Alabanza por la liberación divina – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XI)

Salmos 40.5 Anexo

Salmos 40:1-5, 9-10

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová. Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira. Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados… He anunciado justicia en grande congregación; He aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes. No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; He publicado tu fidelidad y tu salvación; No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea.”

Todos con seguridad nos hemos enfrentado a momentos donde la esperanza no está, dónde la oscuridad de la angustia cubre nuestra vida y la luz de la confianza desaparece. Ahí, en ese instante oscuro, el dolor y/o la aflicción nos consume, y aparentemente la salvación no vendrá a tiempo. Sí, todos podemos recordar al menos una ocasión donde ya creímos haberlo perdido todo, aún hasta nuestra vida, aunque sea por un instante; y yo, más de una.

Me agrada mucho cómo el comentarista W. MacDonald titula a este salmo: “¡Rescatado!”.

Existe una historia muy particular de David que vale la pena mencionarlo. En los primeros días, cuando huía de Saúl, se enfrenta ante una terrible angustia, y viendo que su vida corría gran peligro, huye a Gat. Los siervos de Aquis, rey de Gat, reconocen a David al verlo, y el joven héroe se llena de gran temor, pues se encontraba solo. En ese instante, para librarse del peligro, “cambió su manera de comportarse delante de ellos, y se fingió loco entre ellos, y escribía en las portadas de las puertas, y dejaba correr la saliva por su barba”, al ver este extraño comportamiento de David, Aquis lo cree demente y lo deja ir (1 S 21:10-15).

Este recuerdo de su vida seguramente quedó bien grabado en la memoria de David, como uno de los momentos más difíciles, pero aún allí, de seguro llegaría a reconocer la misericordia y providencia de Dios en su vida para librarlo del mal.

El Salmo 40 es un canto de alabanza por las maravillosas obras de Dios al librarnos de nuestras angustias. Son muchas, y a veces incontables, las ocasiones en las que Dios nos ha rescatado del peligro (v. 5).

Salmos 40.5 Color

No permitamos que la angustia nos consuma cuando nos encontremos ante momentos desesperantes, al contrario, clamemos a Dios y esperemos pacientemente en confianza (v. 1); Él nos puede sacar del pozo de la desesperación y fortalecernos para enfrentar ese momento con confianza (v. 2). El gozo que nos brinda esa confianza puede llenar nuestro corazón de alabanzas y cantos al Señor, tanto, que muchos pueden contagiarse de nuestro testimonio (v. 3). David nos recuerda que el hombre que confía en el Señor es “bienaventurado” (v. 4).

¿Puede recordar ahora las muchas veces en las que ha visto la mano de Dios librándole de gran peligro? Porque no tomamos esos momentos para dar gracias a Dios, mientras compartimos a otros de las grandes y maravillosas proezas de nuestro poderoso Libertador (v. 9, 10 y 17).

«Poderoso Señor, grandes y maravillosas son Tus obras, siempre nos libras de nuestras angustias»

Salmos 40:16, 17

“Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, Y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea enaltecido. Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.”

El camino de los malos – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (X)

Salmos 37.1, 5 Anexo

Salmos 37:1-11

“No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. Pues de aquí a poco no existirá el malo; Observarás su lugar, y no estará allí. Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz.”

A menos que usted o yo nos encontremos del lado de los malos o perversos, siempre hay la posibilidad de impacientarnos por la prosperidad de aquellos que hacen mal y logran mucho.

¿Por qué le pasa esto a “él” que es una mala persona y logra esa meta? ¿Por qué le han dado un ascenso en el trabajo al compañero que es malo con nosotros? ¿Por qué ellos estafan al gobierno y nadie les detiene, pero a uno que hace el bien le impiden progresar? Muchas de estas preguntas siempre estarán en nuestra mente, aunque no se la digamos a nadie.

No siempre la vida parecerá justa, y aparentará ser más injusta cuando los buenos sufren y los malos gozan. Es ahí donde nuestra mente puede traicionarnos y mirar con envidia el perverso caminar de los injustos, o contemplar con reproche la falta de nuestro bienestar.

David nos exhorta a no impacientarnos “a causa de los malignos”, ni a tener “envidia de los que hacen iniquidad” (v. 1), pues su vida es corta y su gloria efímera y pasajera (v.2). Al contrario, nos presenta una antítesis a este enigma. Nos anima a confiar en Dios y hacer el bien, a disfrutar de la presencia diaria del Señor cada día en íntima comunión, y Él nos concederá las peticiones que nos sean buenas y que estén en nuestro corazón a su tiempo y manera (v. 3, 4). Mejor es para nosotros buscar la guía de Dios para siempre hacer el bien, confiando en Su Persona, y Él hará lo que crea conveniente y provechoso para nuestra vida cuando sea necesario. Dios exhibirá nuestra justicia y nuestro derecho cuando fuere tiempo (v. 5, 6).

Salmos 37.1, 5 Color

Cuando esos pensamientos de envidia y los sentimientos de injusticia nos invadan, callémoslos recordando que Dios mira sus vidas y la nuestra (v. 7). No se enoje por lo que sucede ni considere hacer mal usted también, porque un día Dios pagará con gran retribución de acuerdo a los caminos que hayamos escogido (v. 8-11).

No olvidemos que las pruebas que pasamos nos fortalecen mientras caminamos en integridad. Dios no es injusto para olvidar nuestra vida, Él nunca dejará para siempre caído al justo (v. 24). Otras veces, Dios no nos concederá lo que anhelamos, porque eso puede ser dañino para nuestra vida espiritual; por eso mantengamos presentes que es mejor “un bocado seco, y en paz, que casa de contienda llena de provisiones” (Pr 17:1).

«Señor, mi agradecimiento por todo lo que me has dado y lo que no, pues Tú sabes lo mejor para mí»

Salmos 37:16, 17

“Mejor es lo poco del justo, Que las riquezas de muchos pecadores. Porque los brazos de los impíos serán quebrados; Mas el que sostiene a los justos es Jehová.”

La dicha del perdón – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (IX)

Salmos 32.1 Anexo

Salmos 32:1-8

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. Selah Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.”

Si hay alguien quien conozca bien la oscuridad del pecado, la bajeza de nuestra depravación, la depresión que ejerce el sentimiento de culpa, la humillación de la corrección, la necesidad del perdón, la gracia del Señor, la inmensidad de Su misericordia, y la fidelidad de Dios a través de la restauración, ese podría ser David.

Nuestro amado pastor y cantor nos expresa en este bello salmo cuan profundo puede caer un hombre a causa del pecado, pero también nos levanta el corazón hacia la esperanza de la inmensa belleza del perdón y la restauración.

David había tomado una mujer a la fuerza, había rechazado aceptar la responsabilidad de paternidad, buscó ocultar su pecado emborrachando a un hombre para transferir esa responsabilidad, y frustrado ante la falta de logro de su oscuro plan y la imposibilidad de conseguir escaparse de lo realizado, se transforma en asesino intelectual de un hombre (2 S 11).

Cuando el profeta Natán viene a él para confrontar el pecado, David comprendió la inmensa gravedad de su mal y la dolorosa reprensión de Dios que venía con pérdida del niño, sufrimiento dentro de la familia, y la traición moral y política de su hijo; solamente le quedaba vivir para enfrentarlo todo (2 S 12:1:15).

En este proceso David entendió que el perdón es un bien incalculable (v. 1); que un hombre piadoso vive doblemente feliz alejado del pecado (v. 2); sintió en carne propia que el silencio de la culpa y la falta de arrepentimiento afectaba su salud y vida (v. 3); a causa de estos problemas espirituales, emocionales y físicos se sintió emocionalmente alejado de Dios y deprimido (v. 4); pero después de todo eso, encontró el significado y valor real del arrepentimiento; supo que podía acercarse a Dios para confesar su pecado con esperanza; y mientras lo hacía aprendió la gracia, la misericordia y la fidelidad de Dios para perdonar (v. 5). Al igual que el hijo pródigo (Lc 15:11-24), David aprendió que no puede llegar tan lejos como para no poder volver a Dios y hallar perdón (v. 6); y, sobre todo, al conocer del amor y la paciencia de Dios, halló incomparable gozo en la restauración (v. 7), pues Dios volvería a guiarle y usarle (v. 8).

Salmos 32.1 Color

Usted y yo somos pecadores, siempre podremos volver a pecar, pues no somos perfectos, estamos en un crecimiento o perfección. Aprendamos de los destructivo que puede ser nuestro pecado hacia Dios, los otros, y nosotros mismos; pero no olvidemos, que por más lejos que estemos de Dios, y aunque hayamos caído profundamente en nuestra rebelión, Dios nunca estará tan distante, y menos inalcanzable, como para que no pueda escuchar nuestra oración de arrepentimiento, perdonar nuestro pecado, y ayudarnos a restaurar. Nunca decaerán Sus misericordias (Lm 3:19-22), porque Dios es “misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Sal 86:15).

«Dios, que sería de nuestra vida sin Tu misericordia, gracia y fidelidad para perdonar»

Salmos 32:10

“Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia

Jehová es mi luz y mi salvación – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (VIII)

Salmos 27.1 Anexo

Salmos 27:1-6

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado. Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto. Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.”

Cuando nos encontramos en medio de problemas o ante crueles enemigos tres elementos pueden ser nuestros aliados para enfrentar apropiadamente: Luz, salvación y fortaleza.

Para algunos autores este salmo pudo haber sido escrito cuando David enfrentaba la rebelión de su hijo Absalón. Para el salmista, este tiempo fue muy difícil, tanto emocional y políticamente. Su hijo había conspirado contra él a causa de las desgracias que habían pasado en la familia, y en su maldad, Absalón se subleva contra su padre y levanta una turba para quitarle la autoridad. David, abrumado y desconcertado, huye de Jerusalén en medio de tal revuelta (1 S 15 – 17). Un duro momento para el rey de Israel.

Si éste es el contexto en el que el salmo fue escrito, nos ayuda a ver tres factores importantes expresados en él que nos pueden de ser de gran ayuda para nuestras vidas cuando se levanten enemigos feroces que quiera consumir “nuestras carnes”.

LUZ: Esta palabra esta relacionada en la Biblia con Dios, Su carácter santo, justo, puro, y bondadoso; además refleja la utilidad de Su Palabra (Sal 119:105). También habla de la vida del creyente, en su nueva condición como hijo de luz (Jn 12:36; 1 Ts 5:5), manifestada además en su obediencia (Ef 5:8; 1 Jn 1:7).

Dios puede guiarme en medio de tal tormenta para enfrentar apropiadamente, en obediencia y con sabiduría mis problemas. Su Palabra nos puede dar luz para saber la razón de nuestro problema y cómo combatirlo (v. 11). Por último, si hemos andado en luz, Él hará que la luz de nuestra justicia brille (v. 2, 12).

SALVACIÓN: En relación con Dios, habla de Quien es el Salvador del hombre y Su poder para librarlo de los enemigos terrenales y espirituales; pero, sobre todo, de la muerte y la condenación.

Confiando en el poder de Dios, en Su cuidado y protección, sé que Él no permitirá que yo sufra más allá de lo que puede enfrentar, y que cuando sea necesario, Él mismo vendrá mi rescate (v. 13). Esto me da esperanza para mirar al cielo y clamar por su ayuda (v. 7-9).

FORTALEZA: Hablando de Dios, Él es nuestro lugar de refugio y defensa, es el lugar fortificado donde un ejército puede apostarse para enfrentar los embates del enemigo y defenderse.

Mientras pase este ataque feroz, puedo refugiarme en la presencia de Dios. Todo temor desaparece ante la confianza de estar junto al Señor (v. 3). Dios nos protege, guarda y esconde del día malo (v. 5); y al final de todo, podré levantar alabanzas a Jehová por Su luz, salvación y protección (v. 6).

Salmos 27.1 Color

David tenía justas razones para declarar que Dios era su luz, su salvación, su fortaleza.

«Gracias Señor por ser nuestra luz, salvación y fortaleza en contra de nuestros enemigos»

Salmos 27:14

“Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.”

El rey de gloria – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (VII)

Salmos 24.7 Anexo

Salmos 24:1-8

“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos. ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, Y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla.”

Imagine que recibe una invitación a una ceremonia en el Palacio de Buckingham. Los invitados son solamente personas especialmente llamados, en la cual, la reina Isabel estará presente con el príncipe Carlos, sus hijos, y todos los miembros de la familia. Usted ha sido especialmente escogido para participar de esta celebración, y tiene que estar apropiadamente vestido para el evento.

De repente, ya usted estando en la celebración, espera la entrada de la reina y de toda la corte inglesa. Los sonidos de las trompetas resuenan en el salón y el heraldo de ceremonia anuncia la presencia de la reina, las puertas se abren, y usted tiene el privilegio de compartir un evento que muy pocos pueden disfrutar.

Algo inimaginable, más glorioso y ostentoso será el día cuando estemos ante el trono del Rey de gloria. David nos hace una representación de este cuadro, recordándonos ante Quien estaremos, quienes podrán estar presente, y la entrada gloriosa del Rey.

Dios es el Creador de “los cielos y la tierra” (Gn 1.1), por lo tanto, todo lo que está a nuestro alrededor, incluyendo nuestra vida, le pertenecen a Él (Sal 24:1). En el tercer día de la creación Dios dijo: “Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares” (Gn 1:9, 10). La tierra donde pisamos y vivimos, el aire que respiramos, el agua que bebemos, las montañas que nos rodean, todo le pertenece al Soberano Dios. Y un día se presentarán ante Él todos los limpios de “mano y de puro corazón” (Sal 24:4).

¿Pero quienes son estos invitados especiales? Lo cierto es que nadie es digno de estar presente ante Él. Su santidad y justicia no permitirá ingresar a ningún hombre, pues todos somos pecadores (Ro 3:23). Por eso, antes de que esta gran celebración se dé, el mismo Dios nos hace una invitación a limpiarnos de nuestra inmundicia y llegar a ser dignos “espiritualmente” (Is 1:18). Es por medio de nuestra fe en Jesucristo, el Cordero inmolado, que somos hechos limpios por medio de Su sangre y redimidos para Dios (Ap 5:6-9). Serán solo ellos quienes recibirán esta incomparable “bendición… y justicia del Dios de salvación” (Sal 24:5).

Salmos 24.7 Color

Este salmo presenta un cuadro de la entrada triunfal de Jesucristo en Su segunda venida, cuando triunfante ingrese en Jerusalén, ahí alabaremos al Rey que viene a reinar. Entonces clamaremos a las “puertas eternas” (Sal 24:7) que permitan entrar a “Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla… Jehová de los ejércitos… el Rey de la gloria” (Sal 24:8, 10). Ese momento, postrados en adoración, alabaremos y cantaremos a Jesús, el hijo de David, el “Dios de Jacob” (Sal 24:6).

¿Ya está listo para tal incomparable celebración? Solamente por nuestra fe en Jesucristo se nos abre la posibilidad ante esta única oportunidad.

«Gracias Cordero de Dios por redimirnos, Tú eres nuestro Rey de Gloria»

Salmos 24:10

“¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria.”


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Jehová es mi pastor – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (VI)

Salmos 23.1 Anexo

Salmos 23:1-6

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.”

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” – dijo Jesús (Jn 10:27, 28), y con esta expresión manifestó la íntima relación que tiene el Señor con aquellos que son Sus ovejas.

Jesucristo, el Buen Pastor, vino a dar Su vida por Sus ovejas (Jn 10:11), con el propósito de atraer a cada oveja al redil (Jn 10:14-16), y es en este sentido de pertenencia e intimidad en donde el Salmo 23 tiene sentido profundo con cada persona que ha puesto su fe en Jesucristo como su Salvador.

David, siendo pastor de las ovejas de su padre, comprendía muy bien la relación personal e íntima que la oveja tiene con cada pastor. Desde muy joven cuidó del rebaño familiar (1 S 16:11), y mientras pasaba tiempo con ellas desarrolló una conexión con cada una. Las cuidaba, las alimentaba, les ayudaba cuando estaban enfermas, las libraba de depredadores, les daba agua fresca, y durante las noches pasaba acostado junto a ellas para que nade llegue a pasarles. Es esa relación íntima que tenía con sus animalitos lo que le ayudó a él ver a Dios como su Pastor personal: “Jehová es mi pastor” (Sal 23:1).

Esta expresión personal de David hacia Dios no es una de sentido egoísta, sino una de valoración profunda y de gratitud inmensa. ¿Cuán profunda es su relación con Dios? ¿Con cuánta confianza e íntima expresión podemos decir abiertamente: “Jehová es mi pastor”?

Cuando Dios es su Pastor, entonces sabe que nada le hará falta (v. 1). Alguien dijo un día: «Con solo leer el primer versículo de este precioso salmo sabemos que ya todo lo demás es complemento», y cuanta verdad tiene esa idea. ¿Se ha puesto a pensar la magnitud del significo que junto a su Pastor “nada [le] faltará”? NO hay cosa alguna que, estando en Su santa y buena voluntad, le hará falta.

Salmos 23.1 Color

Dios es Quien nos tranquiliza en nuestras angustias y el Único que satisface nuestra sedienta alma (v. 2). Trae consuelo en nuestras pruebas y nos guía por el camino correcto cuando escuchamos atentamente Su Palabra (v. 3). A pesar de que el peligro nos aseche, Su presencia y cuidado nos alienta a confiar y esperar (v. 4). Nos bendice grandemente aún en contra del deseo de nuestros enemigos y nos llena de gozo y alabanza en todo momento (v. 5). Y en esta vida Su bondad y misericordia nos acompañará, mientras que disfrutaremos en Su presencia por la eternidad (v. 6).

Jesucristo quiere ser su Pastor si usted todavía no lo ha aceptado aún como su Salvador. Recuerde que Él ya Su vida dio por usted, pida perdón por sus pecados, escuche Su voz que hoy lo está llamando, y con confianza entre en el redil del Buen Pastor.

«Jesucristo, Tú eres mi Buen Pastor»

Juan 10:11

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.”


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Oración pidiendo victoria – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (V)

Salmos 20.7 Anexo

Salmos 20:1-9

“Jehová te oiga en el día de conflicto; El nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envíe ayuda desde el santuario, Y desde Sion te sostenga. Haga memoria de todas tus ofrendas, Y acepte tu holocausto. Selah Te dé conforme al deseo de tu corazón, Y cumpla todo tu consejo. Nosotros nos alegraremos en tu salvación, Y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; Conceda Jehová todas tus peticiones. Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; Lo oirá desde sus santos cielos Con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie. Salva, Jehová; Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.”

Era la final del campeonato de fútbol americano universitario, los dos equipos se encontraban empatados a 20 puntos; faltaban menos de 10 segundos para terminara el tiempo regular, y si el marcador no cambiaba, tendrían que ir a tiempo extra. El pateador de campo del equipo de la Universidad de Alabama tenía la última oportunidad de anotar y dar la victoria a su equipo, hace su intento, y falla. Los dos equipos tuvieron que prepararse para el tiempo extra. El equipo de la Universidad de Georgia iniciaría primero.

Según las reglas del fútbol universitario, cada equipo tiene una posesión del balón desde la yarda 25; si se da una anotación al final de la línea, anotaban 6 puntos, y después le tocaría al otro equipo esa posibilidad. Quien obtenía mayor anotación ganaba.

Georgia, después de internarlo 3 veces, no pudo acercarse para la anotación, así que tuvieron que marcar un gol de campo de 3 puntos. Ahora le tocaba al equipo de Alabama hacer una anotación, o por lo menos intentar otro gol de campo para empatar.

En su primer movimiento, Alabama es obligado por la defensa de Georgia a retroceder 16 yardas; las posibilidades disminuyeron para la victoria. En un movimiento de gran precisión, el joven mariscal de campo envía un pase de 41 yardas y su corredor lateral atrapa el balón y anota, dando la victoria y el campeonato para Alabama.

Cuando varios reporteros se acercaron al inexperto mariscal Tua Tagovailoa, quien había jugado su primer campeonato universitario, le preguntaron: «¿a qué se debió su victoria?» – Tua, sin dudarlo exclamó: «Primeramente, quiero dar gracias a mi Señor Jesucristo, mi Salvador, pues es Él quien me dio la fuerza para este partido… toda la gloria va hacia Dios. No puedo describir todo lo que Dios ha hecho para mí y mi familia. ¿Quién se hubiera imaginado poder estar jugando este partido esta noche? Quiero dar gracias a Dios por ello». Y durante la conferencia de prensa acotó: «… Mi equilibrio viene de mi fe, y también el tener la posibilidad de llegar al campo de juego cada momento. Yo oro por paz, le pido a Dios que se haga Su voluntad en mí, y todo lo demás encaja en ello. Esta es la mejor manera de explicarlo» declaró.

Salmos 20.7 Color

¿En quién o en qué confía usted para sus planes? ¿Está su esperanza puesta en lo que tiene a su alrededor, en sus propias habilidades, en su conocimiento, o en Dios? David nos recuerda que Dios puede defendernos en los conflictos (v. 1); Él nos puede ayudarnos y sostenernos (v. 2); puede oírnos y obrar en favor de nuestra necesidad (v. 4, 5); y, sobre todo, Él es Quien nos salva y nos da vida eterna (v. 6, 9). Nunca olvidemos, nuestra esperanza debe estar puesta solo en Dios, y en nada más (v. 7, 8).

El joven Tua dio testimonio de dónde estaba su esperanza, y de dónde había llegado la victoria.

«Señor, solo en Ti hay esperanza de nuestra victoria»

Salmos 5:11

“Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre.”

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Las obras y la palabra de Dios – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (IV)

Salmos 19.1 Anexo

Salmos 19:1-11

Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; Y éste, como esposo que sale de su tálamo, Se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, Y su curso hasta el término de ellos; Y nada hay que se esconda de su calor. La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón.”

Para los especialistas en arte, el poder encontrar los detalles que le dan significado y valor a una pintura o pieza de escultura es el todo del arte. Estos peculiares amantes y críticos conocen cada detalle de las obras de los famosos artistas, que con solo ver una pieza pueden determinar quién lo hizo. Es tal ese conocimiento, que parecerían que conocieran al artista mismo en persona, como si la obra pudiera describir y hablar en favor de su virtuoso creador.

Pero hay una obra que sobrepasa cualquier capacidad de conocimiento, gusto y poder, esa es la misma creación, obra ostentosa del más grande artista: el Creador.

David, como un afamado crítico de arte, hace una breve descripción de la grandiosa obra del Creador al mirar al cielo, y en una corta reseña, no solo se dedica a admirar la obra, sino que hace una descripción maravillosa del Creador, de Su sabiduría y poder; y mediante esta corta introducción, nos presenta el incalculable valor que tiene Su Palabra.

Al mirar los cielos, podemos ver reflejada Su gloria y el firmamento tiene registrado la rúbrica del Creador (v. 1). Como si tuvieran altavoces, aunque no emiten sonido (v. 3), la perfección de los días en tiempo y presencia de luz y oscuridad declaran la sabiduría de Dios (v. 2). David expresa lo ingenioso que fue el crear la rotación de la tierra, que permite que el sol salga todos los días de un costado a otro del horizonte; y cómo su luz junto al calor emitido llena de vida la tierra en perfecta armonía (v. 4-6).

Salmos 19.1 Color

Con tan poderoso prólogo, David nos introduce el valor de la Palabra de Dios, misma que es más valiosa que “mucho oro afinado”, y dulce, más “que miel… que destila del panal” (v. 10). La Biblia es perfecta, fiel, recta, pura, y verdad; es capaz de transformar el alma, hacer sabio al sencillo, alegrar el corazón, y de alumbrar y amonestar al hombre (v. 7-11).

Si contemplamos por un momento la creación, fácilmente hallaríamos la sabiduría de Dios para crear cada cosa con tanto detalle. Si podemos considerar la pureza de lo creado, lo grandioso de lo existente, y el poder con el que fue llamado a existencia todo de la nada, podremos ver Su poder. Y si todo lo creado fue hecho por medio del poder de Su Palabra (Gn 1:3), ¿por qué entonces no considerar con mayor valor la Biblia que tiene ese mismo poder y está llena de la misma sabiduría, bondad, justicia y santidad de Dios?

«Señor, si consideráramos debidamente por un momento Tu creación, de rodillas caeríamos postrados humillados en adoración»

Jeremías 10:12

“El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría.”


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