No más pagos

Hebreos 10.14 Anexo

Hebreos 10:1-14

“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí… En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”

 

Imagine que usted se acerca a la compañía que provee el servicio eléctrico de su casa y encuentra en la puerta de la agencia un letrero que dice: NO MÁS PAGOS. Entonces, usted se acerca a la ventanilla de información para que le den explicaciones sobre ese anuncio, y en ese instante le expresan que la compañía ha decidido no volver a cobrar algún valor por el servicio eléctrico que da a sus abonados, pero para ello, se tiene que firmar un contrato en el que usted acepta y agradece por ese servicio gratuito. ¡Por supuesto que lo firmaría! ¿No es así?

 

Obviamente que nos encantaría hallar algo similar. En la Biblia encontramos una verdad que es completamente cierta y que brinda para siempre una condición, esta es la salvación o la vida eterna.

 

Mediante la ley otorgada a Moisés, Dios había ordenado que las personas que pecaren tenían que traer ante el sacerdote un sacrificio; este sacrificio, que correspondía a un animal, debía ser degollado y su sangre ser derramada ante el altar por el pecado de quien presentaba la ofrenda.

 

Esos sacrificios no podían perdonar los pecados, solamente era un recordatorio de haber pecado, pero no quitaba la culpa del hombre (He 10:1-4). El sacrificio era un registro ante Dios de que estaban conscientes de su pecado y que esperaban el perdón por medio de otro sacrificio, el de Cristo.

 

Ahora en Cristo, todos los que ACEPTAMOS por fe su obra de redención ya no estamos en deuda ante Dios. Dios ha registrado en las páginas de su Santa Palabra que el hombre puede ser perdonado de sus pecados y nunca más tener que preocuparse de la condenación si acepta esa cláusula: Aceptar que murió Cristo por todos sus pecados (Jn 3:16-18).

Hebreos 10.14 Color

La palabra “perfectos” no habla de impecabilidad nuestra o de una perfección terrenal de quienes aceptan la salvación por fe en Jesús, esa palabra habla de una posición de justicia imputada o suministrada por la obra de Jesús (Ro 3:22; Gá 2:16; Fil 3:8, 9). Cristo, al pagar por nuestros pecados ha pagado toda deuda, entonces, ya no hay más pago, pues la obra del Señor fue completa cuando Él fue sacrificado en la cruz y su sangre derramada por nuestros pecados (He 10:5-14).

 

Si usted quiere aceptar este contrato, por así decir, solamente tiene que reconocer su pecado, aceptar que no puede por méritos propios llegar al cielo, arrepentido pedir perdón, y aceptar por fe el sacrificio de Jesús como su Salvador. Dios quiere perdonar su deuda para siempre, firme ahora el contrato.

 

«Señor Jesucristo, gracias por Tu sacrificio que hizo perfecta mi justicia»

 

Romanos 3:22

“La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia.”

¿Qué es y por qué celebramos la Pascua?

1 Corintios 5.7 Anexo

 

Éxodo 12:5-11

“El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán… Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.”

 

Un día una persona se acercó preguntado: «¿Por qué celebramos al “conejo”?» – pregunta que me dejó por un momento sin respuesta. Le volví a mirar, y le dije: «Quiere decir usted: ¿Por qué celebramos “EASTER” o la Pascua?» – A lo que me respondió: «Sí, ¿Por qué celebramos “EASTER” y el “conejo de pascua”?». Ésta es una muy buena pregunta que muchos podemos tener, y tal vez no todos tengamos una respuesta.

 

En primer lugar, la Pascua que la Biblia menciona NO está asociada a ningún conejo o algo parecido. La historia del “Conejo de Pascua” se asoció en los países del norte de Europa, relacionándolo con un libro escrito en 1682 por Georg Franck von Frankenau, “De ovis paschalibus”. La idea era mezclar la época de la Pascua Bíblica con una mitología del norte de Francia para motivar a los niños a un buen comportamiento; el mítico conejo llegaba a dejar huevos con chocolate para quienes hacían bien. Por supuesto, esta historia NO tiene que ver con LA PASCUA que celebramos.

 

La verdadera PASCUA tiene que ver con un hecho que inició años atrás en la tierra de Egipto, fue un evento que produjo la liberación de los israelitas, que eran esclavos, y trajo muerte como castigo a los primogénitos de toda familia egipcia.

 

Dios estaba por liberar a Israel del duro yugo en el que estaban bajo la mano de un faraón que nos los quería. Ese odio fue tan grande, que deseaba matar a todos los hijos varones que nacían (Éx 1:6-22). El Señor llama a Moisés para que vaya a librar a sus hermanos, ya que había “visto la aflicción de [su] pueblo que [estaba] en… sus angustias” (Éx 3:7). El Señor sabía que faraón no permitiría esa liberación tan fácilmente, por lo que Dios había preparado 10 plagas para hacerle cambiar de parecer; la más fuerte de todas, la muerte del primogénito (Éx 4:21-23).

 

Para librar de la muerte a los primogénitos de los judíos, Dios había ordenado que se sacrifique un cordero sin defecto; su sangre debía ser puesta sobre los pilares de las puertas de las casas (Éx 12:1-7). Esa sangre sería la señal para que la muerte no entre en sus casas y así sean librados de tan horrendo castigo (Éx 12:12, 13). Además, ellos debían comer la carne del cordero asada, acompañan con panes sin levadura, y preparado todo con plantas amargas. El momento de comer, ellos debían estar vestidos apropiadamente, pues era “la Pascua de Jehová” (Éx 12:8-11).

 

Después de la liberación, los israelitas tenían que recordar este momento por siempre, pues Dios quería que lo celebren siempre en la misma fecha (Éx 12:17).

1 Corintios 5.7 Color

La palabra PASCUA significa “pasar por alto”. Dios pasaba sobre las casas hebreas sin dar castigo, pues por su fe en la sangre del cordero, ellos fueron librados de horrendo castigo (He 11:28).

 

La Biblia nos dice que JESUCRISTO es nuestra PASCUA (1 Co 5:7). “El Cordero de Dios” vino a morir por nuestros pecados (Jn 1:29). Su muerte en la cruz fue necesaria para que podamos ser salvos. Jesús derramó Su preciosa sangre para “remisión” o perdón de nuestros pecados (Mt 26:28). Lo que ahora tenemos que hacer es creerlo, arrepentirnos de pecado, pedir perdón, y declarar por fe que Jesús es nuestra Pascua, Quien murió para librarnos, no de Egipto, sino, de la condenación eterna.

 

«Señor Jesucristo, gracias por morir como Cordero y con Tu sangre librarnos de la muerte eterna»

 

1 Corintios 5:7

“… porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

Un canto angustioso de salvación

Hechos 13.47 Anexo

Salmos 120:1-5

“A Jehová clamé estando en angustia, Y él me respondió. Libra mi alma, oh Jehová, del labio mentiroso, Y de la lengua fraudulenta. ¿Qué te dará, o qué te aprovechará, Oh lengua engañosa? Agudas saetas de valiente, Con brasas de enebro. ¡Ay de mí, que moro en Mesec, Y habito entre las tiendas de Cedar! Mucho tiempo ha morado mi alma Con los que aborrecen la paz. Yo soy pacífico; Mas ellos, así que hablo, me hacen guerra.”

 

Los cambios radicales que se están presentando, sobre todo dentro de las dos últimas décadas, en la vida de miles de creyentes que, otrora, abrazaban la fe musulmana, y ahora se han convertido al cristianismo, ha sido digno de reconocimiento por parte de la Iglesia del Señor.

 

Para muchas de las iglesias cristianas que se hallan dentro de la ventana 10/40 y sus alrededores, este flujo masivo de refugiados árabes que huyen de sus países en conflicto en busca de paz y seguridad, ha abierto la oportunidad para que puedan compartir el evangelio, y que miles de ellos lleguen a encontrar en el cristianismo la fe verdadera del Único Dios, y a mirar a Cristo como su Señor y Salvador.

 

Esta misma conversión de fe y religión, ha puesto sobre la vida de los nuevos creyentes, un mayor peligro en sus vidas. Para el islam, el hecho que una persona deje su fe y se convierta a otra es motivo de vergüenza, rechazo, y gran riesgo. La religiosidad que una persona musulmana tiene es muy fuerte; para ellos, su fe marca todo en sus vidas. Está tan arraigada, que en muchos de los países prohíben bajo leyes la conversión a otra religión, incluso con pena de muerte.

 

Para esa sociedad, el rechazo comienza desde la misma familia del convertido. Los creyentes son expulsados literalmente de sus familias, de los lugares de trabajo, y de la vida social; parecería que en vida ya han “muerto” para los suyos.

 

La religión musulmana enseña que es gravísima falta para su dios la conversión a otra religión. La Biblia nos enseña que ese rechazo agresivo y perverso que existe es generado por un problema espiritual que inició desde los inicios de la fe, allá con Abraham, Ismael e Isaac.

 

Abraham es el padre de la fe y su hijo Isaac es el hijo de la promesa (Gn 12, 15, 18); pero, a causa de una mala decisión de Abraham y Sara, él tuvo un hijo por medio de Agar, la esclava; y es este hijo, Ismael, el enemigo acérrimo de Isaac (Gn 16, 21). Desde entonces, los hijos de Ismael y los de Isaac han sido contrarios, y la persecución ha sido grande.

 

El Salmo 120 es un canto gradual, los peregrinos que entonaban este canto viajan de lejanas tierras para buscar a Dios en Jerusalén (v. 5, 6). Los pobladores de las naciones árabes son descendientes de Ismael. El “desierto de Parán” es lo que ahora se conoce como la Península Arábica, y fue allá donde Agar fue a habitar con su hijo. Siendo Agar esclava egipcia, busco dentro de las hijas de su nación una esposa para Ismael (Gn 21:21). El segundo de los hijos de Ismael es Cedar (Gn 25:13; Comp. Is 21:16), mientras que la tierra de Mesec, hijo de Jafet (Gn 10:2), hace relación al Asia Menor, conocida como la tierra de los gentiles.

 

Su simbolismo es muy grande, en cuanto a los nombres de Mesec y Cedar, pero la realidad espiritual también lo es en nuestra actualidad. El creyente que busca a Dios se encuentra en angustia, entre gente engañadora y perversa. El pueblo entre el cual se halla es un pueblo que aborrece la paz y solamente quiere vivir en guerra (v. 1-4, 6b, y 7b).

 

No queremos asegurar que este salmo sea una llamada profética a una realidad que está pasando entre los creyentes que huyen de las naciones musulmanas, pero si es muy interesante su similitud espiritual en nuestros días.

Hechos 13.47 Color

Pidamos a Dios, para que Él siga llamando a salvación a sus elegidos que se encuentran entre las naciones árabes. Oremos para que aquellos que dejan atrás el islam puedan encontrar creyentes cristianos que les ayuden a enfrentar el rechazo que tiene ante quienes ahora los afrentan. Oremos por la integridad física de aquellos que está sufriendo persecución y muerte por causa de su fe en Cristo. Y oremos, para que Dios siga bendiciendo y fortaleciendo a Su Iglesia que se encuentra dentro de estas naciones árabes, y que por la causa de la cruz son perseguidas.

 

Como Iglesia, sigamos trabajando en la obra misionera de alcanzar, no solamente a los musulmanes, sino a todos para Cristo.

 

«El Señor sigue llamando para salvación a miles de gentiles en el mundo»

 

Hechos 13:47

“Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra.”

Alabemos a “JAH” – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXX)

Salmos 146.1, 2 Anexo

Salmos 146:1, 2

“Alaba, oh alma mía, a Jehová. Alabaré a Jehová en mi vida; Cantaré salmos a mi Dios mientras viva.”

La música, y sobre todo cantar, son uno de mis pasatiempos favoritos. Puedo pasar varias horas escuchando y cantando buena música; pero cuando se trata de alabar o cantar a Dios, ahí es donde mi alma llega a deleitarse.

Hay una palabra que se encuentra en el encabezado del pasaje y al final de este, la palabra “Aleluya” (Sal 146:10). “Aleluya” proviene de una palabra compuesta hebrea que significa “alabar a Jah” o alabar a Jehová [halal (הָלַל, H1984) + Yaj (יָהּ , H3050)]. “Yaj” o “Jah” es la contracción hebrea del Nombre sagrado “Jehová”. La palabra “halal” también puede traducirse como celebrar, glorificar, cantar. De esta manera, “Aleluya” es una expresión que exhorta a cantar a Jehová en celebración, con el deseo de alabarlo y glorificarlo.

Los 6 últimos capítulos del Libro de Salmos son cantos que exhortan al pueblo a alabar a Dios (145 – 150). Comenzando desde su grandeza, bondad y poder (Sal 145), el Señor es digno de nuestra alabanza también por Su justicia, porque Él hace justicia a los agraviados… da pan a los hambrientos… liberta a los cautivos… abre los ojos a los ciegos… levanta a los caídos… ama a los justos. Jehová guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene, y el camino de los impíos trastorna” (Sal 146:7-9).

El Salmo 147 nos dice que “es bueno cantar salmos a nuestro Dios; porque suave y hermosa es la alabaza” (v. 1). Dios merece nuestra alabanza por los múltiples favores que recibimos de Él. El Señor restaura a Su pueblo, “sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas… exalta a los humildes, y humilla a los impíos hasta la tierra…  Él es quien cubre de nubes los cielos… prepara la lluvia para la tierra… el que hace a los montes producir hierba. Él da a la bestia su mantenimiento. […] Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia”. Guarda al pueblo y lo bendice con Su paz. Y envía Su Palabra con poder, propósito y fidelidad (v. 2-3, 6, 8-9, 11, 13-20).

El Salmo 148 exhorta a toda la creación a alabar a Dios. Desde los ángeles, los cielos y sus astros, las nubes, todos los habitantes de la tierra, desde los “monstruos marinos” hasta “el árbol de fruto y todos los cedros; la bestia y todo animal”. “Los reyes de la tierra y todos los pueblos, los príncipes y todos los jueces de la tierra; los jóvenes y también las doncellas, los ancianos y los niños”. (v. 1-7, 9-12).

“Cantad a Jehová cántico nuevo” nos dice el Salmo 149 (v. 1). Este salmo nos enseña que la salvación solamente viene de Dios (v. 4 Comp. Ef 2:8, 9). El salmo recuerda a Israel que Dios es su “Hacedor” (v. 2), mientras que Pablo nos recuerda que “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús” (Ef 2:10). La expresión “cántico nuevo” está relacionado en el A.T. con la salvación de Israel (Sal 40:3; 96:1; 98:1; Is 42:10); y en el N.T. será el canto de los redimidos del Señor ante Su trono (Ap 5:9; 14:3).

Salmos 146.1, 2 Color

Por todo esto, el Salmo 150 nos enseña que debemos “alabad a Dios en su santuario… en la magnificencia de su firmamento… por sus proezas… conforme a la muchedumbre de su grandeza”. Nada debería impedirnos alabar a Dios todos los días de nuestra vida. Dios ha sido, es, y será tan bueno con los Suyos, que el último versículo de este hermoso Libro con firmeza llama a que “todo lo que respira alabe a JAH” (v. 1, 2 y 6).

Sí, “mientras viva”, ¿por qué no alabar a Dios con su “alma” entera? (Sal 146:1, 2). Cada día de nuestros días, con gran regocijo, en sentido de adoración, con las manos levantadas, con el corazón quebrantado, con su mente y entendimiento, con todo su ser, alabe al Señor, digno de toda nuestra alabanza.

«JAH, digno de ser alabado por siempre»

Salmos 149:5, 6

“Regocíjense los santos por su gloria, Y canten aun sobre sus camas. Exalten a Dios con sus gargantas…”

La bondad y el poder de Dios – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXIX)

Salmos 145.3 Anexo

Salmos 145:1-9

“Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable. Generación a generación celebrará tus obras, Y anunciará tus poderosos hechos. En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, Y en tus hechos maravillosos meditaré. Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, Y yo publicaré tu grandeza. Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, Y cantarán tu justicia. Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos, Y sus misericordias sobre todas sus obras.”

Este canto es el último de los salmos escritos por David. Escrito en forma de un acróstico utilizando las letras del alfabeto hebreo, David dedica este salmo para expresar diversas características de Dios. Su alabanza tiene el propósito de exaltar las bondades de Dios, Su grandeza y poder.

David inicia adorando a Dios de una manera muy personal. Exalta y bendice a Dios y Su nombre, lo alaba por Su “inescrutable” grandeza, pero le llama “mi Dios, mi Rey” (v. 1-3). ¿Ha tratado alguna vez usted de cuantificar o imaginar la grandeza de Dios? La grandeza de Dios es infinita, imposible para nuestra mente poderla comprender; y ante tal grandeza, nuestro Buen Dios se ha dignado de acercarse a nosotros para relacionarse como Dios y Padre. ¡Cuán grande y bueno es nuestro Rey!

De forma constante alaba las poderosas obras de Dios. Todo lo que hace el Señor es una manifestación de Su poder, desde la creación del hombre hasta su misma redención son obra “estupenda” de los “hechos maravillosos de Dios”. Cuando David meditaba en la grandeza de Dios, contemplaba al mismo tiempo Su gran poder. Son dos características que siempre van juntas: El Señor es grande en naturaleza, cómo grande es en poder (v. 4-6).

El Señor también es grande en “bondad”, “clemente y misericordioso”, y lento para airarse. Nuestro Dios es justo, y todas Sus obras rectas. Todo lo que hace está acompañado de Su misericordia (v. 7-9).

David nos hace un llamado a alabar a Dios por Sus obras y a dar testimonio al mundo de Su poder y reino. Somos nosotros, sus “santos”, quienes debemos decir al mundo de lo glorioso del reino y la grandeza de Dios. Es hora de proclamar al mundo cuán grande es nuestro Señor, y Su reino (v. 10-13).

Dios es nuestro sustentador, Quien nos ayuda en nuestras angustias y pruebas; cuando el hombre clama por Su misericordia, Dios lo salva de ellas, pues está “cercano” de quienes le temen e invocan. Él provee para nuestras necesidades y nos da “comida a su tiempo” (v. 14-19).

Salmos 145.3 Color

Nos guarda de la angustia final del castigo eterno por medio de la fe en la obra redentora de Cristo, mientras que “destruirá” para siempre a “todos los impíos” que han rechazado voluntariamente Su gracia salvífica (v. 20).

Cuando meditamos en la grandeza de Dios y Su obra, nuestra boca se llena de alabanza al Señor. Cuando estemos ante Su presencia, bendeciremos “su santo nombre eternamente y para siempre” (v. 21).

«Grande y Poderoso Dios, ni la eternidad nos alcanzará para alabar Tu grandeza»

Salmos 145:21

“La alabanza de Jehová proclamará mi boca; Y todos bendigan su santo nombre eternamente y para siempre.”

Omnipresencia y omnisciencia de Dios – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXVIII)

Salmos 139.17, 18 Anexo

Salmos 139:1-4, 7-8, 13-14, 17-18

“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. […] ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. […] Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien. […] ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena…”

Dios, desde la eternidad, sabía quiénes son mis padres, y los padres de mis padres y sus antecesores, mucho antes de que ellos mismo nazcan. El Señor ya sabía donde cada uno de ellos nacería, cómo sería su vida entera; qué sabor de helado (nieve) sería su favorito, hasta el color de ropa que más usarían. El mismo Señor sabía desde la eternidad que palabras usarían ellos para conquistar a sus parejas y cuáles serían sus reacciones; y si seguimos, esto nunca pararía, pues es mucha información; y esto solo de nuestra familia. Ahora, multiplique eso por la población mundial.

Para el momento que se escribe esta meditación, la población mundial alcanza los 7.604’145.283 habitantes. Tratar de comprender y meditar en cada una de las mentes de las personas que están a nuestro alrededor y saber que cada una de ellas están bajo la mirada y el conocimiento absoluto de Dios las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y los 365 días del año ya es demasiada información para nuestra finita mente.

Un comentarista expresó: No hay nada que Él no sepa, aunque el universo es grande sobremanera, Él conoce la historia de cada grano de arena”; y vaya que este pensamiento es cierto. Dios lo sabe todo, esta es Su Omnisciencia.

David compara su vida, desde el mismo nacimiento hasta los pensamientos y actos de cada día, y los analiza ante la grandeza de Dios, y afirma con toda verdad que Dios sabía todo, absolutamente todo de él (v. 1-4).

Esto le llevaba a David a meditar que, no importa a donde vaya, ni que tan remoto sea el escondite que busque, Dios estaría ahí presente conociendo todo y mirando cada intención de su alma (v. 7-9). Nuestro Dios es Omnipresente, no hay nada oculto para Él, ni nada que pueda salirse de Su presencia.

Salmos 139.17, 18 Color

Desde antes del nacimiento del salmista, Dios ya tenía registrado todo en el “libro” de Su conocimiento (v. 16); cómo sería su cuerpo, y cómo sería su desarrollo embrionario (v. 13-15). Mientras reflexionaba sobre este complejo y gigante proceso de la fisiología humana, David exalta a Dios por Su Omnipotencia exclamando que “formidables, maravillosas” son Sus obras (v. 14).

El salmo termina con una oración que es digna de ser repetida por cada uno de nosotros. Ante la Omnisciencia, Omnipresencia y Omnipotencia de Dios, David pide ser examinado, probado, corregido y guiado para hacer solamente la voluntad de Dios, y así, agradarlo a Él (v. 23, 24).

«Señor, nos postramos ante Quien eres Tú, y nos humillamos ante Tu conocimiento y poder. Ayúdanos hacer Tu voluntad»

Salmos 139:23, 24

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.”

Jehová es tu guardador – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXVII)

Salmos 121.1, 2 Anexo

Salmos 121:1-8

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre.”

El Salmo 121 forma parte de 15 salmos conocidos como ‘cánticos graduales’, acreditados así por la inscripción que tienen ellos en sus títulos (Sal 120 – 134). Ese significado no es del todo claro, pero la mayoría de los estudiosos aceptan la posibilidad que estos cantos eran entonados por los peregrinos que viajaban tres veces al año a la ciudad de Jerusalén para celebrar las fiestas más importantes del calendario judío: 1) La Pascua o el de los panes sin levadura, 2) Pentecostés o la fiesta de los primeros frutos de la cosecha, y 3) la Fiesta de los Tabernáculos o del fin de la cosecha (Éx 23:14-19; 34:18-26; Dt 16:1-17).

Los peregrinos subían del valle a la ciudad de Jerusalén, la misma que se encontraba asentada en una colina, por eso también se los llama ‘cantos de acenso’. Durante el viaje hacia la santa ciudad, los creyentes subían cantando estos salmos en señal de adoración, mientras se preparaban para celebrar la fiesta religiosa.

El salmista miraba hacia los montes para buscar ayuda (v. 1); lo más probable es que miraba hacia donde se halla Jerusalén y el templo, donde se hallaba la presencia de Dios, quien era el creador de “los cielos y la tierra”, y en Él se encontraba su “socorro” (v. 2). ¿Hacia dónde miramos nosotros cuando nos encontramos desamparados? Dios es nuestro ayudador.

La palabra “resbaladero” tiene su origen en una palabra hebrea que significa además caer, conmover, quebrantar, temblar, titubear. Dios no permitirá por descuido que su pueblo sea conmovido. El Señor “guarda” a los suyos. Nada de lo que pase en nuestras vidas lo tomará por desapercibido (v. 3, 4), y todo lo que pase está bajo Su providencia.

Salmos 121.1, 2 Color

Como lugar de protección, Dios nos cuidará de día y de noche en cada uno de nuestros peligros. Tan cercano está Dios de los suyos, como cercana está la sombra de nuestra “mano” (v. 5, 6). Dios es nuestro protector.

El Señor ha estado siempre con nosotros, y lo seguirá haciendo por “siempre” (v. 8). Dios guarda como “depósito” seguro nuestra fe con gran poder (2 Ti 1:12). Nada ni nadie nos “puede arrebatar” de Sus “manos” (Jn 10:28, 29), ni en lo “presente”, ni en lo “futuro” (Ro 8:38, 39). Y mientras que seamos salvos por la fe en Cristo, el mismo Señor estará con nosotros “todos los días” (Mt 28:20), hasta que nos lleve a Su presencia (Jn 14:1-3; 1 Ts 4:13-18). Dios es nuestro preservador (v. 7).

«Dios es nuestro socorro, Quien guarda, protege y preserva nuestra alma en la tierra hasta que lleguemos a Su presencia»

Salmos 27:14

“Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.”

Dios y los ídolos – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXVI)

Salmos 115.3 Anexo

Salmos 115:1-11

“No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, Sino a tu nombre da gloria, Por tu misericordia, por tu verdad. ¿Por qué han de decir las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios? Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho. Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven; Orejas tienen, mas no oyen; Tienen narices, mas no huelen; Manos tienen, mas no palpan; Tienen pies, mas no andan; No hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, Y cualquiera que confía en ellos. Oh Israel, confía en Jehová; El es tu ayuda y tu escudo. Casa de Aarón, confiad en Jehová; El es vuestra ayuda y vuestro escudo. Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; El es vuestra ayuda y vuestro escudo.”

El hombre, a causa de su condición pecaminosa, ha rechazado desde ese mismo momento la autoridad y la deidad del Dios quien lo creó. Su anhelo de llegar a ser como Dios (Gn 3:5) lo ha llevado a exaltarse a sí mismo, o buscar de alguna manera adorar a algo o alguien que represente físicamente una deidad. Los cultos a otros dioses e ídolos han sido practicados desde los mismos inicios de la historia de la humanidad, y vemos registrado que los antecesores de Abraham ya adoraban a “dioses extraños” (Jos 24:2, 15). Labán, padre de Lea y Raquel, tenía unas figuras que fueron tomadas por Raquel, y que representaban a más de un ídolo, un derecho de herencia.

Cuando Dios sacó al pueblo israelita de Egipto, entre los primeros mandamientos dados, les ordenaba que no tuvieran otros dioses ni se hicieran imagen de nada creado (Éx 20:3-5; Dt 4:15-40; 5:7-9), ya que ello desviaría su corazón y los alejaría del Único y Verdadero Dios Trino (Dt 5:6; 6:4, 5). Lamentablemente, el pueblo, en su afán de aferrarse a algo visible y tangible, creó su primera imagen en el mismo proceso del exilio de Egipto, por lo cual Dios se molestó en gran manera (Éx 34; Comp. Ro 1:18-25).

La razón por el que fueron llevados cautivos por Babilonia era la idolatría. Dios, después de haber trabajado con Su pueblo por 40 años en el desierto, les advirtió antes de que entren en la tierra prometida que no debían ir en pos de los dioses de las demás naciones (Dt 31:16-18), y nuevamente no escucharon, por tal razón el Señor los castigó. El Salmo 115 es un canto hecho después de su regreso a Jerusalén, cuando los israelitas aprendiendo del castigo, nunca más volvieron a postrarse ante otros dioses o ídolos.

El Salmo inicia reconociendo que el hombre nunca será digno de ser honrado, sino solamente Dios (v. 1). Nos enseña que, aunque la gente no vea a Dios, debemos recordar que Él está en los cielos, sentado desde Su trono gobernando (v. 2, 3). Esta verdad destruye y tira por el piso cualquier deseo que el hombre tenga que reducir a un Dios invisible, glorioso y supremo, dentro de una imagen. Si realmente queremos mirar a Dios, debemos mirar hacia el cielo, en donde está Su eterna y majestuosa morada.

Las imágenes o ídolos que el hombre ha hecho son figuras que, aunque puedan ser bien diseñadas, son meros objetos que no hablan, no ven, no oyen, no huelen, no palpan, no andan (v. 4-7). Son simples objetos vanos, como vanos quienes los hacen y confían en ellos (v. 8).

Salmos 115.3 Color

Al contraste de los ídolos, el Señor sí es nuestra verdadera ayuda y nuestro gran escudo (v. 9-11). Es Dios misericordioso y lleno de verdad (v. 1), porque perdona y bendice a quienes le temen (v. 12-16). Nuestro Dios será alabado y bendecido por siempre por quienes lo han reconocido como es, el Único Dios, digno de ser glorificado (v. 17, 18).

Para llegar a conocer a Dios Padre, tiene que mirar a Jesús, pues “Él le ha dado a conocer” (Jn 1:18; 14:6).

«Querer reducir a Dios a una “imagen” es rechazar groseramente la verdad de Su deidad»

Salmos 115:18

“Pero nosotros bendeciremos a JAH Desde ahora y para siempre. Aleluya.»