Jesús vino para ser escuchado

Deuteronomio 18.15 Anexo

Hechos 7:19-27, 35-37

“Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños, para que no se propagasen. En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo. Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? […] A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza.  Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años.  Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis.

 

¿Alguna vez le ha sucedido que ha rechazado ayuda, consejo, u la participación de alguna persona a su favor, para luego darse cuenta de que lo rechazado era exactamente lo que necesitaba? Eso debió haberle parecido al hombre que maltrataba a su hermano israelita, y que rechazó el consejo y la autoridad de Moisés (Hch 7:23-27).

 

Moisés es otro de los personajes de la Biblia que tipifican la Persona de Jesucristo. Desde su mismo nacimiento en un hogar sencillo, su protección durante su infancia a causa de un tirano gobernante (Hch 7:19-21; Mt 2:13-22), su crecimiento en conocimiento y sabiduría (Hch 7:22; Lc 2:52), sobre todo, en su propósito de vida para ser instrumento de liberación del pueblo de Israel (Hch 7:30-36; Lc 1:54-55, 68-75).

 

Pero hay tres características más que sobresalen: La autoridad, el poder, el mensaje.

 

Moisés fue rechazado inicialmente por el pueblo al no considerarlo digno de ser “gobernante y juez sobre” ellos (Hch 7:27). El pueblo de Israel estaba bajo la tiranía egipcia, y eso los hacía rebeldes ante cualquier otro que deseara manifestar autoridad. Jesús vino a la tierra, y siendo Dios fue rechazado por el mismo pueblo, porque no querían Su autoridad (Mt 21:23).

 

Moisés tuvo el gran privilegio de anunciar las plagas que llegaron en contra de Faraón y Egipto para que dejaran ir al pueblo en libertad (Hch 7:36). Jesucristo hizo prodigios y señales maravillosas ante todos, no con el propósito de liberarlos de Roma, sino para que, por fe en Él, el pueblo pueda ser liberado del pecado y la condenación (Jn 20:30, 31).

Deuteronomio 18.15 Color

Moisés vino con el mensaje de liberación dado por Dios para Israel, y posteriormente trajo la Palabra de Dios escrita en piedra, y luego en los 5 primeros libros de nuestra Biblia. Mientras que Jesucristo, la Palabra de Dios encarnada (el “Verbo”), habitó entre nosotros (Jn 1:1, 14), y es a Su Persona a quien Dios, en revelación dada a Moisés, indicó que sería el Mensajero a quien todos deberían escuchar (Dt 18:15; Hch 7:37).

 

Jesucristo vino como Profeta con poder trayendo el mensaje de Dios, las buenas nuevas de liberación (Mt 11:5; Lc 4:16-21), y es a Él a quien todo hombre debe poner atención y creer.

 

«Jesucristo, Tu Palabra es verdad eterna que trae liberación al alma sin esperanza»

 

Juan 5:24

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Jesús vino y fue rechazado

Juan 1.11 Anexo

Génesis 37:5-11

Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío. Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras. Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto.”

 

La historia de José es uno de los relatos más fascinantes de la Biblia, y uno en los que la vida de Cristo es representada con gran similitud. José, hijo de Jacob y Raquel, era amado más que ningún otro hijo por parte de su padre, y esto generaba rechazo por parte de sus otros hermanos. Cuando él declara a sus hermanos sobre el sueño que tuvo respecto a los manojos que se postraban ante el suyo, sus hermanos comprendieron inmediatamente que representaba que ellos se postrarían ante la autoridad de José, lo que hizo que se enfaden mucho más. Cuando el sueño se dio referente al sol, la luna y las estrellas, ya no solo eran sus hermanos quienes lo reconocerían, sino toda la familia. Eso levantó mayor malestar.

 

A causa de el rechazo que tuvo Josué, sus hermanos decidieron deshacerse de él. Inicialmente pensaron matarlo, pero por intervención de Rubén fue librado de la muerte (Gn 37:20, 21). Cuando hallaron oportunidad, bajo idea de Judá, lo vendieron a los ismaelitas (Gn 37:26-28). Posteriormente se darían cuenta que este hecho no lo eliminaría a José de sus vidas, al contrario, esto traería la oportunidad dada por Dios a José para que llegase a ser poderoso en la tierra, y el medio de salvación a causa de la hambruna que llegó (Gn 50:15-21).

 

Jesucristo, el Hijo de Dios, el Creador del universo y de todo lo que hay en él, Rey Soberano de Israel, venía a la tierra para morir por el pecado del hombre, pero venía como Hombre y nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos esclavos de la ley y del pecado; pero en nuestro necio corazón, lo rechazamos, y por tanto lo condenamos a la muerte en la Cruz (Is 53:2-12). Con Su muerte, al igual que el rechazo en José, trajo bendición eterna e inimaginable al hombre. Nos brindó la oportunidad de salvación.

Juan 1.11 Color

A los que creemos en Cristo, a los que después de rechazarlo, llegamos a depositar nuestra fe en Él, Dios en Su misericordia y gracia nos salva y nos da el derecho de ser Sus hijos por medio de nuestro nacimiento espiritual (Jn 1:11-13; 3:3-6). Si Cristo no hubiera nacido, no hubiera sido rechazado, no hubiera sido crucificado, no hubiera resucitado, no hubiera para el hombre salvación. Celebrar Su nacimiento, es celebrar y no rechazar, Su deidad y propósito con Su venida.

 

«Jesús, gracias por venir a morir por nosotros, aunque inicialmente te rechazamos y crucificamos, ahora te alabamos»

 

Juan 1:11, 12

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”

Jesús trajo justificación y vida

Romanos 5.18 Anexo

Romanos 5:12, 15-19

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. […] Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.”

 

Imagínese usted frente al juez, sentado en la silla del acusado, y ante usted se han presentado todas las pruebas que lo culpan de sus delitos. En su conocimiento, todos esos cargos presentados ante el juez son suficientes para que tenga que pagar la muerte capital, y su verdugo se encuentra esperándolo en la puerta para llevarlo a la cámara de gases. De repente se levanta el juez, la sala calla, y mientras usted traga su último aliento de esperanza, el juez lo mira a sus ojos y le dice: “En vista de todos tus cargos en contra, la sentencia sobre ti es muerte; pero mi hijo, ha venido a pedirme que te presente la oportunidad de liberarte de toda culpa y otorgarte la posibilidad de vivir, si tan sólo se lo permites a él ocupar tu lugar. ¿Cuál es su respuesta?”

 

Por supuesto que nadie rechazaría tal oferta, ser declarado libre de culpa y devuelto la oportunidad de vivir, o ¿usted lo haría?

 

Adán, el primer hombre en la tierra, trajo el pecado y la muerte al mundo, y por tanto todos somos culpables de pecado y reos a muerte (Ro 5:12). En la infinita gracia y misericordia de Dios, el mismo Adán escuchó del Juez Supremo que había una promesa que se cumpliría para perdón y salvación del hombre, la promesa del nacimiento de Jesucristo por medio de la “simiente” de la mujer (Gn 3:15), y por el cual, por su justicia perfecta y sacrificio de muerte, vendría la justificación y vida al hombre.

Romanos 5.18 Color

Pablo nos recuerda que “por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Jesucristo) vino a todos los hombres la justificación de vida” (Ro 5:18).

 

Jesucristo tenía que nacer para cumplir la promesa hecha en Edén y así brindar justificación y vida eterna al hombre. Celebramos Su nacimiento, porque Su encarnación nos trajo perdón, justificación y vida eterna. La justificación y la vida eterna son un regalo que Dios otorga solamente a quién confía en Jesucristo como su Redentor (Ro 3:22-24).

 

«Gracias Dios por Tu promesa de justificación y vida»

 

1 Corintios 15:22

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”

Regalo inmerecido

2 Corintios 5.19 Anexo

2 Corintios 5:14-19

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.”

 

Navidad es una de las épocas del año que están llenas de colorido, emociones y anhelos. Para muchos, navidad es el tiempo de las decoraciones en las casas y las luces de color en los árboles. Para algunos, navidad es una mezcla de emociones distintas, pues unos pasarán tiempo de alegría con sus familiares alrededor de la cena, para otros será la soledad su compañera. Para otros, y especialmente para los niños, los anhelos de los regalos es lo que hacen de la navidad muy especial.

 

Hablando de los regalos, en muchas familias, utilizan la motivación de los regalos para fomentar el buen comportamiento de los niños. Les recuerdan que, para poder recibir un regalo especial, tienen que escribir una carta dirigida a un ser “imaginario”, esta carta debe contener una lista de presentes deseados, pero tienen que expresar en la carta que pueden ser considerados merecedores de sus peticiones por su “buen comportamiento” durante el año. Todos sabemos al final de cuenta que tal ser imaginario no existe, ni mucho menos los niños han sido gran ejemplo de buen comportamiento. Ellos sí recibirán sus regalos, pero son otorgados por sus padres, no considerando tanto su buena conducta, sino porque les place hacerlo, los aman.

 

El regalo de vida eterna que Dios ofrece al hombre por medio de Cristo es exactamente una dadiva inmerecida. Cristo vino a la tierra a morir por nuestros pecados por su inmenso amor (2 Co 5:14, 15). Cristo vino a dar al hombre la oportunidad de reconciliarse con Dios mediante Su sacrificio en la cruz, y mediante nuestra fe en Él justificarnos de nuestros pecados, para que “fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co 5:21).

2 Corintios 5.19 Color

Lo maravilloso de este regalo de reconciliación, salvación, justificación y vida eterna que Dios otorga, es que es otorgado sin merecimiento del hombre. Dios no estaba tomando “en cuenta” el pecado del hombre para reconciliarse con él (2 Co 5:19), al contrario, lo hacía por el “puro afecto de su voluntad”, porque así le placía (Ef 1:5).

 

La salvación es un regalo inmerecido recibido por fe, otorgado por gracia divina, y no por obras o merecimiento humano (Ef 2:8, 9). Si hablamos de regalos en navidad, la salvación es el mejor regalo que un hombre puede anhelar, no lo obtiene porque ha hecho bien durante su vida, y lo otorga un Ser real, Dios, y nos lo da porque nos ama. Lo único que el hombre requiere para obtenerlo es creerlo, comprender que no lo merece, pedir perdón por su mal comportamiento, y solicitarlo con su corazón (Ro 10:9, 10). ¡Reciba hoy el mejor regalo, el de la vida eterna, por medio de su fe en Cristo!

 

«Padre, gracias por darnos el regalo de la salvación sin merecerlo, solamente porque nos amas»

 

Romanos 6:23

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

¡Sí que es grandioso!

Jueces 6.14, 16 Anexo

Jueces 6:11-16

“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.

 

¿Se ha puesto a pensar lo grande del llamado de Dios cuando consideramos las múltiples implicaciones que éste tiene? Gedeón fue un hombre que llegó a contemplar varias de esas implicaciones, y es a causa de ello que se quedó pasmado ante lo grandioso de su llamado por parte de Dios.

 

El pueblo se había apartado de Dios, y los madianitas habían azotado la región por “siete años” seguidos. Esto obligó a la gente a huir a las “cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados”. La pobreza de los israelitas se agudizaba porque “los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente” subían y los atacaban llevándose consigo sus cosechas y ganados, y era tal la desolación para los israelitas, que aquella “multitud” que venía a atacar les parecían ante sus ojos como “langostas”. En su angustia clamaron a Dios (Jue 6:1-7).

 

Desolados, angustiados, temerosos, pobres y en inferioridad de número; esas eran las condiciones que veía Gedeón. Lo grandioso de su llamado estaba en lo gigante de la tarea, lo feroz del enemigo, las limitaciones en las que se encontraba, y la gran misericordia y el poder del Dios que lo llamaba para salvar al pueblo.

 

GRANDIOSO porque la tarea era traer paz y prosperidad a un pueblo que solo vivía en desolación, angustia y pobreza. GRANDIOSO porque el enemigo que los agobiaba los superaba en número y poder: 135.00 soldados (Jue 8:10). GRANDIOSO porque las limitaciones que tenía Israel hacían pensar que no era posible llevar a cabo la tarea, pero Dios solo necesitó de 300 israelitas con trompetas, antorchas y jarrones (Jue 7:7, 16). GRANDIOSO porque Dios en su infinita misericordia escuchó sus súplicas de perdón y de ayuda; y GRANDIOSO porque el poder de Dios se manifestó en medio de tal diferencia de fuerzas para traer liberación y paz.

Jueces 6.14, 16 Color

Actualmente el llamado de Dios para servirle sigue siendo grandioso: GRANDIOSO porque nos llama a llevar paz y esperanza al alma del hombre pecador. GRANDIOSO porque los peores enemigos del hombre son derrotados: El maligno, el pecado, la muerte y la condenación. GRANDIOSO porque lo único que Dios requiere es una persona dispuesta para llevar un único mensaje, el de la Cruz. GRANDIOSO porque la infinita misericordia de Dios se manifiesta al perdonar nuestros pecados y rescatarnos del castigo final; pero también es GRANDIOSO porque el poder de Dios se manifiesta en ese mensaje, el del evangelio (Ro 1:16).

 

Si Dios lo está llamando a servirle considere que el mismo Dios que estuvo con Gedeón es el mismo que lo llama a usted. Lo único que usted necesita es quien es usted, pues el Señor se encargará de lo demás, y eso es todo lo que necesitamos, porque Sus mismas Palabras se repiten a nosotros: “Ve con tu fuerza… Ciertamente yo estaré contigo…” (Jue 6:14, 16). DIOS TE LLAMA HOY, CONFÍA EN QUIÉN ES ÉL, ESO ES TODO LO QUE NECESITAS.

 

«Sí Señor, aquí estoy yo»

 

Jueces 7:7

Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua (YO) os salvaré…”

Agradeciendo la liberación

Salmos 100.4 Anexo

Romanos 5:6-11

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

 

Un grupo de turistas que se encontraban en un pequeño bote en el Mar de Cortez (Golfo de California), se encontraron con una joven ballena azul que tenía su cuerpo, en especial sus aletas principales y su cola, enredadas en una gran red de pesca. El animal estaba limitado en su respiración, por lo que la premura de liberarla llevó a los altruistas visitantes a tratar de quitar con sus pequeños cuchillos la red de su gran cuerpo.

 

Después de casi una hora de arduo trabajo y paciencia, puesto que la ballena no cooperaba en todo el tiempo; finalmente los rescatistas lograron retirar completamente toda la red. En ese instante la joven ballena nadó por espacio de unos 150 metros y de repente salió a la superficie dando un gran salto sobre el agua. Esto hizo por espacio de otra hora en forma repetida. Una pequeña niña, que se encontraba en el bote exclamó: «Mamá, yo sé lo que ella está haciendo», a lo que la madre le pregunta: «¿Qué es lo que ella hace, cariño?»; la niña responde: «Ella nos está mostrando que está libre».

 

Los inesperados rescatistas pudieron contemplar, como ellos lo manifiestan, una expresión de gratitud de parte de este precioso animal.

 

Pero una mayor liberación se dio para el hombre unos dos mil años atrás en el Monte Calvario. Jesucristo no solamente arriesgaba Su vida, si no que la entregaba voluntariamente para morir en la Cruz por el pecado del hombre.

 

El inmenso amor de Dios lo llevó a dar la vida de Su Hijo Jesús para salvarnos de la ira venidera y justificarnos de nuestros pecados. Estando enemistados por nuestras iniquidades, el Padre envió a Jesús para reconciliarnos con Su sangre, y con ello, salvarnos para vida eterna (Ro 5:9, 10).

 

Lo que hace aún más asombroso de este rescate, es que el hombre no lo merecía, pues habíamos voluntariamente pecado contra el mismo Dios (Ro 5:8). Siendo débiles en nuestra condición, el Señor del universo vino a liberarnos.

Salmos 100.4 Color

La justificación le otorga al hombre el perdón de todos sus pecados, y la reconciliación le brinda la oportunidad de reestablecer la relación con Dios. Es la fe en la obra de Cristo la que nos salva, justifica, reconcilia; eso trae paz al alma del hombre y nos da esperanza de llegar a ver Su gloria (Ro 5:1, 2).

 

Si la ballena expresó su gratitud a quienes la libraron de tan fea “atadura mortal”, mucho más nosotros, debemos VIVIR eternamente agradecidos con Quien, en Su grande amor, nos libró de las “ataduras” del pecado y la condenación.

 

«Te damos gracias Señor por Tu inmenso amor liberador»

 

Salmos 100:4-5

“Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre.
Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia,
Y su verdad por todas las generaciones.”

Naturalización o ciudadanía “espiritual”

Filipenses 3.20 Anexo

2 Corintios 5:14-18, 21

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; […] Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

 

La naturalización es el proceso legal por medio del cual a una persona extranjera se le concede los derechos de nacionalidad. Este proceso le otorga todos los mismos derechos que una persona nacida en ese determinado país tiene.

 

Para que una persona pueda hacerse ciudadano por naturalización requiere cumplir requisitos específicos que cada país demanda. Por ejemplo, para que una persona pueda hacerse ciudadano de los Estados Unidos, esa persona tiene que haber vivido por lo menos 5 años seguidos como residente legal, haber hecho declaraciones de impuestos todos los años en los que ha residido, no tener algún cargo criminal mayor, y pasar por un examen de conocimientos básicos de cívica, historia y geografía, entre otros. Al completar todos los requisitos, el aspirante se presenta en una ceremonia en la cual jura ante la bandera del país lealtad plena y recibe su certificado de ser ciudadano.

 

La “naturalización espiritual”, por así llamarlo, es el proceso por medio del cual una persona recibe el derecho de entrar a la familia de Dios, y por ende, su seguro de estar en Su presencia después de su muerte. Para que este proceso se haga efectivo, el aspirante no depende absolutamente de sus propios méritos, pues no los puede cumplir, es ahí donde depende por completo de la obra de Cristo.

 

Todo ser humano nace en pecado (Ro 5:12), y a causa del pecado estamos destituidos de los derechos de estar ante Dios (Ro 3:23); en este estado de pecado y separación, la persona espiritualmente está muerta y alejada de los derechos de la ciudadanía celestial (Ef 2:1, 12). Es obvio, que, al estar muertos espiritualmente, necesitamos un nuevo nacimiento para “entrar en el reino de Dios” (Jn 3:3-5).

Filipenses 3.20 Color

El hombre, al estar incapacitado por sí mismo para alcanzar este nuevo nacimiento, necesita de la obra de Cristo, confiar en Su pago en la cruz por nuestros pecados, aceptar y reconocer la misericordia y gracia de Dios, y poner su fe en Jesucristo para la justificación de sus pecados (Ro 3:21-27); esto nos otorga este derecho de nacer de nuevo. Estar “en Cristo” (2 Co 5:17) es haber nacido de nuevo, tener una nueva naturaleza espiritual, es haber sido perdonado y hecho acepto “en el Amado” (Ef 1:6), y entrar a ser ciudadano del cielo (Fil 3:20); todo por fe en la obra salvadora, redentora y reconciliadora de Jesucristo. En sí, es una nueva naturaleza con nuevos derechos.

 

Si quiere hacerse “ciudadano celestial” y disfrutar de todos sus beneficios, y en la eternidad no pasar en la condenación, sino ante la presencia del Padre; necesita dejar de confiar en sus propios méritos personales, arrepentirse de sus pecados y buscar la reconciliación con Dios poniendo su fe en Jesús.

 

«Gracias Jesucristo, porque son Tus méritos y mi fe en ello lo que me otorga el derecho de nacer de nuevo y ser un ciudadano de Tu reino»

 

Filipenses 3:20

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.»

“Biogénesis”

Juan 1.3-4 Anexo

Juan 1:1-4, 14

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. […] Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

 

La Biogénesis, o el origen de la vida, según la ciencia, es el proceso fundamental mediante el cual solamente los seres vivos producen otros seres vivos. Este principio declara que la vida solamente puede originarse de una vida preexistente. “Todos los organismos proceden de organismos del mismo tipo y nunca de materia inorgánica”.

 

Bajo este concepto, Louis Pasteur desecha la teoría dada sobre la generación espontánea que declaraba que el origen de la vida se puede dar a partir de una materia inerte. Este mismo principio actúa en contra del concepto mismo de la Teoría de la Evolución, que declara que todo nace de la nada, y que la materia inerte resultado de la explosión gigantesca, pudo, a través de los millones de años, generar vida.

 

La misma ciencia no puede aprobar algo que científicamente no puede ser comprobado, y que, al contrario, por la misma ciencia es rechazada. La Biogénesis contradice y rechaza la misma esencia de la Evolución.

 

La Biblia, sin el afán de comprobar nada, solamente enunciando verdades eternas, declara lo mismo que la Biogénesis asevera, con la diferencia que en las Escrituras se declara al mismo Autor de toda vida: A Dios en la Persona del Hijo (Gn 1:1; Jn 1:4; Col 1:15-17). Dios el Padre es el arquitecto magistral de todo el plan de la creación, pero es Jesucristo quien ejecutó el plan.

 

La Palabra de Dios, al ser la autoridad máxima de toda verdad (Jn 17:17), nos enseña desde Su primer versículo Quien creo todo lo existente (Gn 1:1), incluyendo la vida en todas sus formas (Gn 1:11-27). La Biogénesis solamente confirma científicamente lo que la Biblia ya declaró varios miles de años atrás con la revelación dada a Moisés.

 

Lo grandioso de la Segunda Persona de la Trinidad es que, a pesar de que el hombre había pecado, y por lo tanto enfrentaba una muerte espiritual eterna o condenación, y por ello, la separación también eterna de la presencia de su Creador; se somete al plan de redención del hombre y, siendo Dios, se hace Hombre, para que estando en la condición del hombre, pagar por los pecados (Fil 2:6-9; He 2:10).

 

La Biblia también nos enseña que el hombre, estando muerto espiritualmente en sus delitos y pecados, recibe vida espiritual nuevamente solo por medio de la fe en la obra Redentora del Dador de Vida: Jesús (Ef 2:1-5). Jesucristo no solamente nos creó, sino que vino a la Tierra para salvar lo que se había perdido a causa del pecado, para rescatarnos y darnos vida eterna, pues la vida está en el Hijo de Dios (1 Jn 5:11, 20).

Juan 1.3-4 Color

¿Quiere tener vida eterna y conocer al Dador de vida? solamente está en aceptar que Jesús, siendo Dios, lo creó, pero también vino para salvarlo al morir en la cruz, y por medio de la fe en Él, usted podrá pasar eternamente ante Su presencia.

 

«Jesucristo, muchas gracias por crearme, pero no solo ello, sino venir y morir para salvarme»

 

Juan 5:24

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”