¿Cómo responder a las amenazas de la vida?

Esta historia se parece a nuestra realidad porque todos enfrentamos diariamente amenazas de todo tipo a nuestra vida, la enfermedad, la economía, la injusticia, los enemigos, etc…; pero debemos entender que como pueblo de Dios, su nombre esta puesto en nosotros, y por ende, no estamos solos enfrentando el mundo, sino que Dios está tan involucrado con nosotros, que no permitirá que su nombre sea deshonrado.

Todos adoramos algo

Este ejemplo de Idolatría entre el pueblo de Dios es una exhortación a nosotros como pueblo santo. Porque como seres adoradores por naturaleza, todos somos llamados a adorar a Dios, sometiéndonos a su palabra, creyendo en ella y obedeciéndola. La pregunta es: ¿Nuestra vida adora a Dios?

La enfermedad, para la gloria de Dios

Dios a veces permite la enfermedad para su gloria, para demostrar en el mundo su poder, para que comprendamos que para Él no hay nada imposible.

Una posibilidad ante la enfermedad

Dios permite la enfermedad como consecuencia del pecado, porque es un instrumento divino para humillarnos y hacernos rendir a sus pies y a su santidad; para que lo confesemos, nos arrepintamos y vivamos conforme a su voluntad.

Un regalo que disfrutarás para siempre

¿Cómo no celebrar el nacimiento de Cristo?, sí con Él, Dios se identificó con nuestro sufrimiento, se compadeció de nosotros, murió y resucitó para darnos vida eterna a todos los que hemos creído en su Hijo Jesús.

No es para que lo lleve solo

La invitación de Cristo es para que traigamos nuestra tarea de enfrentar al pecado y nos pongamos a manera de “yugo” con Él para que podamos trabajar juntos.

Disfrutando el nacimiento de Jesús

El regalo de la paz, la salvación y la luz es el que encarna nuestro Señor Jesucristo, un regalo maravilloso que miles de personas han deseado a lo largo de la historia, que Simeón pudo tener en sus manos y que tu y yo también podemos tener creyendo en Cristo y en su obra de salvación.

¡Hazme bien!

Para obedecer a Dios necesitamos tener un compromiso a obedecer (v. 17), una capacidad espiritual dada por Dios para entender Su voluntad (v. 18), y un deseo profundo de escuchar a Dios en “todo tiempo” (v. 20). Una vida de obediencia siempre estará colmada de otras bendiciones.