Alabanza por las bendiciones de Dios – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXV)

Salmos 103.2 Anexo

Salmos 103:1-14

“Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila. Jehová es el que hace justicia Y derecho a todos los que padecen violencia. Sus caminos notificó a Moisés, Y a los hijos de Israel sus obras. Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.”

Bendecir (“barak”), desde el contexto hebreo, quiere decir arrodillarse, dar u ofrecer un beneficio, alabar con agradecimiento, saludar, entre otros. Es una expresión que tiene un diferente sentido en relación con el dador de la bendición y el receptor de esta. Cuando es Dios o el hombre quien otorga la bendición a otro hombre, entonces es dar o desear un bien; pero cuando la palabra es usada para expresar una acción de parte del hombre hacia Dios, entonces esta es una expresión que manifiesta una adoración en forma de alabanza otorgada con agradecimiento, y esta es la idea en este salmo. Dios es el dador de los bienes, y el hombre reconoce tales bendiciones en alabanza y agradecimiento.

David se exhorta a sí mismo a dar gracias a Dios y alabarlo por todo lo que Dios es y ha hecho en favor de su siervo, ya que el Señor es la fuente de todas las bendiciones (v. 1, 2). Comenzando a enumerar todos esos beneficios o “bendiciones” que él ha recibido, David inicia alabando al Perdonador de sus pecados, la bendición más importante de todas (v. 3a). Además, Dios es Quien tiene el poder y la autoridad para sanar toda dolencia del cuerpo (v. 3b). El Señor nos rescata de los peligros y nos llena de favores inmerecidos (v. 4), a punto que nos provee de alimento para fortalecernos (v. 5).

Dios protege al desamparado y hace justicia (v. 6), guía a su pueblo (v. 7), es paciente y clemente con nuestros pecados (v. 8), su ira no es eterna cuando hay arrepentimiento (v. 9), es lleno de gracia y misericordia (v. 10-14), se acuerda del hombre a pesar de la brevedad de su vida (v. 15), y obra en favor de quienes le temen y obedecen (v. 17, 18).

Salmos 103.2 Color

En cuanto a Su Majestad, Dios es soberano y reina desde los cielos (v. 19), sus ángeles lo adoran y sus siervos lo obedecen (v. 20, 21). Las obras de Dios son motivo de alabanza, y ellas le dan gloria; por todo ello David vuelve a BENDECIR a “Jehová” (v. 22).

Cuando reconocemos a Dios por Quien es Él, y por todas las bendiciones que Él nos ha dado, nuestro ser por completo debe bendecir en agradecimiento por toda Su gracia y misericordia. Si no podemos postrarnos en adoración al Señor en reconocimiento ante ello, entonces nuestro corazón no lo está reconociendo como debe ser, y ahí tenemos un muy grave problema del cuál debemos arrepentirnos.

«Dios es digno de nuestra “bendición” de corazón»

Salmos 103:21, 22

“Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, Ministros suyos, que hacéis su voluntad. Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, En todos los lugares de su señorío. Bendice, alma mía, a Jehová.”

Morando bajo la sombra del Omnipotente – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXIV)

Salmos 91.1 Anexo

Salmos 91:1-13

“El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.”

Lon bunkers son estructuras hechas de hormigón y hierro que se desarrollaron mucho durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, y que se hicieron muy famosas durante la llamada Guerra Fría. Estas estructuras particularmente construidas proveían de refugio a los soldados de ataques aéreos y de artillería.

Tal fue su requerimiento que, durante la Guerra Fría, se construyó en la ciudad de Washington, debajo de un hotel, una estructura gigantesca capaz de proveer refugio para el presidente de los Estados Unidos y casi todo su gabinete de gobierno e importantes autoridades civiles y militares en el caso de un ataque nuclear por parte de la entonces URSS.

Para el creyente, ante el constante ataque espiritual de nuestros enemigos, el Señor es nuestro Refugio, nuestro “bunker”, por así decirlo. Bajos sus “alas” de protección estamos cubiertos de los ataques de nuestros enemigos y estaremos seguros, pues Él es nuestro “escudo” (v. 4).

Dentro de las múltiples promesas de Dios para proteger al creyente, y que están en la Biblia, vemos que muchas de ellas requieren de la obediencia por parte del creyente para que se den dichas promesas (Dt 6:10-25; 7:12-26; 28:1-68). Aunque Dios es un Dios de gracia y misericordia, y lo que recibimos es obra de ello, el Señor espera que nosotros seamos obedientes, y como resultado las bendiciones fluyen en favor del hombre.

Habitar “al abrigo del Altísimo” tiene la idea de una persona que vive en estrecha relación de amor y obediencia con el “Omnipotente”; es hacia él que “la sombra” de Dios obra en favor (v. 1). Es alguien que depende de Dios y que busca de Su guía para todas sus decisiones y necesidades.

Salmos 91.1 Color

Por su puesto que Dios permitirá a veces los problemas en la vida del creyente, pero la confianza de la Soberanía y la Omnipotencia del Señor brinda el refugio que necesitamos. Dios nos “librará” de nuestros enemigos y les hará pagar por sus maldades (v. 3, 8).

Recordemos que este pasaje no es una promesa para ser reclamada, es una verdad espiritual para ser recordada. Este Salmo es un canto mesiánico que apunta a Cristo en Su Primera Venida, Su obediencia y dependencia de Dios (v. 1, 2), los peligros (v. 3-8), la tentación en el desierto (v. 11, 12; Comp. Mt 4:6), menciona la derrota contra Satanás (v. 13). Pero también Su sufrimiento, muerte, resurrección, y glorificación (v. 14-16).

«Padre, siempre podremos confiar en Tu protección y propósitos»

Salmos 91:14

Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.”

El justo confía en Dios – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXIII)

Salmos 64.1, 2 Anexo

Salmos 64:1-10

“Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; Guarda mi vida del temor del enemigo. Escóndeme del consejo secreto de los malignos, De la conspiración de los que hacen iniquidad, Que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga, Para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen. Obstinados en su inicuo designio, Tratan de esconder los lazos, Y dicen: ¿Quién los ha de ver? Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; Y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es profundo. Mas Dios los herirá con saeta; De repente serán sus plagas. Sus propias lenguas los harán caer; Se espantarán todos los que los vean. Entonces temerán todos los hombres, Y anunciarán la obra de Dios, Y entenderán sus hechos. Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él; Y se gloriarán todos los rectos de corazón.”

El acuerdo en secreto en contra de alguien o algo para provocar un daño maligno se conoce como conspiración. La conspiración generalmente no llega a ser conocida por la víctima en muchos de los casos sino hasta el momento mismo que se ha causado el daño. A veces, la conspiración puede venir directamente de una persona allegada a la víctima, lo que se da a causa del engaño o la hipocresía de los provocadores. Como sea, la conspiración siempre será dolorosa, inesperada, y muchas veces muy destructiva.

Daniel, mientras se hallaba sirviendo en el reinado de Darío, era uno de los tres gobernadores más importantes del imperio. Este piadoso hombre era odiado por sus enemigos políticos a causa de su integridad y sabiduría. Tal era la estima que Darío tenía de Daniel, que pensaba “ponerlo sobre todo el reino” (Dn 6:1-3). Por este motivo, los enemigos conspiran para promover una ley que afectaría a Daniel en su fidelidad a Dios, y así, obligar al rey a condenarlo al foso de los leones (Dn 6:4-16).

El perverso siempre se levantará en contra del piadoso, desde Caín y Abel, esta triste y real historia se repite todo el tiempo. La envidia, la codicia, el odio, el egoísmo, la falta de temor de Dios, y un perverso corazón impulsaran al hombre para hacer maldad.

David clamaba a Dios pidiendo que lo guarde del enemigo y del “consejo secreto de los malignos”, los que conspiraban para hacer “iniquidad” (v. 1, 2). Jesucristo nos enseña en su oración modelo que debemos pedir para que Dios nos libre del mal (Mt 6:13); y aunque esa petición es apropiada, no es una promesa de liberación, puesto que a veces Dios en su permisiva voluntad consentirá la conspiración con propósitos divinos, como lo que pasó con José cuando sus hermanos lo vendieron como esclavo (Gn 50:20). Lo que Dios sí nos asegura es de que nunca nos dejará sufrir más allá de lo que podamos soportar (1 Co 10:13).

David, en su clamor, nos recuerda que Dios está mirando el maligno proceder de nuestros enemigos (v. 5), Él les hará pagar por sus iniquidades y serán avergonzados por los falsos testimonios que levanten en contra nuestra (v. 7, 8). En ese momento Dios anunciará Su justicia; el justo se alegrará y será reivindicado, llevándolo a crecer en su confianza hacia el Señor (v. 9, 10).

Salmos 64.1, 2 Color

David, Daniel, José y muchos hombres piadosos han sufrido la maldad de la conspiración, hasta el mismo Señor Jesucristo fue víctima de esa perversa actitud del impío; obra que provocó que lo lleven a morir en la cruz, pero eso nos otorgó la salvación de nuestros pecados.

Siempre el malo será enemigo sin piedad en contra del bueno. Que no le tome por sorpresa esta realidad, más bien manténgase alerta para que Dios le ayude a serle fiel, en medio de la conspiración.

«Señor, líbrame de la mano del perverso; pero, sobre todo, líbrame de no serte infiel»

2 Timoteo 3:12

“Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución

¿Amor “fingido”?

Romanos 12.9 Anexo

Romanos 12:9-21

El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

 

Cómo un título de telenovela, AMOR “FINGIDO” nos lleva a pensar en la historia de un protagonista que dice que ama, pero que en verdad está fingiendo; la actriz principal vive sueños de grandeza y por nada cambiaría su vida por dejar la comodidad por amar a quien en verdad si la ama. La mayoría de los personajes que participan en este drama televisivo son seres egoístas, orgullosos, mentirosos, infieles, perversos, vengativos, llenos de odio, burladores; y donde el mejor de ellos, por lo menos ha traicionado una vez, POR LO MENOS. Pero sí, todos dicen “QUE AMAN”. ¿Se imagina usted esta clase de telenovela? Lo más triste es que no estamos muy lejos de lo que se muestran en los dramas televisivos actuales, y que son tan destructivos.

 

Qué bueno que a esto no nos llama la Biblia, aunque muchos pareceríamos que vivimos capítulos diarios de este drama en nuestra vida.

 

La Palabra de Dios nos dice tan claramente: El AMOR sea SIN FINGIMIENTO” (v. 9 – mayúsculas añadidas). Dentro de la lista de ‘deberes cristianos’ mencionados en este pasaje, vemos que todo lo solicitado se basa en torno al amor, el amor ágape.

 

Nuestro amor, para que sea genuino o sincero, y no fingido o hipócrita, debe iniciar dejando tolo lo malo y buscando únicamente lo bueno. Tal como lo expresa 1 Corintios 13:4-8, el amor va a manifestarse en acciones que siempre apuntan desinteresadamente en el bienestar de la persona amada, poniendo al que ama en segundo plano.

Romanos 12.9 Color

 

Un amor sincero se expresa en la manera como comparto con el prójimo, en la magnitud de como pongo las otras personas primero antes que a mí mismo, en mi hospitalidad, bendiciendo y perdonando a quienes me hagan daño, gozando con quienes son bendecidos y llorando con aquellos que sufren (empatía). Es un amor humilde, que busca la unidad; busca la paz y no la venganza; que es generoso y obra siempre en pos de lo bueno.

 

Dios nos mostró Su amor, “en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro 5:8); no esperó que cambiáramos para amarnos, el Padre sacrificó por amor a Su Hijo, siendo nosotros “aún” inmerecedores de ese amor. Dios proveyó salvación por medio de Jesús como un acto sincero de Su amor (1 Jn 4:9).

 

«Gracias Dios por Tu inmenso y sincero amor hacia el hombre»

 

1 Juan 4:7

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.”

Dios, satisfacción del alma – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXII)

Salmos 63.1 Anexo

Salmos 63:1-8

“Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, Y con labios de júbilo te alabará mi boca, Cuando me acuerde de ti en mi lecho, Cuando medite en ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido.”

David, traicionado por su hijo Absalón, huye de Jerusalén con muchos de los miembros de su corte. Con ellos viajaban el sacerdote Sadoc y los levitas que transportaban el arca del pacto. Pero David pide a Sadoc que devuelva el arca a Jerusalén para evitar más conflictos (2 S 15:24-27).

Para David estaban quedando atrás los días cuando se levantaba temprano a la tienda de reunión para adorar al Señor. El rey había ya traído el arca del pacto desde la casa de Obed-emon a Jerusalén y la había colocado bajo una tienda temporal, antes de la edificación del templo (2 S 6:12-19). Ahora, estaba huyendo de su hijo, y mientras viajaba por el desierto de Judá para refugiarse, levanta este canto de adoración y nostalgia, sabiendo que se estaba alejando del lugar donde se reunía con su Señor, lugar donde se deleitaba ante Su presencia en adoración.

De madrugada se levantaba para buscarlo clamando: “Dios, Dios mío eres tú”, pero su alma quedaría sedienta “en tierra seca”, porque ahí no había “aguas” que refresquen su alma (v. 1). El deseo era volver a ver la gloria de Dios, tal cual la contemplaba en la tienda edificada (v. 2). David sabía que no había nada mejor que la misericordia de Dios, pues la vida misma no es nada sin ella (v. 3a). Pero en esa angustiosa búsqueda había la confianza de volver alabar a Dios, de poder levantar sus manos en adoración, y bendecirlo con su vida (v. 3b, 4). El rey-pastor solo encontraba satisfacción en la presencia de Dios, en la alabanza con regocijo, y en la meditación nocturna de Dios y de Su Palabra (v. 5, 6). David miraba al pasado, a los tiempos cuando Dios lo había protegido, y en esa confianza su alma se regocijaba, pues en el Señor hallaría el socorro que ahora necesitaba (v. 7). Tal era su relación con Dios, que su alma estaba ligada profundamente a Él (v. 8).

Cuánta devoción y cuánto anhelo vemos. Para él, no le angustiaba tanto dejar atrás su trono o su ciudad; para David, lo que más extrañaría sería estar ante el Señor para adorarlo.

Hasta los días de Jesús, el único lugar a donde los hombres podían acercarse a adorar a Dios era el templo. Pero desde Su muerte en la cruz, y con la ruptura del velo del templo que separaba el Lugar Santísimo (Mt 27:51), el Señor nos ha abierto un “camino nuevo y vivo” para acercarnos en confianza para adorarle por medio de su “sangre”. Ya el hombre no requiere presentarse a la ciudad santa, ahora en donde se encuentre puede adorar al Señor con “plena certidumbre de fe” (He 10:19-22).

Salmos 63.1 Color

Aun a pesar de tan grandiosa oportunidad, muchos de nosotros caminamos en el desierto de la vida sin anhelar ni buscar a Dios. Preferimos la sequedad de nuestra alma, que el canto gozoso de alabanza. Nos distraemos en nuestra vida y no meditamos en las obras de Dios. Nos da pereza levantarnos en la mañana, y en la noche estamos tan cansados que no queremos orar ni leer Su Palabra.

Aprendamos de David, y seamos devotos seguidores y profundos adoradores del Señor.

«Señor, Tú eres lo único que debe anhelar mi vida, y el Único que puede saciar mi alma»

Salmos 42:2

“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”

Dios, el único refugio – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XXI)

Salmos 62.1 Anexo

Salmos 62:1-8

“En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación. El solamente es mi roca y mi salvación; Es mi refugio, no resbalaré mucho. ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre, Tratando todos vosotros de aplastarle Como pared desplomada y como cerca derribada? Solamente consultan para arrojarle de su grandeza. Aman la mentira; Con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón. Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.”

No existe algo más relajante que estar al frente del mar escuchando el suave golpe de las olas sobre la playa o el precioso cántico de los pájaros en el amanecer; ahí, donde el ruido de la vida hace silencio y la quietud y la paz cubren el ambiente de tranquilidad. Son en esos momentos donde podemos dar tiempo para la reflexión y a disfrutar de la vida y su bondad.

Pero ante tanta violencia, pecado, maldad, y pruebas, parecería que nuestra alma no halla esa paz que deseamos. Las preocupaciones, las enfermedades, los conflictos y las dificultades en la vida gritan tan alto que no hallamos quietud en este agitado caminar. Nuestra alma necesita paz y reposo.

David, siendo perseguido y acusado falsamente (v. 3, 4), buscaba en Dios refugio para hallar paz y tranquilidad. En medio de tanta violencia y calumnia, buscaba quietud para su alma, y sabía que ésta solo la podía hallar en Dios (v. 1). El Señor era la peña alta donde podía hallar refugio y protección (v. 2), en donde su alma reposaba, pues en Él estaba puesta su esperanza (v. 5), y de donde no sería sacudido o desmoralizado (“no resbalaré” v. 6).

Las persecuciones y las calumnias que a veces podemos sufrir de parte de personas perversas pueden desmoralizar nuestra vida y agitar nuestra alma, llevándonos a la ansiedad y preocupaciones. Jesucristo, nuestro Buen Pastor y Protector, conoce bien la maldad de aquellos que quisieran muchas veces hacernos daño, y al mismo tiempo conoce cuanto puede afectarnos eso.

En las bienaventuranzas expresadas en el Sermón del Monte, Jesucristo nos menciona varias paradojas que manifiestan la realidad de la vida espiritual (Mt 5:3-12). La vida del creyente puede ser complicada cuando nos enfrentamos ante persecuciones, injusticias, dolor; pero el Señor nos asegura en Sus palabras que seremos consolados, reivindicados y recompensados cuando todo pase.

Pablo nos llama a regocijarnos ante las pruebas, y que, si el afán nos acongoja, debemos orar a Dios dando gracias por lo que sucede, y Dios nos brindará de Su paz para nuestra mente y nuestro corazón (Fil 4:4-7). También nos recuerda que Dios es nuestro Padre Consolador, Quien “nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Co 1:3, 4).

Salmos 62.1. Color

Jesús también nos exhorta a que no debemos temer ante las persecuciones venideras que vendrán al final de los días, puesto que seremos aborrecidos por el mundo (Mt 10:16-28); antes, debemos descansar en la verdad que cada uno de nosotros valemos más que muchos “pajarillos” que fueron vendidos por poco (Mt 10:29-31).

Cuando David buscaba paz, la buscaba en Dios; y junto a Él, se “acallaba” su alma (v. 1). Este canto está lleno de confianza y esperanza. El Señor es nuestro salvador y nuestra roca, en Quien debe estar puesta toda nuestra esperanza. Derramemos confiados ante Él nuestro “corazón”, pues “Dios es nuestro refugio” (v. 8).

«Señor, solo en Ti encuentra paz mi alma»

Salmos 42:11

“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

Oración de confianza – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XX)

Salmos 56.3 Anexo

Salmos 56:1-4

“Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre; Me oprime combatiéndome cada día. Todo el día mis enemigos me pisotean; Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia. En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?”

En un programa cómico infantil de televisión de muchos años atrás, había un personaje heroico muy conocido que utilizaba una frase ‘a propósito’ mal pronunciada para dar confianza: “Que no PANDA el CÚNICO”. Esta frase que se hizo muy popular y era utilizada para expresar la idea de que no debía CUNDIR o PROPAGARSE el PÁNICO.

¿Es normal que una persona tenga temor? ¿Un creyente puede tener temor o es una actitud incorrecta? ¿Qué es el temor y cómo combatirlo?

La palabra temor o “temo” (v. 3) viene de la palabra hebrea yare˒” (יָרִֵא, H3372); y como nos dice W. E. Vine en su diccionario, “básicamente, el verbo connota la reacción sicológica que llamamos «temor»”. Es el miedo que se siente al considerar que algo perjudicial o negativo ocurra o haya ocurrido, y puede ser conducido hacia una persona o cosa.

Pero yare˒” también puede ser asociado cuando es usado en relación con una persona de alto rango, en donde se convierte en temor reverente. Generalmente se lo emplea para expresar el respeto y la reverencia que una persona debe tener ante Dios, hacia Quien se debe vivir en una sumisión santa y justa (Gn 22:12; Éx 14:31).

En el pasaje del Salmo 56, vemos que David estaba con temor a causa de los filisteos que lo prendieron en Gat (1 S 21:13-15), en ese momento su semblante cambió y temió (v. 3a), pero su temor fue temporal, pues inmediatamente su reacción fue de confianza (v. 3b).

El temor de David era fundamentado, pues sus enemigos le oprimían diariamente combatiendo contra él (v. 1), diariamente muchos lo acosaban (v. 2), le acusaban falsamente (v. 5), y le buscaban constantemente para matarlo (v. 6). Eran los días cuando Saúl lo perseguía en tierra judía, mientras que en Filistea sus otros enemigos lo buscaban para darle muerte (v. 13a).

Ante tales circunstancias extremas de peligro el temor es normal que se presente, pero lo que no podemos permitir es que el temor nos controle y nos conduzca al pánico o terror, que es una ansiedad con temblor y consternación (1 S 14:15; Zac 12:4; 14:13).

David combatía su temor con la oración y la Palabra de Dios. Inicia su canto clamando la ayuda benigna de Dios: “Ten misericordia de mí, oh Dios” (v. 1a). Habla de la maldad sus enemigos (v. 1b, 2), y en su oración le dice que tiene temor, pero ese temor era sacado de su corazón por la confianza que tenía en el Señor (v. 3).

Salmos 56.3 Color

David sabía que Dios lo había “librado de las garras del león y de las garras del oso” (1 S 17:37). Por medio del profeta Gad supo que Dios no lo quería resguardado en un lugar fuerte, pues quería que confiara más en Él (1 S 22:5); y cuando enfrentaba un nuevo reto buscaba la guía de Dios para actuar bajo Su Palabra (1 S 23:3-5, 9-13). Todo esto hacía que David alabara la Palabra de Dios, ya que confiaba en lo dicho por el Señor, y su temor se iba (v. 4, 10, 11).

¿A qué teme hoy? ¿Qué está afligiendo su alma? Que no cunda el pánico; ore al Señor, busque guía y aliento en Su Palabra, y su temor se transformará en confianza.

«Señor, mis temores desaparecen cuando confío en Ti»

Salmos 56:13

“Porque has librado mi alma de la muerte, Y mis pies de caída, Para que ande delante de Dios En la luz de los que viven.”

Plegaria pidiendo protección contra los enemigos – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XIX)

Salmos 54.4, 6 Anexo

Salmos 54:1-7

“Oh Dios, sálvame por tu nombre, Y con tu poder defiéndeme. Oh Dios, oye mi oración; Escucha las razones de mi boca. Porque extraños se han levantado contra mí, Y hombres violentos buscan mi vida; No han puesto a Dios delante de sí. Selah He aquí, Dios es el que me ayuda; El Señor está con los que sostienen mi vida. El devolverá el mal a mis enemigos; Córtalos por tu verdad. Voluntariamente sacrificaré a ti; Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno. Porque él me ha librado de toda angustia, Y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos.”

Una cosa es alabar a Dios por Su carácter o atributo (Poder, Santidad, Justicia, Fidelidad, Misericordia, etc.), otra es alabar a Dios por Su Nombre, ¿por qué? Alabar a Dios por medio de cada uno de Sus atributos es mencionar en forma específica o particular uno o más de esos atributos; pero cuando se alaba a Dios por Su Nombre, lo alabamos por la plenitud de Su Ser, o por lo que ese Nombre representa.

Los Nombres de Dios en el Antiguo Testamento son una manifestación directa de adoración. Los judíos le han dado mucho valor al significado de los nombres, porque consideran que representan quien es la persona. Muchos de esos Nombres expresan varios atributos o características de Dios al mismo tiempo.

Abraham llamó a Dios “Jehová – Jiréh” (Gn 22:14). Este Nombre de Dios significa Jehová Proveedor o Dios es mi proveedor (יְהוָֹה יִרְאֶה H3070). Abraham estaba por sacrificar a su hijo por petición misma de Dios; cuando estaba por dar a Isaac el ángel lo detiene y Dios provee de un carnero para el holocausto (Gn 22:4-14). Al alabar a Dios como Jehová – Jiréh, estamos alabándolo por Su poder, Su misericordia, Su fidelidad, Su bondad, un Dios digno de confianza.

El pueblo de Israel se enfrentó ante Amalec en Refidim. La batalla fue fuerte y prolongada. Mientras se daba la lucha, Moisés subió a un collado para levantar sus manos durante el enfrentamiento. Al final, Dios otorgó la victoria a Israel, y en ese lugar “Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi” (יְהוָֹה נִסִּי H3071), que significa Jehová es mi estandarte o mi bandera (Éx 17:8-16). La bandera o el estandarte era el símbolo de a quién pertenece el ejército. Moisés quería decir que Dios es Poderoso, Protector, Guerrero, es el Dios de nuestra defensa, y ante cuyo ejército servimos.

Los pobladores de Zif o zifeos, una región al sureste de Jerusalén, habían dado aviso a Saúl que David se encontraba escondido en sus montañas, entre los collados (1 S 23:19; 26:1); por lo que el joven pastor tuvo que huir dos veces de esa región para librar su vida de la muerte. El Salmo 54 es el canto de alabanza a Dios nuestro Ayudador (v. 4). La palabra “ayuda” viene del hebreo ˓azar” (עָזַר, H5826), que significa también asistir o auxiliar.

David pedía a Dios que lo salve por amor a Su Nombre y que lo defienda con Su poder (v. 1). Clamaba por ayuda a causa de los enemigos que se levantaban contra él (v. 2, 3). David sabía que Dios lo ayudaría o auxiliaría de tal persecución y que bendeciría a quienes protegerían su vida (v. 4). En esa confianza, sabía que Dios pagaría retribución a sus enemigos (v. 5), por lo que él voluntariamente lo adoraría y alabaría Su Nombre, porque sabía que dicha alabanza es buena (v. 6), ya que el Señor era su Ayudador que lo libraría “de toda angustia” (v. 7).

Salmos 54.4, 6 Color

Jacob bendijo a José confiando que Dios lo “ayudará” (Gn 49:25). Samuel levantó un altar en Mizpa y Sen al cual llamó “Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová” (1 S 7:12). Dios es el amparo o socorro de los huérfanos (Sal 10:14), el Dios que siempre nos ayuda (Is 41:10), y siempre nos libra (Sal 37:40).

No importa cuan grande sea su enemigo, Dios pronto vendrá en su auxilio.

«Alabamos Tu Nombre, oh Dios, nuestro Ayudador»

Isaías 41:10

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”