Acción de gracias por la victoria – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (III)

Salmos 18.1, 2 Anexo

Salmos 18:1-6, 29-34

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos. Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos… Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros. En cuanto a Dios, perfecto es su camino, Y acrisolada la palabra de Jehová; Escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder, Y quien hace perfecto mi camino; Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas; Quien adiestra mis manos para la batalla, Para entesar con mis brazos el arco de bronce.”

Al final de la película “Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian”, el reducido ejército narniano se refugia en Altozano de Aslan, un montículo que les sirve de refugio temporal, pero se encuentran rodeados por el ejército de los telmarinos (los enemigos). Ese lugar no tiene una salida que les permita escapar y las posibilidades de victoria eran pocas; lo único que quedaba era dar tiempo para que la valiente Lucy y su hermana Susan encontraran a Aslan (el León), quien podría venir a su rescate. Para ello promueven un duelo entre los líderes de ambos ejércitos, y a pesar de la victoria de Peter (rey de Narnia), los telmarinos son engañados por una astuta traición de Lord Sopespian y retoman el ataque.

En medio de una batalla sin expectativa de victoria, y cuando parecía que llegaba la derrota, aparece Aslan junto a las dos hermanas. El León despierta a los árboles de Narnia y ayuda a derrotar a los telmarinos y dar la victoria final a los narnianos.

Cuanto disfruto esa película, y aunque sea una historia creada, nos muestra una realidad que todos enfrentamos en nuestra vida cristiana. Al igual que David, todos enfrentamos batallas que parecen llegar con nuestra derrota, parecería que por más que batallemos, la hora de nuestro final se aproxima por el firmamento.

Pero al igual que los narnianos esperaban en Aslan para la victoria, David miraba en Jehová como su Roca, su Castillo, su Refugio, su Fortaleza, su Libertador, su Escudo, su Salvación, su Alto Refugio (Sal 18:1, 2). David sabía que, a pesar de que parecía que la muerte le llegaba y los perversos lo atemorizaban (Sal 18:4), en medio de la angustia podía invocar a Jehová, quien lo oía desde el cielo y vendría a su rescate (Sal 18:3, 6).

Salmos 18.1, 2 Color

El siervo de Dios sabía que junto al Señor podía desbaratar ejércitos, invadir sobre muros altos (Sal 18:29), pues de Él venía su poder y la destreza para la batalla (Sal 18:32, 34). Si ataques llegaban del enemigo, Dios era su escudo y la roca detrás la cual podía protegerse (Sal 18:30, 31), David a si mismo se alentaba recordando: “¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?” (Sal 18:31). Razones suficientes tenía para amar profundamente a Dios (Sal 18:1a).

¿Qué le está afectando este momento? ¿Qué tan cerca cree usted que está su derrota? Si usted está esperando en Dios, no pierda su esperanza, confíe en Él, ore y espere, siga obedeciendo y confíe en Su Palabra (Sal 18:20-23, 30), que Dios llegará pronto rescatarle “de las muchas aguas” o de “poderoso enemigo” (Sal 18:16, 17).

«Te alabamos Jehová, pues contigo siempre hay victoria, aún en contra nuestro más cruel enemigo: la muerte»

Salmos 18:46

“Viva Jehová, y bendita sea mi roca, Y enaltecido sea el Dios de mi salvación.”


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Oración de confianza en Dios – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (II)

Salmos 4.8 Anexo

Salmos 4:1-8

“Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; Ten misericordia de mí, y oye mi oración. Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare. Temblad, y no pequéis; Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Selah Ofreced sacrificios de justicia, Y confiad en Jehová. Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.”

¿Cuán grande es su tranquilidad de la noche al acostarse sabiendo que hay una crisis muy grande que afecta su vida, crisis que USTED NO la causó?

Los problemas en la vida, sobre todo las pruebas y las injusticias, siempre serán grandes herramientas de Dios para transformarnos. En esta vida tendremos aflicción dijo Jesucristo (Jn 16:33); pero comprender que esas pruebas “ensanchan” nuestra vida espiritual y nos ayudan a crecer en confianza es algo que no apreciamos con facilidad.

Todos quisiéramos una vida fácil y cómoda, llena de paz y tranquilidad; pero esa vida poco favorece nuestro crecimiento, al contrario, pueden llevarnos a un letargo espiritual que no ayuda. Spurgeon dijo esto, hablando de las pruebas: «Me temo que todo el provecho que he sacado de los tiempos cómodos y fáciles, y las horas felices, puede caber en la cara de un centavo. Pero el bien que he recibido de mis tristezas, penas y angustias es totalmente incalculable. ¡Qué es lo que no debo al martillo y el yunque, el fuego y la lima! LA AFLICCIÓN es el mejor mueble de mi casa».

David estaba siendo acusado infamemente, y sus enemigos injustamente estaban manchando la honra de su nombre (Sal 4:2). Pero David sabía que Dios escucharía su clamor, pues Él escucha al piadoso, y cuando a Él clamaba, estaba seguro de que Dios lo oía y le haría “justicia” (Sal 4:1, 3).

Al mismo tiempo, David amonesta a sus enemigos a no airarse en vano ante él y pecar inapropiadamente. El término “temblad” (רָגַז “ragázH7264) en el contexto hebreo puede traducirse como sacudirse o estremecerse con enojo, alborotarse (Sal 4:4). Por razones no descritas en el Salmo, los enemigos de David estaban terriblemente molestos, a lo cual, el piadoso salmista los llama a reconsiderar su enojo en la quietud de la “cama” y calmarse, para que no pequen (Comp. Ef 4:26). Cuanta gracia y misericordia manifestada por este hombre de Dios en favor de sus adversarios, características de las cuales debemos aprender todos.

Salmos 4.8 Color

La presencia de Dios y nuestra confianza que Él vela por nuestra vida y nos escucha en medio de la angustia es lo que llena nuestra vida de verdadero y profundo gozo (Sal 4:7); el Señor es Quien nos traerá luz de justicia (Sal 4:6), y esa esperanza nos permitirá acostarnos y dormir en paz, pues Su Persona nos hace “vivir confiado” (Sal 4:8).

¿Qué es lo que le aflige o atormenta? Si usted está en paz con Dios, no hay nada que deba quitarle un profundo y pacífico descansar.

«Gracias Señor por velar y traer paz y justicia a quienes en Ti perseveran»

Salmos 118:5

“Desde la angustia invoqué a JAH, Y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso.»


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El justo y los pecadores – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (I)

Salmos 1.6 Anexo

Salmos 1:1-6

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará. No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.”

Una canción colombiana muy conocida reza: Los caminos de la vida no son como yo pensaba, como los imaginaba, no son como yo creía. Los caminos de la vida son muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos, yo no encuentro la salida…”, y vaya que difícil sí lo son. Para el autor de esta canción las dificultades de la vida traen aflicción al alma. Pero no todo ese “destino es así”.

El Salmo 1 nos hace un recuento entre los caminos del malo y los del justo. Cada uno plantea su propio camino, y por lo tanto sus propios resultados; y aunque la vida sí traerá pena y sufrimientos para ambos, la diferencia será en los resultados finales de esa vida que se ha escogido, aquí en la tierra y en la eternidad.

El malo, pecador y escarnecedor (Sal 1:1), es aquella persona que voluntariamente ha decidido caminar en una senda de destrucción final. Su vida momentánea parecerá llena de placeres temporales, de decisiones fáciles y pecaminosas, abarrotada de consejos perversos y de burla y escarnio en contra de los justos que viven una vida piadosa, santa. Ese camino es “espacioso” y fácil, aparentemente, pero su destino es de destrucción final, de perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mt 7:13).

Para el justo, muchas veces la senda de los malos perecerá tan buena, que ese aparente triunfo causará aflicción a su alma (Sal 37:1). El Señor nos recuerda que no debemos envidiar ni escoger sus caminos, porque Él “abomina al perverso”, “escarnecerá a los escarnecedores” y los llenará de “ignominia” (Pr 3:31-35); “la senda de los malos perecerá” (Sal 1:6).

Aún en medio de la aflicción que la vida pueda traer al justo, el hombre piadoso es “bienaventurado” (Sal 1:1), pues su deleite está en la Palabra de Dios, en la cual “medita de día y de noche” (Sal 1:2), y ello traerá verdadera prosperidad a su vida (Sal 1:3). Cuando el hombre decide poner su confianza en Dios y camina en obediencia a Su Palabra llegará a ser “como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde… no se fatigará, ni dejará de dar fruto” (Jer 17:8).

Salmos 1.6 Color

Sí, los caminos de la vida pueden ser difíciles, pero su destino no es así, como lo dice la canción. El fin de una vida piadosa siempre será llena de bendiciones, aun en medio de las tormentas o sequías. Lo seguro si es el destino del perverso, el cual hallará innegable aflicción eterna (Sal 1:4, 5).

“Jehová conoce el camino de los justos”, por lo tanto, debemos analizar nuestro caminar y ver si nuestros pasos son de pecado o de justicia; aún tenemos tiempo para arrepentirnos y apartarnos si no seguimos los caminos de Dios, y enrumbarnos en la senda que trae vida plena.

«Señor, gracias por Tu Palabra pues mi meditar en ella me ayuda a mirar correctamente mis caminos»

Proverbios 3:31, 32

“No envidies al hombre injusto, Ni escojas ninguno de sus caminos. Porque Jehová abomina al perverso; Mas su comunión íntima es con los justos.”


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“Ore por su pastor”

Colosenses 1.24 Anexo

Colosenses 1:24-29

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.”

 

Leyendo una publicación encontré una información que titulaba “Ore por su Pastor”. En ella se encontraba estadísticas en Estados Unidos que podrían reflejarse en muchas otras iglesias alrededor del mundo, y decía: “97% de pastores han sido alguna vez traicionados, falsamente acusados o heridos por sus amigos de confianza; 70% de los pastores sufren depresión; existen cerca de 7.000 iglesias que cierran cada año y 1.500 pastores renuncian al mes; solo el 10% de pastores llegan a retirarse a edad de jubilación; 80% de pastores sufren desánimo; 94% de las familias de los pastores sienten la presión del ministerio; el 78% de pastores no tienen amigos cercanos; y el 90% de los pastores trabajan entre 55 a 70 horas por semana.” Este cuadro terminaba diciendo nuevamente “Ore por su Pastor”.

 

La realidad de lo difícil del ministerio es algo que solo quienes sirven al Señor comprenden, y lamentablemente no todos los miembros de la iglesia llegan a comprender con profundidad las batallas que el siervo y su familia sufren durante el ministerio.

 

Pablo es un gran ejemplo en la Biblia de alguien que sufría constantemente por la obra. Encarcelado en Roma, escribe su carta a los miembros de la iglesia en Colosas para animarlos a seguir adelante en su caminar. Pablo había sufrido persecución, encarcelamientos, azotes, injustos juicios; pero también había experimentado la apostasía de algunos cercanos suyos, otros que trataban de causar daño en las iglesias, confrontaba pecados y falsas enseñanzas, divisiones en las iglesias y más. Lo mismo que muchas veces sufre el pastor o misionero de hoy.

 

Pero Pablo se gozaba por lo que padecía; sabía que ese sufrimiento era necesario por el Cuerpo de Cristo (v. 24). Dios lo había llamado a sabiendas de todo esto, para que fuese ministro de “las riquezas de la gloria” de Cristo (v. 25, 27). Él amonestaba y enseñaba con pasión “a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (v. 28), para lo cual trabajaba y luchaba con la ayuda del poder de Dios (v. 29).

 

Colosenses 1.24 Color

Muchos de nosotros no conocemos plenamente todo lo que un siervo fiel sufre por servir a Dios, pero si debemos recordar que ellos batallan diariamente en contra de sus pecados, frustraciones y sufrimientos para cuidar y alimentar del rebaño del Señor.

 

Debemos estar agradecidos con Dios por sus vidas. Debemos orar cada día para que Dios los ayude con Su poder a continuar en Su obra. Debemos orar por sus familias, quienes sufren muchas veces en silencio los padecimientos de esos siervos. Y debemos honrarlos, protegerlos, alentarlos y escucharlos, pues ellos, por amor a Dios y a Su iglesia, trabajan en una tarea que solamente puede ser llevada a cabo mediante el PODER DE DIOS.

 

«Señor, bendice, fortalece, alienta, sustenta, y protege a cada fiel siervo Tuyo»

 

Colosenses 2:1

Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro.”

Consideraciones iniciales

Salmos 34.10 Anexo

Salmos 34:1, 3-4, 6-8, 11-12, 14-15

“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre. Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré. ¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien? Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela. Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos.”

 

Cuando inicia una nueva etapa en la vida cada uno nos detenemos a meditar en todo lo que nos viene por delante, y aunque cada año nuevo llega cada 365 días, siempre su llegada nos presenta una nueva oportunidad para iniciar algo que no hemos hecho nunca, retomar algo que no completamos, o decidimos hacer unos cambios positivos o superiores a lo ya vivido. Que bueno que hay un nuevo inicio, pues nos da una oportunidad de hacer consideraciones especiales al inicio.

 

Los cambios o las nuevas determinaciones generalmente van en función del trabajo, de la familia, en la salud, en un sueño, en una carrera, etc. El Salmo nos da luz a unas consideraciones que son espirituales y muy valiosas que serían muy buenas adoptarlas. Estas consideraciones pueden revolucionar nuestra vida brindándonos enormes beneficios.

 

DECIDA ADORAR MÁS (v. 1-3): A través de nuestras oraciones o por medio de canciones de alabanza y adoración, nuestro anhelo debería ser alabar más a Dios. Dedique tiempo personal escuchando canciones de adoración, deje a un lado aquellas que no le edifican, y busque nuevas oportunidades de alabarlo.

 

DECIDA ORAR MÁS (v. 4-7): La confianza de que Dios lo escuchaba llevaba a David a orar en fe y constancia, sabiendo que Dios respondería en su favor.

 

DECIDA CONFIAR MÁS (v. 8-10): David nos desafía a “gustad, y ved que es bueno Jehová” (v. 8). Dios quiere que hagamos la intención de aprender a confiar y depender más, pues “los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien” (v. 10).

 

DECIDA APARTARSE DEL MAL (v. 11-14): Cada día de este año nos brindará una nueva oportunidad para vivir en santidad, apartándonos del mal y haciendo el bien. Siempre una vida piadosa nos será de bendición y agradará a Dios.

 

RECUERDE QUE VIVIMOS SIEMPRE ANTE SU PRESENCIA (v. 15-18): “Los ojos de Jehová están sobre los justos” mientras que “la ira de Jehová contra los que hacen mal” (v. 15, 16); vaya declaraciones para recordar durante todo el año. Dios, desde su morada celestial está observando cada detalle de nuestra vida, lo que hacemos bien o lo que hacemos mal. Pero también sabe lo que sufrimos, lo que necesitamos, lo que padecemos. Su Presencia estará acompañándonos cada día de este nuevo año; esta verdad nos debe alentar a vivir confiados, en santidad y reverencia ante Aquél que tiene los ojos sobre los justos, los oídos al clamor, se enoja ante quien peca, nos libra de las angustias, y salva a los contritos de espíritu.

Salmos 34.10 Color

Siempre deseamos un año mejor, ¿verdad? Pues con estas verdades aplicadas a nuestra vida podremos tener un año lleno de muchas bendiciones, pues “el ángel de Jehová (Cristo) acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (v. 7).

 

«Señor, que hoy confíe y te ame más que ayer, y mañana más que hoy»

 

Salmos 34:10

“… los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.»

Jesús nos redimiría de nuestros pecados

Mateo 1.21 Anexo

Salmos 130:1-8

“De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; Estén atentos tus oídos A la voz de mi súplica. JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado. Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; En su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová Más que los centinelas a la mañana, Más que los vigilantes a la mañana. Espere Israel a Jehová, Porque en Jehová hay misericordia, Y abundante redención con él; Y él redimirá a Israel De todos sus pecados.”

 

¿Podría usted imaginarse hacer un viaje a un destino específico sabiendo de antemano que llegaría a sufrir y luego morir, se embarcaría en ese viaje? ¿Escogería voluntariamente el sufrimiento? No creo que alguien tomaría esa decisión a menos que haya un motivo tan fuerte que requiera hacerlo, y aun así, dudaría mucho en emprenderlo.

 

En las múltiples profecías sobre Jesucristo encontramos evidentemente Su ministerio de Salvador. La salvación del hombre ha sido el propósito supremo de Dios después de crearnos. Cuando nos hizo, nos formó con el deseo de compartir con Él eternamente; pero con nuestra caída a causa del pecado, tenía que brindarnos un medio de REDENCIÓN para que no tengamos que pagar una condenación eterna.

 

REDIMIR es liberar o rescatar a una persona de una obligación gravosa por medio de la paga de un precio. Jesucristo venía a redimir al hombre de la condenación del pecado, venía a proveer el medio de redención.

 

Como había una deuda o paga por el pecado, Dios tenía que liberarnos por medio de un pago justo y santo, para satisfacer Su justicia. En esos múltiples pasajes que hablan del Mesías, vemos el sacrificio de Jesús y el costo doloroso que tenía que sufrir para pagar por el pecado. La Biblia misma nos dice que Cristo había sido destinado antes de la fundación del mundo” como “un cordero sin mancha y sin contaminación” para “rescatarnos” con Su “sangre preciosa”, el precio del rescate (1 P 1:18-20).

 

En los pasajes del AT se menciona una y otra vez que el Mesías nacería para sufrir; así que Jesucristo emprendía Su viaje hacia la tierra, se encarnaría por medio de María, nacería en Belén, y crecería para morir por nuestros pecados.

 

Un ángel se le apareció en sueño a José para expresarle la voluntad de Dios y explicarle el milagroso embarazo de María. El niño había sido “engendrado” por el Espíritu Santo, José tenía que llamarlo “Jesús” (nombre que significa “Dios salva” o “Salvador”), porque Él salvaría “a su pueblo de sus pecados” (Mt 1:18-21). Zacarías, el padre de Juan el Bautista, también anunció acerca del plan de redención por medio de Jesús (Lc 1:67-69).

Mateo 1.21 Color

Mirar hacia el pesebre en Belén es mirar el plan de redención de Dios, encarnado en Jesús, y cumplido posteriormente por Su muerte en la cruz. El Hijo de Dios emprendió Su viaje de dolor, su motivación era más fuerte que el tormento que sufriría, esa motivación era Su inmenso amor por el pecador. Por ello el salmista lleno de confianza alentaba a Israel a esperar en Jehová, porque en Él “hay misericordia” y “abundante redención”, el Mesías venía a redimir a Israel “de todos sus pecados” (Sal 130:7, 8).

 

Trato de imaginarme lo que pasaba por la mente de José al ver al niño que nacía para redimirnos, al tiempo que trato de escuchar el corazón Padre Celestial enviando a Su Hijo para sacrificarlo. ¡Qué gran amor de Nuestro Padre y de Su Hijo!

 

«Gracias infinitas Redentor por venir a morir; mismas gracias a ti Padre por enviarlo»

 

Mateo 1:21

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

Jesús llegó al pesebre siendo Rey Eterno

Lucas 1.32 Anexo

2 Samuel 7:8-13

“Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.

 

Cuando hablamos de la realeza inmediatamente puede venir a nuestra mente un gran palacio, unas habitaciones majestuosas, salas gigantes llenas de adornos y lámparas, un comedor amplio con una mesa larga en el centro y con copas finas sobre ella. La ropa del rey llena de gran decoración, una corona reluciente sobre la cabeza, y ante su presencia un gran número de siervos que complacen su voluntad día tras día. Mi mente siempre se remonta a los años del Renacimiento y posterior a él.

 

En las monarquías de los siglos pasados, solamente un hijo del rey podía acceder al trono de su padre, en forma general. Eran los descendientes quienes estaban ligados al trono, y en casos excepcionales, podía pasar el trono a la persona más cercana en parentesco, a menos que el trono sea usurpado. Escuchar que un plebeyo llegue a gobernar era cosa extraña.

Lucas 1.32 Color

Un día David, quien había sido tomado “del redil, de detrás de las ovejas, para que fuese príncipe… sobre Israel” (2 S 7:8), recibe una promesa de parte de Dios, era un pacto eterno que cambiaría su vida y trascendencia para siempre: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas… y yo afirmaré para siempre el trono de su reino” (2 S 7:12, 13).

 

Jesús, el hijo de David (Lc 1:32), nacería muchos años después en la misma ciudad que su padre terrenal (Lc 2:11), y bajo su linaje venía a reinar y tomar el trono prometido. Lo maravilloso de este Rey Soberano, es que al igual que Su antecesor, nació humildemente, no en medio de grandes galas, sino en un sencillo pesebre, pero las huestes celestiales anunciaron majestuosamente al mundo su nacimiento (Lc 2:10-14), y el cielo se llenó del esplendor por la estrella que proclamaba su llegada, pues venía a reinar (Mt 2:1, 2).

 

«Jesús, Tú eres el Rey Eterno»

 

Lucas 1:31-32

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre.

Jesús descendió para cumplir la voluntad del Padre

Juan 6.38 Anexo

Hechos 13:20-23

“Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel. Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero. De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel.

 

Dios nos ha dado libre albedrío o la voluntad para que podamos escoger lo que deseemos hacer o pensar. Esta libertad es brindada como un regalo del Santo para que el hombre pueda tomar decisiones como un ser independiente. Dios en ningún momento ha deseado crear seres controlados, si no, seres autónomos para decidir.

 

Junto con ese libre albedrío, Dios creó al hombre bueno, puro, y con el conocimiento del bien para que decida hacerlo (Gn 2:16, 17). Lo bueno va en favor pleno del hombre y que encaja dentro de la voluntad o buen deseo del Buen Dios (Mt 19:17; Ro 12:2). Así fue ciertamente en el principio (Gn 1:31).

 

El mal es todo lo que daña y destruye, y que va en contra de la santidad y la justicia, es la ausencia del bien. El conocimiento del mal llegó con la decisión de desobedecer del hombre, fue por propia voluntad (Gn 3:6, 7). Ahora todos llegamos a tener la capacidad de decidir hacer bien o mal, ejerciendo nuestra voluntad, pero sabiendo que la una beneficia, la otra mata (Ro 6:23a).

 

David, el rey elegido por Dios para que gobierne al pueblo de Israel, fue llamado un “varón conforme” al “corazón” de Dios porque su deseo era hacer la voluntad del Señor (Hch 13:22). Este grandioso personaje de la Biblia tenía un solo deseo, agradar a Dios en todo lo que hacía, dependiendo de la guía del Señor y adorándole con todo su ser. En los libros de Samuel, Reyes y los Salmos vemos cientos de versículos que expresan esos dos atributos de David. Y si bien David pecó en gran forma, como todos nosotros, también se arrepintió y buscó el perdón y la restauración de su relación con Dios; y esto era lo que lo hacía un “varón conforme” al “corazón” de Dios, deseoso de hacer constantemente Su voluntad, lo bueno, lo recto, lo santo.

 

Jesús, siendo descendiente de David (Hch 13:23), pero también siendo Hijo de Dios (Mt 14:33), había venido a la tierra para hacer la voluntad del Padre (Jn 4:34; 5:30; 6:38-39). El Plan de Dios era redimir al hombre de su pecado, para lo cual tenía que enviar a un Redentor. El pecado del hombre tenía que ser pagado para que pueda así ser satisfecha la santidad y la justicia de Dios. Jesucristo, siendo Justo, tomaría la culpa del hombre y la pagaría en la cruz.

 

La noche antes de Su muerte, conocedor del sufrimiento que tenía que enfrentar, en profunda agonía ora diciendo: “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mt 26:42), y cuando hubo llegado a la cruz, en grito agónico de victoria exclama: “Consumado es”, expresando que había cumplido perfectamente con la voluntad de Dios (Jn 19:30).

Juan 6.38 Color

Jesús nació en Belén, siendo hijo de David, cumplió la voluntad plena de Dios Padre. Celebramos navidad porque recordamos el nacimiento de Aquel que vino a la tierra, se hizo Hombre, y decidió cumplir con la buena voluntad de Dios que trajo favor al pecador.

 

Detrás del pesebre en Belén se encontraba la sombra de la cruz en Gólgota, y sobre su humilde cuna de Rey se encontraba su corona de espinas.

 

«Te adoramos Jesús, porque en Tu amor y buena voluntad decidiste nacer para morir por nosotros, los pecadores»

 

Juan 6:38

Porque he descendido del cielo (nací), no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” – Jesús