 

«Padre, gracias por enviar a Jesús para reconciliarme contigo, para darme vida eternal»

Llamado de lo Alto | Una mirada a las MISIONES

Romanos 1.1

Romanos 1:1

“Pablo, SIERVO DE JESUCRISTO, llamado a ser apóstol, APARTADO PARA EL EVANGELIO DE DIOS.”

 

Para el apóstol Pablo no hay mejor presentación para iniciar su Carta a los Romanos que expresar quien es él: “Siervo de Dios aparatado para llevar el Evangelio”.

Para todos aquellos que sirven al Señor en el ministerio, sean ellos pastores o misioneros, este es el título otorgado a tan único cargo. Siervo, porque sirve como tal al Señor y Amo del Reino; y Apartado, porque su tarea es vivir una vida singular y privada para cumplir con tan alto encargo, ser mensajeros mártires del glorioso Evangelio de Jesucristo.

Como siervo, debe vivir con humildad, con limitaciones, con obediencia, con dependencia, con amor a su Señor. Como mensajero, debe vivir con santidad (apartado), con pasión, con amor a los perdidos, con espíritu de mártir, con voz que pronuncie el evangelio con claridad. Que privilegio tan especial del cual no todos son llamados, pues es un llamado de lo Alto.

Si bien, todos los creyentes son llamados a servir en el reino y predicar el evangelio, el llamado a servir como pastores o misioneros no es otorgado a todos. Dios equipa, prepara y llama a estos creyentes de una manera especial para cumplir una tarea encomendada a pocos. Tales “llamados” deben ser considerados fieles por parte de Quién los llama (1 Timoteo 1:12); deben cumplir con ciertos requisitos que todos deberíamos cubrir, pero no todos lo llegan hacer (1 Timoteo 3:1-7); deben entender que su llamado requiere pasar por evaluación constante por parte de su Señor (Mateo 25:14-29); deben estar dispuestos a dar su vida por la Iglesia del Señor a pesar de las dificultades (Filipenses 1:12-26).

Pero estas personas entienden también que Dios los ha puesto para el beneficio de la iglesia misma (Efesios 4:11-13); han sido llamados para ser de bendición a otros con sus dones y talentos (1 Corintios 4:1-2; 1 Pedro 4:10); han sido llamados para ser portadores de la Palabra de Dios para aquellos que lo necesitan escuchar (Hechos 26:16-18).

Todos los que sirven al Señor han sido enriquecidos con especiales bendiciones para ser de bendición a otros (Génesis 12:1-3); han sido llamados para traer juicio a través de la Palabra encargada (Jeremías 1:9-10, 18-19).

Oremos para que estos siervos-esclavos llamados a predicar y morir por el evangelio sigan fieles, sigan santos, sigan siendo usados. Dios los ha puesto con un cargo muy honorable (1 Timoteo 3:1); pero muy exigido.

Si usted ha sido bendecido con la vida de ellos, lo menos que puede hacer es orar por ellos agradecido a Dios por sus vidas; si usted es uno de ellos, recuerde el llamado, siga adelante y pida a Dios que le ayude a terminar firme con tan valiosa tarea a usted entregada (1 Corintios 9:27).

 

«Señor, gracias por aquellas personas a quienes Tú has llamado al ministerio. Te pido les ayudes a ser fieles a Ti, y te pido que los uses con poder»

 

Salmos 65:4

“BIENAVENTURADO EL QUE TÚ ESCOGIERES Y ATRAJERES A TI, PARA QUE HABITE EN TUS ATRIOS; seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo.”

El sabio no menosprecia | Un rayo de SABIDURÍA

Proverbios 11.12

Proverbios 11:12

“El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; MAS EL HOMBRE PRUDENTE CALLA.”

¿Ha visto usted una persona sabia y que sea mal intencionada? Una de las características de la persona prudente y sabia es su corazón y la manera como intencionalmente se relaciona y actúa con su prójimo. La prudencia es una cualidad del sabio que le guía actuar en forma ecuánime, con rectitud, apropiadamente.

La palabra “entendimiento” en el versículo (“leb” לֵב, H3820) puede ser traducido como mente o corazón. Desde el primer versículo en el que aparece este versículo en la Biblia (Génesis 6:5), esta palabra hebrea menciona al corazón. Esto nos expresa en el versículo de hoy que la persona que “menosprecia” al prójimo lo hace no solamente por falta de entendimiento, sino por falta de una buena intención que nace de su corazón pecaminoso.

La palabra “menosprecia” (“buz” בּוּז H936) significa en el original alguien que falta el respeto, que desprecia, o que tiene en poco a los demás. Alguien que con soberbia se expresa despectivamente de otro.

Estas dos palabras no dan una mejor idea del versículo. El falto o carente de entendimiento, es alguien que deliberadamente, con un corazón contaminado con la maldad, llega a menospreciar o a faltar el respeto a los demás. No solo es alguien que no entiende por falta de conocimiento, sino más bien alguien que intencionalmente actúa.

Menospreciar al prójimo es un pecado, es por ello que el prudente, el de buen corazón y sabio no lo haría (Proverbios 14:21), al contrario, actúa con misericordia.

Si usted o alguien que conoce se expresa o trata a otros con desprecio, aunque crea que sabe lo que hace, lo que manifiesta es realmente una falta de entendimiento y revela más bien su corazón pecaminoso. No olvidemos que la persona sabia, no solamente debe ser conocedora y de buen juicio, sino que además manifestará piedad.

El callar es una de las evidencias más notables de la persona prudente. El hablar sin meditar la muestra clara del necio. Nuestras palabras expresan lo que el corazón es (Mateo 12:35). El “hombre prudente” al callar comprende que su juicio indebido puede traer juicio de Dios (1 Pedro 1:17), y que al contrario debe manifestar misericordia al igual que el Señor (Proverbios 14:21).

Amar a nuestro prójimo es un mandamiento expresado en toda la Biblia, y nuestro amor debe llevarnos a tratar con respeto a los demás.

Cuidemos nuestra boca de nuestro corazón pecaminoso, actuemos con prudencia y misericordia. Recordemos que de la manera como juzgo seré juzgado (Mateo 7:2), y solo así podremos manifestar sabiduría y cordura.

 

«Señor, ayúdame a cuidar cómo pienso y me expreso de mi prójimo, si hay maldad en ello, ayúdame a cuidarme para no pecar contra Ti y mi prójimo»

 

Proverbios 10:14

LOS SABIOS GUARDAN SABIDURÍA; mas la boca del necio es calamidad cercana.”